jueves, 18 de mayo de 2017

La Ruta de Washington Irving


«Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada» 

Francisco de Icaza

Paseando por el Callejón del Agua, junto a las murallas del Alcázar de Sevilla nuestra retina capta una placa en bronce de 1925 en honor al viajero romántico “Washington Irving” (1783-1859) que visitara ciudades tan esenciales para la civilización andalusí como “la antigua Isbilya, Córduba y Garnatha”.




El romántico escritor norteamericano realizó la ruta que lleva su nombre en el año 1829, quedando impregnado de los efluvios y reminiscencias que se rezumen por todos los poros del romanticismo del siglo XIX.

Son innumerables los pueblos blancos jalonados a lo largo de la serranía andaluza. La angostura de sus callejuelas, sinuosas y empinadas en busca de la protección que le brindaban las antiguas alcazabas, entre una enorme diversidad paisajística a la que también contribuyen una franja del territorio, donde hasta no hace mucho tiempo, ejercían su influencia los contrabandistas y bandoleros como los “Siete Niños de Écija o José María “El Tempranillo” entre otros, a los que la miseria junto con la injusticia social les obligó a “echarse al monte”. Por consiguiente, el bandolerismo será considerado como una razón de Estado al poner en peligro las comunicaciones y los intereses de los caciques y señoritos cortijeros.


Las diferentes franjas geográficas donde ejercían los bandoleros su influencia eran:

1. La cuenca del río Genil, desde Loja hasta Écija: Benamejí, Palenciana, Alameda, Jauja, Badolatosa, Estepa, Écija…

2. Desde Gibraltar hasta Granada: Gibraltar, Grazalema, Cortes de la Frontera, Torre Alháquime, Villamartín, Ronda, Antequera, Alhama y Granada…

3. Desde Carmona hasta Montellano, pasando por Arahal. 

4. El norte de las provincias de Córdoba y Jaén en Sierra Morena.


La Ruta de Washington Irving constituye una arteria vital dentro de las diversas rutas de Al Ándalus: Málaga, Sevilla y Granada. Estas dos últimas capitales deslumbrantes y esenciales en la civilización andalusí “la antigua Ishbiliya”, capital de los almohades y la antigua “Garnatha”, capital del reino nazarí”.

Existían en tiempos de la Casa del Islam “Dar al Islam” en Al Ándalus diversas e importantes rutas: la Ruta del Califato, la Ruta de los nazaríes, las rutas de los Almorávides y Almohades…

El itinerario de la Ruta de Washington Irving está formado por aquéllos pueblos por donde pasara el escritor norteamericano en 1829 que transcurre entre Sevilla y Granada unos 250 km. A lo largo de la ruta se pueden observar un considerable patrimonio monumental entre castillos y antiguas alcazabas, obras mudéjares, barrocas, torres, iglesias, baños árabes y una arquitectura popular que jalonan un histórico camino que durante la Edad Media serviría de importante vía comercial entre la Vega del Guadalquivir "Wad al-kabir" y el “inexpugnable” reino nazarí de Granada "Garnatha".

Sevilla, Alcalá de Guadaira, El Arahal, Carmona, Marchena y Écija, Osuna, Estepa, La Roda de Andalucía, Fuente de Piedra, Humilladero y Mollina, la Vega de Antequera, Archidona, Loja, Huétor-Tájar, Moraleda de Zafayona y Alhama de Granada al sur. Al norte se asciende hasta Montefrío e Íllora, retornando por Fuente Vaqueros y Chauchina, al eje de la ruta, que culmina en Santa Fe y Granada.

En su primer viaje a Granada, Washington Irving salió de Madrid el 1 de marzo de 1828 llegando a Córdoba el 4 de marzo hasta el 7. Ese mismo día emprendieron el viaje desde Córdoba a Granada a caballo llegando al atardecer del 9 de marzo de 1828 por la Vega de Granada. 

La primera etapa fue Castro del Río. Al amanecer observan un cortejo de frailes con linternas cantando por las calles al estar en Cuaresma. Al día siguiente paran en Baena y llegan a Alcalá la Real donde Washington Irving observa toda la comarca llena de montes olivos entre ermitas y castillos. En la lejanía su retina capta por vez primera Sierra Nevada entre fondas y posadas. Al fin, Washington Irving iba a conocer la última ciudad nazarí, escenario histórico de luchas entre árabes y cristianos.

Foto. Manuel León

Cuando Washington Irving llega a la Alhambra, comprueba las consecuencias de la invasión francesa y el olvido secular del gobierno español. Durante su estancia en fortaleza nazarí, observó que los habitantes pobres y gente de mal vivir se alojaban al amparo de sus torres en ruinas, tan deterioradas que incluso el gobernador de la Alhambra abandonó definitivamente su alojamiento para irse a vivir a Granada.

Allí seguirán viviendo los soldados retirados, mal vestidos y peor pagados como “custodios de la Alhambra”. Antonia, su sobrina Dolores y otro sobrino que estudiaba medicina vivían también en la Alhambra. Mateo Giménez, pobre pero orgulloso de ser cristiano viejo y de sangre limpia tenía 35 años de edad cuando conoció al escritor, quien le contaba al escritor muchas historias y leyendas de la Alhambra sin olvidar al jardinero Pepe que le llevaba flores a W. Irving cuando éste se alojó en la Alhambra. 

Washington Irving visitará la Catedral de Granada, la Capilla Real con la cripta de los Reyes Católicos, el Valle del Darro y el Sacromonte. Cuenta en su libro “Cuentos de la Alhambra que los Abencerrajes pagaron con su sangre la fidelidad al monarca y que tenía como escritorio un lugar privilegiado como fue el magnífico escenario histórico del Patio de los Leones.



Nos narra Washington Irving en su libro “Cuentos de la Alhambra” la inseguridad de esta región donde estaba demostrado el universal uso de las armas: el pastor en la campiña y el zagal en el llano tienen su escopeta y su navaja, y el opulento aldeano rara vez se aventura a ir a la feria real sin su trabuco, y acaso también acompañado de un criado a pie, con su arma de fuego al hombro; y, en general, no se emprende la más pequeña caminata sin todos los preparativos de un empresa guerrera. 


Los peligros del camino dan también lugar a un modo especial de viajar; parecido, aunque a pequeña escala, a las caravanas de Oriente. Los arrieros se reúnen y emprenden juntos la caminata en largo y bien armado convoy en ciertos y determinados días; y, a la vez, algún que otro viajero aumenta el número y contribuye a la general defensa. En este primitivo modo de viajar está el comercio de este país.

El mulatero es el ordinario medianero del tráfico y legítimo viajero de la tierra: él atraviesa la Península desde los Pirineos y las Asturias hasta las Alpujarras, la Serranía de Ronda y aún hasta las puertas de Gibraltar. Vive sobria y duramente; sus alforjas de tela burda constituye su mezquina despensa de provisiones; una bota de cuero pendiente de su arzón contiene vino o agua, que le da refuerzo a través de aquéllas estériles montañas y secas llanuras; una manta de mula tendida en la tierra le sirve de cama por la noche y la albarda de almohada…

…Como estos hombres llevan constantemente toda su fortuna entregada al azar en las cargas de sus acémilas, tienen siempre sus armas a mano, colgada de los aparejos y prontas para poderlas coger en alguna desesperada defensa; pero, como viajan reunidos en gran número, se hacen temibles a las partidas de merodeadores, y el solitario bandolero, armado hasta los dientes y montado en su corcel andaluz, anda recelosamente acechándolos, como el pirata que persigue un barco mercante, sin tener el valor para dar el salto…

David Roberts. La Puerta de las Orejas (1830)

…lo de más valor de nuestro equipaje se había enviado delante con los arrieros, llevando solamente con nosotros lo necesario para el viaje y el dinero de los gastos del camino, con un suficiente sobrante de esto último para satisfacer la codicia de los ladrones, si por desgracia nos asaltaban, y para librarnos de los duros tratamientos que sufre el indefenso viajero que es demasiado confiado. 

