domingo, 16 de abril de 2017

El Castillo de San Jorge de Sevilla, antigua sede de la Inquisición española


Lugar donde se encontraba ubicado el "Quemadero de la Inquisición", en Sevilla

"Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla"

Giordano Bruno al recibir la sentencia el 8 de febrero de 1600


Desde el Centro de Interpretación “Judería de Sevilla” pusimos nuestro punto de mira en el Castillo de San Jorge recorriendo a pie el camino inverso que realizara en tiempos pretéritos la “procesión de los reos”. En esta ocasión a través del antiguo "Quemadero" de la Inquisición que estaba situado en el Prado de San Sebastián -donde se encuentra actualmente la estatua ecuestre en bronce del Cid Campeador- llegando a la Plaza de San Francisco, donde existe una esquina entre la Sala Capitular y el Arquillo del Ayuntamiento -allí se ubica una Cruz como recuerdo de la Inquisición-, para tomar hacia la calle Zaragoza y Reyes Católicos que nos lleva hasta la margen derecha del río Guadalquivir, donde se encuentra "el castillo de San Jorge", en el sótano del actual mercado de Triana, donde se encuentran las ruinas de la antigua sede del Tribunal de la Inquisición, que durante más de tres siglos formará parte de la "liturgia del terror".

Siempre que se visita algún Centro de Interpretación de la Memoria como la Casa de Sefarad en Córdoba, la Judería de Sevilla, el castillo de San Jorge en Triana o el barrio judío de Hervás, en el norte de Cáceres entre otros, sale a relucir en los paneles ilustrativos que nos proyecta la historia el Tribunal de la Inquisición. 
Una institución que tenía no sólo el poder de prohibir y quemar libros contrarios a la religión católica sino que le fueron otorgadas plenas atribuciones por el Papa y la Corona española para perseguir, torturar e incluso mandar a la hoguera a los disidentes religiosos “cátaros, luteranos, protestantes, judíos, musulmanes e incluso gente de ciencia como Galileo, Giordano Bruno entre otros, figuran en su liturgia del horror”.

Giordano Bruno pensaba que la Tierra no era el centro del Universo y que podrían existir incontables soles y planetas que permanecen ocultos a nuestra visión (palabras que podrían ser de plena actualidad). Pero fue más allá, creía que en las leyes del Universo rigen en todos los lugares, en un momento en que se creía que la Tierra era un lugar bendecido por Dios. Pensaba que existían planetas fuera del sistema solar. Fue catalogado de maldito y herético por la Iglesia, quemando "todos sus libros" en la Plaza de San Pedro. La Iglesia ha rehabilitado su figura pero no sus ideas aunque actualmente los escolares estudien las leyes del Universo en las escuelas. 

El concepto de infinito que se debate ahora también fue mencionado por Giordano Bruno, situándose en el espacio. Defender esas teorías en esa época era muy peligroso. Para la Iglesia católica se ganó el título de "escritor maldito". El 8 de febrero de 1600 escucho su sentencia condenado a la hoguera por herejía. Giordano Bruno le dijo a la Iglesia al escuchar la sentencia "Tembláis más vosotros al dictar esta sentencia que yo al recibirla".

El movimiento científico considera a Bruno como un precursor de las leyes científicas posteriores que en el siglo XVI-XVII tenía la idea que existen otros mundos habitados por seres inteligentes, lo que en aquella época fue tachado de locura.


El 22 de junio de 1633, un débil hombre de ciencia y anciano Galileo fue citado a comparecer ante el Tribunal de la Inquisición de Roma y obligado para salvar la vida a pronunciar de rodillas la abjuración de su doctrina heliocéntrica.

"Eppur si muove" (y sin embargo, se mueve).

Los teólogos de la Inquisición romana calificaron la teoría heliocéntrica de "filosóficamente insensata y absurda y herética, ya que en muchos aspectos contradice de forma expresa las oraciones de las Sagradas Escrituras en su significado literal, su interpretación común y la opinión de los Santos Padres y de los doctores en teología".


Es cierto que Sevilla ocupó tristemente un lugar destacado en la historia de la Inquisición española. El Tribunal del Santo Oficio hispalense fue creado en 1.480. En sus primeros cincuenta años tuvieron que bajar el ritmo de las sentencias, al no existir cárceles ni dinero para mantener a tantos presos en sus sólidas y lúgubres mazmorras.


En un rincón del Ayuntamiento de Sevilla que da a la Plaza de San Francisco, se encuentra una Cruz que recuerda el Santo Oficio.

La Inquisición se creó para solucionar el “problema” converso -judíos convertidos al cristianismo-. Se decía que había conversos que conservaban parte de sus antiguos ritos y que su conversión no era sincera. Fue en el Convento de San Pablo en Sevilla donde comenzaron las primeras persecuciones contra ellos. Su drama fue inmenso y se prolongó durante toda la historia de la Inquisición.

La capital hispalense tuvo que ser muy a su pesar la triste protagonista al ostentar aquel 6 de febrero de 1481 el dudoso honor de convertirse en el escenario del primer Auto de Fe celebrado en España donde fueron quemadas seis personas como judaizantes. 



También por desgracia, Sevilla volverá a ser protagonista en el último caso de muerte en la hoguera, que se produjo en 1781 en el Quemadero del Prado de San Sebastián, paradójicamente una desafortunada anciana monja y ciega “la beata Dolores”. 

La presencia en Sevilla de un numeroso grupo de judeoconversos, que “presuntamente, preparaban una rebelión”, sirvió de coartada para la creación de la Inquisición Española que durará desde 1478 hasta 1834.

Paralelamente a la creación de la Inquisición en las Cortes de 1480, los Reyes Católicos impulsan la aprobación de dos medidas que anuncian la futura expulsión de nuestros judíos sefardíes: 

Deciden que tendrán que regresar para comer y dormir; igualmente se les impone la obligación de llevar un distintivo de color en la ropa para que sean identificados como judíos. 

El Castillo de San Jorge acogió durante 300 años este Tribunal de la Inquisición, extinguido en 1820. En sus mazmorras sufrieron prisión y tortura miles de hombres y mujeres de toda condición. Su imagen de siniestra fortaleza representó a la Inquisición Española en Europa. La recuperación de sus restos ha permitido recordar aquellos tiempos y reflexionar sobre los aspectos negativos de la condición humana.

El primer uso de este solar fue como una necrópolis almohade (siglos XII-XIII) relacionado con el barrio de Triana y con el "Puente de Barcas" que conectaba la antigua Isbilya "Sevilla" con  al-Xaraf "Aljarafe".

En las excavaciones se recuperaron 229 enterramientos, aunque la necrópolis debió de contener más de 1000 individuos. Las tumbas, en fosas muy sencillas, estaban orientadas hacia el sudoeste; el muerto aparecía con las piernas flexionadas y la cabeza mirando hacia el este, hacia la Meca, como es habitual en el rito musulmán.

Los numerosos vasos que aparecieron revelan la estrecha relación que existía entre el agua y los ritos funerarios musulmanes.

Una fortaleza para la defensa de Isbilya. Hacia 1220-1230, ante el avance de las tropas cristianas hacia el sur, la capital del Imperio Almohade en Al Ándalus edifica sobre el cementerio una fortaleza para custodiar el puente de barcas y proteger la ciudad.


El castillo, tras la conquista de Sevilla por Fernando III “El Santo” en 1248, parece que fue entregado a la Orden de los Caballeros de San Jorge. Existió una capilla que fue la primitiva parroquia de Triana quedando como ermita tras la construcción de la parroquia de Santa Ana por Alfonso X en 1276.

En tiempos de Enrique IV fue escenario de luchas entre los partidarios del rey y los de su hermano el infante Don Alfonso. En 1463 pasó a manos del Marqués de Medina Sidonia volviendo poco tiempo después a la Corona, bajo los Reyes Católicos. En 1481, ceden el castillo al Tribunal de la Santa Inquisición que establece allí su primera sede, manteniéndose así durante tres siglos. 

Siendo Inquisidor General de España don Fernando Valdés (1483-1568), cardenal Arzobispo de Sevilla, manda el traslado de la sede de la Inquisición al Castillo de San Jorge, en el arrabal de Triana, que había sido edificado sobre los restos de una antigua fortaleza almohade. Allí quedarán instalados los reos y sus verdugos “los inquisidores”. El Tribunal de la Inquisición ocupó el Castillo de San Jorge hasta 1.626 –muy deteriorado pos las fuertes arriadas- Reparadas las ruinas, vuelve a ser ocupado por la Inquisición hasta su traslado definitivo en 1.785 al antiguo y desaparecido colegio jesuita de las Becas, entre 1800 y 1803.

