viernes, 9 de mayo de 2008

El pequeño Ismael. Cuento del abuelo Curro


El pequeño Ismael

Érase una vez un pueblo sevillano situado entre la campiña y la serranía, donde vivía una familia de condición muy humilde, cuyos precarios medios difícilmente llegaban para cubrir el sustento diario. Conocida por sus vecinos por su amabilidad, esta buena gente, jornaleros del campo, tenían tres hijos. El más pequeño era de temperamento tranquilo, sensible y a la vez observador de todo lo que sus hermanos mayores realizaban. Cuando jugaba con sus hermanos siempre se fijaba en todo y si alguna cosa le interesaba procedía a realizarla, mejorándola siempre que sus fuerzas le acompañara. Su familia era consciente de que la inteligencia del menor de los hermanos era digna de elogio y es que él cuidaba lo que hacía hasta el extremo de perfeccionarlo hasta límites inverosímiles.
El protagonista de esta historia se llama Ismael. Este zagal procuraba aprovechar el tiempo todo lo que podía y en sus ratos libres se dedicaba a jugar con los animales que encontraba a su alrededor. Un día vio que una de sus cabras no podía caminar con la soltura que acostumbraba porque tenía una de las patas traseras fracturada. En aquel mismo instante procedió a aliviar el dolor. Pensó que poniéndole un apósito compuesto de varias hierbas del campo (que había visto en otras ocasiones a su padre realizar), haciéndole presión sobre la fractura a través de un vendaje sujeto, su amiguita inseparable acabaría poniéndose buena. Mientras curaba el animal, la cabra lo observaba con la mirada fija, como dándole las gracias por el bien que estaba haciendo.
Todos los días Ismael comprobaba el vendaje de su cabra para ver si se encontraba dispuesto de forma correcta y al mismo tiempo le ponía de comer para que el animal se nutriera convenientemente.
Al cabo de unos días vio como su amiguita se trasladaba de un sitio para otro con ciertas dificultades, pero notó que había mejorado de sus dolencias. Entonces procedió a quitarle el vendaje. En varios días más se recuperó totalmente su cabrita. Agradecido, el animal siempre acompañaba al niño a todas partes que podía, agradeciéndole todo el bien que había hecho. De no haber sido por Ismael, tal vez no se habría curado y quizás habría padecido hasta el límite de perder la vida en cualquier regajo del campo. Ismael reflexionaba, diciéndose a sí mismo:
-¡Qué instinto y fidelidad tienen los animales, de los cuales carecemos las personas!.

Evidentemente el pequeño iba creciendo. Su padre Francisco lo mandó a un colegio cercano a su casa, ya que esta familia vivía en las afueras de Morón. Quería que en el futuro Ismael fuera un hombre de provecho. Cuando Ismael llegaba del colegio cada día, antes que nada visitaba a su inseparable amiga, mirando si le faltaba agua o comida. Una vez que había atendido a sus animales, entonces tomaba la merienda que le preparaba María, su querida madre, y acto seguido hacía sus deberes. Nunca dejaba de realizar los ejercicios que le ponía su maestro para la jornada siguiente. El maestro ya se había dado cuenta de la inteligencia del chiquillo hasta el extremo que adelantaba a todos los de su edad y tenía que ponerle los deberes como si estuviese en un curso superior. Conforme el niño crecía, comentaba con sus hermanos su amor por la historia y cómo él sentía que los monumentos le hablaban.
Cuando el tiempo se lo permitía, ayudaba a su padre Francisco y a sus hermanos Paco y Pepe en las tareas del campo, cuidando y ordeñando una pequeña piara de cabras, cogiendo aceitunas, etc. Ismael estaba orgulloso de sus progenitores y a veces se le saltaban las lágrimas cuando veía los surcos del trabajo en la cara de su padre, debido a las inclemencias del tiempo, y los dolores de espalda que padecía. Pero a pesar de todo, el campesino, encorvado por el peso del trabajo y de los años, daba continuamente ejemplo de pundonor y fortaleza a sus hijos. Por otro lado, su madre era una auténtica esclava del hogar, ya que su tarea en la casa no terminaba nunca desde el amanecer al anochecer y vuelta a empezar cada día.
Francisco, el padre, se levantaba cada día muy temprano y pasaba de puntillas por la casa para no despertar a la familia. A continuación ordeñaba una vaca que tenían en el establo para tener la leche a tiempo para el desayuno que compartían todos juntos. Después comenzaba la rutina diaria con las faenas del campo, con mucho sudor y mucha angustia, dados los escasos jornales.
Así pasaban las jornadas nuestra querida familia, como la de tantas familias andaluzas donde los días, meses y años ven pasar su juventud, consumiéndose en su glorioso caminar, sin que nada de lo hecho hasta ahora haya sido valorado nunca por el patrón cuando eran contratados, con la eventualidad característica, para recoger aceituna negra en las gélidas tierras del campo andaluz durante los meses de diciembre y enero.

Pero este chiquillo iba más allá en el pensamiento y reflexionaba con la madurez que tal vez muchas personas mayores no llegaran a alcanzar nunca:

-“Cuando el señorito haya exprimido a mi padre, lo arrinconará en el sendero del olvido”.

¡Qué frase más profunda y a la vez realista, para un chiquillo de tan corta edad, en una comarca tan deprimida y con tan nefastas perspectivas como es la Sierra Sur de la provincia de Sevilla!
Recordaba su padre que fue la trágica guerra civil del año 1936 y la postguerra las que siempre estarán presentes en sus deterioradas neuronas. Comentaba el padre en la mesa sobre las miserias de la vida:

-“Haciendo memoria, hijos, se me viene al pensamiento que entre unos, arrepentidos, y otros, con las camisas cambiadas, han estado comiendo a dos carrillos y a mandíbula abierta durante más de cuarenta años en el régimen anterior-.

-Eran unos tiempos muy difíciles y precarios a la vez, porque el hambre gozaba de total libertad para entrar en todos los hogares necesitados-.

