domingo, 20 de junio de 2010

¡Que los árboles no nos impidan ver el bosque!


Muerte de un miliciano de Robert Capa 1936 
 
El año próximo se va a conmemorar el 75 aniversario del estallido de la Guerra Civil Española y el 80 Aniversario de la proclamación de la II República; acontecimientos históricos que no sólo han marcado el siglo XX en España sino que, aún pasados muchos lustros, siguen polarizando y agitando sentimientos por las heridas mal cerradas por dicho conflicto y la posterior violenta represión, que la memoria de nuestros abuelos se ha encargado de pasar a sus hijos y nietos. 


Y es en este marco, donde un prestigioso magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón  (querido para unos y no tan querido para otros) abre una investigación sobre la memoria histórica  y las ascuas de los tiempos pretéritos (las dos Españas de don Antonio Machado que creíamos olvidadas)  empiezan  a echar humo en un incendio que creiamos ya extinguido por la madurez de nuestro país, pero nada mas lejos de la realidad.

Como ejemplo, muchos medios de comunicación fuera de nuestras fronteras se han hecho eco  de la posible injusticia que se está cometiendo contra el juez Garzón con la memoria histórica. También cabe destacar al  hispanista Paul Preston que afirmó el martes 14 de abril de 2010 que la apertura de la investigación judicial en el Tribunal Supremo sobre el juez Baltasar Garzón "da la impresión de que el franquismo está más vivo que nunca dentro de la democracia española" o  el ex fiscal Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo que manifestó que el Supremo  "ampara"  una  "operación de acoso y difamación" contra Garzón, entre otras cosas más serias, que de ser verdad sería aún más preocupante para la ciudadanía ya que esa asignatura pendiente creiamos que se había superado.

En el ejercicio de la libertad de expresión, de la que afortunadamente podemos disfrutar hoy,  quiero hacer una modesta reflexión:

Recuerdo en mi infancia a  una docente, profesora de Historia, en el antiguo INEM que decía en su clase acerca de este lamentable episodio histórico, que en el ejército nacional reinaba la disciplina mientras que en el ejército republicano, por el contrario, la indisciplina y el desorden. Era una manera de dar crédito moral a unas actitudes que  llevaron a España  a la sinrazón mediante un asalto a la legalidad.

Años después, leyendo "El Laberinto Español" de Gerald Brenan, dicho sea de paso, una síntesis admirable de la España del siglo XX con sus antecedentes sociales y políticos  o la obra sobre la  República española y la Guerra Civil española (1931-1939) de Gabriel Jackson, que nos muestra aquellos años cruciales en la historia de la España contemporánea, voy percibiendo que la historia la  podrán escribir siempre  los vencedores, pero sólo por un tiempo ya que la ciencia de la memoria permanece intacta en la retina del pueblo.

Sin embargo, no nos decían los profesores de Historia de la época que las democracias occidentales  tanto Inglaterra como Francia, adoptaron con la II República “la táctica del avestruz” en dicho conflicto:

  •  En primer lugar para no tener malas relaciones con el fascismo y el nazismo en auge, aunque posteriormente,  la historia ha demostrado  que "aquellos vientos  trajeron estos lodos" de la II Guerra Mundial, en la que tantos millones de seres humanos inocentes murieron.
  • Por otro lado, existía también en Inglaterra la tremenda ignorancia de identificar a España con la Santa Inquisición, la leyenda negra, las guerras históricas de Inglaterra  con España, Francis Drake etc…Los ingleses no deseaban que ganasen los nacionales, pero existía un miedo a la expansión “The red terror in Spain” y este motivo posiblemente influyó decisivamente a la hora de tomar decisiones.
  •  
La Guerra Civil Española contribuyó a perpetuar la imagen que de las tropas norteafricanas se tenía ya que se  permitieron auténticas razias en los pueblos como arma psicológica  para desmoralizar y aterrorizar a la otra España, la republicana.
A juicio de no pocos historiadores, la Iglesia con sus luces y sombras, tan rígida e intransigente, amparó  sin fisuras al bando que venció pero no convenció, como  dijo el sumo sacerdote de la generación del 98, don Miguel de Unamuno, el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca.

Tampoco nos decían en las escuelas que el exilio español de 1936 supuso uno de los episodios más traumáticos de la historia española, con miles de seres humanos inocentes que se vieron forzados a abandonar su tierra natal, a desplazarse a otros países por motivos ideológicos, de conciencia o por temor a las represalias por parte del bando vencedor.

El renacimiento intelectual de gran vigor en las letras también sufrió en sus carnes el horror de la guerra. Hablamos de  Miguel de  Unamuno, Federico García Lorca, Antonio Machado, Rafael Alberti, Miguel Hernández, León Felipe entre otros,  e innumerables  maestros de escuelas anónimos, médicos, poetas, campesinos, etc…


Pasadas bastantes decenas de años de aquel desgraciado acontecimiento histórico, un prestigioso magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón abre una investigación con la "Ley de la Memoria Histórica", que no pone en peligro ni la cohesión social de nuestro país ni reabre viejas heridas, al contrario, trata  de cerrarlas definitivamente y aliviarlas dentro de lo posible, dignificando a aquellos que han sido olvidados, calmando el dolor de sus familias que reclaman sólo un acto de justicia, de reparación o, simplemente, algo tan necesario como saber donde tienen que acercarse para depositar un ramo de flores sobre la tumba de sus antepasados y que se obtenga el reconocimiento moral en cuanto atañe al derecho de las familias a conocer el paradero de sus seres queridos, víctimas de la represión, a rehabilitarlos y darles digna sepultura, hasta donde lo permita la medicina forense. Sin embargo, las  trabas burocráticas  tienen como único objetivo  dinamitar el movimiento memorialista  por el  miedo de unos y  por rencor de los otros.
  
La justicia debe ser  uno de los tres pilares del estado de derecho con mayúsculas sin ningún tufillo que pueda oler a tiempos pretéritos. Es evidente que existe una gran preocupación social por el acoso a un juez que pretende investigar delitos lacerantes para la historia de nuestro país. El caso Garzón desempolva aunque sea verbalmente de nuevo las dos Españas de don Antonio Machado debido a que las heridas de aquéllos terribles años aún no han  cicatrizado.

 España a garrotazos de Goya

La mirada retrospectiva de la historia nos enseña que  actitudes de crispación política, si crecen en el tiempo, pueden generar un caldo de cultivo que infecte y adultere la convivencia como ocurrió en tiempos no muy pretéritos y que esta experiencia nos debe servir como punto de referencia evitando la sinrazón.


Es una asignatura pendiente de nuestro Estado de Derecho pero también es posible, como dice Pérez Reverte, que España no esté preparada para ello por nuestra falta de cultura. Aunque, bien es cierto, que  se debieran evitar actitudes de crispación política  que produzcan un atavismo o regresión hacia tiempos pretéritos, ya que como Gerald Brenan dijo:

"Hay que olvidar los odios pero hay que acordarse
de los hechos para evitar caer en los mismos
errores históricos"


No podemos apostatar periodos de nuestra historia aunque nos duelan algunos párrafos de ella pero sobre todo que los árboles no nos impidan ver el bosque aunque sea evidente que el ser humano tenga una notable capacidad para el olvido.




Bibliografía

Cuadernos de Historia

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