Las cárceles bajas se encontraban junto a la actual calle de San Jorge. Eran pequeñas y oscuras. La ciudadela del castillo de San Jorge contuvo entre 26 y 30 cárceles, llamadas “secretas”, destruidas en la reforma del castillo para mercado en 1820. Las llamadas “bajas” formaban agrupaciones adosadas a las murallas. Había también 12 “altas” en las torres, entre las que se encontraba la denominada “cámara del tormento”, en la torre de San Gerónimo, que daba a la actual Plaza del Callao. 


Maqueta del antiguo castillo de San Jorge de Sevilla, sede de la Inquisición 

La sala de audiencias era un edificio alargado donde el fiscal leía los cargos al acusado en presencia de los inquisidores, notarios y secretarios. Se mantuvo en uso desde su construcción en 1485 tratándose del único edificio de estas características que se conserva en España.

Los “Familiares” eran los servidores laicos del Santo Oficio, una especie de policía cuya misión era provocar la denuncia o detener a los presuntos herejes. Las “familiatiras” eran codiciosamente apetecidas, incorporándose a ellas gentes de todos los estratos sociales, en especial de la nobleza. Los oficiales inquisitoriales, mayores y menores, podían llevar armas y sólo podían ser juzgados por la Inquisición.


Certificado de Familia firmado por la Inquisición sobre la limpieza de sangre.
Centro de Interpretación "Judería de Sevilla"

El proceso inquisitorial se iniciaba siempre por una delación o por una inquisición, lo que hoy llamaríamos una investigación. 

El procedimiento habitual constaba de varias fases:

Edicto de Fe o Edicto de Gracia

Se pronunciaba un sermón en el cual se daba un tiempo de gracia para que todos aquellos que pudiesen estar cometiendo delito de herejía, se confesasen voluntariamente. También se alentaba a la delación. El confeso, en teoría, se aseguraba la brevedad del proceso y penas sólo pecuniarias, normalmente.

Calificación y Acusación 

Después de una delación, y antes de proceder a una detención, se presentaba la evidencia del caso a un número de teólogos que actuaban como calificadores, para determinar si los cargos implicaban herejía. Si los cargos eran suficientes, se detenía al acusado. 

Clamosa 

La detención iba acompañada de la inmediata confiscación de los bienes del acusado. No se le explicaban las razones de su detención y se mantenía en secreto durante todo el proceso la identidad de los testigos. El día que así lo dispongan los inquisidores, el detenido era llevado ante los jueces. En la primera sesión se le interroga acerca de su identidad, sus ascendentes y familiares, dónde y con quién se ha confesado por última vez…


Entonces se le pide que lo confiese todo y que manifieste el motivo por el cual, se le ha detenido. Se repetía tres veces en varias semanas. En la última, si el reo no confesaba, el fiscal presentaba los cargos.

En la Audiencia

El fiscal leía la acusación y se le pedía al acusado que contestara a las acusaciones inmediatamente, sin que se le concediera tiempo ni abogado. Después, se le daba permiso para buscar ayuda legal para su defensa. El acusado podía defenderse:

a) Citando entre sus enemigos a los delatores.
b) Presentando objeciones contra los jueces.
c) Llamando testigos favorables (proceso de abonos). El proceso se componía de una serie de audiencias, en las cuales tanto la acusación como la defensa hacían sus respectivas declaraciones, y una serie de interrogatorios, realizados por los inquisidores en presencia de un notario.


Tormento

Si los inquisidores lo consideraban necesario, el acusado era sometido a tortura, normalmente al potro, donde se le apretaban las muñecas y tobillos con unas cuerdas. Solía bastar con unas sesión y era buena señal para los inquisidores que el reo confesase.

Sentencia

Cuando la defensa y la acusación terminaban sus exposiciones, el caso se daba por concluido y llegaba el momento de dictar sentencia. Para ello era necesario formar una consulta de fe, corporación que estaba formada por los inquisidores, un representante del obispo y algunos licenciados en teología o leyes, llamados consultores: todos votaban.

Auto de Fe

Una vez estaba dictada la sentencia, el acto final era una compleja ceremonia donde se proclamaban las sentencias y se aplicaban los castigos: el Auto de Fe. Era un espectáculo religioso donde no se quemaba a los condenados. Para esa liturgia del terror se dedicaba "El Quemadero".



Auto de Fe en la parroquia de la Magdalena de Sevilla, por Lucas Valdés

Los reos salían con el sambenito puesto desde el Callejón de la Inquisición en el Castillo de San Jorge para cruzar el río Guadalquivir por el desaparecido Puente de Barcas (1170-1850) que contaba con 11 barcas encadenadas, atravesaban el Arenal y entraban en Sevilla por la Puerta de Triana y llegar a la Plaza de San Francisco, donde los Inquisidores dictaban sus sentencias para que fuesen ejecutadas por el brazo secular en el “Quemadero del Prado de San Sebastián” o lugares similares donde se preparaba un entarimado para presenciar “tan magno acontecimiento”.

El Quemadero del Prado de San Sebastián estuvo en el lugar que actualmente ocupa el monumento a "El Cid" donde cientos de personas perecieron en la hoguera junto al Quemadero de Tablada culminando una liturgia del horror justificado por el "Santo Tribunal" que justificaba bajo el nombre de "Autos de Fe".

Más que un castillo, el recinto fortificado de San Jorge era una auténtica ciudadela. Las edificaciones interiores se apoyaban en el muro y adaptaban su fachada a las diagonales que los comunicaban. Estas diagonales eran verdaderas calles que partían de los tres accesos el recinto y confluían en el centro, junto a la capilla. Incluso el empedrado que tenía era igual que el que solía pavimentar las calles de la ciudad de Sevilla en los siglos XVII y XVIII. La pendiente de las calles estaba orientada al río, para que desaguara en él.

La casa del primer inquisidor era la de mayor entidad, destacando por su gran superficie, patio con galería, doble altura y amplios salones; con una posición privilegiada frente a la ciudad, torre mirador y un conjunto de instalaciones como correspondía a una persona principal. Disponía también de cuadras, bodega y de un área de servicio con personal y cocina propia con despensa, pozo, etc. Junto con los fiscales, contadores y receptores, los inquisidores eran los oficiales mayores.


Cuadro "Expulsión de los judíos de Sevilla" de Joaquín Turina y Areal

Los inquisidores se desplazaban en mulas que se mantenían en las cuadras con acceso desde la calle. Disponía de 5 amarres y un pozo con su pilón para dar de beber a las bestias.

Disponían de bodegas subterráneas o “fresqueras”, para mantener en unas condiciones estables de humedad, temperatura y oscuridad los alimentos como las chacinas, quesos, aceite y vino. También esta bodega fue usada para dormir al fresco durante las noches del riguroso verano.

En la fortaleza también existían las casas del Nuncio o Delegado Papal y del Notario del secreto, encargado de redactar los documentos del proceso. Eran típicas casas de patio andaluz con escalera y doble altura con vistas al interior de la ciudadela y al río. El Notario del secreto era un oficial medio, como los Alguaciles, Los Alcaldes, o los Notarios del secuestro y los Jueces de Bienes, que se ocupaban de las propiedades confiscadas.

El portero y su mujer ejercían la función de vigilancia y de servicio. Era una casa popular típica andaluza de pequeño patio central, escalera exterior, leñera, despensas y una cocina en planta baja, durmiendo en la planta alta. Los porteros eran oficiales menores de la Inquisición, como también lo eran los despenseros, médicos, capellanes y cirujanos…

Después de su abandono por el Tribunal de la Inquisición, el Estado lo cede perpetuamente a la ciudad de Sevilla, ocupándose el Ayuntamiento de su derribo y posterior explanación del solar. Hasta 1822, fue usado como almacén de grano, momento en que se construye el Mercado Municipal de Abastos de Triana. 

Entre 1845 y 1852 se le amputa el extremo sur para la construcción del “Puente de Isabel II”, manteniéndose como mercado hasta nuestros días, con una demolición real del edificio viejo en 1990 para construir el actual. En el proceso de las obras se recuperan los restos de la dilatada historia que ahora contemplamos.

En la actualidad, las ruinas subterráneas del Castillo de San Jorge se han convertido desde 2009 en un Centro de Interpretación sobre el Castillo, la Inquisición Española y la represión religiosa.



