jueves, 15 de agosto de 2013

Vejer de la Frontera (II)




La noche anterior visitamos el Museo Municipal de Costumbres y Tradiciones de Vejer.  Vengo de un pueblo, también denominado "de la Frontera", donde nunca hemos disfrutado de la presencia de un museo arqueológico. Incluso hasta las piedras de su desvencijado castillo -como vestigio arquitectónico más importante de la ciudad, padecen una artrosis degenerativa difícil de curar incluso por los mejores "paliativistas" de la historia pero lo que es aún más preocupante es que su posible restauración se dilata demasiado en el tiempo por la escasa altura de miras y falta de interés que han mostrado las diversas administraciones como fiel reflejo de sus ciudadanos que también hemos vivido desde tiempos inmemoriales de espaldas a nuestra historia. 

El antiguo Mawror, fue un alkevirato  en tiempos de Abd al-Rahman I ben Muawiya al-Dajil (el Inmigrado 756-788) colaborando activamente con éste cuando entró por Almuñécar -Granada-, según la obra “los alkevires de Morón” de Ramón Auñón y  Reino de Taifa de Morón en el siglo XI, con el desmembramiento del Califato de Córdoba (Banu-Nuh 1041-1066), que es una de las épocas más brillantes de la historia de Morón.



Una gran carreta del siglo XIX  preside el Museo de Vejer en su parte central, único medio de transporte para personas y mercancías de la época donde se puede apreciar su eje, viga, yugo, traviesa, ruedas con sus radios, etcétera…


Los arados como paso previo a la siembra. En función del estado de la tierra se usaba la vertedera para voltear la tierra en seco o el arado romano para arar en tierras húmedas abriendo surcos.



Una parte del museo está dedicada a la agricultura con didácticas explicaciones sobre la siembra, la siega y la trilla de cereales.  Un día en la era con los segadores y la trilla como labor que consistía en separar la espiga de la paja. Otra labor del campo consistía en el trillo que era una plancha de madera con ruedas metálicas arrastradas por dos mulas.



A mediodía, en la época del tórrido verano andaluz, cuando venía "la caló" se preparaba el gazpacho caliente que generaba la fuerza suficiente para proseguir la jornada en la era de los infatigables jornaleros. Para el trigo y la cebada el mejor viento era el que provenía  de poniente mientras que los garbanzos y habas se prefería el de levante. Una tarea reservada cuando se levantaba la brisa al atardecer terminando la faena con cribas que cernían los granos con  distintos tamices para separar los granos por tamaños y eliminar las impurezas y la tierra sobrante. El trigo iba directo al molino para su molienda, convertido ya en harina.


Otro espacio del Museo consistía en la construcción tradicional de chozas como cuadras de animales, aperos de labranza e incluso residencia de familias que hacían del trabajo en el campo su modo de vida.

La palma como artesanía se transformaba en escobas, sopladores, cestas, serones, espuertas, capachos. La palma se recolectaba entre junio y julio, se secaba al sol y se separaban las hojas cuidadosamente, se dividía en fracciones –desvenar- y se confeccionaban los objetos siendo preciso poseer habilidad y destreza.



Para terminar con la tradicional matanza que desde tiempos inmemoriales era tradición el 11 de noviembre, día de San Martín, de ahí la popular frase, ¡a todo cerdo le llega su San Martín!, y que solía durar dos o tres días. Era un evento social y gastronómico de muchas familias y constituía en muchos casos una fuente necesaria de alimentos para el duro invierno y meses venideros.

Sin olvidar el ámbito doméstico y la ganadería. En definitiva, en este interesante museo se muestran las formas de vida, costumbres y economía de base de los habitantes de Vejer y su entorno en tiempos pretéritos.



Deleitarnos por el callejón del arco de las monjas y quedarse  impregnados de sus hermosos patios,  dejarse llevar por nuestra imaginación hasta llegar hasta el paseo de las Cobijadas, en cuyo mirador encontramos un monumento en homenaje a la mujer vejeriega.  El cobijado era el vestido tradicional femenino que guarda gran similitud con el vestuario de la mujer musulmana.


