domingo, 24 de junio de 2018

La Torre Tavira en el Siglo de Oro de Cádiz


Cádiz, desde el mirador de la Torre Tavira


Desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco y de nuestra propia esperanza, en cuyo término ejercieran su influencia en tiempos pretéritos José María "El Tempranillo" y "El Pernales" -sin olvidar el legado de nuestros paisanos Julio Vélez o Juan Antonio Carrillo Salcedo entre otros-, colocamos nuestro sextante cultural en Cádiz para seguir oteando el legado de la ciudad más antigua de Europa donde los fenicios se establecieran en la Caleta para fundar la antigua Gadir hace más de 3.000 años. Todo ello, observado desde mi particular cuaderno de bitácora.


Primeros gaditanos de la antigua Gadir, ciudad tres veces milenaria

La antigua Gadir fenicia, denominada Gades por los romanos, ha sido considerada la ciudad más antigua de Occidente. Sus aguas fueron surcadas por los marinos fenicios de la antigua Biblos, Sidón y Tiro asentando su mayor base comercial en Occidente, después de haber navegado por las columnas de Hércules como se conocía entonces el Estrecho de Gibraltar, lo que les permitíó fondear para protegerse de la madre que parío el viento de levante -que viene de tierra- y del poniente -que proviene del mar- en esta zona geoestratégica, cuna de civilizaciones como lo demuestran los dos sarcófagos antropomorfos que se encuentran en el Museo Arqueológico de Cádiz, en la Plaza de la Mina.

Si nos lo permite Atapuerca así como la piedra de Roseta en la evolución del ser humano, el pueblo fenicio actuó de vínculo entre las civilizaciones mediterráneas. Inventaron el alfabeto adoptado y modificado por los antiguos griegos que lo fueron transmitiendo como legado cultural.



Dejamos la AP-4 para entrar en Cádiz por el Puente de la Pepa con la intención de patearnos por enésima vez su casco histórico, desde la Puerta de Tierra hasta la Plaza de la Catedral, el Arco del Populo, la Plaza de San Francisco y San Antonio, el barrio de la Viña y la Caleta donde impregnamos nuestra retina con los baluartes de Santa Catalina y San Sebastián, el Teatro Romano, el Museo de la Pepa y el de Cádiz en la Plaza de Mina y la Torre Tavira donde nos ilustramos sobre la importancia de la Cádiz del siglo XVIII denominado el “Siglo de Oro gaditano”. 

Se me ha hecho tradicional realizar una visita obligada a la Librería Raimundo en la calle San José o en Plaza de San Francisco, donde siempre adquirimos libros antiguos o algún que otro cuaderno que nos recuerda la trastienda de nuestra interesante y a veces lacerante historia.

Entre piedra y piedra hicimos una parada obligatoria en la “Taberna Casa Manteca”, donde degustamos unas cervezas Cruzcampo frías acompañada de los tradicionales chicharrones gaditanos para recuperar energías. 


Degustando Cádiz a primeras horas de la mañana llegamos al mirador con más protagonismo de Cádiz “La Torre Tavira”, que fuera fiel testigo del comercio de la Cádiz de los siglos XVII y XVIII y designada la torre vigía oficial del Puerto de Cádiz en 1778, por ser la cota más alta del casco antiguo. Formaba parte del Palacio de los Marqueses de Recaño. Su nombre hace honor a su primer vigía, el teniente de fragata D. Antonio Tavira. 

Nos esperaba una escalera con 173 escalones hasta llegar al mirador situado a 43,35 m.s.n.m. donde pudimos disfrutar de una de las mejores panorámicas de Cádiz. En la azotea del mirador se encuentra la "Rosa de los Vientos" que nos permite ubicar los barrios gaditanos entre sus puntos cardinales.

“La Caleta” nos recuerda el Gadir fenicio y Gades romano como importante enclave en la Antigüedad. Fue allí donde se asentaron los primeros gaditanos fenicios hace más de tres milenios fundando la antigua Gadir, razón por la cual, los habitantes de Cádiz se denominan gaditanos. 



Poco a poco nos adentramos en el Siglo de Oro de Cádiz donde su puerto será auténtico protagonista entre el trasiego de mercancías, las casas de comerciantes y los diversos tipos de torres miradores, desde la que se oteaban los barcos que venían de las Indias. A través de los catalejos se podía divisar desde las torres miradores un barco en alta mar dos días antes de su atraque en el puerto de Cádiz. Cada torre mirador tenía una bandera de colores que la identificaba con su barco. 

En el siglo XVIII cuando el comercio con las Indias era una industria próspera y muy rica, la Casa de Contratación de Sevilla y el Consulado de Cargadores de Indias se trasladaban a Cádiz (1717-1790), lo que supuso para esta ciudad tres veces milenaria y todo su entorno, un crecimiento increíble en todos los sentidos. 

