domingo, 24 de abril de 2016

Una visita al Parque Natural de los Alcornocales (La Sauceda)


Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no escucha música, 
quien no haya encanto en sí mismo.
Pablo Neruda


Es cierto que el ser humano comienza a ser verdaderamente viejo cuando los recuerdos ocupan mayor espacio en su mente que las ilusiones. Nuestras “cavilaciones” nos permiten disfrutar y compartir nuevas sendas para conocer nuestra tierra cuyos efluvios y reminiscencias como legado rezumen historia por todos los poros de su patrimonio cultural y etnológico.

Con el permiso de la dichosa meteorología enarbolamos de nuevo nuestras frágiles naves -con “Green Tour Al Andalus”-, para colocar nuestro sextante en la antigua aldea de la Sauceda en el término de Cortés de la Frontera cuyos rincones cargados de historia nos proyectan bellas estampas de nidos de bandoleros como fenómeno social, desahuciados, lecho de republicanos y antiguos maquis que han formado parte por diversas circunstancias históricas de este bello paraje natural entre la utopía y el olvido.

Transitando hacia “La Sauceda” observamos como el olivo deja de ejercer su influencia para impregnarse nuestra retina entre bosques de árboles del género “quercus” como la encina (quercus ilex) denominado popularmente en nuestra tierra "chaparro", el alcornoque (quercus suber) o el quejigo o roble andaluz.




Una visita a la Sauceda tiene múltiples vertientes, al menos para el que escribe éstas humildes letrillas. En primer lugar, la Sauceda es un Lugar de la Memoria Histórica de Andalucía que acogió en su tierra fértil a hombres firmes y por derecho cuyo genocidio helaría el corazón de una de las dos Españas. 

En segundo lugar, el Parque Natural de los Alcornocales posee una elevada biodiversidad de la que fuimos testigos con la ayuda de nuestro botánico David Melero. Y por último, las interesantes explicaciones de José Ángel Vidal sobre el descorche de los alcornoques, magnífico ejemplo milenario del sistema de aprovechamiento agroforestal que viene desde tiempos ancestrales.


El Parque Natural de los Alcornocales se extiende a lo largo de 170 hectáreas. Está situado en la parte más meridional de Europa, al este de la provincia de Cádiz y oeste de la de Málaga -cerca del Mar Mediterráneo y pegado al Océano Atlántico-. Como su propio nombre indica el alcornoque como especie protagonista del paisaje tapizados con los sotobosques de helechos, ocupan grandes áreas de terreno formando los bosques mediterráneos más extensos de Europa.

Como preámbulo, nuestro botánico David nos ilustró sobre el ámbito geográfico que forma la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo Andalucía (España)-Marruecos. Entre los Parques Naturales que se encuentran en ella destacan en la provincia de Cádiz la Sierra de Grazalema, el Parque Natural del Estrecho y los Alcornocales, la Playa de los Lances, las Dunas de Bolonia entre otros. En Málaga el Desfiladero de los Gaitanes, la Sierra de las Nieves junto a otras importantes reservas naturales incluyendo en Marruecos el Parque Nacional de la Mamora y Talasssemtane en el norte de Marruecos.


El Parque Natural de los Alcornocales está catalogado como una Zona de especial protección para las aves (ZEPA). Por tanto es un paraíso para la ornitología al ser un paso obligado para las aves que migran desde África en el momento idóneo. Existe una importante población de rapaces, encabezada por las águilas: culebrera, perdicera, imperial y real junto con el búho real, el halcón común, el alimoche, el azor, los gavilanes y una de las mayores concentraciones de buitres leonados. Las aves insectívoras están representadas por el pelirrojo, el herrerillo, el ruiseñor, el abejaruco, la golondrina y el vencejo.

Un magnífico entorno natural que no deja indiferente a nadie. Nuestra retina capta al instante una de las ultimas masas forestales donde los quejigos y alcornoques cubiertos de líquenes, musgos, helechos y algas como indicadores biológicos que actúan como referentes de la calidad del aire.


Los líquenes responden claramente ante la presencia de contaminación y ante los cambios del ambiente. Por tal motivo, los líquenes son utilizados como indicadores biológicos.


