martes, 31 de mayo de 2016

El castillo de Almodóvar del Río


Desde Morón, tierra de la cal y del flamenco, enarbolamos nuestras naves en esta ocasión, para dirigirnos al castillo de la antigua Al Mudawar al Adna (Almodóvar del Río), a pocas leguas de la antigua “Madinat al-Zahra”, muy cerca de la Corduba musulmana que llegara a ser en tiempos pretéritos el faro de Europa y lugar de peregrinación de los más grandes científicos, filósofos, astrónomos y matemáticos de la época.

“Al-Mudawar" -circular- y “al-Adna" -el más próximo-, por estar muy cerca de la antigua Córduba musulmana.

El origen de la fortaleza (740) es árabe. Durante los siglos VIII, IX y X, la fortaleza y su término formaron parte de la cora de Córdoba; en el siglo XI quedará adscrita primero a la taifa de Carmona y luego a la de Sevilla; con los almorávides se reintegró a la jurisdicción cordobesa y, por último, en el siglo XII y parte del XIII pasará a depender de la corte almohade de Sevilla.

Los príncipes Omeyas nos legaron la antigua Córduba como la ciudad más culta e importante de Occidente pero su despotismo y opulento estilo de vida iban generando un caldo de cultivo, en el que los antígenos lo formaban las tropas bereberes como clase social más descontenta.

Almanzor –Abú Amir- deslegitimó la dinastía debilitando la figura del califa Hisham II, -hijo de Alhaken II- al ser demasiado joven para reinar.

En las obras de construcción de la capilla llevadas a cabo en el siglo XX se encontraron muros de origen visigodo lo que lleva a pensar la existencia en su día, de una aljama árabe.




Atravesando el río Guadalquivir como cauce de civilizaciones -entre Sanluqa, Isbiliyya y la antigua Córduba-, llegamos al pueblo de Posadas (Córdoba), desde cuyo término por la A-431 a escasas leguas, se comienza a divisar la imponente silueta del castillo de Almodóvar del Río. En ese punto geoestratégico establecerían los primeros andalusíes una fortaleza (al qasb) situada en la parte más elevada de un cerro casi "inexpugnable" que dominaba toda la comarca con el río navegable Wad al-kabir como testigo de su historia. Cinco siglos de civilización islámica (740-1240) la contemplan.



Leyenda de Zaida

En el año 1091 entraron los almorávides con su ejército en la Península Ibérica. Se trataba de un pueblo nómada, guerrero y anárquico cuyo objetivo era conquistar el Alcázar de Córdoba. En éste vivían el príncipe Fath Al Ma´mum y la princesa Zaida.

Comienza la guerra y ante los malos resultados de la misma para el príncipe Fath Al Ma´mum, decide mandar a su mujer Zaida y a toda su familia a buscar refugio en el castillo de Almodóvar.

El día 28 de marzo de 1091, el Alcázar es asaltado, y el príncipe muere luchando contra sus enemigos. En el momento de la muerte de su esposo, Zaida, se despertó sobresaltada y subió a la torre del Homenaje, presintiendo que algo había sucedido. Desde allí, miró hacia Córdoba y observó como venía el caballo blanco de su amado.

Al día siguiente los Almorávides conquistan el castillo y encierran a la princesa en la mazmorra, donde muere de pena y dolor. Se dice que su espíritu sigue presente en el castillo y año tras año, cada 28 de marzo, cuenta la leyenda que la princesa Zaida pasea por las murallas del castillo gimiendo y llorando, anhelando la llegada de su amado Fat Al Ma´mum.




La destrucción de Madinat al-Zahra -la ciudad brillante- por el bereber al-Musta´in bi-llah (el que busca el auxilio de Alá) llevó definitivamente a la guerra o "fitna". Con ello se produce el desmoronamiento definitivo de la unidad política de al-Ándalus en reinos de taifas que se hundirán progresivamente al ser presionados por los cristianos a partir de la batalla de las “Navas de Tolosa” en 1212.

Entre coras, taifas, almorávides y almohades llegamos al año 1240 en que fuera incorporada a la Corona de Castilla, durante el reinado de Fernando III el Santo, rey de Castilla y de León. 

Pedro I, rey de Castilla y León entre 1350 y 1369, llamado “El Cruel” o “El Justiciero” llegó a habitar la fortaleza en 1360 como residencia de paso en sus viajes entre Córdoba y Sevilla. También lo utilizó como prisión y para guardar sus tesoros. 

"Se dice que incluso trasladó los tesoros a Sevilla por el río Guadalquivir, entonces navegable, en pequeños barcos de ribera". 

