lunes, 18 de septiembre de 2017

El Tenazas de Morón. "Eso es cantar por derecho".



Breve introducción

Aunque el pasado 31 de octubre de 2015 no pude asistir por motivos laborales a la presentación del esperado libro sobre la vida de "El Tenazas de Morón" en la Peña Flamenca "El Gallo", escrito por nuestro paisano, amigo e investigador local Luis Javier Vázquez Morilla y cuyo acto cultural fuera presentado por el prestigioso flamencólogo Manuel Bohórquez, creo que es justo reconocer que Luís Javier Vázquez debe estar presente en el blog de mis culpas por derecho propio al rescatar de las páginas del olvido a importantes leyendas de la historia del flamenco. 

Luis Javier Vázquez Morilla, en la Peña Frasquito de Puente Genil

"Eso es cantar por derecho"

Esta fue la exclamación de Don Antonio Chacón, el “Emperador del cante”, cuando en la ronda preliminar del concurso de Cante Jondo, celebrado en Granada en 1922, escuchó a un viejecillo interpretar las añejas seguiriyas de Silverio, cante perdido en el tiempo. Poco se sabía de aquel anciano, salvo que era de Morón, la tierra de donde se creía era natural Silverio Franconetti, y se rumoreaba que había hecho el camino andando desde Puente Genil.

El vejete conmovió en Granada a organizadores, artistas y público. El halo de sus cantes, junto a su propia figura, envolvió los aledaños de la Alhambra con un sentimiento turbador y nostálgico, evocación de una época que ya no volvería.

Diego Bermúdez Cala alcanzó en el certamen granadino una merecida fama. Pero su gloria fue tan efímera como lo fueron las hojas de los almanaques de los meses siguientes. Incluso el concurso cayó en el olvido.

Se aproxima el centenario de la celebración de aquel concurso e incomprensiblemente “Tenazas” sigue siendo un gran desconocido pero su figura se ha mitificado. Poco podía imaginar Diego Bermúdez que los laureles de aquel certamen lo inmortalizarían.

Luis Javier Vázquez Morilla ha realizado con su libro “El Tenazas de Morón. Eso es cantar por derecho", un magnífico trabajo que otorga auténtica justicia a Diego Bermúdez Cala, ganador por méritos propios del ya mítico Concurso de Cante Jondo celebrado en Granada en 1922 con organizadores de la enorme talla como Federico García Lorca, Manuel de Falla o Andrés Segovia entre otros.

Con esta obra de nuestro paisano local el escritor Luis Javier Vázquez Morilla nos introduce en una grata y amena lectura -como si de un túnel el tiempo se tratara-, sobre la figura de Diego Bermúdez Cala “El Tenazas”, rescatando del ingrato olvido a toda una leyenda del cante flamenco.


El 5 de marzo de 1852 a las 3 de la tarde nace en la calle Espíritu Santo Diego Bermúdez Cala “Tenazas de Morón”. Las necesidades acuciaban y su obligación como hijo mayor pasaba por ayudar a los suyos. Pronto comprendería el joven Diego Bermúdez que ganarse el pan faenando en la tierra andaluza le proporcionaba miseria y penalidades.

Diego empezó escuchando a “La Andonda” y a su compañero “Fillo hijo”, personajes más señeros de la escena flamenca local de aquella época. Diego debió de tener sus primeros contactos con el flamenco sobre 1864 cuando Silverio vino de Sudamérica. Es posible que le escuchara en alguna fiesta o celebración familiar.

Diego se reivindicó como discípulo de Silverio durante el Concurso de Cante Jondo de Granada, interpretando los cantes atribuidos al cantaor de la Alfalfa, al que consideraba “el mejor de todas las Españas”.

No podemos olvidar que el centro del cante en aquellos tiempos lo tenía Silverio Franconetti compaginando su labor artística con la empresarial, abriendo un café cantante en la Campana sevillana, en el número 1 de la calle Tarifa. “Tenazas” llegó a actuar en el café del propio Silverio.