El pueblo gaditano comenzaba a recibir todo tipo de mercancias del Nuevo Mundo, lo que contribuyó al florecimiento de la ciudad, instalándose en Cádiz numerosos comerciantes nacionales y extranjeros. Ello supondrá un importante intercambio de culturas, lo qe hará de Cádiz una ciudad con amplia altura de miras. 

Todo comerciante que se preciara, mandaba construir en Cádiz su propia casa como un elemento singular y único en la época: una torre mirador donde otear el puerto. Desde ellas controlaban todo el tráfico marítimo del siglo XVIII, convirtiéndose en la actualidad en el elemento arquitectónico más identificador de Cádiz. 

¡No hay lugar en el mundo con tantas torres miradores en su casco antiguo!

Existían torres de terraza con planta cuadrada y cubierta plana de azotea con pretiles. 

Torre de sillón con un cuerpo elevado que ocupa la mitad de la planta. 

Torre de Garita. Con cuerpo poligonal con cúpula donde el vigía se resguardaba del mal tiempo. 

Torre Mixta, que empleaba una mezcla de estilo sillón y garita. Actualmente sólo se conserva una.


La Torre Tavira, junto con la Torre Gorda, en el istmo entre Cádiz y San Fernando, y la Torre Alta en San Fernando, eran atalayas que se utilizaban para avisar de los principales movimientos marítimos mediante un sistema de señales con banderas. 

Cada torre tenía su propia bandera para que los barcos pudieran identificarlas rápidamente desde alta mar. Las torres miradores eran una importante seña de identidad de Cádiz, lo que muestra la importancia que tuvo el comercio durante el siglo de oro gaditano “el siglo XVIII”.

Actualmente existen 133 torres miradores, todas ellas repartidas entre la zona Norte y Este del casco antiguo. En su día las utilizaban los comerciantes para otear el horizonte y controlar la llegada de los barcos a puerto.

El comercio ultramarino hace que Cádiz aumente de una manera exponencial quedando en la retina colectiva del Siglo de Oro la Puerta de Tierra, los cargadores de Indias, los castillos y baluartes defensivos y la Constitución gaditana “La Pepa de 1812”. Unos rasgos de identidad que nos permite descubrirlos a través de sus museos como legados de la historia.

El comercio en Cádiz en el siglo XVIII

El siglo XVIII es el gran "Siglo de Oro" de Cádiz. Coincide con el auge del comercio internacional, lo que permite que la ciudad se desarrolle en todos los aspectos, hasta el punto, de que se puede considerar a Cádiz como una de las ciudades más importantes y avanzada de España, Europa e incluso del mundo. 

Pero el comercio de Cádiz no era sólo el transporte de mercancías, sino también de comunicación e intercambio de conocimientos y de ideas entre culturas, lo que favorecía una mentalidad mucho más liberal, más abierta, ilustrada y cosmopolíta que caracterizaba a los habitantes de la ciudad. 

El siglo XVIII fue el siglo de mayor tráfico marítimo con América. Entre 1717 y 1718 el Consejo de Indias y la Casa de Contratación de Sevilla se trasladó a Cádiz, convirtiendo el puerto de Cádiz en lugar obligado de salida y entrada para el comercio de Indias, razón por la cual los comerciantes españoles y extranjeros debían establecerse en la ciudad. 

El Puerto de Cádiz, estratégicamente situado entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, se encontraba entre los más importantes de la España del siglo XVIII, debido al comercio con América del Norte, del Sur y Filipinas principalmente, además de poseer una densa red de distribución con otros puertos extranjeros. 

En el puerto de Cádiz era habitual encontrar un trasiego constante de gentes de todas las clases sociales y mercancías originales, como especias y sedas orientales o plantas exóticas que aún hoy permanecen en la ciudad, como la araucaria, el ficus o el drago. 

En sus aguas se podían contemplar barcos de todo tipo, desde los grandes navíos de guerra hasta las embarcaciones más pequeñas dedicadas a la pesca que surtían de pescado a los tenderetes que se situaban en el propio puerto para el comercio “al por menor”. 

Los barcos de mayor calado debían fondear lejos del muelle y las barcazas de carga se encargaban del trasiego de la carga y descarga de los buques a puerto y viceversa. 

El café, cacao, azúcar, tabaco, algodón, textiles, pimienta, oro, madera, té, sedas, trigo, plata, patatas, aceite, canela, balacao, cueros o vino de Jerez entre otros, eran mercancías que iban y venían hacia todos los puertos del Atlántico. 