Algunos inquisidores que brillaron "con luz propia"...

Tomás de Torquemada

Dominico castellano, primer Inquisidor General de Castilla y de Aragón en el siglo XV que inició el mayor periodo de persecución a los judeoconversos entre 1480 hasta su muerte en 1498 teniendo lugar bajo su mandato la expulsión de los judíos el 31 de marzo de 1492.

Cardenal Cisneros

Confesor de la Reina Isabel la Católica, arzobispo de Toledo, primado de España y tercer Inquisidor General de Castilla, perteneciente a la Orden Franciscana. En 1499 implanta la conversión forzosa, la represión y la violencia, para conseguir que la población andalusí de Granada abandone la religión musulmana contraria a las Capitulaciones. Aprovechó la “Revuelta del Albaicín” para asaltar la Madraza “Universidad granadina” que venía funcionando desde 1349, cuya biblioteca con textos coránicos será llevada a la plaza de Bib-Rambla, donde será quemada en la hoguera. Será una de las más tragedias culturales más grandes de Europa.

Diego Rodríguez Lucero

Nombrado en 1500 Inquisidor General de Córdoba, protagonizó los más cruentos Autos de Fe, entre los que destaca el celebrado el 22 de diciembre de 1504 donde murieron quemadas vivas 107 personas, en una noche. Este cruel personaje fue objeto de la primera revuelta contra la actuación inquisitorial de la historia de esta institución, siendo expulsado de la ciudad de Córdoba. Lucero arrestó a ciudadanos principales por motivos insignificantes o con pretextos falsos con el fin de apoderarse de sus bienes. Algunos testigos conversos testificaron que habían sido obligados a enseñar sus oraciones judías a cristianos viejos para acusarlos de judaizantes. Lucero fue detenido al fin en 1507 cuando iba a producir un holocausto de 160 personas siendo sus víctimas puestas en libertad. Pero había quemado a 130 personas en 1500, a 120 en 1504 y a 27 en 1506.

Fernando Valdés

Nombrado simultáneamente Arzobispo de Sevilla e Inquisidor General. Era una forma elegante de apartarlo de la Corte. Intransigente, ambicioso y sin escrúpulos, destruyó la carrera de Juan de Vergara (canónigo, humanista, de ascendentes judeoconversos, acusado de luterano y alumbrado) y la del obispo de Toledo, Bartolomé Carranza. Este último logró recusarle como juez, de tal manera que se había ensañado con él. Fernando de Valdés, fue autor, en 1559, de uno de los Índices de libros prohibidos. Promulgó unas “Instrucciones” para la Inquisición, en las que reformó y reorganizó el proceso inquisitorial.

Fernando Niño de Guevara

Inquisidor General y Cardenal de Sevilla mandó a ejecutar durante su cargo a cientos de personas siendo cesado por orden del Rey en 1.602, debido a múltiples quejas. En 1601 había sido nombrado Cardenal de Sevilla donde ejerció el cargo hasta su muerte. Una fecha clave en la historia hispalense será el Sínodo de 1.604, en el cual el cardenal, en un alarde de soberbia, obligó a las cofradías a pasar por el Palacio Arzobispal, lo que se considera en la actualidad como la “Carrera Oficial a la Santa Iglesia Catedral”.

Óleo sobre tabla pintado por Francisco de Goya entre 1812 y 1819. 
Representa un "Auto de Fe" por "delitos contra la religión católica" impartido por el Tribunal de la Inquisición.

Personajes históricos perseguidos por la Inquisición

Pablo Antonio José de Olavide y Jaúregui (1725-1803)

Fue escritor, traductor, jurista y político. Tras una larga estancia en Francia, regresa a España como introductor convencido del enciclopedismo francés. En la actualidad se le recuerda por ser el artífice de la primera gran reforma universitaria española, así como por intentar racionalizar recursos tanto naturales como económicos que confluyeran en la modernización del país. Es nombrado superintendente de las nuevas poblaciones de Andalucía, por lo que vive en Sevilla. Impulsó una verdadera reforma del comercio, las infraestructuras, el urbanismo y la cultura.

Su acomodada posición económica, hicieron que la Inquisición comenzara a vigilar estrechamente sus actividades y escritos. En 1775 se le abre el primer proceso inquisitorial. Es acusado de proposiciones heréticas. En 1776 es condenado como hereje convicto y se confiscan todos sus bienes, ingresando en las cárceles de la Inquisición. Dos años después se le declara “hereje, infame y miembro podrido de le Religión”. Es condenado a 8 años de reclusión en un monasterio. Europa se escandaliza. En 1779 logra escapar a Francia. Vivió la Revolución Francesa y la Convención le nombró ciudadano de honor.

Su creación literaria más destacada es “Historia de un filósofo desengañado”. Entre sus ensayos: “Informe sobre la Ley Agraria”, y el “Informe sobre el Proyecto de Colonización de Sierra Morena”.

Escribe “En Evangelio en triunfo” (1797), fruto de una profunda crisis religiosa, donde expresa su arrepentimiento. Carlos IV le permite volver a España, le restituye todas sus dignidades y le concede una reta anual de 90.000 reales.


María Dolores López

Ciega sevillana con delirios de santidad. Decía que tenía revelaciones y tratos con la Virgen.. Condenada a la hoguera, se arrepintió en el auto de fe y cuando fue llevada al quemadero se le dio garrote y su cuerpo fue quemado. Este hecho lo narra el escritor Blanco White como recuerdo de su infancia. Fue la última víctima de la Inquisición e Sevilla.

María de Bohorques

Miembro del grupo protestante de Ponce de León, hijo del conde de Bailén, al que acusaron de recibir literatura protestante de un arriero llamado Julián Hernández. 

Joven muy culta que defendió sus creencias como católicas. Antes de su ejecución dos jesuitas y dos dominicos trataron de “salvar su alma”. Salieron impresionados por su sabiduría y por la defensa de su fe. Fue agarrotada estrangulada- por luterana y después quemaron su cuerpo en el quemadero del Prado de San Sebastián, en 1559, con tan sólo 24 años de edad. Era hija ilegítima de Pedro García de Jerez y Bohorques, caballero principalísimo de Sevilla.

Casiodoro de Reina

Considerado el maestro de la comunidad evangélica que se había formado en el monasterio de los jerónimos de San Isidoro del Campo (Santiponce). Después de las detenciones de Constantino Ponce y otros, varios monjes de dicha comunidad huyeron hacia Ginebra. Entre ellos se encontraban Cipriano de Valera y Antonio del Corro. Fueron figuras destacadas de la Reforma europea. Su traducción de la Biblia (la Biblia del Oso) fue la primera completa al castellano, procedente del griego y del hebreo. Fue quemada una imagen suya en un Auto de Fe en 1562.

Santa Teresa de Jesús

Descendiente de judíos conversos. En 1575 su obra “Vida” fue objeto de sospecha, siendo examinada por la Inquisición en el Tribunal de Sevilla, que no dejó que se publicara hasta su muerte en 1582. En 1576 ella y las carmelitas reformadas fueron denunciadas de nuevo ante el Tribunal de Sevilla por una novicia expulsada, pero la Inquisición no siguió adelante.

“E iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios, y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores. A mi e cayó esto en gracia, y e hizo reir, porque jamás yo temí”, decía.

Samuel Abravanel (Juan Sánchez de Sevilla). Siglo XIV

Nace en Sevilla en una familia con raíces toledanas y de gran posición social y económica. Fue contador mayor del rey Juan I (es decir, el jefe de todos sus recaudadores y contables). Es un hombre de negocios, pero no por ello deja de admirar a rabinos y estudiosos, a quienes protege y respalda económicamente. Su familia ocupa casas importantes de la Judería de Sevilla (existe documentación de propiedades de Samuel Abravanel en el Barrio de San Bartolomé el Nuevo), y hay una zona lindera con la muralla que se daba en llamar “adarve de los Abravanel o Abravannieles”). Pone su fortuna en liberar y defender a muchos correligionarios que se van perseguidos a causa de su fe. El transcurso de los acontecimientos y la intuición (por desgracia certera) de que los tiempos venideros serán nefastos para los judíos españoles, lo hacen convertirse al cristianismo. Existe documentación en las que se refieran a Samuel Abravanel como Juán Sánchez de Sevilla desde 1387. Aparece en los escritos como tesorero mayor de la reina o del rey. Con la conversión pudo mantener la integridad de su patrimonio así como la propia vida.