Herido en su amor propio decide abandonar el tablao e incluso estuvo a punto de perder la vida en una reyerta por líos mujeriegos. Sufrió una gravísima herida en un pulmón que llegaría a perder, de manera que tuvo que retirarse del cante. Dicho rumor ya corría por la ciudad nazarí durante la celebración del Concurso de 1922, haciéndose eco del mismo la prensa.

A partir de ahora volvería de nuevo como bracero de cortijo a cortijo y de hacienda en hacienda, con la siembra, la siega, la recolección, la poda, la limpieza de los campos, la recogida de leña…serían sus faenas, cuando las hubiese. En el futuro reconocería que no quería el campo ni en fotografía ya que había sufrido mucho.

Diego Bermúdez Cala con 29 años contrajo matrimonio con Rosario Bellido González de 24 años el lunes 31 de octubre de 1881 en la Parroquia de San Miguel, el mismo templo donde ambos habían recibido el bautismo hacía más de dos décadas. Diego carecía de formación alguna, pues a la hora de estampar su firma “dijo no saber”.

El 4 de abril de 1889 nacería su primogénita Rosario. El 29 de marzo de 1882 muere en París el moronense Antonio Ramos de Meneses, Duque de Baños y Jefe de la Casa del Rey Francisco de Asís Borbón, padre de Alfonso XII.

Las penurias no le eran ajenas a Diego. Para ahorrarse algunos reales en el alquiler de su morada seguía cambiando con regularidad de domicilio. En Morón el hambre llama con fuerza a la puerta de los más humildes, que en agosto de 1893 se levantaron contra el aumento del precio del pan. Esa era la espantosa realidad en la que se encontraban sumergidos los braceros como Diego Bermúdez.

A estas alturas de siglo el flamenco era un arte reconocido y consolidado. En el año 1886 cantaba Chacón en el café de Silverio y Francisco Lema “Fosforito” en el café del Burrero. Los mejores intérpretes de flamenco desfilaban por los principales teatros y cafés cantantes de las principales ciudades andaluzas.

El guitarrista Pepe Mesa de Morón tuvo dos alumnos allá por 1895: Fernando Villalón y Pepe Naranjo.

Antonio de Morón “El Niño de Morón” compartió escenario con las primeras figuras del cante siendo el primer hijo del pueblo de la cal que impresionó su voz.

El sábado 8 de septiembre de 1894 los restos de Rosario Bellido recibieron cristiana sepultura en el cementerio de la Santísima Trinidad de Morón. Diego tuvo que ingerir al amargo trago de la muerte de la mujer de su vida. Después de aquella tragedia familiar con una niña de 5 años y un bebé de siete meses fijaría su domicilio Diego en la calle Ponce número 27. Su padre Cristóbal que vivía en el 47 de la calle Jerez Alta murió la tarde del 19 de mayo de 1898.

Diego Bermúdez “El Tenazas” con 50 años trabajaría como criado para los tíos del guitarrista Andrés Segovia en Villacarrillo.

“Tenazas” buscó resguardo en una fonda ajustada a sus recursos, la posada de Joaquina del Callejón Alto del barrio de Miragenil. Mientras tanto en las Cuevas del Castillo vivían las familias más desfavorecidas de la ciudad. El ya anciano Bermúdez era pobre. A pesar de trabajar de sol a sol, echando el resto en sembrados y zahúrdas, la miseria seguía envolviendo su vida, traspasando los límites de la legalidad para esquivar el hambre. Por fortuna existía en Puente Genil un ambiente propicio para que el moronense desplegara su cante, ya fuese en la taberna de “La Pava” o en la de ”El Seco”, encontrando Diego a pudientes dispuestos a recompensar con unas monedas su derroche de arte.

Pero antes de la primavera de 1922 Diego tuvo la noticia de que en Granada se iba a celebrar un gran concurso de cante, dotado con importantes premios en metálico.

La magia de lo flamenco cautivó al joven Garcia Lorca, que en verano de 1921 le escribía a su amigo Adolfo Salazar:

“Estoy aprendiendo a tocar la guitarra. Me parece que lo flamenco es una de las creaciones más gigantescas del pueblo español”.

