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domingo, 10 de diciembre de 2023

La ruta del hereje en el Valladolid del siglo XVI


 Monumento a Miguel Delibes en la Plaza de Zorrilla, 
junto a la puerta de Campo Grande, en Valladolid

“Post tenebras, lux”
Tras las tinieblas, la luz

[Lema de la Reforma Protestante]

 
Desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco orientamos nuestro sextante didáctico hacia la Vía de la Plata que nos acercará al Valladolid del siglo XVI donde nos espera la ruta del hereje que nos introduce en la época del Tribunal del Santo Oficio, donde la tolerancia y la libertad de conciencia brillaron por su ausencia.

Al pasar por el Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, la retina de la historia nos recuerda que en su interior se fusiona el arte gótico con el mudéjar, lo que lo convierte en uno de los conjuntos monumentales más importantes de Andalucía. El Monasterio de San Isidoro del Campo posee una verdadera carga histórica y artística con obras de Martínez Montañés, Pacheco y frescos del siglo XV.

Será durante el siglo XVI cuando se produzca en dicho monasterio uno de los primeros focos de la Reforma en España, ya que la comunidad de los monjes jerónimos practicaban las ideas reformadas. En su interior se leyeron y tradujeron libros prohibidos por el Tribunal de la Inquisición “desde Lutero a Calvino”. Los libros prohibidos llegaban a Sevilla gracias al arriero Julianillo Hernández. La Inquisición descubrió el brote herético y quemó a algunos de los “monjes propagandistas” en varios Autos de Fe. Sin embargo, algunos lograron escapar fuera de España como Casiodoro de Reina que se estableció en la Europa reformada.

María Bohórques fue una mujer muy docta, con tan sólo 24 años, fue condenada a morir en el "Quemadero del Prado de San Sebastián", en 1559 por mantener sus creencias reformadas.

Casiodoro de Reina fue el traductor de la primera Biblia castellana completa, el 28 de septiembre de 1569, hermosa versión todavía vigente (con revisiones, en especial la de Cipriano de Valera, en 1602) en las comunidades evangélicas de todo el orbe hispánico. Esta es la famosa Biblia Versión Reina-Valera, que actualmente es la más leída en español, versión de 1960.

Se la denominó la “Biblia del Oso” porque en su portada viene ilustrado un oso. La traducción a las lenguas romances o vulgares estaba prohibida por la Iglesia Católica, pero no así por las Iglesias reformadas.


Tras visitar Zamora, Toro, Tordesillas, Medina el Campo y Simancas nos espera Valladolid, una ciudad cargada de acontecimientos históricos, donde las páginas de la historia nos recuerdan alguna que otra pincelada.


  • En el año 1241 se creaba la Universidad de Valladolid, la tercera universidad más antigua de España, tras el Studium Generale de Palencia [1212] y la Universidad de Salamanca [1218].

  • El Palacio de Santa Cruz será Inaugurado en 1491 como Colegio Mayor y debe su fundación al Cardenal D. Pedro González de Mendoza, mecenas instructor del Renacimiento en España. Constituye el primer ejemplo de dicho estilo arquitectónico en nuestro país. 
Iniciado bajo patrón gótico, Lorenzo Vázquez de Segovia lo culmina en 1491 con una portada principal al gusto italiano, en la que figura el Cardenal arrodillado ante Santa Elena, primera en encontrar la Santa Cruz. Es monumento Histórico Artístico desde 1955 y en la actualidad es sede del Rectorado de la Universidad de Valladolid.


  • La muerte de Cristóbal Colón en 1506 a los 54 años de edad.
  • Carlos I será nombrado en Valladolid rey por las Cortes, reunidas a comienzos de 1518.
  • También en la ciudad del Pisuerga se fraguaron las Capitulaciones de Valladolid de 1518 donde Magallanes consiguió que Carlos I autorizara y financiara tan magna gesta de ser el primero en dar “La Primera Vuelta al Mundo” a la Tierra emprendida por Fernando Magallanes en 1519 y concluida por Elcano en 1522. Magallanes aseguró al emperador Carlos V que era posible encontrar una nueva ruta y más corta por Occidente hacia las Islas de las Especias.
El objetivo esencial del viaje de Colón había sido establecer una ruta más corta hacia Asia [Catay y Cipango] por el oeste ya que las costas africanas estaban ocupadas por los portugueses y en el este [la ruta de la seda] se encontraba bajo influencia otomana. Las preciadas especias, sustancias vegetales usadas para condimentar los alimentos, alcanzaban precios altísimos en Europa, por lo que el control de su comercio, casi monopolizado por los italianos y portugueses, llegará a convertirse en una prioridad económica. Consumir canela, jenjibre, pimienta, clavo, nuez moscada o azafrán, entre otras muchas, elevará el rango social de muchas familias.




  • La Controversia de 1550 entre Ginés de Sepúlveda y Fray Bartolomé de las Casas en el Colegio de San Gregorio de Valladolid será un enfrentamiento dialéctico y antagónico que enfrentaban dos posturas. La defensa de los indígenas por Fray Bartolomé de las Casas mientras que Sepúlveda invocaba la barbarie de los indígenas y la guerra justa contra los indios.
  • El Tribunal de la Inquisición en Valladolid se estableció en 1559 en la actual Calle Real de Burgos. Allí estuvieron presos, entre otros, el arzobispo de Toledo y Primado de las Españas Bartolomé Carranza de Miranda y también Fray Luis de León.
  • El reformador español Carlos de Seso fue quemado en el Auto de Fe de Valladolid el 8 de octubre de 1559.
  • También Valladolid llegaría a ser la capital de España y del Imperio entre 1601 a 1606 en que se trasladó a Madrid bajo el rey Felipe III.
  • La novela de El Quijote se publicó por vez primera en Valladolid en 1604.



Desde Zamora transitamos por Toro y Tordesillas hasta llegar a Valladolid. El Puente Mayor que cruza el Pisuerga, comienza nos recuerda la novela “El hereje” de Miguel Delibes [1920-2010], que menciona que a poca distancia se encontraba la judería donde el padre del protagonista Cipriano tenía un almacén de lanas como origen hacia Flandes a través de los comerciantes de Burgos. 

No cabe duda de que en Valladolid se respira a Miguel Delibes con su novela “El hereje” a través de los poros de su casco histórico junto con las figuras del Cardenal Mendoza y el poeta y dramaturgo José de Zorrilla.


En la entrada del Parque Campo Grande de Valladolid nos sorprende el monumento en bronce del autor de “El hereje”, con su gabardina, gorra, gafas y paraguas, cerca de la que fue su casa en la Acera Recoletos. La escultura inaugurada el 17 de octubre de 2020 es obra del escultor vallisoletano Eduardo Cuadrado.

Una de las grandes novelas de Miguel Delibes “El hereje” publicada en 1998, obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en 1999, siendo considerada una de las obras cumbres de la narrativa española de la segunda mitad del siglo XX.

Hace ya algunos años tuve la suerte de que la novela “El hereje” de Miguel Delibes cayera en mis manos en la Biblioteca de mi pueblo ubicada en la tierra de Villalón. Pasados algún que otro lustro me la encontré en la Feria del Libro Antiguo en Sevilla para tener la oportunidad de releer a Delibes, una grata lectura complementada con nuestra reciente visita a la ciudad del Pisuerga donde realizamos la ruta de “El hereje” bajo las gélidas condiciones meteorológicas del mes de diciembre donde hasta el grajo no solo vuela bajo, porque hace un frío del carajo, sino que incluso no pocas veces se posa en los balcones por aquello del clima [un frío de cojones]. La novela de Miguel Delibes "El hereje" será la verdadera culpable de nuestra visita cultural a Valladolid. 



Nuestra particular ruta de "El hereje" comienza en la Plaza de San Pablo en cuyos alrededores nació el protagonista de la novela Cipriano Salcedo, y terminando en la Plaza de Zorrilla de Valladolid, lugar de la quema de los herejes, lo que nos ha permitido plasmar estas humildes letrillas que comparto con los amigos del blog de mis culpas. 

En el año 1517, Martín Lutero había fijado sus noventa y cinco tesis contra la venta de indulgencias en la puerta de la iglesia de Wittemberg como denuncia contra la corrupción reinante en el seno de la Iglesia de Roma cuyo trono se encontraba ocupado por el Papa León X, quien obtenía enormes beneficios por la venta generalizada de indulgencias a personajes de escasa moral y mucho dinero.

La venta de indulgencias reducía el castigo temporal del Purgatorio por los pecados cometidos por los compradores o sus seres queridos. Un negocio impío de la propia Iglesia que criticó Martín Lutero.

