domingo, 14 de febrero de 2016

El legado de "Leonardo Da Vinci", en La Casa de la Ciencia de Sevilla




“Que no entre quien no sepa matemáticas”
Frontispicio de la Academia de Platón, en Atenas.

Una fría y encapotada mañana de febrero cuando el Carnaval de nuestra tierra está en plena efervescencia, realizamos una visita a la Casa de la Ciencia de Sevilla ubicada en el Pabellón de Perú, para conocer un poco más sobre una figura histórica y polifacética que se proyecta hasta nuestros días "Leonardo Da Vinci".

Leonardo Da Vinci ha sido considerado como uno de los seres humanos más brillantes que jamás hayan existido en todos los ámbitos del conocimiento humano “Homo Universalis” cuya personalidad apasionante se  adelantó a su tiempo. Ha sido denominado "maestro entre los maestros", destacando en disciplinas tan diversas como la anatomía, botánica, pintura, escultura, arquitectura, matemáticas, ingeniería, etcétera. 

A través de la Exposición “los inventos de Leonardo” creada por la Fundación Sophia (del griego Σoφíα, “sabiduría”), nos ilustramos a través de réplicas de los inventos de Leonardo Da Vinci como genial creador. 

El ideal del Renacimiento ayudó a florecer a Europa. Por primera vez el ser humano ocupa el centro del Universo utilizando como referente moral sus propios criterios éticos. Los criterios impuestos por una religión determinada pasarán a ocupar un segundo plano. Hay que tener en cuenta la época y las circunstancias que le tocó vivir a Leonardo Da Vinci ya que cualquier desacuerdo con la Iglesia de Roma podría desembocar en la hoguera.

Por tanto, en el corazón del Renacimiento se encuentra el ideal pedagógico de los humanistas: la educación global del ser humano mediante la formación humana de la mente, las emociones y el cuerpo. En definitiva, filosofía y arte, ética y estética.

Leonardo es uno de los hijos ilustres del Renacimiento como un hermoso árbol en el jardín de la historia que hunde sus raíces en una generación encabezada por Petrarca y sus discípulos, con los que nace el Humanismo, en paralelo a una primera generación de artistas: Brunelleschi, Alberti, Donatello, Masaccio. Su tronco lo constituyen el mecenazgo de la familia Médicis como mecenas activos que aportaron la fortaleza material y política necesaria y la Escuela Neoplatónica de Florencia con Marsilio Ficino al frente, se convirtió en la fuente esencial de la que pudieron beber en la fuente esencial de la que pudieron beber no sólo filósofos y artistas, sino también médicos, abogados, filólogos, historiadores, etc. Entre ellos se encuentran grandes protagonistas de aquella aventura histórica como Boticelli, Ghiberti entre otros importantes artistas.

En el plano artístico, Leonardo conforma junto con Miguel Ángel y Rafael, la tríada de los grandes maestros del "Cinquesccentto". Sus obras maestras “La Gioconda” y la “Última Cena” son consideradas obras universales.

Leonardo amaba la Naturaleza. Paso su infancia en el campo, lo que hizo de él un hombre sano y fuerte. Las crónicas de la época dicen que era guapo, alto y rubio, que se cuidaba con esmero, tanto que aun siendo anciano, llevaba siempre su larga barba muy bien cuidada, así como su pelo, que le caía con elegancia tal que inspiraba sabiduría –así se lo inspiró a Rafael, que utilizó su rostro para representar a Platón-.


Breve Biografía

Este genio del Renacimiento italiano nació en 1452 en la villa toscana de Vinci, muy cerca de Florencia. Su padre era notario y su madre una campesina de la que sólo sabemos el nombre: Catalina. En 1469 la familia se traslada a Florencia -centro comercial de la Península Itálica y una de las ciudades más ricas de Europa gracias al comercio con Oriente y lanas de Occidente-. Los Médicis establecieron allí su corte.

Leonardo se forma en el taller de Andrea de Verrochio. En 1472, sólo tres años más tarde de haber ingresado en su escuela, aparece ya como pintor en la lista del gremio. Entre 1477-78 se independiza dedicando una gran parte de su tiempo a aprender y experimentar. Piensa que “un artista jamás debería hacer arte por dinero”. 

