lunes, 13 de julio de 2026

Silverio Franconetti, el gran olvidado de Sevilla



Fotografía de Silverio colocada sobre la lápida con IA



Para Estela Zatania, una figura fundamental en la divulgación del cante jondo, y a la que pude saludar en el LIII Gazpacho Andaluz de Morón.



Breve introducción

Alguien dijo una vez que Silverio era al flamenco lo que Mozart a la música clásica. Sea o no sea veraz tal afirmación y salvando las distancias, lo que sí es cierto es que ambos genios brillaron con luz propia en sus respectivas disciplinas, siendo ambos por enterrados en el más absoluto de los olvidos [Mozart en Viena y Silverio en el Cementerio de San Fernando de Sevilla].

Sin embargo, Mozart tiene un monumento en Sevilla [Paseo de Colón, 1.991] del que Silverio carece. Lamentablemente Silverio nunca fue profeta en su tierra, aunque lo recuerde en su poesía Federico García Lorca.

¡Y es que Sevilla, no siempre tuvo un color especial para con sus paisanos más ilustres como es el caso de Silverio Franconetti, un pilar fundamental del flamenco!




En el punto más elevado del centro histórico de la ciudad hispalense y cercano a la Plaza de la Alfalfa donde naciera Silverio Franconetti se encuentra la iglesia de San Isidoro erigida sobre una antigua mezquita árabe. Fue una de las primeras iglesias que se fundaron en Sevilla tras la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo, en 1248. 

De estilo gótico-mudéjar destaca en su fachada o Portada de la Epístola un hexagrama o estrella de Salomón, un símbolo de seis puntas (norte, sur, este, oeste, arriba y abajo) inscrita en un círculo tallado en piedra que simboliza la perfección, para dar protección al templo. En su parte más elevada se sitúa la torre campanario de estilo barroco del siglo XVIII.


Cercano el Bicentenario del nacimiento de Silverio Franconetti Aguilar, considerado la figura histórica más importante del cante jondo, que fuera bautizado  el 10 de junio de 1831 en la parroquia de San Isidoro de Sevilla, podemos afirmar que Silverio continúa siendo el gran olvidado de Sevilla. 

Por tal motivo, desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco, orientamos nuestro sextante didáctico hacia dicha parroquia ubicada en el corazón de Sevilla. Sobre las doce del mediodía abre el templo sus puertas y en ese instante pude cambiar alguna impresión con el hombre encargado de abrirlas. Le pregunté si era conocedor de que Silverio se bautizó en dicha parroquia, manifestándome que no entendía de flamenco y desconocía quien era Silverio, indicándome el lugar donde se encontraba la pila bautismal que buscaba:

 ¡Entrando a la derecha del templo, en el lado de la Epístola! 

Fue entonces cuando comencé a darme cuenta de que Silverio continúa siendo "el gran olvidado de Sevilla". Es triste para los cabales del flamenco que la ciudad que lo viera nacer en la Alfalfa, ni está ni se le espera hasta el momento para honrar su memoria.  Por el contrario, la tierra de Villalón donde Silverio vivió parte de su niñez y adolescencia se ha acordado de su legado.



La Capilla Bautismal de mármol donde se bautizó Silverio. Se encuentra a los pies de la nave de la Epístola, entrando por la iglesia a mano derecha.


Se dice que hasta los últimos gitanos de su época, celosos de su arte, lo encumbraron en vida y hasta lo imitaron. Silverio sacó el cante de las tabernas, siendo el más grande de los seguiriyeros, sin ser gitano. 

Ábrase la tierra,
que me quiero morir,
que pa´vivir como estoy viviendo
prefiero morir.

Cabal de Silverio



Sin embargo, Morón, la tierra de Villalón, de la Cal, del Flamenco fue la ciudad en la que Silverio fue vecino durante siete años, siendo reconocido con un monumento a su memoria en la Plazoleta Meneses.



El Ayuntamiento de Morón colocó una placa en su memoria el 30 de mayo de 2019 en la calle Fernando Villalón que nos recuerda que Silverio fue un cantaor enciclopédico que conoció y dominó todos los cantes, acompañado del poema de Federico García Lorca “Retrato de Silverio Franconetti” que decía que el cante de Silverio "abría el azogue de los espejos".

Entre italiano
y flamenco,
¿cómo cantaría
aquel Silverio?

La densa miel de Italia
con el limón nuestro
iba en el hondo llanto
del siguirillero.

Su grito fue terrible.
Los viejos
dicen que se erizaban
los cabellos,
y se abría el azogue
de los espejos.

Pasaba por los tonos
sin romperlos.
Y fue un creador
y un jardinero.
Un creador de glorietas
para el silencio.

Ahora su melodía
duerme con los ecos.
Definitiva y pura.
¡Con los últimos ecos!