-Había personas que se tiraban varios días sin comer nada, despertándose cada día con los estómagos vacíos y el sufrimiento consiguiente al saber quiénes eran los culpables de toda esta amalgama de hambre”-

Ismael se rebelaba en su interior. Quería ser un gran médico para poder sacar a sus padres de aquel traumatismo emocional:

-“Cuando sorprenda la vejez a mis padres, intentaré aliviarles hasta el alma si ello es posible”-.

Pero su familia carecía de los medios económicos necesarios para poder mantenerlo en la capital, durante su futura etapa universitaria.
El fatigoso trabajo de sol a sol, cuando había faena, sólo daba para comer, ya que además debido a la mecanización del campo hacía que los avisaran cada vez menos días para trabajar. Ismael ayudaba a sus padres sobre todo en las vacaciones, durante las tórridas jornadas de los meses de julio y agosto.

Ismael se llevó una agradable sorpresa cuando vio aparecer al cartero.

- “Una carta certificada para ti”, le dijo el buen hombre.

- ¡papá! ¡papá! ¡Una carta! ¡Una carta que lleva el membrete de la universidad!

El joven la abrió como el que espera algo importante en su vida. Así fue en efecto. Le habían otorgado una beca debido a sus brillantes calificaciones en el Instituto. Su madre le dio un abrazo tan fuerte que lo recordaría toda su vida. La familia gozaba de júbilo.

- Papá, te prometo que no soltaré la beca hasta que no acabe por completo mis estudios. Yo sé muy bien el sacrificio que estáis haciendo por mí-.

Ismael se fue dando cuenta conforme iba creciendo del mundo hipócrita en el que vivía, comprobando en la vida cotidiana la célebre frase: “tanto tienes, tanto vales”. Además veía que el campesino camina hoy en día como un barco sin timón bajo los peligrosos arrecifes del despido. Todo un camino empedrado donde unos viven y otros malviven. Pensaba que cada uno lleva su pesada cruz a cuestas hacia su Gólgota particular con la máxima dignidad que puede.
Su padre Francisco y sus hermanos Paco y José cambiaban impresiones sobre las faenas del campo: “los campesinos por desgracia carecemos de proyectos a largo plazo por la eventualidad de nuestras circunstancias y con los años nos arrojan al foso común del paro”. Era evidente que toda esa dura experiencia le iba marcando su personalidad, aunque también lo traumatizaba, creándole una cierta dosis de ansiedad cuando sus hermanos y su padre perdían el dichoso empleo, ya que las familias modestas subsisten gracias a ello. Estas circunstancias se transmiten en los genes dominantes de generación en generación, marcando el carácter de los individuos.
Y claro Ismael no podía ser menos. En primer lugar porque tenía una sensibilidad a flor de piel y en segundo lugar porque se rebelaba contra las injusticias, “aunque a veces rindamos pleitesía al señorito de turno” (estas palabras las tenía muy dentro en su pensamiento).

Ismael, ya universitario, en la Facultad de Medicina, cambiaba impresiones con su profesor Sebastián:

- ¿Cuál es la especialidad dentro de la medicina con la que te sientes más identificado, Ismael? Le preguntó su profesor.

- Mire usted, don Sebastián, siempre he querido estudiar, desde que tengo uso de razón, algo que me permita ayudar a toda persona que necesite de mis modestos conocimientos. Sobre todo a las personas imposibilitadas-le respondió Ismael.

- Para todos estos menesteres tendrás que hacerte cirujano. También te podrías especializar en geriatría. El viejo profesor, se quedó asombrado de la madurez de éste adolescente cuando acontinuación le manifestó el alumno:

-“Con el debido respeto, en mi modesta opinión la universidad debería servir no sólo para formar al individuo (un título es muy importante por cierto, don Sebastián), sino dotarlo de esa capacidad crítica que nos permita siempre distinguir entre el bien y el mal, para mejorar día a día nuestra sociedad.
Debemos ser tolerantes, creando una escala de valores que germine sobre la tierra fértil que serán nuestros hijos el día de mañana. También mí querido profesor, la universidad tendría que revelarse contra toda clase de injusticia y marginación”.

El viejo profesor se estaba quedando impresionado de la profundidad de las palabras del joven universitario.

Continuaba Ismael

-A las personas en plena madurez no se las deben de arrinconar sin motivo alguno porque para mí, amigo Sebastián, si usted me permite el comentario “la universidad de la vida me enseña tanto o más que la formación propiamente dicha”-.

Ismael estaba lanzado como si de un foro se tratara, dialogando con don Sebastián, que dicho sea de paso era un placer.

-Si la sociedad no reflexiona, tiramos por la borda mucha experiencia y trabajo que tanto nos ha costado a todos forjar-. Cuando pronunciaba estas palabras se estaba acordando de su padre y sus hermanos Paco y Pepe que no le rendían nunca pleitesía a la razón de la fuerza, dando el visto bueno plácidamente a la fuerza de la razón. El profesor estaba tomando conciencia de que aquel estudiante todavía en bruto se podía pulir hasta convertirlo en un gran profesional de la medicina, ya que llevaba a Hipócrates en su corazón.

La única felicidad que la familia de Ismael tenía era las buenas calificaciones en sus estudios. Llegaban los exámenes y siempre sacaba en sus asignaturas la máxima nota, en particular las clases prácticas. Cuando empezaba el siguiente curso le pasaba otro tanto igual que el anterior y así sucesivamente hasta que llegó el final de su brillante carrera de medicina.

-Gracias al sacrificio de mi familia he dado a mi vida un giro de 360º- le manifestaba Ismael al anciano profesor -Ya has aprendido lo principal, contesto Don Sebastián sonriendo, muy pronto no necesitarás de nuestros conocimientos ya que iniciarás una nueva senda profesional-.

Se daba perfectamente cuenta Ismael que la formación nos hace seres cada vez mas libres y solidarios.

Una vez finalizado sus estudios de medicina, fue destinado al hospital comarcal de Morón, “ La Milagrosa “, como médico en medicina interna y empezó por los enfermos que estaban muy delicados.