Muere en 1369 en Montiel a manos de su hermano bastardo Enrique de Trastámara, futuro rey de Castilla y León, con el nombre de Enrique II. Durante este periodo histórico alcanzará el castillo mayor relevancia. No debemos de olvidar que desde este lugar situado estratégicamente se controlaban las comunicaciones entre Sierra Morena y el río Guadalquivir.

Pero no será hasta 1473 cuando término al-Mudawar aparezca por vez primera con el nombre de Almodóvar del Río. En el año 1513 el Castillo será entregado al maestre de la Orden de Calatrava. 



…Una sinuosa, angosta y empinada carretera desemboca en la cumbre de una colina de 250 metros de altura. Una gran puerta de entrada ubicada en la “Torre Pequeña” en la que destacan dos enormes hojas de puerta que miden 5 metros de altura con dos aldabones, nos esperan para disfrutar de una grata jornada cultural. En la parte superior-derecha destaca el escudo “Corral”, apellido de la casa, quien comprara el castillo en el año 1629 al rey Felipe IV.

Una amable señorita en la recepción del castillo, confundiéndonos con unos “giris” se dirige hacia nosotros: “¡What are you from!”, respondiéndole: “Somos de Morón de la Frontera”.

La entrada nos acerca hacia el “Patio de Armas” donde se encuentra una fuente de piedra, en cuya parte central destaca un azulejo mosaico con el castillo de Almodóvar. Nuestra retina capta al instante la “Torre del Homenaje” desde cuya parte más elevada se observa una bella panorámica de la fortaleza en su conjunto junto a la ribera Wad al-kabir, navegable en tiempos pretéritos. Es cierto que pasear por las murallas, torreones y adarves nos hace retroceder en el tiempo.


La Torre del Homenaje es una imponente torre albarrana cuya altura es de 33 metros, siendo la más alta de dicha fortaleza. Fue construida durante el siglo XIV y es la más grande de la provincia de Córdoba tras el castillo de Belalcázar. 

La Torre del Homenaje está formada por 4 cuerpos: 

En el sótano se encuentra la lúgubre mazmorra. Encima se encuentra la sala de castigo de forma octogonal y escasa luz. En la parte intermedia de planta cuadrada se realizaba el pleito del homenaje como ritual más importante del castillo. Por último, el cuerpo superior es la azotea de la torre, el principal punto de vigilancia de la fortaleza. 

Desde el punto de vista artístico, cabe destacar la bóveda octogonal sobre pechinas realizada en piedras molinaza de Montoro. Y desde el punto de vista histórico, hacer mención especial al escudo de Castilla y León labrado sobre la puerta de entrada que data de la época de Alfonso XI.


Siguiendo nuestra ruta por la Torre Redonda, encintada con ladrillos, se puede contemplar el Pleito Homenaje o acto de vasallaje. 




El pleito del homenaje era un fuerte vínculo entre el señor y su vasallo. Mediante una especie de contrato feudal el vasallo como hombre libre entra al servicio de su señor al que juraba fidelidad mientras que el señor le proporcionaba protección en una ceremonia denominada “Homenaje”. De ahí proviene el nombre de las Torres del Homenaje porque en ellas se realizaba dicha ceremonia que consistía en tres etapas:

Homenaje (sumisión), Fe (jurar ante la Biblia o reliquia de algún santo) e Investidura.

Tras la ceremonia el vasallo tiene la obligación en caso necesario, de presentarse ante su señor con armadura, escuderos y una pequeña tropa, todo pagado por él.

Por unas sinuosas escaleras descendimos a la mazmorra que era la sala de castigo. Posee un agujero en el centro con una profundidad de 8 metros, siendo el único medio de acceso una cadena de hierro que pende del techo. Los muros de piedra tienen un grosor de 2,40 a 3.50 metros.

La segunda línea defensiva de la fortaleza denominada “Adarve del Revolcadero” comunica el patio interior con el Torreón del Moro y con la puerta original de la entrada al castillo. Allí se encuentra un gran matacán por el cual se lanzaba aceite o agua hirviendo, fuego e incluso piedras para impedir el ataque del enemigo.

Paseando entre los adarves llegamos al “Torreón del Moro”, por sus arcos de herradura en sus ventanales, tan asimilados a la construcción morisca en España. Además de cumplir las funciones propias de una torre, cumplía una segunda función, la de vigilancia de la zona intermedia del recinto fortificado. Entre líneas defensivas y adarves llegamos a la “Torre Cuadrada”. Junto a ésta se encuentra una pequeña muestra de la evolución de las espadas con el paso de los años. Algunas existieron y otras pertenecen a la literatura o a la mitología.