El joven discípulo utilizaba la pintura al óleo como una novedosa técnica recién llegada de los Países Bajos. Destaca en su pintura la composición geométrica de la escena y el extraordinario manejo de la técnica del claroscuro. En su primera época destacan “San Jerónimo” y “La adoración de los Magos” (ambos inconclusos).

Cuando el joven Leonardo comprobó que no conseguía de Lorenzo el Magnífico el apoyo necesario, a los treinta años decide buscar nuevos horizontes en Milán (1482-1499). En 1482 durante su primer periodo milanés se presentó ante el poderoso Ludovico Sforza -el hombre fuerte de Milán-, como emisario de Lorenzo el Magnífico, en cuya corte se quedaría diecisiete años como «pictor et ingenierius ducalis».

A causa de la epidemia de peste que asoló Milán, con las consecuencias de hacinamiento y suciedad de la ciudad, Leonardo Da Vinci proyectó espaciosas villas con zonas saneadas, canalizaciones de agua, etc, realizando planos para las canalizaciones de los ríos. La ciudad higiénica ideal que pudiera evitar nuevas catástrofes. Pero los sones de la guerra llevarían éste proyecto al olvido.

Aunque su ocupación principal era la de ingeniero militar, sus proyectos abarcaron la hidráulica, la mecánica (con innovadores sistemas de palancas para multiplicar la fuerza humana) y la arquitectura, además de la pintura y la escultura. 

En Milán crea su propia escuela, al estilo de Verrochio. En su taller milanés Leonardo Da Vinci transmitía el legado de su magisterio a un grupo de fieles aprendices y alumnos como Giovanni Boltraffio, Ambrogio de Predis, Andrea Solari y su inseparable Salai, entre otros.

Una escultura inacabada de un caballo le hace famoso en toda Italia a pesar de que no llegó a terminarse.

Leonardo Da Vinci será contratado en 1483 por la "Hermandad de la Inmaculada Concepción" para realizar una pintura para la iglesia de San Francisco “La Virgen de las Rocas”. 

En la década de 1490 comenzaron a perfilarse una serie de tratados inconclusos que serían luego recopilados en el "Codex Atlanticus", por su gran tamaño. Incluye trabajos sobre pintura, arquitectura, mecánica, anatomía, geografía, botánica, hidráulica y aerodinámica, fundiendo arte y ciencia en una cosmología individual.

"La Última Cena". Leonardo Da Vinci. Convento de Santa María delle Grazie, en Milán (Italia).
Leonardo se autorretrató como San Judas Tadeo, el segundo por la derecha.

Hacia 1498 Leonardo finalizaba una pintura mural para el refectorio del convento dominico de "Santa María delle Grazie", que se convertiría en su definitiva consagración pictórica: “La Última Cena”. El mural se convirtió no sólo en un celebrado icono cristiano, sino también en un objeto de peregrinación para artistas de todo el continente.

Gracias a la amistad que tuvo con el matemático y fraile franciscano Luca Pacioli, concluyó hacia 1496 su tratado “De la divina proporción”, ilustrado por Leonardo da Vinci, el cual ha sido reconocido como el creador de la moderna ilustración científica. Crea la imagen del "Hombre de Vitrubio".

El dibujo se convierte en el instrumento fundamental de su método didáctico. En sus apuntes, a través del texto explicaba sus dibujos. 

A causa de la epidemia de peste que asoló Milán, con las consecuencias de hacinamiento y suciedad de la ciudad, Leonardo Da Vinci proyectó espaciosas villas con zonas saneadas, canalizaciones de agua, etc, realizando planos para las canalizaciones de los ríos. La ciudad higiénica ideal que pudiera evitar nuevas catástrofes. Pero los sones de la guerra llevarían éste proyecto al olvido.

A finales de 1499 los franceses entraron en Milán y Leonardo Da Vinci se vio obligado a abandonar la ciudad, acompañado de Pacioli llegando a una Venecia que se sentía acosada por los turcos, que ya dominaban la costa dálmata y amenazaban con tomar el noreste de Italia. 

En 1499 se marcha a Venecia “La Signora” donde se le reclama como ingeniero militar. Mientras los turcos avanzan hacia Occidente, Leonardo inventa una serie de artilugios para las batallas navales. En abril de 1500, tras casi veinte años de ausencia, Leonardo da Vinci regresó a Florencia dominada por César Borgia, hijo del papa Alejandro VI. 