En definitiva, Vejer reúne todas las condiciones idóneas para perderse por la angostura de sus calles y extrapolar nuestra retina a épocas pasadas gracias a su patrimonio cultural bien conservado. Un grato fin de semana del que pudimos saborear los efluvios marinos que provienen de la costa junto con la brisa de una noche de verano, con el Faro de Trafalgar como símbolo emblemático en la playa del Palmar, desde la cual se pueden iniciar bellas rutas hasta el Parque de la Breña en Barbate y desde allí dirigirse hasta Zahara de los Atunes con el Faro de Camarinal y Baelo Claudia para llegar hasta Tarifa, capital europea del viento “la madre que parió al viento de poniente y levante”.



Todo ello, sin mencionar la exquisita gastronomía, desde el interior hasta la costa que tiene cualquier rincón de nuestra Andalucía y que forma parte por derecho propio de nuestra dieta mediterránea como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Desde Vejer, para el Blog de mis culpas...


Vejer de la Frontera (I), reminiscencias andalusíes entre la angostura de sus calles


Cobijada que descubriste
 Tu cautivo rostro
En aras de la libertad



Foto. El País

Uno de los pueblos de Andalucía que han recibido el topónimo “de la Frontera” ha sido Vejer, al formar parte desde tiempos muy pretéritos de antiguas tierras de fronteras y repoblación como resultado del antagonismo entre dos maneras de entender la vida: el mundo cristiano y el mundo musulmán.

Arcos de la Frontera, Castellar de la Frontera, Chiclana de la Frontera, Jerez de la Frontera y Vejer de la Frontera en Cádiz, Aguilar de la Frontera, en la provincia de Córdoba, Cortes de la Frontera en la provincia de Málaga y Morón de la Frontera en la provincia de Sevilla.


En el año 711 los árabes cruzan en Estrecho de Gibraltar-Gebel al-Tarik- y tras la batalla del río Guadalete, Barbate, ó de la Janda -ya que los historiadores no se ponen de acuerdo sobre el lugar-, en la que Tarik derrota el rey visigodo Roderico, Vejer pasa a manos musulmanas con el nombre de Besher. Durante más de cinco siglos formó parte del dominio musulmán volviendo a manos cristianas en dos ocasiones. La primera, en el año 1250 con Fernando III el Santo, volviendo a manos musulmanas en agosto de 1264 para volver definitivamente en 1285 con Sancho IV que la concede a la Orden de Santiago. En 1307, después de una segunda repoblación, pasa a ser señorío de Guzmán el Bueno –dueño de las almadrabas de toda la zona del Estrecho de Gibraltar y Tarifa- hasta que heredaron de él los Duques de Medina Sidonia…


Vejer ha formado parte desde tiempos inmemoriales de un territorio denominado de fronteras que separaba el Islam del Cristianismo entre conquistas y repoblaciones con abundantes reminiscencias andalusíes que aún perduran en la fisonomía de sus angostas calles.


Sancho IV ordena la restauración de su fortaleza en el siglo XIV y el Duque de Medina Sidonia construye la torre de la Corredera y el baluarte de la Segur, en el siglo XV.



Desde Tarifa –al sur del sur- con la isla de las Palomas, -el lugar más meridional de Europa, donde confluyen las aguas del Mar Mediterráneo con el Océano Atlántico- hasta Baelo Claudia, pasando por Zahara de los Atunes, llegamos hasta Barbate -considerado el atún como el oro rojo- y desde allí visitamos Vejer con sus enormes cuestas que desembocan en una especie de laberinto por la angostura de sus calles que desembocan en su bello casco histórico. 



Cuenta la leyenda que en torno a 1485 tuvo lugar el matrimonio entre el emir Mawlay Alí Ben Rachid, descendiente del profeta y del clan noble de los alamís de Marruecos, con una cristiana vejeriega que adoptó la religión islámica y el nombre de Lal-La Zohra o Zahra. El emir que residió en su juventud en Andalucía, a la vuelta a su patria natal se convirtió en jefe de la región de Yebala, fundando en 1471 Chefchauen, ciudad del norte de Marruecos con la que está hermanada Vejer y con la que guarda cierta similitud.


Destaca un sistema defensivo con torres almenaras, desde Tarifa pasando por la Torre del Tajo en el Parque de la Breña, hasta el Faro de Trafalgar, donde el 21 de octubre de 1805 se produjo la célebre batalla que puso fin al dominio español en los mares pasando a Gran Bretaña.

