lunes, 10 de octubre de 2016

Baelo Claudia "la enésima visita"

Colosal estatua togada del Emperador Trajano procedente de Baelo Claudia.
Museo de Cádiz


“Belon es el puerto donde generalmente se embarca hasta Tingis, en Maurusia. 
Es también un mercado y tiene fábricas de salazón”

 Estrabón: Geografía III, 1, 8

Es cierto que tener un blog puede ser la excusa perfecta para conocer mejor Andalucía y sus lugares de interés. Por tanto, mientras que nuestras ilusiones ocupen mayor espacio en nuestras frágiles “entendederas” que el peso de nuestros recuerdos, continuaremos  “cavilando” para poner en valor nuestro legado cultural, como si de un grato “síndrome del autodidacta” se tratara. De esta manera, podremos seguir compartiendo nuestras rutas culturales con nuestros amigos, que tienen la infinita paciencia de continuar leyendo nuestras humildes letrillas en el blog de mis culpas, nacido en la tierra de la Cal, del Flamenco y de nuestra propia esperanza.


Desde nuestra base logística en Barbate, pusimos por enésima vez viento en popa hacia “la madre que parió el viento de levante”, transitando por la N-340 “Cádiz-Málaga” hasta la altura del punto kilométrico 70.2 donde nos desviamos por la carretera comarcal que se dirige a Bolonia, a unos 8 km. en busca de la ensenada con su mismo nombre cuya bella panorámica impregna nuestros sentidos. 

La Costa de Trafalgar comprende los términos municipales de Conil de la Frontera, Vejer de la Frontera, Barbate y Tarifa. Se extiende por más de 40 km, de playas de arena dorada y entornos salvajes.

Allí se encuentra nuestro destino, “la antigua ciudad romana de Baelo Claudia”, donde en primer lugar visitamos el Museo Arqueológico que fuera realizado por el arquitecto sevillano Guillermo Vázquez Consuegra, que fuera inaugurado en el año 2007. Allí nos ilustramos de su historia captando nuestra retina un reloj solar del siglo I d.C. labrado en mármol, posiblemente ubicado en el Foro.



El reloj de sol de Baelo Claudia en el siglo I estaba situado posiblemente en el foro de la ciudad. La esfera del reloj es una proyección cónica de la esfera celeste. Tres líneas transversales representan el recorrido del sol durante los equinoccios y solsticios de invierno y verano. Once líneas longitudinales marcan los círculos horarios, que dividen en doce espacios iguales la línea de los equinoccios. Está realizado en mármol de una sola pieza. El original se encuentra en el Museo Arqueológico de Madrid.

Baelo Claudia está delimitada por los cabos Paloma y Camarinal y escoltada por las defensas naturales, como son las elevaciones de la Loma de San Bartolomé al este, y la Sierra de la Higuera y Sierra de la Plata al oeste, que cierran el paso hacia el interior. El único punto de acceso en la época romana era el puerto de Bolonia, lo que le permitía controlar el acceso hacia la salida occidental del Estrecho, las ensenadas de Bolonia, Zahara y Valdevaqueros en el término de Tarifa y la llanura de la Janda por su parte occidental.

El emplazamiento de Baelo Claudia corresponde al tipo “oppidum”, al estar defendido por las defensas naturales. Esta situación geoestratégica será decisiva para su desarrollo al tener próxima la costa norteafricana y el Estrecho donde el flujo migratorio de los atunes se desplazan cada año desde el Océano Atlántico hasta el Mar Mediterráneo.



Haciendo una breve historia, a finales del siglo III a.C. el ejército romano desembarcó en las costas de la Península Ibérica para frenar el avance de los cartagineses, con lo que se disputaron el dominio del Mediterráneo Occidental. La victoria romana en el 206 a.C. en la batalla de Ilipa (Alcalá del Río), supuso el final de la Segunda Guerra Púnica y la expulsión definitiva de los cartagineses de Hispania. 