Las espadas primitivas estaban hechas de piedra, hueso o madera. Las espadas de bronce ya eran conocidas por los egipcios en el 2.000 a.C. Posteriormente se descubrieron las espadas realizadas en hierro que eran más duras y resistentes, hasta que se perfeccionaron las espadas de acero. Siempre ha sido un arma personal, efectivas sólo en combate cuerpo a cuerpo. También se utilizaban en los juramentos de honor o lealtad y tenía un significado de rendición, sumisión o de degradación, si se producía su ruptura. 

Destacan la “Tizona” y “Colada”, que pertenecieron al caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como “El Cid Campeador”, prototipo de caballero que participara con Alfonso VI en la conquista de Toledo (1085) y en la conquista del Reino de Valencia (1094).

El alfanje proviene del árabe hispánico “al-janyar”, que significa puñal. Una espada de hoja ancha y curva, con filo en un solo lado, que se empleó en la Península Ibérica durante la Edad Media y hasta el Renacimiento. También había réplicas de la espada vikinga, falcata o espada ibérica por excelencia, la espada de los templarios. 

La orden del temple fue fundada en 1118 para asegurar la custodia de los Santos Lugares y proteger las rutas de peregrinación. Los caballeros templarios se consideraban Caballeros de Dios, honra de la Iglesia y de la Cristiandad. Nuestra retina capta en un escenario idóneo la espada escocesa, la del Almirante Colon, el mandoble de los Reyes Católicos o el mandoble de Carlos V entre otras réplicas interesantes.




La Torre del Maestre tiene 27 metros de altura. En su interior se encuentra el “Palacio Neogótico” del Conde de Torralva.

El esplendor que goza el castillo en la actualidad se le debe al interés por la historia y la cultura que demostró D. Rafael Desmaissiéres y Faria, XII Conde de Torralva, autor de la mayor de las restauraciones habidas en el castillo de Almodóvar llevadas a cabo entre los años 1902 y 1936. Llegó a convertirlo en uno de los castillos mejor conservados de Andalucía y uno de los más bellos de España. Cuatro años antes del fin de la restauración, el Conde de Torralva falleció y no pudo ver cumplido el mayor de sus sueños, poder vivir en esta impresionante fortaleza.

La Torre de Escucha es la más pequeña del recinto con un importante papel en la vigilancia nocturna, avisando de la existencia de ruidos sospechosos. Se construyó en el periodo almohade, en el siglo XII. 

Sin olvidar la “Torre de las Campanas” o “de la Miga”, la “Torre de las Cenizas”. Todas ellas hacen en su conjunto que este magnífico castillo sea considerado un auténtico escenario de cine donde Ava Gadner y Omar Sharif rodaran la película “Harem” en 1986.

Durante la Edad Media, el patio de armas estaba lleno de construcciones de madera que servían de alojamiento de la tropa. En tiempos de guerra, la población se refugiaba entre sus muros. Para solucionar el abastecimiento de agua en las épocas de asedio, se construyeron dos aljibes. Uno situado en la plaza de armas y otro, a mayor altura, situado frente al Revolcadero. Ambos suman aprox. 300.000 litros, siendo el de mayor capacidad el situado en la Plaza de Armas.


Junto al campo de liza nos encontramos la capilla, la taberna, el armero y el vestidor del rey. Muy cerca del patio de armas se encuentra el campo de liza donde se observa el armero, un lugar del castillo de fácil acceso para la tropa y custodiado por oficiales y guardias que estaba destinado a guardar todo tipo de armas y municiones que se utilizaba también como taller de reparación de armas. Allí se fabricaban los yelmos calentando las láminas de metal para darle forma con el martillo y el fuego sobre un molde. 

El castillo tenía una poterna o salida de emergencia que comunicaba el Castillo con el cerro sin necesidad de pasar por la puerta de entrada.


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A pocas leguas del castillo de la antigua Al-Mudawar se encuentran las ruinas de la mítica Medina al-Zahra, muy cerca de la antigua Córduba musulmana. De nuevo enarbolamos nuestras naves para deleitarnos en su museo y posteriormente visitar la ciudad brillante de Abderramán III en honor a su favorita Zahra. 


Pero eso formará parte de otra historia que compartiré con los amigos. 


Desde el castillo de la antigua al-Mudawar entre murallas, torres y pabellones que parecen salidos de un cuento, para el blog de mis culpas...

Foto: Manolo Muñoz Sousa

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