Monumento al Toro de Cuerda en Grazalema (Cádiz)
Obra en bronce de Alfredo Fillol Talens en 2014
Desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco, orientamos nuestro sextante didáctico [en compañía de nuestros amigos Manuel y Antonio] en busca de una nueva mañana de senderismo entre Grazalema y el Puerto del Boyar, en la provincia de Cádiz.
Al llegar al pueblo de Algodonales hicimos un alto en el camino en la venta "El Tikutin", donde estimulamos nuestro paladar con una tostada de respetables dimensiones acompañada de la tradicional zurrapa de lomo blanco [o manteca colorá] con su café correspondiente, como mandan las reglas del buen yantar, para afrontar con ciertas garantías nuestra didáctica y gastronómica jornada que se avecinaba por aquellos lares serranos.
Siguiendo estrictamente las leyes de la caballería andante y como grato recuerdo adquirimos el tradicional kilo de pan de pueblo cocido en horno de leña, que cortado longitudinalmente estimula exponencialmente nuestro paladar en el desayuno, bien con zurrapa de lomo blanco, manteca colorá o con el tradicional aceite [azzeit] de oliva virgen como zumo de la aceituna [azzaytúna].
Transitamos por Zahara de la Sierra que se alza sobre la Sierra del Jaral, cuya fortaleza de origen nazarí nos observa desde su emplazamiento privilegiado, asentada sobre la cresta de una enorme roca.
La retina del recuerdo me proyecta algunas imágenes cargadas de cierta nostalgia cuando disfrutábamos del cicloturismo con nuestros amigos Salvador, Juan, Manolo y Juan Antonio.
Desde Morón subimos una fría mañana a golpe de pedal hasta el vecino pueblo de Coripe, la Muela, Algodonales, Zahara de la Sierra, el Puerto de las Palomas [a veces descendíamos por el Puerto del Boyar], Grazalema [donde comíamos en la Plaza del Ayuntamiento un buen bocadillo acompañado de una buena cerveza]. Y de vuelta a Algodonales, Coripe hasta volver a Morón. Gratas jornadas de cicloturismo que han quedado almacenadas en nuestra memoria por ser irrepetibles, y que forman parte de nuestra nostalgia.
También recuerdo otro día soleado cuando acompañamos a nuestra amiga Toñi que participaba en Grazalema en un concurso de pintura rápida, lo que nos dio pie para realizar la Ruta del Majaceite, entre Benamahoma y el Bosque.
Hemos realizado muchas visitas a Grazalema que nos ha permitido viajar al pasado, como por ejemplo, la recreación histórica de "Sangre y Amor en la Sierra", donde la figura de José María Hinojosa Cobacho "El Tempranillo"(Jauja, Córdoba, 1805-Alameda, Málaga, 1833) nos introduce en el bandolerismo de la época, en la que muchas personas por diversas circunstancias vieron obligadas a echarse al monte.
La miseria de la época generaba un caldo de cultivo que obligaba a algunas personas a probar el ventajoso mundo del contrabando o introducirse en las partidas de bandoleros.
A los pies de Zahara de la Sierra se encuentra el embalse de Zahara-El Gastor construido en 1992, y que almacena más agua que nunca con las últimas lluvias caídas [4.473 litros por metro cuadrado en lo que va de año hidrológico, y cerca de 1.300 litros en los diez primeros días de febrero].
Entre el 714 y el 716 se produce el reparto de tierras por los árabes. Durante su dominio y hasta la denominada Reconquista se realiza una verdadera revolución cultural y de desarrollo en todo el municipio: las manufacturas, almazaras, molinos de harinas, infraestructura hidráulica, artesanía de la piel y la cerámica, junto con su peculiar estilo de urbanismo de la villa con teja árabe.
Las mejores tierras en las cuencas de los ríos Guadalquivir y Genil fueron para la población árabe, mientras que las tierras cercanas a la serranía lo serán para la población bereber [que era mayoría], lo que traerá graves consecuencias en el futuro tras la muerte de Almanzor.
La primera denominación de Grazalema árabe bereber fue Madinat ibn as-Salin-Zullema, Ben-Zulema y Az-Zulema. En el siglo X con la victoria del Califa Abderramhán III sobre Omar Ben-Hafsun "El último bandolero andalusí", Grazalema se integra en el Califato de Córdoba hasta su dispersión en los reinos de taifas.
La antigua Gran Zulema andalusí, fue una importante ruta de los almorávides y almohades -tierra de antiguas fronteras-, posterior ruta de los bandoleros y del contrabando hacia Gibraltar por el “Camino Inglés” y refugio posterior de los maquis.