Será a partir de este momento cuando Publio Cornelio Escipión Emiliano “El Africano” al derrotar a los cartagineses en la Segunda Guerra Púnica, el Imperio Romano comienza a llamar al Mar Mediterráneo “Mare Nostrum”.

Con la firma de un pacto o foedus, la Gadir fenicio-púnica -la actual Cádiz- abrió sus puertas a los ejércitos romanos, manteniendo su organización administrativa a cambio de contraprestaciones económicas y de un compromiso de alianza. Su estatus de ciudad federada le eximía de pagar el “stipendium” y le permitía mantener sus costumbres, instituciones e idiosincrasia particulares, así como su capacidad para legislar, acuñar moneda y comercializar con entera libertad. Desde este momentos la acción de Roma fue imparable, y aunque tuvo que vencer la resistencia de numerosos pueblos consiguió su propósito de doblegar a cántabros y astures.

Durante el reinado de Augusto, en el año 19 a.C., se inició un periodo de paz, la “Pax Augusta”, que significó la integración plena de Hispania en la órbita romana.


Baelo Claudia se convirtió en un importante emporio donde se concentraba el comercio marítimo. Algunas fuentes escritas nos indican que era un puerto de unión con la vecina Tingis, la actual Tánger. Esta circunstancia hace que la ciudad alcance cierta pujanza bajo el emperador Claudio (41 a 54 d.C.) que le otorga el rango de municipio romano. Su declive económico se inicia en la segunda mitad del siglo II, seguramente por el terremoto que debió asolar la ciudad por aquellas fechas. Sin embargo, en el siglo III experimenta un ligero rebrote del comercio tras el cual la ciudad cae poco a poco en decadencia hasta su total abandono en el siglo VII.

Una de las referencias escritas más antiguas dentro de la tradición historiográfica, referentes a la ciudad de Baelo, la encontramos en la Historia de Gibraltar (1782) de Ignacio López de Ayala, escritor e historiador español del neoclasicismo donde aparece el nombre de Belón en referencia a Baelo Claudia:

…tal vez es el antiguo Belón grande población a la orilla del mar, i el puerto más frecuentado según Estrabón para pasar al Africa…”


La riqueza pesquera del Estrecho facilitó desde fechas tempranas el asentamiento de poblaciones en sus costas para la explotación de los recursos del mar. De la misma manera, el descubrimiento y la práctica de la navegación permitieron la comunicación entre sus dos orillas. El Estrecho de Gibraltar es el punto más meridional de Europa caracterizado por ser la cuna y paso de culturas milenarias al estar interconectadas Europa y África.

Su privilegiada situación, entre dos aguas, el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico, entre dos Parques Naturales -el de los Alcornocales y el del Estrecho-, y entre dos continentes, África y Europa, ha dotado a este territorio de gran atracción por parte del hombre. El entorno terrestre de Baelo, está constituido por sierras litorales y acantilados con pequeñas calas aptas para el resguardo de embarcaciones.



Un alto grado de romanización de la ciudad y su desarrollo urbano hicieron posible desde fechas muy tempranas su rápida incorporación a la organización jurídico-administrativa de Roma. Para articular mejor el control, Hispania fue dividida en varias provincias, divididas a su vez desde la época de Augusto en “conventus” que estaban integrados por ciudades, unidades fundamentales en la vida político-administrativa y núcleos donde se desarrollaba la actividad económica, política y religiosa de la comunidad.

Baelo Claudia formaba parte de la provincia Bética, que estaba a su vez dividida en cuatro conventos jurídicos, cuyas capitales eran Corduba (Córdoba), Astigi (Écija), Hispalis (Sevilla) y Gades (Cádiz).


La actual provincia de Cádiz era una parte de la circunscripción administrativa del “conventus” gaditano, que abarca la mayor parte de la zona costera de la provincia de la Bética. Además de Cádiz, sus núcleos de población más importantes fueron Abdera (Adra), Sexi (Almuñécar), Malaca (Málaga) o Hasta Regia (cerca de Jerez de la Frontera).