Susona Ben Susón (siglo XV)

Era hija de un rico mercader converso llamado Diego Susón. Admirada por la belleza de su rostro y el de su cuerpo, era llamada por los sevillanos “la fermosa fembra”, y gozaba de admiradores y pretendientes en toda la ciudad de Sevilla. Enamorada de un apuesto joven perteneciente a un noble linaje de cristianos viejos de la familia Guzmán, le confesó a su enamorado las conversaciones secretas que su padre tenía con otros conversos. Querían hacerse con el control de la ciudad y evitar las continuas represalias y vejaciones a que eran sometidos los conversos por los cristianos viejos. De inmediato, el joven dio noticias de esta conspiración al alcalde de la ciudad, y éste hizo apresar a todos los conspiradores (entre ellos el padre de la Susona) a los que se dio muerte. Entre los conspiradores estaban Pedro Fernández de Benaveda, mayordomo de la Catedral; Juan Fernándes de Albilafia, llamado “el perfumado” por su excesiva compostura en el vestir y arreglarse, que era letrado y alcalde justicia; Adolfo de Triana, también rico mercader y hombre principal, y así hasta 20 conversos pudientes de Sevilla, Carmona y Utrera. La joven se vio huérfana y abandonada por su amado, llevando una vida misteriosa y escondida que dio lugar a numerosas leyendas.

Despreciada por los cristianos como conversa e hija de conspirador, y por los judíos y conversos como traidora a los suyos, la leyenda dice que se encerró en su casa hasta su muerte y con su cadáver apareció una nota diciendo “Para que sirva de ejemplo a los jóvenes en testimonio de mi desdicha, mando que, cuando haya muerto, separen mi cabeza de mi cuerpo y la pongan sujeta en un clavo, sobre la puerta de mi casa, y allí se quede para siempre jamás”.

La calle de la Susona se llamó antes la calle del Ataúd y la calle de la Muerte…así que no parecía tener muy buenos presagios

En el lugar en el que estuvo colgada la supuesta calavera de la Susona hasta bien entrado el siglo XVII, se colocaron unos azulejos en los que puede leerse: 

“En estos lugares, antigua calle de la muerte, púsose, la cabeza de la hermosa Susona Ben Susón, quien, por amor, a su padre traicionó, y por ellos, atormentada, dispúsolo así en testamento”.

Blanco White (1775-1841)

Escritor, teólogo, crítico literario y bibliotecario, José María Blanco Crespo, conocido como Blanco White, es considerado como representante destacado de la Ilustración española. Ordenado sacerdote en 1800, fue canónigo de la Catedral de Sevilla. Su curiosidad intelectual lo convierte en un defensor a ultranza de la libertad religiosa y de conciencia. Es partidario de la independencia y la libre autodeterminación de las colonias. Estudioso y pensador infatigable, funda en Sevilla la Academia de las Letras Humanas. Alza su voz señalando a la Inquisición española como la causante principal de la decadencia, servilismo y terror de la sociedad.

Cansado del oscurantismo y la intolerancia, se marcha a Inglaterra en 1810, donde se hace anglicano y funda el primer periódico de oposición: “El Español”. Su circulación fue inmediatamente prohibida tanto en España como en las colonias. Los partidarios de la Inquisición iniciaron contra su persona y pensamiento una feroz campaña en la que él y su obra son tratados como el exponente máximo de la traición y el antipatriotismo.

Sus “Letters fron Spain (Cartas desde España)” reflejan fielmente su amargura, desazón y rebeldía frente a lo que sucedía en su país. Plantea con radicalidad la necesidad urgente de separación de la Iglesia y el Estado.

Entre sus obras destacan: “Vida del Reverendo J.Mª Blanco White”; “Cartas de Juan sin tierra” y la novela “Intrigas venecianas”.

Bartolomé de Carranza

El Tribunal de la Inquisición inició uno de los procesos más controvertidos de la historia contra un brillante teólogo dominico doctorado en Roma, durante los primeros años del Concilio de Trento (1543 y 1551) que defendía la pureza del dogma católico y la disciplina de la Iglesia frente a la reforma protestante. Fue Predicador del Emperador Carlos al que asistió en sus últimos momentos en Yuste y de su hijo el rey Felipe II, quien le encumbraría a la más alta dignidad del mundo cristiano después del Papa, el Arzobispado de Toledo y Primado de las Españas, para abandonarle poco después “Proceso contra Bartolomé de Carranza Miranda”. 

En 1557, Felipe II le obligó a aceptar la silla de Toledo, que también quería rechazar. Allí sorprender por su manera de ejercer la caridad. Pero Valdés, el Inquisidor General, que se consideraba con más derecho a la sede de Toledo, hace que se le acuse de hereje. Es detenido y a partir de entonces será un juguete de la pugna entre Roma y las autoridades españolas. Pío IV pide que se le entregue el prisionero pero Felipe II se niega. Pío V logra que sea trasladado a Roma bajo amenaza de excomunión. Allí permanece nueve años. Finalmente, escucha una sentencia de compromiso: no es absuelto, pero tampoco es condenado por hereje. Murió a los 17 días de su puesta en libertad después de pasar 17 años en la cárcel.

Fray Luis de León

Célebre poeta del Siglo de Oro, pertenecía a la orden benedictina y era doctor en Teología. Con antepasados conversos, fue denunciado a la Inquisición por León de Castro, catedrático de griego y rival suyo, por preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la versión latina. También por traducir “El Cantar de los Cantares” a la lengua vulgar, cosa prohibida por el Concilio de Trento. Pasó 5 años en las cárceles de la Inquisición, el tiempo que duró su proceso. Por empeño personal del Inquisidor general fue absuelto, lo que era muy raro, ya que la Inquisición, para no reconocer que se había equivocado, solía suspender el procedimiento y liberar al reo.




P.D. Según el cronista de la villa de Morón Juan José García, por lo menos hasta el siglo XVI la Inquisición tuvo sede en Morón y fue en el convento de San Juan de Dios “hoy Colegio de la Inmaculada”, donde tuvo su sede. 

Pero el topónimo “Cruz Verde”, estandarte del Tribunal de la Inquisición, era una especie de salvoconducto en forma de Sambenito con una cruz de ese color para poder entrar en la villa y permanecer en ella varios días, siempre con el peto puesto. Las ejecuciones se hacían en la Plaza de la Carrera y a veces colocaban el cadalso en la Plaza de Santa María.


De Juan García Atienza "Guía de la Inquisición española"
Sevilla, vista desde el antiguo castillo de San Jorge

Enlaces interesantes


lunes, 10 de abril de 2017

Visita a la Sinagoga y Casa de Sefarad, en Córdoba



Entre la angostura de las sinuosas y empedradas callejuelas que desembocan en la confluencia de la calle Judíos con la calle Averroes llegamos al corazón de la antigua Córdoba donde se encuentra ubicada la antigua judería. Visitamos la vieja Sinagoga y la Casa de Sefarad, donde nuestra retina capta no pocos conocimientos que nos proyectan los paneles ilustrativos que forman parte por derecho propio de la Memoria.

Sefarad en hebreo significa judíos oriundos de la Península Ibérica y es el equivalente en hebreo a la Al Ándalus andalusí. Para saber en qué año están los judíos, basta sumar 3.761 años al calendario occidental. El calendario judío comienza con el fin de la esclavitud de Egipto bajo la figura de Moisés -familia hebrea de la tribu de Leví-, en el siglo XIII a.C. 


La Sinagoga de Córdoba fue construida en el año 1315 (5075 en el calendario judío). Es la única sinagoga de Andalucía que se ha conservado tras la expulsión de los judíos en 1492 por los Reyes Católicos -que configuraron España como nación-, siendo una de las tres sinagogas que existen en España. Las otras dos se encuentran en Toledo.

En 1492 esta sinagoga pasa a ser utilizada como ermita pasando en 1588 a manos de la “Hermandad de los Zapateros” bajo el patronato de los santos San Crispín y San Crispiniano. En el siglo XIX el revestimiento fue sustituido por una bóveda de cañón y yeserías por deterioro del tejado. El capellán Don Mariano Párraga descubrió en 1884 las yeserías de las paredes cuando parte del mortero se cayó. La planta baja de la sinagoga en la calle de los judíos constaba de patio de acceso, atrio y sala de oración y la planta alta estaba destinada a galería para las mujeres.

Córdoba durante gran parte del periodo andalusí se convirtió en el centro y capital de la judería en Sefarad “España para los judíos”.

