martes, 23 de agosto de 2016

El Canal de los Presos en la Memoria Colectiva


En memoria de los que defendieron la Paz y las Ideas, que algunos cantan victoria, porque el pueblo paga vidas, pero esas muertes queridas, van escribiendo la historia…


Mario Benedetti


“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado".

El Generalísimo Franco

Burgos, 1 de abril de 1939

Último parte de la Guerra Civil Española

…Y es a partir de ese momento, cuando el cruel realismo convertido en tragedia se proyecta de nuevo sobre miles y miles españoles “vencidos” que habían defendido la legalidad republicana enfrentándose a todo un arsenal represivo y sin escrúpulos puesto en marcha por parte del “bando vencedor”.

Cientos de miles de españoles se vieron obligados a emprender el trágico exilio y otros muchos serán depurados, represaliados o torturados en las cárceles y campos de concentración.


Numerosos bunkers abandonados formaron parte del sistema defensivo del Estrecho entre 1939 y 1943 mandados a construir por la Dictadura usando prisioneros republicanos como mano de obra esclava bajo la denominación de “batallones disciplinarios”. Se erigieron cientos de ellos en la denominada “Frontera Sur”.

La mentalidad fascista de la época heredó al pie de la letra el discurso que Mola pronunciara el 19 de julio de 1936 y cuyas consecuencias talaron las vidas, sueños e ilusiones de decenas de miles de inocentes, cuya muerte indiscriminada dejará sin hilo de transmisión a muchas generaciones futuras.

“Hay que sembrar el terror…hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

Los antígenos de la “sinrazón”, el odio y la venganza generaron el caldo de cultivo idóneo para que los instintos más primitivos y deplorables del ser humano crecieran exponencialmente, degenerando en una verdadera ignominia “in nomen -sin nombre-”.

Bajo procesos sumarísimos se fusilaba sin juicio previo. En el mejor de los casos se conmutaban penas de muerte por las de cadena perpetua que se cumplían posteriormente en los penales y campos de concentración, realizando trabajos forzados. 


…Ellos, los vencedores

Caínes sempiternos,

De todo me arrancaron.

Me dejan el destierro…



Un español habla de su tierra

Luis Cernuda



…Transitando por la N-IV entre Dos Hermanas y Bellavista, nuestra retina capta a la altura de los Merinales, en Dos Hermanas (Sevilla) un monumento figurativo casi desapercibido, dedicado a la "Memoria de los Presos" que proyecta a una persona rodilla en tierra con los brazos en alto. Un orificio le atraviesa el corazón, lo que nos recuerda su fusilamiento. El autor material de la escultura fue Rafael Caro Moreno sobre la idea y diseño del artista Leopoldo González Andrades.

Está realizada en acero cortén y mide 18 metros cuadrados. Se instaló el 18 de junio de 2009 como homenaje a todas aquellas personas que durante la Guerra Civil española y posteriormente en la dictadura franquista fueron privadas de libertad y pagaron con su propia vida la defensa de sus ideas.



No muy lejos, en el vecino pueblo de Bellavista, se puede apreciar en la Plaza del Retiro un Grupo escultórico realizado por el escultor Francisco Real Rodríguez y que fuera inaugurado el 18 de marzo de 1988. Está compuesto de tres esculturas en mármol blanco dedicado a los constructores del canal del Bajo Guadalquivir y que emula el ingente esfuerzo que realizaron los presos que construyeron el canal y que será denominado “Canal de los Presos”, a partir del año 2006 en el tramo comprendido entre La Rinconada y Dos Hermanas, aunque la Memoria Colectiva siempre lo denominó por su verdadera nomenclatura.



Desde hace muchos lustros, siempre que hemos transitado por los términos de Torreblanca, Los Palacios, Dos Hermanas o La Rinconada, nuestra retina ha captado esa enorme obra hidráulica de dimensiones faraónicas denominada no pocas veces, como un trágico “Valle de los Caídos andaluz” que utilizara mano de obra esclava al finalizar la trágica Guerra Civil española.