Baelo Claudia era el centro religioso y administrativo de un territorio que se extendía por el oeste hasta Baesipo (Barbate) y por el este hasta Mellaria, la antigua ciudad costera, situada en la ensenada de Valdevaqueros en Tarifa que fuera citada por Plinio el Viejo, Estrabón y Plutarco. Por el interior la influencia de Baelo debía ser mayor, ya que las ciudades más próximas como Asido (Medina Sidonia) o Lascuta (en las proximidades de Alcalá de los Gazules) se encontraban bastante alejadas. 


Baelo Claudia estaba bien interconectada. Dos de las puertas daban paso a la vía de la costa. De la puerta este partía la calzada que unía con Carteia, y de la oeste el tramo que conducía a Gades. Son mucho los testimonios de sus relaciones con ciudades norteafricanas, principalmente con Tingis (Tánger), de donde procedían sus ladrillos con los que se construyeron sus termas.

Los hallazgos numismáticos parecen confirmar que la ciudad de Bailo (nombre que aparece en las monedas) se habría fundado hacia finales del siglo II a.C. La ciudad tiene algo más de 13 hectáreas con una configuración urbanística adaptada a la topografía del terreno a base de terrazas perpendiculares a la pendiente y escalinatas. En ninguna otra parte de la Península Ibérica es posible extraer una visión tan completa del urbanismo romano como en Baelo Claudia enmarcado bajo un espectacular paisaje que impregna la retina del viajero. 

Baelo Claudia representa un claro referente para el conocimiento del urbanismo romano y la vida en una ciudad durante el Imperio Romano. Allí se localizan todos los elementos representativos que constituyen la esencia de una ciudad romana, es decir: el foro, los templos, la basílica, los edificios de carácter administrativo como la curia, el archivo, el mercado, el teatro, las termas, el barrio industrial, los acueductos, la muralla completa, etc.

Las vías por la que se articula Baelo Claudia sobre un trazado perfectamente regular se caracterizan por seguir con exactitud los modelos urbanísticos de Roma, con calles perpendiculares entre las que destacan dos principales: el “Decumanus máximus”, con orientación este-oeste, y el “Cardo máximus”, de norte a sur. En la unión de ambas se solía situar el Foro fechado en el siglo I d.C. como el auténtico corazón de la ciudad. Una gran plaza pública rectangular pavimentada de 37x30 metros en torno a la cual se sitúan una serie de grandes edificios administrativos, políticos y religiosos.


Sabemos que estaba porticada en sus lados este y oeste. En el lado norte del Foro se localiza una terraza o rostra, elevada sobre la plaza, desde donde los oradores realizaban sus discursos políticos. Detrás de ésta se encuentra una fuente monumental revestida de mármol. A ambos lados, se localizan las escalinatas que dan acceso a la plataforma de los Templos.

En el centro de este lado encontramos una fuente monumental revestida de mármol que cumplía una doble función como elemento ornamental y práctico, al servir de drenaje de las infiltraciones de agua de lluvia procedentes de las terrazas superiores. A los lados se observan las escalinatas por donde se accede a la plataforma de los tres templos dedicados a la Tríada Capitolina, que dominan el conjunto. El lado sur estaba ocupado por la Basílica, edificio destinado a la administración de la justicia.. En el lado oeste tendríamos la Curia o senado local. Al este había una serie de tiendas (tabernae) que pierden su función cuando se construye el mercado.

El Decumanus Maximus conserva su enlosado original y su ondulación refleja los terremotos que sufrió la ciudad. Se orienta al oeste coincidiendo con dos de las puertas de acceso. A lo largo de su trazado se disponían tiendas, el edificio del mercado público y la plaza sur del Foro. Presentaba pórticos a ambos lados, en algunos tramos elevados sobre el nivel del pavimento central, de los que se conservan capiteles y otros elementos de variada morfología. De la ausencia casi total de rodaduras de carro sobre las losas se puede deducir que el Decumanus Maximus constituiría la calle principal de comercio y de relación social pero no debió ser lugar por donde se desarrollaba el tráfico rodado.