Leonardo era reconocido como uno de los mayores maestros de Italia. En 1501 había trazado un boceto de su Santa Ana, la Virgen y el Niño, que trasladaría al lienzo a finales de la década. En 1503 Florencia se encontraba en guerra con Pisa. Contempló la construcción de un canal como vía navegable que comunicase Florencia con el mar. El proyecto sólo se concretó en los extraordinarios mapas de su autor.

En 1503 recibió el encargo de pintar por la nobleza florentina un gran mural (el doble del tamaño de La Última Cena) en el Palacio Viejo: La batalla de Anghiari, que quedaría inconclusa y sería luego desprendida por su deterioro. Pese a la pérdida, circularon bocetos y copias que admiraría Rafael e inspirarían, un siglo más tarde, una célebre reproducción de  Peter Paul Rubens.


Pero la cumbre de esta etapa florentina y una de las pocas obras acabadas por Leonardo será el retrato de La Mona Lisa (abreviatura de Madonna) o "La Gioconda" en 1503.

Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, razón por la que el cuadro es conocido como La Mona Lisa o "La Gioconda", obra famosa desde el momento de su creación (1503-1507), se convirtió en modelo de retrato y casi nadie escaparía a su influjo en el mundo de la pintura. Leonardo llevaría consigo éste cuadro en su continua peregrinación vital hasta sus últimos años en Francia.

La Gioconda es un óleo sobre lienzo sobre tabla de álamo. Mide 77x53 cm. Conocida también como La Mona Lisa, fue adquirida por el rey Francisco I de Francia a principios del siglo XVI por 4.000 piezas de oro y desde entonces es propiedad del Estado Francés. Se exhibe en el Museo del Louvre.

Entre 1506 y 1513 Leonardo Da Vinci vuelve a Milán. El interés de Leonardo por los estudios científicos era cada vez más intenso. Asistía a disecciones de cadáveres, sobre los que confeccionaba dibujos para describir la estructura y funcionamiento del cuerpo humano; al mismo tiempo hacía sistemáticas observaciones del vuelo de los pájaros con la convicción de que también el hombre podría volar si llegaba a conocer las leyes de la resistencia del aire (algunos apuntes de este período se han visto como claros precursores del moderno helicóptero). Sigue con sus múltiples investigaciones sobre geología, geografía, circulación atmosférica y botánica, tratado de anatomía…

Su estancia milanesa sólo se interrumpió en el invierno de 1507, cuando colaboró en Florencia con el escultor Giovanni Francesco Rustici en la ejecución de los bronces del baptisterio de la ciudad. 



La Escuela de Atenas es un monumental fresco de casi 8 metros de largo y 5 metros de alto pintado por el ilustre Rafael Sanzio allá por 1509-1510 aproximadamente. La obra en cuestión se localiza en la Sala de la Signatura del Vaticano o Stanza della Segnatura.


Detalle del fresco de Rafael Sanzio, “La escuela de Atenas”, en donde se puede apreciar retratado Leonardo da Vinci como Platón, señalando hacia el cielo con su dedo índice. 

Su rostro será tomado por Rafael como modelo del sublime Platón para su obra "La Escuela de Atenas" (1511). 

Tenía la idea de tener finalizado para 1510 su tratado de anatomía, trabajaba junto a Marcantonio della Torre, el más célebre anatomista de su tiempo, en la descripción de órganos y el estudio de la fisiología humana. Leonardo culminó hacia 1507 la segunda versión de La Virgen de las Rocas.

En 1513 abandona Milán y marchó a Roma, donde se albergó en el palacio de Giuliano de Médicis, hermano del nuevo papa León X. Pero en 1516, muerto su protector Giuliano de Médicis, Leonardo dejó Italia definitivamente.

Los tres últimos años de la vida de Leonardo Da Vinci transcurren en el palacio de Clos Lucé, en Francia. En 1516 el rey Francisco I le invita a vivir en su corte y le nombra «primer pintor, arquitecto y mecánico del rey». Francisco I lo admira mucho y le regala una mansión maravillosa en Amboise, cerca de su castillo. Francisco I será el rey que mejor encarnó el Renacimiento en Francia. A partir de 1517 enferma y su brazo derecho quedó paralizado aunque con su incansable mano izquierda, Leonardo aún hizo bocetos. 