El joven doctor se acercó a uno de ellos y le dijo:

-¿qué le pasa señor?-

Y el anciano le manifestó sus síntomas y un poco de su vida, como desahogo personal.

-¡eso quisiera yo saber, que es lo que a mí me pasa-!mire usted, doctor, toda la vida trabajando en el campo, labrando la tierra de sol a sol, abriendo surcos, gavias y baretando olivos que se retuercen y ahora la tristeza, la artrosis y los dolores de espalda me embargan y desde la atalaya de la impotencia que me da mi vejez le pido a Dios que me recoja de una vez-.

-Doctor ¡para que sufrir más!, si ya he sufrido mucho en la vida, y ahora que tengo un poco de tiempo para vivir, me sorprenden las enfermedades. Dios escribe muchas veces renglones torcidos ó algo parecido¡ verdad!-

Y diciendo esto el anciano, le salieron al joven médico un brote de lágrimas, que sin poder evitarlo estaba acordándose de la dura vida de sus padres y de sus hermanos.

-Mire usted doctor, me duele la espalda y el dolor se irradia hacia la pierna derecha. Es un dolor insoportable que voy a reventar, de verdad-.

-Tiene usted una ciatalgia, para que usted lo entienda abuelo es una lumbalgia ó dolor de espalda que le corre el dolor hacia el nervio ciático, que pasa por su pierna, ¿me entiende?-.

-¡eso es doctor!-, le contesto, el abuelete. -Le mandaré una radiografía y posteriormente cuando se reponga le mandaremos a realizar un estudio completo de columna pero no se preocupe, si hace usted las cosas como yo se las indico pronto llegaremos a ser buenos amigos.

Y efectívamente todo fue así, enseguida el doctor le inyectó por vía intramuscular ( una inyección en el culete ), un fármaco que daba buenos resultados en este tipo de patología. Su principio activo tenía la propiedad de ser analgésico y antiinflamatorio a la vez. El trato afable y delicado con que cuidaba a los ancianos enfermos le había supuesto que los pacientes del hospital lo bautizaran con el sobrenombre de “San Ismael”. Al cabo de unos días volvió el Dr. Ismael a interesarse por el anciano para verle su dolor de espalda y después de varias cajas de inyectables, el anciano estaba curado ya que las pruebas realizadas anteriormente habían descartado una posible hernía de disco.
Tan sólo le mandó rehabilitación para que su pierna se adaptara de nuevo al movimiento.El reciente médico le dijo a otro enfermo de una habitación contigua después de varias semanas de tratamiento:

-¿serías capaz de levantarte?-.

-¡Si señor, se lo estoy pidiendo a Dios!-.

-Prueba y levántate con mucho cuidado-.

Así lo hizo el enfermo con ciertas dificultades, empezó a dar paseos por la habitación con la ayuda del médico y cada vez que podía hacía sus ejercícios sin ayuda de nadie y el Dr. Ismael le dijo:

-vas mejorando cada día, si sigues haciendo las cosas como te las ordeno pronto abandonarás el hospital-.

Al cabo de un tiempo el enfermo se podía valer por si mismo y dando paseos cada vez mas largos logró el objetivo que el médico se propuso, es decir volver pronto a su casa en unas condiciones dignas.

El enfermo mejoró tan rápido que ni el Dr. Ismael podía comprenderlo y el día que le pasó visita lo encontró paseando por el pasillo quedando asombrado al verlo.

-¿Cómo te encuentras?-, le preguntó el médico tuteándolo amigablemente.

-¡Muy bien señor!-.Le voy a decir algo doctor Ismael sobre lo que dialogamos el otro día- (el joven médico dialogaba mucho con sus pacientes, ya que muchas enfermedades mentales las llamaba Ismael psicosomáticas, es decir nos la creamos nosotros cuando tenemos alguna crisis emocional, debido a la tristeza, depresión…

- He estado pensando que el trabajo irracional nos mata en la vida y gracias a poco de dignidad. Deberíamos valorar más nuestra salud, verdad-.

Pero llegó el día en que le dieron el alta de su larga enfermedad al anciano enfermo. Una vez llegada esta noticia a sus superiores, acordaron reunirse todo el equipo de doctores del hospital para dar una especie de ponencia sobre aquel “milagroso tratamiento”, porque se trataba de una enfermedad fuera de lo común, por lo incurable de su patología.

Todo el equipo médico del hospital de referencia, lo llamaron para prestar sus servicios con mayor responsabilidad en otro distrito, pero el Dr. Ismael era muy feliz en su hospital comarcal de Morón donde cada vez le llegaban mayores y nuevos retos. El prestigioso cirujano a todo enfermo que intervenía, sus heridas sanaban en un tiempo prudencial. Pronto su formación y experiencia lo hacían un profesional más importante pero sobre todo mejor persona -el mayor capital de un ser humano, es precísamente ese, llegar a ser buena persona-comentaba siempre entre sus colegas.
El hospital comarcal de Morón, pasó a ser punto de referencia para muchos centros de salud de toda la comarca, alcanzando un enorme prestigio en numerosas especialidades, hasta el punto de que muchos futbolistas cambiaban impresiones con sus doctores, como por ejemplo jugadores del Betis y del Sevilla, en especialidades de traumatología y patología de columna vertebral.
Junto a sus colegas el doctor Ismael hizo gestiones a nivel de la Junta de Andalucía y consiguieron una “Diplomatura de Enfermería para Morón“, donde también daba clases a los futuros sanitarios, a los que inculcaba su particular escala de valores manifestándole que el juramento hipocrático había que llevarlo sobre todo en el corazón. En una de sus primeras clases, referente a las enfermedades mentales, les decía a sus alumnos “tratemos dentro de lo posible la depresión y la enfermedad ya que desde nuestra privilegiada atalaya de la medicina debemos de poner todos los puntos y todas las comas para evitar el sufrimiento físico o mental”.