Poema de Federico García Lorca dedicado a Silverio [1921]

 


El Ayuntamiento de Morón junto con la Peña Flamenca “El Gallo” organiza cada mes de junio “las Noches de Silverio” como antesala del tradicional Gazpacho Andaluz, y que reúne a grandes artistas del cante jondo. 




El XXIII y el LIII Gazpacho Andaluz estuvieron dedicados a la memoria del enciclopédico cantaor flamenco Silverio Franconetti. ¡No cabe duda de que algo bueno tendría aquel Silverio cuando se sigue escribiendo y hablando de su legado flamenco!





Días más tarde del tórrido mes de julio orientamos de nuevo nuestro sextante en dirección al Cementerio de San Fernando en busca de la tumba de Silverio, ubicada en la calle San Rufino nº 4 derecha [3C en el plano del cementerio].

Tomamos en bus nº 10 de Tussam que nos acercaba al Cementerio de San Fernando de Sevilla.

A la entrada de dicho campo santo se puede observar a mano izquierda el impresionante mausoleo del célebre torero Joselito El Gallo, que fuera denominado “el Rey de los toreros”. En aquel lugar se encuentra la tumba de su cuñado Ignacio Sánchez Mejías (1891–1934) que fue torero y hombre clave de la Generación del 27, de la que formara parte nuestro paisano Fernando Villalón



Su trágica muerte el 13 de agosto de 1934 en la plaza de toros de Manzanares (Ciudad Real) por el toro "Granadino" inspiró el famoso "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías" de Federico García Lorca.

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde...



Joselito El Gallo murió trágicamente el 16 de mayo de 1920 en Talavera de la Reina con tan sólo 25 años de edad, como consecuencia de una grave cornada en el quinto toro de la tarde que le infringió el toro “Bailaor”, perteneciente a la ganadería de la Vda. de Ortega. Aquel toro quedará inmortalizado para la historia de la tauromaquia.

 


En el centro de la avenida principal del Cementerio de San Fernando destaca el Cristo de las Mieles, que fuera esculpido por el genial escultor sevillano Antonio Susillo en 1880. Al llegar a la altura del Crucificado recordamos una de las leyendas más hermosas de la capital hispalense "La Leyenda del Cristo de las Mieles".

Cuenta dicha leyenda que cuando el escultor Antonio Susillo esculpió el Cristo para el Cementerio de San Fernando se esmeró enormemente, pues en ese momento se encontraba fuertemente endeudado y esa obra significaba mucho para él. Se dice que al montar la escultura, se dio cuenta de que la había elaborado las piernas del Crucificado al contrario, y que al contemplar la obra terminada, se sintió tan angustiado que puso fin a su vida con cuarenta y dos años. Era el 22 de diciembre de 1.896 cuando se pegó un tiro, muy de moda en la época romántica.

Días después de su entierro sucedió algo sorprendente, que muchos consideraron como un milagro: el Cristo lloraba miel. El revuelo fue considerable en la ciudad. El “milagro” estaba en boca de todos y la Iglesia tuvo que tomar cartas en el asunto, enviando el mismísimo Vaticano una delegación para aclarar el asunto.

Finalmente se averiguó la verdad: lo que manaba de la boca del Cristo era efectivamente miel de abeja, pero no porque llorara el Hijo de Dios por el escultor, sino porque Susillo había construido la efigie dejando hueco su interior para evitar el excesivo peso, y ese hueco fue aprovechado por un grupo de trabajadoras abejas para instalar su colonia. Así, cuando el calor apretaba y el bronce se calentaba, la miel de los panales se derretía y salía por la boca del Cristo. No había milagro, aunque al Cristo se le quedará para siempre el sobrenombre de “El Cristo de las Mieles”.

Del mausoleo donde se encuentra el "Rey de los toreros" dirigimos nuestra mirada hacia el lugar donde se encuentra "el Rey de los cantaores", figura fundamental en la historia del flamenco. 



Cuando llegamos a la tumba de Silverio Franconetti enla calle San Rufino nº 4 derecha, se me vino a la memoria el libro de nuestro paisano Luis Vázquez “Silverio Franconetti y los Fillos“, así como el de Manuel Borhórquez “Silverio el hijo del italiano”, una vida digna de ser llevada al cine.

Nunca morirá su cante,
Como no mueren las almas.
Silverio sigue cantando
Donde sueñan las guitarras.

Si me permiten los cabales del flamenco, quiero compartir entre breves pinceladas la vida de Silverio, el gran olvidado de Sevilla...

Silverio Franconetti Aguilar (Sevilla, 1831-1889) fue hijo de Papino Nicola el italiano, nacido en Roma y de una alcalareña, María de la Concepción Alcalá Díaz, que morirá el 26 de septiembre de 1859, con 69 años, estando Silverio en Sudamérica, no pudiendo darle su último adiós. 

Sus padres se casaron en 1809 en la Parroquia de San Sebastián de Alcalá de Guadaíra, trasladándose pronto a Sevilla. Silverio se crió en una familia numerosa de nueve hermanos. 