Los judíos y judeoconversos fueron afamados poetas, gramáticos, cortesanos, filósofos y talmudistas ejerciendo de sastres, arrendadores, médicos, escribanos, plateros, mercaderes, traperos y curtidores. A las largas listas de figuras cordobesas hay que añadir la presencia, imprescindible, en Córdoba, para enseñar o para aprender, de otros ilustres judíos hispanos como Moshé ben Ezra, Yehuda ha Levy, Selomo ben Gabirol…

Etimológicamente el término Sinagoga deriva del griego synagein (reunir, congregar). Mantiene el mismo significado en hebreo “Beth ha-kenesseth”. La Sinagoga ocupa un espacio determinante en la memoria del judaísmo al ser el lugar sagrado de la comunidad.

Las Sinagogas tienen su origen durante la deportación del pueblo judío a Babilonia y adquieren pleno protagonismo como centro de la vida judía tras la destrucción del Sagrado Templo de Jerusalén en el año 70 d.C. 

La estructura básica del espacio de una Sinagoga está formada por una sala cuya pared está orientada hacia Jerusalén. Debe existir un arca o armario (hejal) donde se guardan los Sefarím (rollos sagrados manuscritos). Cada rollo (sefer) está protegido por un manto (en la tradición sefardí bordado con hilo de oro), que se remata con los denominados rimomin (piezas metálicas con adornos de campanas) o por una corona (tradición asquenazi). Frente al hejal (armario), debe estar un pupitre (tebá) para la lectura de los textos litúrgicos. En la tradición sefardí se sitúa en el centro de la sala.

Alrededor de la tebá (pupitre), se sitúan los asientos de los varones, dado que las mujeres normalmente en la tradición, suelen ocupar un espacio reservado (azará), a menudo en el piso superior de la Sinagoga.

Durante el rezo, los hombres mayores de 13 años deben sumar un número de diez (minián) para poder celebrar el servicio. Tres veces al día hay que realizar el rezo comunitario (anochecer, amanecer y mediodía). Se cubren la cabeza con una kipá (solideo) y se revisten con un taled (talit) o manto de oración.




En los días laborables se lleva, además en la frente y en el brazo izquierdo las filacterias (tefilín), pequeños estuches de cuero que contienen textos manuscritos en pergamino de la shemá (la oración central del servicio litúrgico y de la profesión de fe). Es muy común, dada la naturaleza comunitaria de los actos de la Sinagoga, que los participantes se interrumpan, hablen o se corrijan.

La Torá contiene los Cinco Libros de Moisés (los cinco primeros de la Biblia). El Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Contiene 613 preceptos (mitzvot) que regulan todos y cada uno de los aspectos de la vida judía. El rollo en el que está escrita y se guarda en el Arca Sagrada de la Sinagoga es llamado Rollo de la Torá (Sefer Torá).

Al rabí Oseh Hanok se le atribuye el origen e impulso de la Escuela Talmúdica de Córdoba. Juez de la comunidad y líder espiritual, favoreció la consistencia y autonomía del judaísmo de Al Ándalus, iniciando un periodo de esplendor que provocó el distanciamiento de las Academias de Oriente, hasta el momento único referente de todo el judaísmo.

Uno de los momentos más importantes en la vida de todo judío es cuando al cumplir los 13 años es llamado a leer por primera vez el Sefer Torá frente a toda la Comunidad, inaugurando así su edad adulta. La Torá está escrita, manuscrita, en hebreo, sobre pergamino por un Rabino autorizado (Shofer). El más mínimo desperfecto conviene al Sefer en no apto para el culto. Para su mejor conservación y como señal de respeto se usan unas pequeñas manos o dedos de plata, profusamente decorados en la tradición sefardí, a la hora de leerla. Está prohibido destruir los libros sagrados. Cuando están deteriorados se guardan en un armario especial (Guenizá) o se entierran en un cofre plomado en el cementerio. Gracias a esta norma se han encontrado verdaderos tesoros conservados en el Guenizot de todo el mundo. Entre ellos manuscritos originales de Maimónides, de la Guenizá de la Gran Sinagoga de El Cairo. 

Junto a la Sinagoga visitamos “La Casa de Sefarad” entre cuyos cuyo objetivos se intenta recuperar y restaurar la huella de identidad judioespañola sefardí, como un componente fundamental de la identidad hispana.

Consta de ocho salas.

1. Sala del ciclo de la Vida donde nos encontramos una colección de objetos que acompaña al pueblo judío en el ciclo de su vida. La cocina y el hilo de oro, el nacimiento y las bodas, el exilio y la memoria. La vida.

2. La Sala de la Sinagoga como lugar de reunión, encuentro y también de refugio.

3. La Sala Maimónides. Judío cordobés que fue filósofo, médico y pensador único.

4. La Sala de la Inquisición. No se puede entender la historia de España sin conocer la Inquisición ni tampoco se puede entender la historia del pueblo judío en Sefarad sin el papel llevado a cabo por esta institución que duró desde 1478 a 1833.

5. La Sala de las mujeres de Al Ándalus dedica su espacio a las mujeres bibliotecarias, pensadoras, poetas, médicas que fueron olvidadas. El pintor cordobés José Luis Muñoz las recupera y les pone rostro.

6. La Sala de ciclos festivos que nos explica la diversidad y singularidad de las fiestas y celebraciones en la tradición judeo española.

7. La Sala de la Judería de Córdoba como espacio urbano más importante de las juderías hispanas. Una huella de nombres, acontecimientos, lugares y memoria. La judería de Córdoba. La capital de Sefarad. 

8. La Sala de la música donde brilla la lengua, la literatura y la música como el verdadero tesoro de la cultura y tradición sefardí.



Desde el origen de la Humanidad los sefardíes han dejado señales escritas sobre piedra, sobre láminas de bambú, sobre tablas de arcilla, sobre papiro, sobre seda, sobre pergamino, sobre papel. La escritura, junto con la transmisión oral, es el lugar de la memoria. El afán por destruir los libros y las bibliotecas ha sido ejercido por jueces, letrados e iletrados, ricos y pobres, sacerdotes de todos los dioses, políticos y poderosos. Paralelamente, al deseo de conocer ha crecido el odio total a un objeto singular: el libro. Desde el origen de la Humanidad se han saqueado bibliotecas y se han quemado los libros. La voluntad de destruir los libros es un impulso humano y voluntario por destruir lo que está escrito. Recibe el nombre de “biblioclastia”. El fanatismo no soporta la existencia de un pasado.

Durante sucesivas diásporas, muchos judíos sefardíes van introduciendo en el Norte de África y posteriormente por toda la cuenda del Mediterráneo, la producción y elaboración artesanal del “Hilo de Oro”. Los sefardíes -desde Marruecos hasta Turquía-, desarrollan un verdadero proceso industrial que va desde la compra del oro en sus diversas modalidades: escamas y pepitas hasta la creación de una industria subsidiaria para la fundición y conversión. El oro resultante se mezcla en hornos especiales con lingotes de plata, dando como resultado la plata dorada, verdadera materia prima de toda esta tradición.

El proceso artesanal del bordado con hilos de oro se ha venido utilizando para los vestidos tanto de hombre como de mujer y para todo el ajuar de la boda. También para la decoración de los bolsos, para los cinturones, las telas que cubren las paredes en la fiesta de Sukot (tabernáculos, cubre Torá, babuchas, etc.). Los motivos suelen ser vegetales y con referencias bíblicas, con una permanente profusión de geometrías y la singular presencia de pájaros. La artesanía del hilo de oro ha tenido continuidad en las tradiciones textiles de España y el Magreb.

La producción y elaboración del hilo de oro, favoreció una organización social en el que las mujeres judías, solteras o viudas, se dedican a la elaboración del hilado de seda. El procedimiento consistía en la torsión, es decir, la mezcla del hilo de oro con el hilo de seda. Este modelo de organización favorecía la seguridad económica, fundamentalmente de las viudas. 




En el origen, los sefardíes están presentes en la Península Ibérica desde el siglo I de nuestra era conviviendo con una gran pluralidad de lenguas peninsulares como el castellano, catalán, gallego, portugués, árabe, etc…Durante los siglos XIII, XIV y XV, utilizan además la lengua romance escrita en caracteres hebreos (aljaimada) para reproducir textos jurídicos, normativos y administrativos de las comunidades (taqqanot) y también, para la escritura de textos religiosos y literarios.

Cuando en el pueblo judío se produce la diáspora van cargados con sus fardos en los que llevan la lengua y la memoria. El ladino era una lengua escrita por los judíos sefardíes y su lengua siempre los acompaña en esta diáspora. Son sefardíes allí donde llegan teniendo siempre conciencia de que la lengua oral que hablaron fuera de su tierra durante los últimos 500 años procedía de Sefarad. 

