miércoles, 5 de marzo de 2014

Cádiz, impresionante en Carnaval



El pasado lunes tuvimos la oportunidad de visitar Cádiz. En esta ocasión en Carnaval, al ser una importante seña de identidad, sin olvidar que la ciudad de la luz -tres veces milenaria- emana historia por todos y cada uno de sus rincones. 

Aunque los orígenes de la careta y de la máscara tengan que remontarse a tiempos remotos, es posible que las raíces del Carnaval de Cádiz haya que indagarlas durante los siglos XVII y XVIII, cuando la influencia y el influjo de los genoveses asentados en esta impresionante ciudad cosmopolita, extendieron la moda de usar la máscara anterior a la Cuaresma.Una fusión con la cultura autóctona -resultado del crisol de culturas- que ha sido modelada con la gubia de la historia como una importante seña de identidad cultural que ha pasado a formar parte de la Memoria Colectiva.


En estas fechas cercana la primavera, la guasa, la ironía y el ingenio emergen desde sus abarrotadas calles y plazas que durante unos días se convierten en auténticos escenarios para escuchar esas bellas letras poéticas en forma de eufemismos que nos regalan los coros, comparsas y chirigotas y que pasados unos días exportarán su arte a muchos pueblos de Andalucía. El Popurrí en forma de crítica constructiva con humor que al mismo tiempo toma el pulso a la sociedad en general, sin olvidar la lucha por los astilleros, crítica a la clase política, justicia, corrupción y un largo etcétera.




Unas bellísimas letras que llegan al corazón  y emociona al  que las escucha, expresando con arte y sabiduría lo que mucha gente en un momento determinado puede pensar pero que no nos atrevemos a decir en voz alta, por razones obvias. Sin embargo, la sabiduría popular con mayúsculas, se expresa en estos días sin cortapisas.


El Carnaval ha sido para muchos antropólogos  una fiesta  de inversión social  (el pobre se  sentía rico, al menos por unos días), funcionando como una válvula de escape que permitía el mantenimiento del status quo (equilibrio duradero en el tiempo), aliviando tensiones sociales generadas por las injusticias y los sinsabores de momento, criticando muchas veces a la clase política en general, incapaz de solventar muchos problemas básicos de los ciudadanos. 


Las calles de Cádiz abarrotadas de público en Carnaval

El Carnaval ha sido y será motivo de estudio siempre para la antropología en función de sus raíces como cultura arraigada en lo más profundo del pueblo. Supone la transgresión humana legal y moral que libera conciencias.


Por unos días previos al miércoles de ceniza, el pueblo se desinhibía durante las carnestolendas,  se sale un poco del desencanto cotidiano liberando pasiones y tensiones emocionales al estar ligado el carnaval etimológicamente a la fiesta de la carne que precede a la Cuaresma (cuarenta días, que conmemora el ayuno, abstinencia y periodo de reflexión de Jesús en el desierto).



Cuando el poder establecido y la moral puritana no podían erradicar algunas costumbres del pueblo, esa energía popular y espontánea ha sido canalizada de alguna manera mediante alguna reglamentación debido a que el carnaval ha cumplido una función de equilibrio social. 

Se da rienda suelta al ingenio, a la crítica constructiva sin faltar a la cita los excesos de los antiguos dioses paganos como Dionisios (dios griego) y Baco (dios romano) con el vino como bebida omnipresente donde las celebraciones y el desenfreno han tenido y siguen teniendo su lugar privilegiado.

Son días de comer, beber, ironizar, criticar y satirizar a la sociedad, que es no es ni más ni menos que el reflejo de nosotros mismos con sus luces y sus sombras. Los coros, comparsas y chirigotas van de calle en calle, de plaza en plaza, de taberna en taberna adquiriendo un protagonismo con mayúsculas y una solera adquirida como el buen vino añejo de la cual emergen nuevas generaciones gracias a aquéllos que dejaron unos surcos profundos  en la historia del Carnaval de Cádiz. 



Con la llegada de la democracia retorna también la esencia del carnaval, la transgresión, la lucha por la libertad y la crítica al poder establecido, plasmando las agrupaciones en sus librillos sus sentimientos más nobles. Es curioso como a lo largo de la historia las clases sociales más influyentes siempre se han apartado del carnaval.




Ser chirigotero, comparsista o murgista no siempre estuvo bien visto por la “moral” de su época. El carnaval sufre un duro golpe  cuando la libertad de expresión permanece secuestrada. La retina de la historia recuerda que a partir de 1937 el Carnaval es abolido en toda España por la Dictadura y Doña Cuaresma.


Desde la Puerta de Tierra transitamos hasta el Puerto para observar como brillaba con luz propia la Plaza de la Constitución de 1812 presidido por el símbolo de La Pepa, -al ser promulgada en el día de San José- en un primer intento serio de hacer de España un país constitucional en unos tiempos convulsos. Fue la primera constitución liberal de España y de Europa.

Iniciamos la ruta entre callejuelas angostas y sinuosas para llegar desde la Plaza San Francisco hasta la Plaza Mina, Palilleros, el Populus, Plaza de Abastos, San Antonio y un largo etcétera cuyas tabernas estaban a rebosar de gente, lo que como efecto colateral invitaba a degustar su gastronomía (tapas y pescaíto frito) mientras un impresionante carrusel de coros nos deleitaba con mucho arte a visitantes y autóctonos con sus letras llenas que llegan al corazón bajo aromas y efluvios marineros.




Entre la angostura de sus calles que emanan historia por sus cuatro costados llegamos hasta la Avenida del Campo del Sur -que termina en la Playa de la Caleta, entre el castillo de San Sebastián y el Castillo de Santa Catalina-  donde paseamos encandilados por el  brillo intenso y radiante que sin prisas pero sin pausa buscaba su puesta de sol reflejaba en sus transparentes aguas del Océano Atlántico.






Después de un apacible paseo hasta la Catedral de Cádiz hicimos un alto en el camino para degustar un café. A través del Arco de la Rosa -entre los siglos XIII al XV que era una puerta amurallada medieval mandada a reforzar por Alfonso X el Sabio (1221-1284) al reconquistar Cádiz-, transitamos hacia el Barrio del Populo y desembocar junto al Ayuntamiento donde la bandera de Andalucía ondeaba mediante una suave brisa, lo que hizo que el objetivo de nuestra cámara plasmara tan bella escena. 



Terminamos la grata jornada paseando de nuevo hasta el Barrio de San Antonio-donde una prestigiosa marca de cerveza tenía montado un magnífico escenario similar al teatro Falla- para llegar a nuestro punto de origen disfrutando del paseo nocturno entre garitas y el Baluarte de la Candelaria al fondo como fiel testigo de nuestra presencia en la bella ciudad de Cádiz cuya provincia es digna ser visitada desde la antigua Tarifa, Trafalgar (Taraf al Ghar), hasta los pueblos blancos encalados con la cal de mi pueblo.





Desde el Carnaval de Cádiz, que rezume arte por todos y cada uno de los poros de sus angostas callejuelas y plazas, para el Blog...





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