viernes, 10 de junio de 2016

De vuelta a la antigua Madinat al-Zahra



Me detuve en al-Zahra, lloroso y meditabundo,
para clamar entre las deshechas ruinas.
"¡Oh Zara -dije- vuelve a ser!"
Pero me contestó: "¿Y acaso vuelven los difuntos?"

al-Sumaysir (finales del siglo XI)

A pocas leguas del castillo de la antigua al-Mudawar al Adna (Almodóvar del Río), enarbolamos de nuevo nuestras naves bordeando el legendario "Wad al-kabir" como cauce de civilizaciones -entre Sanluqa, Isbiliyya y la antigua Qurduba-, para dirigirnos a la antigua “Madinat al-Zahra”, la ciudad brillante de Abd al-Rahman ibn Muhammad (Abderramán III), conocido con el sobrenombre de al-Násir li dín Allah (aquel que hace triunfar la religión de Alá).

Existe una interpretación romántica y admitida como hecho histórico sobre el origen de la ciudad en el 936 d.C. como un capricho de Abderramán III a su concubina al-Zahra, de la cual tomaría su nombre la ciudad y sede del Estado Califal a partir del año 929. Una bella ciudad, muy cerca de la antigua Qurduba que llegara a ser en tiempos pretéritos el faro de Europa y lugar de peregrinación de los más grandes científicos, filósofos, astrónomos y matemáticos de la época. 

Visitamos el Centro de Interpretación de Medina Azahara donde nos ilustramos antes de acceder a la mítica ciudad. El museo es una exposición permanente, articulados en cuatro bloques interrelacionados que nos permite comprender la historia de Madinat al-Zahra y su importancia en el mundo del siglo X.


Lo primero que capta nuestra retina al entrar en el museo son los paneles ilustrativos entre los que brilla con luz propia la orientación de la Mezquita de Córdoba en comparación con las otras mezquitas de Madinat al-Zahra.

La orientación de las mezquitas de Madinat al-Zahra era la correcta en dirección hacia La Meca, lo que difiere con respecto a la Mezquita Aljama de Córdoba. 

Existen muchas teorías entre las cuales es digno de destacar algunas:

Una de ellas nos cuenta que los astrónomos del siglo VIII no tenían la altura de miras que demostrarían sus colegas del siglo X al orientar correctamente sus mezquitas aljamas.

Otra de ellas, nos dice que Abderramán I en el año 875, inició la construcción de la Mezquita Aljama sobre los restos de una antigua iglesia visigoda. Existe otra que nos habla de que su orientación no mira hacia La Meca sino a Damasco debido a la nostalgia que Abderramán I “Abd al-Rahman ben Muawiya al Dajil” -El Inmigrado- sentía por Damasco, expresada por él mismo en su poesía.


Existen teorías para todos los gustos, aunque en historia todo es falsable mientras no se demuestren las fuentes...



Primer Bloque 

¿Por qué surge Madinat al-Zahra? cuyo mundo nos acerca al contexto político, económico y religioso en el que se produce la fundación de la ciudad por Abd al-Rahman III.

Madinat al-Zahra ha sido el producto del capricho de su fundador Abd al-Rahman III, en honor de su concubina al-Zahra, de la cual tomaría el nombre de la ciudad pero lo más importante es que tuvo un importante papel como capital de Al Andalus al ser la sede del Estado Califal instaurado por Abderramán III en el año 929. 

En este contexto, Madinat al-Zahra se erige como la expresión arquitectónica de la recién estrenada autoridad califal del soberano omeya  que se convirtiera en el símbolo del esplendor político, económico y cultural del Califato. 

Es evidente que la fundación de esta ciudad está estrechamente vinculada a la adopción del título de Califa por Abderramán III instituyendo con este acto una nueva institución: "El Califato Omeya de Córdoba". La figura del Califa ejerce la autoridad suprema que gobierna el mundo musulmán, como sucesor del Profeta Mahoma.