El 2 de mayo de 1519 murió en el castillo de Clos Lucé. En la cabecera de su cama se encontraba su retrato de la Madonna Elisa Gherardini, mujer del marqués de Giocondo, la celebrada Mona Lisa o “La Gioconda”. Una discreta losa del castillo real cierra el capítulo de la historia de Leonardo Da Vinci y al mismo tiempo del castillo.


Su legado

Uno de los lemas de Leonardo era "saper vedere" (saber ver) cuyo ideal guiaría todos sus estudios. Como anatomista nos encontramos con uno de los más fascinantes estudios que emprende Leonardo, en unos tiempos en el que cualquier desencuentro con la Iglesia podría estar penado con la hoguera. 




Fue a los hospitales a buscar información. Nos encontramos los esbozos de las distintas partes del cuerpo, desde los músculos hasta los huesos, con un cuidadoso detalle. Estudio el sistema respiratorio, circulatorio, el aparato reproductor masculino y femenino. Lo que realmente deslumbra es su investigación sobre el proceso de gestación, incluyendo las distintas posturas del feto durante el embarazo. Teniendo en cuenta la época y las circunstancias, es increíble.

Leonardo, en su faceta de pintor, no sólo realizo obras maestras que siguen consideradas como hitos de la historia del arte, sino que además fundó el retrato como género en sí mismo escribiendo un tratado sobre pintura muy estimado desde entonces. Pintó pocos cuadros, pero él decía” El verdadero artista tan vez hará pocas obras pero todo el mundo se parará a mirarlas”.

La «enigmática sonrisa» de la Gioconda es uno de los capítulos más admirados, comentados e imitados en la historia del arte y su misterio sigue aún hoy fascinando. Caminando de lado frente al ella comprobamos que siempre nos estaba mirando. Se trata de un efecto óptico provocado por la técnica del "sfumatto" utilizada por Leonardo, que difumina los rasgos y contornos igual que lo aprecia el ojo humano.

En su concepción por la pintura, Leonardo pensaba junto a Boticelli que plasmar la realidad y reflejar el espíritu perfecto de aquello que se pinta… no lo hace cualquiera.

Tal era el talento de Leonardo que su maestro Verrochio, al verlo pintar dejó para siempre los pinceles y se dedicó a su verdadera especialidad, que era la escultura.

Leonardo creía que la pintura no era sólo técnica y habilidad, sino “un discurso mental”. La pintura es la encargada de plasmar la forma de los cuerpos visibles y la virtud interna de cada cosa. Y esas virtudes internas forman parte del campo de la filosofía, por tanto, según Leonardo, filosofía y pintura estaban muy unidas.

El pintor para obtener el conocimiento  debería ser filósofo y conocer la verdadera naturaleza de la materia. Por tanto la pintura es una forma de expresión del conocimiento. A Leonardo también le fascinaba la óptica que le servía como aplicación artística de las leyes de la perspectiva y sus estudios sobre la luz y la sombra.

Sus técnicas fueron revolucionarias: estabilidad inestable, esfumado de los contornos, perspectiva de claroscuros, etc. Anticipa la teoría del color que los impresionistas llevarán a cabo más tarde. 

Leonardo Da Vinci destaca la necesidad de conocer y comprender el mundo en el que vivimos, para poder cambiarlo. Incansable creador polifacético, su anhelo por aprender no tenía límites; jamás se detuvo ante ningún ámbito del conocimiento. Su capacidad de reflexión era realmente sorprendente y su observación de la naturaleza le llevó a inventar aparatos que se han hecho realidad en el siglo XX.


Leonardo buscó el extremo rigor matemático con el que se construye la Naturaleza, alejada de todo caos y espontaneidad casual. Es consciente de que los cuatro elementos de la materia mueven el Universo. Al no poder penetrar en los secretos profundos de esta oculta realidad, concluye que eso pertenece al terrero espiritual inaccesible a través de la materia y los sentidos ordinarios.