Manuel de Falla ejerció una notable influencia sobre los tertulianos. Consideraba que el cante grande solo era la soleá, la siguiriya, el martinete, la debla, la caña y los polos; pero que la granadina, la malagueña, los fandangos, o las alegrías…, no eran más que una degeneración del cante…

Bajo estas premisas algunos miembros del grupo volcaron todas sus inquietudes en la organización de un Concurso de Cante Jondo del año 1922. Manuel de Falla se puso manos a la obra. El certamen habría de celebrarse durante las Fiestas del Corpus de 1922. Fue por ello que el 31 de diciembre de 1921 se cursó la solicitud de una subvención no inferior a 12.000 pesetas por mediación del Centro Artístico de Granada, que sería “el encargado de recibirla y administrarla”. Firmaron con su rúbrica más de veinte destacadas personalidades de la vida artística y cultural española, entre ellos Fernando de los Ríos, Juan Ramón Jiménez, Ramón Pérez de Ayala, Hermenegildo Giner de los Ríos, Joaquín Turina, Falla y Lorca, entre otros. El compositor gaditano Manuel de Falla fue el principal impulsor del evento. El 13 de enero de 1922 Falla le enviaba una carta al pintor Ignacio Zuloaga, al que conocía de su etapa parisina, y le daba cuenta de la iniciativa que se estaba fraguando, solicitándole su apoyo. La respuesta del artista vasco no se hizo esperar dando mil pesetas a la mejor siguiriya gitana que se cante.

El propósito del certamen no era otro que conseguir la revaloración del arte flamenco entre disertaciones, publicaciones, recitales de guitarra e incluso la creación de una escuela de cante. Así el 19 de febrero de 1921 Lorca pronunciaba en el Centro Artístico una conferencia titulada “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”. 

El 22 de marzo confirmaría el consistorio granadino la subvención requerida. Uno de los objetivos que se marcaron los organizadores como prioritario, conforme al espíritu que los alentaba, fue el de rescatar de las catacumbas del anonimato a viejos intérpretes que hubiesen salvaguardado primitivas formas. Se había establecido una cláusula que impedía la participación a profesionales mayores de 21 años, lo que causó no poca polémica. La tarea más importante era la de localizar a gente que conociera viejos cantes en toda su pureza. Se optó por recurrir a los profesionales de la talla de Ramón Montoya, Manuel Torre, La Macarrona o Manuel Pavón, no como concursantes, sino como artistas invitados. Poco a poco la expectación fue en aumento y se recibían inscripciones de Jerez, Sanlúcar y Sevilla.

Durante las semanas previas al concurso se sucedieron los actos culturales de promoción. Zuloaga realizó una exposición de veinticinco de sus cuadros en el Museo de Antigüedades de Meersman y Andrés Segovia ofreció diversos recitales de guitarra. El día 7 de junio en la sala del hotel “Alhambra Palace” pulsaron las cuerdas de su sonanta Manuel Jofré y Andrés Segovia, en tanto que la oratoria corrió a cargo de las voces de Antonio Gallego Burín, que leyó el ensayo de Falla titulado “El Cante Jondo (Canto Primitivo Andaluz)”, y de Federico García Lorca, que triunfó recitando “el poema de los paisajes”.

Días antes del comienzo del certamen ya se encontraban en Granada muchos corresponsales de medios nacionales y extranjeros, así como escritores, músicos y otros notables del panorama cultural español y europeo. En los pueblos se aireaba con orgullo la partida de sus paisanos para intervenir en el certamen.

Diego Bermúdez también se encontraba presto para partir a la ciudad nazarí. Tenía la legítima ambición de un veterano cantaor. Los amigos del cante creyeron en Diego Bermúdez y no permitieron que aquel anciano emprendiese el camino a pie, ni tampoco que acudiese con los ropajes de un porquero. José Bedmar “El Seco” propuso que se realizase una colecta popular para costear el viaje y la estancia del cantaor en Granada. El pueblo de Puente Genil respaldó con generosidad la iniciativa, reuniendo los fondos necesarios para acicalar a Dieguito. De esta manera el de Morón pudo dejar atrás la piara de cerdos, y ahora, vestido con ropaje decente, se subió al vagón del ferrocarril con destino a Granada en busca de la gloria.

