sábado, 3 de noviembre de 2018

Miguel de Cervantes, una vida quijotesca en busca de la gloria universal



¡A mi buen amigo Antonio Castro! 

El que lee mucho y anda mucho, 
ve mucho y sabe mucho”. 

Quijote II, cap. XXV “segunda parte”.


Cuando en la tierra de Villalón “el grajo vuela bajo” orientamos nuestro sextante autodidacta en la antigua Sevilla de nuestro universal Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares-1547, Madrid-1616).

Guardada en la retina de mi recuerdo permanece la antigua serie de TVE “El Quijote de Miguel de Cervantes” con la magnífica interpretación de Fernando Rey en el papel de “Don Quijote” y Alfredo Landa “Sancho Panza” entre un gran reparto de actores. Tampoco quiero olvidarme de aquellos dibujos animados entre los años 1979-81 “Don Quijote de la Mancha” que tuvo un gran éxito.


Tras volverse loco don Quijote, después de haber asimilado bajo sus frágiles entendederas altas dosis de libros de caballería, enloqueció de tal manera que confundió los molinos de viento con gigantes, haciendo caso omiso de su buen consejero y amigo Sancho Panza.

La vinculación de Miguel de Cervantes con Sevilla (1587 a 1593) no ha pasado desapercibida quedando demostrada en el medallón de la Plaza de España como español ilustre así como en uno de los bancos dedicado a Ciudad Real en referencia al Ingenioso Hidalgo “Don Quijote de la Mancha y su fiel escudero Sancho Panza observando los molinos de viento”, enmarcada dentro de la Exposición Iberoamericana de 1929. 


Medallón de Cervantes, en la Plaza de España de Sevilla

Dicha vinculación de Miguel de Cervantes con Sevilla se puede apreciar también al pasear por los múltiples rincones de la antigua Sevilla que fuera testigo de su presencia. En la calle Sierpes -antigua calle Espaderos- se puede observar un azulejo que nos recuerda el lugar que ocupara la antigua Cárcel Real de Sevilla que tuviera entre sus rejas a ilustres reos de nuestro Siglo de Oro, como don Miguel de Cervantes Saavedra y que engendrara para asombro del mundo “El “ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. 




En sus proximidades se encuentra la estatua de Cervantes muy cerca de donde estuvo la Cárcel Real. En la esquina “Entre cárceles” se encontraba el antiguo cuartel de guardia de la Cárcel Real de Sevilla y en el Puerto de Sevilla a orillas del Guadalquivir observaría Miguel los navíos que venían cargados de riquezas de las Indias, lo que convirtió a Sevilla en una de las ciudades más importantes de la Europa del siglo XVI y XVII. En muchas de sus calles se recuerdan sus obras entre las que destaca “Rinconete y Cortadillo” que forma parte de sus Novelas Ejemplares.

Sevilla perdería su condición de Puerto de Indias en 1717, trasladándose la Casa de Contratación a Cádiz.



Pero, ¡quien fue nuestro escritor universal a quien la pobreza y los problemas económicos le persiguieron durante toda su vida, llegando a frustrar sus esperanzas aunque en el epílogo de su vida le sorprendiera la gloria literaria! 

…El hecho de que las hermanas de Miguel de Cervantes supieran leer y escribir en aquellos tiempos donde el analfabetismo se ensañaba con la mayoría de la población, especialmente con las mujeres, nos demuestra que su padre, Rodrigo se preocupaba por la educación tanto de sus hijos como hijas. Es muy probable que el primer colegio de jesuitas de Andalucía, establecido en Córdoba en 1555, contase a Miguel de Cervantes entre sus alumnos “El coloquio de los perros”.

La muerte de su abuelo Juan, acaecida en marzo de 1556 significó para su familia la desaparición de su única fuente de ayuda. Su abuela Leonor moriría dos años más tarde. Su padre, Rodrigo, sin recursos y con muchas bocas que alimentar, buscaría refugio en Cabra.

En 1564, Rodrigo volvió a Sevilla considerada “la puerta de entrada de las riquezas del Nuevo Mundo” encontrándose nuevamente endeudado. La escuela de la pobreza con sus infortunios no dejaría de acompañar a la familia Cervantes, lo que sin duda, dejaría una profunda huella en el autor del Quijote.

En esa época, Sevilla era una ciudad en la que un joven podía aprender muchas cosas de la vida al recorrer sus muelles y oír a los marineros contar historias fantásticas del Nuevo Mundo “barcos cargados de lingotes de oro que remontaban el Guadalquivir hacia la Torre del Oro, donde se almacenaban los preciados cargamentos”. No se sabe a ciencia cierta cómo fue la vida de Cervantes en la Sevilla de aquellos años juveniles aunque sí que las ambiciones literarias eran muy fuertes y su decisión de consagrarse a las letras muy firme, aunque su única salida fuese la búsqueda de un mecenas que lo sacase de la miseria.

Ese mismo año de 1564 Miguel asistió a una representación llevada a cabo por un grupo de actores itinerantes vinculados a Lope de Rueda. Este hecho tan simple y trivial, despertaría en Cervantes una vocación no muy corriente en la época, que le llevará a ser un dramaturgo de éxito. 

Pero Rodrigo, dará nuevamente la orden a su familia de montar en un carretón tirado por mulas, hacia Madrid, que en 1551 había sido nombrada capital de España, por la gracia de Felipe II, Su Católica Majestad.

Se sabe que el padre de Miguel de Cervantes recibió un golpe de fortuna por una herencia dejada al fallecer su suegra. Prestó una gran suma de dinero a un amigo que le costaría cara al no serle devuelta, sufriendo de nuevo un duro revés.


Copia del cuadro de Cervantes de Jauregui, en el Ayto. de Sevilla

Mientras tanto, Miguel cumplía 20 años de edad. Su educación se vio interrumpida por tanta peregrinación familiar. El año 1568 fue verdaderamente trágico para el rey Felipe II al fallecer el día 3 de octubre su esposa Isabel. A través de la relación de Cervantes con López de Hoyo, perfeccionaría no sólo sus conocimientos en latín y literatura latina sino que pudo penetrar en el pensamiento de Erasmo, una de las claves de la renovación europea de la época. 

No se sabe si la decisión de Cervantes de ir a Italia fue libre. Lo cierto es que su vida tomaría un rumbo adverso. “En vez de viajar en barcos cargados de lingotes de oro que remontaban el Guadalquivir”, cambió su norte, lo que le permitiría saborear la amargura al ser apresado y encarcelado por los piratas berberiscos.