El almirante Nelson abatido por un disparo de mosquete en la batalla de Trafalgar, su cadáver fue metido en un barril de brandy de jerez para evitar su deterioro en la travesía hasta Inglaterra.


En definitiva, una zona que posee un gran patrimonio arqueológico,  defensivo, natural con una elevada bio-diversidad que entre todos tenemos la obligación de legar a las generaciones venideras.


Pasear por las callejuelas de Vejer es extrapolar nuestra retina a un emplazamiento que ha hecho posible unas condiciones defensivas óptimas para ser fortificada al poseer una gran altura natural que la hacían casi inexpugnable. El arco de la puerta cerrada como puerta de acceso al recinto amurallado, en el barrio de la judería,  sus cuatro puertas (La Segur, Sancho IV, de la Villa y Cerrada) junto a sus tres torres (Mayorazgo, San Juan y Corredera), hacen de su casco histórico una buena excusa para visitar tan interesante ciudad.


En la oficina de turismo de Barbate, nos entregaron un interesante mapa de campo “Historias y Leyendas de la Costa de Trafalgar” que nos abrió el apetito cultural en un fin de semana que tan sólo teníamos la intención de disfrutar de sus bellas playas con sus arenas doradas y aguas cristalinas. 


Entramos por la Torre de la Corredera hasta llegar a la Fuente de la Plaza de España y descansamos un poco en el café Trafalgar para recuperar fuerzas y poder subir por sus angostas callejuelas empedradas. Pasamos por la Puerta de Segur, segunda puerta interior del antiguo baluarte defensivo y conocida como la puerta de la Villa hasta el siglo XVII hasta llegar al recinto amurallado y  dirigimos hasta su hermoso castillo junto y la Iglesia del Salvador, con una parte mudéjar del siglo XIV y otra parte gótico-tardío del siglo XVI.


A lo lejos de divisan  los molinos de viento o harineros como autenticas reliquias cuyos orígenes se remontan al siglo XIX, pertenecientes a la Cada Ducal de Medina Sidonia. Paseamos por el Callejón con la imagen de la Virgen de la Oliva que me recordaba a la desaparecida "Siete Revueltas" de Morón.


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jueves, 8 de agosto de 2013

Las murallas de Ávila

Llegamos a Ávila, la capital de provincia más alta de España situada en la Meseta Norte de la Península Ibérica a 1131 m. de altitud. Hermosa ciudad rodeada de pétreas murallas que rodean y protegen su casco antiguo. La piedra en los torreones y puertas como fiel testigo de la historia donde destacan la Puerta del Alcázar junto a la Puerta del Carmen.
Posiblemente sea el recinto amurallado mejor conservado de España y de toda Europa al poseer un perímetro de más de 2.500 metros con muros de 3 metros de grosor y 12 metros de altura, con 88 torreones de planta semicircular y sus  9 puertas .
 
El estilo de la muralla es románico con ornamentos de influencia morisca. La piedra es granito gris y negro pero también se utilizó el ladrillo, el mortero, la cal. Se trata de una construcción de mampostería y en algunas partes ornamentación con friso de ladrillos en la parte superior.

Los romanos la denominaron Avela, incorporándola a la Lusitania. Posteriormente se asentaron los visigodos y a principios del siglo VIII, los árabes, al mando de Tarik, conquistan Ávila, arrasando las murallas romanas y reconstruyéndolas sólidamente. Las actuales murallas se terminaron en el año 1099. Se ha dicho muchas veces que Ávila es una de las ciudades mejor amuralladas del mundo. Sus murallas como obra maestra de la ingeniería militar de su época fueron levantadas durante nueve años, desde 1090 a 1099, constituyendo un baluarte inexpugnable.

En cada una de las nueve puertas de la muralla hay uno o varios palacios a los que estaba encomendada la defensa de cada puerta. Estas casas fueron construidas entre los siglos XV y XVI. La puerta principal estaba reforzada por dos grandes torreones unidos por un puente que refuerza la defensa del acceso. Bajo el puente hay una serie de mensurones que sirvieron para apoyar un cadalso de madera o alguna pieza de la estructura del puente levadizo.

 Aunque hoy en día desaparecidos, contaba con un foso y una barbacana que era un pequeño muro que servía para evitar que las máquinas de asalto pudieran llegar a la muralla.