La Basílica construida en el siglo I d.C. era la sede local de la administración de justicia y uno de los grandes edificios públicos de Baelo. Ocupaba el lado sur del Foro, al que abría tres puertas, mientras existía un único acceso desde el Decumanus Máximus. De planta rectangular, contaba con un único espacio con columnas que sostenían un segundo piso con una galería abierta al patio central, en el que se desarrollaba la actividad cotidiana de jueces y magistrados.



Una estatua colosal del emperador Trajano, dispuesta sobre un pedestal revestido de losas de mármol, presidía la sala. La figura de Trajano representa al primer emperador de origen hispano vestido con toga y apoyado en el cuerno de la abundancia. La estatua original se conserva en el Museo de Cádiz.

La Basílica fue destruida por el gran terremoto que afectó a la ciudad a comienzos del siglo III d.C.

En el extremo sur del Cardo de las Columnas hubo a principios del siglo II de nuestra era dos grandes casas privadas -domus- de similar calidad y estructura interna: la Casa del Oeste y la Casa del Reloj de Sol. Tenían superficies similares, unos 500 metros cuadrados con piso superior. Se organizaban en torno a un patio, alrededor del cual se disponían habitaciones con paredes estucadas y decoradas con motivos pintados de tipo vegetal y geométrico. La fachada orientada a la calle principal presentaba una galería soportada por columnas que acogía tiendas “tabernae”. Estas viviendas pudieron pertenecer a los distintos comerciantes o propietarios de la factoría de salazón.


Las estatuas e inscripciones eran muy abundantes en las ciudades romanas. Las excavaciones desarrolladas en Baelo Claudia han sacado a la luz interesantes elementos escultóricos que formaron parte de la ornamentación de edificios públicos Estaban dedicados no sólo a la casa imperial o a las divinidades, sino también a miembros de las oligarquías locales. 




El teatro de Baelo Claudia aprovecha la pendiente natural para asentar el graderío. Fue edificado en la segunda mitad del siglo I a.C., perdiendo su función en el siglo III d.C. El muro exterior presenta nueve entradas abovedadas que dan acceso a los distintos niveles del graderío o cavea. El público accedía a las distintas zonas según su condición social a través de unas puertas labradas en piedra denominadas vomitorios. 



La “orchestra” era accesible desde las puertas laterales. Estaba delimitada al sur por el escenario, una construcción rectangular que se apoyaba en las “parascaenia” o vestíbulos laterales. El “pulpitum” separaba la orchestra del escenario y estaba revestido de mármol y estucos pintados. El muro de la escena “scanea” disponía de cinco puertas que facilitaban el movimiento de los actores.

La “Tríada Capitolina” conformaba el centro religioso de Baelo Claudia. Estaba formada por el templo de Júpiter “padre de los dioses romanos”, Juno “diosa del matrimonio y esposa de Zeus” y Minerva “diosa de la sabiduría, de las artes y de la guerra” y se alzan sobre el enlozado de la plaza pública “Forum”. La triada representaba la religión oficial de la urbe y que conformaba el centro sacro de Baelo. Su situación dominante no es casual y simboliza la sumisión de la vida administrativa y política a la divinidad bajo cuya protección se desarrolla la vida ciudadana. Se trata de tres edificios independientes, separados entre sí por estrechos pasajes. 

A partir del siglo I proliferan en el Imperio los cultos de origen oriental, entre ellos el de Isis, localizado al lado del Capitolio, que era en la mitología egipcia la esposa de Osiris y vencedora de las potencias nocturnas. Llegó a ser considerada como Principio Femenino Universal, "diosa entre las diosas". El templo dedicado a Isis en Baelo Claudia se localiza en un lugar preferente de la ciudad, dominando el foro y junto a los dedicados a la Triada Capitolina. Ello indica la importancia que tuvo aquí su culto.



