jueves, 28 de julio de 2016

Entre Tarifa y Gibraltar

Desembocadura del río Barbate. Foto: Pablo Buzeta





Desde Morón, tierra de la Cal y del Flamenco enarbolamos nuestras frágiles naves en busca de la costa de Taraf al-Ghar (Trafalgar) “el cabo de las cuevas”, muy cerca del río Barbate en la comarca de la Janda, donde no pocos historiadores ubican la célebre batalla del Guadalete en el 711 como punto de inflexión entre el epílogo del mundo visigodo y el prólogo de la cultura andalusí, para orientar desde allí nuestro sextante -entre torres albarranas como baluartes defensivos-, en busca de la capital europea del viento -Tarifa-. 




La retina del recuerdo me proyecta nuestra primera visita a Tarifa comprobando “in situ” el dicho existente en la capital europea del viento “la madre que parió al poniente y la madre que parió al levante”, donde el actor principal “el dichoso viento” protagoniza la vida de sus habitantes, que a veces desarbolan nuestros sentidos.

Etimológicamente, es posible que Tarifa provenga de Tarif ibn Mallik, caudillo de Gib al Tarik que desembarcó con un ejército de bereberes, actuando como cabeza de puente para la entrada del Islam en España ya que contaba con la complicidad del gobernador del Estrecho, el Conde don Julián.


Monumento a Guzmán "El Bueno" en Tarifa

En Tarifa brilla con luz propia el castillo de Guzmán el Bueno dominando el puerto, desde donde se observa el puente de la Isla de la Paloma, que separa el antiguo “Mare Nostrum” del Imperio Romano -al estar todas sus orillas bajo su influencia-, del Océano Atlántico. Tarifa es el punto geográfico más meridional de España y de Europa.

Desde Tarifa colocamos nuestro sextante hacia el mirador del Estrecho en busca de la antigua “Al Yâzira al-Jadra” (Algeciras) con Gibraltar “Yebel al-Tarik” en nuestro punto de mira donde la mitología ubicaba una de las dos "Columnas de Hércules". Una atalaya excepcional donde se pueden observar las primeras estribaciones del continente africano, destacando el Monte Musa denominado “El guardián de África”, donde se ubicaba la otra “Columna de Hércules” que limitaban el mundo conocido por la cultura de su época.

África, al fondo de la imagen.

Las Columnas de Hércules delimitaban el fin del mundo conocido hasta 1492 “Non terrae Plus Ultra (no hay tierra más allá). Más allá sólo existían tinieblas. Los griegos las denominaron “Estelas de Heracles” y los romanos “Columnas de Hércules”. La columna norte corresponde a la columna denominada “Calpe” que coincide con el Peñón de Gibraltar (424 m.s.n.m.) pero la columna sur denominada “Abila” se le atribuyen dos elevaciones: la denominada Yebel Musa (840 m.s.n.m.) en Marruecos que domina el litoral meridional del Estrecho o el Monte Hacho, de 180 m.s.n.m. en Ceuta (Septem).

La conversión al catolicismo de Recaredo en el 587 será el epílogo de la relativa tolerancia religiosa que había existido hasta entonces en el reino visigodo de Toledo. A partir de ese momento, los arrianos serán considerados como herejes y los judíos sufrirán una brutal persecución a lo largo del siglo VII. Se estaba generando un caldo de cultivo cuyos antígenos contribuirán al colapso y posterior desintegración del estado visigodo.


El rey Witiza (702-710) nombró como sucesor a su hijo Agila II pero el concilio de nobles y prelados eligieron a Roderico (Don Rodrigo), lo que dio lugar a una guerra civil que propició la invasión musulmana al solicitar los partidarios de Witiza la intervención de las tropas musulmanas en su ayuda con la complicidad del Conde don Julián, gobernador visigodo de Septem (la actual ciudad de Ceuta) que puso sus embarcaciones al servicio de las fuerzas de Tariq ibn Ziyad para cruzar el Estrecho contra don Rodrigo al sentirse ultrajado según cuenta la tradición.