El Tenazas  y los organizadores del Cante Jondo de Granada (1.922).
 (Caricatura)  López Sancho.

En los días de las pruebas en el patio de la Casa de Angelito Barrios, de pronto, y como un trallazo, se oyó un largo grito o lamento tremendo que nos dejó asombrados de emoción por su grandeza y fuerza. Era una soleá estremecedora del “Tenazas”. El miembro más experto del jurado era un viejo cantaor que se llamaba Antonio Chacón que exclamó: “Este es el hombre que estábamos esperando”. Cuando terminó de cantar unas seguiriyas y los cantes de Silverio, respondió Antonio Chacón tajante: 

“Eso es cantar por derecho”.

Antonio Chacón le manifestó entusiasmado al “Tenazas” que era el mejor cantaor que había oído en su vida. Falla y Zuloaga estaban extasiados. El viejo Bermúdez resultó que había sido compañero del famoso Silverio, la figura suprema del cante, cuyo nombre veneran con respeto los entendidos. El hallazgo había sido inesperado. Zuloaga dice que es como descubrir un Greco en una iglesia perdida. La célebre siguiriya 31 y las Cabales de Silverio, el califa del cante.

Queda patente la vinculación de “Tenazas” con el venerado Silverio Franconetti. El “Tenazas” causó conmoción y empezaba a corroborarse su victoria. Otra noticia que contribuyó a magnificar su figura fue que había llegado andando desde Puente Genil, pues era tan pobre que no tenía ni para comprar el billete del tren. Esta creencia se dio por cierta.

El Certamen se celebró en la Plaza de los Aljibes a las 22,30 de la noche aquel martes 13 de junio de 1922 la primera sección del concurso del Cante Jondo. Más de cuatro mil personas se congregaron en el recinto de la Alhambra para presenciar el evento. Ramón Gómez de la Serna, pronunció su alocución inaugural y sin más preámbulos llegó el cante.

El primero en abrir fue el cantaor de Linares Juan Soler, apodado “El Pescadero”, acompañado por José Cortés destacó por seguiriyas. A continuación un niño sevillano de 12 años llamado Manuel Ortega Juárez, hijo de “Caracol el del Bulto” acompañado por la sonanta del “Niño de Huelva”, que lo acompañó por seguiriyas y cantó por saetas. La niña granadina Carmen Salinas acompañada por Ramón Montoya, interpretó seguiriyas y soleares a la que siguió otro artista local, Francisco Gálvez “Frasquito Yerbabuena”, que llevado por la guitarra de Cuéllar agradó por soleares.

Entonces le llegó el turno al viejo “Tenazas” acompañado por Montoya. Inició el concurso entonando una “caña” con mucho brillo y una voz fresca y entonada asombrando en sus seguidillas con tendencias a carceleras, soleares y polos, que constituyen la más difícil manifestación del “cante jondo”.

Los corresponsales de medios extranjeros dieron cuenta de lo acontecido en el gran patio de la Alhambra. Falla. Zuloaga, Chacón, Lorca y Segovia estaban maravillados.

En la segunda parte Diego cantó una caña y luego apeló a los cabales de Silverio.




En la ciudad de Granada a 15 de junio de 1922.

SECCIÓN PRIMERA -SIGUIRIYAS GITANAS-

Primer premio dotado por Ignacio Zuloaga con 1.000 pesetas a don Diego Bermúdez Cala, natural de Morón, de 68 años de edad.

SECCIÓN SEGUNDA -SERRANAS, POLOS, CAÑAS Y SOLEARES-

Primer premio dotado con 1.000 pesetas se adjudica a don Diego Bermúdez Cala.

Es incuestionable que Diego Bermúdez ganó en Granada un primer premio extraordinario y otro primer premio, mientras que Manuel Ortega “Caracol” solo alcanzó uno extraordinario dotado con 1.000 pesetas.