La situación era grave y Lutero tenía razón en sus denuncias. Aquella crítica de semejante calibre implicaría la ruptura con la Santa Sede y al mismo tiempo sería funesta para la unidad del propio Imperio. Un acontecimiento que impulsará la Reforma Protestante y provocará el Cisma de la Iglesia Romana de Occidente en un contexto histórico con la sombra de Saladino por el este y Francisco I por el norte. 

Era necesario extirpar de raíz cualquier disidencia religiosa que surgiera en cualquier punto del Sacro Imperio Romano Germánico como ocurrió con el catarismo del Languedoc entre 1209 a 1244 por iniciativa del papa Inocencio III con el apoyo de la dinastía de los Capetos, reyes de Francia. Los cátaros creían vivir según las verdaderas enseñanzas del Evangelio organizando su vida religiosa al margen de la Iglesia oficial de Roma. Los obispos cátaros “Perfectos” eran independientes no reconociendo al Papa de Roma. Aquel genocidio sería considerado por la Iglesia católica como una "guerra justa".

La novela "El hereje" es un canto apasionado por la tolerancia y la libertad de conciencia, una novela inolvidable sobre las pasiones humanas y los resortes que la mueven.

El mismo día de la Reforma luterana, el 31 de octubre de 1517, nace en Valladolid el hijo de don Bernardo Salcedo y doña Catalina Bustamante, con el nombre de Cipriano Salcedo. En un momento de agitación política y religiosa, esta mera coincidencia de fechas marcará fatalmente su destino.

El 3 de enero de 1520, el papa León X emitió la bula “Decet Romanum pontificem” [Para un adecuado pontífice romano] excomulgaba a Martín Lutero y a sus seguidores tras la publicación de tres libros en 1520 "Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana", "La cautividad babilónica de la Iglesia" y "La libertad del cristianismo" que añadirá más leña al fuego de la intolerancia. Lutero contará por vez primera en la historia con un medio de comunicación tan poderoso, rápido y eficaz como la imprenta.

Tendrán que pasar cerca de cinco siglos hasta que el 31 de octubre de 1999 un Papa de Roma Juan Pablo II levante la excomunión de Lutero. Y en 2016 el Papa Francisco aseguraba que Lutero dio un gran paso para poner la Palabra de Dios en manos del pueblo. Lutero quedaba rehabilitado al quedar demostrado que la Iglesia de aquella época no era un modelo a imitar: corrupción, mundanismo inclinado a los placeres y frivolidades terrenales, amoralidad junto con el apego a la riqueza y al poder», como lo demuestra el cuadro de Cornelis van Haarlen “El fraile y la monja” de 1591 y posteriormente, el cuadro iconoclasta “El Pecado” de Heinrich Lossow, de 1880, relacionado con “El banquete de las castañas” que causó un gran escándalo en la Iglesia, que acusó a su autor de todos los pecados mortales habidos y por haber. El cuadro denuncia que donde más se pecaba era el lugar donde tenía que darse ejemplo en la lucha contra el propio pecado.

“En la noche del último día de octubre de 1501, Cesare Borgia organizó presuntamente una fiesta en sus aposentos del Vaticano con “cincuenta prostitutas honradas”, llamadas cortesanas, que bailaron por la tarde con los sirvientes y otras personas presentes, primero con sus ropas y luego desnudos. Después de la cena, se retiraron de las mesas candelabros con velas encendidas y se colocaron en el piso, y alrededor se esparcieron castañas, que las cortesanas desnudas recogieron, arrastrándose a cuatro patas entre los candelabros, mientras papá, Cesare y su hermana Lucretia miraban a quienes pudieran realizar el acto a menudo con cortesanas. Los ganadores fueron premiados con túnicas de seda, zapatos y otras cosas. "

Cipriano Salcedo, convertido en un próspero comerciante se pondrá en contacto con las corrientes protestantes que, de manera clandestina, comenzarán a introducirse en la Península, pero este movimiento será cortado por el Santo Oficio.

Único hijo de un acaudalado mercader que tenía un almacén de lanas en la vieja judería y terrateniente, se encontraba muy preocupado por su faceta espiritual buscando la respuesta en los nuevos movimientos reformistas de Erasmo y Lutero que llegan a la España contrarreformista del siglo XVI.

Cipriano Salcedo padece sobre sus propias carnes aquellos tiempos convulsos el libre pensamiento se castigaba con presidio en el mejor de los casos. Nacer el mismo día y año que se inicia la Reforma luterana no será buen presagio para Cipriano el protagonista de la novela.

La Santa Inquisición con los terribles Autos de Fe de 1559 muestran aquel Valladolid de la época que produce impotencia en el protagonista. El hereje nos hace reflexionar sobre lo injusta que ha sido la vida para las personas que no comulgaban con la norma establecida.

La huella de Cipriano Salcedo en aquel Valladolid del siglo XVI es un fiel retrato del Valladolid de Carlos V y de los Autos de Fe de 1559 donde predominaba el histórico cisma en la Iglesia provocado por las tesis de Lutero, el clima de sospecha y de rencor, lo que le sirve a Delibes para lanzar este grito contra la intolerancia. Para Delibes escribir sobre el pasado era describir el presente.

Bajo la mirada de Cipriano Salcedo comenzamos nuestra particular ruta por la antigua Valladolid descubriendo las antiguas calles, plazas y palacios de aquel Valladolid del siglo XVI que contaba con una población de 28.000 habitantes donde brillará con luz propia los dos grandes Autos de Fe acaecidos el 21 de mayo y el 28 de octubre de 1559 en Valladolid.



El hereje es una novela dividida en tres partes:

Preludio

Parte I. Capítulo I al VI "Los primeros años"

Parte II. Capítulo VII al XIV "La herejía"

Parte III. Capítulo XV al XVII "El auto de fe"


Preludio de El hereje

La novela comienza con un preludio donde conocemos a Cipriano Salcedo, que regresa de Alemania en el barco “Hamburg” entablando conversaciones con el capitán Berger sobre la situación religiosa en Europa. Su objetivo, según le comenta a Isidoro Tellería, sevillano con ideas calvinistas que coincide con Cipriano en el “Hamburg”, era recabar información sobre la situación del protestantismo en Europa. Para ello, ha adquirido libros prohibidos de Lutero, Erasmo y Calvino que sirvieran de guía a los miembros del foro herético de Valladolid sobre los diferentes aspectos de la Reforma y se ha entrevistado con diferentes personalidades. Llegan al puerto de Laredo donde le esperaba su criado Vicente, con dos caballos y una mula para el equipaje, para trasladarse a Valladolid.


Parte I – Capítulo I

En el primer capítulo de El hereje Miguel Delibes nos presenta a Bernardo Salcedo, un rentista que vivía en Valladolid junto a su esposa Catalina de Bustamante. Nos cuenta el autor que a esta pareja le costó tener hijos, ya que él era estéril. Sin embargo, gracias a la ayuda de un ginecólogo el matrimonio terminó concibiendo al pequeño Cipriano. El parto dejó a Catalina cansada y sin fuerzas para amamantar al pequeño, por lo que contaron con la ayuda de Minervina como nodriza. A los pocos días de dar a luz, Catalina murió.

Capítulo II

Quedarse viudo hizo que Bernardo empezase a odiar a su hijo, al que consideraba culpable de la muerte de Catalina no mostrando a su hijo muestras de afecto alguno. Cipriano fue criado con mimo, cariño y respeto por Minervina, que adoptó el papel de madre.

Finalmente, tras recibir una carta de su socio Néstor, Bernardo recuperó su audacia y retomó sus negocios.

Capítulo III

Bernardo se encaprichó de Minervina, a la que decidió seducirla gracias a su condición de hombre mayor con dinero. Pero, la joven nodriza a riesgo de perder su trabajo, le rechazó. Desconsolado, el padre de Cipriano acude a la mancebía para buscar alguna prostituta con la que acostarse, pero sale pronto de ahí al ver las condiciones higiénicas.

Bernardo pide ayuda a una alcahueta, quien le presenta a Petra, con la que Bernardo inicia una relación y a la que mantiene económicamente.

Capítulo IV

Con la llegada de Carlos V a España comienza la hostilidad entre los españoles y los flamencos. La situación explota cuando asesinan al procurador de Segovia, que era afín a los flamencos. Estalla entonces la revolución de los comuneros, un grupo de castellanos contra los abusos del emperador Carlos V, y al que Bernardo apoya.

Al mismo tiempo, Bernardo se entera de que Petra le es infiel con otros hombres, así que decide abandonarla y devolvérsela a la celestina que se la había buscado.

Capítulo V

Cipriano cuenta ya 7 años, por lo que Minervina empieza a enseñarle cosas sobre religión, ya que ella es muy devota. El niño enseguida da muestras de su inteligencia, por lo que su padre toma la decisión de mandarlo interno a un colegio de niños huérfanos, Cipriano lo acepta porque le permite permanecer lejos del odio de su padre.