Ávila, como muchas ciudades medievales españolas posee un importante patrimonio cultural es fiel reflejo de su historia, de su arquitectura, de sus gentes y de su paisaje. Una tierra para visitar sin prisas y  pausadamente donde en tiempos  pretéritos convivieron en tolerancia judíos, mudéjares y cristianos dejando su huella en su inmenso legado cultural. Ávila, tierra de Teresa de Cepeda y Ahumada -Santa Teresa-, y de San Juan de la Cruz. Ciudad que participó en la Guerra de las Comunidades de Castilla en 1520. En el siglo XVI y XVII comienza su despoblación a la que contribuye en parte la epidemia de peste de 1599 que se lleva consigo el 12% de su población junto con la expulsión de los moriscos dictada en 1609 por Felipe III que afectó al 13,8 de sus habitantes.




Al caer la tarde paseamos por el perímetro de su muralla donde disfrutamos de la Basílica de San Vicente, la Iglesia de San Pedro,  la Puerta del Alcázar, la Puerta del Carmen, la catedral del Salvador y el convento de Santa Teresa del siglo XVII que se levanta sobre el solar que ocupó su casa natal. Santa Teresa fundó las carmelitas descalzas que se instalaron en Ávila el 15 de octubre de 1636 gracias al patronazgo del Conde Duque de Olivares y que durante la Desamortización de Mendizábal sufrieron los frailes la exclaustración.


Los conventos y monasterios son testimonio del esplendor económico, social, cultural y religioso de tiempos pasados y que en épocas de penurias dieron amparo a gran cantidad de mendigos.


En pleno centro histórico dentro de su recinto amurallado, degustamos la exquisita gastronomía de Ávila con platos típicos como las patatas revolconas con matanza ibérica, el chuletón y entrecot de ternera de Ávila con patatas panaderas o el churrasco a la brasa acompañado con tinto de la tierra y postres caseros como auténtico placer del buen yantar como lo llaman en la tierra.

Al día siguiente, desde la Meseta Norte tomamos dirección a Madrid por el Puerto de Navacerrada buscando la ansiada A4 que nos traía de vuelta hacia nuestra Andalucía para terminar el fin de Semana entre Barbate y Véjer pero eso ya pertenece a otra historia…



Desde Ávila para el Blog de mis culpas...


miércoles, 7 de agosto de 2013

El Acueducto de Segovia



Desde Cangas de Onís atravesamos los Picos de Europa en la Cordillera Cantábrica para transitar por la submeseta a través de León, Benavente y Tordesillas para llegar a Segovia.

Lo primero que capta nuestra retina es su magnífico y soberbio acueducto romano con sólidos sillares de granito con 728 metros de longitud y 162 arcos entre dobles y sencillos con una altura máxima de 28,90 metros. Los arcos sobre pilares están rematados en su parte más elevada por una canalización de piedra en forma de U que servía para canalizar el agua desde la sierra hasta la ciudad para su abastecimiento.

El acueducto es el símbolo de Segovia. Fue construido en la segunda mitad del siglo I d.C. con sillares en seco, sin ningún tipo de cemento ni argamasa con cimbras de madera, poleas y cuerdas.



Como punto de referencia nos encontramos a los pie del Acueducto junto a la réplica de la loba capitolina, regalo de la ciudad de Roma en 1974 con motivo del Bimilenario del Acueducto, impresionante obra de ingeniería del vasto imperio romano.


“Roma a Segovia en el bimilenario de su acueducto MCMLXXIV”


“Cuenta la tradición romana que Luperca era el nombre de la loba que amamantó a Rómulo y Remo después de que el rey Amulio mandase arrojar a los hijos de Rea Silvia al río Tíber en una cesta. El dios Tíber salvó a los gemelos Rómulo y Remo y los entregó a una loba llamada Luperca para que fuesen amamantados. El pastor Fáustulo recogió a los niños y fueron cuidados por su mujer. Más tarde los gemelos fundaron la ciudad de Roma que lleva su nombre en honor de Rómulo como primer rey…”.


De paso hacia Ávila observamos el Alcázar de Segovia que no pudimos visitar por la premura de tiempo, pero que nuestra retina lo captó como si fuese el castillo del cuento de la Cenicienta por su gran belleza. En próximos viajes intentaremos dedicarle a Segovia el tiempo que esta bella ciudad se merece.