Cronológicamente se suceden tres Califatos: Rashidum, Omeya y Abassí pertenecientes al Islam ortodoxo o sunní, de la misma tribu que el Profeta.

En el año 910 se constituye en el Magreb el Califato Fatimí. Los fatimíes son descendientes de la familia del Profeta, pero heterodoxos shiíes que rápidamente se expanden por el norte de África, intentándolo también en al-Andalus.

El rebelde andalusí Ibn Hafsun reconoce al califa fatimí en su sede de Bobastro (Málaga).



En respuesta a la creación del Califato Fatimí, Abd al-Rahman III se autoproclama Califa en el año 929, como lo habían sido sus antepasados en el Oriente del Mediterráneo. Se erige en defensor de la ortodoxia frente a los shiíes fatimíes, con quienes pronto se enfrenta en el norte de África.

Abd al-Rahman III es el octavo emir de al-Andalus, de la dinastía de los califas omeyas de Damasco, cuya descendencia gobierna la Península desde el año 756 con su capital en Córdoba.

El nuevo poder califal se manifiesta en dos actos fundamentales: la acuñación de moneda de oro -el dinar-, prerrogativa exclusiva del Califa, y la fundación de una nueva ciudad: Madinat al-Zahra. Su construcción no supone el abandono de Córdoba, como lo demuestra la edificación de un nuevo alminar y las ampliaciones en la Mezquita Aljama.

La fundación de nuevas ciudades por los califas es una tradición iniciada por los abasíes con la creación de Bagdad el año 762 y de Samarra a lo largo del siglo IX. Esa tradición es seguida el Califato Fatimí que se crea en el 910 en el Magreb con la fundación de al-Mahdiya, Sabra Mansuriyya (Túnez) y al-Qahira (El Cairo) en el año 972. El resultado es la consolidación de la imagen simbólica del califa como fundador de ciudades.

Una consecuencia de todo ello es el establecimiento de múltiples ciudades próximas unas a otras. Esta tradición es la que siguió Abd al-Rahman III con la fundación de Madinat al-Zahra junto a Córdoba el año 936.

Pero la antigua Madinat al-Zahra no vive aislada, sino que establece relaciones diversas con el resto del mundo de al-Andalus y el mundo mediterráneo, y compite con los califatos precedentes y contemporáneos.

Desde Madinat al-Zahra como capital del Estado, el Califa Abderramán III irradia todo su poder sobre el territorio de Al Andalus mediante el nombramiento de gobernadores en las provincias. Construye altarazanas en Tortosa y Algeciras, y funda la ciudad de Almería en el año 955 como sede de la flota califal. 

También construye una serie de fortalezas que atraviesan todo el país, desde Tarifa a la frontera del Duero, para uso de las nuevas tropas mercenarias norteafricanas. Su carácter de obras estatales se manifiesta por la adopción del arco califal en las portadas.

El estado califal mantiene relaciones diversas: 

Bélicas en el Magreb por su rivalidad con el Califato Fatimí.

De defensa activa, basada en la ausencia de conquistas y limitándose a responder a las agresiones, frente a los núcleos cristianos de la Península.

Y diplomáticas con las potencias del momento, los imperios bizantinos y germánico.

El control del Magreb es la clave política mediterránea: se invierten grandes sumas de oro y plata para conseguir aliados y tropas.

Respecto a la Península Ibérica, se limita a una defensa activa (ausencia de conquistas territoriales, respuesta a agresiones y construcción de torres de control en la frontera), que se centraliza en la ciudad de Medinacelli.

Con el Imperio Bizantino los une el enemigo común del Califato Fatimí. Las relaciones se concretan en embajadas y regalos, como el códice griego de Dioscórides y la llegada de especialistas en mosaicos a Córdoba.

La competencia con los califatos coetáneos Abbasí y Fatimí está en el origen de la Fundación de Madinat al-Zahra. El califa se legitima como continuador de sus ancestros, el Califato Omeya de Damasco, aunque no imitará su cultura material. El Califato Omeya de Córdoba creará unas representaciones culturales propias.