Los niños huérfanos pagan su estancia en el internado pidiendo limosna en la calle. Sin duda, la estancia en este colegio hace que Cipriano vea las partes más desagradables de una vida en la que ya no tiene la protección de Minervina, y recibe malos tratos.

Capítulo VI

Cipriano, cuenta ya con catorce años, y comienza a platearse conflictos espirituales. Será en ese momento cuando se desarrolla la Conferencia de Valladolid entre Fray Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda, en la que surgen enfrentamientos entre erasmistas y anti erasmistas “Controversia de Valladolid”.

Sepúlveda actuaba como portavoz de los ricos encomenderos defendíendo el imperialismo tradicional, mientras que Bartolomé de las Casas defendía a ultranza a los pacíficos indios y su evangelización por medios pacíficos, tal como recogía el testamento de Isabel la Católica.

Al mismo tiempo, la peste se convierte en una gran amenaza, especialmente para los niños del internado, que son los encargados de enterrar a los muertos y quemar sus casas y pertenencias para evitar más contagios. Cipriano es testigo de cómo esta enfermedad se lleva por delante a compañeros suyos y también a su padre.

Cipriano huérfano, se va a vivir con su tío Ignacio, el cual le abre las puertas al mundo de la cultura y la literatura. Ya fuera del internado, Cipriano se reencuentra con Minervina, que aún es bastante joven. Surge entonces entre ellos un amor carnal y sexual que enseguida es cortado por el tío Ignacio.


Parte II – Capítulo VII

Cipriano ya es mayor de edad, por lo que puede tomar sus propias decisiones y determinar sus objetivos vitales. Uno de ellos es recuperar a Minervina y el otro elevar su posición económica y social. Estudia Leyes y rápidamente se licencia. Además, toma posesión de todo lo que perteneció a su padre. Su siguiente paso es ganar relevancia social. Para ello, convence a la gran mayoría de los habitantes de su pueblo (a 37 de 39) para que lo conviertan en hidalgo. Cambia el nombre de la empresa de su padre por el nombre de «El zamarro de Cipriano», forros de pieles curtidas, lo que se convierte en un gran éxito entre la clase media.


Capítulo VIII

Cipriano comienza a acercarse al erasmismo a través de Agustín Cazalla, un doctor de la Iglesia y gran orador cuyas misas el protagonista adora. Al no poder recuperar definitivamente a Minervina, Cipriano termina saliendo con Teodomina, también llamada la «Reina del Páramo» por su gran técnica esquilando. Finalmente, se casa con ella.

Capítulo IX

Tras la boda, el matrimonio con Teodomina parece feliz, aunque pronto Cipriano se desencanta porque su esposa insiste demasiado en tener hijos ya. A nivel religioso, su interés por la doctrina de Erasmo es cada vez mayor, especialmente después de conocer a Pedro Cazalla, hermano de Agustín y también cura.

Capítulo X

Cipriano y Teodomina van al médico para ver porque los hijos no llegan. El doctor les recomienda una infusión natural que Cipriano ha de tomarse para mejorar su fertilidad. Cipriano está cada vez más obsesionado con el erasmismo y lee con interés “El beneficio de Cristo”, el cual le presta Pedro.

Capítulo XI

Teodomina demuestra ser una mujer caprichosa que siempre está gastando dinero en ropa y demás banalidades. Además, le pide a Cipriano dormir en camas separadas con la excusa de que eso es más higiénico.

En lugar de preocuparle, el protagonista permanece impasible a los cambios tan raros que solicita su mujer, pues está más interesado en todo lo que le cuenta Pedro Cazalla, el cual acaba de confesarle que no existe el Purgatorio.

Capítulo XII

Tras tiempo coqueteando con el erasmismo, Cipriano acude a su primera reunión clandestina en casa de los Cazalla donde los asistentes hablan y debaten sobre sus creencias. Lo hacen con mucho cuidado, ya que la Inquisición acecha. También leen textos prohibidos. Cuando sale de allí, el protagonista se siente eufórico y confiado por tener gente con la que compartir sus preocupaciones.

Su papel dentro de la religión es cada vez mayor y decide incluso emprender un viaje para conectar con otros núcleos luteranos y difundir la doctrina.

Capítulo XIII

Tras su viaje Cipriano vuelve a casa y se encuentra a Teodomina furiosa, pues se ha dado cuenta de que su marido no ha estado tomando las infusiones recetadas por el doctor. Esto le hace montar en cólera y tratar de asesinar a Cipriano con unas tijeras. Por suerte, no lo consigue y el protagonista consigue pedir ayuda y sedarla. Luego, la interna en el Hospital de Orantes.

Doña Leonor y Agustín, dos integrantes de su grupo religioso, le confiesan a Cipriano lo preocupados que están porque Padilla, otro de los compañeros, ha adquirido mucho poder y no está teniendo suficiente cuidado. Por ejemplo, está decidiendo él solo hacer reuniones en pueblos vecinos pero a la luz del día. Además, también le comentan que el aislamiento del grupo, pues cada vez reciben menos noticias, apoyos o incluso libros desde Alemania, el gran foco del luteranismo.

Teodomina termina falleciendo en el hospital, donde ha permanecido drogada y en estado vegetativo desde su ingreso. Cipriano se siente culpable por su muerte, así que acude a la Iglesia a redimirse y allí siente la presencia de Cristo. A él le promete renunciar a su sexualidad y a sus riquezas como redención.

Capítulo XIV

Tras enterrar a Teodomina en su pueblo natal, Cipriano vuelve a Valladolid para llevar a cabo su promesa con Dios y conectar con su interior, tal y como marca el protestantismo. Decide así compartir sus negocios con uno de sus empleados e intentar mejorar las condiciones laborales del resto.

Fallece Doña Leonor, en cuyo funeral se oyen gritos de «Doña Leonor a la hoguera», lo que demuestra que la gente sabía que era una hereje. Pocos días después, ese mismo mensaje aparece pintado en la fachada de la que era su casa, por lo que el grupo deciden acabar temporalmente con las reuniones como medida de protección.

No obstante, Cipriano viaja a Alemania con la excusa de que es por su negocio, aunque el verdadero objetivo de entrevistarse con el teólogo y reformador religioso alemán Melanchton y así reavivar el núcleo luterano.


Parte III – Capítulo XV

De Alemania a su vuelta Cipriano trae muchos libros nuevos, lo que sirve como impulso para retomar nuevas reuniones clandestinas. Al poco tiempo le llegan noticias de que Padilla ha sido detenido, lo que asusta al resto de miembros de grupo, que enseguida se deshace de todos los documentos que pudiesen incriminarles.

Cipriano intenta además huir, pero la Inquisición da con él en Navarra y lo detiene junto a otros de sus compañeros. Mientras son dirigidos hacia la cárcel, pasan por diferentes pueblos que les profieren insultos y piden que les quemen en la hoguera.

Capítulo XVI

Cipriano llega a la cárcel, donde los luteranos son cada vez más, especialmente en comparación con los judíos y los moriscos también detenidos allí.

El protagonista consigue sobornar a uno de sus carceleros para que este le diga qué es lo que están confesando el resto de sus compañeros. Así descubre que todos se están acusando mutuamente, algo normal teniendo en cuenta las torturas a los que les estaban sometiendo.

Recibe entonces la visita de su tío Ignacio, que ahora es presidente de la Chancillería. En un acto de compasión, le proporciona algunos objetos para mejorar su situación. Cipriano también recibe torturas para que confiese, pero los inquisidores no logran sacarle absolutamente nada y terminan condenándolo a la hoguera, igual que el resto de su grupo.

Capítulo XVII

Cipriano y sus compañeros son quemados vivos, aunque el protagonista, gracias a su tío, recibe una última visita antes de su condena: la de Minervina.


El protagonista muere así por sus ideales, recordándonos de alguna forma el libro de Miguel de Unamuno “San Manuel Bueno, mártir ”.


La ruta del hereje 

Nuestra ruta particular de “El hereje” comienza en la Plaza de San Pablo para dirigirnos a la Plaza de las Brígidas, delante del Palacio de Fabio Nelli hacia la Plaza de la Trinidad, calle Santo Domingo de Guzmán, San Benito, Plaza Mayor y Plaza Zorrilla como epílogo donde se quemaban a los herejes.


En los alrededores de la Plaza de San Pablo, en la actual calle Angustias, estaría el hogar de nuestro protagonista, Cipriano Salcedo, quien vendría al mundo el 21 de mayo de 1527. Cerca de la Plaza de San Pablo encontramos el Palacio de Pimentel, lugar donde naciera Felipe II el 21 de mayo de 1527 siendo bautizado el 5 de junio de 1527 en la iglesia de San Pablo, en medio de una fastuosa celebración. 

El Palacio de Pimentel pasa en 1530 a propiedad de los Condes de Rivadavia, por cuyo apelativo es igualmente conocido. Su elemento más notable es la ventana esquinada de estilo plateresco de la fachada. Actualmente es la sede de la Diputación Provincial de Valladolid.