La organización del concurso destacó que había vendido “más de 30.000 pesetas de entradas”, detalle que no pasaron por alto los promotores de espectáculos, que vieron en el cante jondo una buena fuente de ingresos, con el reclamo de los artistas premiados en Granada, dirigiendo sus miradas al viejo Bermúdez, del que se había rumoreado que fijaría su residencia en Granada, donde quedaría como profesor de la escuela de cante. Pero lo que es verdad es que a Diego pronto comenzaron a llegarle jugosas ofertas, que lógicamente no pudo rechazar. Diego estaba en el candelero. Todos querían escucharlo, desde la aristocracia hasta el pueblo llano, desde los aficionados de la capital hasta los de los pueblos. El debut de Diego en Madrid se produjo el 6 de agosto. 1.200 localidades a 5 pesetas la silla.

Diego Bermúdez Cala “Tenazas” estaba envuelto ya para siempre con el manto de su gesta granadina actuando en Morón para la feria los días 25, 26 y 27 de septiembre. Tenazas volvía a la tierra que meció su cuna, de la que partió entre tinieblas y a la que ahora regresaba convertido en un héroe.

El “Tenazas” era primo de Cristóbal Bermúdez Plata, nombrado en 1926 "Director del Archivo de Indias" cuyos padres se llamaban Diego Bermúdez Cala y Rosario Plata Nieto.

En cuanto al flamenco, Morón contaba en aquella década de los 20 con el “Canela”, “Niño del Matadero”, “Gonzalo de las Tinajas”, “Niño Fajardo”, Luis Torres “Joselero”, “Manolillo el Gitano” o “El Palero”, entre otros.

Pero de todos los aficionados locales, quien verdaderamente destacaba era el guitarrista Pepe Naranjo, el más influyente en la esfera flamenca moronera. Pepe tocaba cuando y para quien quería. Se cuenta como leyenda que se negó a acudir a la finca de Arenales para tocar ante la reina Victoria Eugenia, con motivo de una tienta con que la soberana fue obsequiada por el Conde de la Maza.

En el devenir flamenco de Morón llega a la ciudad en 1920 la familia formada por Juan Amaya Cortés y Bárbara Flores Flores procedente de la serranía de Ronda con los aires de los Negros de Ronda que mecen la enseña flamenca. El segundo de sus hijos, el tocaor José Amaya “Niño del Gastor” (Grazalema, 1894) ya residía en la ciudad integrándose en el pueblo rápidamente. Otros varones del clan, Diego (Arriate, 1908), que tomará el mismo nombre artístico que su hermano mayor y que con el paso del tiempo se convertirá en el aclamado Diego del Gastor, icono referencial no solo del flamenco moronense, sino de la propia guitarra flamenca, al que completó su enseñanza su hermano Pepe y Pepe Naranjo.

Posiblemente el “Viejo Bermúdez” se toparía por las calles de Morón con su tocayo Diego. Nuevamente “Tenazas” va a Madrid donde habría de inmortalizar sus cantes para la Casa Odeón. La casa fonográfica aceptó los ruegos de Falla, haciéndole llegar a Bermúdez una propuesta irrechazable: grabaría seis cantes a razón de 1.000 pesetas cada uno. Diego aceptó la proposición.

“Antes, de sol a sol, cobraba tres pesetas; después, por impresionar una placa fonográfica, por cantar tres minutos, me daban 1.000 pesetas. Impresioné seis para la casa Ondeón. ¡Seis mil pesetas!”.

El 23 de diciembre del año 1922 Diego comenzó a registrar sus cantes en Madrid, siendo su guitarrista el “Hijo de Salvador”. Siguiendo las instrucciones de Falla el de Morón impresionó los siguientes estilos: Caña, Soleares, Soleares de Paquirri, Martinetes, Siguiriyas Gitanas de Silverio y Serranas.

Tanto la “antigua caña” como la “Caña del Fillo” fueron estilos que Silverio Franconetti interpretó con profusión tras su regreso de Sudamérica, si bien el astro de la Alfalfa terminaría estampando su impronta a este cante. Bermúdez y el “Fillo hijo” coincidieron durante alguna etapa de su vida en Morón.