…Pero, ¡qué país es España para un viajero!. La más miserable posada está para él tan llena de aventuras como un castillo encantado, y cada comida constituye por sí misma toda una hazaña!...

…Mientras estábamos cenando con nuestro amigo el jefe de la patrulla de los migueletes se oyeron acordes de una guitarra y el ruido de las castañuelas, y poco después varias voces cantando en coro un aire popular. En efecto, mi posadero había reunido conjuntamente a los aficionados al canto, a la música y a las beldades el rústico vecindario, y al salir al patio del mesón se presentó ante nuestra vista el cuadro de una verdadera fiesta española…

…Para el viajero inspirado en lo histórico y en lo poético, la Alhambra de Granada es un objeto de tanta veneración como la Kaaba o Casa Sagrada de la Meca para los devotos peregrinos musulmanes. ¿Cuántas leyendas y tradiciones verídicas y fabulosas, cuántos cantares y romances amorosos, españoles y árabes, y qué de guerras y hechos caballerescos hay referentes a aquellos románticos torreones!. El lector comprenderá fácilmente nuestra alegría cuando, poco después de llegar a Granada, el gobernador de la Alhambra nos dio permiso para residir en las habitaciones vacías del Palacio morisco. Mi compañero fue pronto llamado para los deberes de su cargo oficial; pero yo permanecí de intento algunos meses en el viejo Palacio encantado…

“Cuentos de la Alhambra” de W. Irving


Pero, ¡quién fue nuestro protagonista que tanto ha contribuido a proyectar esa imagen romántica de Andalucía al quedar fascinado por su exotismo!, y que en esta ocasión, ha sido uno de los “culpables” para mi desplazamiento a los jardines de la Alhambra de Granada en busca de sus huellas y volver a releer “Cuentos de la Alhambra” y “Cartas desde la Alhambra”.


Biografía


Washington Irving nace un 3 de abril de 1783 en Nueva York. Desde su niñez desarrolló una gran pasión por la lectura y escritura, devorando Robinson Crusoe y Las Mil y una Noches, siendo colaborador de una publicación editada por su hermano Peter Irving “Morning Chronicle”, al mismo tiempo que estudiaba leyes.

El origen de su nombre viene por la gran admiración que sentían sus padres hacia el general George Washington (primer presidente de los Estados Unidos) y en su honor lo bautizaron con su nombre. Su infancia transcurrió entre las riberas del río Hudson. El joven Irving era hijo de un rico comerciante escocés y madre inglesa, nieta de un clérigo, siendo el hijo menor de una familia de once hermanos.


Entre 1804 y 1806 Washington Irving viaja por diversos países europeos con el fin de fortalecer su frágil salud residiendo en Francia e Italia. París le atrae poderosamente. Tras regresar a Nueva York trabaja como abogado participando en la empresa familiar.

Washington Irving se esconde bajo el pseudónimo de Dietrich Knickerbocker. En 1809, “A History of New York” le catapulta a la fama al criticar de forma humorística a los holandeses de Nueva Amsterdam, a la alta sociedad neoyorkina y a la frágil democracia jeffersoniana. Ese mismo año fallece su novia Mathilde Hoffman, con quien estaba comprometido. Tras esta tragedia, nunca más contraerá matrimonio.

W. Irving describe con ingenio como junto a la colonia de New Amsterdam se habían instalado un creciente número de ingleses conocidos por los indios con el nombre de “yankees”, un apodo que fue dado a los rebeldes norteamericanos por los propios británicos en Nueva Inglaterra, siendo después utilizado por los sudistas para referirse a los nordistas durante la Guerra de Secesión americana. En la actualidad se aplica a todos los habitantes de Estados Unidos de origen anglosajón.

Hacia la segunda mitad del siglo XVII muchos holandeses vivían en Nueva Inglaterra, muchos de los cuales se llamaban Jan (en neerlandés Juan, pronunciado [yan]) y su diminutivo “Janke” ("Juanito"), originándose el término inglés “yankee”.

Con la caída de Napoleón Bonaparte, Irving llega a Liverpool en 1815 y se empapa del misterioso paisaje escocés a través de la producción de Walter Scott, al que conoce en 1817, en Abbotsford ”Escocia”. Viaja a Italia, Francia, Bélgica, Holanda y finalmente, queda prendado de los escenarios más románticos de España y Alemania. 

Es nombrado agregado de la legación norteamericana en Madrid, presidida por sir Alexander H. Everett, llegando a Madrid un 15 de febrero de 1826, lo que le proporciona investigar y ampliar sus conocimientos sobre Cristóbal Colón ya que se sentía fascinado por la lengua y la literatura española. Y será a partir de entonces, cuando su retina quede impregnada por los efluvios y reminiscencias de la época nazarí junto con el costumbrismo, el color y la luz de Andalucía.

Muy pronto se dio cuenta W. Irving de la enorme posibilidad que se le ofrecía para realizar una biografía sobre Cristóbal Colón aunque sería necesario recopilar mucha documentación y una enorme cantidad de datos históricos “Historia de la Vida y los Viajes de Cristóbal Colón -History of the life and Voyages of Cristopher Columbus-”, que se publicará en Londres y Nueva York en 1828. 

Pero W. Irving tenía la necesidad de consultar en la capital hispalense el Archivo General de Indias y viajar a la Rábida en busca de las huellas del descubridor de América. Esa primera biografía de Colón tuvo mucho éxito al ser la primera que se publicaba en el mundo y traducirse a varios idiomas. La primera edición española pertenece a 1833.

En la primavera de 1829, Irving visitará Sevilla y Granada, junto a Dalgoruki, adscrito a la embajada rusa en Madrid. Allí solicitan al gobernador de la Alhambra “de la Serna” que les dejen vivir en ella. Conseguido el permiso, pone manos a la obra de su producción más famosa entre nosotros “Cuentos de la Alhambra”.


El motivo principal del viaje de W. Irving a Andalucía era consultar en Sevilla la Biblioteca Colombina y el Archivo de Indias. La visita a Granada entraría como una razón personal. Visita la Capilla Real donde se encuentra enterrado los Reyes Católicos, Juana “La Loca” y Felipe el Hermoso.

W. Irving estuvo en Granada en dos ocasiones. La primera del 9 al 20 de marzo de 1828 y la segunda del 4 de mayo al 29 de julio de 1929. Su estancia en España concluye al asumir el puesto de secretario de la Embajada de Estados Unidos en Londres. 

Además de escribir “Cuentos de la Alhambra” bajo el hechizo de la capital nazarí, Irving mantuvo una fructífera correspondencia -hasta hace poco tiempo inédita- con sus amigos, lo que nos demuestra que fue también un romántico soñador. En la segunda estancia en Granada, su guía Mateo Jiménez “Hijo de la Alhambra” será su inseparable amigo que le narrará historias que más bien parecen de “Las mil y una noches”.

W. Irving no se aloja en el brillante palacio habitado por los nazaríes sino en un complejo destartalado “mitad cuartel, mitad vivienda de gitanos”, que le inspirará al folklorismo. España en general y Granada en particular, se mostraba ante él como el país más romántico de Europa con todos sus ingredientes: reminiscencias andalusíes, partías de bandoleros, contrabandistas, toreros y cante flamenco con la guitarra y el baile.

En 1827 logra terminar “Crónica de la conquista de Granada -Chronicle of the Conquest of Granada-” que se publicará en 1929 en Londres y Filadelfia. Terminado el libro sobre Colón, vuelve a viajar a Andalucía con dos ciudades grabadas en su retina: Sevilla y Granada, ésta última le permitirá conocer con todo lujo de detalles la Alhambra y el embrujo de Oriente, donde la sombra de Boabdil,  apodado entre sus cronistas como "el Zogoibi o el Desdichado” le acompañará junto al Patio de los Leones, en el corazón de la Alhambra, con las huellas de los Abencerrajes de tiempos pretéritos.