Pero el Dr. Ismael no se conformó con lo conseguido y siguió luchando por su pueblo porque en sus genes llevaba lo principal que tiene una buena persona como era servir al prójimo.Hizo gestiones a todos los niveles porque consideraba que con carácter de urgencia, había que construir una nueva Residencia de Ancianos pública en su ciudad de Morón para dárle acogida por lo menos a doscientas personas mayores, que por derecho propio lo tienen merecido después de haber pasado una vida, llena de penurias, trabajando muy duro.La experiencia le demostró que no podía conseguir nada si no era asociándose para conseguir logros sociales que emocionalmente tenía la obligación moral de realizar, porque cualquier grupo humano para conseguir los objetivos que se propone, necesita organizarse y se preocupó de que todos los edificios sanitarios de Morón contaran con un plan de emergencia y evacuación contra incendios pero que fuera funcional por si ocurría un fuego Dios no quisiera, no un mero papel en la pared para cubrir el expediente de turno, ya que muchos pacientes estaban encamados y no podrían ser evacuados.

Pensaba que por su pueblo han pasado generaciones que dejaron huellas imborrables y que debemos dejar también huellas para que nos recuerden las generaciones venideras, teniendo la obligación de dialogar unas personas con otras para conseguir acuerdos positivos para la mayoría de la comunidad, mirando al pueblo de frente y a los ojos, escuchando sugerencias de todos los ciudadanos, unificando criterios, porque de cualquier ciudadano puede surgir una buena idea que beneficie para el resto de la comunidad. No sabía que reflexionando de esa forma, estaba cimentando su personalidad de tal manera que estaba haciendo una política constructiva.

- El noble arte de hacer política merece el mayor de los respetos, los partidos políticos tendrían que hacer todo el bien por su pueblo y era terminar su mandato con una buena hoja de servicios prestada y llamarle al pan, pan y al vino, vino.

-Porque para partir el pan de los pueblos hacen falta las dos manos, la derecha y la izquierda. Y si tienen que unificar criterios de mínimos, bien venidos sean-.

Poco a poco el dr. Ismael aparte de ser un gran profesional de la medicina se iba metiendo en política, teniendo en un futuro cercano un importante cargo a nivel autonómico. Comentaba a nivel de tertulias que a su pueblo Morón, había que despertarlo porque estaba dormido en sus laureles y era hora de que despierte de su gran letargo.
Su ilusión era siempre realizar el bien, que era la auténtica dicha que su corazón sobre todo humano podía sentir. Fue nombrado Delegado de Cultura y lo primero que se le vino a la cabeza fue uno de los monumentos arquitectónicos más importantes y abandonados que todavía conservaba su ciudad natal como era el “ Castillo de Morón “.

Recordaba que Mawror (Morón) llegó a ser un gran alkevirato en tiempos de Abd-Al-Rahman ben Muawiya Al-Dajil ( Abderramán I ), según el libro de Ramón Auñón “ Los Alkevires de Morón “, y que posteriormente llegó a ser reino de taifa con el desmembramiento del Califato de Córdoba, según lo que estudió en su querido instituto Fray Bartolomé de las Casas.
En una de las visitas oficiales a su pueblo visitó el castillo en ruinas y al pasar frente a la catedral de la sierra sur ( término que le escuchó por primera vez a un profesor de historia que tuvo en su niñez en el instituto, llamado don Juan ) comentó con tristeza:

-Se me han caido los “palos del sombrao” de lo abandonado que ha estado y estaba la Iglesia Catedral-, pero me prometo que pronto va a dejar de estarlo.Para eso pondré toda la carne en el asador de la cultura, unificando criterios con el Arzobispado de Sevilla y responsables de cultura de la Junta de Andalucía entre otras administraciones.¡Con San Pedro si es preciso!.

-He sido elegido por el pueblo para servirlo desde mi compromiso personal.- manifestó en cierta ocasión.

Gracias a su intervención los proyectos culturales se aprobaban por fases para Morón. Se dirigia a los ciudadanos en los foros adecuados con un lenguaje llano pese a la cultura que poseía el doctor Ismael manifestando:

- “lo peor de todo el patrimonio cultural de Morón es con la indiferencia que se ha tratado”. La cultura debe ser un punto de referencia en la historia de los pueblos y debemos actuar con urgencia pero con racionalidad, ya que los dos monumentos por excelencia de Morón si no se actúa pronto se nos caen al suelo. Las torres están descabezadas por el paso de los años, debiendo reconstruir su perímetro…dando su lección sobre la cultura local.

Empezaba a aparecer su vena poética que le salía de lo más profundo de su ser....

-Porque señoras y señores, los quejíos lastimeros y quejumbrosos de nuestro patrimonio se dejan sentir desde su interior y aunque nos pese nuestra alcazaba es un enfermo terminal al que estamos condenando irremediablemente pero un modesto servidor público que además es cirujano con la ayuda de todas las administraciones conseguiremos salvarlo creando además muchos puestos de trabajo en su reconstrucción-.

Porque de todos es sabido, proseguía este hombre con carisma para su pueblo…

-Sus sillares padecen una artrosis degenerativa, sus torres con un aspecto molar, desnudas. Sus muecas bajeras con sus formas desproporcionadas parecen la quijada a la que le faltaran muelas por el daño producido por sus extracciones diarias. Si no actuamos a tiempo la hemorragia cultural a la que estamos asistiendo acabará con el enfermo, con nuestra cultura-.

-Desde este foro y a la vez modesto rincón cultural hago una profunda reflexión: debemos de cuidar las ruinas del pasado como páginas de nuestra historia, limpiar sus piedras, conservar, sostener y fortificar.
No debemos de permitir que los matorrales y las malas hierbas cubran nuestras ruinas, ya que tienen el encanto de ser auténticas, como las arrugas del labrador-.

-Por eso mantengo que debemos de distinguir entre trigo y la cizaña, es decir la cultura del abandono ya que al final de las ingratas circunstancias se nos queda “el olvido de nuestro patrimonio grabado en la retina del alma”. Nuestro patrimonio debe ser recostruido y recobrar el auge e importancia que tuvimos en tiempos pretéritos-.