Los Omeyas serán la primera dinastía propiamente dicha que gobernará el Islam, estableciendo su capital en Damasco con una duración de casi un siglo (660-750).




Segundo Bloque

“Planificación e infraestructuras” nos permite conocer el proceso de construcción de la medina y su estrecha relación con la antigua Córdoba.

Las obras de Madinat al-Zahra se iniciaron en el año 936 y la primera oración en la Mezquita Aljama tuvo lugar el año 940. El nombre Madinat al-Zahra, significa “La ciudad resplandeciente”, y aparece por primera vez en el año 947-948, en las primeras monedas acuñadas en ella.

En el 948 se inicia el traslado de la CECA (fábrica oficial donde se acuñaba moneda) a Madinat al-Zahra, lo que le da un impulso oficial.

La orografía del lugar escogido entre la sierra y la llanura del Guadalquivir fue determinante para la planificación de la ciudad que fue especialmente elegida para hacerla destacar sobre el majestuoso paisaje de la sierra. Ello posibilitó un escalonamiento intencionado en terrazas, cuya topografía se utilizó para la jerarquización de los espacios organizados en dos sectores bien diferenciados: uno oficial o público al oeste, donde se localizan los grandes edificios de recepción y otro privado al oeste, ocupado por espacios de trabajo y viviendas de personajes vinculados a la corte y a las tareas de gobierno. Desde el Palacio de Abderramán III situado en el nivel más elevado se dominaba claramente la Medina y la Mequita Aljama, demostrando que estaban subordinadas al poder político.

La ciudad quedó definida por un rectángulo amurallado, casi perfecto, de proporciones dos por uno. Tiene forma rectangular: 1518 metros de lado en sentido este-oeste y 745 metros de norte a sur y una superficie de 112 hectáreas. Rodeada por una muralla con torres.

La nueva capital no supuso el abandono de Córdoba: los Califas continuaron realizando construcciones y, en ocasiones, se alojaban en el Alcázar cordobés. La ciudad de Córdoba se expande hacia Madinat al-Zahra, con un significativo crecimiento de los arrabales occidentales “al-rabad, barrio”. Su población puede rondar el medio millón de habitantes. En la expansión destacan unas construcciones singulares denominadas “las almunias” como ejemplo de las ricas residencias campestres.

La construcción de Madinat al-Zahra responde a un acto de planificación de la totalidad de la ciudad. Pero también a una reordenación del territorio colindante con el fin de asegurar el abastecimiento de agua, las comunicaciones e incluso la explotación de las canteras para la construcción de sus infraestructuras y edificios.

Con la nueva capital del Califato se creó una red de comunicaciones, especialmente en Córdoba, a la que quedó unida a través de tres itinerarios diferentes: el superior hacía su entrada por la puerta norte del Alcázar, y los dos restantes llegaban a la muralla sur de la ciudad.

De los caminos que llevaban a Madinat al-Zahra destacan principalmente dos. El llamado "Camino de los Nogales" discurre al pie de la sierra, comunicando Madinat al-Zahra con la zona de canteras de Santa Ana de la Albaida y con las grandes vías que se dirigen al norte de al-Andalus. Del camino que la comunicaba con el norte de al-Andalus, atravesando la sierra, queda el puente sobre el río Guadiato.

El otro, conocido como "Camino de las almunias", traza un importante arco por el sur a través de las grandes residencias campestres emplazadas en la margen derecha del Guadalquivir. Fue la vía protocolaria por donde accedían las embajadas a la ciudad. 

El origen del mármol blanco, de Almadén de la Plata o de Estremoz (Portugal). De la sierra cordobesa se extrajeron la caliza violácea utilizada en solerías y los fustes oscuros de columnas. Los fustes rojizos y la caliza blanca en la que se labrarán los capiteles de la mezquita procedían de Cabra. La caliza blanda para la decoración parietal, de Luque. Y de Extremadura era el mármol blanco empleado en los capiteles y solerías.