“Cuentos de la Alhambra” es una colección de leyendas y costumbres sobre el palacio nazarí y sus habitantes narradas por su guía y amigo Mateo Jiménez que le contaba que existían muchos tesoros escondidos por los moros.

En Sevilla residirá más de un año porque quiere recoger más datos sobre la historia de Colón y sus compañeros de conquista. Pero W. Irwing no sólo escribe sino que emplea una parte de su tiempo en disfrutar de la ciudad y sus alrededores deleitándose durante su estancia en Andalucía con la gastronomía de la tierra -el pan de Alcalá con los molinos harineros movidos por el río Guadaira, los molletes de Antequera, la chacina de la serranía, las hortalizas de la Vega del Genil, el gazpacho y un largo etcétera.

También encuentra huellas andalusíes en la arquitectura árabe de los pueblos donde la cultura del agua fluye por los patios, huertas, acequias, jardines y vegas entre los efluvios de los naranjos y limoneros bajo la atenta mirada de la abrupta Sierra Nevada, el río Darro, la Alpujarra y la Vega del Genil con la Serranía de Ronda a medio camino entre Gibraltar y la antigua Garnatha, considerada la “Damasco de Occidente”.



Nadie como Irving ha sabido captar “a vista de pájaro” todas las emociones que se perciben desde lo alto de la fortaleza de la Alhambra «al-Ḥamrā», cuyo nombre completo será “Qalat al-hamra» o fortaleza roja, describiendo minuciosamente el Palacio del Generalife, el río Darro, Santa Fé, la Vega del Genil y Sierra Nevada.

Cuenta la leyenda que encontrándose Muley Hacén ya anciano se retiró a morir al castillo de Mondújar en el “Valle de Lecrín”, en compañía de Zoraya. El 28 de octubre de 1485, tras invocar al arcángel Azrael y taparse el rostro con un Corán abierto, entregó su alma a Alá. Cuentan que Zoraya, para que su sepultura no fuera profanada jamás, ordenó conducir el cadáver a lo más alto de Sierra Nevada -Solair, para los árabes-, en cuya más alta cumbre mandó inhumar sus restos, cubiertos por la bandera roja de los nazaríes, bajo las nieves perpetuas. 

Desde entonces este pico -el más alto de la Península Ibérica con 3478 metros lleva el nombre de este monarca nazarí: Muley Hacén "Mulhacén", padre de Boabdil y hermano de El Zagal.

W. Irving quedará entusiasmado ante la contemplación de la ciudad del Darro en las faldas de Sierra Nevada. Durante algún tiempo sus dependencias de trabajo estuvieron junto al “Patio de los Leones”. Consultó la biblioteca de la Universidad, que antaño había pertenecido a los jesuitas, consultando también a los erúditos locales que residían entonces en la Alhambra: soldados veteranos, mutilados de guerra, contrabandistas…mezclando sabiamente la literatura popular con otras fuentes. 

Todos los días al atardecer, W. Irving reunía una animada tertulia en la plaza de los Aljibes. Curiosamente la primera niña que leería sus cuentos sería con el tiempo emperatriz de Francia: Eugenia de Montijo. 

Otros autores como A. Dumas, T. Gautier y Chateaubriand habían buscado también inspiración en la luminosa Andalucía, pero nadie como W. Irving efectuó esa unión tan íntima con Granada. Irving fue el primero de los hispanos que amó a España contribuyendo a hacer amables las cosas españolas. Los “Cuentos de la Alhambra” parecen que están sacados de “Las mil y una noches”.


W. Irving de mentalidad conservadora ha sido llamado muchas veces, con toda justicia, el primer gran hombre de letras americano. Sus largas estancias en España, le permitieron conocer perfectamente la Historia de España, llegando a ser posiblemente el primer hispanista en la historia de su país.

Washington Irving escritor y diplomático norteamericano llegó a ser el prototipo del viajero romántico que quedó seducido por Andalucía. Sus andanzas dieron como fruto varias obras de tema hispano árabe, entre las que destacan “Cuentos de la Alhambra”, que tanto ha contribuido a proyectar la imagen romántica de Andalucía.

Su crónica de la Conquista de Granada es una especie de libro de caballerías histórico pero plagado de fantasía. En 1829 sale a la luz “Vida y viajes de Cristóbal Colón” y los “Viajes y descubrimientos de los compañeros de Colón” en 1831.

Pero los reajustes burocráticos le relevaron de su misión con la llegada la presidencia de EE.UU de Andrew Jackson. De vuelta a los EE.UU. redactó una Biografía de Mahoma, poco conocida, así como una vida de George Washington (1855-1859). 

Washington Irving falleció el 28 de noviembre de 1859 en su villa de “Sunyside”, situada junto a su querido río Hudson. W. Irving fallece el mismo año que tiene la apertura el Canal de Suez que debería contribuir al acercamiento de Occidente y el Mundo Islámico. 

¡Qué lejos quedaba todavía el Desastre de 1898 plasmado fielmente por una Generación de poetas, la del 98!.

W. Irving había descubierto Granada muchos años antes de que Gerald Brenan descubriera las Alpujarras “Al Sur de Granada” y de que nuestro gran poeta y dramaturgo Federico García Lorca descubriera posteriormente la ciudad natal de Washington Irving. Sin embargo, Granada le debe a Washington Irving el renacer de su pasado más glorioso “el nazarí”.


Con el devenir de los tiempos, la figura de Irving se hizo más atrayente, tanto en EE.UU como en España. En 1959 se colocó una lápida en la fuente próxima a la Puerta de la Justicia, de su querida Alhambra y se restauraron estancias y muebles donde vivió y utilizó el escritor, dedicándose un monumento en el bosque de la Alhambra. También un establecimiento hotelero en Granada junto a la Alhambra lleva el nombre de Washington Irving. 


Las Cartas desde la Alhambra nos acercan al lado más privado de Washington Irving. El 15 de marzo de 1828, W. Irving escribe a Antoinette Bolviller una carta desde el Patio de los Leones en Granada.

La imagen de Boabdil paseando con todo su regio esplendor por estos patios, de su bella esposa Moraima, de los abencerrajes con todo el esplendor del lujo oriental.

He estado buscando la Puerta de los Siete Duelos por la que el desgraciado Boabdil salió de este lugar cuando bajo a l Vega para entregar las llaves de la ciudad de Granada a Fernando e Isabel. Descendió por la parte exterior de las murallas, por el mismo camino por el que el gran cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, ascendió a la cabeza de un grupo de caballeros para tomar posesión de la Alhambra.

Boabdil le pidió a los Reyes Católicos, como triste regalo, que a ninguno se le permitiera entrar en la Alhambra por la puerta por la que él había salido. Se le concedió esta gracia: la puerta fue tapiada y así ha seguido hasta el presente. Esta puerta está en una torre que había sido dinamitada por los franceses.

Decía Washington Irving el su libro “Cuentos de Granada”, que no ha habido sobrenombre más bien aplicado a Boabdil que el “Zogoibi” o el desgraciado, que le pusieron sus súbditos al comenzar sus infortunios desde su cuna.

Durante su tierna infancia fue reducido a prisión y amenazado de muerte por su inhumano padre, pudiendo escapar por la estratagema de su madre “Aixa La Horra”. Pasados algunos años, su vida estuvo amargada por las hostilidades de un tío usurpador; su reino se vio turbado por invasiones extranjeras y por las luchas interiores; Boabdil fue enemigo, prisionero, amigo y casi víctima de Fernando, hasta que se vio sometido y destronado por él siendo desterrado de su país natal….

No ha habido, en verdad, hombre más injustamente calumniado. Dichas acusaciones debieran dirigirse con más razón a los actos de su padre, Aben Hasan, dotado de un carácter cruel y feroz. Él fue quien dio muerte a los caballeros del ilustre linaje de los Abencerrajes, por sospechas de que estaban comprometidos en una conspiración para arrojarle del trono.