Felipe II sería proclamado rey el 28 de marzo de 1556 “Castilla por el Rey don Felipe nuestro señor”.

El Palacio de Pimentel, situado al final de la Calle Angustias y junto a la Plaza de San Pablo, tiene un zaguán [del andalusí, istawán] de acceso da acceso al patio, donde se instaló entre los años 1939 y 1940 un zócalo de doce azulejos [azzulayg] realizado por el artista talaverano J. Ruiz de la Luna, en el que recrea episodios relevantes de la historia de Valladolid, desde la primera visita del rey Carlos I a Valladolid hasta la llegada a la ciudad de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.


Muy cerca se encuentra el Palacio de los Vivero, donde se casaron los Reyes Católicos el 19 de octubre de 1469, y que pasaría a ser propiedad de la Corona y habilitado para Chancillería.

Muy poco después de nacer Cipriano Salcedo, nace Felipe II, quien a la postre sería el culpable del trágico final del protagonista, en el palacio que hacía esquina entre la plaza de San Pablo y la Corredera, perteneciente a la familia de los Pimentel y actualmente sede de la Diputación Provincial de Valladolid.

La Casa de los Salcedo es el primer alto, al que sigue el de La Corte y la Iglesia, en el magnífico entorno de la plaza de San Pablo, donde destaca el conjunto de la Iglesia de San Pablo, y el Palacio de Pimentel, de estilo renacentista y construido en el siglo XVI, que ha sido residencia de familias nobles y de monarcas a lo largo de su historia.

El Palacio de Pimentel se convirtió en la residencia habitual del emperador Carlos I, durante su estancia en Valladolid.

En la Plaza de Santa Brígida se encuentra el Convento homónimo que da nombre a la plaza y en la esquina, entre ésta y la calle de San Diego, lo que fuera el Palacio del Licenciado Francisco de Butrón, abogado de la Real Audiencia y Chancillería.

En torno a la plaza de Palacios se ubicaron las principales mansiones y casas palaciegas de Valladolid. Hoy todavía se mantienen en pie, además del citado palacio, el de los Valverde.

En la Plaza de la Trinidad, presidida por la iglesia que lleva su nombre y por la Biblioteca Municipal, se hace la siguiente parada conocida como el almacén de la Judería y el Hospital de Expósitos. La Plaza de la Trinidad era el lugar donde Salcedo tenía su almacén de lanas.

El Convento de Santa Catalina, encabezando a los implicados en la Reforma, dista unos 30 metros. Las religiosas también cobran vida en la narración que explica cuál era su función en la época.

Entre la plaza de Fuente Dorada y la calle Cánovas del Castillo se encontraba la desaparecida taberna de Garabito de la calle Orates, que fuera un lugar donde Cipriano alternaba con los amigos disfrutando de los excelentes vinos de Rueda. Aquí también aparece la casa de Orates y el cruce con la comitiva real.

Los condenados por la Inquisición eran montados en borriquillas con sambenitos puestos en procesión desde la Plaza de San Pablo donde se dictaba sentencia y a través de la calle Santiago eran trasladados hacia el lugar de ejecución en la Plaza Mayor “el quemadero o brasero de la villa” en el Campo Grande, para "tan magno y cristiano acontecimiento”. Era la culminación de una liturgia del horror justificado por “La Inquisición” como instrumento en nombre de la unidad religiosa.



La Plaza Mayor, punto neurálgico de la vida de la ciudad, sería el escenario de la celebración del Auto de Fe en el que se condenaría a Cipriano. Una plaza muy cambiada (debido sobre todo a un incendio ocurrido en 1561). 


El 21 de septiembre de 1561, día de San Mateo, padeció Valladolid el más horroroso incendio que prendió en la ciudad. En las cincuenta horas que duró, destruyó 440 casas.


Felipe II ordena la construcción de la parte incendiada modernizando el trazado urbanístico de la ciudad, todavía medieval. Las calles se trazan ahora a cordel y se hacen más anchas y con soportales.

El primer Auto de Fe tuvo lugar el 21 de mayo de 1559 y el siguiente, el 8 de octubre del mismo año.

En la Plaza Mayor se llevaba a los condenados (entre los que se encontraban los personajes de la novela incluyendo el Doctor Cazalla) hasta la plaza cubiertos con capirotes y sambenitos en el pecho. Desde la plaza eran llevados los “herejes” en procesión por la calle de Santiago (donde se encuentra una placa conmemorativa del libro “El hereje” y que recuerda que era allí donde el doctor Cazalla predicaba cada viernes) al lugar donde se ejecutaba la condena, fuera de los muros de la villa.


A poca distancia se encuentra el Puente Mayor que cruza el río Pisuerga. Muy cerca se encontraba la judería donde el padre de Cipriano tenía el almacén de lanas y desde donde partían hacia Burgos, para vender la lana a Flandes a través de los comerciantes de la ciudad burgalesa.


Entre la Plaza Mayor y la Plaza de Zorrilla se encuentra la iglesia de Santiago, donde una placa recuerda que el doctor Cazalla impartió más de un sermón en su interior. Por la calle Santo Domingo de Guzmán se encuentra el Convento de Santa Catalina de monjas dominicas, las cuales estuvieron muy implicadas en todo el proceso del Doctor Cazalla que irá a la hoguera el 21 de mayo de 1559 con otros trece reos más.

Agustín de Cazalla nació en 1510. Era hijo de Pedro de Cazalla, contador real, y de Leonor de Vivero. Llegó pronto a bachiller y estudió en la Universidad de Valladolid con Bartolomé de Carranza [procesado por la Inquisición], siendo licenciado en 1533. También estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, donde su tío Juan, antiguo capellán del Cardenal Cisneros, mantenía una reputada fama de humanista y erasmista. En Alcalá fue condiscípulo de Diego Laínez, uno de los fundadores de la Compañía de Jesús, permaneciendo en esta universidad hasta 1536.

Sus tíos, el obispo Juan de Cazalla y María de Cazalla pertenecían al grupo de alumbrados, que fue detectado en Guadalajara en 1525. Entró al servicio del emperador Carlos V, y en 1542 fue nombrado predicador de la corte y capellán personal, lo que le permitirá viajar con el rey por toda Europa.

En 1552 residió en Salamanca, donde fue elegido canónigo de la catedral. Regresa a Valladolid en 1556. De tendencia erasmista formó un “conventículo” estrechamente relacionado con los focos de Zamora, Toro y Logroño, y del que formará parte la élite social y religiosa de la ciudad, que presuntamente expresaban opiniones religiosas consideradas heréticas.


La ruta tuvo su epílogo en las inmediaciones de la Plaza Zorrilla, presidida por una estatua del célebre escritor, más en concreto en la Puerta del Campo, puerta de salida y entrada de la antigua ciudad. 

Dependiendo del caso, los herejes eran quemados vivos o bien, si se habían arrepentido y confesaban, eran ejecutados con el garrote vil antes de ser enviados a la hoguera. Todo un detalle por parte de los inquisidores como “buenos cristianos”. Con la muerte del reo terminaba tan cristiano proceso.

El paseo por aquel Valladolid inquisitorial del siglo XVI, que llegará a ser incluso efímera capital de aquella España de sotana y sacristía desde el 11 de enero de 1601 al 4 de marzo de 1606 demuestra la existencia de un enorme fervor religioso que fusionado con nuestra ruta literaria de la novela “El hereje” de Miguel Delibes, nos sumerge a través del túnel del tiempo.



Terminada nuestra visita a Valladolid orientamos nuestro sextante en busca del cementerio del Carmen, donde se encuentra enterrado Miguel Delibes en el Panteón de Personas Ilustres de Valladolid junto al poeta y dramaturgo español José Zorrilla.


Desde la Plaza de Zorrilla de Valladolid, en compañía del monumento a Miguel Delibes como testigo de nuestra presencia por aquellos lares, para el blog de mis culpas...



P.D. Cipriano Salcedo representa a todas esas personas del siglo XVI que se abrieron a lo nuevo y que lo hicieron desde una posición privilegiada que les permitía leer o viajar. Por esta razón Cipriano es un comerciante rico y culturizado. Cipriano se enfrenta a un gran conflicto interno entre Fe y Razón.

La novela “El hereje” se vertebra en la vida de su protagonista Cipriano Salcedo. Cipriano representa la renovación de España mientras su padre Bernardo Salcedo representa los valores tradicionales que se están desmoronando. El hereje nos recuerda la importancia de ser fieles a las ideas que defendemos.

Miguel Delibes a través de su prosa nos introduce en la locura de la Inquisición y de la intolerancia, que nos hace testigos de la crueldad humana.