Silverio Franconetti Aguilar nació el 10 de junio de 1831 en el emblemático barrio de la Alfalfa de Sevilla, siendo bautizado en la Parroquia de San Isidoro, tal y como ha acreditado el investigador Manuel Bohórquez Casado, que halló la partida bautismal de Silverio en el correspondiente tomo de bautismo del Cuerpo de Inhábiles del Ejército al que pertenecía su padre, y que se custodia en el Archivo General Castrense del Ejército de Madrid. Su hermano Nicolás tenía una sastrería en Morón.

Siendo niño su familia se trasladó a vivir a Morón de la Frontera, donde accedió a estudios elementales y comenzó a dedicarse al oficio de sastre en la tienda que regentaba su hermano mayor Nicolás. Su otro hermano José tenía una taberna y una zapatería en Marchena.

A la temprana edad de 10 años Silverio frecuentaba las fraguas de los gitanos donde recibió la influencia de sus cantes, especialmente del cantaor conocido como "El Fillo". De esta etapa de su vida estamos al tanto gracias al investigador Luis Javier Vázquez Morilla, que dio cuenta de ello en su libro "Silverio Franconetti y los Fillos" (2018).

De adolescente vivió en Morón de la Frontera en el Pozo Nuevo, conociendo los cantes añejos del célebre Fillo, un cantaor de San Fernando que cantaba con una hondura inigualable, quien se juntó con la Andonda de Ronda. Vivió en Triana desde 1928 hasta su muerte. Pero será en Morón de la Frontera donde se hizo cantaor el gran Silverio Franconetti. 

Se dice que su madre siempre temió que Silverio quisiera ser torero.

Destacan como precursores del flamenco en Morón tres figuras principales: María “la Andonda” (1831-1891), el Fillo (1806-1854) y Silverio Franconetti (1831-1889) brillando en los anales de la historia del flamenco también Diego Bermúdez “El Tenazas” (1854-1932) que han pasado a la memoria colectiva de Morón.

En Morón Silverio fue muy feliz. Su hermano Nicolás le decía que el cante no daba más que miseria, que era cosa de gente sin oficio ni beneficio, y que se centrara en la sastrería. En Morón no sólo se cantaba en las fraguas gitanas, sino que también se cantaba en las tabernas, en los corrales e incluso en las bodas y bautizos. Vivir en aquel ambiente de niño y adolescente hizo a Silverio cantaor de flamenco.

Morón para Silverio era un auténtico paraíso. Tenía cerca de su casa una fragua donde se cantaba y los gitanos emocionaban con su arte, lo que era una tentación demasiado fuerte. Su madre quería que fuera el mejor sastre de Morón y Sevilla, pero el cante jondo lo atrapó. Un cante que no se puede enseñar, sino que se aprende escuchando a los grandes. Para cantar es necesario tener el don de poseer una buena garganta y poder emocionar.

Posiblemente el primer cante conocido fuera una nana que nos cantaban nuestras madres.

En 1853 Silverio deja Morón para regresar a Sevilla. Los cantaores en aquella época no eran profesionales. La mayoría de los artistas eran analfabetos, y no sabían ni firmar. Cuando morían en la pobreza, eran enterrados en caridad por la Iglesia o por algún torero generoso.

El maestro de la Alfalfa fue el mejor artista conocido y uno de los grandes empresarios de la época. Abrió cafés en Huelva, Córdoba y Badajoz, pero con poco éxito fuera de los meses de verano. En aquellos tiempos el cante flamenco tenía escaso valor.

Silverio vivió en Cádiz y Málaga. Un día decide zarpar del puerto de Cádiz en un largo e interminable viaje para cambiar de aires. No era raro que algún viajero falleciera durante la travesía por hacinamiento, escorbuto o falta de agua potable, ya que el agua pronto se corrompía.

En 1856 viajó a Montevideo donde trabajó como picador de toros, profesión que también le condujo hasta Brasil. Más tarde inició su carrera militar en el ejército uruguayo, en el que alcanzó la graduación de oficial. 

En mayo de 1864 regresó a España, momento en el que el folclorista Demófilo, biógrafo y amigo de Silverio, recogió su actuación acompañado a la guitarra por el maestro Patiño. Según cuenta Demófilo, un Silverio de incógnito fue reconocido por la concurrencia gitana al comenzar a cantar por seguirillas.

Gracias a una rigurosa investigación del escritor Luis Javier Vázquez Morilla, quien localizó la muerte de Curro Pabla, uno de los hermanos cantaores de El Fillo, asesinado en Cantillana en 1843, se sabe con seguridad que no fue Silverio, que tenía entonces 11 años y vivía en Morón de la Frontera. Siempre se le atribuyó ese crimen a Silverio, aunque sin base documental alguna.