El agua se obtenía de la parte alta de la sierra, y para su conducción se reutilizó el antiguo acueducto romano que abastecía Córdoba, que fue remodelado en algunos tramos, realizándose nuevas edificaciones como el acueducto-puente de Valdepuentes. En la proximidad de Madinat al-Zahra se construyó un ramal para su desvío a la ciudad. El agua entraba por la zona del Alcázar y se distribuía por medio de galerías subterráneas.

La circulación del agua por el interior del palacio constituye uno de los aspectos más destacados de Madinat al-Zahra, que poseyó una completa infraestructura de canalizaciones, tanto para distribuir el agua destinada al consumo humano y el riego de los jardines, como para expulsar las aguas residuales. Una gran conducción exterior penetraba en el palacio por el denominado “Callejón del Agua”, a partir del cual se desprendían tuberías de plomo para abastecer los diferentes edificios del sector privado como la Casa de Yafar, la Vivienda de la Alberca, etc…y finalmente las albercas de los jardines alto y bajo. Los mayores espacios ajardinados de al-Andalus estaban en Medina Azahara.



Junto al Jardín Alto se abre el Salón de Abderramán III. A la derecha, y unos 10 metros más bajo, se sitúa otro gran espacio ajardinado, separado del anterior por una gruesa muralla con torres. Los jardines se organizan mediante calles con acequias que rodean todos sus lados y otras dos cruzadas en el centro, dominando en cada uno cuatro grandes espacios. El agua necesaria para el riego se contenía en cuatro albercas en el Jardín Alto.

En las viviendas más importantes abundaban las pilas y las fuentes con surtidores que tenían una función estética y decorativa. El sistema de saneamiento y drenaje de las aguas residuales lo integran una compleja red de canalizaciones subterráneas de diferentes formas y tamaños que recogen las aguas de lluvia a través de los sumideros de los patios y las aguas negras procedentes de cocinas y letrinas.

La iluminación se realizaba mediante candiles y lámparas, y la cocción de alimentos a través de una gran variedad de ollas, cazuelas y anafes.





Tercer Bloque

Dedicado a los habitantes de la medina, dividido en tres grandes unidades que la componían: Medina, Mezquita y Alcázar.

La ciudad estaba compuesta por dos zonas perfectamente jerarquizadas: la Medina y el Alcázar como residencia del Califa y zona de gobierno y representación. Como espacio común e intermedio se situó la Mezquita Aljama. El conjunto estaba protegido por una muralla con torres y puertas de acceso.

Se puede apreciar que el Alcázar se sitúa en la zona norte, en una disposición más elevada, sobre la Medina. En el sector oriental, de trama más irregular, se asentaría la mayoría de la población con el zoco o mercado. A esta zona de la ciudad se accedía desde la muralla meridional.

La mayoría de la población vive en la Medina. Son los gobernados, entre los que se encuentran los ulemas, conocedores de las materias religiosas, los militares que hacen guardias en el Alcázar, los artesanos de los talleres califales, los servidores del Alcázar…, todos ellos acompañados por sus familias. Al igual que en las restantes ciudades islámicas, disponían de un zoco -espacio de mercado donde se sitúan las tiendas de los mercaderes-, donde se abastecían los habitantes.



Los productos se pagaban en moneda -dírhams de plata-, a menudo fragmentados para los pagos de menos cuantía. Se utilizaba un sistema de pesos y medidas oficialmente establecido y controlado, con instrumentos auxiliares como la balanza. También se encontraban en el zoco pequeños talleres de artesanos, como los que trabajaban el cuero; de su actividad quedan como testimonio algunos dedales.

La mayor parte del ajuar de una vivienda humilde estaba formado por piezas de cerámica común, ya sea para el uso de cocina (anafre o fogón, marmita, cazuela, tapaderas), el servicio de mesa, el almacenamiento y transporta (tinaja, jarra) o con usos varios (lebrillo).