Durante el siglo XVI el reino de Nápoles, Sicilia, Cerdeña y Milán, los Países Bajos y gran parte de América pertenecían a la Corona española. En el Imperio español de Felipe II “nunca de ponía el sol” mientras los destinos de Inglaterra eran regidos por la reina Isabel I que mantuvo un apoyo extraoficial a los piratas “Sir Drake” que saqueaban los barcos españoles. Felipe II se había casado con una hermanastra de la reina inglesa “María Tudor” pero fallecería en 1558, dejándolo viudo y sin un heredero al trono inglés.

Mientras los conflictos europeos vaciaban las arcas de la Corona española dedicada a financiar los ejércitos en la defensa de la fe católica, por el flanco sur acechaba un nuevo enemigo: el imperio otomano. Eran años en que los moriscos de las Alpujarras se rebelaron por segunda vez contra la Pragmática Sanción antimorisca de 1567.

Será una oportunidad perdida de una España plural que optaba por el oscurantismo que proporcionaba la ortodoxia. La idea de una presunta conjura turco-morisca frustraría una enriquecedora integración multicultural en España.

La política expansiva de Francia en la península itálica llevaría a Roma a reclamar constantemente la ayuda de España mientras la Media Luna amenazaba el Mediterráneo oriental.

En 1551 Trípoli cayó en manos de los turcos. En 1565, el pabellón de la Media Luna fue izado en la isla de Malta, asiento histórico de los Caballeros de San Juan. Aunque la Corona española pudo recuperar Malta, en 1570, los turcos se apoderaron de Chipre.

¡Quién controlase el Mediterráneo controlaría los destinos de Europa!.

"La batalla de Lepanto" de Lucas Valdés. Iglesia de la Magdalena, en Sevilla

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la batalla de Lepanto, cerca de Corinto, contra los turcos. España con don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, se puso al frente de la Santa Alianza con Venecia y Roma como aliados. Miguel de Cervantes participó en dicha batalla a bordo de la nave “Marquesa” perdiendo la movilidad de su mano izquierda, lo que le valió el sobrenombre de “el manco de Lepanto”. A las 4 de la tarde había triunfado la Cristiandad sobre la Media Luna. La sangre de unos 30.000 turcos y 9.000 cristianos teñirían las aguas del Mediterráneo.

En el Quijote, Miguel de Cervantes da testimonio de la importancia de aquella histórica batalla así como la realidad humana sobre la que se asienta el horror de la guerra “los remeros eran esclavos de galeras encadenados a sus remos”. En el prólogo de las “Novelas Ejemplares”, le quedaría a Cervantes el consuelo de haber participado “en la más memorable y alta ocasión que vieron los siglos pasados, ni esperan ver los venideros”.

Después de haber curado sus heridas, en abril de 1572 Cervantes estaba de nuevo en servicio, recibiendo la visita de su hermano menor Rodrigo, de 22 años de edad, que también había optado por seguir la carrera de las armas, zarpando ambos con Juan de Austria y la flota española rumbo a Corfú con el objetivo de limpiar el Mediterráneo de piratas berberiscos.

En marzo de 1573 Venecia, más preocupada por sus finanzas que por la defensa de la cruz, abandonó su alianza con España estableciendo relaciones diplomáticas con los otomanos mientras Juan de Austria expulsaba a los turcos de Túnez aunque la fortaleza de La Goleta en Túnez, no tardaría de nuevo en caer en manos de la Media Luna.



Rumbo de los vientos adverso


El 20 de septiembre de 1575 Miguel de Cervantes en compañía de su hermano Rodrigo abandonaba Italia en la galera “Sol” zarpando del puerto de Nápoles rumbo a España llevando consigo unas cartas de recomendación de Juan de Austria y del duque de Sessa que deberían servirle como garantía de éxito en España, pero el rumbo de los vientos deparaba a Cervantes una trágica jugada. Tras cinco días de tranquila navegación a lo largo de la costa norte de Italia, la galera “Sol” junto con otras dos galeras, se desprendieron de una flotilla mayor como consecuencia de una fuerte tormenta con fuerte viento hacia la costa francesa “Les Saintes Maries”, donde tres barcos corsarios berberiscos arremetieron contra ellas. Al frente de los corsarios se encontraba el renegado albanés Arnaute Mamí, antiguo cautivo de los otomanos que había conseguido su libertad al abandonar la Cruz y abrazar el Islam. Los supervivientes fueron hechos prisioneros y reducidos al cautiverio, entre ellos Miguel y su hermano, Rodrigo. Este dramático acontecimiento en la vida de Cervantes, aparece reflejado en "La Galatea". 

Tras cinco años de cautiverio al entender los corsarios berberiscos que Miguel de Cervantes pertenecía a una alta cuna por culpa de las dichosas cartas de recomendación. Fue llevado a Argel donde sería introducido en una mazmorra, atado de pies y manos. Aquel Miguel de Cervantes que había conocido la gloria de Lepanto era ahora conducido por los senderos de la miseria, entendiendo perfectamente que por sus venas no corría ni una sola gota de sangre azul que le permitiera a los suyos pagar aquel rescate que los piratas reclamaban como mercancía humana.

Argel era una ciudad rica, producto de las incursiones de los piratas berberiscos por el Mediterráneo. Además se había convertido en lugar de encuentro de moriscos expulsados de España, esclavos y aventureros de todo calibre. Aunque el comercio con Berbería estaba prohibido por la Cristiandad “Poderoso caballero es don dinero”. En sus muelles atracaban navíos de Francia, España, Italia, Inglaterra y Países Bajos, en busca del rápido enriquecimiento. 

Para hacer dinero en Argel, la religión no era un obstáculo insalvable, al cambiar muchos feligreses de credo como quien cambia de empresa. En Argel todo tenía un precio. Los cautivos más relevantes valían, como mínimo, unos 5.000 ducados. Mientras recuperaban su libertad a cambio de dinero, los prisioneros eran utilizados como mano de obra gratuita que empleaban en los baños argelinos. Los más cotizados trabajaban para sus dueños como sirvientes. Y los menos cotizados trabajaban en las obras de las calles y en los huertos. Por último, estaban los esclavos de galeras destinados a servir en los barcos como remeros.

Los frailes de las órdenes de los trinitarios y los mercedarios solían encargarse de la intermediación de los cautivos. En el Viejo Mundo, la recogida de limosnas para liberar cautivos pobres era una actividad habitual. La pobreza del prisionero resultaba ser un pasaporte al cautiverio permanente, cuanto no la muerte. Era una ley que imperaba a ambos lados del Mediterráneo.