El Parque Natural de los Alcornocales es considerado la última selva europea cuya pluviosidad oscila entre 800 y 1.500 litros al año. Entre los diversos ecosistemas que nos podemos encontrar en el Parque Natural de los Alcornocales nos podemos encontrar:

  1. Los bosques de niebla durante 200 días al año.
  2. La Campiña. 
  3. La Laguna de la Janda.
  4. Los Acebuchales de Medina Sidonia y Casas Viejas.
  5. Los Alcornocales más grandes de Europa y únicos en el mundo. 
A medida que ascendemos los acebuchales predominan hasta los 500 m. de altitud (Medina y Casas Viejas). Una peculiaridad de los acebuches consiste en soportar tanto los encharcamientos como el agrietamiento de los suelos en verano. El acebuche como papel colonizador es fundamental. A partir de los 700 metros predominan los quejigos y alcornoques.

Una enfermedad que afecta a los alcornoques debido al cambio climático es la enfermedad de la seca.



El alcornoque destaca por sus beneficios ambientales. La conservación del alcornocal reduce el riesgo de incendios, al ser el alcornoque muy resistente al fuego gracias a la protección que le proporciona la capa de corcho que le rodea y su rápida capacidad de rebrotar.

Es alcornoque es un freno a la desertización gracias a su capacidad de retener el terreno en sus raíces al mismo tiempo que con sus copas frenen la intensidad de la lluvia, reduciendo la escorrentía del agua y evitando la erosión del terreno. En este sentido, el alcornocal, como otros bosques, tiene también un papel relevante en el ciclo del agua ya que la materia orgánica del suelo frena el agua de la lluvia, mitiga su efecto erosivo y absorbe el agua, lo que constituye un factor favorable a la alimentación de los acuíferos.

Los roquedales y alcornoques demuestran un magnífico ejemplo milenario como sistema de aprovechamiento agroforestal que viene desde tiempos remotos con la extracción del corcho, la explotación de la madera y el carboneo que suministraba el carbón necesario a las poblaciones para calentarse en los fríos inviernos y como fuente de calor en los antiguos hornillos de cocina, contribuyendo a mantener la buena salud de los montes eliminando los árboles viejos y enfermos junto con el ganado cabrío que limpiaba la maleza de los bosques sin olvidar las tagarninas, los espárragos y caracoles que tanto han contribuido a las frágiles y humildes economías de los hogares andaluces.




La leña de alcornoque, acebuche y quejigo se utilizaban para elaborar el carbón vegetal. El lentisco era destinado para la elaboración del cisco picón de monte, necesario para la calefacción. Los hornos de carbón vegetal reciben la denominación local de “Boliche”.

Desde tiempos muy pretéritos se ha producido una intensa explotación de los bosques con fines navales. La madera del quejigo siempre ha sido la más demandada para la flota naval española. También desde tiempos muy antiguos han existido actividades ligadas a los recursos naturales como la industria molinera, la extracción de miel, la recogida de hongos y setas, la explotación de la madera y el carboneo para los hogares.

Pero será la industrialización la que caracteriza de un lado, la intensificación de madera y carbón hasta no hace muchos lustros gracias a la aparición del gas butano y de otra, una reorientación hacia la producción de corcho, la caza y el turismo sostenible. La madera sería muy utilizada para las traviesas del ferrocarril.

Es posible que el déficit de comunicaciones hasta épocas recientes en la Sierra del Aljibe y el Campo de Gibraltar hayan contribuido a mantener éste magnífico Parque Natural. 

La orografía de La Sauceda está llena de contrastes. En la umbría de los valles brillan las aguas cristalinas de los arroyos con bosques en galería donde los helechos en peligro de extinción tienen en este hábitat sus últimos refugios junto a las orillas de las charcas y tronco de los árboles, los bosques de niebla y los canutos forman un microclima lo largo de los ríos Guadiaro y Hozgarganta destacando los bosques de ribera. Los bosques de niebla nos introducen en un mundo perdido con una vegetación rara donde persisten los quejigos morunos colonizados por helechos, musgos y plantas trepadoras.