Silverio se enroló con 26 años como picador en la cuadrilla del torero sevillano Manuel Sánchez, llegando a Montevideo en 1857, una ciudad llena de inmigrantes italianos, franceses y españoles, e incluso Río de Janeiro, teniendo que hacer muchas cosas para sobrevivir. 

Silverio se marcha a Uruguay huyendo de la miseria por la falta de oportunidades, y para ganar dinero encontrando trabajo en una sastrería del centro de Montevideo con escaso salario, pero suficiente para comer y dormir bajo un techo. Los domingos bajaba al puerto o a la fonda donde se reunían los españoles, y era entonces cuando le salía el cante que llevaba dentro, entre vino peleón y olor a tabaco negro. Y Silverio cantaba como si estuviera en la Alameda de Hércules con la memoria de Morón empapada en cada nota. Fue en Uruguay donde se dio cuenta de que el cante andaluz no conoce fronteras. Montevideo era un puerto abierto al Atlántico receptor de corrientes europeas, africanas y criollas. El toreo como herencia de la tradición española ocupaba un lugar destacado en Montevideo.

Silverio compartió penas y cantes con los negros libertos. Pero el corazón le tiraba siempre para casa, embarcando de nuevo en Montevideo el 3 de marzo en el vapor Gravina que partiría hacia Cádiz el 20 de mayo de 1864 haciendo escala en Cuba, un trayecto que durará varias semanas. Su cante había afinado su alma nutrida por el desarraigo.

Cádiz había perdido el monopolio de América y la independencia de las colonias habían mermado su poder económico. Había comercio con el Caribe, con el Norte de Europa y con los puertos del Mediterráneo que sostenían la burguesía mercantil. En Cádiz de veía gente sin oficio ni beneficio, pero era una ciudad que rebosaba de vida. Además del Gran Teatro Principal como referente de la ciudad gaditana existían cafés cantantes que reunían a un público más popular, deseosos de coplas, bailes y guitarra. Era uno de esos espacios donde el flamenco todavía se estaba definiendo como arte encontrando una tierra bien abonada.

Cádiz en 1864 era un lugar de contrastes: económicamente en declive respecto a su época dorada, pero culturalmente vibrante con grandes compañías teatrales y la pujanza del flamenco en cafés y tabernas. Era el mejor lugar para hacer realidad el sueño de convertir el arte andaluz, el flamenco, en una oferta cultural de primer orden.

Los aficionados no me reconocieron hasta que no canté en una reunión organizada por don Enrique Ortega el Gordo en su casa del barrio de Santa María para celebrar mi regreso. Si mis propuestas artísticas interesaban en la Tacita, ocurriría lo mismo en Sevilla. La gente va mucho a los teatros y los cafés se suelen llenar.

Los patios de Jerez le recordaban a Silverio a los de Montevideo o La Habana. Sólo en Cádiz, Jerez y Triana vivíó fiestas que duraban horas. Por eso se quedó en Cádiz, porque era la cuna del arte. Sevilla era más solemne.

El maestro Silverio era ya conocido antes de emigrar a Suramérica, y a su regreso, en mayo de 1864, siete años después de su marcha, se hablaba de él como “el célebre Silverio”, por cantar tan bien que levantaba pasiones. Tan grande era Silverio que lo llamaron en Cádiz “El Rey de los Cantadores”.

El café cantante se acaba imponiendo en Sevilla, Cádiz o Málaga, y se convierte en iniciativa donde los flamencos podían ganarse el pan. Antonio Monge Loreto “El Marrurro” le dio a la seguiriya gitana unos ayes nuevos y lastimeros que fueron una revolución. El Marrurro era un fuera de serie para los cafés cantantes, un verdadero animal del cante. En realidad era el Marrufo, apellido de sus antepasados.

No fue fácil para Silverio volver a Sevilla. Lo hizo primero para cantar, en 1865, animado por don Manuel de la Barrera, comprobando que había una fiebre por el baile y el cante. Ese año dio su primer recital en el Recreo. Silverio comenzaba a colocar al flamenco en el mapa de la cultura del mundo.

 

Los días 12 y 19 de mayo de 1866 Silverio actuó en Madrid ante la corte de Isabel II

 

En 1870 dirigió el primer café cantante "El Recreo de Sevilla", en el número 1 de la calle Tarifa, esquina con Amor de Dios. Posteriormente, en asociación con Manuel El Burrero y Frasquito El Manga, amplió el local y lo rebautizó como «Café de la Escalerilla». 

 

Su primera aventura empresarial la tuvo en 1878, abriendo uno de verano en la calle Trajano de Sevilla. En aquellos tiempos no había grandes figuras del cante, aunque sí muy buenos cantaores y cantaoras. Casi todos los buenos eran de Jerez y Cádiz, sin desmejorar a los de Málaga y Sevilla. Jerez era una cantera inagotable. Pero pronto llegarían los grandes malagueños Juan Breva “el Rey de las malagueñas” y el Canario, que revolucionarán los cafés sevillanos. Pero todo cambió cuando apareció un joven de Álora, Juan Reyes Osuna, conocido como El Canario Malagueño, quien debutó en Sevilla en el Café del Burrero con su voz dulce y bien timbrada. Le bastaron tres cantes para que su nombre corriera como un relámpago por España. Sería apuñalado junto al puente de Triana, en agosto de 1885, con apenas 28 años.