Los sefardíes expulsados realizan un largo viaje. Portugal, Marruecos, Italia, Argelia, Túnez, los territorios del Imperio Otomano, Francia, Holanda y más tarde el continente americano. 

El español es una lengua hispánica en su origen con un poderoso anclaje en el castellano del siglo XV. Durante los siglos de la diáspora esta lengua ha actuado como una playa en la que se van depositando sedimentos de un lugar y de otro. Del hebreo y del árabe, así como préstamos del turco, griego, italiano, etc. Una monumental hibridación cultural y única, excepcional.




El Tribunal de la Inquisición era una institución de la Iglesia Católica que fue creada por medio de la bula papal “Ad Abolendam”, emitida a principio el siglo XIII por el papa Lucio III como instrumento para combatir la herejía albigense en el sur de Francia y que estará funcionando hasta bien entrado en siglo XIX en distintas zonas de Europa.

Con la toma de Granada en 1492, los Reyes Isabel y Fernando, instauran en sus territorios la Santa Inquisición, con el afán de unir en una sola ideología y religión todos sus dominios, dando lugar a la Iglesia Católica a tener cada vez más poder y participación en sus decisiones. Este poder no le será retirado al Tribunal de la Inquisición hasta mediados del siglo XIX. Se enmarça especialmente contra los judíos y árabes que permanecieron en la península después de la conquista de Granada. Todos fueron obligados a abrazar el cristianismo para poder mantener sus antiguas propiedades. La envidia o enemistades, eran muchas veces los motivos para falsas denuncias que unidas a interrogatorios muy severos, hacían que los inocentes pasaran a ser castigados por la Inquisición y fueran presos o perdieran todas sus pertenencias en favor del denunciante o de la Iglesia, llegando incluso a perder la vida.

Los arrestos se iniciaban a partir de la parcialidad de sus veredictos, habitualmente basados en diferencias de credo y siempre en habladurías, envidias, intereses sesgados y otros deseos encubiertos, infligiendo infames y dolorosas torturas que en muchos casos, terminaban con la muerte de los “ajusticiados”. Mediante los instrumentos de tortura se privaban a los reos de los derechos humanos y de la libertad.


La Inquisición Española rompe el modelo de vecindad entre cristianos, musulmanes y judíos. La Iglesia acumula varios concilios en los que va apuntando la creciente discriminación de las minorías religiosas, singularmente los judíos. Se suceden en el siglo XIV los primeros pogromos (verdaderas matanzas) contra los judíos peninsulares. Las importantes juderías de Sevilla, Córdoba, Carmona, Baeza, Ciudad Real, Barcelona…son asaltadas. Crecen de manera sorprendente las conversiones, y el rechazo original a los judíos se amplía también a los conversos (judeoconversos). 

Las epidemias llevan años asolando el país y los judíos son la diana de la acusación, el chivo expiatorio. Al tiempo se está construyendo el primer Estado Moderno de Europa (los Reyes Católicos están a punto de conquistar el último reino musulmán de la Península y de conformar un Estado unitario).


La presencia en Sevilla, de un numeroso grupo de judeoconversos que, supuestamente, preparan una rebelión sirve de coartada para le creación de la Inquisición Española. Esta institución nace en Castilla con la Bula de 1 de noviembre de 1478 otorgada por el papa Sixto IV. Nace para perseguir a los falsos cristianos, y aún cuando reconoce la suprema jurisdicción del Papa, en realidad depende del poder político de los reyes. Paralelamente a la creación de la Inquisición, en las Cortes de 1480, los Reyes Católicos impulsan la aprobación de dos medidas que anuncian la futura expulsión de los judíos al considerar que los judíos deberían de vivir en barrios separados, de donde podrán salir para sus trabajos, pero tendrán que regresar para comer y dormir. Igualmente se impone la obligación de llevar un distintivo de color en la ropa para que sean identificados como judíos. El primer auto de fe se celebró en Sevilla el 6 de febrero de 1481, donde fueron quemadas seis personas como judaizantes.

En 1449 se aprobó en Toledo una ordenanza que excluía a los conversos de origen judío de los cargos y regidurías públicas de la ciudad. Se trata del primer Estatuto de Limpieza de Sangre. Una norma que exige el requisito de demostrar, al que aspira a un cargo o a ingresar en una institución, que no tiene ningún antepasado, por lejano que sea, judío y más tarde musulmán, que no está “ infectada” su sangre.

Los Estatutos comenzaron a regir en las órdenes religiosas: primero en la orden de San Jerónimo; más tarde en los dominicos; los franciscanos después y, los últimos, fueron los jesuitas. Durante varios siglos se aplicaron en cofradías, estamentos administrativos, Colegios mayores, Órdenes Militares, asociaciones, capítulos diocesanos,…Todos se debían someter a una investigación exhaustiva designada a probar que ninguno de sus ascendientes pertenecía a una “raza” manchada.

Los judeoconversos intentan mantener su identidad oculta. El término “marrano” será utilizado por los cristianos viejos para denominar a los judeoconversos que disimulaban su identidad judía y simulaban la adoptada cristiana. Toda su vida era observada por los vecinos o por la Inquisición. Toda su vida estaba regulada por el calendario y normas cristianas. Escuchaban las predicaciones. Acudían a la Iglesia para ser vistos. Participaban o aparentaban participar en les festividades religiosas…


Maimónides profundiza allí sobre la difícil y, a veces, incomprendida situación de los conversos, que, en la clandestinidad, continúan practicando el judaísmo. Solicita a la comunidad que no sean rechazados ni menospreciados pues “La imperiosa necesidad de ocultar su judaísmo provoca la ruptura de los lazos que unen a estos judíos con el resto de la humanidad”. Maimónides expresa esta actitud en su Epístola sobre la Apostasía”. Llega a afirmar que todo el tiempo que los conversos continúan viviendo en su tierra, por razones de fuerza mayor, reciben una recompensa doble, por cada uno de los preceptos que cumplen en la clandestinidad. En su postura ante las conversiones simuladas, Maimónides procura evitar el mal, que puede acarrear el rigorismo (…) Aprueba la conversión simulada, con tal que se mantenga la fidelidad a la ley en privado. Insiste en la fuerza exonerante de la coacción y recurre a la historia para probar la singularidad de esta persecución”.

En esta obra, Maimónides intenta responder a la angustia y tribulaciones de numerosos judíos, amenazados en su propia seguridad por los almohades y criticados y humillados por algunos de sus correligionarios. Considera, en suma, que la simulación para salvar la vida es aceptable y no debe ser recriminada.

Estas reflexiones serán un verdadero anticipo de las situaciones que padecerán los judeoconversos y los moriscos en la España de los Reyes Católicos.

Reciben diversos nombres a lo largo de la historia: marranos en la cultura popular, criptojudíos en el ámbito académico, judaizantes en lenguaje inquisitorial y tornadizos en la literatura. No quieren dejar de ser judíos pero están forzados a parecer cristianos. Cambian su nombre, sus comidas (comen cerdo como antídoto frente a las sospecha), su residencia y muchos de ellos su oficio. El judaísmo rabínico los desprecia, el cristianismo los odia. El secreto de su identidad queda reducido al espacio doméstico y al ámbito de su intimidad. 

Ya no hay sinagogas, ni rabinos, ni Torá, ni Talmud, ni siddurim (libro de oraciones). Desaparece la lengua hebrea. Sólo la tradición oral y las mujeres son los vehículos para mantener una tradición e identidad oculta.

El Shabat reduce su celebración al viernes por la noche. Se busca cualquier pretexto para reunir a la familia y amigos: una cena, una reunión, etc. Se suele jugar a las cartas para disimular y después se realizan las oraciones.

La última y principal celebración de los marranos es el Yom Kippur. Ante la duda de cuando celebrar Pesah, conocida como la Pascua del cordero, se hacía coincidir esta celebración con la Semana Santa o “Día Grande o “Ayuno del Perdón”.

Es posible que el término marrano provenga del andalusí “maharram” que significa en árabe andalusí “cosa prohibida”. Este nombre se le daba al cerdo al estar su consumo prohibido en la religión judía y musulmana. 

El segundo Tribunal de la Inquisición que se crea en España es el de Córdoba en 1482. Con los nombramientos de Pedro Martínez de Barrio y Antón Ruiz de Morales como inquisidores se pone en marcha uno de los tribunales más crueles y activos de la larga historia inquisitorial.