Los canutos de la Sierra del Aljibe y del Campo de Gibraltar son cauces de arroyos muy encauzados a través de la abundante masa vegetal existente en los valles de media y alta montaña. Los canutos y los bosques de ribera son únicos en Europa. Un microclima que bebe de la humedad y de la umbría.


Una vegetación que perdura desde hace millones de años entre arroyos de montaña, sombras y humedad permanentes. Entre la flora de los canutos brilla con luz propia el “ojaranzo” o rododendro cuya floración se produce entre los meses de abril y mayo mezclándose con majuelos, adelfillas, bruscos, robledillas, acebos, robles, creando una extraña espesura. 

El Parque Natural de los Alcornocales disfruta de una situación estratégica, entre la desembocadura del río Guadalmesí hasta la sierra del Aljibe, con 1091 metros como cima más destacada. La proximidad de la angostura del Estrecho de Gibraltar y las primeras estribaciones del continente africano en el Rif y las cumbres montañosas de Algeciras, le confieren características climáticas únicas expuestos a la fuerte influencia de los fuertes vientos del levante y del poniente. La frecuencia y persistencia de estas nieblas del Estrecho de Gibraltar permiten el desarrollo de una vegetación singular y un cobijo seguro a la fauna.

José Ángel Vidal realizando fotografías del Parque de los Alcornocales

En las zonas más azotadas por el viento abundan la jara, estepa y los brezos, junto a una espesura de ojaranzos. Más abajo se desarrollan los majuelos y quejigales formando un bosque entre robledales y arroyos, en los que crecen helechos y pastizales.

Los bosques de alcornoques y el quejigo predominan en la zona de mayor umbría a partir de los 700 metros. El alcornocal es una formación boscosa única en el mundo y exclusiva del mediterráneo occidental. Su característica más singular radica en la producción de una corteza de corcho inconfundible, que protege al alcornoque y a su tronco de los cambios climáticos, del fuego y de las plagas. El corcho es ignífugo, aislante, impermeable, elástico, estable y flotable por su baja densidad. El modelo adecuado para extraer el corcho está vinculado a la parada vegetativa del alcornoque en verano. El fenómeno de la seca y la desproporción entre alcornoques viejos y jóvenes también se manifiesta por un decaimiento general de las masas de alcornoques.

Los quejigales morunos son los robles caducos más meridionales de la Península con un alto valor ecológico y paisajístico en las umbrías y zonas más húmedas de las sierras. En los suelos del quejigal, abunda la materia orgánica y el humus, gracias a la alta humedad y a una moderada temperatura, propia de valles y laderas umbrías.



En el Parque Natural de los Alcornocales se pueden observar ejemplares de record. El acebuche tiene un diámetro de copa de 16 metros y el perímetro del tronco de 6,1 m. El quejigo tiene un diámetro de copa de 23 metros con un perímetro de tronco de 4,2 metros y el alcornoque con un diámetro de copa de 19,5 m. y un perímetro de tronco de 4,0 m. 

También nos ilustramos con las diferencias entre vereda, cordel, colada y cañada real. La vereda tiene 20,89 metros. El cordel 37,61 metros, la colada tiene 52 metros y la Cañada Real tiene 75,22 metros. Antiguamente se utilizaba la vara como sistema de medición.




...Cualquier ruta de senderismo que pretendamos realizar debemos realizarla con una vestimenta cómoda, calzado adecuado y alguna que otra cantimplora de agua potable. Comienza entre los bosque de quejigos, alcornoques -varias veces centenarios-, cubiertos de líquenes, musgos y helechos que discurren por el arroyo de Pasallana hasta llegar a la Sauceda donde se erige la vieja ermita con su vieja espadaña cuyas campanas doblaron a muerte y tragedia en 1936.

Pasado el horno de pan construido en piedra en el centro de la explanada, nos encontramos con dos senderos. El de la izquierda nos lleva al Pico del Aljibe y el de la izquierda a la Laguna del Moral. 

Entre caminos de sombras producidas por la inmensa arboleda de quejigos nos acompaña continuamente el rumor del agua que desciende entre cascadas torrenteras. Los brillantes helechos junto con los tradicionales bosques de ribera y canutos hacen de este paraje natural un paraíso perdido digno de explorar .