No piense el avispado lector del blog de mis culpas que me he olvidado en este humilde artículo de la enorme figura de nuestro poeta nacional don Antonio Machado en Segovia y que inmortalizara a su maestro Giner de los Rios en su Elegía cuando soñaba un nuevo florecer de España (CXXXIX).


Pero es tal la talla y solidez humana -comparable al Acueducto- de este hombre de enorme talla moral, que estuvo comprometido hasta las últimas consecuencia cuya muerte en Collioure coincidió con el epílogo de la República. 

Los párvulos aguardábamos, jugando en el jardín de la Institución, al maestro querido. Cuando aparecía don Francisco corríamos a él con infantil algaraza y lo llevábamos en volandas hasta la puerta de la clase. Hoy, al tener noticia de su muerte, he recordado al maestro de hace treinta años. Yo era entonces un niño; él tenía ya la barba y el cabello blancos. 

En su clase de párvulos, como en su cátedra universitaria, don Francisco se sentaba siempre entre sus alumnos y trabajaba con ellos familiar y amorosamente. El respeto lo ponían los niños o los hombres que congregaba el maestro en torno suyo. Su modo de enseñar era socrático: el diálogo sencillo y persuasivo. Estimulaba el alma de sus discípulos –de los hombres o de los niños- para que la ciencia fuese pensada, vivida por ellos mismos.


Paseando por la fachada del Teatro Juan Bravo en la Plaza Mayor de Segovia, tuve la inmensa satisfacción de encontrarme de nuevo -al igual que en Baeza- con nuestro protagonista Antonio Machado “Juan de Mairena”.

El 4 de noviembre de 1919, Antonio Machado recibe en Baeza el nombramiento como profesor del Instituto de Segovia cuyo nombramiento se conserva en el aula de Baeza. Los años segovianos fueron anteriores a la República ya que Machado no obtuvo el traslado a Madrid hasta el año 1931.

Antonio Machado llega a Segovia el 25 de noviembre de 1919 para ocupar la cátedra de francés en el Instituto General y Técnico de la ciudad donde impartirá sus clases hasta 1931, ejerciendo como vicedirector varios años. La prensa de su época “El Adelantado” y el liberal “La Tierra de Segovia” se hacen eco de su llegada, lo cual refleja la creciente popularidad del poeta. Como en Soria y Baeza se aloja en una modesta pensión donde permanece hasta su traslado a Madrid en 1931.

Antonio Machado encuentra una humilde pensión en la “Calle de los Desamparados” -actual Casa Museo-, donde vivirá hasta 1931. Antonio Machado se alojará en una fría habitación en régimen de pensión completa pagando 3,50 pesetas diarias. El poeta disponía de un brasero de cisco bajo la mesa de camilla que le permitía combatir los rigores del gélido invierno castellano. Los muebles no podían ser más modestos: una cama de hierro, un lavabo con su jarro de latón para el agua, un armario, un perchero de pared y una humilde mesita de noche.

Vivirá sólo en la pensión aunque los fines de semana se trasladaba a Madrid para pasarlos con su familia. La cercanía de Madrid tenía un enorme atractivo cultural para el poeta.

La vida de don Antonio Machado tanto en Soria, Baeza, Segovia y Madrid no iba a cambiar mucho. Por las mañanas, dará sus clases en el Instituto. Después del almuerzo visitaba las tertulias de café después para seguir dando frecuentes paseos por las afueras de la ciudad para leer y escribir poemas en la soledad de su alcoba. 


Pero en Segovia, Antonio Machado encuentra un ambiente cultural más acorde con sus gustos, colaborando en varios periódicos y culminando con la publicación de Juan de Mairena. En los últimos meses del año 1919 un grupo de intelectuales segovianos, a los que se une Antonio Machado, crearon la Universidad Popular Segoviana con el fin de acercar la cultura al pueblo. En la Plaza Mayor de Segovia frecuentaba el ambiente del Café Castilla.


