jueves, 21 de enero de 2016

Omar Ben Hafsún, "El último bandolero andalusí"



Desde Morón en cuyo término municipal ejerciera su influencia en tiempos pretéritos José María “El Tempranillo” y Francisco Ríos González “El Pernales”, enarbolamos nuestras naves una gélida mañana de enero para emprender nuestra ruta hacia la A-92 buscando la ciudad ursaonense y seguir transitando hacia El Saucejo, Teba (Hisn Atiba) y Ardales, en cuyo término brillan con luz propia las Mesas de Villaverde en la vertiente meridional de la Sierra de Abdalajís y el Desfiladero de los Gaitanes. Más tarde, nuestra retina siguió impregnándose de los efluvios andalusíes en el castillo de Álora (Al-Lura andalusí) en el "Cerro de las Torres", al cual se accede por una enorme puerta de entrada destacando un enorme arco de herradura con alfiz realizado con sillarejos. 



Muy cerca de Ardales bordeando el embalse encontramos la antigua ciudad de Bobastro en el Alto del Guadalhorce donde a finales del siglo IX y comienzos del X forjara su leyenda Omar Ben Hafsun, símbolo de la resistencia mozárabe-muladí que colocara a la mítica ciudad en los senderos de la historia.

Los vestigios arqueológicos de la antigua ciudad de Bobastro fueron descubiertos por F.J. Somonet en 1869 y excavados por G. de Mergelina en 1927. 

Desfiladero de los Gaitanes

Pero es necesario decir que Omar ben Hafsún no fue un “bandolero andalusí” en el sentido etimológico del término sino que siendo defensor de la vida campesina, Omar era contrario a la organización estatal de los omeyas y no estaba de acuerdo en la forma de gobernar éstos, que vivían en el despotismo y en la opulencia. Por tanto, un rebelde no encabeza un proyecto político de 50 años intentando desbancar a los hijos de los califas de Damasco establecidos en la Qurtuba musulmana (Córdoba), la capital de al Andalus.

Omar Ben Hafsún poseía el don de la palabra y se dio cuenta del profundo descontento que existía en la Sierra de Málaga contra el poder establecido por los emires de Córdoba por parte de muladíes, bereberes y mozárabes, lo que daba lugar a continuas revueltas. Pero a estos pueblos le faltaba un líder que aglutinara las diversas sensibilidades. Omar Ben Hafsún les prometió que todos los habitantes de al Ándalus serían tratados como iguales pagando los mismos impuestos. Los árabes de raza estaban exentos del pago de los impuestos. 


Pero vamos a conocer un poco sobre la historia de nuestro personaje histórico que pudo cambiar el rumbo de la historia de al Ándalus.

Los historiadores datan el año 850 como la fecha de nacimiento de Omar Ben Hafsún en la Sierra de Málaga siendo descendiente de antiguos nobles visigodos. En su juventud fue un militar al servicio del Emirato de Córdoba, pero una reyerta que culminó con una muerte le colocó fuera de la ley, teniendo que huir al norte de África, donde vivía un tío suyo. Estando en una ciudad de Argelia (Tarhet) tiene un encuentro con un “santón” que le menciona una extraña profecía: “Se levantaría desde Bobastro contra el poder de los omeyas”. 

Los árabes como raza hegemónica en al Ándalus provenían de Damasco eligiendo las mejores zonas para vivir como la cuenca del Guadalquivir, la Vega de Granada, las mejores tierras de Málaga, etcétera, dejando las zonas montañosas para los bereberes que provenían de África y pertenecían al escalón social más inferior en al Ándalus, los muladíes (cristianos convertidos al Islam) y los mozárabes (cristianos en territorios árabes)

Murallas de Bobastro

En el 880 Omar reúne una partida de muladíes, mozárabes y bereberes descontentos de la sierra de Málaga comenzando a conquistar Mijas, Ardales, Comares, etc. 