-Se lamentan las córneas de nuestros ojos sin llegar a comprender tanta profanación, tanto olvido y tanta irresponsabilidad como se ha cometido con nuestros principales monumentos-.

¡Que lección de historia y a la vez de ética estaba dando el profesor Ismael.

Un paisano que lo escuchaba le comentaba a un amigo:

- Ese Ismael no será el hijo de Francisco el labrador que trabajaba en la casilla de las afueras del arrabal-.

-Si, el mismo-.

-Pues anda que no está preparado el hombre. En las próximas elecciones si se presenta que cuente con mi voto y con el de toda mi familia-.

-Tenemos la obligación ética y moral de traspasar nuestro legado cultural a las generaciones venideras para su uso y disfrute tanto histórico, docente como esparcimiento de los ciudadanos-.

-Y si ustedes me lo permiten-, proseguía Ismael -se me viene al pensamiento unos modestos versos de un paisano que vienen muy bién sobre el tema que estamos tratando-.
Culturas arraigadas en lo profundo,
pensar que mi pueblo está tan caido,
patrimonio en el mayor de los olvidos.
¡Hasta cuando Morón tu desencanto!

El público asistente interrumpió con grandes aplausos como muestra de afecto…comentando:

-No está diciendo nada más que el Evangélio-.

Pasaron algunos meses y el patrimonio de Morón estaba todo en obras. Tenían que venir cuadrillas de albañiles, herreros, especialistas en vidrieras y carpinteros de toda la comarca. La fortaleza se estaba reconstruyendo a pasos agigantados y la Iglesia Catedral de San Miguel le quedaba muy poco para terminar su reconstrucción. En un lustro se inauguró en la alcazaba (torre gorda), uno de los mejores museos de toda la provincia, con buenos accesos por la torre albarrana que se encuentra en el antiguo arrabal de Santa María.
Otra entrada se realizó junto a San Miguel, junto a las siete revueltas también restaurada, otra llamada del mediodía, y la última de oriente. La ciudad se había convertido en un centro cultural importante de Andalucía Occidental.

Las humedades habían pasado a la historia y unos estudiantes de bellas artes estaban recuperando todo el artesonado de madera, las pinturas del Sagrario, las piedras estaban todas cogidas fuertemente con hormigón, el suelo se había desmontado y realizado una armadura de hormigón armado para darle consistencia a la nueva solería de mármol blanco y negro. Hasta la torre del campanario se habia reconstruido, consolidando la veleta de San Miguel. Se había repuesto el mármol rojo de Pozoamargo en el ábside..La reconstrucción había sido tan consistente que las campanas de la torre habían sido reparadas todas y las que faltaban las habían fundido al efecto en una fundición sevillana. La fachada estaba terminada al completo. Se habían reparado todas y cada una de las estatuas que faltaban en el exterior.

El patrimonio cultural de Morón entró en los circuitos provinciales gracias entre otras personas al Dr. Ismael que tomó conciencia de la función pública hasta extremos poco conocidos.

-Las generaciones venideras lo recordarán con letras de molde-comentaban los vecinos.

Morón era uno de los lugares donde todos los estudiantes de Andalucía tenían previsto venir a realizar estudios y bocetos de sus monumentos con lo que de riqueza y prestigio adquiría nuestra ciudad. También se consiguió más tarde un distrito universitario en bellas artes para que los estudiantes de la comarca viniesen a terminar estudios superiores.
El dr. Ismael era invitado a innumerables foros culturales manifestando que Morón era un museo desordenado y polvoriento de cosas viejas y que hasta las ruinas estaban arruinadas pero gracias a la concienciación de sus políticos y ciudadanos, Morón ha pasado a ser un centro cultural de la máxima importancia.

Pero el amigo Ismael, cambió de responsabilidad y pasó a ser responsable de Asuntos Sociales de la Comunidad Autónoma y se acordaba de la generación que sacó a España del hondo precipicio en que se encontraba después de haber pasado una guerra civil del 36 y una postguerra acompañada de un racionamiento severo.

-Estas personas han trabajado en una época muy dura a pulmón puro y en condiciones infrahumanas, porque nada estaba mecanizado y hoy cuando llega la vejez, se encuentran muchos que no hay suficientes plazas para todos los ancianos con una interminable lista de espera, no teniendo derecho a disfrutar de una residencia en su pueblo por falta de plazas, teniendo que ser derivado a otros pueblos, si tienen suerte, produciéndose un desarraigo importante a nivel emocional para nuestros mayores-.

Pero el amigo Ismael con su equipo recibió una gratísima noticia que le lleno de felicidad. Todo el proyecto que solicitó para la Residencia de Ancianos con doscientas plazas, al mando de un médico geriatra con todos los adelantos técnicos y humanos que las personas mayores se merecen, estaban aprobados y pendientes de su construcción.
La gente decía entre otras cosas…

-¡Esto no se ha visto nunca en el pueblo, con hombres de esta talla, Morón sería declarado patrimonio de la Humanidad!-.

Poco a poco se aproximaba la madurez el dr. Ismael y ya estaba en funcionamiento la tan anhelada residencia de ancianos, no lo podía disimular, estaba enamorado y apostaba siempre por lo público.
Miraba hacia la retira de su recuerdo, sus orígenes.

-El sudor de mi familia siempre lo tendré presente-.

Decía que -la vida pasa sin apenas darnos cuenta y recordaba cuando su pueblo caminaba bajo la luz de las antorchas pero ahora gracias a la cultura y formaciónde los ciudadanos era un punto de referencia importante en la juventud de Morón y también de su comarca-.

Se daba perfectamente cuenta de que la sangre de las personas no está hecha sólo para mover el corazón humano, sino sobre todo para mover el corazón del mundo. Hay que hacer el bien para todas las personas aunque a veces con nuestra ceguera, vanidad y orgullo tropecemos por enésima vez en la misma piedra.

-Hacer el bien es la auténtica dicha que el corazón humano puede sentir-.