El genio de Leonardo Da Vinci brilló con luz propia como inventor, anatomista, arquitecto, botánico, zoólogo, fisionomista, pintor o filósofo entre otras disciplinas. Un hombre que se construyó así mismo con una actitud hacia la vida, un hombre pleno como ideal renacentista, que intentó aunar, desde sus orígenes, la ética con la estética, la filosofía con el arte. Educar la mente para que piense y reflexione por sí mismo. La herramienta que utilizaron para ello fue el razonamiento filosófico, que trata de comprender el papel del hombre en la Naturaleza. Educar la psique, para que no sólo comprensa sino que también perciba y sienta a la Naturaleza, para elevarle sobre la brutalidad animal a través de la música, la poesía o contemplando las obras de arte… 

Proporcionar al cuerpo una educación global: “mens sana in corpore sano”, ante la enfermedad con un alma cultivada que se expresa a través de un cuerpo elegante y hermoso.

Pero Leonardo buscaba las esencias, las causas del movimiento y el rigor matemático con el que se construye la Naturaleza, alejada de todo caos y espontaneidad casual. Es consciente de que los cuatro elementos de la materia mueven el Universo. Cuando no puede penetrar en los secretos profundos de la oculta realidad, concluye que eso pertenece al terrero espiritual inaccesible a través de la materia y los sentidos ordinarios.

Leonardo Da Vinci fue un hombre que se construyó así mismo con una actitud hacia la vida, un hombre pleno como ideal renacentista, que intentó aunar, desde sus orígenes, la ética con la estética, la filosofía con el arte. Educar la mente para que piense y reflexione por sí mismo. La herramienta que utilizaron para ello fue el razonamiento filosófico, que trata de comprender el papel del hombre en la Naturaleza. Educar la psique, para que no sólo comprensa sino que también perciba y sienta a la Naturaleza, para elevarle sobre la brutalidad animal a través de la música, la poesía o contemplando las obras de arte… 

En el frontispicio de la Academia de Platón en Atenas se leía: “Que no entre quien no sepa matemáticas”. Leonardo, participando de ese impulso neoplatónico que sacudía Florencia, profundizó mucho en el estudio de las matemáticas. Uno de sus mejores amigos fue Luca Pacioli, al que conoció en Milán y con quien editó el “Tratado sobre la divina proporción”. 

Como escultor Leonardo Da Vinci realizó una sola obra, que fue encargada por Ludovico el Moro y que lamentablemente no se ha conservado. El modelo en barro era colosal y único. Cuando estalló la guerra, el bronce que iba camino del taller de Leonardo fue interceptado por las fábricas de artillería. Aunque los franceses destruyeron el modelo durante los enfrentamientos, fue la primera obra que extendió su fama por toda Italia.


Inventos

La Exposición de los inventos de Leonardo Da Vinci nos acerca a conocer un poco más de su figura y el espíritu renacentista como mezcla de humanismo y ciencia. La aportación al saber humano de Leonardo Da Vinci dio paso a nuevas vías de desarrollo impensables hasta ese momento. Los inventos y diseños de Leonardo demuestran que fue un pionero en muchas disciplinas.

Por todos sus diseños, conservados en sus notas y cuadernos, se le tiene hoy en día tanta estima, pues se le considera uno de los grandes antecesores de la tecnología moderna.

En la Exposición se puede apreciar a través de sus maquetas las caras de un genio adelantado a su tiempo. 

El busto de Leonardo Da Vinci está realizado en cerámica policromada en bronce cuyo original se encuentra en el Museo Da Vinci, en Vinci. Reproduce fielmente el vivo retrato del genio renacentista.

El Hombre de Vitruvio como símbolo y resumen del Humanismo es un famoso dibujo acompañado de notas anatómicas que Leonardo anotó sobre el año 1492 en uno de sus diarios y que está representado en la Exposición. En dicho dibujo realiza Leonardo un estudio anatómico en busca de la proporcionalidad del cuerpo humano como ideal de belleza. Sigue los estudios del arquitecto Vitruvio (Marcus Vitruvius Pollio) arquitecto de la Antigua Roma en el siglo I a.C. y del cual toma el dibujo su nombre. El Hombre de Vitrubio es uno de los iconos de la obra de Leonardo representando la proporción del hombre perfecto, en el que anhela convertirse todo ser humano. 