El sueño de fugarse era algo natural en el prisionero aunque en Argel no era tarea fácil. En “El trato de Argel” encontramos la descripción de un intento de fuga por parte de un cautivo. El 1576 Miguel de Cervantes pagó a un carcelero para que lo guiase junto a otros prisioneros hasta las costas de Orán, en poder de los españoles pero fue traicionado.

Mientras tanto, la familia Cervantes en España no dejaba de moverse por Miguel y Rodrigo. El 24 de agosto de 1577 su hermano Rodrigo como integrante de un grupo de más de cien prisioneros abandonó Argel y pudo regresar por fin a España. La liberación de su hermano Rodrigo alegró al autor del Quijote acentuando sus sentimientos de soledad. Fue entonces cuando se produjo un segundo intento de fuga que fracasaría como todos los demás. Cervantes era consciente de que el rescate de cautivos era un negocio. Miguel le entregó a su hermano Rodrigo unas cartas para que las entregase dirigidas al virrey de Mallorca, Valencia e Ibiza. Tras varios intentos de fuga, el desánimo se apoderó nuevamente de Cervantes. 

El 19 de septiembre de 1580 Miguel de Cervantes fue liberado. El 24 de octubre, con otros cinco cautivos cristianos liberados, abandonó Cervantes Argel partiendo hacia España para llegar tras cinco días de navegación a Denia. Atrás quedaban cinco años de cautiverio en Argel y diez años fuera de su patria, lo que quedará plasmado en el Quijote:

“No hay en la tierra contento que se iguale a alcanzar la libertad perdida”.

Aunque no está documentado que don Miguel de Cervantes, autor de la novela "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" -novela publicada en 1605- nunca estuviera en Tetuán, aparece mencionada en doce ocasiones, donde se alude a sus lóbregas mazmorras, su mercado de esclavos y su puerto donde atracaban los barcos del Turco, sí estuvo cautivo en las mazmorras de Argel entre 1575-1580 con 28 años de edad. Allí escucharía cientos de historia de otros presidiarios que aludían a Tetuán, una medina llena de peligros que llegara a tener miles de cautivos. 

Durante su regreso desde Nápoles a España, a bordo de la galera Sol, después de haber participado en la Batalla de Lepanto en 1571 "el manco de Lepanto" por haber recibido tres disparos en su mano izquierda, una flotilla de corsarios berberiscos hicieron preso a Miguel junto a su hermano Rodrigo, el 26 de septiembre de 1575. 

Fueron capturados a la altura de Cadaqués de Rosas o Palamós, en la actualidad llamada Costa Brava, y llevados a Argel como esclavos El hecho de habérsele encontrado en su poder las cartas de recomendación que llevaba de don Juan de Austria y del Duque de Sessa, hizo pensar a sus captores que Cervantes era una persona muy importante, y por quien podrían conseguir un buen rescate. Pidieron quinientos escudos de oro por su libertad. 

Tras cuatro intentos de fuga, en 1580 gracias a la mediación del padre trinitario Juan Gil se dará la libertad previo pago de un rescate a 186 cautivos, entre los que se encontraba Miguel de Cervantes rescatando de nuevo este fraile a 147 cautivos a su paso por Argel en 1583.

A sus 33 años de edad, Miguel de Cervantes se encontraba con “una mano inutilizada y un cautiverio en Argel que le dejarán marcado para siempre”. Le llegaron noticias de que sus padres se encontraban en Madrid derrotados por la pobreza. Cervantes se encontró además con una difícil realidad al haberse evaporado sus cartas de recomendación mientras el oro y la plata que fluían desde América terminaban su travesía en las arcas de los banqueros italianos y holandeses, cuyos préstamos nunca eran suficientes para mantener una nobleza improductiva que embarcaba al pueblo en guerras inútiles con el pretexto de defender la fe católica y sus privilegios cargando el peso de los impuestos sobre el pueblo.

En este contexto social, mendigos y prostitutas transitaban por las calles que recorría Cervantes, cuyo único refugio sería la literatura.

Las deudas contraídas en Argel lo perseguían. Cervantes obtuvo un cargo provisional de mensajero real. El 21 de mayo de 1581 recibió 50 ducados para trasladarse a Orán y recoger unos despachos que debía llevar a Cartagena recibiendo otros 50 ducados con la orden de presentarse ante Felipe II en Lisboa.

En aquella fecha cobraría forma una novela pastoril que iba a ser la primera publicación importante en su vida “La Galatea”.

A comienzos de 1582 volvería a Madrid para presentarse ante el Consejo de Indias para su próximo destino aunque tendría que esperar el regreso de la próxima carabela, que no llegaría nunca. Pero Cervantes era consciente de que tendría que ganarse el pan; pero para ello debería permanecer en Sevilla “la Babilonia de España”, donde confluían los ríos de la fortuna “el agua, el aceite, el vino, la miel, el azúcar, el oro y la plata que Sevilla comercializaba con el mundo entero. En la capital hispalense prosperaban los oficios, las industrias, imprentas y colegios. 

En el teatro, Cervantes se vería desplazado por un joven llamado Lope Felix de Vega y Carpio que había conquistado Madrid con su prolífica producción dramática. El trato de Argel le aseguró a Cervantes un éxito de público indudable, hasta el influiría en el mismo Lope de Vega -años más tarde- para escribir “Los esclavos de Argel”.

“El Cerco de Numancia” es la primera obra teatral de Cervantes donde brilla la épica.

Pero los éxitos de las primeras piezas teatrales no le garantizaron a Cervantes rentas suficientes para vivir. En 1585 falleció su padre, Rodrigo y Miguel de Cervantes vuelve a Sevilla y poco después, a Madrid. Cervantes continuaba escribiendo versos con escasa o nula remuneración. Sus treinta y ocho entremeses, nunca fueron representados. 

En 1580 se produce la anexión de Portugal tras el vacío sucesorio, lo que reforzaría la presencia española en el Atlántico, Este mismo año de 1580 nace en la Corona española la idea de lanzar una gran ofensiva naval contra Inglaterra.

La ejecución de María Estuardo, la reina católica de Escocia el 18 de febrero de 1587 vino a demostrar que España no podría lograr la hegemonía sobre Inglaterra a través de la política matrimonial que zanjaba o agravaba rivalidades. Sólo las armas podrían solucionar el conflicto entre Londres y Madrid. Desde Lisboa zarparía una gran flota que, en el canal de la Mancha, se reuniría con el ejército español acantonado en Flandes, hasta la costa sur de Inglaterra. 