Baelo Claudia tuvo tres áreas de necrópolis, dos de ellas situadas a lo largo de las salidas este y oeste de la ciudad (Carteia y Gades), jalonando el camino, y otra posterior junto a la muralla oriental, entre las puertas este de los decumenus y del teatro, cercano al acueducto de Punta Paloma. La más conocida es la necrópolis sureste, en la que encontramos dos ritos funerarios: la incineración, entre el siglo I a.C. y I d.C., y la inhumación, de los siglos III y IV.

La forma más sencilla de enterramiento es la fosa excavada en la tierra y compuesta por dos elementos: la urna cineraria y los vasos de ofrendas. Otros enterramientos más complejos son los pequeños monumentos funerarios en forma de cubo y de paralelepípedo, y las cuppae; los mausoleos de dos cámaras; los recintos funerarios con torre; y los enterramientos turriformes, que tienen su origen en Egipto, aunque en este caso el modelo debió tomarse directamente del norte de África, donde este tipo de tumbas había alcanzado gran difusión.

Una característica singular de la necrópolis de Baelo es el empleo de betilos: piezas cilíndricas o troncónicas con o sin base, labradas en piedra caliza; otras veces son simples guijarros de cuarcita que intentan representar un torso humano. Se colocaba al exterior del monumento funerario de cara al mar. Los betilos aparecen en Baelo desde momentos de Claudio hasta al menos el siglo III d.C.


En Cádiz se han producido numerosos hallazgos funerarios de la época romana, sobre todo en el istmo “la actual Puerta de Tierra”, lugar por donde discurría la Vía Augusta. Los enterramientos se disponían en torno a esta calzada y otros caminos secundarios, organizados en áreas separadas por muros o alineaciones de ánforas clavadas en la arena.

Coexistieron los rituales de inhumación, de tradición fenicio-púnica, y cremación, que comenzó a practicarse con la incorporación de la ciudad a la órbita romana. Hay gran variedad de enterramientos: fosas en la arena, tumbas construidas con sillares de piedra ostionera, con tegulae (tejas), enterramientos infantiles en ánforas, “columbarios”, tumbas familiares con cámaras subterráneas provistas de varios nichos, etc. Era muy habitual señalizarlas con cipos y estelas, elementos de tradición fenicio-púnica, aunque también se localizan pedestales y altares funerarios en mármol, elementos más relacionados con las costumbres romanas.




En época romana las termas fueron edificios destinados a la higiene y al ocio. Podían ser lujosas (thermae) o de reducidas dimensiones (balnea). Su mayor o menor importancia derivaba de la importancia de la ciudad, de la villa rústica o del yacimiento en el cual se encontrasen, pudiendo por ellos ser edificios públicos o privados. En Hispania todas las ciudades disponían de uno o varios complejos termales, que permitían el baño o la relajación. Contaban con espacios con zonas frías (frigidania), templadas (tepidaria) o calientes (caldaria), junto con piscinas, bañeras, saunas y salas de uso diverso como vestuarios, palestra. Eran lugares importantes para la reunión y ostentación social.

Las termas romanas constituyen los antecedentes de los baños árabes (hamman) y los actuales balnearios.

Baelo Claudia contó al menos con unas termas urbanas en el interior de la ciudad, situadas al oeste del foro. La pujanza económica de esta ciudad pesquera conllevó la construcción de un segundo complejo termal en el extremo suroeste de la ciudad, localizado en recientes excavaciones arqueológicas fuera del recinto amurallado y junto a la playa. Ambos edificios fueron construidos en la primera mitad del siglo II d.C. en época de Trajano o Adriano, los grandes emperadores hispanos.

Los espacios termales requerían la constante presencia de agua, que llegaba a estos edificios a través de acueductos y cisternas. La abundante presencia hídrica hacía necesario el uso de suelos impermeables realizados con un tipo de revestimiento romano denominado “opus signinum”.

Para poder calentar algunas de esas habitaciones se conectaban con hornos situados al exterior. De esa manera, el aire caliente se introducía bajo los suelos de las estancias denominados "hipocaustos". Y desde allí al techo a través de dobles tabiques en las paredes -concamerationes-, permitiendo su correcta distribución por las habitaciones calefactadas. Para ello, se utilizaron ladrillos de formas especiales.

