domingo, 12 de mayo de 2013

Viaje a Córdoba


Monumento en Almuñécar a Abd Al-Rahmán ben Muawiya al-Dajil (el Inmigrado)

Breve introducción

En el 750 d.C la dinastía de los Omeyas sunnies es derrocada en Damasco por los Abasíes chiíes. Abderrahmán I, como único superviviente de los Omeyas tras la matanza de su familia, viene huyendo a Al-Ándalus, donde arriba a las costas de Almuñécar el 15 de agosto de 755 d.C. y proclama el Emirato independiente de Bagdad en el 756 d.C. aunque no se proclamó califa. Inicia una dinastía en Al-Ándalus que alcanzaría momentos de gran esplendor, al convertirse Córdoba en la ciudad más importante de Europa. Uno de sus sucesores, Abderramán III, creó el Califato Independiente de Damasco, tanto en lo religioso como político. En este momento se plantea el símbolo de poder junto con la corte que represete al Califato. En el año 936 d.c manda construir la fastuosa Medina Azahara junto a la capital, Córdoba donde concentra todo el poder político del Califato...



El sábado 11 de mayo de 2013, visitamos la antigua ciudad de Córduba, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad desde el 17 de diciembre de 1984. Una bella ciudad que nos invita a vivirla en toda su intensidad para perdernos por los rincones de sus estrechas  calles, poder extasiarse con los efluvios que brotan de la umbría de sus patios y terminar deleitándose en su Mezquita milenaria, como primer monumento de todo el Occidente islámico que fue el asombro del mundo.
 


Córdoba fue una ciudad muy importante en tiempos de los fenicios (Kartuba) floreciendo como asentamiento romano a partir del siglo I a.C. hasta el siglo V d.C. Cuna del filósofo Séneca en tiempos del Imperio Romano y del poeta Lucano, en la Hispania Ulterior. El puente romano de 300 metros de longitud fue construido tras la victoria de César sobre Pompeyo y que atraviesa el río Guadalquivir, formando parte de la Vía Augusta; consta de 16 arcos, reconstruido por los musulmanes, uniendo el centro de la ciudad con el Campo de la Verdad, al otro lado del Guadalquivir.
 
Puente romano de Córdoba

 Córdoba estuvo bajo control de los visigodos (572) y de los musulmanes (711) que la hicieron ciudad universal bajo el Califato de los Omeyas, conviviendo en ella tres culturas: musulmana, judía y mozárabe. Un hecho importante a destacar era que el patrimonio de los pueblos conquistados lo integraban dentro de su propia cultura. De este modo, fueron receptores del legado griego al traducir a célebres pensadores de la Antigua Grecia a la lengua árabe, lo que produjo un gran avance cultural y científico en contraposición con el oscurantismo del occidente cristiano.



Córdoba nos transporta a unos tiempos pretéritos en el que fue referente importante en el campo se la sabiduría y del conocimiento con sabios como Averroes o Maimónides que brillaron con luz propia en el siglo XII.

La estancia de los musulmanes en Córdoba se prolongará desde el año 711 hasta 1236, en que Fernando III el Santo, rey de Castilla y León, reconquista la ciudad, -más de quinientos años-. Durante este largo periodo existió en la España musulmana tres formas de gobierno principalmente: un emirato dependiente de Damasco, un emirato independiente (desde el año 756 al 929), y el Califato independiente de Bagdad incluso en lo espiritual (hasta 1.031), alcanzando su máximo esplendor económico e intelectual en rivalidad con Damasco y Bagdad.

Jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos

En la margen izquierda del río Guadalquivir atravesando en puente romano, llegamos  al castillo de Calahorra, sede actual del Museo de las tres culturas desde donde podemos observar sus molinos árabes con la noria de la Albolafia  que elevaba el agua del río hacia el alcázar de los Reyes Cristianos en cuyos jardines fluye nuestra imaginación.