La historia de la acusación de la madre de Boabdil y de su prisión en una torre también puede explicarse como uno de los incidentes de la vida de su sanguinario padre. Aben Hasah, en su edad proyecta, casó con su bella cautiva cristiana de noble linaje, y que tomó el nombre morisco de Zorayda, de la cual tuvo dos hijos. Estaba dotada de un espíritu ambicioso, y anhelaba que éstos heredasen la corona. Con este objeto amargó el corazón del desconfiado rey, encendiéndolo de celos contra los hijos de las otras esposas y concubinas, a quienes acusó de conspirar contra su trono y su vida. Ayxa la Horra, la virtuosa madre de Boabdil, que había sido en otro tiempo la adorada favorita de aquel tirano, fue también blanco de sus sospechas. La encerró con su hijo en la Torre de Comares, y hubiera sacrificado en su furia a Boabdil si su padre si su madre no le hubiera descolgado de la Torre cierta noche, valiéndose de su ceñidor y de los de sus esclavas, con lo que quedó en condiciones de poder huir a Guadix. Boabdil fue perseguido en vez de perseguidor.

En medio de su breve, turbulento y desastroso reinado Boabdil deja de ver un carácter tierno y amable. Desde un principio se ganó el cariño de su pueblo por sus afables y dulces modales; fue siempre clemente y nunca impuso severos castigos a aquellos que se le rebelaban a cada instante. Era bravo físicamente, pero carecía de valor moral, y en los momentos de dificultad se mostraba perplejo e irresoluto. Esta debilidad de espíritu apresuró su caída y lo despojó al mismo tiempo de aquel heroísmo que le hubiera engrandecido y dignificado…

La Alpujarra entre fuertes contrastes verdes y ocres permanece siempre acompañado por el blanco puro de la cal de los pueblos blancos que jalonan Sierra Nevada, la Sierra de Lújar y la Sierra de la Contraviesa, destacando sus paredes encaladas donde predomina el “efecto botijo” que permite que las paredes de las viviendas transpiren y mantengan la temperatura en invierno y las refresca durante el verano. Por otro lado, el agua fluye de manera irregular formando arroyos y pequeñas cascadas susurrando y acariciando nuestros frágiles tímpanos proporcionando bellas estampas.



Padul, Durcal, el Valle de Lecrín y Lanjarón “Al-Anŷarūn,lugar de manantiales”, considerada la puerta de entrada a la Alpujarra granadina nos acerca a Órgiva “Urŷuba” en la falda de Sierra Nevada y que nos indica el camino hacia la Alpujarra Alta. En 1492 fue cedida por los Reyes Católicos a Boabdil -Abu 'Abd Allāh-, como lugar de retiro. 

Al fondo, el Mar Mediterráneo nos recuerda que en Almuñécar comenzó el prólogo de la Casa del Islam en Al Ándalus bajo la figura histórica de Abderramán I ben Muawiya al-Dajil “El Inmigrado”.

Entre  febrero de 1492 y julio de 1493 marcarán la decisión de Boabdil de aceptar las definitivas capitulaciones de los Reyes Católicos, teniendo que abandonar Laujar de Andarax en busca del puerto de Adra donde una flota compuesta por una nao, una carraca y una carabela, al mando de Íñigo de Arrieta los llevará a la otra orilla del Mediterráneo -al puerto de Cazaza, a unos 15 km. de Melilla. Desde allí Boabdil emprenderá camino a Fez, donde colocará su residencia.

Por el contrario, el denominado rey de la Alpujarra “Boabdil” señalará el ocaso de la Casa del Islam en Al Ándalus, fuera de la nueva escena histórica. La liturgia del terror tendrá su prólogo en la plaza de Bib-Rambla el 23 de febrero de 1502 por el entonces cardenal arzobispo de Toledo, primado de España y tercer inquisidor general de Castilla, perteneciente a la orden franciscana Francisco Ximénez de Cisneros, quien ordenara la quema de libros escritos en lengua árabe por ser considerados “malditos” para el nuevo marco histórico y refractario.

Coránes, tratados de astronomía y astrología, tratados científicos, poemas. títulos de propiedad, etcétera, acabarán en la hoguera como producto de la intolerancia. “Era necesario erradicar lo más importante que poseían los vencidos”, la memoria y el conocimiento.

"El exilio de Boabdil será el preludio de la diáspora de los judíos el 31 de marzo de 1492 y de los moriscos a partir de 1609". 



Washington Irving en los lugares colombinos


W. Irving viajó por Andalucía recorriendo Córdoba, Granada, Málaga, Gibraltar, Cádiz y los lugares colombinos. En Sevilla se instala entre el 1 de marzo de 1828 y el 23 de agosto de 1829. Catorce meses para tomarle el pulso a la Andalucía de su época.

Washington Irving sentía una enorme fascinación por el Descubrimiento de América y por la figura del Almirante Cristóbal Colón y para ello decidió acudir al Archivo General de Indias en Sevilla para seguir investigando y documentarse.

Aprovechando su estancia en Sevilla visita los Lugares Colombinos los días 12, 13 y 14 de agosto de 1828 “Moguer será su primer destino, Palos de la Frontera y el Monasterio franciscano de La Rábida” con el objetivo de documentarse sobre la figura del Almirante Colón y del Descubrimiento de América. Washington Irving realizó la primera biografía de Cristóbal Colón, a través de la cual dará Irving al mundo el papel jugado por los onubenses en el Descubrimiento de América.

Fruto de esta visita a los Lugares Colombinos publicó "Mi viaje a los lugares colombinos", en 1828; "Historia de la vida y viajes de Cristóbal Colón", en 1833, Viajes y descubrimientos de los compañeros de Colón", publicada en 1854. 

Los “Lugares Colombinos” también forman parte por derecho propio de la Ruta de Washington Irving que visitará también Niebla, La Palma y Villalba camino de Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz.

Desde el monumento a Washington Irving en los jardines de la Alhambra de Granada, para el blog de mis culpas...



Enlaces interesantes


domingo, 14 de mayo de 2017

Entre Loja y Granada "epílogo de la Casa del Islam en Al Ándalus"


“Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre…”.

Federico García Lorca sobre la “Toma de Granada” 
10 de junio de 1936

Desde Morón, tierra de la Cal, del Flamenco y de Fernando Villalón -en cuyo término ejerciera su influencia en tiempos no muy pretéritos José María “El Tempranillo” y Antonio Ríos González “El Pernales”- enarbolamos nuestra nave “autodidacta” atravesando el corazón de la antigua Al Ándalus, “Madinat Antikira” -Antequera-, en busca de los vestigios de la última frontera de Al Ándalus “Madinat Lawsa” -Loja-, que tuvo una enorme importancia estratégica al ser considerada “la llave de Granada”.

Antes de llegar a Antequera, nos detuvimos en el restaurante “el Hacho”, a la derecha de la A-92 en dirección Sevilla-Granada, donde solemos parar cuando transitamos hacia la provincia de Málaga y Granada. Allí estimulamos nuestro paladar con un buen desayuno que nos permitió afrontar con ciertas garantías la interesante e intensa jornada cultural que se presentaba, con la retina puesta en la antigua “Madinat Lawsa” donde nos esperaba el monumento de Morayma y Aliatar junto con la antigua mezquita aljama convertida en la Iglesia de la Encarnación que se levantara con la intención ideológica de demostrar la nueva supremacía religiosa bajo el nuevo ámbito histórico y refractario del nuevo Estado, como idea de Castilla.

A lo largo de nuestra ruta por la A-92 se puede observa un considerable patrimonio monumental entre antiguas alcazabas, obras mudéjares, barrocas, torres e iglesias fernandinas sobre antiguos alminares y mezquitas aljamas, baños públicos como centros principales de la vida social “al-hamman” y una arquitectura popular que jalonan las rutas hacia "la antigua Damasco en Granada”, entre pueblos blancos diseminados por la compleja orografía serrana.