Herejes eran consideradas todas aquellas personas que no practicaban la religión católica ni seguían los preceptos de la Iglesia. Surgen en el seno de la propia Iglesia al plantearse otras maneras de vivir su fe. La Inquisición detenía y torturaba a los herejes “apóstatas y blasfemos” para que confesasen, siendo los casos más graves condenados a la hoguera. Los juicios eran públicos para servir de ejemplo al resto de la población.


Algunos personajes ilustres perseguidos por la Inquisición

Bartolomé de Carranza [1503-1576]

El Tribunal de la Inquisición inició uno de los procesos más controvertidos de la historia contra un brillante teólogo dominico doctorado en Roma, durante los primeros años del Concilio de Trento (1543 y 1551) que defendía la pureza del dogma católico y la disciplina de la Iglesia frente a la reforma protestante. Fue Predicador del Emperador Carlos al que asistió en sus últimos momentos en Yuste y de su hijo el rey Felipe II, quien le encumbraría a la más alta dignidad del mundo cristiano después del Papa, el Arzobispado de Toledo y Primado de las Españas, para abandonarle poco después “Proceso contra Bartolomé de Carranza Miranda”.


Monumento a Felipe II en Valladolid


En 1557, Felipe II le obligó a aceptar la silla de Toledo, que también quería rechazar. Allí sorprender por su manera de ejercer la caridad. Pero Valdés, el Inquisidor General, que se consideraba con más derecho a la sede de Toledo, hace que se le acuse de hereje. Es detenido y a partir de entonces será un juguete de la pugna entre Roma y las autoridades españolas. Pío IV pide que se le entregue el prisionero pero Felipe II se niega. Pío V logra que sea trasladado a Roma bajo amenaza de excomunión. Allí permanece nueve años. Finalmente, escucha una sentencia de compromiso: no es absuelto, pero tampoco es condenado por hereje. Murió a los 17 días de su puesta en libertad después de pasar 17 años en la cárcel.



Santa Teresa de Jesús [1515-1582]

Descendiente de judíos conversos. En 1575 su obra “Vida” fue objeto de sospecha, siendo examinada por la Inquisición en el Tribunal de Sevilla, que no dejó que se publicara hasta su muerte en 1582. En 1576 ella y las carmelitas reformadas fueron denunciadas de nuevo ante el Tribunal de Sevilla por una novicia expulsada, pero la Inquisición no siguió adelante.



Fray Luis de León [1527-1591]

Célebre poeta del Siglo de Oro, pertenecía a la orden benedictina y era doctor en Teología. Con antepasados conversos, fue denunciado a la Inquisición por León de Castro, catedrático de griego y rival suyo, por preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la versión latina. También por traducir “El Cantar de los Cantares” a la lengua vulgar, cosa prohibida por el Concilio de Trento. Pasó 5 años en las cárceles de la Inquisición, el tiempo que duró su proceso. Por empeño personal del Inquisidor general fue absuelto, lo que era muy raro, ya que la Inquisición, para no reconocer que se había equivocado, solía suspender el procedimiento y liberar al reo.

Sor María de Ágreda [1602-1665]...

Ante el extraordinario fenómeno de bilocación de María de Ágreda [en lugares distintos y muy distantes], intervino ya formalmente la Iglesia tomando su órgano represor "La Inquisición" cartas en el asunto [1649-50]. Abrió causa, e interrogó varias veces a sor María, quien bajo juramento no se apartó un ápice de lo dicho. La temible Inquisición se vio obligada a absolver a sor María y archivar su causa.


Enlaces interesantes

domingo, 16 de abril de 2017

El Castillo de San Jorge de Sevilla, antigua sede de la Inquisición española


Lugar donde se encontraba ubicado el "Quemadero de la Inquisición", en Sevilla

"Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla"

Giordano Bruno al recibir la sentencia el 8 de febrero de 1600


Desde el Centro de Interpretación “Judería de Sevilla” pusimos nuestro punto de mira en el Castillo de San Jorge recorriendo a pie el camino inverso que realizara en tiempos pretéritos la “procesión de los reos”. En esta ocasión a través del antiguo "Quemadero" de la Inquisición que estaba situado en el Prado de San Sebastián -donde se encuentra actualmente la estatua ecuestre en bronce del Cid Campeador- llegando a la Plaza de San Francisco, donde existe una esquina entre la Sala Capitular y el Arquillo del Ayuntamiento -allí se ubica una Cruz como recuerdo de la Inquisición-, para tomar hacia la calle Zaragoza y Reyes Católicos que nos lleva hasta la margen derecha del río Guadalquivir, donde se encuentra "el castillo de San Jorge", en el sótano del actual mercado de Triana, donde se encuentran las ruinas de la antigua sede del Tribunal de la Inquisición, que durante más de tres siglos formará parte de la "liturgia del terror".

Siempre que se visita algún Centro de Interpretación de la Memoria como la Casa de Sefarad en Córdoba, la Judería de Sevilla, el castillo de San Jorge en Triana o el barrio judío de Hervás, en el norte de Cáceres entre otros, sale a relucir en los paneles ilustrativos que nos proyecta la historia el Tribunal de la Inquisición. 
Una institución que tenía no sólo el poder de prohibir y quemar libros contrarios a la religión católica sino que le fueron otorgadas plenas atribuciones por el Papa y la Corona española para perseguir, torturar e incluso mandar a la hoguera a los disidentes religiosos “cátaros, luteranos, protestantes, judíos, musulmanes e incluso gente de ciencia como Galileo, Giordano Bruno entre otros, figuran en su liturgia del horror”.

Giordano Bruno pensaba que la Tierra no era el centro del Universo y que podrían existir incontables soles y planetas que permanecen ocultos a nuestra visión (palabras que podrían ser de plena actualidad). Pero fue más allá, creía que en las leyes del Universo rigen en todos los lugares, en un momento en que se creía que la Tierra era un lugar bendecido por Dios. Pensaba que existían planetas fuera del sistema solar. Fue catalogado de maldito y herético por la Iglesia, quemando "todos sus libros" en la Plaza de San Pedro. La Iglesia ha rehabilitado su figura pero no sus ideas aunque actualmente los escolares estudien las leyes del Universo en las escuelas. 

El concepto de infinito que se debate ahora también fue mencionado por Giordano Bruno, situándose en el espacio. Defender esas teorías en esa época era muy peligroso. Para la Iglesia católica se ganó el título de "escritor maldito". El 8 de febrero de 1600 escucho su sentencia condenado a la hoguera por herejía. Giordano Bruno le dijo a la Iglesia al escuchar la sentencia "Tembláis más vosotros al dictar esta sentencia que yo al recibirla".

El movimiento científico considera a Bruno como un precursor de las leyes científicas posteriores que en el siglo XVI-XVII tenía la idea que existen otros mundos habitados por seres inteligentes, lo que en aquella época fue tachado de locura.


El 22 de junio de 1633, un débil hombre de ciencia y anciano Galileo fue citado a comparecer ante el Tribunal de la Inquisición de Roma y obligado para salvar la vida a pronunciar de rodillas la abjuración de su doctrina heliocéntrica.

"Eppur si muove" (y sin embargo, se mueve).

Los teólogos de la Inquisición romana calificaron la teoría heliocéntrica de "filosóficamente insensata y absurda y herética, ya que en muchos aspectos contradice de forma expresa las oraciones de las Sagradas Escrituras en su significado literal, su interpretación común y la opinión de los Santos Padres y de los doctores en teología".


Es cierto que Sevilla ocupó tristemente un lugar destacado en la historia de la Inquisición española. El Tribunal del Santo Oficio hispalense fue creado en 1.480. En sus primeros cincuenta años tuvieron que bajar el ritmo de las sentencias, al no existir cárceles ni dinero para mantener a tantos presos en sus sólidas y lúgubres mazmorras.


En un rincón del Ayuntamiento de Sevilla que da a la Plaza de San Francisco, se encuentra una Cruz que recuerda el Santo Oficio.

La Inquisición se creó para solucionar el “problema” converso -judíos convertidos al cristianismo-. Se decía que había conversos que conservaban parte de sus antiguos ritos y que su conversión no era sincera. Fue en el Convento de San Pablo en Sevilla donde comenzaron las primeras persecuciones contra ellos. Su drama fue inmenso y se prolongó durante toda la historia de la Inquisición.

La capital hispalense tuvo que ser muy a su pesar la triste protagonista al ostentar aquel 6 de febrero de 1481 el dudoso honor de convertirse en el escenario del primer Auto de Fe celebrado en España donde fueron quemadas seis personas como judaizantes. 



También por desgracia, Sevilla volverá a ser protagonista en el último caso de muerte en la hoguera, que se produjo en 1781 en el Quemadero del Prado de San Sebastián, paradójicamente una desafortunada anciana monja y ciega “la beata Dolores”. 