Omar Ben Hafsún, con la ayuda de una importante red de aliados, fortifica Bobastro construyendo un alcázar y numerosas murallas defensivas con iglesias. Los habitantes de esta ciudad rebelde se desparramaron por los acantilados excavando sus casas en las rocas de areniscas y durmiendo en las cuevas. En muchas de estas casas trogloditas se extraían sillares de areniscas que se incorporaban a las defensas militares. Las murallas estaban construidas con aportaciones de los refugiados y residentes en Bobastro. La población pudo llegar a más de mil quinientos refugiados en los momentos de máxima tensión. 

Aljibe en Bobastro
Al tener escasez de agua obligó a planificar muy bien su almacenamiento conservada en aljibes excavados en la roca y acarreada desde los ríos y arroyos cercanos en grandes recipientes. El conocimiento de estos barrancos ayudaba a sobrevivir en esta fortaleza natural.

Omar Ben Hafsún construyó en Bobastro un cíngulo de fortalezas, existiendo un obispado y una iglesia metropolitana que se identifica con la Iglesia excavada en la roca. 


Iglesia de Bobastro excavada en piedra

Al estar Bobastro en una zona inexpugnable de difícil acceso, los únicos impuestos que pagaban sus ciudadanos eran en forma de trigo, traer agua del río cercano en grandes vasijas y realizar sillares de piedra de un brazo de largo por un codo de ancho en las canteras de la zona. El trigo provenía del pueblo cercano de Ardales. Los habitantes de Bobastro excavaban en la roca de arenisca las casas cuevas, los silos y los aljibes para soportar un largo asedio si era necesario.



En el año 883 Muhammad I envió un fuerte contingente contra Omar Ben Hafsún y éste se rinde pactando entrar al servicio del emir con sus hombres que participaron incluso en una aceifa por tierras de Álava, pero ser muladí y no árabe de raza le obliga a abandonar Córdoba volviendo a Bobastro en el 885.

El caudillo muladí no encontraba su lugar en la sociedad islámica frente a los musulmanes viejos y en el año 885 encabezaba de nuevo una rebelión que aglutina en su entorno mediante sólidas relaciones de fidelidad a bereberes, mozárabes y muladíes (cristianos conversos al Islam) descontentos contra la hegemonía de la raza árabe en las Coras de Rayya (Málaga y Axarquía) y Takoronna (Serranía de Ronda). 

En agosto de 886 cuando Omar ben Hafsún está a punto de ser derrotado muere el emir Muhammad I y Al-Mundhir debe regresar a Córdoba para hacerse cargo de al-Ándalus.

Omar conquista Comares en la Axarquía, Mijas en la costa y Archidona en Antequera apoyando a los rebeldes de Alhama de Granada en su lucha contra el nuevo emir Al-Mundhir. Éste se apodera de Archidona, iniciando una ofensiva contra Bobastro, que siguió el posterior gobierno del emir Abd Allah. 

En el 888 de nuevo el estado cordobés lo integra en su política y nombra a Omar Ben Hafsún gobernador de la Cora de Rayya (la provincia de Málaga). Pero Omar no respeta los compromisos y vuelve e nuevo a las montañas. Sus alianzas y ataques contra las tropas emirales le convierten en un temido guerrero. Muchos se refugian detrás de estas murallas porque la presión del estado de Córdoba no se frenará hasta la toma definitiva de esta ciudad.


El emir Abdallah se da cuenta del grave problema que se le presenta y decide crear una alianza con la familia muladí de los Banu Qasi que controla la marca superior y lo vuelve a aislar en Bobastro. Omar aprovecha esta ocasión para hacerse fuerte al contar con los apoyos de muchas fortalezas malagueñas, desde Mijas a Comares o Archidona, desde la Axarquía a la Serranía manteniendo además ciertas posiciones de influencia en las fortalezas del Valle del Genil o en la Vega de Granada. Una vez organizadas las alianzas, preparó la toma por la fuerza de las poblaciones del valle del Guadalquivir, incluyendo las poblaciones de Jaén, Écija, Osuna, Estepa, etc. 

Omar llegó a crear un estado alternativo al Califato que buscaba la legitimación de su poder y el reconocimiento exterior, estableciendo contactos con Ifriquiya (Túnez y Libia).