En 1391 la judería cordobesa fue destruida y numerosos judíos asesinados. Una parte de supervivientes huye y la mayoría se convierte al cristianismo (judeoconversos). En 1474 un desgraciado acontecimiento (una mujer judeoconversa arroja accidentalmente aguas sucias al paso de una procesión religiosa) desata otra nueva matanza, esta vez de conversos. Se saquean y queman las casas, se roban las pertenencias a familias completas, se mata…

La numerosa comunidad de conversos se desarticula por completo “los cristianos nuevos de judíos serán para siempre privados de los oficios públicos”.

El primer Auto de Fe se celebró en 1483 quemando viva a una mujer bajo la condena de judaizar y de estar amancebada con el tesorero de la Catedral. Desde este primer auto hasta la disolución de la Inquisición se sucedieron decenas. Un total de 5565 fueron encauzadas (la segunda mayor cifra de la historia de la Inquisición). El 95% de las personas quemadas lo fueron bajo la acusación de judaizar. Estas víctimas quemadas eran: mercaderes, tratantes, parteras, boticarios, médicos, tejedoras, panaderas, sacerdotes, mendigos, esclavos, beatas estanqueros, recaudadores, joyeros, etcétera.

Diego Rodríguez Lucero, Inquisidor General de Córdoba nombrado en 1500, protagonizó los más cruentos autos de fe, entre los que destaca el celebrado el 22 de diciembre de 1504 donde murieron quemadas vivas 107 personas, en una noche. Este cruel personaje fue objeto de la primera revuelta contra la actuación inquisitorial de la historia de esta institución, siendo expulsado de la ciudad de Córdoba. Hacia mediados del siglo XVIII la Inquisición deja de quemar y la institución se dedica a perseguir el pensamiento y su mejor soporte serán los libros.

A finales del siglo XV, se extendió la aplicación de los Estatutos de Limpieza de Sangre para demostrar el linaje de cristianos viejos en el acceso a determinados oficios y profesiones. Se cuelga en las Iglesias unos lienzos denominados “mantas”. En las mantas estaban escritos los nombres de los judeoconversos, de esta manera en caso de litigio o pleito sólo había que “tirar de la manta” para demostrar la escasa limpieza de sangre de los allí inscritos.



Colgar un Sambenito (descrédito o mal nombre que pesan sobre algunos). El Sambenito procede para algunos de la expresión “saco bendito” era un sayal o escapulario de lana que el Tribunal de la Inquisición adoptó como signo de humillación tanto para los penitenciados como para los que iban a ser condenados a morir en la hoguera. Normalmente, los sambenitos llevaban una cruz en aspa y llamas de fuego. Se mantenía el sambenito en las Iglesias y en las casas de los condenados durante varias generaciones para conocimiento público y opinión general.



Hasta tal extremo llegaron incluso los críticos judíos a Maimónides, que éstos solicitaron en Montpellier la intervención de la propia Inquisición, a través de los monjes dominicos, para que vigilaran y persiguieran la obra de Maimónides. Así sucedió, pues en Montpellier y en París la Guía de Perplejos fue quemada públicamente.

En la sala 1 aprendimos un clásico de la cocina sefardí como son los huevos cocidos durante horas, o de un día para otro, hasta que las yemas queden cremosas. Se comen en Shabat; en los nacimientos, en las defunciones; al final del Yom Kippur, en Pesáh, y en todos los momentos claves del ciclo de la vida. El huevo en su cáscara simboliza la procreación y la continuidad de la vida judía…

En la sala 8 nos ilustramos con la música junto a la lengua y la literatura, que conforman uno de los pilares fundamentales del Patrimonio Cultural Sefardí. Durante el periodo denominado Al Ándalus y coincidiendo con los momentos de mayor desarrollo cultural de las comunidades judías en la península, los músicos judíos y los cantos de sinagoga tuvieron un desarrollo espectacular. Los mejores poetas escribieron textos que se convertían en cantos sinagogales. Los músicos judíos se disputaban en ceremonias y celebraciones.

La Hamsa literalmente significa cinco en lengua árabe, es un símbolo en forma de mano, usado tradicionalmente como amuleto que protege contra los infortunios. Se ha convertido en un objeto muy popular, tanto en la tradición musulmana como en la cultura judía, particularmente en la sefardí.

Como epílogo a nuestra grata visita bañada en historia terminamos leyendo la vida de uno de los pensadores más importantes de la historia universal “Maimónides”, cuya figura representa la cumbre del judaísmo hispano, siendo uno de los grandes maestros del pensamiento medieval y, evidentemente, en el judaísmo alcanza su dimensión universal.

En el patio de la Casa de Sefarad en Córdoba nos encontramos unos medallones ilustrados que explican el sufrimiento de este pueblo cuyo legado ha permanecido en la memoria de muchas generaciones.

El rey seléucida Antíoco IV prohíbe la práctica del judaísmo. Ordena destruir todos los libros judíos presentes en Jerusalén: “que sean públicamente arrojados al fuego después de ser desgarrados”. Ésta decisión está en el origen de la revuelta de los macabeos contra el poder de los sírios (festividad dee Hanuká).

El papa Gregorio IX envía una circular, en 1239, a todos los obispos de España, Francia, Inglaterra y Portugal: “Se ordena que cuando todos los judíos estén reunidos para celebrar el Sabbat de la cuaresma, se recojan y requisen todos sus libros almacenados en sus sinagogas”.

Una vez definido el Talmud como un “libro blasfemo”, el 5 de septiembre de 1553, se queman todos los libros judíos en el campo de Fiori de Roma. En esa misma plaza será quemado, el 17 de febrero de 1600, el pensador Giordano Bruno.

El Tribunal de la Inquisición ordena a sus “familiares” (informantes) que visiten, el 25 de octubre de 1566, todas las librerías de la ciudad. Tienen la obligación de sellar todos los libros y elaborar listados de los que son o no aptos para estar en los anaqueles.

Si el año 1492 fue un “annus mirabilis” o de los milagros para España con la unificación peninsular configurando un modelo de nación junto al Descubrimiento del Nuevo Mundo, fue al mismo tiempo un “annus horríbilis” para la población sefardí condenada a la Diáspora el 31 de marzo, preludio de lo que más tarde ocurriría con la expulsión de los moriscos en 1609.

Durante la visita a la Casa de Sefarad en Córdoba, el Centro de Interpretación de la Memoria en Sevilla, el barrio judío en Hervás o el castillo de San Jorge, siempre habrá un sitio destacado para el Tribunal de la Inquisición. No se puede entender la historia de España sin el Tribunal del Santo Oficio ni tampoco se puede entender la historia del pueblo judío en Sefarad sin el triste papel llevado a cabo por esta institución que duró desde 1478 a 1833.

Terminada la visita a la Casa de Sefarad, continuamos hacia el corazón de la antigua Córdoba donde la Puerta del Perdón, nos introduce en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral de Córdoba.


Desde la Judería de la antigua Córdoba...


sábado, 8 de abril de 2017

Visita al Valle del Jerte



Desde Cabezabellosa, en el Valle de Ambroz -en las últimas estribaciones de la Sierra de Gredos- nos dirigimos hacia el Torno para transitar hasta el Rebollar por la CC-133 que nos introducía en el Valle del Jerte entre frondosos huertos de cerezos en flor hasta llegar a la N-110 que atraviesa el Valle del Jerte desde Plasencia hasta Tornavacas, donde nace el río Jerte, afluente del río Alagón, tributario del Tajo, cerca de Tornavacas. 

Una bella panorámica de cumbres nevadas y laderas blancas por la flor del cerezo nos sorprende como si de una postal se tratara, allí donde la Sierra de Béjar y la de Candelario se dan la mano.

Etimológicamente, es posible que el término “Jerte” provenga de “Xerit” que significa “río angosto o cristalino” o de "Xerete" que significa "gozo". Es uno de los ríos de montaña mejor conservados de la Península Ibérica. 

Parece ser que los cerezos fueron introducidos por los árabes. Un cultivo que se adaptó perfectamente a estas tierras. En el Valle del Jerte gran parte de la antigua superficie ocupada por el rebollar se ha transformado en extensas plantaciones de cerezos en bancales.


La Vía de la Plata era una de las comunicaciones más importantes de la Hispania romana que atravesaba la Lusitania para adentrarse en tierras leonesas. En la Edad Media, parte de estas comarcas fueron tierras fronterizas entre los reinos castellano y leonés.