Cuando el pueblo se enteró de que el comandante en jefe de la Armada Invencible el marqués de Santa Cruz -uno de los héroes de la batalla de Lepanto- murió, arreciaron los rumores de que el Juicio Final sería inminente. Muchos veían en el año 1588 como un desastre definitivo para España o ser conducida a la infinita gloria. Sólo la Iglesia, sostenía sin ninguna duda que 1588 iba a ser un año glorioso para España. 

Años más tarde Cervantes le rendiría un sentido homenaje desde las páginas del Quijote al viejo general como el “rayo de la guerra”, la máxima categoría en la escala de valores cervantina cuando se trataba de hablar de gestas y glorias militares.

Al poco de abandonar Lisboa, un temporal desmanteló varios bajeles debiendo recalar en La Coruña, hundiéndose el mejor de los navíos en medio de la tormenta. Pese a todo, la flota zarpó desde La Coruña con alta moral y convencida de su condición de invencible desconociendo que marchaban hacia el desastre.

Felipe II se movilizaba contra Inglaterra para defender la pureza de su fe en la ortodoxia de Roma y poner de rodillas a los herejes de Inglaterra, quienes, además de desafiar al Papa, desde hacía tiempo venían realizando incursiones piratas en alta mar contra los bajeles españoles. El 29 de abril de 1587, Francis Drake había tenido el atrevimiento de hacer una incursión en Cádiz, uno de los puntos neurálgicos del tráfico comercial de España con sus colonias americanas.


El 28 de abril se encontraba Cervantes en Toledo marchando en los meses estivales a Sevilla, donde se encontraba Antonio de Guevara, proveedor general de la Armada Invencible, que había comenzado las operaciones de requisamiento en Andalucía. Poco antes de partir Cervantes hacia Sevilla, Diego de Valdivia, representante de Antonio de Guevara, le había nombrado en Toledo Comisario en la Armada con la difícil misión de recaudar las contribuciones que el pueblo se negaba a pagar de buena gana. 

Cervantes fue enviado a Écija, donde se debería comenzar la recolección del trigo y la cebada. Sin embargo, Cervantes se enteró de que grandes suministros de cereales habían sido requisados sin que la población de la ciudad hubiese recibido pago alguno. Serán siete años de conflictos y decepciones. No sólo debería requisar, sino almacenar, pesar y enviar a su destino las cantidades obtenidas. El cargo implica también cierta autoridad judicial, estando capacitados para recurrir a la fuerza pública, ordenar arrestos y confiscar bienes, disponiendo además de una cantidad de fondos para financiar los traslados y nunca abonar los cereales obtenidos. 

El año 1588 fue un año de malas cosechas y el pueblo se encontraba desesperado y al borde del hambre mientras el Tesoro Público estaba en la miseria.

Muchos comisarios se enriquecían especulando con la desesperación de los de abajo y la codicia insaciable de los de arriba.

Cuando asumió el cargo, Cervantes se hallaba cargado de deudas. El Ayuntamiento de Écija envió un comunicado al rey dando cuenta de las quejas del pueblo. Cervantes se encontraba aprisionado entre las órdenes de su superior Valdivia y los requerimientos del pueblo. Cuando iba a requisar el grano, se encontró que gran cantidad de trigo había sido llevada al almacén del dean del cabildo de la catedral de Sevilla. Cervantes se sintió con el derecho de actuar contra el clero, lo que le valdría la excomunión. 

Al mes siguiente del cargo, Cervantes se encontraba cargado de deudas y excomulgado. El anuncio de su excomunión fue puesto en todas las iglesias de Écija, pero Cervantes continuaba con su actividad. Cervantes y Valdivia se dirigieron a la provincia de Córdoba, donde los problemas eran similares. Por dos veces en un mismo año los comisarios reales habían visitado La Rambla en busca de trigo, queso, tocino y garbanzos, mientras que la Corona no pagaba sus deudas desde 1579. 

Valdivia se marchó dejando a Cervantes con la peor parte “recurrir a la fuerza pública y encarcelar a varios vecinos”. Su nuevo destino sería Castro del Río donde los suministros habían sido arrebatados a la población por parte de la Iglesia. Tras una breve estancia en Córdoba recorriendo pueblos y ciudades vuelve a Sevilla el 10 de enero de 1588 con un balance de dos excomuniones, la enemistad de mucha gente y demasiado cansancio en el cuerpo y en el alma. Aunque llevaba cuatro meses sin cobrar sí adquirió bastante conocimiento de la vida y de España.

No hay duda de que su trabajo de comisario de cereales y aceite, las estancias en las posadas, los encuentros en los caminos, las discusiones con la gente le ayudarían a moldear esa particular humanidad que puebla en su inigualable Don Quijote.

Cervantes no tenía otra alternativa que continuar con sus tareas de comisario de cereales y aceite encontrándose que el pagador general de Sevilla no tenía fondos para abonarle ni uno solo de los cuatro sueldos que le adeudaban. El 22 de enero de 1588, Antonio de Guevara, el proveedor general, que se encontraba de paso por Sevilla, renovó a Cervantes en su cargo y le ordenó que regresase a Écija, en busca de aceite de oliva. De nuevo, Cervantes tropezó con la resistencia de los habitantes de Écija reclamando el pago del dinero que se le adeudaba ya que pasaban hambre y los campos estaban sin cultivar. Las necesidades de la guerra eran inapelables. Cervantes tuvo que contentarse con la mitad del aceite que fue a requisar.

En el año 2014 se produce en La Puebla de Cazalla por parte del archivero municipal, José Cabello Núñez, de cuatro documentos que lo situaba en una serie de pueblos de la comarca a los que llegaba para comprar trigo y aceite. Uno de ellos, localizado en el Archivo de Protocolos de Sevilla, es un poder notarial con su firma, en el que autorizaba a su amiga Magdalena Enríquez a realizar transacciones en su nombre.

Según el archivero José Cabello Cervantes pasó por La Puebla de Cazalla, Osuna, Marchena, Paradas, Arahal, Morón de la Frontera, Utrera e, incluso, Villamartín (Cádiz). 

«Esta relación de pueblos apareció en el documento del 21 de febrero de 1593, convenio firmado entre el Ayuntamiento de La Puebla y el propio Cervantes, fecha en la que se deja constancia de la comisión que cobra por esas compras», explica el archivero municipal. Por tal motivo, La Puebla de Cazalla se encuentra por derecho propio entre las ciudades cervantinas dignas de ser visitadas.