En aquellos tiempos era costumbre que los nobles enviaran a sus hijos a educarse en la Corte de Toledo, con la intención de buscar un buen partido al encontrar una esposa noble con quien casarse. Cuenta la leyenda que el conde Don Julian había llevado a su hija Florinda a la corte de Toledo, que sería escogida entre las doncellas del séquito real y éste abusó de ella. La joven indignada escribió a su padre, contándole lo sucedido. El conde Don Julián acudió a buscarla a Toledo y se la llevó con él a Ceuta.

El conde Don Julian- al parecer un hombre de confianza de Witiza- decidido a vengarse tan pronto regresó a su fortaleza. Se puso en contacto con Muza, -el gobernador musulmán de la región-, al que informó de las continuas luchas internas existentes entre los godos, y le prometió que, con su ayuda y la de sus amigos -Rícila y los hijos de Witiza— podrían invadir la Península y conseguir un gran botín.

Después de consultar con el califa de Damasco, Muza ofreció al conde Don Julián la ayuda del comandante Tarif ben Malluk y de un contingente de cien caballeros y trescientos peones.

El conde Don Julián apoyado por los musulmanes, desembarcaron en Gibraltar, saqueando Algeciras y otros lugares de la costa para posteriormente regresar con un importante botín. En vista del éxito de la expedición, Muza le proporcionó al conde Don Julián doce mil guerreros. El conde Don Julián y Tarif transportaron a su ejército en naves de mercaderes, para tratar de no llamar la atención de los godos…

El rey Rodrigo, enterado del desembarco de este ejército, envió contra él a su sobrino Íñigo quien sería derrotado y muerto en combate. Las tropas invasoras, después de haber llegado hasta Sevilla y saqueado todo lo posible, regresaron a África. 

Reunidos Muza, Tariq y el conde Don Julián, decidieron hacer una nueva invasión. Esta vez no incluyeron al conde Rícila —el gobernador de Tánger— pues lo consideraban un aliado problemático. La desconfianza había motivado que los hijos de Witiza regresaran a la Península. Tarif les ofreció la corona real a los hijos de Witiza si desertaban, lo que facilitó que el conde Don Julián y sus soldados rompieran las filas de Don Rodrigo en julio del 711.

La batalla de Guadalete “Wadi Lakka” en el 711 señala un punto de inflexión entre la desintegración del estado visigodo y el Islam como civilización emergente en España. Existen historiadores que sitúan la célebre batalla en el río Barbate, en la Laguna de la Janda, un punto geográficamente con más lógica para cualquier observador que conozca la zona, al ser la puerta de entrada por mar a la antigua Hispania visigoda.



Es difícil de creer que sólo unos miles de musulmanes sin una Marina adecuada y “sin una invitación previa” pudiesen atravesar el peligroso Estrecho de Gibraltar y conquistar un vasto territorio que le llevó al Imperio Romano varios siglos de conquista (desde 218 a.C. hasta el 19 a.C.).

En el siglo VIII, fracasa el Estado teocrático visigodo, seguido por una guerra civil entre los partidarios del cristianismo trinitario (Padre, Hijo y Espíritu Santo) encabezados por Roderico y los partidarios del arrianismo (cristianismo con un solo Dios) encabezados por los partidarios de Witiza. 

La fusión del Islam con el arrianismo visigodo trajo como consecuencia la posterior cultura andalusí. Por tanto, la religión ha actuado como elemento vertebrador y desintegrador del Estado visigodo, en función de sus intereses y privilegios. Al mismo tiempo una nueva religión actúa como eje vertebrador de una otra civilización: “El Islam” que volvería a desintegrarse en Al Andalus varios siglos después para volver a ocupar la religión cristiana la hegemonía a partir de 1492 con la conquista de la antigua Garnatha. 

La expulsión de los judíos el 31 de marzo de 1492 y el posterior exilio de Boabdil fue el preludio de la diáspora de los moriscos a partir de 1609.

Desde Tarifa pusimos nuestro mascarón de proa en busca de la antigua “Al Yâzira al-Jadra”, la península verde "Algeciras" con nuestro punto de mira en Gibraltar, la antigua “Yebel al-Tarik” andalusí que fuera el origen durante el siglo XVIII y comienzos del XIX de la "Ruta Romántica" o el "Camino inglés" cuyo destino será Ronda "la ciudad soñada", pero eso formará parte de otra interesante historia.


Desde la zona de Tarifa para el Blog de mis culpas...


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