jueves, 5 de febrero de 2015

Una mirada retrospectiva entre Cádiz y la Serrania de Ronda

Promulgación de la Constitución de 1812 en Cádiz. 
Óleo de Salvador Viniegra. Museo de Cádiz. Foto: A. Cuevas

Después de haber visitado Cádiz “de la Pepa” pusimos viento en popa transitando desde la Puerta de Tierra hacia Ronda, por la costa gaditana a través de la A-48 hasta Vejer de la Frontera y por la N-340 hasta Tarifa.

La retina del recuerdo afloraba imágenes de tiempos pretéritos reflejadas en los vestigios arquitectónicos como antiguas tierras de fronteras y repoblación. Dos maneras de entender la vida: el mundo cristiano y el mundo musulmán de la cual Vejer de la Frontera, Medina Sidonia, Arcos de la Frontera, Tarifa, Castellar de la Frontera, etcétera son un ejemplo de reminiscencias andalusíes.

Pueblos blancos salpicados a lo largo de la serranía, la angostura de sus calles sinuosas a los pies de alguna fortaleza con sus baluartes o alguna que otra torre albarrana como fiel testigo del paso de la historia.

Desde la costa de Trafalgar, -inmortalizada la batalla que lleva su nombre un 21 de octubre de 1805- entre ingleses y españoles en tiempos de Carlos IV y que llevara a la España de su época a un desastre político y militar al abrir una brecha profunda en nuestro poderío naval por donde se nos fue el mayor y más frágil Imperio que jamás haya existido-, transitamos por la costa de Vejer, Barbate, Zahara de los Atunes, Bolonia y Tarifa, donde los dichosos vientos del levante y del poniente ejercen su influencia protagonizando la vida de sus habitantes.




El Faro de Camarinal nos indica la ensenada de Bolonia, una playa de aguas transparentes con dunas de arenas doradas y bosques de pinos piñoneros, desde donde podemos observar el Estrecho de Gibraltar y las primeras montañas del continente africano.

Una zona privilegiada de pesca gracias a la migración anual del atún rojo cuyo ciclo reproductivo se produce entre mayo y julio en aguas cálidas. El atún rojo forma grandes bancos y se traslada hasta las aguas superficiales costeras procedente de las proximidades del Círculo Polar Ártico, pasando por el Estrecho de Gibraltar en dirección al Mar Mediterráneo entre mayo y julio para realizar el desove en el Mare Nostrum y en otoño se dispersan a aguas profundas.




Baelo Claudia nace a finales del siglo II a.C. y su origen está muy ligado al comercio. La industria del salazón del pescado y de las salsas derivadas del mismo (garum) fueron sus principales fuentes de riqueza convirtiéndose en la salsa gastronómica más apreciada en Roma y según Plinio, con un valor sólo comparable sólo al de los perfumes.

Los restos de vísceras del atún en salazón se dejaban en salmuera al sol y se envasaban en ánforas para ser exportadas por mar al resto del Imperio Romano.


El emperador Claudio (41-54 d.C. ) le otorga el rango de municipio romano. A partir de ese momento se produce el periodo de máxima prosperidad de la ciudad y de mayor intensidad en la actividad constructiva. A lo largo del siglo V d.C. la ciudad se abandona progresivamente.


Los fenicios, griegos y cartagineses observaron que llegando la primera luna de mayo, los grandes atunes rojos migraban desde las frías aguas del Océano Atlántico a las cálidas del Mare Nostrum para desovar, cruzando el Estrecho de Gibraltar como paso obligado, muy cerca de las costas y regresaban de nuevo en otoño al punto de origen. Para los romanos de Baelo Claudia constituyó su principal fuente económica aunque su origen es de época fenicia y púnica, alcanzando gran desarrollo en el mundo romano.

La antigua Gades romana -anterior Gadir fenicia- situada estratégicamente estaba vertebrada por vía terrestre mediante la Vía Augusta que unía Roma con Gades enlazando capitales de la Bética: Hispalis (Sevilla), Astigi (Écija) y Corduba (Córdoba) y por vía marítima desde su puerto a Roma. Las naves romanas recorrían en nueve días en trayecto entre Gades y Roma. Estrabón nos recuerda que la población gaditana permanecía en el mar más tiempo que en tierra. La fama de la Gades romana se extendió por su extraordinaria situación y por el culto al templo de Hércules, uno de los grandes mitos de la época.

En Tarifa visitamos el castillo de Santa Catalina y el puente de la isla de la Paloma como punto más meridional de Europa que separa el Atlántico y el Mediterráneo.




En Tarifa me acordé del dicho popular «la madre que parió al poniente y la madre que parió al levante» que a veces, desarbolaban nuestros sentidos al no estar nuestras naves aptas para luchar contra los elementos.