Frasco que cantaba las seguiriyas de aire gaditano era un zapatero de la calle Verbena, por cuya zapatería pasaron muchos cantares y cantaoras como Mercedes la Sarneta “la reina de la soleá” o María la Borrica “pionera del cante por seguiriyas”. La Sarneta tocaba la guitarra casi mejor que cantaba, pero no acompañaba a los cantaores.

Silverio hablaba de Triana con un respeto y un cariño que conmueve. A mediados del siglo XIX el arrabal sevillano era un hervidero de vida. Los hombres, al caer la tarde buscaban la sombra fresca de las tabernas, donde brotaba el quejío. No había entonces figuras que vivieran del cante como en el siglo XX, pero ya se escuchaban nombres que con el tiempo serían leyenda, como el Fillo, con su voz áspera y profunda. Cada taberna, cada patio, cada fragua era una escuela, sin más maestro que el corazón.

Silverio se dedicó profesionalmente al cante flamenco en una época en la que este arte se encontraba relegado a los más bajos estratos sociales, siendo el precursor de los conciertos flamencos. En esta etapa hizo famosa la "seguirilla de Silverio", una variación de la seguirilla gitana.

Silverio estaba convencido de que Triana era una de las cunas del verdadero flamenco, aunque no haya dado hasta ahora grandes figuras del cante y del baile. En Triana, los gitanos conservaban con celo unos cantes que fuera del entorno de ello apenas eran entendidos. Antonio Ortega El Fillo, residió y murió en el arrabal donde dejó su esencia, una escuela que aún tiene su importancia.

En 1880 Silverio se asoció con Manuel Ojeda El Burrero [porque vendía leche de burra] antes de abrir el suyo en la calle Trajano, pero pronto rompieron. Los sevillanos decían: “Vamos al Café de Silverio”.

Tras la ruptura con sus socios, fundó en 1881 el "Café de Silverio", en la calle Rosario de Sevilla, que pronto se convirtió en punto de referencia del flamenco y lugar de reunión de lo más grande de este arte a finales del siglo XIX: Don Antonio Chacón, La Serrata, Francisco Lema "Fosforito" Miguel Macaca, Dolores "La Parrala", La Mejorana, La Serneta, etcétera. 

¡Había que ver a Mercedes la Serneta convertida en referente del flamenco cantando aquellas soleares que enamoraron a España entera!

Tras el cierre del salón Silverio marchó a Córdoba en el año 1886 donde arrendó un local en una calle céntrica para sus espectáculos flamencos durante unos meses​ y continuando su actividad como cantaor en solitario hasta su muerte en 1889.

Silverio era considerado un cantaor enciclopédico, un libro abierto, como si fuera un profesor de Universidad. La escuela de cante de Triana tuvo la influencia de Cádiz y los Puertos en las seguiriyas, tonás y romances.

Silverio dio categoría al cante andaluz al abrirle las puertas a los demás cantaores. Muchos gitanos veneraban a Silverio. En Cádiz nadie discutió su autoridad en el cante grande. Conoció a grandes cantaores de enorme talla como Antonio Ortega El Fillo, Antonio Chacón, Tomás el Nitri, que cantaba muy bien por seguiriyas, Dolores la Parrala, que cantaba por seguiriyas y fandangos de Alosno o la cantaora jerezana, Mercedes Fernández Vargas “la Serneta”, entre otros grandes artistas.

Aunque Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” entendía que los cafés cantantes sacaban el flamenco de su ámbito original ofreciéndolo al público como mercancía, reconoció que muchas familias gitanas salieron de la miseria al dedicarse al arte del flamenco en los cafés cantantes.

El escritor, antropólogo y folclorista Antonio Machado Álvarez “Demófilo”, padre del universal Antonio Machado y Manuel Machado entrevistó a Silverio Franconetti para publicar su biografía en “Colección de Cantes flamencos” de 1881.

Demófilo dio un importante protagonismo a Silverio en su libro “Cantes flamencos”. Posiblemente Silverio y el Burrero salvaran al arte gitano de acabar en el trastero de la historia. Se llevaba en los flamencos las patillas al estilo del fascineroso José María el Tempranillo o Diego Corrientes.

Los gitanos del Puerto
fueron los más desgraciaos.
Que a las minas del azogue
se los llevan sentenciaos.

Martinete que narra el trágico episodio de la redada de gitanos en El Puerto de Santa María en 1745, quienes fueron enviados a las minas de azogue de Almadén.