Representa una figura masculina desnuda en dos posiciones sobreimpresas de brazos y piernas inscritas en un círculo y un cuadrado. El pentagrama que forma el "Hombre de Vitrubio" representa la visión del ser humano como centro del Universo. El cuadrado es la base de lo clásico y la simetría son las bases grecolatinas de la arquitectura. La estrella de cinco puntas será el símbolo humanístico en el hombre de Vitrubio. El dibujo es considerado como un símbolo de la simetría básica del cuerpo humano y por extensión, del universo en su conjunto. 


La bicicleta de madera fue diseñada por Leonardo utilizando un modelo de cadena de transmisión que aún se usa hoy en día en las bicicletas actuales.

Sus trabajos como pionero aeronáutico comenzaron con sus estudios sobre los pájaros, pasando infinitas horas estudiando el vuelo de las aves, pues le fascinaba el deseo de inventar una máquina con la que el hombre pudiera volar. Sus biógrafos dicen, que como resultado de su continua observación de la Naturaleza, Leonardo se dedicaba a liberar pájaros de las jaulas cuando pasaba por los mercados.

Un paracaídas en madera y lona fue uno de sus primeros dibujos dentro del tema del «vuelo». Leonardo no llegó a probar el invento y no fue hasta 1797 cuando André Jacques Garnerin logró el primer salto en paracaídas atestiguado desde su globo, saltando sobre París, con miles de personas observándolo. 

Pero no debemos de olvidar que el primer nombre que intentó volar y que ha sido considerado como precursor de la aeronáutica fue el andalusí Ibn Firnas (Ronda, 810-Córdoba 887) novecientos años antes que lo hicieran los hermanos Montgolfier.

En el 852 Ibn Firnas intentó volar lanzándose desde el alminar de la mezquita de Córdoba con una enorme lona para amortiguar la caída. Se considera el creador del “primer paracaídas”.

En el 875, a los 65 años, Ibn Firnás se hizo confeccionar unas alas de madera recubiertas de tela de seda que había adornado con plumas de rapaces. Se lanzó desde una torre desplomándose sobre un valle, y aunque el aterrizaje fue malo (se fracturó las dos piernas), el vuelo fue globalmente un éxito: permaneció en el aire una decena de segundos. Fue ampliamente observado por una gran multitud. Sus intentos de vuelo marcaron los espíritus de la época e incluso a los de siglos posteriores.


El carro de combate provisto con guadañas giratorias o artillado, el helicóptero, la grúa con pluma, el barco de palas, la máquina voladora, las alas batientes como precedente de las alas delta, el anemómetro, el puente giratorio, la draga para limpiar los fondos de los canales, el puente de palos o el tanque son sólo una pincelada de los numerosos inventos del gran Leonardo que se desarrollarán siglos más tarde, lo que pone de relieve su gran creatividad.

Desde el Pabellón de Perú, en el Parque de María Luisa nos seguimos impregnando de los efluvios y reminiscencias de la Antigua Sevilla. La Universidad, el Palacio de San Telmo, los Jardines de Murillo, la Judería, el Callejón del Agua hasta llegar al Patio de Banderas, los Reales Alcázares junto a la Catedral... 



Desde el Puente de las Delicias paseamos por la calle Betis observados por el río Guadalquivir y la Torre del Oro como testigos de nuestra visita. Una placa nos recordó la casa natal de Ana Ruiz Hernández, madre de los poetas Manuel y Antonio Machado, cuyo recuerdo perdura en Sevilla como el olor a la hierbabuena y la albahaca.



La calle Betis desemboca en el Puente de Triana donde nuestra retina capta al instante la pintoresca "Capilla del Carmen", junto al Altozano, con marcada impronta neomudéjar, obra de Aníbal González.


Atravesamos el Puente de Triana para llegar a la céntrica calle Zaragoza donde degustamos un buen café en la taberna "El Alabardero", una casa palacio del siglo XIX en cuyo patio interior se encuentra una agradable cafetería en la que brilla con luz propia el grato sonido de un piano que estimuló nuestros frágiles tímpanos y al mismo tiempo refrescó la retina de nuestro recuerdo, al proyectarme de tiempos pretéritos aquélla gran película en blanco y negro "Casablanca" protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman cuando ésta le dijo al pianista "Tócala otra vez, Sam".

Desde la Casa de la Ciencia de Sevilla para el blog de mis culpas, a través de la Exposición "Los inventos de Leonardo" que nos han acercado a conocer un poco más una de las figura más polifacéticas de la historia.

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