Los muleros eran los únicos que cobraban al contado porque sin sus órdenes las mulas no daban ni un paso. Pronto le sería concedida la absolución de la Iglesia, tal vez, porque el clero ya habría cobrado sus cereales. Pero eso no significaba que la suerte comenzara a sonreírle. Su esposa Catalina, se vio afectada por la muerte de su madre, Catalina de Palacios, heredando una casa familiar y algunas tierras, que no se materializa hasta 1604.

Mientras tanto, la expedición contra Inglaterra culminaba con enorme amargura. La suerte de España estaba echada. Cervantes cansado, tomó en camino hacia Marchena, con el fin de requisar aceite, aunque no llevaba dinero para pagar a nadie. Le llegaron noticias de que su nombre estaba en boca de todos y no de la mejor manera. En febrero de 1590 fue enviado a Carmona para requisar aceite de oliva para la Invencible, que se encontraba en La Coruña. Cansado el 21 de mayo presentó su curriculum en el Consejo de Indias para ocupar alguna de las plazas vacantes en América pero su solicitud fue puesta en cuarentena.

En aquellos tiempos de miseria, sobornos y corrupción la lucha por un puesto de trabajo debía ser desesperada.

A duras penas fue cobrando lo que la Corona le debía. El 27 de agosto de 1590, Cervantes presentó firmadas las cuentas de todo el grano y aceite que había requisado a lo largo de los tres años anteriores para poner en claro su honestidad como comisario, pero ser honesto en medio de tanta corrupción parecía ser una fuente de sospechas. Cervantes se dedicó al juego y pronto adquirió deudas que no pudo pagar a sus acreedores.

Su amigo Tomás Gutiérrez le prestó de nuevo dinero para poder comprar un paño y encargarle a un sastre la confección de un traje nuevo.

Ante la situación de quiebra generalizada, la Corona decidió reducir los salarios de sus recaudadores. Para Cervantes, fue una pésima noticia. A finales de abril nuestro escritor se dirigió a Jaén, Baeza y Úbeda donde San Juan de la Cruz, próximo a morir, se había retirado. En noviembre viajó a Montilla. Un escándalo en los graneros de Tebas destinado al pago de impuestos del Estado salpicó a Cervantes que fue salvado de la cárcel por su amigo Tomás Gutiérrez, saldando las reclamaciones del tribunal. Es posible que por consejo del mismo Tomás Gutiérrez -un antiguo hombre de teatro-, Cervantes volviese a escribir para el mundo de las tablas.

El 5 de septiembre de 1592, Cervantes firmaría en Sevilla un contrato, comprometiéndose a escribir seis piezas dramáticas por 50 ducados cada una.


Ante el cúmulo de escándalos que envolvía la campaña contra Inglaterra, vital para la supremacía de España como potencia marítima, la Corona decidió reanimar el sentimiento patriótico mediante una campaña de castigo a los funcionarios corruptos. Cervantes fue detenido en Castro del Río bajo la acusación de haber vendido trigo sin autorización y de haberse apropiado de grano sin haber presentado recibos oficiales y de haber manipulado la deuda de los sueldos atrasados debiendo devolver el cereal o su valor en dinero y obligado al pago de los gastos del juicio.

Cervantes fue a parar a la cárcel dando orden Pedro de Isunza para que le pagaran los sueldos atrasados, para que pudiese resolver su situación y acallar el escándalo. La repentina muerte de Isunza le hizo comprender que se hallaba sólo ante la poderosa burocracia llegándole la noticia de que los funcionarios involucrados en el escándalo del Puerto de Santa María habían sido condenados a muerte.

El 24 de junio de 1593 fue ocupado el cargo del fallecido Isunza por Miguel de Oviedo, quien prefirió tender un manto de olvido sobre todo lo pasado e insuflar nuevos bríos a la campaña militar. Para colmo de males, España padecía largos meses de lluvias e inundaciones, que terminaron por arruinar gran parte de las cosechas y las recaudaciones de grano y aceite se volvían más crueles.

El 18 de agosto Cervantes se enteró de la muerte de su madre doña Leonor, en Madrid, lo que le debió afectar profundamente al haber sido la principal protagonista con sus sacrificios de haberlo liberado de su cautiverio en Argel.

Las nuevas fórmulas de aprovisionar a la Armada Invencible significaría que Cervantes perdiese su trabajo al ser desmantelada toda la organización burocrática. A los 47 años Cervantes decide trasladarse a Madrid para ganarse el pan mientras brotaba el pesimismo por las glorias futuras de España que poco a poco comenzaría a ponerse el sol en sus dominios. Las nuevas empresas militares significaban un mayor agobio impositivo para el pueblo siendo Castilla quien representaba el principal baluarte de una Corona insegura. 

El estreno del nuevo cargo de recaudador de impuestos le llevó rumbo a Granada pero debía adelantar la cantidad de los impuestos que debía recaudar teniendo que recurrir a fiadores. El 7 de septiembre se dirigió a Guadix y dos días después a Baza. En Granada, tropezó con los primeros inconvenientes, porque el tesorero de la ciudad aseguraba que los impuestos que Cervantes le reclamaba a la población ya habían sido abonados. Lo mismo le sucedió en las ciudades de Motril, Salobreña y Almuñécar. Si no lograba cobrar los impuestos, tampoco cobraría sus sueldos. Luego marchó a Vélez Málaga y Ronda, donde volvió a dirigirse al rey quien le contestó que amenazara con grandes condenas, consiguiendo que las ciudades revisaran su actitud.

Cervantes tuvo de nuevo que abrirse camino al perder su empleo. Para colmo de males, bajo el conde de Essex, los ingleses habían realizado una segunda incursión en Cádiz, entonces la ciudad más rica de España, al canalizar el puerto gran parte del comercio con América. De un solo golpe, la flota inglesa había enviado al fondo del mar la mayor parte del poder naval de España.



Cervantes era consciente que recorrer los caminos de España con dinero en las alforjas no era nada seguro. Así que entregó todo lo recaudado al comerciante sevillano Simón Freire, quien le entregó a cambio de una orden de pago a cobrar en la capital del reino. Pero Simón Freire había huido, supuestamente a América, dejando a sus espaldas una deuda de 60.000 ducados. Los superiores de Cervantes decidieron prescindir de sus servicios.

En enero de 1597 terminó aclarándose todo el escándalo de Simón Freire pero una orden real exigió a Cervantes el pago total de la deuda mencionada. Fue así como Cervantes acabó siendo enviado tras las rejas por segunda ocasión.