Noria de la Albolafia

Córdoba, erigida donde el río mayor de Andalucía deja de ser navegable y que bautizaron los musulmanes como Wad-al Kabir o río grande. Así mismo, los musulmanes eran expertos en técnicas de regadio. Utilizaban las azudas (del árabe as-sudd, presa). El molino de la Albolafia se encuentra en la orilla derecha del antiguo Wad-al-Kabir. Su rueda hidráulica o sigalla, la mandó construir Abderramán II para elevar el agua del río con sus cagilones y encauzarla a una acequia destinada a riegos y fuentes de los jardines del Palacio de los Emires. Su rueda con 15 metros de diámetro contiene un soporte que descansa sobre sólidos sillares para evitar la fuerza de las crecidas del río.

 
El edificio más notable de Córdoba es su impresionante mezquita. Un edificio fascinante donde predomina la luz y el color con sus innumerables columnas y hermosas puertas. Fue construida entre los siglos VIII y X sobre la base de un templo romano, que fue posteriormente la iglesia visigoda de San Vicente. Esta mezquita ha sido considerada como uno de los templos musulmanes más grandes y bellos del mundo, antes de su conversión como iglesia cristiana en 1236. La Mezquita de Córdoba iniciada por Abderrahmán I, se ampliará posteriormente con Abderrahmán II, Alhaken II y Almanzor.



La mezquita constituye el escenario principal en la vida cotidiana de las ciudades hispanomusulmanas. La oración, las enseñanzas, la administración de justicia y las relaciones sociales confluían en su interior y en su entorno. Se distinguían claramente tres elementos: torre, patio y sala de oración. Desde el alminar o minarete, el almuédano llamaba a la oración a los fieles. El patio servía para la limpieza ritual. La sala de oración, era un espacio espejado de proporciones rectangulares, dispuesto hacia un muro, al-qibla, orientado hacia la Meca. En el centro del muro se situaba el mihrab, nicho vacío que señalaba la dirección de las plegarias. La mezquita mayor o aljama se situaba en el centro de las ciudades. En sus cercanías se localizaba la madrasa o escuela de estudios y la alcaicería, el mercado urbano de mercancías más valiosas.

 
Junto a los espacios religiosos y civiles destacaban los recintos del poder, alcazabas y alcázares como auténticas ciudadelas fortificadas que, además de elementos militares, contenían las residencias palaciegas de los gobernantes. Un ejemplo de ello es el alcázar de los reyes cristianos, antiguo palacio morisco  utilizado posteriormente como sede de la Inquisición.


Cabe imaginarse lo que posteriormente plasmó en versos el poeta rondeño Abul Beka en el siglo XIII con la desolación que sufrieron los musulmanes tras sus derrotas a manos de las tropas cristianas: "como lloran al ver sus vergeles y vegas lozanas ya marchitas y que afean los infieles con cruces y con campanas, las mezquitas". La antigua Córduba musulmana que junto con el reino nazarí de Granada polarizaron un inmenso legado cultural en Al Ándalus bajo una civilización de rasgos únicos e irrepetibles.

Dos siglos de oro: universal el cordobés y refinado el nazarí donde confluían dos importantes rutas entre Córdoba y Granada a lo largo de 180 kilómetros de trayecto. Dos polos entre los que bascula el inmenso legado cultural, político y social que supuso la existencia de Al- Andalus, un territorio de leyendas, guarniciones, atalayas y castillos, pueblos, gentes y costumbres.

La ruta del Califato es una ruta marcada por dos elevaciones, Sierra Morena, en Córdoba, y Sierra Nevada, en Granada. Existían dos rutas del Califato : la primera pasaba por Castro del Río y Alcaudete y la siguiente ruta por Fernán Núñez, Aguilar de la Frontera, Lucena y Priego, uniéndose ambas en Alcalá la Real hasta llegar a Granada.



Córdoba, ciudad seductora que no deja indiferente al viajero, legada por los que nos precedieron para nuestro deleite cultural como estímulo para nuestra retina y que constituye por derecho propio uno de los tesoros más preciados de la Humanidad. Después de pasear por las calles empedradas y saborear su exquisita gastronomía, fuimos a visitar Madinat-al-Zahra, pero eso ya es otra historia.



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