 Desde Segovia para el Blog de mis culpas...


jueves, 1 de agosto de 2013

Covadonga




Dejando atrás la impresionante panorámica que nos ofrece los Lagos de Covadonga en los Picos de Europa como auténtico paraíso terrenal,  iniciamos el descenso con la máxima prudencia entre la angostura de su carretera con abundantes curvas y desniveles, dejando las tranquilas vacas pastando junto al  Lago Enol a nuestras espaldas hasta llegar al Santuario de Covadonga, considerado como el lugar más emblemático de Cangas de Onís y de Asturias al estar cargado de un simbolismo histórico y religioso desde don Pelayo hasta nuestros días. 

 Haciendo una breve historia, en el año 711 se produce la invasión de la Península ibérica por los pueblos árabes y del norte de África. Desde la batalla de la Janda o río Barbate (llamada de Guadalete), los árabes avanzaron con rapidez ocupando todo el antiguo reino visigodo hasta la victoria de don Pelayo en Covadonga en el año 722 dando lugar al culto cristiano, ininterrumpido hasta hoy durante más de doce siglos donde se juntan la tradición, la historia y la devoción.

Pelayo fue elegido rey y la cruz se convierte en estandarte y emblema de la monarquía asturiana siendo considerado como el primer adalid de la Reconquista convertida con el tiempo en una cruzada.  En ese momento se inicia la fundación de un pequeño reino de Asturias como germen de reinos posteriores.

Covadonga ha sido considerado por los historiadores como el inicio de lo que posteriormente se denominó “La Reconquista”, desde el 28 de mayo del 722 en el que un ejército de unos 300 guerreros astures derrotaron a un ejército regular musulmán – sin olvidar la fecha del 10 de octubre del 732 Carlos Martel detiene a los árabes en la batalla de Poitiers que frena la expansión islámica hacia Europa-, hasta el 2 de enero de 1492 cuando Boabdil entregó las llaves de Granada.


La Reconquista considerada como guerra santa necesitaba del estímulo moral del Occidente cristiano y con el tiempo se transforma en cruzada hispánica mediante las bulas papales que daban solemnidad a la conquista concediendo indulgencia plena  y favores espirituales a todos los que combatieran al sarraceno comenzando con la bula del Papa Alejandro II “ Eos qui in Ispaniam”  en el año 1064.


“Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre…”

Federico García Lorca sobre la “Toma de Granada” en 1492 por los RR.CC.

10 de junio de 1936


Subimos por las escaleras de las Promesas hasta la Santa Cueva de con su Ermita donde se encuentra Nuestra Señora de Covadonga (siglo XVII) y en una hornacina la tumba de don Pelayo. La Santa Cueva de Covadonga se comunica con el exterior mediante un túnel abierto en la roca en 1901 para llegar hasta la monumental Basílica presidida por una enorme estatua de bronce de don Pelayo con la cruz como estandarte, obra del escultor Eduardo Zaragoza en 1964.



Al entrar en el túnel se observan infinidad de velas colocadas por los peregrinos sobre bandejas metálicas para evitar que en caso de incendio se extienda el fuego como ocurrió el 16 de octubre de 1777 por los muchos cirios acumulados que desató un gran incendio destruyendo por completo el templo y hasta la talla de la Virgen de las Batallas.



La fuente de los siete caños con su bello estanque de aguas verdes y turquesas está situada al pie del santuario y que según dice la tradición, “aquel que beba de todos sus caños se casará el año venidero”. En definitiva, en Covadonga se rezumen por sus grietas el sonido continuo del agua que cae plácidamente a los pies del Santuario junto a la fuente de los siete caños que nos susurra al oído paz y tranquilidad sin olvidar la historia cargada de tradición y simbolismo como caldo de cultivo cuya cepa –don Pelayo- originó, lo que posteriormente se denominó “La Reconquista”.  

Islam y Cristianismo, dos grandes civilizaciones junto a dos maneras antagónicas de entender la vida a lo largo de la historia fielmente reflejada en los versos del poeta rondeño del siglo XIII Abul Beka:
Ya llora al ver sus vergeles

y al ver sus vegas lozanas

ya marchitas,

y que afean los infieles,

con cruces y con campanas,

las mezquitas.


Iniciamos un nuevo viaje desde Cangas de Onis, atravesando el Parque Nacional de los Picos de Europa donde nuestra retina seguía almacenando la enorme belleza de su paisaje  en dirección a Segovia y Ávila, pero eso ya es otra historia...

Desde el Santuario de Covadonga para el Blog de mis culpas...