La verdad, siendo sincero ¡no era muy normal como hablaba el paisano Ismael!, cualquiera que lo escuchaba pensaba que era utopía lo que manifestaba y a veces quimera. Pero todo lo convertía en realidad gracias al trabajo, ilusión y tesón que ponía en todos los proyectos, convertidos la mayoría en realidad.
Un día recibió la grata noticia de que había sido nombrado director médico de la nueva Residencia de Ancianos pública de su Morón natal. Fue la culminación mas grande tanto a nivel profesional como emocional que le había ocurrido en su vida, trabajar para y por las Personas Mayores con mayúsculas, que como él decía han pertenecido por las circunstancias ingratas de la vida a la generación de la llamada piel dura. Trabajar para aliviar a todas esas personas mayores encorvadas por el trabajo que han sido talladas por la prodigiosa gubia de Dios y de los años.

-La vida, pensaba Ismael pasa apenas sin darnos cuenta-.

-La vejez nos trata como si fuéramos una hoja caída del árbol en el otoño de nuestra vida, hasta doblegarnos en nuestro aposento final que es el invierno, la vejez que termina con la muerte, nos obliga a ceder el testigo y nos visita casi por sorpresa-, parecía a veces no un sofista sino un filósofo de verdad.

-Esta generación a la que tengo el honor de servir, padeció mucha necesidad.

-Muchas de las cosas que hoy disfrutamos se las debemos al sudor de esas personas-.

Comentaba el dr.Ismael con el personal de la Residencia de Ancianos recientemente inaugurada que las letras de cambio de la vida son presentadas al cobro y que hay que pagarlas en la ventanilla.¡no lo olvidéis!. La juventud es una bella puesta de sol, con su bello colorido. Pero la vejez nos sorprende.
Pero no olvidar que mientras ese dolor lacerante de soledad que su triste corazón de vejez padecen, la semilla de ilusión que ayer sembraron los mayores, hoy como fruto el olvido de los suyos por desgracia recogen, es verdad que el tiempo no perdona, y que los años se suceden.
El personal de la residencia se quedaba impresionado del saber de aquel doctor y todavía mejor persona. Los ancianos residentes le llamaban cariñosamente San Ismael por el bien que les hacía diariamente y su nombre lo llevaban con letras de oro en el fondo de su alma.
Un día de trabajo cualquiera, Ismael empieza observando siempre el libro de incidencias

-¿Ha ocurrido algo que reseñar ésta noche, con algún residente?- .

Y el personal del turno correspondiente le comunicaba cualquier novedad que hubiera existido. Visitaba uno por uno los ancianos, sin prisas pero sin pausas, dándole el tratamiento que ellos necesitaban según su patología. Pero el doctor recibía la mejor recompensa posible como era una simple sonrisa, como agradecimiento. Estaba pendiente de quién toleraba mejor la comida y los líquidos, tomando las medidas oportunas en cada caso.

El amigo Ismael tendría ahora una magnífica oportunidad para escuchar y aprender los interesantes conocimientos que le iban a transmitir la llamada generación gris, esa llamada de las canas de plata y que el cariño de una familia era insustituible aunque en la residencia estén bien atendidos; ese matiz importante lo apreciaba perfectamente en el rostro de las personas mayores que por una u otra circunstancia carecen del cariño necesario para ir superando los peldaños de la dura escalera de la vida.

-Las Personas Mayores tienen sus mecanismos de defensa muy sensibles- les manifestada continuamente a su personal sanitario-.

-Ser mayor no es ninguna enfermedad, sino un proceso normal, biológico en el ser humano que aparece como consecuencia de la acción del tiempo sobre los seres vivos-.

Una cosa importante le manifestaba a los auxiliares de geriatría :

-cuando muere una persona mayor se quema una biblioteca viviente-.

Cuando hablaba, lo hacía con tanta coherencia, era tanta la cultura que brotaba de sus labios que parecía que estaba dando una ponencia en cualquier lugar de su nueva residencia de ancianos “ La Milagrosa “. Acordándose de su padre recordaba que el pan del labrador es amargo porque está amasado con el sudor que derrama y lo injusta que es la vida que nos juega malas pasadas, pero tenemos entre todos la obligación ética y moral de que no haya ningún anciano sin plaza en una Residencia.

De las veces que visitaba a sus ya ancianos padres, notó que su progenitor padecía un primer estadio de demencia senil. Le hizo todas las pruebas habidas y por haber y le detectaron “ Alzehimer “. La retina del recuerdo empezó a funcionar en Ismael, acordándose de aquel viejo campesino que el dichoso trabajo lo había encorvado habiéndole producido con el tiempo una sequía en su cerebro, para la que no había riego.

-Construyó su amarga vida, piedra a piedra, tajo a tajo, dando ejemplo siempre a su familia, blancura en su alma como la cal viva de Morón; Papa, descansa en tu consuelo, lo que un día soñaste en tu hijo Ismael pudo ser, aunque el sueñ hecho realidad, lo vas a disfrutar muy poco-.

Las lágrimas le salían a borbotones mientras recordaba las tórridas tardes de verano que el sol quemaba su cabeza y su cuerpo con la única protección de un sombrero de paja sobre los terrones polvorientos del amargo campo.
Mientras observaba la larga enfermedad de su padre, se estremecía con su dolor, porque su padre era para Ismael inmenso, no quería que la última página de su vida fuese escrita a golpes de dolor, pero el doctor tenía ya una mirada triste, como el sol enlutado en un sueño eternamente. Su padre era su fiel amigo, su compañero, sus cimientos. Su enfermedad la sufría Ismael con un corazón que con dignidad padece, pensando lo duro que es no ser hoy, habiendo sido ayer y que la vejez, termina con la muerte, nos visita casi por sorpresa, cuando las canas de plata van marcando la partida.
Meses mas tarde, el estado de su padre Francisco se agravó. Se le notaba a toda la família la tristeza en sus rostros como un gélido silencio que clama al cielo, pero al hermano “pequeño” le cambió su estela de apacible vuelo, por un mar de llanto desesperado. Su padre sufría y empeoraba por días. Para Ismael las estrellas iban perdiendo como tantas noches su punto de referencia con sus clásicos destellos y derramaba junto a sus hermanos la enésima lágrima sobre la soledad de su dolor meditando asi mismo los versos más tristes que jamás se hayan escrito, aunque en el fondo tenía esperanza en que no sufriera durante el último peldaño de la enfermedad.
En los últimos instantes de su querido padre, Ismael lo observaba con una mirada sin rumbo, tocando fondo, como un horizonte atrofiado que busca sin amparo, golpeando la senda de su interior sin retorno.