En el poniente granadino -con el agua como protagonista-, nos encontramos en la última frontera de Al Ándalus “Madinat Lawsa” con el monumento a la figura histórica de Morayma y Aliatar, ilustres vecinos de Loja junto con el poeta, historiador y filósofo Ibn al-Jatib (Loja, 15 de noviembre de 1313-Fez, 1374) que tendrá una gran influencia en la corte granadina.

Según Ibn Hayyan, en su obra “al-Muqtabis”, la ciudad de Loja se edificó a orillas del río Genil en el año 893 por al-Mutarrif, hijo del emir Abd Allah a su regreso de una expedición sobre el territorio de Bobastro.

Sobre Loja, Ibn Sa`is escribió: “Entre Loja y Granada hay una jornada de distancia, una de las más agradables porque discurre a través de ríos y bajo frondosos árboles durante un largo trecho. ¡Bendito sea Dios, que ha creado tanta belleza!.

Dice al-Mimyari: si tuvierais que casar el cielo con la tierra, éste sería el lugar más apropiado. Loja esta a orillas del río Genil…”

Ibn Al-Jatib, natural de la misma, visir de los reyes Jusuf I y Mohamed V la definió como ciudad de “…rostro risueño y aspecto fascinador, con ríos de copiosas corrientes y muchos arroyuelos; la de frondosas arboledas, cuyas ramas agotaba la brisa; la de jardines y fuentes de verdadera delicia; la de molinos volteados y mujeres hermosas, que curaban los males del corazón; la de abundante caza y racimos de uva que adornaban como sartales los cuellos de las vides; la de las minas de sal, molinos de aceite y copiosas hortalizas…”.

Callejeando por su casco histórico entre callejuelas angostas y empinadas llegamos al barrio de la alcazaba, al cual accedemos a través de un arco de herradura. La primera figura que nos encontramos sentada y afligida frente a la torre de la antigua mezquita aljama es "Morayma" ((Loja, 1467-Laujar de Andarax, 1493), cuyo incierto futuro estará directamente relacionado con la desdicha de Boabdil.

Morayma era la hija de Aliatar, legendario caudillo musulmán que luchara en defensa del reino nazarí durante la Guerra de Granada. Este histórico personaje se llamaba Ibrahim Alí-Atar (1400-1483) y llegó a ser alcaide de Loja desde 1462 hasta 1483. Boabdil al regresar del campo de batalla se enamoró de la bella Morayma. Cuenta la leyenda que llegó a ser la única mujer en la vida de Boabdi y que la amó de verdad.

Aliatar y sus guerreros hicieron un ataque por sorpresa al campamento cristiano a orillas del Genil en el que derrotaron a los cristianos obligándoles a replegarse desordenadamente. Entre los muertos figuró Rodrigo Téllez Girón “Gran Maestre de la Orden de Calatrava y alcaide de la fortaleza de Priego. Esa victoria supuso para Boabdil, retener a las tropas cristianas durante algún tiempo y reforzar su posición frente a su padre “Muley Hacén”. También aumentó aún más el prestigio de Aliatar, que pasó de defender Loja a atacar la frontera castellana.

Pero Aliatar morirá “octogenario” durante la batalla de Lucena en 1483. El viejo y legendario caudillo será recordado por su prestigio militar. El ejército cristiano logró sobrepasar al musulmán alcanzando el triunfo y apresando a Boabdil “Abu abd Allah «az-Zughbî», el Chico” (Mohamed XII).


La alcazaba de la ciudad de Loja responde al esquema denominado de muralla y barrera, en el cual cobra especial relevancia la torre barbacana. En las recientes excavaciones realizadas en la zona próxima a la Torre se han documentado restos constructivos de la época califal, pero las fuentes indican una primera edificación de la Alcazaba a finales del siglo IX (893); y una segunda fase edificatoria en el siglo XIII (después de 1232, cuando la ciudad vuelve a manos musulmanas tras la breve ocupación por los ejércitos del rey cristiano Fernando III). También, y en último lugar parece que el monarca nazarí Abu-al-Walid Ismail (1314-1325) pudo llevar a cabo reformas en la Alcazaba.

En el periodo califal, estas fértiles tierras muestran un fuerte grado de prosperidad. Durante el siglo X se reforzaron las defensas de la ciudad, construyéndose “la noria de Genaza”, así como numerosas torres y atalayas por todo el territorio lojeño. Asimismo, de esta época data el conjunto de alhajas de oro y plata que se conocen como “El tesorillo de Loja”.

La ciudad de Loja, a partir del siglo XIV, se conoce como “Madinat Lawsa” y quedaba incluida en la cora de Elvira. Las torres son de tipología diversa (cuadrangulares, de variación circular y semicircular y octogonal), pero existe un uso generalizado del aparejo mixto de mamposteria y del sillarejo para regularización y refuerzo de ángulos. También hay “tabiya”, es decir, tapial de calicanto y de terriza en algunos paños de muralla y en algunas torres de la zona alta de la alcazaba.

No cabe duda que Ibn al-Jatib (Loja 1313-Fez 1374) es considerado la figura lojeña más importante y representativa del antiguo Reino nazarí de Granada. Pasó la mayor parte de su vida en Granada ocupando altos cargos políticos, siendo merecedor de haber sido doble visir. Sus más de 70 obras de campos tan diversos como la historia, poesía, relato de viajes, medicina y muchas otras disciplinas, son fuente inagotable para entender los hechos de su época. 


Las angostas y sinuosas callejuelas que desembocan en la alcazaba están repletas de poemas en honor del poeta Ibn al-Jatib. La ciudad de Loja se construyó en el año 893 por al-Mutarrif, hijo del emir Ábd Allah. A partir del siglo XIV, se conocerá como “Madinat Lawsa” llegando a tener 39 torres y 10 puertas, siendo considerada por los reyes cristianos como “la llave de la antigua Garnatha “Granada”.

Loja adquiere su auténtica dimensión urbana durante la Edad Media como Puerta de Granada. Al-Jatib describió las bellezas de Loja en sus viajes por la antigua Al Ándalus.

Loja será considerada en aquellos tiempos una ciudad estratégica de la máxima importancia, considerada “la llave de Granada” por las tropas cristianas. Tras un asedio de varios días, el mismo Boabdil entregará la ciudad al rey Fernando de Aragón en 1486.


Salimos de Loja pasando por la fachada de la iglesia de la Encarnación (s. XVI-XVIII) construida sobre el solar de la antigua Mezquita Aljama. Su torre campanario se ha convertido en emblema y faro de Loja, visible desde cualquier punto de la ciudad.

Otra ciudad importante en la última frontera andalusí fue la antigua Hisn Montefrid (Montefrío) que llegó a formar parte de un sistema defensivo -que junto con Alhama de Granada, Loja, Íllora y Moclín formarían parte de “la última frontera de al Ándalus”-, antes de su conquista por los Reyes Católicos el 26 de junio de 1486.


La fortaleza árabe de la antigua Hisn Montefrid "Montefrío" se construyó en 1352 cuando reinaba en Granada Yusuf I. Dicha obra sería realizada por el mismo arquitecto de la Alcazaba de la Alhambra. Se sabe que tenía una gran Torre del Homenaje, tres plazas de armas y dos amplios aljibes “al-yug”. El castillo árabe llegó a ser la residencia de Aben Ishmail III, que más tarde se convertiría en el rey nazarí de Granada “Yusuf V”.

La toma de Loja, Moclín e Íllora irá estrechando el cerco sobre la villa, que acabó por rendirse en junio de 1486. Con su caída, la Vega, y la propia Granada, quedaron a merced de los Reyes Católicos.

La escarpada orografía sobre la que se asentaban las alcazabas ofrecían una doble ventaja: dificultar la llegada del enemigo hasta la alcazaba y permitir divisar al enemigo cuando éste se aproximaba.

Alhama de Granada estaba situada geoestratégicamente en un importante cruce de caminos al ser la puerta de entrada al Reino de Granada. 


Etimológicamente Alhama proviene del árabe “al-hamman” que significa baños árabes.

La importante plaza fuerte de Alhama de Granada fue tomada el 28 de febrero de 1482 por Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cádiz en represalia por la toma de Zahara por parte de las tropas nazaríes.