La construcción del Canal de los Presos abarca un largo periodo comprendido entre 1940 y 1962. La represión franquista utilizará los trabajos forzados de presos republicanos como una forma de explotación económica de los vencidos, donde la humillación y los malos tratos brillarán con luz propia, lo que contribuyó a incrementar la crónica luctuosa de la época en unos años de hambre y miseria. Era una “manera idónea” de ir vaciando las cárceles y campos de concentración abarrotados.

Decenas de miles de prisioneros republicanos estaban encuadrados en lo que se denominó el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas (SCPM) dividido en agrupaciones formadas por miles de presos que se creara en 1939 que englobaban los batallones disciplinarios como la forma ideal para explotar a los vencidos.

Una obra hidráulica de enorme envergadura que convertirá 90.000 hectáreas de secano en regadío, lo que contribuyó para aumentar la cuenta de resultados de los terratenientes de la zona al utilizarse la mano de obra esclava y gratuita como botín de guerra “los perdedores” con el pretexto de reconstruir el país. 

Muchas empresas de este país se beneficiaron de este inmoral entramado durante la dictadura franquista para alzar sus imperios económicos y que sin embargo jamás respondieron por esos delitos, al ser amparados en primer lugar por la administración de la época y posteriormente por la Ley de Amnistía de 1977 que impide juzgar los crímenes de la Guerra Civil (1936-1939) y la Dictadura franquista (1939-1975). 

El Canal de los Presos con 158 km. de longitud transcurre entre las provincias de Córdoba y Sevilla abarcando los términos de Peñaflor, La Rinconada, Dos Hermanas, Torreblanca, Utrera y Lebrija, siendo considerado como el botín de guerra que recibieron los grandes terratenientes de la zona que apoyaron sin fisuras el “Glorioso Movimiento Nacional” a partir del 18 de julio de 1936.

La oportunidad se les presentó a los “vencedores” como agua caída del cielo. El Generalísimo Franco al terminar la Guerra Civil española decide emplear a los presos republicanos como mano de obra esclava y de este modo, redimir las penas por el trabajo.

Miles de prisioneros fueron obligados a trabajar en unas condiciones de esclavitud infrahumana bajo la arbitrariedad, el hambre y la miseria. Las condiciones sanitarias brillaban por su ausencia existiendo numerosos suicidios, casos de paludismo, tifus y tuberculosis sin olvidar las plagas de chinches, pulgas, piojos y garrapatas.

Fue el resultado de una extrema miseria moral y humana que caracterizó una época en la que una de las dos Españas helara el corazón de la otra. Todo ello, pertenece por derecho propio a la Memoria Colectiva de los Pueblos.


Para mantener a los trabajadores en los campos de prisioneros que estuvieron activos hasta 1962 se iban instalando tiendas de campaña y barracones rodeándose por una doble alambrada. La jornada laboral comprendía de sol a sol, seis días a la semana. La seguridad interior estaba a cargo los funcionarios de prisiones denominados “porristas” y la seguridad exterior se puso en manos del ejército que posteriormente pasaría a manos de la Guardia Civil en 1947.

La religión tenía su importancia al ser los curas quienes “reeducaban” a los presos en los principios del nacional-catolicismo. La Iglesia que amparó y santificó la Dictadura de Franco también reclamaría trabajadores esclavos para realizar obras en parroquias y conventos.

…Todo fue sobre ruedas, incluso los trabajos de reparación que se hicieron en el edificio, donde los presos que se encontraban en la cárcel participaron “generosamente”, como lo hicieron, entre otros, Salvador Pérez Jaramillo antes de ser enviado a Málaga y fusilado el 1 de abril de 1938, o Sebastián Bellido, uno de los que retornó a Morón desde Málaga cuando esta ciudad fue ocupada. Un preso más, Juan Mata Gordillo, también trabajó en la casa antes de ser también enviado a Málaga, en cuya prisión falleció el 26 de junio de 1938. De su trabajo allí conservamos un testimonio gráfico en el patio de la que fue Casa del Pueblo, y que amablemente nos cedió uno de sus siete hijos, Manuel. En esa fotografía, junto al pozo, se encuentra el picapedrero Andrés Jiménez García, que también trabajó en la obra sacado de la cárcel de Morón y antes de ser enviado a la de Málaga.