La cárcel de Argel había tenido la resonancia épica del combate por la patria y por la fe, pero en esta ocasión sólo encontraba miseria, injusticia y desesperanza. Siete meses se tiró Cervantes en una celda de la prisión real de Sevilla, rodeado de estafadores, prostitutas, ladrones y asesinos. Otra lección más que le daba la vida. 

Basta leer “Rinconete y Cortadillo” donde describe Cervantes el estado de la justicia en Sevilla o el “Coloquio de los perros” para darse cuenta de que Cervantes supo aprovecharla en toda su profundidad.

Muchos teatros de cerraron en señal de duelo por la muerte de la hija de Felipe II, Catalina de Saboya a lo que hay que añadir la censura moral de una España que se hundía en la cerrazón clerical mientras Felipe II moría en septiembre de 1598. Los teatros continuarían cerrados desde 1597 hasta 1599 en que Felipe III autorizó la reanudación de las representaciones teatrales, condenadas por la Iglesia desde el púlpito, que no volvieron a normalizarse hasta 1600. 

La situación del reino era desesperante. En 1597, el reino de España se había declarado en bancarrota. Para colmo de males, la peste irrumpió por el norte y fue extendiéndose inexorablemente por el sur mientras las cosechas fueron misérrimas y los ejércitos españoles comenzaban su declive.

La muerte de Felipe II impactó doblemente en Miguel de Cervantes. No sólo desaparecía un rey que se había enfrentado al turco y a Inglaterra en aras de las glorias del reino y de la fe, sino que con él moría la grandeza de todo un mundo que encarnaba el Imperio español. 

En Sevilla, las exequias del rey Felipe II adquirieron un carácter grotesco entre los representantes de la Inquisición y del Tribunal Supremo acerca de quién debía llevar la voz cantante en las honras fúnebres. Cervantes escribiría estos días un poema “Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla”. 

El maestro de la gubia Juan Martínez Montañés colaboró con Miguel de Cervantes, cuando se realizó el túmulo de Felipe II en 1598, con motivo de la defunción del rey y por orden del capítulo catedralicio. En esta obra intervinieron, además, una gran parte de artistas sevillanos. A Martínez Montañés se le encargaron diecinueve esculturas de gran medida y a Cervantes un escrito para leer delante del túmulo, un soneto titulado “Al túmulo del rey Felipe II”, en tono satírico, que fue muy comentado entre el círculo cultural de Sevilla.

Cervantes viajó a Madrid coincidiendo con las bodas de Felipe III. Optó por abandonar Madrid para residir en Sevilla, aun al precio de alejarse de su familia, para mantener cierta distancia con el cuartel general del Tribunal de Cuentas. Durante sus años sevillanos, Cervantes consiguió reunir el dinero suficiente para vivir con más desahogo, participando en múltiples tertulias y compartiendo el día a día con numerosos artistas y literatos. Su famoso poema dedicado “Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla le había granjeado fama y popularidad. Con “Guzmán de Alfarache” había causado mucho revuelo. Con esta novela picaresca, Cervantes ingresaba definitivamente en la literatura. La tradicional novela pastoril y de caballerías había sido desplazada por la realidad. No eran tiempos para pasiones platónicas ni heroicidades soñadas. Vivir cada día era ahora la máxima de las aventuras.

El año 1600 fue realmente duro. Una plaga epidémica asolaba Sevilla con mucha crueldad. En dos meses murieron más de 8.000 personas. Esta pudo ser la causa para que, en el mes de julio de 1600, Cervantes viajase a Toledo.

En diciembre de 1600 Cervantes recibe la triste noticia del fallecimiento de su hermano Rodrigo, que había muerto en la batalla de Nieuwpoort (Países Bajos) luchando por la Corona que no le pagaba su humilde “soldada”.

Sus herederos en 1650 aún le seguían reclamando al Tesoro que nunca terminó de pagar.



No se descarta que, en su celda de Sevilla, Cervantes hubiese concebido el Quijote como una breve novela ejemplar. Lope de Vega admiraba el talento poético de Cervantes pero su amistad se convirtió en una enconada rivalidad. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha se publicó en enero de 1605 y su éxito fue inmediato.

El libro se tradujo al inglés en 1612 bajo la famosa versión de Thomas Shelton “no ha de haber nación ni lengua donde no se traduzca”. Cervantes debía estar orgulloso al alcanzar una gloria no inferior a la que gozaba el “monstruo” Lope de Vega. La primera parte del Quijote sería traducida al francés por César Oudin en 1614.

La clave esencial del Quijote radica en la “locura” de Alonso Quijano con su cerebro perturbado por las novelas de caballería que le llevará a tener una “enfermedad mental” por este género literario tan arraigado que le hacía confundir la realidad con la fantasía y cuyos disparates divierten y provocan la sonrisa del lector mientras su escudero el pragmático Sancho gana la partida al utilizar el sentido común y el realismo más elemental que se impone. 

Después de sus tres salidas, Barcelona y regreso, nuestra retina capta aquellos molinos de viento que creyó gigantes, la aventura de los rebaños, la fuga de los presos “galeotes”, la batalla de los cueros de vino, la bella Dulcinea del Toboso, el yelmo de Mambrino que no era otra cosa que una bacía de latón de un barbero y que al estar nuevo sobre su cabeza, relumbraba con el sol…

…Dime, ¿no ves 
aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre 
un caballo rucio rodado, que trae puesto sobre la cabeza 
un yelmo de oro? 

Lo que yo veo y columbro -respondió Sancho- no 
es sino un hombre sobre su asno, pardo como el mío, 
que me trae sobre la cabeza una cosa que relumbra. 

Pues ese es el yelmo de Mambrino -dijo Don 
Quijote-. Apártate a una parte y déjame con él 
a solas…

Al ver el pobre barbero despavorido aquella figura fantasmal, con lanza en ristre, comenzó a correr, siempre por delante del viento.

Cervantes le otorgó al Quijote el título de “ingenioso” ubicándolo en una demarcación geográfica “La Mancha” dándole además al caballero andante el amor platónico de Dulcinea del Toboso ya que era necesario que los caballeros andantes estuviesen enamorados. 

Es evidente que entre 1604 y 1616 -fecha de su muerte- Cervantes desplegaría su época más productiva.

Cervantes volvió a Madrid en 1606 e intentó ganarse la vida escribiendo para el teatro pero la fama de Lope de Vega estaba en la cúspide y ningún hombre de teatro podía causarle al popular “monstruo” el menor disgusto. El resentimiento de Cervantes con el mundo del teatro sería evidente.