A partir de 889 Omar intensifica la dureza de sus incursiones en aquellas plazas que se le han resistido como Baena o Priego de Córdoba. Estas acciones suponen una convulsión social para el Emirato atemorizando a los pobladores del entorno de Córdoba, lo que le reportan nuevas alianzas, como la de Ishbiliya (Sevilla), a la que hay que sumar las tribus bereberes de la Serranía, destacando el apoyo de los Banu Jali que vivía en la actual Cañete la Real.


La base económica de los habitantes de Bobastro se debió al saqueo y el apoyo indirecto de una población rural dispersa en el territorio que rodeaba la confluencia de los valles y el “Desfiladero de los Gaitanes”. En Bobastro se estableció una economía de subsistencia y las normas internas serían muy fuertes. 

Omar y sus militares establecerán un sistema de rentas a sus refugiados, a sus protegidos en la población rural y a sus aliados en otros pueblos y fortalezas. Los refugiados tenían que aportar sillares, y cada edificio mantenía abierta una cantera. Los eremitas que vivían en este recinto extrajeron sillares para construir un aljibe. Del tributo no se libraba ni la comunidad religiosa.

Pero en el 899 comete un grave error al convertirse al Cristianismo adoptando el nombre de Samuel. Con ello, Omar Ben Hafsún trataba de ganarse la amistad y el apoyo del rey asturiano Alfonso III y de los mozárabes pero el resultado final es que muchos de los muladíes le dieron la espalda.

En septiembre de 917 muere Omar ben Hafsún. Tras su muerte, Abderraman III sitia Bobastro. Sus hijos mantuvieron viva la llama de la insurrección hasta que el 19 de enero de 928 la bandera de los omeyas comienza a ondear en la torre más alta de la fortaleza. El cadáver de Omar Ben Hafsún fue profanado y colgado de una de las puertas de Córdoba junto con la cabeza de un cerdo.


Río Guadalhorce atravesando el "Desfiladero de los Gaitanes"

A partir de este momento los focos de la disidencia se irán apagando para volver a la calma. La prosperidad y con ello, la recaudación de impuestos destaca en este periodo.

Termina una de las épocas más convulsas de al-Ándalus y al mismo tiempo comienza el periodo más glorioso de su historia que tiene como protagonista al califa Abd al-Rahman III que ejerce en torno a su persona el poder político y religioso.

Gracias al prestigio que le diera la conquista de Bobastro, Abd al-Rahman III denominado al-Nasir li-Din Allah (el vencedor por la religión de Alá) se proclamaría el primer califa independiente de Damasco.

En Bobastro, según las crónicas, Omar Ben Hafsún construyó varias iglesias. Una de ellas estaba junto al alcázar, en la zona más alta de la ciudad, vinculada al cuartel general de la revuelta. Otra, estaba en un entorno periurbano, en la cara oeste de la montaña, relacionada probablemente con la comunidad religiosa protegida por Omar. La del alcázar estaba construida sobre sillares, mientras que ésta se excavó en la roca. Además, la iglesia rupestre formaba parte de un recinto cuadrangular que albergaba a los monjes. Un convento ejecutado por y para la comunidad religiosa. No sería improbable que la ciudad de los mozárabes conservase alguna iglesia más. De hecho, junto al Desfiladero de los Gaitanes, se encuentra la Ermita de Villaverde. 

Es muy probable que estas edificaciones se cubriesen con un tejado a una sola agua, favoreciendo el llenado del aljibe los días de lluvia. Además de los sillares y las estancias excavadas en las rocas se han conservado dos grandes silos rectangulares que servían para conservar el grano. 

La arquitectura de las iglesias de Bobastro tienen como antecedentes las basílicas paleocristianas e hispanovisigodas. Los elementos decorativos eran el arco de herradura como los que se han conservado en el muro de la iglesia principal.

La verdadera afrenta al estado cordobés estuvo en el nombramiento como obispo de Yafar ibn Maqsim en 916, cuando ambas construcciones ya están funcionando.