La toma de Alhama de Granada tuvo enormes efectos psicológicos en el reino nazarí al ser la clave en la descomposición posterior del reino de Granada cuyo eclipse será cuestión de tiempo por las guerras internas entre clanes.

En la Vega de Granada, muy cerca de la ciudad de la Alhambra entramos en Santa Fe por la "Puerta de Loja" situada en el oeste de la ciudad, que en pocos días mandaron levantar Fernando e Isabel con el objetivo de “destruir los enemigos contrarios a la Fe, por eso creen que se le debe llamar Santa Fe”.


Santa Fe ha sido testigo de importantes acontecimientos históricos que cambiarán el rumbo de la historia moderna. Una mirada retrospectiva nos recuerda que el origen de su casco histórico de forma cuadrada ha sido la consecuencia de un campamento militar provisional en 1483 convertido en definitivo en 1491. El campamento cuadrado de obra en piedra y ladrillo constituyó un enorme golpe psicológico para los últimos habitantes sitiados en la Alhambra significando el epílogo del último bastión del reino nazarí en 1492.

Tenía 60.000 hombres tras sus murallas y por su interior discurrían dos calles que se cruzaban perpendicularmente hasta llegar a las murallas. En su eje central destacaban cuatro puertas que aún perduran: la Puerta de Sevilla al sur, la Puerta de Jaén al norte, conocida como de los Carros. La Puerta de Granada al este y la Puerta de Loja al oeste, denominada la puerta de Jerez. 

No debemos de olvidar que los Reyes Católicos han sido considerados por la cultura cristiana como “adalides” de la fe católica. “Santa Fe” era el preludio de la hegemonía de la nueva unidad política y religiosa establecida por los Reyes Católicos “per secula seculorum”. La Iglesia cristiana desde su hegemonía religiosa pretendía que los moriscos olvidaran sus costumbres reprimiendo cualquier indicio de simpatía islámica.



Pinos Puente -muy cerca de Santa Fe-, será el escenario donde los mensajeros de Isabel la Católica alcanzaron a Colón cuando éste había tomado la decisión de abandonar España desesperado de conseguir la ayuda de la reina Isabel I de Castilla para su viaje.

Las Capitulaciones de Santa Fe es un auténtico legado como fiel reflejo del devenir histórico. Un trascendental acontecimiento para la historia moderna suscrito con Colón un 17 de abril de 1492 y considerado por algunos especialistas como el primer documento escrito de la Historia de América.

La retina de la historia nos habla de una serie de Acuerdos y Capitulaciones de Santa Fe entre los años 1491 y 1492 formalizados por Fernando de Aragón e Isabel de Castilla con Cristóbal Colón en el campamento militar.

Es evidente que al declive del reino nazarí como último reducto musulmán contribuyó sin duda, las guerras intestinas entre clanes o linajes, destacando personajes históricos como: Soraya, Aixa, Muley Hacén, el Zagal y Boabdil como último rey nazarí, con su esposa Morayma, mujer de biografía desdichada irremisiblemente vinculada a la incierta vida de su esposo.

Cuenta la leyenda que encontrándose Muley Hacén ya anciano se retiró a morir al castillo de Mondújar en el “Valle de Lecrín”, en compañía de Zoraya. El 28 de octubre de 1485, tras invocar al arcángel Azrael y taparse el rostro con un Corán abierto, entregó su alma a Alá. Cuentan que Zoraya, para que su sepultura no fuera profanada jamás, ordenó conducir el cadáver a lo más alto de Sierra Nevada -Solair, para los árabes-, en cuya más alta cumbre mandó inhumar sus restos, cubiertos por la bandera roja de los nazaríes, bajo las nieves perpetuas. 

Desde entonces este pico -el más alto de la Península Ibérica con 3478 m. lleva el nombre de este monarca nazarí: Muley Hacén "Mulhacén", padre de Boabdil y hermano de El Zagal.


¡Qué lejos quedaba ya para Boabdil aquel insigne varón de la Casa de NASAR llamado Alahmar, que fundara la Alhambra!....

No hace falta imaginarse lo que sentiría el desdichado Boabdil al perder la Alhambra “paraíso terrenal” por la belleza con la frescura y el encantador murmullo de sus fuentes y corrientes continuas de agua que entran desde Sierra Nevada y vuelven al Valle del Darro.

Por tal motivo, seguimos oteando las huellas de Boabdil, pero eso formará parte de otra interesante historia del blog de mis cupas, que más bien parece estar sacado de los "Cuentos de la Alhambra" de Washington Irving o de las Mil y una noches.

Desde la Alhambra de Granada, para el blog de mis cupas...



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martes, 9 de mayo de 2017

Don Francisco Martínez Quesada en la retina del recuerdo



El pasado 2 de mayo de 2017 tuvo lugar en el Ayuntamiento de Morón la presentación de un busto en recuerdo de la figura de don Francisco Martínez Quesada (1907-1973) que llegara a ser director de la Banda Municipal de Música de Morón entre los años 1947 y 1971, siendo una de las épocas más brillantes en su longeva historia. El busto ha sido realizado en terracota en el año 1973 por Francisco Fortes siendo donado por la familia Fortes al Ayuntamiento de Morón de la Frontera.

Es evidente que la muerte del maestro Martínez Quesada supuso en su época un punto de inflexión en la trayectoria de la Banda Municipal de Música de Morón, manteniendo su estabilidad contra viento y marea gracias a la labor y dirección de uno de sus antiguos componentes D. Manuel García Barea “Manolito” que pasará a la historia de la Banda Municipal de Música de Morón, también con letras mayúsculas. Sus antiguos alumnos le mostrarán siempre un sentimiento colectivo de gratitud y cariño.



Juan Fortes, hijo de Francisco Fortes, autor del busto al maestro Martínez Quesada

Pero ¡quién fue este maestro excepcional, cuyo grato recuerdo tanto a nivel humano como docente, aún permanece en la retina colectiva de Morón pero sobre todo en la de sus discípulos y personas que le conocieron, pasados 44 años de su muerte!. 

Para ello nos ilustraremos a través de la historia del maestro Martínez Quesada en su pueblo natal, Jimena y también en la del cronista de la villa de Morón, Juan José García López que fue discípulo suyo.



Don Francisco Martínez Quesada nació en Jimena (Jaén) el 11 de noviembre de 1907 y falleció en Morón de la Frontera (Sevilla) el 1 de mayo de 1973. Hijo de Manuel M. Medina e Isabel Q. Jiménez. Tuvo cuatro hermanos más, todos varones: Francisco Juan, Manuel y José. Todos con conocimientos musicales, y Manuel y José formaron con él en la Banda de Música de Jimena. Casado con María Martínez, tuvo tres hijas: Isabel, María y Francisca.

Su hermano Manuel dirigió la banda de música de Torres de 1943 hasta primeros de 1947, año en que falleció. Casualidades de la vida, le ofrecieron ocupar el puesto de la banda de Morón de la Frontera, pero ya enfermo no pudo venir.

Su hermano José regresó de la banda de Soria, para relevarle en la dirección de la banda de Albanchez (1945-1949), dirigir posteriormente la de Solera y Torres (1950-1951) pasar por la de Puente Genil, y volver en 1952 a la de Soria, donde se jubiló en 1983.

Desde muy joven tuvo inquietudes intelectuales y musicales. Hizo estudios de violín, piano, armonía, instrumentación, dirección de banda y orquestación con los maestros Farfán, López, Nuño y Emilio Cebrián, siendo el discípulo predilecto de este último (uno de los mejores directores de banda de España). 

En 1928 compuso la obra Nuestra Señora de los Remedios, en honor a la patrona de Jimena. Al poco tiempo, pasa a dirigir la banda de música de Jimena, que llegó a ser una de las mejores de la provincia de Jaén.

En el periodo 1942-1945, compartió la dirección de la banda de Jimena y Albanchez, donde creó la escuela de Música (1944) y compuso el Himno oficial de este pueblo.