La vigilancia del Alcázar y la Medina estaba a cargo de los militares residentes en la ciudad. Los talleres califales de piezas de lujo se encuentran en la Medina. En ellos trabajan artesanos expertos en la acuñación de moneda o la talla de marfil bajo la dirección de supervisores como el llamado Rasiq, cuyo nombre aparece en piezas de cerámica, metales o decoración arquitectónica.

De uso común para los habitantes del Alcázar y de la Medina, la Mezquita Aljama o principal se sitúa en un punto intermedio entre ambos, pero topográficamente inferior al Alcázar. 

De acuerdo con las teorías filosóficas del momento, esta ubicación muestra la supeditación del poder religioso al político.

La primera mezquita en al-Andalus con la orientación correcta hacia la Meca es la Madinat al-Zahra. Su planta dibuja un rectángulo dividido en una sala de oración de cinco naves y un patio porticado. El alminar, para la llamada a la oración, se ubica junto a la puerta principal del patio, al igual que el de la Mezquita de Córdoba.

Las inscripciones con citas coránicas aparecen en los frisos de la Mezquita Aljama de Madinat al-Zahra, donde se incluye el versículo 10 de la sura XXV, cuyo contenido alude al paraíso como recompensa divina, e induce a relacionar esta cita con la justificación religiosa de la construcción del Alcázar.


La Mezquita Aljama fue construida en el año 941, muy próxima al Alcázar. El fondo de la mezquita está cerrado por el muro de la Quibla, un muro orientado hacia La Meca, en el que los fieles musulmanes miran cuando rezan. En la Quibla se situaba el Mihrab que es un hueco donde el Imán dirige los rezos de los fieles.

Junto a la puerta norte de acceso se instaló una torre (alminar) desde donde el almuecín llamaba a los fieles a la oración. 

El Califa poseía un lugar reservado en el oratorio junto a la quibla, al que accedía desde el Alcázar por un pasadizo cubierto denominado “sabat”. 


El sabat cordobés era un pasadizo de comunicación entre el Alcázar y la Mezquita Aljama utilizado exclusivamente por los emires y los califas.

Toda construcción se realiza en piedra calcarenita y sus muros se recubren con mortero de cal y arena de colores almagra y blanco, sólo los edificios más relevantes se le suplementan placas de piedra esculpida. 

Madinat al-Zahra se concibe a mayor gloria del califa, que está en la cúspide de una estructura social muy jerarquizada. En los puestos más altos del escalafón se encontraban el príncipe heredero, los más altos dignatarios de la corte y del gobierno y algún preceptor, que son los escasos residentes en el Alcázar, asistidos por la guardia palatina y por servidores. Ocasionalmente son convocados consejeros y visires (ministros), y en las grandes recepciones participan los allegados a la familia califal y la alta jerarquía gubernamental junto a los poetas áulicos.

Por debajo del Califa todos son “gobernados”. Un reducido número de personajes gozan de la proximidad a su figura debido a las funciones que desempeñan o a su elevado status. Son los allegados al califa y constituyen la élite del Estado. La mayor parte de esos personajes provienen de unas pocas familias de origen árabe que han estado al servicio de la dinastía Omeya desde el siglo VIII.

A ese núcleo central se unirá un nuevo grupo en época de Abd al-Rahman III; son los esclavos del Califa, de origen europeo, jóvenes adquiridos y educados para los puestos de la administración y del ejército, donde llegarán a copar los más altos cargos. El edificio administrativo más relevante es el Salón Basilical Superior, y el funcionario más destacado es Ya´far, hayib (primer ministro) del Califa Alhaken II, cuya residencia es una de las más nobles.

La presencia de la ornamentación en forma de ataurique, en la puerta de acceso a la nave central, y el pavimento de mármol en las estancias, expresan la pertenencia de Ya´far a la élite política del Estado Omeya.




La Casa de Ya´far, el personaje más importante de la administración califal de Abderramán III, ostentaría ese cargo entre los años 961 y 971. Los elementos pertenecientes hipotéticamente a la Casa de Ya´far, labrados en mármol y con las basas decoradas, permiten identificar este edificio como uno de los más emblemáticos del Alcázar.