La presencia en Sevilla de un numeroso grupo de judeoconversos, que “presuntamente, preparaban una rebelión”, sirvió de coartada para la creación de la Inquisición Española que durará desde 1478 hasta 1834.

Paralelamente a la creación de la Inquisición en las Cortes de 1480, los Reyes Católicos impulsan la aprobación de dos medidas que anuncian la futura expulsión de nuestros judíos sefardíes: 

Deciden que tendrán que regresar para comer y dormir; igualmente se les impone la obligación de llevar un distintivo de color en la ropa para que sean identificados como judíos. 

El Castillo de San Jorge acogió durante 300 años este Tribunal de la Inquisición, extinguido en 1820. En sus mazmorras sufrieron prisión y tortura miles de hombres y mujeres de toda condición. Su imagen de siniestra fortaleza representó a la Inquisición Española en Europa. La recuperación de sus restos ha permitido recordar aquellos tiempos y reflexionar sobre los aspectos negativos de la condición humana.

El primer uso de este solar fue como una necrópolis almohade (siglos XII-XIII) relacionado con el barrio de Triana y con el "Puente de Barcas" que conectaba la antigua Isbilya "Sevilla" con  al-Xaraf "Aljarafe".

En las excavaciones se recuperaron 229 enterramientos, aunque la necrópolis debió de contener más de 1000 individuos. Las tumbas, en fosas muy sencillas, estaban orientadas hacia el sudoeste; el muerto aparecía con las piernas flexionadas y la cabeza mirando hacia el este, hacia la Meca, como es habitual en el rito musulmán.

Los numerosos vasos que aparecieron revelan la estrecha relación que existía entre el agua y los ritos funerarios musulmanes.

Una fortaleza para la defensa de Isbilya. Hacia 1220-1230, ante el avance de las tropas cristianas hacia el sur, la capital del Imperio Almohade en Al Ándalus edifica sobre el cementerio una fortaleza para custodiar el puente de barcas y proteger la ciudad.


El castillo, tras la conquista de Sevilla por Fernando III “El Santo” en 1248, parece que fue entregado a la Orden de los Caballeros de San Jorge. Existió una capilla que fue la primitiva parroquia de Triana quedando como ermita tras la construcción de la parroquia de Santa Ana por Alfonso X en 1276.

En tiempos de Enrique IV fue escenario de luchas entre los partidarios del rey y los de su hermano el infante Don Alfonso. En 1463 pasó a manos del Marqués de Medina Sidonia volviendo poco tiempo después a la Corona, bajo los Reyes Católicos. En 1481, ceden el castillo al Tribunal de la Santa Inquisición que establece allí su primera sede, manteniéndose así durante tres siglos. 

Siendo Inquisidor General de España don Fernando Valdés (1483-1568), cardenal Arzobispo de Sevilla, manda el traslado de la sede de la Inquisición al Castillo de San Jorge, en el arrabal de Triana, que había sido edificado sobre los restos de una antigua fortaleza almohade. Allí quedarán instalados los reos y sus verdugos “los inquisidores”. El Tribunal de la Inquisición ocupó el Castillo de San Jorge hasta 1.626 –muy deteriorado pos las fuertes arriadas- Reparadas las ruinas, vuelve a ser ocupado por la Inquisición hasta su traslado definitivo en 1.785 al antiguo y desaparecido colegio jesuita de las Becas, entre 1800 y 1803.

Las cárceles bajas se encontraban junto a la actual calle de San Jorge. Eran pequeñas y oscuras. La ciudadela del castillo de San Jorge contuvo entre 26 y 30 cárceles, llamadas “secretas”, destruidas en la reforma del castillo para mercado en 1820. Las llamadas “bajas” formaban agrupaciones adosadas a las murallas. Había también 12 “altas” en las torres, entre las que se encontraba la denominada “cámara del tormento”, en la torre de San Gerónimo, que daba a la actual Plaza del Callao. 


Maqueta del antiguo castillo de San Jorge de Sevilla, sede de la Inquisición 

La sala de audiencias era un edificio alargado donde el fiscal leía los cargos al acusado en presencia de los inquisidores, notarios y secretarios. Se mantuvo en uso desde su construcción en 1485 tratándose del único edificio de estas características que se conserva en España.

Los “Familiares” eran los servidores laicos del Santo Oficio, una especie de policía cuya misión era provocar la denuncia o detener a los presuntos herejes. Las “familiatiras” eran codiciosamente apetecidas, incorporándose a ellas gentes de todos los estratos sociales, en especial de la nobleza. Los oficiales inquisitoriales, mayores y menores, podían llevar armas y sólo podían ser juzgados por la Inquisición.


Certificado de Familia firmado por la Inquisición sobre la limpieza de sangre.
Centro de Interpretación "Judería de Sevilla"

El proceso inquisitorial se iniciaba siempre por una delación o por una inquisición, lo que hoy llamaríamos una investigación. 

El procedimiento habitual constaba de varias fases:

Edicto de Fe o Edicto de Gracia

Se pronunciaba un sermón en el cual se daba un tiempo de gracia para que todos aquellos que pudiesen estar cometiendo delito de herejía, se confesasen voluntariamente. También se alentaba a la delación. El confeso, en teoría, se aseguraba la brevedad del proceso y penas sólo pecuniarias, normalmente.

Calificación y Acusación 

Después de una delación, y antes de proceder a una detención, se presentaba la evidencia del caso a un número de teólogos que actuaban como calificadores, para determinar si los cargos implicaban herejía. Si los cargos eran suficientes, se detenía al acusado. 

Clamosa 

La detención iba acompañada de la inmediata confiscación de los bienes del acusado. No se le explicaban las razones de su detención y se mantenía en secreto durante todo el proceso la identidad de los testigos. El día que así lo dispongan los inquisidores, el detenido era llevado ante los jueces. En la primera sesión se le interroga acerca de su identidad, sus ascendentes y familiares, dónde y con quién se ha confesado por última vez…


Entonces se le pide que lo confiese todo y que manifieste el motivo por el cual, se le ha detenido. Se repetía tres veces en varias semanas. En la última, si el reo no confesaba, el fiscal presentaba los cargos.

En la Audiencia

El fiscal leía la acusación y se le pedía al acusado que contestara a las acusaciones inmediatamente, sin que se le concediera tiempo ni abogado. Después, se le daba permiso para buscar ayuda legal para su defensa. El acusado podía defenderse:

a) Citando entre sus enemigos a los delatores.
b) Presentando objeciones contra los jueces.
c) Llamando testigos favorables (proceso de abonos). El proceso se componía de una serie de audiencias, en las cuales tanto la acusación como la defensa hacían sus respectivas declaraciones, y una serie de interrogatorios, realizados por los inquisidores en presencia de un notario.


Tormento

Si los inquisidores lo consideraban necesario, el acusado era sometido a tortura, normalmente al potro, donde se le apretaban las muñecas y tobillos con unas cuerdas. Solía bastar con unas sesión y era buena señal para los inquisidores que el reo confesase.

Sentencia

Cuando la defensa y la acusación terminaban sus exposiciones, el caso se daba por concluido y llegaba el momento de dictar sentencia. Para ello era necesario formar una consulta de fe, corporación que estaba formada por los inquisidores, un representante del obispo y algunos licenciados en teología o leyes, llamados consultores: todos votaban.

Auto de Fe

Una vez estaba dictada la sentencia, el acto final era una compleja ceremonia donde se proclamaban las sentencias y se aplicaban los castigos: el Auto de Fe. Era un espectáculo religioso donde no se quemaba a los condenados. Para esa liturgia del terror se dedicaba "El Quemadero".



Auto de Fe en la parroquia de la Magdalena de Sevilla, por Lucas Valdés

Los reos salían con el sambenito puesto desde el Callejón de la Inquisición en el Castillo de San Jorge para cruzar el río Guadalquivir por el desaparecido Puente de Barcas (1170-1850) que contaba con 11 barcas encadenadas, atravesaban el Arenal y entraban en Sevilla por la Puerta de Triana y llegar a la Plaza de San Francisco, donde los Inquisidores dictaban sus sentencias para que fuesen ejecutadas por el brazo secular en el “Quemadero del Prado de San Sebastián” o lugares similares donde se preparaba un entarimado para presenciar “tan magno acontecimiento”.

El Quemadero del Prado de San Sebastián estuvo en el lugar que actualmente ocupa el monumento a "El Cid" donde cientos de personas perecieron en la hoguera junto al Quemadero de Tablada culminando una liturgia del horror justificado por el "Santo Tribunal" que justificaba bajo el nombre de "Autos de Fe".

Más que un castillo, el recinto fortificado de San Jorge era una auténtica ciudadela. Las edificaciones interiores se apoyaban en el muro y adaptaban su fachada a las diagonales que los comunicaban. Estas diagonales eran verdaderas calles que partían de los tres accesos el recinto y confluían en el centro, junto a la capilla. Incluso el empedrado que tenía era igual que el que solía pavimentar las calles de la ciudad de Sevilla en los siglos XVII y XVIII. La pendiente de las calles estaba orientada al río, para que desaguara en él.