En 1609, espoleado por la necesidad, Cervantes decidió adentrarse en la Segunda Parte de Don Quijote, aunque no dejaba de seguir escribiendo poesías, piezas teatrales y otras obras en prosa. 

En el año 1609 España se vio sacudida por una orden de expulsión contra la población morisca, lo que significaría al igual que la expulsión de los judíos, otro paso atrás en la historia y un retroceso económico y cultural. La expulsión de los moriscos coincide con el ocaso de la vida de Cervantes. En los primeros días del año 1611, comenzará a escribir otro entremés: “el vizcaíno fingido”. Acosado por la pobreza, en junio de ese mismo año Cervantes compuso otra farsa: “la guardia cuidadosa”.

Entre 1609 y 1616 Cervantes viejo y pobre debió de cambiar varias veces de vivienda, siempre en busca de un alquiler más accesible a sus escasos ingresos.

El 2 de julio de 1613 Miguel de Cervantes recibió los hábitos de la Orden Tercera de San Francisco “los terciarios franciscanos” en Alcalá de Henares para poder morir tranquilo, sin el cargo de dejar sobre la cabeza de los suyos los gastos del funeral y del entierro.

La traducción de Shelton puso al alcance de los dramaturgos ingleses la obra de Cervantes, quien adquirió de este modo un renombre internacional, hasta tal punto que la frase “luchar contra molinos de viento” no solo se hizo popular en España, sino en el Viejo Mundo y en las colonias americanas.

El 22 de abril de 1616, Miguel de Cervantes cerraría sus ojos para siempre. Al día siguiente, en Inglaterra, haría lo mismo otro importante dramaturgo de la literatura inglesa, William Skakespeare. El 23 de abril, envuelto en su hábito franciscano y con el rostro descubierto, el cuerpo de Miguel de Cervantes fue llevado a su casa de la calle León hasta el recién fundado convento de las Trinitarias, ubicado en la esquina de la calle Cantarranas (irónicamente, hoy Lope de Vega). Allí fue sepultado y reposan sus restos mortales. Dos años más tarde moriría su esposa, Catalina. 

La pobreza, las deudas, los usureros y los problemas económicos persiguieron a Cervantes durante toda su vida, desde sus prisiones en Andalucía hasta su entierro por caridad, habiendo sido excomulgado por dos veces. Sus esperanzas de ir a América se vieron frustradas y la gloria literaria no le alcanzó hasta los últimos años de su vida. 

Si Cervantes padeció durante toda su vida auténtica miseria y al final de sus días alcanzó la gloria universal, España por el contrario, obtuvo la gloria universal en Lepanto en 1571 y el desengaño con la Armada Invencible en 1588 “al luchar contra los elementos”. Un Imperio tocado de muerte que tendrá su epílogo definitivo en 1898 con la pérdida de los últimos jirones del Imperio más frágil que jamás haya existido, lo que dará lugar a que una generación de escritores se vean afectados por aquella crisis moral, política y social de una época. 

Miguel de Cervantes aunque no tuvo bienes materiales que dejar a nadie en herencia, sí pudo dejar un inmenso legado cultural a la Humanidad como enorme quijotada mientras España ha legado un idioma que abarcará a más de 350 millones de hispanoamericanos con el nombre de Miguel de Cervantes en la memoria colectiva.

El Caballero de la triste figura se retira de la caballería para termina sus días como Alonso Quijano después de haber empeñado su palabra de caballero ante el bachiller Sansón Carrasco “el Caballero de la Blanca Luna” quien le vencería en un combate entre caballeros. Un alto precio por abandonar sus andanzas de caballero durante un año para volver a su aldea y poder cuidar su alma ya que era de obligado cumplimiento que los verdaderos hidalgos cumplieran sus compromisos para proteger su honra. 

Tras la dura melancolía convertida en depresión recibirá la visita del cura, el bachiller, el barbero y su inseparable amigo Sancho Panza con el objetivo de estimular su recuperación. Tras solicitar la presencia de un escribano realizó testamento para irse apagando como un pabilo, Don Quijote vivió su locura como el Caballero de la triste figura para morir cuerdo como legado eterno de nuestra cultura.

Desde la Sevilla cervantina colocamos nuestro sextante en la ciudad natal de Cervantes, en Alcalá de Henares, célebre porque allí se encuentra la casa natal de Cervantes y la cripta del Cardenal Cisneros “centinela de la Iglesia y azote de los moriscos”, en tiempos de la ortodoxia y el oscurantismo que formara parte de nuestra leyenda negra como lacra de nuestra historia.

La leyenda negra es el concepto que suele aplicarse a la idea de España y de su historia que se han formado los extranjeros, sobre todo a partir del siglo XVI, durante el Siglo de Oro, tomando como punto de referencia el reinado de Felipe II y sus motivos religiosos como el mantenimiento a toda costa del catolicismo contrarreformista y el mantenimiento de la Inquisición cuya intolerancia y crueldad darán lugar a los procesos de Valladolid, Sevilla, contra el propio obispo Carranza… 

Otro caudal que engrosó nuestra leyenda negra fue el comportamiento de los españoles en las Indias, tomándose como base la obra del dominico español Fray Bartolomé de las Casas “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, terminada en 1542, fomentada la leyenda negra además en los territorios ocupados por los españoles en Flandes e Italia, no sólo por extranjeros, sino por españoles de la oposición, como por ejemplo Antonio Pérez, el famoso secretario de Felipe II, en su destierro, o por muchos judíos y conversos que tuvieron que abandonar España en un clima de enorme opresión e intolerancia política y religiosa, que se podrían resumir en el oscurantismo e intolerancia como lacra de nuestra historia junto con el menosprecio de la cultura y del conocimiento. 

No debemos de olvidar que el oscurantismo fue considerado el remedio para conservar presuntos valores en peligro como la ortodoxia de la unidad religiosa. Pero el oscurantismo no es un mal hispánico, sino el padecimiento de cualquier pueblo sometido al dominio de unos pocos. A nuestra leyenda negra habría que sumarle el reinado absolutista de Fernando VII e incluso la dictadura del general Franco. Lo que llevará a admitir la existencia de españoles tolerantes y amantes de la cultura y el progreso, dando lugar al tema de las dos Españas, donde dentro de la historiografía moderna se produjo un enfrentamiento colosal entre Américo Castro (1885-1972) “no había españoles en la época romana ni visigoda, sembrándose el germen de la conciencia nacional durante la Reconquista” y Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984) “la península fue siempre una encrucijada de culturas teniendo unas raíces muy profundas y antiguas, difíciles de encontrar”. 