En la Sevilla de la época si se quería ver la pureza en el flamenco era necesario cruzar el puente hacia Triana. Nunca se podrá cantar en un tablao como en una reunión familiar. Aunque hay gitanos por todo el mundo, solo se canta y se baila así en Andalucía con elementos autóctonos.

Según Mercedes Fernández Vargas “la Serneta” (1840-1912), quien manifestara en una entrevista en 1901, que dicho apodo se debe a que su madre le decía «pareces una serneta», comparándola con el canto y el vuelo de un tipo de ave muy ligera ya que era muy viva y «Serneta se me quedó».

Silverio bebió de las fuentes de las seguiriyas de Cádiz, Sevilla, El Puerto y Jerez, dominando todos los cantes de su tiempo. Triana era una de las grandes cunas de la soleá, uno de los grandes cantes del flamenco.

Los panaderos movieron la soleá de Alcalá como los arrieros las serranas, livianas y fandangos primitivos. Se cuenta que cuando los arrieros llevaban el pan a Triana en mulas, cantaban por el camino:

La media boba de Alcalá,
unas veces huele a vino
y otras sabe a soleá.

Silverio contrajo nupcias dos veces, siempre con jóvenes mucho más jóvenes que él, como buscando el elixir de la eterna juventud.

El día 30 de mayo de 1889, día de San Fernando patrón de Sevilla, a las 8 de la tarde, el corazón de Silverio dejaba de latir. Ya nadie cantará las seguiriyas, soleás y martinetes como lo hacía aquel Silverio. Un día negro para la historia del flamenco. Cuando fueron a bajar el ataúd, se dieron cuenta de que no cabía por la estrecha escalera, teniendo que llamar a unos empleados de una cercana tienda de pianos para que el féretro fuera bajado por el balcón a través de cuerdas.

Silverio descansa en el Cementerio de San Fernando, en la calle San José, número 25, en segunda clase, cuando lo normal era que los flamencos fueran enterrados en tercera clase o en fosas comunes, con cajas o sin ellas.

Se ofreció a leer unas palabras su amigo Manuel Ojeda El Burrero, que junto a Silverio dieron a Sevilla y al flamenco sus mejores años de gloria. Acababa de irse uno de los mejores baluartes del cante jondo, que supo ver el futuro del flamenco como nadie.

Por mí nunca temo
la muerte que llega.
Yo marcho a gusto,
pero, ¡ay, pobrecitos,
de los que se quedan!

Una de las cabales de Silverio


Desde el Cementerio de San Fernando de Sevilla, intentando rescatar del ingrato olvido a Silverio Franconetti, un cabal cantaor enciclopédico, considerado el más influyente de la historia del cante jondo, para el blog de mis culpas...



P.D. A Silverio se le consideró un cantaor de conocimiento enciclopédico, que dominaba todos los palos del flamenco. Fue el cantaor más influyente de la historia y el primero en entender que el flamenco podía presentarse al público sin mezclar. 

¡Que lo jondo podía conquistar el mundo desde Andalucía!

Pero, la figura de Silverio caerá en la amnesia colectiva, al igual que ocurrirá también Diego Bermúdez Cala “El Tenazas”, que fuera ganador del Concurso de Cante Jondo de Granada, entre el 13 y 14 de junio de 1922.


Bibliografía

Silverio. El hijo del italiano, de Manuel Bohórquez Casado


Enlaces interesantes


"Noches de Silverio" en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco

El Tenazas de Morón. "Eso es cantar por derecho"

Monumento a Silverio Franconetti en la tierra de la Cal y del Flamenco

sábado, 11 de julio de 2026

Prólogo

 

 Foto. Antonio Ramos 

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sábado, 27 de junio de 2026

Alameda en las Noches del Castillo de Morón

 

Tras Medina Azahara y las Noches de Silverio llegan las Noches del Castillo




El pasado 26 de junio disfrutamos de una grata noche de verano en las Noches del Castillo de la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco con el concierto del grupo Alameda que nos introdujo en una grata nostalgia al recordar sus canciones así como algunas del grupo Triana.

Alameda continúa siendo uno de los máximos exponentes del rock andaluz que continúa brillando con luz propia. Alameda fundado en 1977  fusiona la música andaluza con el flamenco y el rock sinfónico. 

Alameda coincidió y compartió la época dorada del rock andaluz junto al grupo Triana y Medina Azahara. En 1979 participó en el programa 300 millones que se emitía para todos los países iberoamericanos. Incluso algunas de sus canciones han sido llevadas al flamenco como "Aires de la Alameda", por Antonio Reyes. 