La casa del primer inquisidor era la de mayor entidad, destacando por su gran superficie, patio con galería, doble altura y amplios salones; con una posición privilegiada frente a la ciudad, torre mirador y un conjunto de instalaciones como correspondía a una persona principal. Disponía también de cuadras, bodega y de un área de servicio con personal y cocina propia con despensa, pozo, etc. Junto con los fiscales, contadores y receptores, los inquisidores eran los oficiales mayores.


Cuadro "Expulsión de los judíos de Sevilla" de Joaquín Turina y Areal

Los inquisidores se desplazaban en mulas que se mantenían en las cuadras con acceso desde la calle. Disponía de 5 amarres y un pozo con su pilón para dar de beber a las bestias.

Disponían de bodegas subterráneas o “fresqueras”, para mantener en unas condiciones estables de humedad, temperatura y oscuridad los alimentos como las chacinas, quesos, aceite y vino. También esta bodega fue usada para dormir al fresco durante las noches del riguroso verano.

En la fortaleza también existían las casas del Nuncio o Delegado Papal y del Notario del secreto, encargado de redactar los documentos del proceso. Eran típicas casas de patio andaluz con escalera y doble altura con vistas al interior de la ciudadela y al río. El Notario del secreto era un oficial medio, como los Alguaciles, Los Alcaldes, o los Notarios del secuestro y los Jueces de Bienes, que se ocupaban de las propiedades confiscadas.

El portero y su mujer ejercían la función de vigilancia y de servicio. Era una casa popular típica andaluza de pequeño patio central, escalera exterior, leñera, despensas y una cocina en planta baja, durmiendo en la planta alta. Los porteros eran oficiales menores de la Inquisición, como también lo eran los despenseros, médicos, capellanes y cirujanos…

Después de su abandono por el Tribunal de la Inquisición, el Estado lo cede perpetuamente a la ciudad de Sevilla, ocupándose el Ayuntamiento de su derribo y posterior explanación del solar. Hasta 1822, fue usado como almacén de grano, momento en que se construye el Mercado Municipal de Abastos de Triana. 

Entre 1845 y 1852 se le amputa el extremo sur para la construcción del “Puente de Isabel II”, manteniéndose como mercado hasta nuestros días, con una demolición real del edificio viejo en 1990 para construir el actual. En el proceso de las obras se recuperan los restos de la dilatada historia que ahora contemplamos.

En la actualidad, las ruinas subterráneas del Castillo de San Jorge se han convertido desde 2009 en un Centro de Interpretación sobre el Castillo, la Inquisición Española y la represión religiosa.



Algunos inquisidores que brillaron "con luz propia"...

Tomás de Torquemada

Dominico castellano, primer Inquisidor General de Castilla y de Aragón en el siglo XV que inició el mayor periodo de persecución a los judeoconversos entre 1480 hasta su muerte en 1498 teniendo lugar bajo su mandato la expulsión de los judíos el 31 de marzo de 1492.

Cardenal Cisneros

Confesor de la Reina Isabel la Católica, arzobispo de Toledo, primado de España y tercer Inquisidor General de Castilla, perteneciente a la Orden Franciscana. En 1499 implanta la conversión forzosa, la represión y la violencia, para conseguir que la población andalusí de Granada abandone la religión musulmana contraria a las Capitulaciones. Aprovechó la “Revuelta del Albaicín” para asaltar la Madraza “Universidad granadina” que venía funcionando desde 1349, cuya biblioteca con textos coránicos será llevada a la plaza de Bib-Rambla, donde será quemada en la hoguera. Será una de las más tragedias culturales más grandes de Europa.

Diego Rodríguez Lucero

Nombrado en 1500 Inquisidor General de Córdoba, protagonizó los más cruentos Autos de Fe, entre los que destaca el celebrado el 22 de diciembre de 1504 donde murieron quemadas vivas 107 personas, en una noche. Este cruel personaje fue objeto de la primera revuelta contra la actuación inquisitorial de la historia de esta institución, siendo expulsado de la ciudad de Córdoba. Lucero arrestó a ciudadanos principales por motivos insignificantes o con pretextos falsos con el fin de apoderarse de sus bienes. Algunos testigos conversos testificaron que habían sido obligados a enseñar sus oraciones judías a cristianos viejos para acusarlos de judaizantes. Lucero fue detenido al fin en 1507 cuando iba a producir un holocausto de 160 personas siendo sus víctimas puestas en libertad. Pero había quemado a 130 personas en 1500, a 120 en 1504 y a 27 en 1506.

Fernando Valdés

Nombrado simultáneamente Arzobispo de Sevilla e Inquisidor General. Era una forma elegante de apartarlo de la Corte. Intransigente, ambicioso y sin escrúpulos, destruyó la carrera de Juan de Vergara (canónigo, humanista, de ascendentes judeoconversos, acusado de luterano y alumbrado) y la del obispo de Toledo, Bartolomé Carranza. Este último logró recusarle como juez, de tal manera que se había ensañado con él. Fernando de Valdés, fue autor, en 1559, de uno de los Índices de libros prohibidos. Promulgó unas “Instrucciones” para la Inquisición, en las que reformó y reorganizó el proceso inquisitorial.

Fernando Niño de Guevara

Inquisidor General y Cardenal de Sevilla mandó a ejecutar durante su cargo a cientos de personas siendo cesado por orden del Rey en 1.602, debido a múltiples quejas. En 1601 había sido nombrado Cardenal de Sevilla donde ejerció el cargo hasta su muerte. Una fecha clave en la historia hispalense será el Sínodo de 1.604, en el cual el cardenal, en un alarde de soberbia, obligó a las cofradías a pasar por el Palacio Arzobispal, lo que se considera en la actualidad como la “Carrera Oficial a la Santa Iglesia Catedral”.

Óleo sobre tabla pintado por Francisco de Goya entre 1812 y 1819. 
Representa un "Auto de Fe" por "delitos contra la religión católica" impartido por el Tribunal de la Inquisición.

Personajes históricos perseguidos por la Inquisición

Pablo Antonio José de Olavide y Jaúregui (1725-1803)

Fue escritor, traductor, jurista y político. Tras una larga estancia en Francia, regresa a España como introductor convencido del enciclopedismo francés. En la actualidad se le recuerda por ser el artífice de la primera gran reforma universitaria española, así como por intentar racionalizar recursos tanto naturales como económicos que confluyeran en la modernización del país. Es nombrado superintendente de las nuevas poblaciones de Andalucía, por lo que vive en Sevilla. Impulsó una verdadera reforma del comercio, las infraestructuras, el urbanismo y la cultura.

Su acomodada posición económica, hicieron que la Inquisición comenzara a vigilar estrechamente sus actividades y escritos. En 1775 se le abre el primer proceso inquisitorial. Es acusado de proposiciones heréticas. En 1776 es condenado como hereje convicto y se confiscan todos sus bienes, ingresando en las cárceles de la Inquisición. Dos años después se le declara “hereje, infame y miembro podrido de le Religión”. Es condenado a 8 años de reclusión en un monasterio. Europa se escandaliza. En 1779 logra escapar a Francia. Vivió la Revolución Francesa y la Convención le nombró ciudadano de honor.

Su creación literaria más destacada es “Historia de un filósofo desengañado”. Entre sus ensayos: “Informe sobre la Ley Agraria”, y el “Informe sobre el Proyecto de Colonización de Sierra Morena”.

Escribe “En Evangelio en triunfo” (1797), fruto de una profunda crisis religiosa, donde expresa su arrepentimiento. Carlos IV le permite volver a España, le restituye todas sus dignidades y le concede una reta anual de 90.000 reales.


María Dolores López

Ciega sevillana con delirios de santidad. Decía que tenía revelaciones y tratos con la Virgen.. Condenada a la hoguera, se arrepintió en el auto de fe y cuando fue llevada al quemadero se le dio garrote y su cuerpo fue quemado. Este hecho lo narra el escritor Blanco White como recuerdo de su infancia. Fue la última víctima de la Inquisición e Sevilla.

María de Bohorques

Miembro del grupo protestante de Ponce de León, hijo del conde de Bailén, al que acusaron de recibir literatura protestante de un arriero llamado Julián Hernández. 

Joven muy culta que defendió sus creencias como católicas. Antes de su ejecución dos jesuitas y dos dominicos trataron de “salvar su alma”. Salieron impresionados por su sabiduría y por la defensa de su fe. Fue agarrotada estrangulada- por luterana y después quemaron su cuerpo en el quemadero del Prado de San Sebastián, en 1559, con tan sólo 24 años de edad. Era hija ilegítima de Pedro García de Jerez y Bohorques, caballero principalísimo de Sevilla.