Mientras tanto la ruina emocional era patente en la familia del amigo Ismael, maldiciendo lo ingrata y miserable que es la dama de la guadaña repartiendo dosis de injusticia que va preparando poco a poco nuestra mortaja.
A los pocos días el tañido lúgubre de la gran campana de San Miguel sonó a muerte con su gran badajo. El dolor emocional penetró en la familia como el acero. Su padre había muerto pero plácidamente, sin dolor alguno con una mirada feliz, observando a su familia unida. Murió como un pergamino que se va arrugando, tenuemente en el gran vacío bajo llamaradas de cenizas y de llanto. Pero en su interior lleno de paz, viendo como el pequeño Ismael llegó a ser el médico que quería ser. Dar la vida por los demás, en definitiva realizar el bien.

Las lágrimas marcaron para siempre la faz de su rostro como un frío mármol, murió una parte de sus raíces, un legado, una estela, un hombre de los pies a la cabeza. Recordaba a su padre cuando paseaba con él con sus canas de plata mecidas bajo una suave brisa por las laderas del castillo, por la Alameda, pero disfrutó poco de su vejez, su espalda dolorida, ladeada por las innumerables horas de dura faena agrícola.

-¡ Jamás me imaginé un día de semejante tristeza.¿ porqué te apagaste tan pronto papá ?-, se decía para sus adentros.

-Tantos lustros de trabajo y constancia, contra viento y marea en su circunstancia, la muerte al fin nos arranca de la vida con rabia y llanto-.

-Porque papá me diste tanto a cambio de nada, dichosa gratitud la que te contempla, me he inclinado siempre ante tu presencia, para usted con letras mayúsculas son las canas de gloria y ante todo gracias por haberme otorgado en los genes y en tu comportamiento ese alto honor, ese don de llegar a ser una buena persona. Gracias-.

Los amigos y compañeros no pudieron darle el pésame a la familia por el estado emocional tan preocupante en el que se encontraban como por otra parte era lógico. Entró en una fase depresiva pero el doctor Ismael era un hombre cristiano y de fe y en sus meditaciones pensaba que cuando le llegara el momento de emprender el último viaje, es decir la muerte, quería subir al cielo, si era posible por la puerta principal, como está mandado, para quedar en paz con Dios pero mientras tanto seguir haciendo el bien por los demás. Su obra arraigó en lo más profundo de Morón. Para la gente era mitad hombre, mitad santo por el bien que hacía en la comunidad.

Cuando se reincorporó a sus tareas profesionales y escuchaba algún quejido de dolor intenso de algún abuelo por alguna enfermedad incurable, se le desgarraba el alma, sobre todo cuando veía a los ancianos, con esas ilusiones de juventud retorcidas la mayoría de ellas por el tiempo, esas espaldas ladeadas por el trabajo con su pesada cruz a cuesta, como un ángel caído por el dolor, dejando una leve estela de honradez, de cariño, y de silencio.
Durante la época navideña el dr. Ismael le pedía a esa estrella sublime que le guiaba, como una sinfonía perfecta del misterio de Belén, salud sobre todo para sus ancianitos, como manantial de frescura, llamando a sus familias para que nunca se olviden de ellos, que los visiten con regularidad ya que la soledad marca y no perdona, el día de Nochebuena le entregaba junto al Personal de su residencia, unos presentes a los abueletes ( colonia, caramelos, pijamas, camisas etc.), en nombre del pueblo de Morón.

En definitiva se ha pasado toda su vida como un samaritano de buen corazón, socorriendo todas las miserias humanas, un hombre con alma y sobre todo honrado, como si fuera el padre de los desheredados. Un ejemplo a seguir, sirviendo al prójimo con tal esmero, que los ancianos notaban su ausencia cuando por motivos de salud se ausentaba algún que otro día. Ismael se acercaba al dolor de los ancianos enfermos, dando sentido cristiano al sufrimiento humano. La verdad es que cuando el dr. Ismael no aparecía por su residencia, del corazón de los ancianos brotaban la nostalgia y lo recordaban con cariño.
Para el amigo Ismael, el término anciano era sinónimo de manantial de frescura del que brota la conciencia, una ilusión convertida en versos libres, como pétalos en su corazón, una bella poesía en libertad, infinita la ancianidad en la métrica como una noche de primavera. Era en definitiva junto a la niñez, el himno a la alegría. Pero este buen hombre no era de piedra y también le sorprendió el paso de los años. Una pájara inoportuna de última hora había ido mermando su sólida reserva.

Una gélida tarde donde su fresca vejez concluye bajo un dolor lacerante que le ha ido acechando hasta acabar con su vida,¡que terrible circunstancia!. Su débil corazón que en sus últimos latidos, cambió un destino aunque no su estela, pero nuestro amigo canceló su vida demasiado temprano. Las campanas de San Miguel, con sus sonidos de bronce, tocan a difuntos.

- Dicen que ha sido un infarto de esos- comentaban los vecinos.

Manolito, un monaguillo muy endeble tiraba y tiraba de la cuerda hasta que el sonido estremecedor de la campana “ San Cristóbal “ avisaba a todos y cada uno de los feligreses. Había una persona fallecida, pero sobre todo una buena persona, un partidario de los pobres como fundamento de su vida. No era cualquier persona sino el amigo Ismael.

-Ha muerto el dr. Ismael, sí ese que le dicen el santo-, comentaban los feligreses, cuando escuchaban el toque a difunto.
-No toques tan fuerte manolito, que te vas a cargar la campana-, contestó el sacristán al monaguillo.