La Luna se levanta tiento a tientoSuenan sones, palmas y quejasUn manto de cristal al firmamentoHay susurros que la noche dejaSoledades, rezo' y gemíosCampanillas, trinos, la penaSoleá ebria de poderíoAromas de jazmín y azucenaQuejíoSon los aires de la alamedaHay un lucero escondíoAmaneceres surcan las estrellasQuejíoAlboreá dentellada de sedaNo niego que te he querío¡Ay, Alameda!, ¡ay, Alameda!La Luna clara se tiñe de negroDe repente se hizo un silencioSúplicas, temblores y requiebrosHay susurros, cercos de inciensoSoledades, rezo y gemíosCampanillas, trinos, la penaSoleá ebria de poderíoAromas de jazmín y azucenaSoleá ebria de poderíoAromas de jazmín y azucena.

Aires de la Alameda (1979)

El cantante Pepe Roca cumple este año 78 años de edad. Toda una vida dedicada a la música.

Si la memoria no me falla recuerdo a comienzos de los años 80 del pasado siglo haber visto por vez primera al grupo Alameda en la tierra de Villalón, concretamente en la desaparecida discoteca Jumbo de Morón [al igual que el grupo Medina Azahara]. 

Su nombre es un homenaje a la Alameda de Hércules de la capital hispalense, donde muy cerca se encontraba el Conservatorio Superior de Música de Sevilla donde estudiaban cuatro de sus componentes. Su primer local de ensayo se encontraba en la calle Feria, próxima a la Alameda de Hércules.

Años más tarde vuelven a Morón a cantar en el Paseo de la Alameda. Y tras no pocos lustros, vuelven de nuevo a las "Noches del Castillo" de Morón, el 26 de junio de 2026. Un emblemático lugar donde han cantado artistas y grupos de enorme talla artística.

Asómate a tu ventana
que amanece un nuevo día
y las que fueron mis penas
son causa de tu alegría.
Despierta de tu silencio,
amigo coge el timón
y pon rumbo a la esperanza
pa ver si "alcanzamos" al sol.
La imagen de tu sonrisa
dejó un recuerdo en mi mente
y aunque tuviera cien vidas
no dejaría de quererte.
Quiero el calor de tu cuerpo
quiero por siempre tener
la ternura de tus besos
que es fuente para mi sed.

Amanecer en el puerto (1979)




El productor Gonzalo García Pelayo apostó fuertemente por ellos en su sello discográfico. Y en 1979, lanzaron su primer álbum Alameda, que incluyó el legendario tema "Aires de la Alameda" que fue un éxito rotundo, alcanzando el Disco de Oro.

Durante su etapa dorada publicaron otros trabajos como Misterioso Manantial (1980), Aire (1981), Calle Arriba (1983), consiguiendo una identidad propia.

Como el agua en la fuente
Fluye limpia y transparente
Es tu mirar y tu sonrisa alegre

Como el viento que al pasar
Levanta olas en el mar
Así es tu amor que en un instante muere

Fueron tus besos para mi
Vida y aroma de jazmín
Tu aliento fue vacío en la mañana

Como un sueño pude ver
Lo mas profundo de tu ser
Y se apagó la luz de tu mirada

Fueron las dudas y el temor
Las que anidaron mi razón
Y así me vi envuelto entrе tinieblas

Vino a mi mente un rеsplandor
Sentí del fuego tu calor
Y conocí una esperanza nueva

Sentí pasando sobre mi
El aire cálido de abril
Y camine despacio y en silencio.

Aire cálido de abril (1981)


Y ahora de nuevo se encuentran entre nosotros el 26 de junio de 2026 teniendo la oportunidad de disfrutar de su música en el antiguo castillo, que fuera en tiempos pretéritos alkevirato y posteriormente Reino de Taifa independiente tras el desmoronamiento del Califato de Córdoba (1013-1066). 

Ventanas sobre dos mares
Abiertas de par en par
Déjalas que corra el aire
Por si alguien quisiera entrar
Sueños de verde esperanza
Brotan cada amanecer
Y el aire huele a pan nuevo
Si cantan Lola y Manuel
Ni el destino ni la historia
Doblaron tu voluntad
En mi pueblo inalterable
Como una piedra de altar
Nadie se sienta excluido
Sepan ustedes que aquí
El sol sale para todos
Los que decidan venir
Soy del sur
Esta es mi identidad
Soñador, libre y universal
Sin dudar
Si volviera a nacer
Andaluz quisiera ser

Soy del sur
Esta es mi identidad
Soñador, libre y universal
Sin dudar
Si volviera a nacer
Andaluz quisiera ser
Soy del sur

Letra de "Mi identidad"



Historia y música fusionadas en las Noches del Castillo


Noche andaluza, de luna llena;
de ocultas fuentes, alma serena
y el laúd desde un rincón dulce suena.
Vino de rosas y de miel para olvidar,
Y el agua ví tras el verdor del arrayán.
Roce de sombras por la piel, ala fugaz;
mientras se ve al contraluz,
verlos danzar.
Cerca del Guadalquivir,
un patio y un limonar.
Noche andaluza de Abril,
oliendo a mirto el zagüán.
Angel desnudo de amor,
su jarra da de beber;
hasta que llama al balcón,
la luz del amanecer.
Noche andaluza de luna llena,
en los jardínes la amante espera;
y su luz es el temblor de una estrella.
Moja en sus labios el clavel que va a brotar,
rojo carmín que humedeció la oscuridad.
Brillan sus ojos de placer y de ansiedad.
Noche de amor, noche del Sur, noche final.
Cerca del Guadalquivir,
un patio y un limonar.
Noche andaluza de Abril,
oliendo a mirto el zagüán.
Angel desnudo de amor,
su jarra da de beber.
Hasta que llama al balcón,
la luz del amanecer.