Casiodoro de Reina

Considerado el maestro de la comunidad evangélica que se había formado en el monasterio de los jerónimos de San Isidoro del Campo (Santiponce). Después de las detenciones de Constantino Ponce y otros, varios monjes de dicha comunidad huyeron hacia Ginebra. Entre ellos se encontraban Cipriano de Valera y Antonio del Corro. Fueron figuras destacadas de la Reforma europea. Su traducción de la Biblia (la Biblia del Oso) fue la primera completa al castellano, procedente del griego y del hebreo. Fue quemada una imagen suya en un Auto de Fe en 1562.

Santa Teresa de Jesús

Descendiente de judíos conversos. En 1575 su obra “Vida” fue objeto de sospecha, siendo examinada por la Inquisición en el Tribunal de Sevilla, que no dejó que se publicara hasta su muerte en 1582. En 1576 ella y las carmelitas reformadas fueron denunciadas de nuevo ante el Tribunal de Sevilla por una novicia expulsada, pero la Inquisición no siguió adelante.

“E iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios, y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores. A mi e cayó esto en gracia, y e hizo reir, porque jamás yo temí”, decía.

Samuel Abravanel (Juan Sánchez de Sevilla). Siglo XIV

Nace en Sevilla en una familia con raíces toledanas y de gran posición social y económica. Fue contador mayor del rey Juan I (es decir, el jefe de todos sus recaudadores y contables). Es un hombre de negocios, pero no por ello deja de admirar a rabinos y estudiosos, a quienes protege y respalda económicamente. Su familia ocupa casas importantes de la Judería de Sevilla (existe documentación de propiedades de Samuel Abravanel en el Barrio de San Bartolomé el Nuevo), y hay una zona lindera con la muralla que se daba en llamar “adarve de los Abravanel o Abravannieles”). Pone su fortuna en liberar y defender a muchos correligionarios que se van perseguidos a causa de su fe. El transcurso de los acontecimientos y la intuición (por desgracia certera) de que los tiempos venideros serán nefastos para los judíos españoles, lo hacen convertirse al cristianismo. Existe documentación en las que se refieran a Samuel Abravanel como Juán Sánchez de Sevilla desde 1387. Aparece en los escritos como tesorero mayor de la reina o del rey. Con la conversión pudo mantener la integridad de su patrimonio así como la propia vida.

Susona Ben Susón (siglo XV)

Era hija de un rico mercader converso llamado Diego Susón. Admirada por la belleza de su rostro y el de su cuerpo, era llamada por los sevillanos “la fermosa fembra”, y gozaba de admiradores y pretendientes en toda la ciudad de Sevilla. Enamorada de un apuesto joven perteneciente a un noble linaje de cristianos viejos de la familia Guzmán, le confesó a su enamorado las conversaciones secretas que su padre tenía con otros conversos. Querían hacerse con el control de la ciudad y evitar las continuas represalias y vejaciones a que eran sometidos los conversos por los cristianos viejos. De inmediato, el joven dio noticias de esta conspiración al alcalde de la ciudad, y éste hizo apresar a todos los conspiradores (entre ellos el padre de la Susona) a los que se dio muerte. Entre los conspiradores estaban Pedro Fernández de Benaveda, mayordomo de la Catedral; Juan Fernándes de Albilafia, llamado “el perfumado” por su excesiva compostura en el vestir y arreglarse, que era letrado y alcalde justicia; Adolfo de Triana, también rico mercader y hombre principal, y así hasta 20 conversos pudientes de Sevilla, Carmona y Utrera. La joven se vio huérfana y abandonada por su amado, llevando una vida misteriosa y escondida que dio lugar a numerosas leyendas.

Despreciada por los cristianos como conversa e hija de conspirador, y por los judíos y conversos como traidora a los suyos, la leyenda dice que se encerró en su casa hasta su muerte y con su cadáver apareció una nota diciendo “Para que sirva de ejemplo a los jóvenes en testimonio de mi desdicha, mando que, cuando haya muerto, separen mi cabeza de mi cuerpo y la pongan sujeta en un clavo, sobre la puerta de mi casa, y allí se quede para siempre jamás”.

La calle de la Susona se llamó antes la calle del Ataúd y la calle de la Muerte…así que no parecía tener muy buenos presagios

En el lugar en el que estuvo colgada la supuesta calavera de la Susona hasta bien entrado el siglo XVII, se colocaron unos azulejos en los que puede leerse: 

“En estos lugares, antigua calle de la muerte, púsose, la cabeza de la hermosa Susona Ben Susón, quien, por amor, a su padre traicionó, y por ellos, atormentada, dispúsolo así en testamento”.

Blanco White (1775-1841)

Escritor, teólogo, crítico literario y bibliotecario, José María Blanco Crespo, conocido como Blanco White, es considerado como representante destacado de la Ilustración española. Ordenado sacerdote en 1800, fue canónigo de la Catedral de Sevilla. Su curiosidad intelectual lo convierte en un defensor a ultranza de la libertad religiosa y de conciencia. Es partidario de la independencia y la libre autodeterminación de las colonias. Estudioso y pensador infatigable, funda en Sevilla la Academia de las Letras Humanas. Alza su voz señalando a la Inquisición española como la causante principal de la decadencia, servilismo y terror de la sociedad.

Cansado del oscurantismo y la intolerancia, se marcha a Inglaterra en 1810, donde se hace anglicano y funda el primer periódico de oposición: “El Español”. Su circulación fue inmediatamente prohibida tanto en España como en las colonias. Los partidarios de la Inquisición iniciaron contra su persona y pensamiento una feroz campaña en la que él y su obra son tratados como el exponente máximo de la traición y el antipatriotismo.

Sus “Letters fron Spain (Cartas desde España)” reflejan fielmente su amargura, desazón y rebeldía frente a lo que sucedía en su país. Plantea con radicalidad la necesidad urgente de separación de la Iglesia y el Estado.

Entre sus obras destacan: “Vida del Reverendo J.Mª Blanco White”; “Cartas de Juan sin tierra” y la novela “Intrigas venecianas”.

Bartolomé de Carranza

El Tribunal de la Inquisición inició uno de los procesos más controvertidos de la historia contra un brillante teólogo dominico doctorado en Roma, durante los primeros años del Concilio de Trento (1543 y 1551) que defendía la pureza del dogma católico y la disciplina de la Iglesia frente a la reforma protestante. Fue Predicador del Emperador Carlos al que asistió en sus últimos momentos en Yuste y de su hijo el rey Felipe II, quien le encumbraría a la más alta dignidad del mundo cristiano después del Papa, el Arzobispado de Toledo y Primado de las Españas, para abandonarle poco después “Proceso contra Bartolomé de Carranza Miranda”. 

En 1557, Felipe II le obligó a aceptar la silla de Toledo, que también quería rechazar. Allí sorprender por su manera de ejercer la caridad. Pero Valdés, el Inquisidor General, que se consideraba con más derecho a la sede de Toledo, hace que se le acuse de hereje. Es detenido y a partir de entonces será un juguete de la pugna entre Roma y las autoridades españolas. Pío IV pide que se le entregue el prisionero pero Felipe II se niega. Pío V logra que sea trasladado a Roma bajo amenaza de excomunión. Allí permanece nueve años. Finalmente, escucha una sentencia de compromiso: no es absuelto, pero tampoco es condenado por hereje. Murió a los 17 días de su puesta en libertad después de pasar 17 años en la cárcel.

Fray Luis de León

Célebre poeta del Siglo de Oro, pertenecía a la orden benedictina y era doctor en Teología. Con antepasados conversos, fue denunciado a la Inquisición por León de Castro, catedrático de griego y rival suyo, por preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la versión latina. También por traducir “El Cantar de los Cantares” a la lengua vulgar, cosa prohibida por el Concilio de Trento. Pasó 5 años en las cárceles de la Inquisición, el tiempo que duró su proceso. Por empeño personal del Inquisidor general fue absuelto, lo que era muy raro, ya que la Inquisición, para no reconocer que se había equivocado, solía suspender el procedimiento y liberar al reo.




P.D. Según el cronista de la villa de Morón Juan José García, por lo menos hasta el siglo XVI la Inquisición tuvo sede en Morón y fue en el convento de San Juan de Dios “hoy Colegio de la Inmaculada”, donde tuvo su sede. 

Pero el topónimo “Cruz Verde”, estandarte del Tribunal de la Inquisición, era una especie de salvoconducto en forma de Sambenito con una cruz de ese color para poder entrar en la villa y permanecer en ella varios días, siempre con el peto puesto. Las ejecuciones se hacían en la Plaza de la Carrera y a veces colocaban el cadalso en la Plaza de Santa María.


De Juan García Atienza "Guía de la Inquisición española"
Sevilla, vista desde el antiguo castillo de San Jorge

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