A medida que ganamos altura, las vistas nos invitan a estimular nuestra retina con una inmensa panorámica que nos recuerda que tal vez estemos en épocas pretéritas. Tras pasar el enésimo arroyo de aguas transparentes se erige la antigua ermita de la Sauceda -cuya espadaña parece desafiar el ingrato olvido-, con una penetrante carga emotiva impregnada de ese dolor lacerante del que brotan sentimientos que permanecen vivos en la retina de la historia mezclada con efluvios de utopía.

Las viviendas que lo componen llegaron en algunos momentos a acoger a más de un millar de habitantes cuyas casas se encuentran dispersas por el territorio asociadas a dos grupos principales: uno alrededor de la Ermita y otro en las cercanías de la Laguna del Moral.


Las viviendas eran construidas con los recursos de su entorno como la piedra arenisca, barro, madera, brezo, corcho y cal. Anexo al núcleo familiar se encontraba el chozo que hacía las veces de cocina, el horno del pan, los cercados y zahúrdas para el ganado, los molinos harineros, el cementerio o la ermita escuela.

Destacan en la actualidad unas cabañas de piedra y techos de pajas integradas perfectamente en el entorno natural con un antiguo horno de pan, mesas exteriores de madera y chimenea en el interior permiten pernoctar y aislarse en perfecta armonía con la naturaleza.


Desde la ermita de la Sauceda hasta la Laguna del Moral nos vimos sorprendidos varias veces por las inclemencias meteorológicas que nos obligaron a refugiarnos bajo las copas de los centenarios quejigos entre la espesura del sotobosque. La Laguna del Moral se nutre por las abundantes precipitaciones de la zona y se encuentra situada sobre un terreno compuesto de areniscas, un tipo de rocas generalmente permeables al agua. El regreso a la Ermita de la Sauceda estuvo acompañado del que nos fue imposible escapar. A lo largo de la ruta nos encontramos abundantes majadas y cabañas de piedra de antiguos pastores como vestigio de la presencia humana.


David Melero explicando "in situ" las características de las plantas

Al estar prohibida la circulación de vehículos en el Parque Natural, un todoterreno del parque transportó toda nuestra "vitualla" cerca de la ermita de la Sauceda. José Ángel y su equipo cocinaron en la barbacoa para que recuperásemos las energías diluidas a través de los senderos, con un almuerzo tradicional donde el pan de pueblo, el vino de la tierra y la carne a la brasa ocuparon un espacio privilegiado junto a las cabañas mientras una llovizna tras otra nos acompañaba a intervalos, recordándonos que la primavera estaba en plena efervescencia.


Después de un merecido descanso nos dirigimos por un sendero que conduce al Pico del Aljibe en busca del arroyo Pasadallana. Pudimos observar entre suelos tapizados de helechos comunes (Pteridium aquilinum) el arroyo Pasadallana donde destaca una planta única en su género, el ojaranzo (Rododendrom ponticum baeticum), «ῥόδον», rosa y «δένδρον», árbol, conocido por las gentes del lugar como “revientamulas” al tener contener sus hojas un alcaloide venenoso para el ganado.



Ojaranzo (Rododendrom ponticum subsp. baeticum)
Foto: David Melero López

Aunque se encuentra en los tradicionales canutos que forman los arroyos, no pudimos verla en floración, pidiéndole a nuestro botánico David Melero que nos pasara alguna para compartir en el blog de mis culpas. Más tarde, atravesamos un bello puente de madera que atravesaba el arroyo Pasadallana con sus cascadas entre bonitas cabañas de piedra donde el humo de las chimeneas otorgaba un ambiente acogedor al entorno.


Durante el recorrido de vuelta nos encontramos varias piedras de antiguos molinos como testigos de la presencia humana. Un nuevo puente nos regalaba una bella panorámica entre angostos valles que forman los canutos, arroyos de montaña con las piedras cubiertas de musgos y líquenes que quedaran grabados para siempre en la retina de nuestro recuerdo...

Si el "paraíso terrenal" existiera, tal vez sería muy parecido al Valle de la Sauceda. Desde la Sauceda para el blog de mis culpas...

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