Noche andaluza (1983)


Es muy grato observar la lucha de estos grupos que expresan emociones para que los sentimientos andaluces a través del rock andaluz no caigan en el olvido.

Pepe Roca (cantante y guitarra) cumple este año 78 años. Desde estas humildes letrillas nuestro humilde homenaje para los presentes y ausentes del grupo, cuya música y su voz han marcado a muchas generaciones.

Los fundadores del grupo Alameda fueron:

  • Pepe Roca: Voz y guitarra.
  • Manuel Marinelli: Teclados.
  • Rafael Marinelli: Teclados.
  • Manuel Rosa: Bajo.
  • Luis Moreno: Batería. 

  • Alameda nos hizo disfrutar con las mejores canciones de su dilatada discografía así como nos regaló algunas canciones tributo al grupo Triana como por ejemplo, "Hijos del agobio" [1977], "Una noche de amor desesperada" [1981] o "Tu frialdad" [1980] como si fuera un verdadero himno para el público, sin olvidar "Todo tiene su fin" de Los Módulos [1969] y "Hey Jude" de los Beatles [1968].


    Desde las Noches del Castillo 2026, en compañía del cantante del grupo Alameda Pepe Roca, para el blog de mis culpas...




    P.D. Pepe Roca a la voz y guitarras, Manuel Marinelli con los teclados, Rafael Marinelli igualmente con los teclados, Manolo Rosa al bajo y Luis Moreno a la batería y percusiones.

    Con esta formación graban sus cuatro discos para Epic, marca de CBS, en el primero de 1979, "Alameda", alguna guitarra eléctrica de Luis Cobo Álvarez "Manglis" y la flamenca de Enrique de Melchor.

    En el segundo de 1980, "Misterioso manantial", también participa en algún tema "Manglis" y la flamenca es de Tomatito.

    En "Aire cálido de abril" de 1981, la guitarra flamenca vuelve a ser de Enrique de Melchor y en "Noche Andaluza" de 1983, "Manglis" mete su guitarra en algún tema, la guitarra española es de Alejandro Monroy, salvo una colaboración de Paco de Lucía.

    Se editaron igualmente dos singles por cada álbum, "Aires de la Alameda", "Amanecer en el puerto", "Dos amores", "Al caer", "Aire cálido de abril", "Sangre Caliente", "Noche Andaluza" y "Desnudos".

    Y ahí el grupo deja de tener actividad como Alameda. Pepe Roca hace actuaciones en solitario y se une al inolvidable grupo Jarcha en algunos momentos. La canción "Libertad sin ira" llegaría a ser un verdadero himno durante la denominada Transición española.

    En 1994 empieza a sonar en las emisoras el tema "Juncal", Alameda ha vuelto, aunque realmente sólo Pepe Roca y los hermanos Marinelli, junto a ellos se incorpora la guitarra de Álvaro Girón y junto al batería Salvador Niebla, el bajo de Carles Benavent, los teclados de Josep Mas "Kitflus" y la guitarra española de Chicuelo, estos últimos como músicos de estudio, graban para discos Horus el CD "Dunas", que se complementa en 1995 con el CD "Ilusiones" que incluye el anterior y algunos temas nuevos, con los mismos músicos e igualmente para discos Horus.

    En 1998 sacan el "Concierto 20 Aniversario", doble CD en directo para Picap Music, con Pepe Roca guitarra y voz, Manuel Marinelli teclados, Álvaro Girón guitarra, Antonio Coronel batería y percusiones, y Manuel al bajo, junto a multitud de artistas invitados, entre ellos Rafael Marinelli tocando el piano en algunos temas.

    En 2008 vuelve a aparecer un nuevo trabajo de Alameda, también en CD, "Calle arriba" para Fods Records, con Pepe Roca, voz y guitarra, Toñi García, voz y coros, Rafael Marinelli, teclados, Álvaro Girón, guitarra y laúd, Antonio Coronel, batería y percusiones, Manuel Nieto, bajo y la incorporación de violonchelo a cargo de José Carlos Roca, amén de otros colaboradores como los coros de Maribel Martín, las percusiones latinas de Miguel A. Torres o el Saxo de Ignacio Gil.




    Y en 2019, sin Rafael Marinelli y solo con Pepe Roca de los músicos fundadores, graban "Mi identidad".

    Manuel Corrales Quintana



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