El martinete que Diego registró en pizarra era igualmente conocido como “carcelera”, que no es sino una toná interpretada en tono mayor que adquirió su particular marchamo en el hábitat de las fraguas de los Puertos, Jerez de la Frontera y Triana.

En las bases del concurso de Granada de 1922 los “martinetes-carceleras” figuraban en la tercera sección del programa junto a otros cantes que se interpretan sin acompañamiento: tonás, livianas y saetas viejas. “Tenazas” asombró al auditorio en sus seguidillas con tendencias a carceleras. Su temática apunta a los puertos gaditanos y otras coplas versan sobre las desgracias y penalidades de los presos.

Las carceleras no dejan de ser unos martinetes pero con letras abusivas a temas carcelarios. Las siguiriyas gitanas de Silverio no son otras que sus famosas cabales, las mismas con las que “Tenazas” asombró a Antonio Chacón en las pruebas de selección el concurso.

La tradición oral señala a Silverio Franconetti como el gran moldeador de las cabales, si no su creador.

Tras impresionar los discos Diego Bermúdez regresó nuevamente a Morón estableciéndose la calle Llanete. Llegada la primavera de 1923 comenzaron a comercializarse los discos grabados por Diego Bermúdez de Morón “Tenazas” de setenta años por la Casa Odeón.

En 1923 los discos de pizarra de 78 rpm eran artículos de lujo, y no digamos los gramófonos, así que imaginamos que fueron pocos los paisanos de Diego que se acercaron para adquirirlos hasta Piazza Hermanos, en la Plaza de San Fernando, que era el comercio que los distribuía en Sevilla. Los aficionados moronenses tendrían la ocasión de escuchar de viva voz aquellos cantes, pues cuentan que Diego Bermúdez “Tenazas”, el coloso y decano del cante “jondo” solía prodigarse por las tabernas del pueblo, como la de Joaquín Ramos, Diego Alemán, José Barrera, “El Disloque” o tantas otras en las que los parroquianos gustaban del flamenco, que en la tierra de la cal siempre se acompañaron los quejíos al compás de los nudillos sobre una barra tasquera.

Desde la celebración del certamen de cante jondo, la figura del “Viejo Bermúdez” no había caído en el olvido.

Con 73 años a cuestas Diego había llegado al poniente de su existencia. La mirada al pasado contemplaba una vida marcada por duros años de trabajo y aciagos episodios, aunque también un lustro de libertad y momentos de gloria. Muchos cruces de camino quedaron atrás, ahora sólo restaba la inevitable recta final. El anciano Bermúdez decide enfilarla desde Puente Genil, la tierra que hacía años lo acogió como a uno de los suyos y a la que siempre llevó en su corazón.

La posada de Campos terminó convirtiéndose en una especie de templo para los más cabales, que acudían prestos a su altar para conversar con “Tenazas” y empaparse de sus cantes. Entre ellos, “El Seco” y el afamado Cayetano Muriel “Niño de Cabra”. Así fueron sucediéndose los meses, en una bendita rutina. 

Francisco Ayala Morales (1918-2003) uno de los primigenios promotores del Gazpacho Andaluz de Morón, emplazaba a “Tenazas” como espectador de lujo en un concurso de cante celebrado en la Alameda moronense en 1927 “Teatro de Verano de Pascual”. En este envite artístico obtuvo un premio el joven cantaor Luis Torres “Joselero” (1910-1985).

Por aquellas fechas un joven escritor de Puente Genil Joaquín García Hidalgo realizó un reportaje a “Tenazas” abarcando dos páginas en el “Heraldo de Madrid”. Corrían los tiempos de la Ópera Flamenca denominándose así a partir de 1927 para pagar menos al fisco (3%) mientras que las variedades tributaban al 10%. La etapa de la Ópera Flamenca se alargaría hasta comienzos de los años cincuenta destacando el inigualable José Tejada “Niño de Marchena”. Artistas como Antonio Chacón, Manuel Torre o la “Niña de los Peines” también cosecharon triunfos.

Diego llegó a Madrid para cantar el 14 de septiembre de 1928 pero ya no era el mismo.