La búsqueda de la ostentación en las termas, se consiguió decorando las paredes con pinturas, mosaicos y mármoles, logrando decoraciones de la máxima calidad. Las excavaciones de Baelo Claudia han sacado a la luz restos de mosaicos polícromos decorados con temática marina como peces, cefalópodos, etcétera, cornisas y placas de mármol de diversas calidades y colores procedentes de las distintas canteras de Hispania y Portugal.

Las termas marítimas de Bolonia se situaron fuera de la muralla y en primera línea de costa, junto a las instalaciones portuarias.

Durante las excavaciones coincidentes con la esquina noroeste durante los años 2011 a 2013 se ha descubierto una parte mínima del complejo, gracias a la cual se puede asegurar que estos baños fueron de mayores dimensiones que los ubicados dentro de la ciudad.

Actualmente se conoce una cisterna, situada a mayor altura, que permitía el suministro de agua procedente de un cercano acueducto. Fue construido en el siglo II d.C. en un momento de gran pujanza económica para Baelo Claudia, gracias a la importancia de sus almadrabas y pesquerías. Estuvieron en uso durante unos 200 años, abandonándose en época del gobierno de los emperadores Diocleciano o Constantino, es decir a finales del siglo III o inicios del siglo IV. Antes de su abandono fueron parcialmente expoliadas.


Pero el aspecto fundamental de Baelo Claudia lo constituía el agua dulce al precisar de un caudal considerable y constante para la vida, la industria y las termas públicas y privadas. La vida civilizada no se entendía sin agua, por lo que los gobernantes de Baelo Claudia realizaron grandes obras de ingeniería para llevarla a las fuentes públicas. 

Para ello, construyeron un completo abastecimiento de agua potable por medio de tres acueductos, entre los cuales destaca el oriental, que arranca de Punta Paloma, a 8 km. y dos que entraban en la ciudad por el oeste y que aportaban agua de la Sierra de la Plata. 

Para evacuar las aguas pluviales y residuales se dispuso de un eficaz sistema de drenaje. Ya en el recinto urbano, el agua se distribuía por cañerías de plomo o de cerámica. Posteriormente, las aguas usadas y las fecales “aqua caduca”, eran recogidas en un complejo “sistema de cloacas” que aseguraba la salubridad de la población.

El material que más se empleó en la construcción de la ciudad fue la piedra, fundamentalmente caliza y calcarenita. Esta última se extraía de las vecinas canteras de Punta Camarinal y Paloma Alta. La cercanía de la primera respecto al mar permitió un cómodo transporte en barca hasta la ciudad.

La técnica de extracción consistía en practicar unas ranuras en la roca, donde se introducían cuñas para realizar empujes con palancas. Los trabajos debieron contar con abundante mano de obra especializada, pues el grado de elaboración de las piezas antes de su transporte era notable. La calcarenita se usó generalmente para elementos sustentantes, mientras que la caliza se destinaba a mampuestos de muros, losas de calle y pavimentos de edificios públicos. No había canteras de mármol en las proximidades de Baelo Claudia, por lo que sus mármoles proceden de otros lugares de la Península y del Mediterráneo.


Los fenicios, griegos y cartagineses observaron que llegando la primera luna de mayo, los grandes atunes rojos migraban desde las frías aguas del Océano Atlántico a las cálidas del Mare Nostrum para desovar, cruzando el Estrecho de Gibraltar como paso obligado, muy cerca de las costas y regresaban de nuevo en otoño a su punto de origen.

Los fenicios fueron los primeros en utilizar la almadraba de tiro como arte de pesca construyendo factorías de pescado en la zona y de ese modo obtener esos valiosos recursos del mar calando durante los meses de marzo y abril. Fueron los fenicios en el año 1100 a.C. los que enseñaron el arte de la pesca con almadrabas de tiro y técnicas de salazón a los habitantes de esta tierra. La ruta del atún -desde tiempos ancestrales- ha marcado la historia y la cultura de estos pueblos con esencias marineras.

