martes, 10 de diciembre de 2013

El Torcal de Antequera


Una soleada pero fría mañana de diciembre de 2013 nos pusimos en marcha para  visitar el Torcal de Antequera, uno de los paisajes kársticos más impresionantes de Europa, una auténtica ciudad de piedra con sus cañadas, tajos, veredas y senderos con sus pequeños valles cuyos efluvios embriagan e impregnan nuestra retina estimulando nuestros sentidos, que se plasmarán en grato recuerdo. 


Desde la prehistoria, los seres humanos han mantenido una relación muy estrecha con El Torcal que les proporcionaba hábitat como refugio, despensa y defensa proporcionando multitud de recursos como la caza, plantas medicinales y bosques para extraer carbón vegetal y así poder calentarse en el duro frío de invierno.


Como consecuencia de la erosión de las rocas calcáreas solubles en agua se han originado una gran diversidad de formas por sus características físico-químicas al estar durante millones de años en contacto con el sol, el viento, temperaturas extremas y el agua, lo que ha permitido disolver parcialmente el relieve que alternaban capas calizas con margas y arcillas hasta alcanzar el caprichoso modelado que se conoce como paisaje kárstico. 

Las rocas se comportan como una especie de esponja al tragarse literalmente el agua y circular en su interior a través de una compleja red de conductos que penetran por fisuras, oquedades y sumideros que drenan subterráneamente, constituyendo un importante acuífero por el que circulan y acumulan las aguas subterráneas que son evacuadas en forma de manantiales en su parte más baja.


El macizo recibe los vientos cargados de humedad del Mar Mediterráneo y al chocar contra sus laderas, ascienden y se enfrían rápidamente descargando abundantes aguas sin olvidar las precipitaciones indirectas que suministran las frecuentes nieblas y nubes bajas.

Es evidente que en Torcal nuestra fértil imaginación nos puede extrapolar a otro planeta, al darnos la impresión de que la naturaleza ha dotado a este impresionante paisaje singular de formas oníricas, una especie de isla climática más húmeda y fresca que las llanuras que la rodean situada a 1000 metros de altura media cerca de la costa con inviernos fríos, veranos calurosos y precipitaciones relativamente abundantes.


El Torcal de Antequera fue declarado desde el año 1929 Sitio Natural de Interés Nacional” y en 1989 declarado “Parque Natural” por la Comunidad Autónoma Andaluza (ley 2/1989, de 18 de julio), reconociendo su geomorfología, flora, fauna y paisaje.

En la biodiversidad del Torcal se pueden encontrar más de 700 especies de plantas, multitud de invertebrados e insectos y 116 especies de vertebrados, 12 especies de líquenes, 77 de Briófitos (musgos y hepáticas), 10 de Pteridófitos (helechos)  junto a la variedad de microclimas entre bosques y matorrales hasta formaciones rupícolas,-que anidan en las rocas y acantilados-.


En el estrato arbóreo del Paraje natural Torcal de Antequera, se observan Arces, majuelos y hiedras en las rocas y ha merecido la calificación ZEPA (zona de especial protección para las aves) por la presencia de diversas especies singulares como el águila real, el halcón peregrino, el águila perdicera, las collalbas negra y rubia o el búho real sin olvidar el buitre leonado como una de las aves más representativas que desde su atalaya contemplan el territorio para eliminar cadáveres de animales en lugares de difícil acceso y que sería muy costoso de sacarlos. Por otro lado, las aves macrófagas evitan cada año la incineración de miles de toneladas de animales, lo que se traduce en un ahorro energético evitando que 193.000 toneladas de CO2 se liberen a la atmósfera.


Existen varios senderos para los excursionistas: uno llamado el Torcal Alto, señalizado de color verde cuya  longitud de trazado es de 1.440 metros de longitud con un grado de dificultad bajo y una duración de 45 minutos entre senderos que serpentean por un terreno abrupto donde destacan la alternancia de estratos que dan lugar al “ tableado de rocas”,  donde se llegan a una amplia llanura donde nos observan como centinelas severos torreones hasta llegar a un desfiladero cercado por chimeneas de piedra denominado “Falla de los Arregladeros” donde se pueden apreciar  las pequeñas aves que habitan este paraje como el colirrojo, el herrerillo, el pelirrojo, el águila perdicera o el cernícalo común, entre musgos y líquenes que nos indican la buena calidad del medio ambiente, entre corredores donde destaca la frondosa vegetación en la zona de umbría.

La Cabra montés (Capra pyrenaica),  en el Torcal de Antequera

El otro recorrido señalizado de color amarillo tiene una longitud de trazado de 2.750 metros con una duración de 2 horas y un grado de dificultad media. 

Para ambos recorridos, es necesario un calzado de goma adecuado y evitar pisar las rocas húmedas, ya que puede resbalar, y nunca abandonar la ruta establecida, al existir peligro de pérdida si existe niebla. Cada gruta, cada hueco sirve de morada para musgos y líquenes que encuentran en ellos la humedad necesaria para vivir.


Terminamos el recorrido más suave, ya que nuestras articulaciones no estaban capacitadas para emprender empresas superiores, deleitamos nuestra retina con una piara de cabras montesas que plasmamos en recuerdo mediante el objetivo de nuestra cámara de fotos sin olvidarnos de la impresionante panorámica que observamos desde el Mirador “Las Ventanillas”.



Al descender desde el Torcal hacia Antequera, lo primeros que observamos es la antigua alcazaba de “Madinat Antikira”  y al fondo la Peña de los Enamorados como bella panorámica, pero eso ya forma parte de otra historia.

Desde el Torcal de Antequera para el blog de mis culpas...

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