Sin embargo, en el siglo XVI se produce una fuerte represión contra la población morisca de las Alpujarras, que sufrió la intolerancia cristiana después de la toma de Granada, lo que contribuyó a sembrar el descontento con la posterior Pragmática Sanción de 1567 o Pragmática antimorisca promulgada por Felipe II con el único objetivo de obligar a los moriscos a convertirse al catolicismo abandonando sus modos de vida y las costumbres islámicas tales como la prohibición de usar la lengua propia, hablar, leer y escribir en árabe, no usar nombres ni sobrenombres árabes y todo lo que fuera contrario al Cristianismo, lo que trajo como efecto colateral las sangrientas luchas de 1568-1571 con la sublevación de las Alpujarras con Aben Humeya en Órjiva y Poqueira entre otros pueblos, que se extendió hasta la Serranía de Ronda, con el posterior destierro en 1609 con Felipe III de los denominados monfíes o moriscos refugiados en las serranías que conllevó consecuencias tan graves como el abandono de los campos de cultivo.
Rodrigo Ponce de León, conquista Grazalema entre 1483 y 1485. El escudo heráldico del Ayto. de Grazalema es original de los Ponce de León. Puede darnos una idea como ejemplo de desarraigo de los moriscos la poesía de Abul Beka, poeta rondeño del siglo XIII cuando observaba como se empezaban a perder tierras en beneficio de las tropas cristianas.
Ya llora al ver sus vergeles
y al ver sus vegas lozanas ya marchitas,
y que afean los infieles, con cruces
y con campanas, las mezquitas.
Monumento al bandolero, en Ronda
Por otro lado, las partidas de bandoleros en el siglo XVIII con el popular bandolero “El Tempranillo”, su mujer María Jerónima Francés y su hijo que dejaron una profunda huella en Grazalema.
Después de 1936 se formaron partidas de maquis –guerrilleros antifranquistas que se refugiaron en la serranía–.
A lo largo de nuestra visita a Grazalema nos encontramos numerosos azulejos que nos informan de su historia, cultura, gastronomía, aperos de labranza, arquitectura popular, etcétera.
La Sierra de Grazalema con sus privilegiadas vistas, ha sido el primer espacio natural declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en la Península Ibérica -1977- donde se pueden apreciar unas condiciones microclimáticas especiales de humedad y temperatura, lo que hacen posible la presencia de un tipo de abeto –el pinsapo– junto a las cabras montesas, la amapola endémica o amapola de Grazalema -que sólo existen en ese territorio-.
Nos esperaba un sendero de unos cinco kilómetros de longitud, entre ida y vuelta, desde Grazalema hasta el Puerto del Boyar por la vía pecuaria del Cordel de Arcos, un camino público destinado al tránsito de ganado. El sendero discurre paralelo al río Guadalete, que nace en las inmediaciones del Puerto del Boyar. El nombre de “charcones” alude a los charcos a los que quedaba reducido el río durante el verano, legando incluso a secarse durante el periodo estival.
Una frondosa vegetación, entre pinos carrasco y piñoneros, estimula nuestra retina, mientras el agua de los arroyos limpia, pura y transparente sigue su curso natural.
Paseamos a través de un pinar de repoblación bajo el cual el bosque mediterráneo se va abriendo camino entre las diferentes formaciones kársticas. Los endrinos que salpican el paisaje, prestan su nombre a esta Sierra del Endrinal.
Un peculiar paisaje geológico de aristas afiladas y simas capta nuestra atención durante el ascenso de una dificultad moderada, mientras los abrevaderos y refugios para los pastores nos pueden dar una idea de la importante vinculación de los pobladores con estas sierras como hábitat natural, a poco más de una hora de la tierra de Villalón.
Las nubes que provienen del Atlántico son muy generosas en estas montañas. En Grazalema, se registran los mayores índices pluviométricos de Andalucía y de España.
Esto se debe a que la Sierra de Grazalema constituye una de las primeras barreras naturales que han de sortear los núcleos nubosos procedentes del Océano Atlántico, que penetran en la Península Ibérica. Las nubes ascienden desde la cota 0 hasta los 1.600 metros de altura, produciéndose una condensación de vapor de agua, debido al enfriamiento, que da lugar a abundantes precipitaciones.
En el Puerto del Boyar cambiamos impresiones con un vecino de Grazalema sobre las trágicas consecuencias del reciente temporal. Muchos vecinos, al tener familia en Zahara de la Sierra y pueblos vecinos, pudieron ser acogidos por sus familiares. Otros muchos desalojados, fueron alojados en Ronda, hasta que recibieron autorización de las autoridades para volver a sus hogares.
Paseando por las calles de Grazalema se observan muchos escalones en las puertas de entrada de las casas, y también grandes orificios en las fachadas para que las aguas de las casas pudiesen salir al exterior. Menos mal, que las aguas han vuelto a su cauce, aunque superar el miedo sea cuestión de tiempo.
Los paneles informativos a lo largo de nuestra ruta nos informan que en el Corredor del Boyar, que es un valle abierto hacia el mar, se produce un “efecto embudo”, quedando las masas lluviosas atrapadas que obligan a descargar las precipitaciones. Este singular hecho climático posibilita el crecimiento de unos abetos muy especiales, los Pinsapos.
El Pinsapar del Parque Natural de Grazalema constituye la mayor concentración de Pinsapos (Abies Pinsapo Boiss) del mundo, ya que es el único bosque. Los existentes en la Sierra de las Nieves, Sierra Mágina y Sierra Bermeja son solo rodales aislados. Se trata del último resto que perdura de la última glaciación alpina, junto con los helechos, musgos y líquenes.
El pinsapo es un abeto gigante de porte piramidal que puede alcanzar hasta los veinte metros de altura y vivir hasta seis siglos. Etimológicamente, el nombre genérico de los abetos “Abies”, proviene del griego “Abios”, que significa de larga vida, en alusión a la longevidad que presentan los miembros de este género. El Pinsapo deriva de las palabras latinas “pinus” y “sapinus”. Su madera, aunque no es de buena calidad, se ha usado desde muy antiguo. Se dice que algunos de los buques que formaron parte de la Armada Invencible de Felipe II, llevaban sus mástiles fabricados con madera de pinsapo.
La fuerza natural del agua ha hecho posible que en Grazalema se desarrollaran importantes industrias artesanas. A lo largo de la historia han sido importantes los molinos harineros, molinos de aceituna, fábricas de paños de lana, batanes, curtidos de piel, etcétera.
La Sierra de Grazalema con sus privilegiadas vistas, ha sido el primer espacio natural declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en la Península Ibérica [1977], donde se pueden apreciar unas condiciones microclimáticas especiales de humedad y temperatura, lo que hacen posible la presencia del pinsapo, cabras montesas, la amapola endémica o la amapola de Grazalema.
Volvemos a Grazalema entre sinuosas y empinadas callejuelas, donde brillan con luz propia sus casas tejadas con tejas árabes dispuestas ordenadamente, y sus fachadas encaladas con Cal de Morón, que otorgan la belleza de unos pueblos blancos con efluvios y reminiscencias andalusíes que estimulan la retina del viajero. Una verdadera sintonía entre el ser humano y el respeto por su entorno natural.
Degustar su gastronomía es trasladarse al paladar de tiempos pretéritos, con los revueltos de setas, la tradicional sopa de tomates, espárragos y tagarninas, queso de oveja, sopa de Grazalema, chacinas, guisos y cocidos, etcétera. Un verdadero patrimonio etnológico al alcance de todos.
Razón de más para volver a visitar de nuevo Grazalema [ahora más que nunca] y disfrutar de su entorno natural contribuyendo con nuestra presencia a mejorar la economía local con nuestra visita a sus casas rurales, hoteles, bares y restaurantes.
En la Plaza de España de Grazalema visitamos el restaurante “Cádiz El Chico”, en pleno corazón de Grazalema, que nos acoge con su buena chimenea, y donde destaca la comida tradicional. Pedimos un potaje con verduras, un revuelto de patatas con chorizo, maridado con un vermut.
Y de postre, una buena torrija con helado acompañada de un buen café, para estimular el paladar. No piense el avispado lector que sólo pensamos en comer. En primer lugar se encuentra disfrutar con moderación del senderismo, seguido de la visita a iglesias, castillos y museos. El yantar se encuentra en el último peldaño.
Al salir de Grazalema nos encontramos con el monumento al perro de agua español y grazalemeno, como reconocimiento a toda una historia ligada al pastoreo de la serranía y fiel compañero de los pastores. Es obra del escultor local Francisco Hernández Álvarez.
Y damos por finalizada nuestra ruta de senderismo en Grazalema como rincón verde, prometiendo volver muy pronto al "Edén andaluz" por su excepcional biodiversidad, microclima y belleza natural.
Y hoy, Día de Andalucía, comparto estas humildes letrillas.
Desde Grazalema, para el blog de mis culpas...
P.D. El Puerto de las Palomas a 1.357 metros de altitud, ha sido testigo innumerables veces de la Vuelta Ciclista a España y Andalucía.