El Estrecho de Gibraltar -Gebel al-Tarik- desde tiempos remotos ha sido considerado un privilegiado enclave geoestratégico y cruce de culturas. Al mismo tiempo una encrucijada de pasos migratorios como el atún rojo de almadraba, un arte de pesca cuya etimología es de origen andalusí "lugar donde se golpea y lucha" así como el término arabizado attûn que procede del latín thunnus. Los árabes heredaron este ancestral y noble arte de pesca creando el término almadraba.

En el año 711 los árabes cruzan en Estrecho de Gibraltar-Gebel al-Tarik- y tras la batalla del río Guadalete, Barbate ó de la Janda -ya que los historiadores no se ponen de acuerdo sobre el lugar-, en la que Tarik derrota el rey visigodo Roderico, Vejer pasa a manos musulmanas con el nombre de Besher. Durante más de cinco siglos formó parte del dominio musulmán volviendo a manos cristianas en dos ocasiones. La primera, en el año 1250 con Fernando III el Santo, volviendo a manos musulmanas en agosto de 1264 para volver definitivamente en 1285 con Sancho IV que la concede a la Orden de Santiago. En 1307, después de una segunda repoblación, pasa a ser señorío de Guzmán el Bueno –dueño de las almadrabas de toda la zona del Estrecho de Gibraltar y Tarifa- hasta que heredaron de él los Duques de Medina Sidonia…

Entre aerogeneradores dejamos atrás la Tarifa de Guzmán “el Bueno” y subimos por el Alto del Cabrito, desde donde divisamos el Estrecho de Gibraltar observando a tan sólo 14 kilómetros el continente africano. El peñón de Gibraltar (Gebel al-Tariq, Monte de Táriq), está situado geoestratégicamente en la angostura que lleva su nombre y ha sido un referente importante como encrucijada de culturas.




Un 4 de agosto de 1704, una flota anglo-holandesa bajo el mando del almirante Rooke tomó la ciudad de Gibraltar desprotegida en nombre del archiduque Carlos de Austria pretendiente al trono español durante la Guerra de Sucesión Española. El 13 de julio de 1713 se firmaba el Tratado de Utrecht. España cedía a perpetuidad el Peñón a Gran Bretaña sin jurisdicción alguna, estableciéndose no obstante, una cláusula por la cual si el territorio dejaba de ser británico, España tendría la opción de recuperarlo.

San Roque, fundada en 1704 por los españoles expulsados después de la invasión británica de Gibraltar para introducir ciudadanos del imperio británico. Desde San Roque llegamos al castillo de Castellar de la Frontera en el Parque de los Alcornocales, donde visitamos su fortaleza nazarí del siglo XIII junto al río Guadarranque que forma una panorámica de gran valor paisajístico.


Castillo de Castellar de la Frontera

Dejamos atrás Castellar de la Frontera y transitamos por la A-405 por Jimena, San Pablo de Buceite, Gaucín, Algatocín, Benadalid, Atajate hasta llegar a Ronda. Esta ruta ha sido denominada “la Ruta de los Almorávides y Almohades” que evoca la profunda relación existente entre la antigua Al-Ándalus, territorio de la Península Ibérica bajo poder musulmán entre el año 711 y 1492 y los pueblos del norte de África separados por el estrecho de Gibraltar. 

Castillo de Jimena de la Frontera

Pueblos de origen andalusí que parecen manchas de leche derramada a lo largo de la serranía bajo el encantador laberinto de sus calles entre cuestas angostas y empinadas en busca de la protección de su alcazaba.




La antigua Gaucín -Sair Guazan- “la roca fuerte” de los andalusíes, apiñada al pie del desafiante castillo del Águila, -donde encontrara la  muerte de Guzmán “El Bueno” en su asedio el 17 de septiembre de 1309 en poder de los musulmanes. Desde el castillo se puede apreciar con buen tiempo una vista impresionante del Peñón de Gibraltar, el Mar Mediterráneo y la costa africana.

Sin embargo, los arrieros que transportaban desde Gibraltar productos como el tabaco, azúcar, café, etc…sin pagar impuestos y dormían en cualquier punto de la ruta con su manta en tierra junto a las albardas que le servían como almohada bajo la noche estrellada. Las dos rutas de los almorávides y almohades fueron dos arterias importantes en las comunicaciones que desembocaban por la Puerta de Almocábar "al-maqabir" por encontrarse cerca del antiguo cementerio musulmán en la antigua Ronda musulmana para llegar a través de Antequera y Alhama a la antigua Garnatha denominada la “Damasco de Occidente”–Granada-.