Etimológicamente “cereza” proviene del latín "cerasaium" que a su vez proviene del griego κεράσιον [hoy llamado Giresun o Ceraso] era un pueblo situado junto al Mar Negro, en la actual Turquía.

Ceresia se denominaba al fruto mientras “cerasus” al árbol.

Plinio el Viejo ya mencionaba que el cerezo fue llevado a Roma por el cónsul romano Lucio Licinio Lúculo (118 a.C. 56 a.C.) después de haber conquistado a Mitriades el Grande la ciudad del Ponto [a orillas del Mar Negro en la actual Turquía] donde se criaban los cerezos más dulces y desde allí se extendió su cultivo por el Mare Nostrum a las provincias romanas bajo su influencia, entre las que se encontraba Hispania.

Se tienen evidencias que las cerezas silvestres “Prunus avium [de los pájaros]” ya se conocían desde el Neolítico ya que los pájaros polinizaban con sus semillas la tierra al igual que lo hicieron con el acebuche silvestre.


Cuando en el 711 llegan los árabes a la España visigoda, la “Vía de la Plata” aún estaba en buen estado, lo que fue aprovechado para su rápida expansión, dejando su huella en muchas poblaciones del Valle de Ambroz, del Jerte y La Vera, con sus típicas construcciones, evolucionadas posteriormente y que forma parte de la arquitectura popular de estas comarcas.

Tornavacas es un paso obligado de la ganadería trashumante que se adentra en el Valle del Jerte. Desde Tornavacas como balcón privilegiado se divisa al completo todo el Valle del Jerte hasta las proximidades de Plasencia.

Por Tornavacas, el primer pueblo al norte del Valle del Jerte, cruzó el emperador Carlos V a mediados del siglo XVI para buscar el descanso en el Monasterio de Yuste en Cuacos, comarca de la Vera, tras unos meses de estancia en Jarandilla.


En Tornavacas paseamos junto a las riberas del río Jerte e hicimos un alto en el camino para degustar las tradicionales migas del pastor. Desde Tornavacas nos dirigimos hacia la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, que está incluida en la comarca natural alto-extremeña del Valle del Jerte, entre la vertiente sureste de la Sierra de Gredos y el Río Jerte. 

Desde las altas cumbres, que durante el invierno almacenan las nieves, hasta el valle donde transcurre el río Jerte, se precipitan las tumultuosas aguas del deshielo en angostos cauces labrados en las rocas, denominados gargantas y que en la reserva Natural conforman uno de los paisajes más atractivos y singulares, especialmente en aquellos tramos donde la erosión ha creado curiosas y características “Marmitas de Gigante”, como sucede en el paraje conocido como Los Pilones.

La ruta de senderismo existente desde la Oficina de Turismo hasta los Pilones tiene una longitud de unos 3,5 km. con una dificultad baja. Se puede pasear a caballo, a pie y en todoterreno.

En las faldas de la montaña, justo por encima del piso de la encina y por debajo del matorral del piorno serrano, se instalan los bosques de laderas. Son formaciones de hoja caduca (fagáceas), principalmente de roble melojo o rebollo (quercus pirenaica). Los podemos encontrar desde los 300 m. de altitud hasta por encima de los 1.500 m.




Junto a los cursos de agua, se pueden apreciar bosques constituidos por alisos, sauces y fresnos, acompañados por otros árboles que por su escasez constituyen autenticas reliquias botánicas, como son el tejo, acebo y abedul: son los bosques de ribera. 

A veces, la rica vegetación de las riberas se espesa a modo de túnel en torno al cauce, formando hermosos bosques en galería. En las orillas de ríos, gargantas, arroyos y manantiales habitan animales y plantas muy característicos de estos medios y que tienen el agua como referente. 

El bosque de ribera o soto, es un bosque caducifolio que crece en ambos lados de los cursos fluviales sobre suelos que, a partir, de una cierta profundidad, suelen estar empapados de agua proveniente del río o arroyo vecino (agua freática). La vegetación de los bosques de ribera está adaptada a las inundaciones periódicas que eventualmente pueden arrancar o tumbar árboles y arbustos. Dicha vegetación puede alcanzar los 20 metros de altura y sus especies más características son el acebo, el gallo brotero o el fresno.



Los Pilones se sitúan en un tramo de la Garganta de los Infiernos, donde las aguas discurren sobre un gran bloque de granito que ha sido esculpido por la erosión del fuerte caudal, dando lugar a un singular paisaje constituido por una sucesión de pozas excavadas en las rocas que son las ya mencionadas “Marmitas de Gigante” formadas por la acción erosiva de la corriente del río junto con los pequeños fragmentos de piedras que arrastra. Estos fragmentos quedan atrapados en concavidades del fondo y gracias a los remolinos, que favorecen el movimiento circular, poco a poco van actuando agradando las formas circulares que darán lugar a los distintos estadios de estas singulares formaciones. 

Las aguas de esta bella cascada que se despeñan hacia la Garganta de los Infiernos por las laderas septentrionales de la Sierra de Tormantos, en el paraje conocido como Riscoencinoso, del arroyo del mismo nombre, son torrenteras de montaña, por lo que aportan su caudal en los meses de invierno y primavera, llevando a desaparecer en el estío. 

A finales de marzo y comienzos de abril destaca el blanco de los cerezos en flor junto con el verde intenso de los bosques entre gargantas y el cauce sin prisas del río Jerte con aguas cristalinas que baña la comarca, convirtiendo esta zona geográfica en paradisiaca. En nuestro recorrido las abundantes pozas de agua cristalina fresca. Las bellas cascadas será la consecuencia del deshielo en cuyos tramos del río Jerte se observan abundantes pozas convertidas en piscinas naturales para el deleite de los excursionistas y viajeros que disfrutan en esta época de una impresionante panorámica natural.


Junto en frente del mirador se puede observar el impresionante salto de agua blanco denominado el “Mando de la Virgen”, que en invierno se congela. El mirador es un magnífico lugar para observar el vuelo de las rapaces como el águila real, el buitre leonado, el halcón, etc. 

En la zona de puede observar un curioso fenómeno conocido como la “inversión térmica”, que consiste en la ocupación del piso que le correspondería al roble melojo por la encina, que aprovecha las condiciones climáticas y edáficas más desfavorable al roble como son la mayor escasez de agua y una elevada temperatura estival. Esta circunstancia da el nombre de Riscoencinoso al lugar. 

Estos bosques de ladera, robledales y los castañares que los sustituyen en algunos enclaves, representan el medio con mayor diversidad biológica de la Reserva Natural. 

Las aves encuentran aquí zonas de nidificación excelentes, especialmente las rupícolas. Los bosques caducifolios se encuentran en las laderas de montaña de la Reserva Natural hasta los 1.600 m. de altitud. En ellos, el roble melojo es la especie más abundante, si bien cabe destacar la gran mancha de castaños existentes en el monte Reboldo, término municipal de Jerte 

En estos bosques encontramos la mayor biodiversidad en el área protegida y son utilizados de refugio por una cantidad de animales y plantas. Desde siglos atrás hasta hoy en día, el hombre ha explotado los recursos que ofrece: leña, frutos, setas, caza, etc. 

Actualmente es frecuentado por excursionistas que pasean por él en las distintas épocas del año contemplar rincones de gran valor paisajístico y observar su flora y fauna. Los bosques caducifolios ocupan una extensa superficie de la Reserva Natural. Gracias a la abundancia de comida, la variedad de especies animales que habita en ellos es muy amplia existiendo una gran riqueza de mamíferos como el erizo común, el ratón de campo, el lirón careto, la garduña, el tejón, el gato montés, la gineta, el zorro, el ciervo, el jabalí, el murciélago ratonero… 

Entre las aves presentes en los robledales, castañares y pinares, se encuentran rapaces como el azor, el gavilán, el halcón abejero, el águila calzada, el águila culebrera, el petirrojo, el ruiseñor común, el mirlo común, varios tipos de curruca, etc… 

Desde el Valle del Jerte transitamos de vuelta hacia Cabezabellosa pero en ésta ocasión por Plasencia que contaría con nuestra presencia al día siguiente para recorrer sus calles radiales que desde la muralla convergen en el centro de la ciudad.

La retina del recuerdo me proyectó por algunos momentos aquella primera visita a la Ciudad Monumental de Plasencia con el C.B. Morón hacía algunos años y que quedará grabado en la retina del recuerdo. 

Desde el Valle del Jerte, para el blog de mis culpas...