Se sabe que el emir Abd al Rahman III, visitó el lugar cuando conquistó Bobastro a los hijos de Omar ibn Hafsún en 928, desterrando a sus habitantes, destruyendo sus casas y sobre todo, las iglesias que "el rebelde andalusí" había construido en contra de la ley. 

Desde el año 880 hasta la muerte de Omar Ben Hafsún en 917 las montañas de Bobastro protagonizaron comienzo de los mozárabes en el paraje de las Mesas de Villaverde siendo su auténtica ciudad  durante los siglos IX y X. 

Este lugar fue un gran recinto amurallado, el refugio principal de Omar Ben Hafsún y sus seguidores durante medio siglo, un lugar estratégico en la montaña malagueña y el cuartel general de la ofensiva rebelde contra el emirato cordobés. 

Consideraciones finales

Omar ben Hafsún fue un personaje histórico a caballo entre el Islam y el Cristianismo que logró mantener en jaque durante 50 años el poder emiral de la antigua Córdoba -la ciudad más importante de la Europa de su época-, consolidando la mítica ciudad de Bobastro como epicentro de una rebelión que pudo cambiar el curso de la historia de al Ándalus.

Pudo vivir en la opulencia a partir del 888 cuando de nuevo el estado cordobés lo integra en su política y lo nombra gobernador de la Cora de Rayya (Málaga y Axarquía). Sin embargo fue consecuente con su forma de pensar y volvió a su lugar estratégico de las montañas. 


Cruz grabada en piedra en un muro de la iglesia

Si los omeyas no hubiesen reaccionado, Omar ben Hafsún hubiese logrado establecer un pequeño estado independiente en al Ándalus. El hombre que pudo reinar controló territorios que se le escapaban al Emirato de Córdoba, llegando a extender sus dominios en la antigua Elvira y Jaén por el este, la región de Ishbiliya por el oeste, Rayya (Málaga y la Axarquía) y el control absoluto de la Serranía de Ronda y los valles de Algeciras.

Bobastro generó un enorme conflicto al Emirato de Córdoba al ponerlas en jaque. Según algunos estudiosos Omar Ben Hafsún cometió dos grandes errores estratégicos: 


  • El primero enfrentarse en campo abierto a las tropas del califa en la batalla de Poley (Aguilar de la Frontera en Córdoba) el 16 de mayo de 891.
  • Y el segundo, al convertirse al Cristianismo al final de su vida, restándole así poder de convocatoria como líder indiscutible. 


Omar ben Hafsún no fue un “bandolero andalusí”. Un rebelde no encabeza un proyecto político de 50 años pretendiendo que todos sus ciudadanos fueran tratados como iguales y paguen sus impuestos, desde los árabes de raza que provenían de Damasco hasta los muladíes, mozárabes y bereberes.

P.D. Posteriormente Almanzor con sus ansias de poder vaciaría de contenido la figura del califa Hisham II y de todas las instituciones sembrando los antígenos de la discordia. En 1009, a los siete años de la muerte de Almanzor -que llevaría a Córdoba a su cenit militar- estalló una fitna que trajo como consecuencia la destrucción de Madinat al-Zaha en 1011 por el bereber al-Mustain que concedería a los ziríes en la persona de Zawí ben Zirí, el territorio de Garnatha (Granada) por su participación en la guerra civil. Zawi ben Zirí se convierte el primer emir de la taifa de la Cora de Elvira trasladando la capital a Medina Garnatha.



Desde Bobastro y el Desfiladero de los Gaitanes nos dirigimos al Castillo de Álora en el "Cerro de las Torres", zona de influencia de Omar Ben Hafsún. Desde el mirador "Alí Ben Falcun al Baezi" impregnamos nuestra retina mediante una bella panorámica del Valle del Guadalhorce.

Desde Bobastro, donde Omar Ben Hafsún pudo cambiar el curso de la historia, para el Blog de mis culpas...


Nuestro guía Cristóbal nos ilustró sobre la antigua Bobastro

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