Diego profesaba fervor a don Antonio Chacón “El Pontífice del cante” que murió el 21 de enero de 1929. Perdía el flamenco a uno de los mejores cantaores que jamás hayan existido. Un cantaor enciclopédico, renovador y creador con portentosas facultades que embelesaron incluso al propio Silverio.

El “Niño Rosa” desempolva los recuerdos sobre la última estancia del “Tenazas en Morón” en las postrimerías de la década de los veinte en una bodega situada entre la Calzadilla y los Caños “La Viña Mariano”.

“Tenazas”, viendo cercano su fin, quiso recompensar los desvelos de la familia Campos en Puente Genil y le entregó uno de los dos tesoros que consiguió en Granada, el diploma que acreditaba su triunfo en la segunda sección del concurso. Francisco Campos, nieto del posadero, conserva como oro en paño esta reliquia del arte flamenco. 

El Miércoles Santo, 12 de abril de 1933, cantó “Tenazas” una saeta de circunstancias al Humilde en la Nave del Templo.¡Cómo lloraba la gente!. Estas fueron las dos últimas saetas de Dieguito con 83 años (11 años después de la noche triunfal de Granada)

A las cuatro de la tarde del 10 de noviembre de 1933 cerraba para siempre sus ojos Diego Bermúdez Cala “Tenazas”, el guardián de cochinos que en 1922, en la colina roja de Granada, pasó a la posteridad como custodio del cante flamenco.

Epílogo

Diego falleció tan pobre que ni un nicho pudo acoger sus restos, que tras un entierro de caridad fueron arrojados a una fosa común. Su vida y su obra merecieron un adiós más digno. Allí quedó enterrado su cuerpo pero no su recuerdo. Su diploma se convirtió en objeto de veneración en “·La Rana”, el bodegón de Francisco Campos.


La afición de Morón tampoco se olvidó de Diego Bermúdez Calas “Tenazas”. El 22 de agosto de 1964 se tributó a su memoria el II Gazpacho Andaluz glosando su figura Rafael Belmonte, haciendo especial hincapié en los arcaicos estilos con los que triunfó en el certamen de Granada. 

El 3 de julio de 1993, la moronera peña Flamenca de Montegil le dedicó el II Festival Flamenco La Cal de Morón, acto que contó con la asistencia de algunos de los descendientes del cantaor.

Los cantes del “Tenazas” siempre han figurado en toda antología flamenca que se precie. En 1972, con ocasión del cincuentenario del concurso de Granada, se reeditaron en Granada una serie de actividades que incluyeron la redición en discos de vinilo de los cantes de “Tenazas”.

El 14 de agosto de 2008, con motivo del 75 aniversario de su fallecimiento, el ayuntamiento de Puente Genil dedicó a su memoria la XLII edición del Festival de Cante Grande “Fosforito”. La Tertulia Flamenca “El Gallo” y la Peña Flamenca Montegil de Morón se sumaron a la dedicatoria.

Aquel verano el nombre de Diego apareció en los medios gracias a la iniciativa tomada por el Archivo Manuel de Falla, que ideó unas audio-guías musicales para recorrer la Alhambra de Granada. 

Las siguiriyas gitanas del “Tenazas de Morón” fueron el soporte musical escogido para visitar la Plaza de los Aljibes, la vetusta explanada donde comenzó a fraguarse su leyenda dos mágicas noches de junio de 1922.


Con el autor del libro Luis Vázquez junto al Niño Rosa y el cantaor flamenco Diego Valle, en Retamares.

3 comentarios:

  1. José Ángel Ruiz11 octubre, 2017 13:05

    Hola Antonio ! Pongo tu blog en mi lista de favoritos. Enhorabuena por las fotos. Soy José Á. Ruiz, tu profe de Higiene Postural en el Trabajo. Un saludo

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    1. Muchas gracias José. Espero que te guste. Saludos.

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  2. Diego Bermúdez Cala,El Tenazas de Morón, ganador del concurso de Cante Jondo en el año 1922 en la ciudad de Granada, NO ERA GITANO.

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