Una ruta transitaba desde Cádiz hasta Arcos, Zahara de la Sierra, Grazalema, Olvera y Setenil de las Bodegas hasta llegar al corazón de Ronda para proseguir hasta el reino nazarí de Granada. La otra ruta nos lleva desde Tarifa y Algeciras –a la que se unía Medina Sidonia- nos lleva hasta Gaucín, Algatocín, Atajate y Ronda para proseguir hasta Granada.



Existieron también otras rutas importantes en Al-Andalus como la ruta del Califato, la ruta de los Nazaríes o la ruta de las Alpujarras-, pero a partir del siglo XI -en que desaparece el Califato de Córdoba- todas confluían en Granada hasta su eclipse en 1492.


Posteriormente dicha ruta fue denominada entre el siglo XVIII y XIX “el camino inglés” que iba desde Gibraltar a Ronda pasando por Gaucín como ecuador de la ruta. Allí paraban las diligencias para pernoctar y proseguir a la jornada siguiente. Fue considerada por los románticos como una de las grandes rutas históricas y literarias de Europa.





Los bellos paisajes abruptos de la Serranía de Ronda y Grazalema se proyectan en nuestra imaginación en busca de la convulsa Andalucía de los siglos XVIII y XIX, donde existió una peculiar ruta denominada. La escarpada topografía de Ronda y su comarca ha sido convertida por los viajeros románticos en aventuras y bellas estampas pintorescas. Personajes que la literatura popular convirtió de alguna manera en mitos como los bandoleros, contrabandistas, estraperlistas, arrieros con sus faltriqueras, albardas, alforjas y mantas acompañados de las tradicionales reatas de mulas y recuas de borricos cargadas de fardos con productos que escaseaban en la Península como el tabaco, café, azúcar y telas -que no pagaban impuestos- atravesando peligrosos desfiladeros entre senderos y ríscos.




Transitamos por la A-397 a través de la Serranía de Ronda y Sierra Bermeja en dirección a San Pedro de Alcántara  para desviarnos por la MA-526 para encontrar el nacimiento del río Genal enclavado en el pueblo de Igualeja que perteneciera en tiempos pretéritos a la cora de Takoronna, en el reino nazarí de la antigua Garnatha. 



El agua brota en un escarpado macizo calizo desde el cual inicia su curso dando nombre a todo el Valle del Genal donde los castaños brillan con luz propia en toda la comarca. Una señal nos indicaba el Sendero de las Caleras. Paseando por muchos pueblos andaluces se puede observar como se construyeron algunas iglesias a partir del siglo XVI sobre los restos de las antiguas mezquitas, una vez conquistada esta zona del reino nazarí de la antigua Garnatha tras la caída de Ronda en 1485. También se pueden apreciar algunas torres que fueron alminares en tiempos pretéritos cristianizados posteriormente al añadirle un nuevo cuerpo para soportar mejor el peso de las campanas.



De vuelta a Ronda regresamos a través de la A-374 a nuestro punto de origen, con la Sierra de Grazalema y el castillo de Zahara de la Sierra como testigos de nuestra visita. Desde el embalse nos encontramos una bella panorámica que impregna nuestra retina. Es evidente que la Sierra de Grazalema nos recuerda las partidas de bandoleros durante el siglo XVIII con el popular José María Hinojosa “El Tempranillo” que dejara profunda huella en la retina popular. Zahara de la Sierra está enclavada en el Parque Natural de la Sierra de Grazalema bajo un emplazamiento privilegiado.




Desde su fortaleza árabe de origen nazarí se divisan los pueblos vecinos como Algodonales y Olvera hasta llegar a Morón, que también fue antigua tierra de fronteras llegando a ser un importante alkevirato en tiempos de Abd al-Rahman I ben Muawiya al-Dajil (el Inmigrado 756-788) según el libro de Ramón Auñón “Los alkevires de Morón”,  y posterior reino de taifa entre 1013-1066.

En definitiva, el Valle del Genal, del Guadiaro junto al Parque de los Alcornocales impregnan la retina del viajero que no puede quedar indiferente ante tanta belleza natural y que fuera frecuentado en tiempos pretéritos por la ruta de los almohades y almorávides, el camino inglés sin olvidar el bandolerismo que fuera considerado como razón de Estado al poner en peligro las rutas y caminos desde Despeñaperros hasta Andalucía la Baja y el Camino inglés.

Tampoco podemos olvidar que el bandolerismo fue el resultado de tanta miseria moral del propio Estado que permitía fuertes contrastes sociales beneficiando siempre a las clases privilegiadas como la nobleza y el clero mientras al mismo tiempo la miseria y hambruna actuaba como detonante para que muchas personas se pusieran al "margen de la ley" en las sierras de Andalucía como verdadero territorio donde ejercer su influencia.




Desde Cádiz a la Serranía de Ronda para el Blog de mis culpas...





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