En 1945 marcha a Pruna (Sevilla), realizando una labor muy estimable, dedicándose también a la enseñanza musical. Hasta esa fecha, tenía ya ganados cuatro premios de instrumentación, dos en concursos de bandas, tras dirigir durante trece años la banda de su pueblo natal. 

En 1946 acude con la banda de Pruna, en Semana Santa y septiembre, a Morón de la Frontera, donde contacta con él el alcalde, Francisco Alcalá Vivas, quien le anima a trasladarse a Morón y organizar la banda. Aceptado el cargo, a fines de 1947 actúa por primera vez públicamente la banda, aún en trajes de paisano.

La vacante de Director de la Banda de Música de Morón, había quedado disuelta  en 1936

Fue el 19 de marzo de 1948 cuando da el primer concierto oficial, con la presencia de altas personalidades locales y de la provincia. (Según informaciones de la época). Prácticamente de la nada, comenzó con 29 muchachos, hasta llegar a tener, años más tarde, gracias a su constancia, 58 ejecutantes, que bajo su sabia batuta actuaron en más de 50 localidades de las provincias de Sevilla, Cádiz, Málaga y Badajoz. El repertorio pasa de las trescientas partituras.

La banda de Morón llegó a conseguir el galardón de ser el grupo musical de provincia más destacado de la región, como lo prueba los numerosos premios conseguidos en certámenes, tanto de Andalucía como Extremadura. Entre otros, le fue otorgado el segundo premio interregional en un concurso de bandas, celebrado en 1956 en Extremadura, y estaba en posesión de muchos votos de confianza por altas personalidades del país. Por ello don Francisco, al frente de la corporación que él fundara, es conocido en cientos de ciudades de todo el territorio nacional.

A lo largo de estos más de veinticinco años, formaría a más de 500 músicos, no sólo profesionalmente, sino, al decir de sus alumnos y cuantos le conocieron, desde su rica experiencia y sabiduría intelectual y humana.

El municipio supo agradecer, en vida, cuanto hizo por Morón, en un homenaje multitudinario al que acudieron más de tres mil personas de todos los puntos de Andalucía.

Su muerte prematura en 1973, cuando aún no había cumplido los 66 años, hizo que el pueblo de Morón se echara a la calle para acompañar el paso de su féretro, a hombros de sus músicos, que arropaban su cadáver entre un inmenso silencio solo roto por los compases de la marcha “Nuestra Señora de los Remedios”, que él mismo compusiera con su inspiración en honor de la Patrona de Jimena, su pueblo natal.

Al mes siguiente, el pleno de del Excmo. Ayuntamiento de Morón, haciéndose eco del sentir popular, decide, por unanimidad, homenajearle rotulando con su nombre el antiguo Paseo de la Talega, donde se colocó una placa conmemorativa.


Foto. Biblioteca Pública Municipal de Morón


Pero al decir de todos cuantos le conocieron, alumnos, contertulios, amigos y vecinos, además de ser un músico extraordinario, era un hombre excepcional, sensible, sencillo y bueno. Tenaz en el trabajo, comprensivo, recto y disciplinado, tanto en su trabajo como en el trato con los amigos de tertulia. Entregado totalmente a la educación de sus alumnos, su labor docente y no sólo musical, haciendo de ellos hombres de buen provecho.

Quienes tuvieron la suerte de tratarle cuentan que era un pozo de conocimientos, dando gusto escucharle de cualquier tema, aunque podían destacar la historia, la política y la literatura. Lector impenitente, solía leer todo tipo de género, ya en sus años jóvenes fue en su pueblo, Jimena, corresponsal-distribuidor de la prensa provincial y nacional que llegaba al pueblo.

Fue un perfecto comunicador, defensor de la libertad y enemigo de las injusticias, e incansable defensor de unos principios, que no eran otros que la dignificación del hombre, por ser sujeto inteligente. A sus alumnos los arengaba frecuentemente con esta frase: … la cultura no es un sustituto de la vida, ni sirve sólo para entender cosas que otros no entienden. La cultura es la llave que abre las puertas de la libertad, del éxito. Y esta otra, recogida de Manuel Azaña, que solía repetir una y otra vez: la libertad no hace felices a los hombres, les hace hombres.

Como oí decir a un señor de Morón veintitantos años después de su muerte: D. Francisco fue un hombre de luz, que iluminó con su ser y su ejemplo a cuantos tuvimos la suerte de conocerlo y tratarlo.


El 10 de mayo de 1973 Juan José García López publica en la página 57 del ABC de Sevilla 

…Fue el Martes 1 de Mayo. La noticia se difundió por la ciudad sembrando la congoja en cuantos la oían: " ha muerto don Francisco", y pasaba la triste nueva, tras ella un estremecimiento, una evocación, una pena sentida.

Don Francisco Martínez Quesada llegó a Morón de la Frontera en 1946, un año más tarde ya había organizado la Banda de Música, banda que después a lo largo del tiempo, obtendría destacados éxitos, llegando a conseguir el galardón de ser el grupo musical de provincia más destacado de la región, como lo prueba los premios conseguidos en certámenes, tanto en Andalucía como en Extremadura. Por ello don Francisco, al frente de esta corporación que el fundará, es conocido en cientos de ciudades de todo el territorio nacional. El repertorio que el llorado maestro llegó a montar pasa de las trescientas partituras de todo género musical y la Banda llego a tener cincuenta y ocho ejecutantes, todos formados musicalmente por el buen directo.

Como fundador de nuestra Banda de Música fue admirado: como director de la misma durante veinticinco años, fue dilatadamente aplaudido. Recibió el homenaje callado de sus alumnos en una noche memorable en que demostraron colectivamente su mucho afecto por el maestro. Años más tarde fueron sus amigos los que le elegirían en mejor, todo el pueblo contribuyó a aquella manifestación sentimental en agradecimiento al que supo poner el nombre de Morón en lo más altos pabellones de toda nuestra geografía. El Municipio también supo agradecer cuanto por el pueblo hizo don Francisco y organizo un acto al que acudieron más de tres mil personas de todos los puntos de Andalucía. De don Francisco Martínez Quesada han recibido educación Musical más de quinientos hombres, de los cuales dos tercios llegaron a vestir los uniformes de las Bandas Municipales de Música de Pruna, Puebla de Cazalla y Morón.

Pero el maestro, el buen maestro, aparte su competente desenvolvimiento profesional, gozo, por otras maravillosas cualidades suyas, por su comprensión y bondad extremas, del respeto, beneplácito y amistad de muchísimas personas.

Tuvo la delicada habilidad de entablar amistad en todas las escalas sociales, unidas en sí mismo. Por ello el Padre nuestro fue rezado por las autoridades presentes en el sepelio y por el pueblo llano; por hombres pudientes al lado de descargadores de pantalón remendado; por ancianitos de bastón y torso corvo y cadetes educados que aún no pueden pensar la zozobra de esta pérdida: por artistas y comerciantes, por campesinos y burócratas.

Ha muerto don Francisco Martínez Quesada, fundador y director de la Banda Musical Municipal de Morón. Amigo de todos los del lugar, que lo han sentido. Sus alumnos le lloran y movidos una vez más, la ultima, por un sentimiento colectivo, han ofrecido el homenaje póstumo al que con tanto honor les doctrinó en las artes musicales. Y este homenaje fue el último abrazo. Por ello rodearon materialmente al buen maestro e interpretaron su propia composición musical, si hubo fallos en los ejecutantes, porque la lagrimas entorpecían la interpretación.

No era Martes Santo, fecha en que recorre nuestra ciudad el Cristo de Buena Muerte a hombros de sus hermanos costaleros. Fue otro martes cualquiera, y a hombros y en el corazón de sus alumnos, aquellos que él formo amor y amistad, paso horizontal por las calles el buen maestro en su uniforme de gala. Sobre el féretro la lira laureada, emblema que marcó la trayectoria de su vida. Todo ello para que cuando despierte tome la batuta de plata que un día le regalaron sus alumnos y mida el compás de la interpretación celestial al frente de arcángeles y serafines porque don Francisco ya está en el cielo. 

...

Don Francisco Martínez Quesada será contratado como primer músico profesional por el Ayuntamiento de Morón para formar y dirigir la casi extinta Banda Municipal en 1947, siendo muy pronto solicitados los servicios de la Banda Municipal de Música de Morón en numerosos puntos de Andalucía y Extremadura.

Don Francisco Martínez Quesada llegó a Morón por primera vez en el año 1946, lo trae don Francisco García Ruiz de Bustillo, hermano mayor de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de Morón y amigo del entonces alcalde, don Francisco Alcalá Vivas, para tocar con la banda de música de Pruna, “la Madrugá”, quien al ver como sonaba, le ofreció ese mismo Viernes Santo al Maestro Martínez Quesada, la vacante de Director de la Banda de Música, disuelta desde el año 1936, cuando no llegaba a los 40 años de edad.

Don Francisco Martínez Quesada procedía de una humilde familia de campesinos jienenses después de haber fundado las bandas de Jimena, su pueblo natal cuando sólo contaba con 17 años; la banda de Martos, ya con la titulación de Músico Mayor en el bolsillo, ambas en la provincia de Jaén, y después la banda de Pruna, ya en la de Sevilla.

El maestro don Francisco Martínez Quesada formó la banda de música de Morón dando su primer concierto el 19 de marzo de 1947 en el Patio del Colegio Salesianos de Morón con 37 componentes. La primera obra que interpretó la recién formada banda de música fue “Camino de Rosas”, de J. Franco.

La Banda Municipal de Música de Morón contará con la presencia del Maestro Martínez Quesada durante 25 años siendo este maestro de talla humana indiscutible, padre, consejero y amigo de sus discípulos, en uno tiempos muy precarios, donde la falta de recursos de las familias acompañada de la miseria política, social y económica formaba parte de la tónica habitual de aquélla España en blanco y negro. 

Según el cronista de la villa Juan José García López, los músicos ensayaban cuatro días a la semana, once meses al año para montar los más de 50 conciertos que daba la Banda Municipal de Música de Morón anualmente. En octubre de 1961, los miembros de la Banda Municipal de Música le entregan una batuta repujada en plata en señal de agradecimiento por haberlos instruido como músicos responsables.


Pleno de junio de 1973 en el Ayuntamiento de Morón "Homenaje al Maestro Martínez Quesada"

La retina del recuerdo

Cuando falleció el maestro don Francisco Martínez Quesada, el que escribe estas humildes letrillas contaba con algo más de 13 años de edad. Por tanto, guardo algunas pinceladas en la retina de mi recuerdo. 

La parte trasera de mi casa daba a la antigua huerta del Hospital. Todas las noches escuchaba los ensayos de la banda de música cuyos ecos salían por las ventanas de las últimas cocheras donde ensayaban. En aquéllos tiempos, recuerdo que la primera cochera estaba ocupada por un carpintero llamado Bonilla.

A finales de los años sesenta del siglo pasado (1968-1969) cuando contaba entre 8 o 9 años de edad, recuerdo que estaba en el Colegio de doña Concha en la calle de las Morenas. Los domingos teníamos que ir a misa de 12 a la iglesia de San Miguel -por obligación-, que la daba el párroco don José Armario. De lo contrario, el lunes tendríamos que "atenernos a las consecuencias". 

Recuerdo que cuando iba a misa cerca de las 12,00 horas me detenía en una pequeña plaza, frente a la parte lateral del Ayuntamiento que da al Pozo Nuevo para escuchar a la banda de música dirigida por un hombre bajito -subido a un cajón donde se introducían los instrumentos-, pero de altísima talla docente y humana. Estaba deseando que acabara la misa para seguir escuchando a la banda de música de mi pueblo. Evidentemente, el tiempo de la misa me restaba escuchar aquélla gran banda de música, que estimulaba de alguna manera mis frágiles tímpanos cuando salía de la Iglesia de San Miguel. Cuando  volvía a escuchar a la banda de música, tan sólo les quedaba por interpretar una o tal vez dos piezas musicales. El público con sus aplausos pedía que se tocara alguna composición más, a lo que el director accedía.

Otra pincelada que guardo en la retina de mi recuerdo era cuando jugábamos a la pelota en la calle San Francisco junto a las antiguas cocheras que servían de porterías. En la última cochera ensayaba la banda de música y observábamos pasar a muchos jóvenes para realizar los ensayos. 

¡Cuántos niños se han quitado de la calle a través de la educación musical!.

Recuerdo también que durante la época estival acompañaba a mis padres los domingos por la noche para pasear por la Alameda. El Paseo de la Talega era una parada obligatoria para escuchar la Banda de Música de Morón que hacía las delicias de niños y estimulaba los tímpanos de las personas mayores.




La desaparición del maestro Martínez Quesada aquel martes 1 de mayo de 1973 quedará grabada en la retina colectiva de nuestro pueblo pero sobre todo en la de sus alumnos. A partir de ese momento, contra viento y marea, tomará la batuta de Banda Municipal de Música de Morón D. Manuel García Barea “Manolito”, un hombre importantísimo en la historia y por consiguiente, en la línea de flotación de la Banda Municipal de Música aglutinando en torno a su persona a los antiguos componentes de la banda, sin el cual es posible que la nave musical hubiese perdido definitivamente el rumbo.




Gracias amigo Manuel


…Lustros de cariño y constancia

Batuta casi perpetua

Contra viento y marea e tu Banda

Cabellos de plata te contemplan.



Foto. Banda Municipal de Música de Morón

El periodo de transición entre D. Francisco Martínez Quesada y D. Juan Manuel Ortíz Martín será ocupado por D. Manuel García Barea "Manolito".



Foto. Banda Municipal de Música de Morón

En el año 1986 se constituye la Fundación Fernando Villalón como Patronato Municipal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Morón y nombra como nuevo director de la Banda Municipal de Música de Morón a D. Juan Manuel Ortíz Martín que ocupará el cargo hasta el año 2009. Desde el año 2010 hasta la actualidad tomará el relevo D. Cristóbal J. Cárdenas Cabrera.

La Banda Municipal de Música de Morón está organizada mediante dos estructuras fundamentales para su desarrollo y crecimiento de la misma: la Banda Infantil y la Academia de la Banda, donde los aspirantes a músico reciben las nociones básicas, para en un futuro, desarrollar activamente sus inquietudes musicales. La Banda Infantil resulta básica para esa última preparación antes de dar el salto definitivo a la primera plantilla de la Banda.

P.D. Sería interesante que el busto en bronce que se pretende realizar al maestro de música don Francisco Martínez Quesada con el objeto de colocarlo en el Paseo de la Talega, pudiera ser presentado en el Teatro Oriente de Morón de la Frontera, con la Banda Municipal de Música junto al pueblo de Morón.


Foto: Biblioteca Pública Municipal de Morón


RÉQUIEM POR UN MAESTRO

"En homenaje póstumo a Don Francisco Martínez Quesada"



Música de réquiem, batuta sin consuelo

instrumentos que se lamentan, partituras por los suelos

¡Por qué te apagaste tan pronto, Maestro!.

Martes, primero de mayo, ¡qué fiesta hay en el cielo!.



Recuerdos de infancia (música y solfeo)

tardes de ensayos y docencia,

patios de vecinos, chavales junto a la puerta.

¡Quién podía imaginar semejante tristeza!.



Quitaste de la calle educando como amigo

a generaciones de niños, toda una época,

niños que emprendieron un futuro,

viejo director, tú sí que fundaste Escuela.



Descanse en Paz Maestro, 

váyase tranquilo de conciencia

que su amigo Manuel ha cogido

con temple muy bien las riendas.



¡Adiós! Don Francisco Martínez Quesada

Dios lo tenga en su gloria, 

germina tu semilla en Morón

por siempre y para la historia.