Las élites del Estado usan la vajilla vidriada policromada cargada de simbología, pues los colores dominantes son el blanco, color de la dinastía Omeya desde el Califato de Damasco y el verde, el color del Profeta. Estas cerámicas, producidas en los talleres oficiales, presentan una rica decoración, con una gran variedad de motivos vegetales, geométricos y figurativos.

También es habitual la decoración epigráfica, con términos como baraka (bendición) y, mucho más reproducido, al-muk (el poder), símbolo de la magnificencia califal. Diversos utensilios de la vajilla de mesa con la técnica del “verde y manganeso”: jarras, orzas, vasos, jarritos. Esta técnica es exclusiva de Madinat al-Zahra.

Un fragmento en pieza de mármol con inscripciones cúficas corresponde a un reloj de sol hallado junto a otros dos en el Alcázar de Madinat al-Zahra, en el espacio denominado el Patio de los Relojes. Es muy posible que se empleara para el control y organización de diversas tareas administrativas. Su presencia confirma un cierto grado de desarrollo de las ciencias como la astronomía y la geometría.

El ámbito de representación por excelencia lo constituye el Salón de recepciones, dominando el amplio Jardín Alto situado en el centro geométrico de la ciudad. Las recepciones del Califa en el Salón tienen lugar con motivo de las dos grandes fiestas religiosas anuales, la presentación del príncipe heredero o las audiencias a embajadores extranjeros. En ellas se sigue un estricto protocolo en el que participan los familiares del califa, los más altos cargos de la administración y los descendientes de Quraysh, la tribu del Profeta a la que pertenecen los Omeyas.

El Califa se sitúa en la cúspide de la jerarquía social. En el nivel inmediatamente inferior se encuentra el Príncipe heredero, el único de sus numerosos hijos que vive en el Alcázar. Entre los espacios reservados al Califa están su propia residencia privada, los edificios para la representación protocolaria y aquéllos en los que participa junto a la comunidad, como los actos religiosos de la Mezquita Aljama.

De su residencia privada, llamada Dar al-Muk (Casa del Poder), lo más significativo es su situación en el punto más elevado del Alcázar. En su proximidad se ubicarán las viviendas de sus mujeres. La residencia del Príncipe, identificada hipotéticamente con la Vivienda de la Alberca, se sitúa en el centro del Alcázar. 

La aparición pública del Califa constituye el acto central de la vida oficial de Madinat al-Zahra. El principal escenario donde se desarrolla el ritual de poder es sin duda, el Salón de Abderramán III, que es el edificio para las recepciones y celebraciones políticas. Otro lugar importante donde se muestra el mandatario omeya es al Gran Pórtico, En el centro de esa inmensa estructura formada por 14 arcos se levantó un pequeño templete, desde el que el califa pasaba revista a las tropas formada en la Plaza de Armas. Junto a estas apariciones, muy puntuales a lo largo del año, el califa acudía también cada viernes a la oración comunitaria celebrada en la Mezquita Aljama.

El refinamiento de sus costumbres higiénicas se manifiesta en el baño. Con tres espacios paralelos destinados a vestuario-sala fría, sala templada y sala caliente con bañera, calentada por un horno contiguo. Los pavimentos y la decoración parietal de mármol denotan su condición de estancias nobles (Vivienda de la Alberca y Habitaciones anejas al Salón de Abd al-Rahman III).

En los pequeños decoraban las entradas de vapor en el baño adjunto a la Vivienda de la Alberca. Los alfíces contienen fases propiciatorias para el califa, los nombres de los directores de obras y las fechas de realización.



Cuarto Bloque

Fin de la ciudad, los procesos de destrucción y expolio, y su devenir histórico hasta el comienzo de las excavaciones en 1911 y desde esa fecha hasta nuestros días.

La decadencia de Madinat al-Zahra se inicia a partir del 980, cuando Almanzor traslada todo el aparato de gobierno de Madinat al-Zahra a Madinat al-Zahira, la nueva ciudad que construye al este de Córdoba.