Los romanos de Baelo Claudia relanzan esta actividad y extienden la fama de sus productos que obtuvieron una alta consideración por todo el Imperio. Esta zona privilegiada estuvo ligada en esencia a las industrias del salazón del pescado, donde se fabricaba el famoso “garum”, una salsa realizada con restos de vísceras fermentadas del atún que eran altamente apreciada en la época, convirtiéndose en la salsa gastronómica más apreciada en Roma y según Plinio, con un valor sólo comparable sólo al de los perfumes.

Los restos de vísceras del atún en salazón se dejaban en salmuera al sol y se envasaban en ánforas para ser exportadas por mar al resto del Imperio Romano. El atún de almadraba llegaba todas partes del Imperio procedente de las capturas de las almadrabas del sur de la Península Ibérica.


En el Estrecho como marco privilegiado para la pesca se pueden encontrar gran variedad de especies marinas y migratorias, destacando el atún rojo, que cruza dos veces al año para realizar el desove en el Mar Mediterráneo y volver al Atlántico. No es nada extraño que en las acuñaciones de Baelo Claudia hayan aparecido monedas con los peces, la espiga de trigo o la vaca como elementos decorativos.



La pesca y el comercio ultramarino, han estado siempre dependientes de la benevolencia del mar “Mare Clavsvum, mare apertvm”. El flujo migratorio de los atunes que se desplazan cada año hacia el “Mare Nostrum” desde el Océano Atlántico hace que la actividad del salazón así como las salsas y conservas de pescado prestigien esta zona meridional del Imperio Romano, hasta el punto de dedicarles grandes escritores de la Antigüedad numerosas citas y obras literarias. Las factorías de salazones de Baelo Claudia (Tarifa, Cádiz) son las mejores documentadas del Mediterráneo Occidental. 

Los barrios industriales estaban ubicados cerca de la playa y dedicados al salazón del pescado.

En el área industrial de la ciudad y asociadas a la producción de las factorías de salazón encontramos una importante colección de ánforas de diferentes tipos, formas y origen de fabricación, que eran utilizadas para el almacenamiento y transporte de productos elaborados en la ciudad como el pescado en salazón o la salsa “garum”. Estas mercancías se embarcaban con dirección a los principales puertos del Mediterráneo, donde eran muy cotizadas, como se constata en la abundancia de ánforas de procedencia hispánica aparecidas en los depósitos imperiales de Roma.

Terminada nuestra visita al Museo y a antigua ciudad de Baelo Claudia con la ensenada como testigo de nuestra grata visita nos dirigimos a través de una pasarela de madera -de apenas 1 km.-, para observar en toda su magnitud el Monumento Natural “Las Dunas de Bolonia”.


Las Dunas de Bolonia como Monumento Natural tiene aproximadamente 30 metros de altura máxima y cerca de los 200 metros de anchura. Consiste en un sistema de trenes dunares vivos que migran y montan sobre los relieves de Punta Camarinal, al oeste de la ensenada de Bolonia.

El conjunto denominado barjanal, por sus dunas en forma de media luna perpendiculares al viento y con pendientes desiguales, es de los pocos transgresivos de Andalucía, es decir, que progresa tierra adentro. Alimentado por el viento de levante, va invadiendo el pinar del pino piñonero repoblado con matorral y de alto valor ecológico.

Desde los años 30 del siglo pasado se intentó detener el progreso de la duna hacia el pinar, mediante vallas y estructuras. A principios de este siglo se abordaron técnicas “blandas” como la revegetación o el tablestacado, que buscaban estabilizar la pendiente tanto a barlovento como a sotavento. Una vez conseguido este objetivo se pretende consolidar la cobertura vegetal replantando especies autóctonas, para estabilizar así la duna.



Una zona donde brilla con luz propia el atún de almadraba, pero eso formará parte de otra interesante historia.

Desde la antigua Baelo Claudia para el Blog de mis culpas...




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