viernes, 2 de noviembre de 2012

Viaje a Ronda, la ciudad soñada



El pasado día 1 de noviembre, visité con mi amigo Antonio la mágica ciudad de Ronda  para disfrutarla ésta vez en toda su esencia. Recuerdo que la última vez que la visitamos, hace poco tiempo, íbamos en dirección hacia la antigua ruta de los almorávides y almohades.  

Salimos de Morón en dirección hacia Pruna, Olvera, Torre Alháquime, Setenil de las Bodegas y Arriate –donde nació el gran guitarrista Diego del Gastor- hasta que por fin llegamos a Ronda, la ciudad soñada.
 


Su magnífico entorno natural situado estratégicamente sobre una meseta rocosa está cortada por un profundo tajo por donde fluye el río Guadalevín que lo divide en dos: Por un lado, la medina andalusí amurallada por los musulmanes con su alcázar y barbacana -puerta de Almocábar-. Y por otro lado del barranco, pasando el Puente Nuevo, nos encontramos con el  viejo arrabal donde está ubicado el Mercadillo y su famosa Plaza de Toros de la Maestranza, inaugurada en 1785.  

El Puente Nuevo, magnífica obra de ingeniería de 1793 está formado por un acueducto con 98 metros de altura cuyos cimientos arrancan de la misma garganta del Tajo y que impresiona al que lo observa. Hasta tan punto eso es así, que asomarse al Tajo hace aflorar sin pretenderlo una expresión popular,  por lo que se le conoce como el balcón del coño.

Es evidente que Ronda nos extrapola a la antigua medina musulmana cuando observamos la Puerta de Almocábar, a mitad de camino de dicha ruta, transitada en la antiguedad por viajeros desde Tarifa y Algeciras hacia la antigua Elvira -Granada-, donde confluían todas las rutas desde la desaparición del Califato de Córdoba en el siglo  XI hasta el eclipse del Reino Nazarí 1492.

 


Su estratégica situación le ha conferido un gran valor defensivo en tiempos pretéritos y era punto obligado de las rutas comerciales que llegaban desde el Estrecho de Gibraltar, Tarifa, Algeciras y Cádiz por la puerta amurallada de Almocábar, a mitad de camino entre el Estrecho de Gibraltar y la antigua Elvira –Granada- llamada la “Damasco de Occidente”. 

Alminar de San Sebastián

La importante  ruta de los Almorávides y Almohades que transitaba por Ronda evoca la profunda relación existente entre la antigua Al-Ándalus (árabe الأندلس), territorio de la Península Ibérica bajo poder musulmán entre el año 711 y 1492 y los pueblos del norte de África separados por el estrecho de Gibraltar جبل طارق (Yabal Tāriq, Monte de Táriq), situado geoestratégicamente en la angostura que lleva su nombre y ha sido un referente importante en el cruce de culturas. 

Puerta de Felipe V junto a la muralla de Xijara

Nada más llegar, observamos la estatua ecuestre de un bandolero y se nos viene al pensamiento aquélla bella poesía de Fernando Villalón “Diligencia de Carmona”, en la que retrata fielmente el bandolerismo romántico. Tal vez  haya sido la poesía de Fernando Villalón pionera en facilitarnos esa visión romántica del bandolero como héroe social, una especie de “Robin Hood” con el “Tragabuches, Juan Repiso, Satanás y Mala-Facha, José Candio y el Cencerro y el capitán Luís de Vargas” el que a los pobres socorre y a los ricos avasalla.Ronda ha sido a lo largo de su historia una continua fuente de inspiración para artistas y viajeros. 

Cuando nos adentramos en Ronda,  encontramos  rincones pintorescos de su pasado, que ha sabido transmitir con personalidad el peso de su legado histórico conservado bajo un marco inigualable, lo que proyecta su luz propia al visitante al mismo tiempo que  estimula nuestra imaginación, lo que nos retrotrae como si del túnel del tiempo se tratara, a los tiempos pretéritos de la antigua Al Andalus, el bandolerismo del siglo XVIII,  la literatura de Washington Irwing o los óleos de Francisco de Goya que han quedado grabado en la retina de nuestro recuerdo, sin olvidar aquélla serie de T.V. emitida a mediados de los años 70  y que recordamos gratamente “Curro Jiménez”.


Visitamos la Alameda del Tajo donde está ubicado el monumento a Blas Infante, muy cerca de la Plaza de Toros. Atravesamos el  Puente Nuevo hasta llegar a la puerta de Felipe V junto a la muralla de Xijara, pasando el puente viejo hasta la fuente de los ocho caños, zigzagueando por sus imnumerables calles empedradas y empinadas hasta que llegamos bordeando el río Guadalevín bordeando las murallas hasta la puerta de Almocábar -"Al-maqabir" por encontrarse cerca del antiguo cementerio musulmán en los extramuros-, puerta principal de acceso a la ciudad en el siglo XIII en el sector sur  y que daba entrada a la medina musulmana. Desde allí nos dirigimos hacia el alminar de San Sebastián hasta el Barrio Alto.

Monumento a Ana Amaya Molina -Aniya la de Ronda-. Tía abuela de Diego del Gastor en Ronda
Descansamos un poco disfrutando de su gastronomía con una copa de manzanilla junto a unas migas rondeñas en una terraza, desde la cual observamos la inmejorable vista de las murallas con la panorámica de la serranía al fondo. Más tarde bajamos zigzageando calles empedradas hasta llegar hasta la garganta del Tajo donde fotografiamos el salto de agua hasta que llegamos hasta la plaza donde está ubicado el monumento a Hércules donde tomamos un café con dulces de Ronda acompañado de una buena tertulia.

Monumento a Blas Infante en Ronda
También es digno  destacar que en la Asamblea de Ronda de 1918 se adoptó la bandera verde, blanca y verde de Andalucía, el Himno y su Escudo. El color verde de la bandera corresponde al color de los omeyas y el blanco, al imperio almohade. Dos de las épocas con mayor esplendor de un poder político en el territorio de la actual Andalucía según la óptica de Blas Infante.
Monumento a Antonio Ordóñez junto a la Plaza de Toros de Ronda
A lo largo de su comarca existen todo  un reguero de villas que marcaron a lo largo de la historia una huella en la fisonomía de los futuros pueblos y ciudades donde los almorávides y almohades  las dotaron de extensas murallas, alcazabas, antiguas mezquitas, alminares o minaretes, puentes, torreones y atalayas en tierras de fronteras donde las montañas, riscos y valles eran imponentes testigos que acompañaban a los viajeros, junto con el encantador laberinto de cuestas empinadas donde las casas aún mantienen sus fachadas encaladas, tejados de teja rojiza, ventanas cerradas por hierros de forja, patios con pozos. Estas rutas nos transportan a  un pasado musulmán esplendoroso con su magnífico legado.



Puente romano

Tres puentes centenarios comunican la Ronda Vieja con la Moderna: el Puente Nuevo –símbolo de la ciudad-, el Puente Árabe y el Puente Viejo. 

Ronda y su comarca, marco histórico incomparable con reminiscencias andalusíes que han sido legadas desde tiempos inmemoriales para que el viajero impregne su retina para el recuerdo y que el tiempo tardará muchos lustros en diluir.


Desde la ciudad soñada de Ronda para el Blog de Antonio Cuevas

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