martes, 31 de julio de 2012

Trafalgar o los derroteros de nuestra política exterior del siglo XVIII

Promulgación de la Constitución de 1812 en Cádiz. 
Óleo de Salvador Viniegra. Museo de Cádiz. Foto: A. Cuevas
La mañana del 25 de julio de 2012 con todas las ilusiones por banda,  pusimos de nuevo viento en popa a toda vela hacia Cádiz -la de la Pepa-, para visitarla. Entramos por la Puerta de Tierra hacia el casco histórico que mantiene aquel viejo esplendor del Comercio de las Indias que fue en tiempos pretéritos. Visitamos su Museo, ubicado junto al Ofertorio de San Felipe Neri, donde se promulgó la Constitución de Cádiz de 1812 que pretendía introducirnos en la modernidad y en el progreso pero nada más lejos de la realidad.  


Arturo Pérez-Reverte, uno de los escritores más leídos en lengua castellana,  manifestaba que “el auténtico enemigo en aquélla época no eran los franceses sino  los propios españoles -sobre todo por un factor de cultura”-, al permitir que el espíritu de aquella España de 1812 dejara la modernidad y la libertad. Pero las circunstancias hicieron que se volviera al Antiguo Régimen absolutista debido a que primaban más los intereses y privilegios de aquélla España reaccionaria, en contra de la razón y del progreso, lo que nos introdujo de nuevo en el oscurantismo.

Ofertorio de San Felipe Neri, donde se promulgó la Constitución de 1812

Existe una  frase desafortunada para la historia que refleja la escasa altura de miras en que las luces -salvo en Cádiz- brillaban por su ausencia con aquel “Muera la libertad y vivan las cadenas” en honor al desleal Fernando VII que derogó todo lo legislado en las Cortes de Cádiz, y reprimió brutalmente a todo lo que sonara a progreso y modernidad. Hay que recordar que la Constitución de 1812 reconocía al catolicismo como religión oficial del Estado y no reconocía otro rey que Fernando VII. 


No hace falta ser docto en la materia para darse cuenta por la sinrazón que tristemente nos llevó la política exterior española durante el siglo XVIII, con su falta de miras y despropósito político que llevó a la desaparición de la hegemonía española al abrir una enorme brecha en nuestro poderío que como una hemorragia se fue diluyendo a raíz del inmortal cabo de Trafalgar que dio nombre a la batalla, lo que como efecto colateral originó que el más frágil Imperio que jamás existió dejara de ser hegemónico con el liderazgo incuestionable a partir de ese momento -21 de octubre de 1805- de la marina inglesa en todos los mares del mundo.

Almirante español Gravina y francés Villeneuve
Almirante inglés Nelson

Observando los cuadros sobre la batalla de Trafalgar en el Museo de Cádiz, me acordé de un libro que adquirí en una librería de Zahara de los Atunes titulado “La razón de Trafalgar”, escrito por un capitán de navío de la Armada española, Hemenegildo Franco Castañón que me ilustró sobre aquel periodo histórico. 

Único navio que sobrevive de la batalla de Trafalgar HMS Victory de Horacio Nelson

Es cierto que la historia es la ciencia del pasado que nos debe servir para ejemplo del presente y como brújula para afrontar el futuro. La historia  posee  magníficos doctores con  rigor histórico y que junto a prestigiosos escritores han escrito magistralmente sobre el “Desastre de Trafalgar” y “Cádiz de la Constitución de  1812”.

Combate de Trafalgar entre el "Santa Ana" y el Royal Sovereingn
Óleo Ángel Cortellini Sánchez. Museo Naval de Madrid

Manifestaba el autor del libro “ la razón de Trafalgar” , que los desastres navales que se prodigan en España a partir de 1700 no fueron productos del azar sino producto de alianzas no consistentes, errores de estrategia,  mala fe y engaños de los enemigos, mal material, falta de personal etc.,  que permitieron nuestro gran repliegue político y militar con respecto a Europa, al desaparecer la hegemonía española con el liderazgo incuestionable de la marina inglesa en los mares como el más firme cimiento de su nación.

Puerta de Tierra, baluarte de entrada a la antigua Cádiz
Hasta Carlos II, último Austria,  España mantuvo sus territorios de ultramar y sus comunicaciones. El nuevo orden impuesto por la dinastía borbónica influyó decisivamente sobre la Marina con la llegada del primer Borbón –Felipe V- lo que provocará en Holanda y  Gran Bretaña una nueva estrategia por el peligro que suponía ver unidas a Francia y España en la misma dinastía. Este hecho trajo como consecuencia la participación inglesa y holandesa en la Guerra de Sucesión a la Corona española con la pérdida de Gibraltar.
Después de la Paz de Utrech -13 de julio de 1713-, se inicia la regeneración de la Marina española en base al modelo francés y quedando subordinada tanto en lo político como en lo militar. La paz con la República francesa a mediados de 1795 fue muy acertada pero la poca visión política posterior nos trajo enormes consecuencias ya que La paz de Basilea, el 22 de julio de 1795 aunque fue recibida con gran satisfacción por españoles y franceses, para España no se ajustó a los límites de lo pactado, lo que provocó no poder conservar una verdadera neutralidad. 