Se puede leer en las páginas 187, 188 y 189 del libro Morón: Consumatum est escrito por José María García Márquez y Miguel Guardado Rodríguez, donde se incluye una fotografía de estos presos trabajando.

Si en los colegios de la época se cantaba el “Cara al sol”, no hace falta imaginarse la vida en los campamentos donde la humillación política y moral era el factor común teniendo que asistir obligatoriamente a misa, e incluso se impedía que el preso pudiera abrazar a sus familiares que tan sólo los podían ver a través de las alambradas. Muchos presos optaron por quedarse en la zona una vez finalizada su condena. 


Hubo presos de toda la geografía española, la mayor parte eran andaluces con excepción de Navarra, por razones obvias ya que esta provincia apoyó en su mayoría el “Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936”.

Como no podía ser menos, los terratenientes se mostraron entusiasmados e incluso colaboraron económicamente en dicho plan que denominó el régimen como una especie de “fascismo agrario” al conceder parcelas de regadío a pequeños agricultores para potenciar la colonización. No es necesario decir que la plusvalía de las tierras se multiplicó al orientarse hacia la producción de algodón, hortalizas y árboles frutales, etcétera.

Estos campos de prisioneros se irán convirtiendo en barrios configurando un nuevo marco urbanístico y social que trajo como consecuencia nuevos asentamientos como por ejemplo Torreblanca, Bellavista, etcétera.


…Al cumplir sus penas los presos denominados “rojos”, muchos de los cuales no tuvieron relación con el conflicto fratricida entre españoles y que tuvieron la suerte de sobrevivir a tanta ignominia, volvían a sus lugares de origen donde encontraron enormes dificultades para rehacer sus vidas -unas ciudades famélicas donde el hambre y la miseria brillaban con luz propia-, siendo de nuevo estigmatizados y sometidos a la exclusión social que les impedía encontrar trabajo ya que “la gente de orden” no quería relacionarse con ellos. En muchos casos no les quedó más opción que quedarse trabajando en el canal como asalariados.


El Canal de los Presos en la Memoria Histórica a pesar de tantos lustros de olvido siempre ha permanecido en la "Retina Colectiva de los pueblos" y por consiguiente, pertenece por derecho propio a las trágicas páginas, como legado de su historia.


El investigador local y amigo Miguel Guardado Rodríguez me pasa estos 24 nombres, todos vecinos de Morón, que tuvieron que trabajar como esclavos en el Canal de los Presos y que considero incluir en este artículo:


Eliseo Bellido Olmedo
Juan Borrego Moscoso
Juan Capilla Rubiales
Francisco Cuevas Ojeda
Francisco Delgado Suárez
Gregorio García Domínguez
Antonio García Verdugo
José Hermosín Alcántara
Joaquín López Romero
Manuel Méndez Ledesma
Diego Mesa Delgado
Juan Moreno Gómez
Cristóbal Olmo Gómez
Antonio Paz Rodríguez
Joaquín Portillo Carrascosa
Miguel Reyes Villegas
Andrés Romero Valle
Sebastián Ruiz Romero
Francisco Segovia Carrasco
Francisco Toledano Castillo
Antonio Torres Jiménez
José Trinidad Martín
José Troya Barroso
José Valle Mesa

P.D. Una ley de Amnistía de 1977 impide en España juzgar los crímenes de la Guerra Civil (1936-1939) y la Dictadura franquista (1939-1975).


Enlaces interesantes

El Puerto de las Cruces




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