Entre 1010 y 1013, las luchas internas provocaron el fin del Califato Omeya, lo que supuso el comienzo del saqueo y destrucción de la ciudad, intensificados durante las dominaciones de los almorávides (1091-1148) y sobre todo, de los almohades (1148-1236). 

Lamentablemente, el legado de Almanzor no fue parejo a su gran obra en vida. Pese a haber llevado al Califato a la cima del poder político y militar, sentaría el caldo de cultivo para la desintegración y destrucción definitiva de Al Andalus, al vaciar de contenido la figura del Califa, menospreciando su prestigio. 

Por otro lado, provocaría una verdadera guerra civil entre sus descendientes y los sucesores de Hixem II. Su muerte sería la consecuencia de que el Califato de Córdoba estuviese sumido en un continua fitna cuyo resultado final será la descomposición del Califato del que nacerían los Reinos de Taifas.

La quiebra del Estado Califal en los comienzos del siglo XI produjo el abandono definitivo de la ciudad y el comienzo de su expolio. En 1010 la población de Córdoba realiza el primer saqueo en la Mezquita Aljama. Dos años después, durante la guerra civil uno de los tres pretendientes al Califato instala su ejército beréber en la ciudad, con el resultado de la ruina del Alcázar.

La vida de Madinat al-Zahra duró poco más de setenta años. Su expolio se prolongaría a lo largo de siglos. Durante el siglo XI se saquean los materiales más ricos: capiteles, columnas, mármoles decorativos, objetos suntuarios…que llegan a los lugares más diversos como los reinos de taifas del siglo XI, las capitales almohades de Marrakech y Sevilla, catedrales de Tarragona, Gerona y Braga, palacio de Pedro I en los Reales Alcázares de Sevilla…

Tras la conquista cristiana de Córdoba en 1236 por Fernando III el Santo, Madinat al-Zahra se convirtió durante siglos en cantera inagotable de materiales de construcción para los edificios civiles y religiosos de Córdoba. El Alcázar y la Medina se desmantela y los sillares se emplean en numerosas construcciones de la ciudad de Córdoba, como el cercano Monasterio de San Jerónimo, fundado a comienzos del siglo XV.




Visita a la mítica ciudad de Madinat al-Zahra

Con todos estos mimbres almacenados en nuestra retina comienza nuestra grata visita a las ruinas de la antigua Madinat al-Zahra.

Entramos por la puerta norte, abierta en el centro de la Muralla. Esta puerta enlazaba con el Camino de los Nogales que era la vía de comunicación más rápida con Córdoba y por donde se abastecía el palacio (Alcázar), de alimentos y materiales de construcción.

A medida que descendemos por las terrazas se puede dos zonas perfectamente visibles: la Medina y el Alcázar como residencia del Califa y zona de gobierno.

La gran arquería fue concebida para impresionar. El Gran Pórtico era la entrada emblemática, simbólica y ceremonial al Alcázar, concebida para deslumbrar a los visitantes. Sus 14 arcos abiertos ocupan todo el lado oeste de la Plaza de Armas. Es probable que el califa pasara revista a la formación del ejército desde un mirador situado sobre el arco central. Este Gran Pórtico se edificó en los últimos años del califato de Abd-al.Rahman III o en los primeros años de su hijo al-Hakam II.

