miércoles, 7 de agosto de 2013

El Acueducto de Segovia



Desde Cangas de Onís atravesamos los Picos de Europa en la Cordillera Cantábrica para transitar por la submeseta a través de León, Benavente y Tordesillas para llegar a Segovia.

Lo primero que capta nuestra retina es su magnífico y soberbio acueducto romano con sólidos sillares de granito con 728 metros de longitud y 162 arcos entre dobles y sencillos con una altura máxima de 28,90 metros. Los arcos sobre pilares están rematados en su parte más elevada por una canalización de piedra en forma de U que servía para canalizar el agua desde la sierra hasta la ciudad para su abastecimiento.

El acueducto es el símbolo de Segovia. Fue construido en la segunda mitad del siglo I d.C. con sillares en seco, sin ningún tipo de cemento ni argamasa con cimbras de madera, poleas y cuerdas.



Como punto de referencia nos encontramos a los pie del Acueducto junto a la réplica de la loba capitolina, regalo de la ciudad de Roma en 1974 con motivo del Bimilenario del Acueducto, impresionante obra de ingeniería del vasto imperio romano.


“Roma a Segovia en el bimilenario de su acueducto MCMLXXIV”


“Cuenta la tradición romana que Luperca era el nombre de la loba que amamantó a Rómulo y Remo después de que el rey Amulio mandase arrojar a los hijos de Rea Silvia al río Tíber en una cesta. El dios Tíber salvó a los gemelos Rómulo y Remo y los entregó a una loba llamada Luperca para que fuesen amamantados. El pastor Fáustulo recogió a los niños y fueron cuidados por su mujer. Más tarde los gemelos fundaron la ciudad de Roma que lleva su nombre en honor de Rómulo como primer rey…”.


De paso hacia Ávila observamos el Alcázar de Segovia que no pudimos visitar por la premura de tiempo, pero que nuestra retina lo captó como si fuese el castillo del cuento de la Cenicienta por su gran belleza. En próximos viajes intentaremos dedicarle a Segovia el tiempo que esta bella ciudad se merece.

No piense el avispado lector del blog de mis culpas que me he olvidado en este humilde artículo de la enorme figura de nuestro poeta nacional don Antonio Machado en Segovia y que inmortalizara a su maestro Giner de los Rios en su Elegía cuando soñaba un nuevo florecer de España (CXXXIX).


Pero es tal la talla y solidez humana -comparable al Acueducto- de este hombre de enorme talla moral, que estuvo comprometido hasta las últimas consecuencia cuya muerte en Collioure coincidió con el epílogo de la República. 

Los párvulos aguardábamos, jugando en el jardín de la Institución, al maestro querido. Cuando aparecía don Francisco corríamos a él con infantil algaraza y lo llevábamos en volandas hasta la puerta de la clase. Hoy, al tener noticia de su muerte, he recordado al maestro de hace treinta años. Yo era entonces un niño; él tenía ya la barba y el cabello blancos. 

En su clase de párvulos, como en su cátedra universitaria, don Francisco se sentaba siempre entre sus alumnos y trabajaba con ellos familiar y amorosamente. El respeto lo ponían los niños o los hombres que congregaba el maestro en torno suyo. Su modo de enseñar era socrático: el diálogo sencillo y persuasivo. Estimulaba el alma de sus discípulos –de los hombres o de los niños- para que la ciencia fuese pensada, vivida por ellos mismos.


Paseando por la fachada del Teatro Juan Bravo en la Plaza Mayor de Segovia, tuve la inmensa satisfacción de encontrarme de nuevo -al igual que en Baeza- con nuestro protagonista Antonio Machado “Juan de Mairena”.

El 4 de noviembre de 1919, Antonio Machado recibe en Baeza el nombramiento como profesor del Instituto de Segovia cuyo nombramiento se conserva en el aula de Baeza. Los años segovianos fueron anteriores a la República ya que Machado no obtuvo el traslado a Madrid hasta el año 1931.

Antonio Machado llega a Segovia el 25 de noviembre de 1919 para ocupar la cátedra de francés en el Instituto General y Técnico de la ciudad donde impartirá sus clases hasta 1931, ejerciendo como vicedirector varios años. La prensa de su época “El Adelantado” y el liberal “La Tierra de Segovia” se hacen eco de su llegada, lo cual refleja la creciente popularidad del poeta. Como en Soria y Baeza se aloja en una modesta pensión donde permanece hasta su traslado a Madrid en 1931.

Antonio Machado encuentra una humilde pensión en la “Calle de los Desamparados” -actual Casa Museo-, donde vivirá hasta 1931. Antonio Machado se alojará en una fría habitación en régimen de pensión completa pagando 3,50 pesetas diarias. El poeta disponía de un brasero de cisco bajo la mesa de camilla que le permitía combatir los rigores del gélido invierno castellano. Los muebles no podían ser más modestos: una cama de hierro, un lavabo con su jarro de latón para el agua, un armario, un perchero de pared y una humilde mesita de noche.

Vivirá sólo en la pensión aunque los fines de semana se trasladaba a Madrid para pasarlos con su familia. La cercanía de Madrid tenía un enorme atractivo cultural para el poeta.

La vida de don Antonio Machado tanto en Soria, Baeza, Segovia y Madrid no iba a cambiar mucho. Por las mañanas, dará sus clases en el Instituto. Después del almuerzo visitaba las tertulias de café después para seguir dando frecuentes paseos por las afueras de la ciudad para leer y escribir poemas en la soledad de su alcoba. 


Pero en Segovia, Antonio Machado encuentra un ambiente cultural más acorde con sus gustos, colaborando en varios periódicos y culminando con la publicación de Juan de Mairena. En los últimos meses del año 1919 un grupo de intelectuales segovianos, a los que se une Antonio Machado, crearon la Universidad Popular Segoviana con el fin de acercar la cultura al pueblo. En la Plaza Mayor de Segovia frecuentaba el ambiente del Café Castilla.


 Desde Segovia para el Blog de mis culpas...

2 comentarios:

  1. Thanks very much for this post it has liked me a lot, I encourage you to continue doing it, you maybe take a look to my website which speak about the same topic ,it could be interesting to you: Acueducto de segovia

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar