lunes, 10 de septiembre de 2012

Viaje a la Alpujarra granadina



Monumento en Almuñécar a Abderramán I


“Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre…”
Federico García Lorca sobre la “Toma de Granada” en 1492 por los RR.CC.
10 de junio de 1936

 

Nunca pensé que cuando leyera el libro al Sur de Granada de Gerald Brenan ó “Entre limones” de Chris Stewart,  ex batería del grupo Génesis se me iba a estimular tanto mi apetito viajero por el último reducto morisco en la antigua Al Ándalus -las Alpujarras-, una región situada en las estribaciones de Sierra Nevada, al sur de Granada. 

 
















Es interesante como un inglés como Gerald Brenan abandona  la civilización y una vida acomodada en Inglaterra y se plantea vivir a comienzos del siglo XX en una atmósfera más pura en Yegen -La Alpujarra-, donde le fascina la vida lugareña, las montañas, los valles, las estrellas, en definitiva, “una región que hasta hace poco tiempo únicamente podía recorrerse a lomos de una mula”.

Y como otro inglés Chris Stewart, en otras circunstancias totalmente distintas decide también vivir en un cortijo en la Alpujarra granadina  desde 1988 abandonando también una vida llena de comodidades  junto a su esposa e hija, rodeado de animales en plena montaña sin agua corriente ni luz eléctrica con un río de fuertes corrientes en invierno  que  se convertía en un serio problema atravesarlo con su landrover si ocurría cualquier urgencia.
“Entre limones  y al Sur de Granada”, pertenecen  a esa literatura fresca y sencilla que entretiene al lector permitiéndole  viajar sólo con la imaginación.

Amanecer en  Almuñécar

Llegamos el viernes 7 de septiembre de 2012 a las playas de Almuñécar, -ciudad de las palmeras-, la misma a la que arrivó el 15 de agosto de 755 Abderramán I -Abd Al-Rahmán ben Muawiya al-Dajil (el Inmigrado)- único superviviente de la familia de los Omeyas  tras la matanza de su familia que huye de sus enemigos Abasidas llegando al norte de África donde fue acogido por la tribu Nafta de la que era originaria su madre e inicia con sus leales en Al-Ándalus una dinastía que fundó proclamando el Emirato de Córdoba, independiente de Bagdad y elevando la cultura a cotas muy altas  durante casi tres siglos, hasta la caída oficial del califato en el año 1031, lo que dio lugar a los reinos de taifas cuyo último reino nazarí fue tomado el 2 de enero 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos.
No es extraño que cuando Boabdil, el Chico –Abu Abdal -lah-, último rey de Granada, la observara  por última vez camino de su exilio hacia las Alpujarras, llorara como dice la leyenda. Cualquiera de nosotros hubiese suspirado del mismo modo al abandonar semejante belleza en un marco incomparable de culturas en la antigua Elvira con Sierra Nevada con el pico Veleta y el Mulhacén como testigo.


Un hecho trascendente que atrasó el reloj de nuestra Historia fue la expulsión de los moriscos el 9 de abril de 1609 por Felipe III,  tras la rebelión de las Alpujarras (1568-1571) al ser  considerados virtuales aliados de los turcos que asolaban los puertos del Mediterráneo. En 1567 entraba en vigor  la Pragmática Sanción firmada por  el rey Felipe II que desencadenó la Rebelión de las Alpujarras, la cual limitaba las libertades religiosas de una población morisca  obligada a abandonar sus  modos de vida y costumbres, prohibición de usar sus nombres en árabe y hacer uso de los baños como purificación antes de entrar en las mezquitas.

La desafortunada decisión trajo consigo el consiguiente abandono de los campos de cultivo al considerarse a los moriscos como una especie de quinta columna o enemigo interior. Fueron expulsados trescientos mil árabes entre Aragón, Levante y Andalucía que pesaron como una gran losa en la agricultura al dejar los campos desiertos y por consiguiente en nuestra economía. Ya el 31 de marzo de 1492 los Reyes Católicos mediante el decreto de la Alhambra habían ordenado también la expulsión de decenas de miles de judíos.


La Alpujarra granadina  -considerada  como el último refugio morisco-  delimita al norte por las cumbres de Sierra Nevada coronada por  el Mulhacén -Muley Hacen, padre de Boabdil-  con 3479 m y el Veleta con 3.395,68 m. y al sur por el Mar Mediterráneo. Es posible que el origen del término Alpujarra tenga algo que ver con la palabra celta "alp" que significa  altura y "xarrat" hilera  ó agrupación de montañas en función de su compleja orografía, pero no se han unificado criterios al respecto. 


La  Alpujarra  ha permanecido aislada durante mucho tiempo entre  barrancos, valles,  torrentes, fortificaciones y atalayas. Da la impresión al visitante de que  el  tiempo parece que se detiene entre naranjos y limoneros, entre chimeneas y calles empinadas. Pueblos blancos con sus empedradas callejuelas angostas y repechos que invitan al paseo, reflejando su pasado morisco entre una arquitectura mudéjar con sus aljibes, norias y acequias como expresión cultural del regadío en la que los árabes eran expertos. En definitiva, un paraíso natural -donde sus casas están orientadas al sur, para aprovechar el clima mediterráneo- que forma por derecho propio nuestro legado  andaluz.


El sábado 8 de septiembre salimos de Almuñécar -después de la bellísima salida de sol- en dirección al entorno privilegiado de la Alpujarra granadina en el Parque Nacional de Sierra Nevada. El primer pueblo donde tomamos contacto con el Parque Natural de Sierra Nevada fue Órgiva, que nos indicaba el camino hacia la Alpujarra alta que  en 1492 fue cedida por los RR.CC. a Boabdil -Abu 'Abd Allāh-, como lugar de retiro.


Allí realizamos nuestra primera escala montañosa donde nos vitaminizamos Antonio, Manolo y el que escribe estas breves letrillas para el blog de mis culpas  con un buen desayuno alpujarreño consistente en una hogaza grande de pan con aceite de oliva virgen de la Alpujarra, tomate triturado y jamón de Trevélez. 

Antonio refrescándose con los higos

Visitamos la bonita ciudad y nos dirigimos hacia Capiléira, situada a 1436 m. sobre el nivel del mar,  una joya arquitectónica donde casi todas las casas de la Alpujarra están orientadas en dirección al mediodía. Angostas y empinadas callejuelas donde abundan manantiales y acequias de agua potable que corren y susurran  por algunas de sus calles cayendo suavemente por sus laderas. Aljibes, molinos, artesonados mudéjares hacen de este privilegiado entorno natural un paraíso donde el agua sigue su ruta bajo el amparo del turismo respetuoso y activo que sin prisas y con las pausas necesarias reposan placenteramente deleitando los sentidos y admirando al mismo tiempo su historia, artesanía, flora y fauna, paisaje, etcétera. 

 

Disfrutamos de un té tradicional y desde allí en la lejanía se observaba  el centro de Retiros Budista a 1600 m. de altitud en la cara sur de Sierra Nevada. Capileira y Pampaneira comparten con Trevélez -1476 m. sobre el nivel del mar-, estar dentro de los tres  municipios más altos de España. 

Antonio  echando un cigarro alpujarreño con el amigo Carlos

La tercera escala la realizamos en otro bello pueblo llamado Pampaneira donde nos detuvimos a deleitar productos de la zona y visitamos su magnífico mirador. Mi amigo Antonio echó un cigarro alpujarreño sin aditivos  llamado churrasca con el amigo Carlos. Nos dijeron algunos vecinos de avanzada edad que Pampaneira, Bubión y Capileira forman el “Barranco de Poqueira”. Pampaneira mantiene el aspecto berebere en la arquitectura de sus casas.
En definitiva, un auténtico vergel de casas blancas con techos planos, pequeñas ventanas y abundantes chimeneas rodeados de pinos, encinas, castaños, nogales, algarrobos, higueras, chopos, sauces, etc. 

Fortaleza de Salobreña, residencia de verano de los monarcas del reino de Granada

El domingo 9 de septiembre de 2012 fui con mi amigo Antonio a visitar el estratégico castillo árabe de Salobreña, que fue residencia de verano de los monarcas del reino de Granada y alcázar-prisión de los sultanes destronados además de ser un importante recinto militar durante la época cristiana. Fue ocupaba por destacamentos musulmanes en el año 713. Ya en el siglo XII existen referencias de la existencia de abundantes platanares y cañas de azúcar. 


Entramos por la torre de entrada y visitamos la Alcazaba y bajamos por múltiples peldaños  hasta el recinto exterior defensivo que imponía al visitante al mirar hacia su lienzo de murallas más altos. No se nos olvidará este viaje de fin de semana.


La cultura es el más hermoso legado en el que se puede reflejar un pueblo. Un pueblo que no sea capaz de respetar y proteger su patrimonio cultural y ecológico estaría incapacitado para transmitir y por consiguiente se diluiria en su propia sinrazón.

P.D. Recuerdo que la Alpujarra es mucho más.¡Ojalá pudiera visitarla entera de punta a rabo!, y estimularme con sus efluvios a nogales, castaños, higueras, pinos, algarrobos, robles, alcornoques y un largo etcétera que estimulasen mis sentidos con el sonido del agua plácidamente susurrando por los caminos y senderos. ¡La Alpujarra, un auténtico paraiso!.


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1 comentario:

  1. Me ha gustado mucho tu reportaje y tu manera de escribir y presentar las cosas.
    Pero recuerda siempre, La Alpujarra es mucho más.
    Llevo 34 años recorriéndola de punta a rabo sin cansarme de hacerlo y cada viaje es una nueva ilusión y un mundo por descubrir.

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