La terrible noticia se extiende por la residencia, los ancianos comentan de boca en boca en voz baja, casi en silencio el trágico suceso. Los abuelos, hondos testigos de una herida, emocionalmente se sienten dejados a la deriva y a merced del viento.

–Que descanse en paz el amigo Ismael, aunque se nos hiele el alma su ausencia, pero no te olvidamos fácilmente doctor, amigo y sobre todo compañero aunque el tiempo pase y los años se sucedan- decían la buena gente.

-Algún día no muy lejano ni demasiado remoto iniciaremos nosotros también nuestro viaje, siguiendo tu gran estela-se manifestaban unos abuelos a otros.

-Fuiste un ejemplo a seguir, un hombre que al echarle la plomada, no tenía ni un ápice de desvío-.comentaban algunos albañiles en el tajo.

-Nos ofreciste consuelo y cariño pero la ausencia de tu persona sólo nos puede causar dolor-. Comentaban sus compañeros de trabajo y sobre todo amigos.

-Te diste con el corazón a nosotros y nos ofreciste sólo amor-.comentaba el pueblo en general pero la muerte había expoliado para siempre a Ismael de la vida, con toda la rabia y el llanto.

Ismael te has apagado tan pronto pero de fiesta has honrado al cielo. Dios te tendrá seguro en su Gloria, pero germina tu semilla en Morón ya que fomentaste un camino a seguir, en los jóvenes sanitarios, hoy algunos ya doctores y te recuerdan, ya que creaste escuela. Pero sobre todos son lo que tu quisiste que fueran, buenos samaritanos.

Su entierro fue el más sonado de toda la comarca, por lo querido que fue el amigo Ismael. El entierro era a las cinco y todos los tajos de trabajo dejaron de trabajar a las cuatro en punto de la tarde para poder asistir a las honras fúnebres en señal de respeto por su eterno descanso que se celebraba a las cinco en punto.
A su entierro vinieron todas las autoridades civiles y eclesiásticas, pero sobre todo jornaleros, albañiles, desempleados y personas ancianas de las cuales Ismael estaba tan sensibilizado. Podría catalogarse como si fuera el Padre de los pobres.
El párroco con las lágrimas contenidas manifestó al final del entierro que no olvidamos amigo Ismael lo que nos dijistes con el máximo cariño:
“Cuando muere una persona mayor, se quema una biblioteca viviente”.

“La cultura nos hace seres cada vez mas libres y solidarios”.

“ Por que te apagaste tan pronto amigo “.

“ Descanse en Paz para siempre, amigo y compañero Ismael “.
Pero queridos amigos, la cosa no quedó aquí, al amigo Ismael le llegó la hora de emprender el viaje hacia lo eterno desconocido, porque las personas que en vida tienen o han tenido un comportamiento digno, Dios no lo olvida fácilmente.

Al instante de morir, llegó Ismael a la Gloria y una vez llegado al lugar deseado, encontró un camino que estaba señalizado en el que se podía leer “Camino Eterno”, el camino se bifurcaba en dos: uno rotulado Gloria Eterna y el otro Infierno.
Ni que decir tiene que el amigo Ismael no tuvo que elegir, a medida que se acercaba se encontró una edificación de grandes proporciones, donde se podía leer “Mansión Eterna”.Una vez allí, se encontró dos bancos para tomar asiento, uno al lado derecho y otro al lado izquierdo.

Antes de tomar asiento, se fijó en una colosal portada de columnas salomónicas, tal vez un barroco nunca visto y a los lados otras dos columnas de estilo corintio, con un frontón roto y curvo impresionante. En el centro dos hornacinas donde estaban en una la Virgen de los Dolores y en la otra Nuestro Padre Jesús. La portada principal era adintelada formando una especie de arco conopial nunca visto en la tierra, de estilo podríamos llamar celestial. Las puertas parecían de caoba. La gran portada tenía clavo, farol, aldaba y mirilla, para que el portero de la finca viera quién se acercaba.

Tomó asiento Ismael, meditando y se decía a sí mismo

-¿será este el lugar que yo busco o me habré equivocado?-.

Se pone de pie y se acerca a la gran portada, coge el aldabón y da tres fuertes aldabonazos y al cabo de unos segundos, se abrió la mirilla preguntando una voz.

-¡A qué se debe esta visita!.- Mire señor. He fallecido en mi pueblo Morón hace un instante y he caminado espiritualmente hasta llegar a este lugar deseado, en el cual espero me acogan-.

El vecino de la mansión con unas barbas blancas y túnica del mismo color le dijo:

-Espere un momento, voy a consultar los libros del archivo general y protocolo para conocer su historial. Me dijo Ismael ¡verdad!, sí señor-, le contestó el visitante.

Pasaron unos minutos de espera y se acerca de nuevo el portero de la mansión y le dice al visitante,

-¿señor?, he consultado los índices generales y todo lo que he encontrado referente a usted le es favorable por su comportamiento con las personas mayores y enfermos. Le diré con todo el respeto Sr. Ismael, que ha escrito usted unos hermosos renglones, muy profundos en el hospital y en la residencia de ancianos donde estuvo trabajando-, respondió el portero encargado de la gran portada.

-Así que si es tan amable, tenga la bondad de pasar que las puertas del Cielo, las tiene abiertas de par en par, indicándole un ángel custodio sus dependencias. Cuando a Ismael se le saltaron de pronto las lágrimas porque observó que en piedra labrada a mano, concretamente en el dintel de la puerta que daba a sus dependencias estaba esculpida una frase que le traería muchos recuerdos y decía así con letras de pan de oro:

“El principal valor que nos debe dar la formación no es un título, sino esa capacidad crítica que nos dote a los individuos distinguir entre el bien y el mal, haciendo siempre una crítica constructiva, para mejorar día a día nuestra sociedad, siendo tolerantes, y creando una escala de valores que germine sobre la tierra fértil que serán nuestros hijos”.

El Amigo Ismael