En definitiva, un juicio negativo basado en apreciaciones exageradas que han afectado a todos los países por los que ha pasado el centro universal “el Imperio”.



Después de transitar por Despeñaperros, Ciudad Real, Toledo y Madrid en busca de su ciudad natal Alcalá de Henares observamos sentados en un banco al Ingenioso Hidalgo “Don Quijote de la Mancha dialogando con su inseparable amigo Sancho Panza “la noble locura del caballero andante frente a la cordura de su fiel escudero”.

En el Cerro Calderico oteamos a pocas leguas doce gigantes que llamaban nuestra atención con sus brazos como si fueran los guardianes de la Mancha. Hacia ellos colocamos nuestro sextante creyendo que les hubiese podido ocurrir alguna fatal desventura. Menos mal que mi amigo y fiel escudero de aventuras Manuel me comentó que me tranquilizara, que no eran gigantes lo que mis frágiles entendederas observaban sino que estábamos en presencia de los tradicionales molinos de viento de Consuegra, muy cerca de Toledo, aunque ciertamente los molinos que lanzaron al ingenioso hidalgo de la Mancha “del andalusí al-Manxa o tierra seca” se encuentran en la vecina localidad de Campos de Criptana (Ciudad Real). La lucha contra los molinos de vientos aparece en el Capítulo VIII de la primera parte del “Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha” escrita por Miguel de Cervantes, allá por 1605.

Pero nuestra visita a la cuna de Cervantes formará parte de otra interesante historia del blog de mis culpas…




Breve Cronología

1547 

Nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra el 29 de septiembre, fiesta de San Miguel. Era el cuarto hijo de Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas.

1551 

La familia de Cervantes traslada su residencia a Valladolid.

1561

La familia de Cervantes se establece en Madrid. Probablemente por estas fechas, el joven Cervantes estudia bajo la tutela de López de Hoyos.

1569 

Se publican las primeras poesías de Cervantes, en un volumen que López de Hoyos dedicará a la muerte y exequias de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II. Cervantes viaja a Italia, quizás para escapar de la justicia a consecuencia de un duelo, y entra al servicio de monseñor Giulio Acquaviva. 

1570 

Cervantes inicia su vida de soldado, enrolándose en la compañía de Diego de Urbina, del tercio de Miguel de Moncada.

1571 

Miguel de Cervantes es herido por dos arcabucazos -en el pecho y la mano izquierda anquilosada para siempre- en la batalla de Lepanto contra los turcos.

1572 

Restablecido de sus heridas se reincorpora a la compañía de Manuel Ponce de León, del tercio de don Lope de Figueroa -que inmortalizará Calderón de la Barca en “El alcalde de Zalamea”.

1575 

De regreso a España, la galera Sol en la que viajaba es apresada por una flotilla turca, y Cervantes, junto a su hermano Rodrigo, son hechos prisioneros y llevados cautivos a Argel.

1576 

Primer intento de fuga fracasado.

1577 

Su hermano Rodrigo es liberado y fracasa el segundo intento de fuga de Cervantes.

1578 

Tercer intento de fuga y tercer fracaso.

1580 

Cuarto y último intento de fuga, nuevamente fracasado. A consecuencia de ello, iban a trasladar a Cervantes a Constantinopla, cuando fue liberado de su cautiverio gracias al trinitario fray Juan Gil.

1581 

De nuevo en España, se traslada a Portugal al objeto de que le reconozcan sus servicios militares. Le envían a una misión secreta a Orán.

1582 

De regreso a Madrid, pretende irse a las Indias, sin poder lograrlo. Se encuentra escribiendo "La Galatea" y algunas piezas de teatro. 

1584 

Cervantes contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios, dieciocho años más joven que él, y se establece en Esquivias, lugar de su mujer. Antes ha tenido una hija, Isabel de Saavedra, fruto de sus relaciones con Alba Vallafranca de Rojas. La Galatea se encuentra acabada, y también Los tratos de Argel e incluso La Numancia. 

1585 

Se publica La Galatea.

1587 

Cervantes deja “la pluma y las comedias” estableciéndose en Sevilla como comisario real de abastos, al servicio de Antonio de Guevara, proveedor de las galeras reales “La Armada Invencible” que se preparaba contra Inglaterra. 

1588 

Escribe, las dos “Canciones” a la Armada que fue contra Inglaterra. 

1592 

Cervantes es encarcelado en Castro del Río por el corregidor de Écija. Contrato con Rodrigo Osorio por el que se compromete a escribir seis comedias.

1594 

Se le encarga la misión de cobrar tercias (2/9 de los diezmos eclesiásticos) y alcabalas -impuesto que gravaba el comercio- atrasadas en el reino de Granada. 

1597 

Cervantes entra en la cárcel de Sevilla a consecuencia de la quiebra del banquero a quien había confiado sus depósitos. 

1598 

Escribe el soneto famoso “Al túmulo de Felipe II”, que Cervantes considera “honra principal” de sus escritos. 

1604 

Cervantes se halla en Valladolid, al lado de su mujer, sus hermanas Andrea y Magdalena, su sobrina Constanza y su hija Isabel. Se publica “Rinconete y Cortadillo” y “El celoso extremeño”.

1605 

Se publica la primera parte de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. 

1606 

Cervantes se traslada con su familia a Madrid, motivado por el cambio de la Corte. Escribe incansablemente el Quijote, novelas cortas, teatro, poesía…

1609 

Ingresa en la congregación del Santísimo Sacramento del Olivar, de la que formaban parte Lope de Vega, Quevedo y Espinel. Muere su hermana Andrea.

1613 

Salen a la luz “Las Novelas Ejemplares”.

1614 

Se publica “El viaje al Parnaso”.

1615 

Aparece la segunda parte de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”,  “Ocho comedias*” y “Ocho entremeses*”, nuevos y nunca representados. 

1616 

El 23 de abril muere don Miguel de Cervantes Saavedra en Madrid. Cuatro días antes había firmado la dedicatoria del “Persiles” al conde de Lemos.

1617 

Se publican a título póstumo “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”.


*Comedias

El gallardo español, la casa de los celos, los baños de Argel, el rufián dichoso, la gran sultana, el laberinto de amor, la entretenida y Pedro de Urdemalas.

*Entremeses

El juez de los divorcios, el rufián viudo, la elección de los alcaldes de Daganzo, la guarda cuidadosa, el vizcaíno fingido, el retablo de las maravillas, la cueva de Salamanca y el viejo celoso.

*Piezas sueltas

El trato de Argel y Numancia



Bibliografía

Biografía de Miguel de Cervantes, por Alberto Spunberg

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