Para los árabes, el agua era un "bien divino" y el principio de la vida. Por tanto, transformaron el territorio de Al-Andalus desde su llegada hasta el siglo XV gracias a su gran cultura sobre los recursos hídricos que potenciaron construyendo las azudas (del árabe as-sudd, presa) y los molinos con sus ruedas hidráulica o sigalla, para elevar el agua del río con sus cagilones y encauzarla a una acequia destinada a riegos y fuentes, norias, aceñas o molinos harineros de agua, albercas, aljibes, alcorques o agujeros alrededor de los árboles para almacenar el agua de riego, los azarbes que eran acequias que transportaban las aguas sobrantes del regadío para devolverlas al río. En terrenos abruptos como la sierra utilizaban el cultivo en terrazas. En la agricultura, los árabes revolucionaron las tareas del campo con nuevos métodos de cultivo, injertos, etc… Las huertas brillaron con luz propia con nuevas hortalizas como la berenjena, la alcachofa, la endivia, el espárrago. Nuevas frutas como la granada, el melón, la cidra y los albaricoques. Los árabes introdujeron la palmera ya que la única palmera autóctona de Europa era el palmito. En urbanismo,la medina era el núcleo urbano, el zoco lugar de encuentro, la mezquita lugar de oración con su madraza para realizar estudios. 

Es digno de resaltar la higiene pública en su época ya que en las viviendas existía un aseo y alcantarillado al mismo tiempo que alumbrado en los siglos IX y X con baños públicos. También es digno de destacar la artesanía que hunde sus raíces en tiempos muy pretéritos destacando una notable diversidad en la alfarería, forjas, albardonería, talabartería y un largo etcétera. Legado cultural que ha sido transmitido desde los antiguos gremios hasta nuestros días.


Conclusiones

Los príncipes Omeyas legaron a la antigua Córduba su máximo esplendor como ciudad más culta e importante de Occidente pero su despotismo, intrigas y opulento estilo de vida generaron un caldo de cultivo, en el que los antígenos de la destrucción se iban generando a través de las tropas bereberes como clase social más descontenta e inferior.

Abú Amir Muhammad ben Amir al-Maafirí, conocido por al-Mansur “el Victorioso” deslegitimó la dinastía debilitando la figura del Califa Hisham II, -hijo de Alhaken II- al ser demasiado joven para reinar. Al carecer el Califato ya de hombres de prestigio personalizados en la figura del Califa estalla en 1009 una “fitna” o guerra civil que destruyó Madinat al-Zahra y toda su configuración política. 

La destrucción de Madinat al-Zahra "la ciudad brillante" por el bereber al-Mustain llevó definitivamente a la ruptura. Con ello se produce el desmoronamiento definitivo de la unidad política de al-Ándalus en Reinos de Taifas que se hundirán progresivamente al ser presionados por los cristianos a partir de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

El esplendor de Madinat al-Zahra, apenas duró 75 años al ser saqueada en el 1010 durante la guerra civil (fitna) que desmembró el Califato destrozando la ciudad más bella de Occidente, dando lugar a los reinos de Taifas o banderías.

Los almorávides irrumpieron desde el norte de África en Al-Ándalus en 1086 y unificaron los Reinos de Taifas bajo su poder desarrollando su propia arquitectura. Posteriormente se impuso un islamismo ultra-ortodoxo por parte de los almohades que destruyó prácticamente todos los edificios almorávides.

A partir de 1212, las tropas cristianas empezaron a llamar Andalucía aquéllos territorios que iban conquistando (la antigua Isbiliyya, Qurṭuba, Jayyan) hasta llegar a la antigua Elvira (Granada) el 2 de enero de 1492 como epílogo de la presencia andalusí en la Península Ibérica desde el año 711.

La progresiva destrucción durante los siglos sucesivos fueron borrando del ideario colectivo una parte muy importante del legado de Madinat al-Zahra donde en tiempos pretéritos árabes, cristianos y judíos convivieron en paz sembrando la semilla de la tolerancia.

Después de siglos de olvido y saqueo, hacia mediados del siglo XIX Madinat al-Zahra es identificada con el campo de ruinas conocido como Dehesa de Córdoba la Vieja. Será en 1911 cuando den comienzo la historia de su recuperación como uno de los mayores yacimientos arqueológicos de Europa cuyo proceso de recuperación abarca hasta nuestros días. 

Actualmente sólo se ha excavado un 11% de la superficie total y permanece abierta al público alrededor de un 5%.

Desde la antigua Madinat al-Zahra, para el blog de mis culpas...



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Exposición "Morón, un milenio del Reino de Taifa"



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