Armas de la época. Museo de Cádiz

Gran Bretaña se disgustó con la cesión a Francia de la mitad de la isla de Santo Domingo y receló con fundamento de la conducta posterior del gobierno español, que en mala hora  decidió pactar con Francia en contra de Inglaterra, culpando al “Príncipe de la Paz”  Manuel Godoy tan sólo buscaba garantizar su permanencia como hombre imprescindible y mantener una alianza con Francia.
Como consecuencia de las negociaciones, se firmó el tratado funesto de San Ilfedonso el 18 de agosto de 1796, por el cual se alió España con Francia para hacer la guerra a Gran Bretaña con lo que se demostraba muy poca cordura entregando a Francia todas las tropas y navíos que pida Francia quedando a su disposición mientras dure la guerra, sin que en ningún caso puedan ser gravosos. El 5 de octubre de 1796 se le declara la guerra a Gran Bretaña con lo que los gastos para el Erario español fueron incalculables con el consiguiente perjuicio para nuestro comercio, al mismo tiempo que se arruinó nuestra Marina y nuestra navegación mercantil.

Armas de la época. Museo de Cádiz

Por otro lado, El 14 de febrero de 1797, en el cabo de San Vicente perdimos cuatro navíos, dos de ellos de 112 cañones. El 16 de febrero, se rindió a los ingleses la importante isla de Trinidad de Barlovento, y se incendiaron en ella otros cuatro navíos para evitar que cayesen en poder del enemigo. Después vino la horrorosa catástrofe del estrecho de Gibraltar con los navíos de tres puentes “Real Carlos” y “San Hermenegildo”, por considerarse enemigos y entablar combate encarnizado el uno contra el otro, por confusión con un buque inglés que se interpuso entre ambos la noche del 12 de junio de 1801.
En diferentes apresamientos perdimos 10 fragatas por parte de los ingleses. En virtud de lo estipulado donamos a Francia seis navíos de 74 cañones, armados, arbolados y en disposición de navegación a la que también cedimos La Luisiana a cambio de ventajas que nunca conocimos.


Trafalgar fue el mayor desastre político y militar,  pues el combate perdido abrió una ancha brecha a nuestro poderío, por donde se fue el mayor y más débil Imperio que jamás existió. La Armada española después de Trafalgar moriría de abandono por falta de carena, decepcionados sus hombres por la incomprensión y el olvido de su propia nación.
El gobierno español estuvo siempre sometido a los dictados de Napoleón jugando un papel de comparsa, a quien lo único que le preocupó fue el poder contar con los buques de la Armada para utilizarlos en los sucesivos proyectos de invasión de Inglaterra. En Trafalgar fuimos al combate derrotados de antemano, por la trágica situación de abandono en que se tenía a la Marina.
La escuadra del Ferrol fue más numerosa en buques y personal con más de 2000 hombres para tripular la escuadra que se armó en Cádiz. Sin embargo,  el combate inmortalizó el nombre del cabo otorgándole un  protagonismo a Cádiz en detrimento de Ferrol, con lo cual la historia se ha visto mediatizada por el lugar geográfico.

Plano de Cádiz. Siglo XVII. Museo de Cádiz

Los planes de guerra naval perseguían un interés exclusivamente francés que pretendían situar los ejércitos napoleónicos en las islas Británicas mediante su desembarco con la subordinación total española. Aparte de comprometerse España a poner treinta navíos a disposición de Francia y aceptando un almirante francés, Villeneuve, al mando de la escuadra combinada. Aquí radica el fracaso estratégico y táctico de la Armada española.
Napoleón deseaba al mismo tiempo el dominio del mar para invadir Inglaterra y pensaba en dar la batalla decisiva en el canal de la Mancha hasta que Nelson apareció en Gibraltar lo que significaba que las fuerzas navales inglesas en Europa estaban en vías de concentrarse con el objetivo de proteger el comercio británico en el Mediterráneo.


La decisión de Villeneuve que conocía su destitución por parte del Ministerio de Guerra francés le llevó a un repentino ataque de orgullo herido y precipitó  abandonar Cádiz y presentar batalla en octubre de 1805, lo que condujo inevitable a la derrota. La flota franco-española se vio bloqueada en Cádiz por Nelson cerca del cabo de Trafalgar  y el 21 de octubre tuvo lugar el mayor combate naval de la historia donde la flota franco-española fue definitiva y abrumadoramente derrotada por la superioridad técnica y táctica de la Armada Real Inglesa. Los españoles perdieron diez de sus quince barcos y los franceses, doce de sus dieciocho con miles de muertos, heridos o prisioneros. Allí murieron en combate entre otros muchos el almirante Horacio Nelson, Churruca, Gravina y Alcalá Galiano posteriormente como consecuencia de sus heridas. Perdimos el buque insignia de nuestra Armada, El Santísima Trinidad con sus cuatro puentes y 150 cañones, el más grande de su época. Villeneuve y su buque insignia, el "Bucentaure", fueron capturados por los ingleses junto con otros muchos buques españoles y franceses. 

Muerte de Churruca. Museo de Cádiz.
Por otro lado, en el año 2013 se cumplirá el tricentenario del Tratado de Utrech -13 de julio de 1713- fecha triste como oprobio para España que cedía a perpetuidad a Gran Bretaña el peñón de Gibraltar sin jurisdicción alguna, estableciéndose no obstante, una cláusula por la cual si el territorio dejaba de ser británico, España tendría la opción de recuperarlo. 



Pero eso es otra historia…

Enlaces interesantes

Bibliografía
La razón de Trafalgar por Hemenegildo Franco Castañón

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