Como consecuencia de todo este trasiego comercial Cádiz  se convierte en la sede de grandes bancos como la prestigiosa institución financiera gaditana “Banca Aramburu”, una casa burguesa que fuera levantada en Cádiz durante la primera mitad del siglo XVIII. 

La Casa del Comerciante 

Durante todo el siglo XVIII era habitual la construcción de casas de comerciantes, todas ellas con unas características propias, que han definido la arquitectura de la ciudad. 

La distribución era la siguiente: 

En la planta baja hay un amplio patio, a veces con aljibe para recoger las aguas de lluvia. El patio estaba rodeado de almacenes de mercancías. En el entresuelo se situaban las oficinas o escritorios, donde se realizaba la actividad mercantil y burocrática. 

La vivienda de los señores se situaba en la primera planta, con techos más altos y habitaciones exteriores con amplios balcones hacia la calle. En las segunda planta, de altura considerablemente menor, vivía el personal de servicio. En las azoteas conviven zonas de trabajo y de ocio, donde las mujeres lavaban y tendían la ropa siendo utilizada también por los niños para jugar con las cometas, una afición de la época. 

Y por último toda Casa de Comerciante contaba con una Torre Mirador, con la función de controlar el tráfico marítimo de la bahía (dos días antes con buen tiempo, se podía observar con el catalejo los barcos en alta mar). 

Las portadas de las casas de comerciantes o señores de cierta importancia, las grandes torres de las iglesias con sus sillares, las murallas y baluartes y las grandes obras como la Catedral utilizaban la piedra ostionera en sus muros y fachadas, extraidas de las antiguas canteras de Puerto Real, lo que otorga un elemento constructivo de gran belleza por su color miel al marrón oscuro y su peculiar textura áspera, por la irregulares trazas de crustáceos. Tal fue su utilización que se empleó en la construcción de la Catedral de Sevilla y Cádiz


Visita a la Cámara Oscura en la Torre Tavira

La Cámara Oscura proyecta una imagen viva y en movimiento de lo que está ocurriendo en ese mismo instante en el exterior con un resultado sorprendente: una fotografía en movimiento con bellas panorámica de Cádiz y de su Bahía.

Su funcionamiento se basa en un principio óptico que consta de un espejo y dos lentes que proyectan las escenas desde el exterior sobre una pantalla blanca cóncava horizontal, situada en el interior de una habitación completamente oscurecida.

Los juegos ópticos siempre han atraído al ser humano (lentes, luces, sombras…en definitiva, estímulos que nos ayudan a percibir la realidad de una forma distinta a lo largo de la historia.

Alhazen, en el siglo X, aplicó el principio de la cámara oscura para explicar la formación de la imagen visual en el ojo.

Roger Bacon, en el siglo XIII, continúa a lo largo de la Edad Media con los estudios sobre reflexión y refracción de la luz.

Leonardo Da Vinci, en el siglo XV, impulsa el desarrollo de la cámara oscura en relación con las prácticas de la pintura, siendo el primero en añadir una lente al orificio con el fín de obtener imágenes más nítidas.

Girolano Cardono, en el siglo XVII, hace la primera referencia impresa, aunque será Giovanni Della Porta quien, ocho años más tarde, divulgó la noticia por todo el mundo.

Robert Hooke, en el siglo XVII, construyó cámaras oscuras con la intención de demostrar el mecanismo de la visión humana.

En 1685 Zahn publica una obra donde recoge los tipos de cámaras oscuras y explica el modelo que permaneció invariable hasta la invención de la fotografía en el siglo XIX.

A lo largo del siglo XVIII, pintores holandeses y británicos utilizan este juego óptico para estudiar el uso y tratamiento de la luz en sus obras.

Fue ya en el siglo XIX cuando se generaliza la construcción de cámaras oscuras y fueron la aportación tecnológica inmediata para la invención de la fotografía.

Niepce fue el primero en conseguir fijar una imagen en el año 1827.




Art. 13 -El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen.

También observamos en el Museo de Cádiz uno de los acontecimientos históricos de Cádiz: Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812 “La Pepa”, cuyo bicentenario se celebró en el año 2012. 

A partir del desastre de Trafalgar en 1805, la Armada española, en la que Cádiz fue un referente importante moriría de abandono, de incomprensión y de olvido, lo que abrió una brecha en nuestra marina y en nuestro país, dando lugar a la pérdida de nuestro extenso y frágil imperio que jamás existió según el libro “La razón de Trafagar “por Hermenegildo Franco Castañón, capitán de navío de la Armada española. 

Sin embargo toda esta complejidad de tristes acontecimientos para la historia de nuestro país fue capaz de alumbrar las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812 que supuso para nuestro país el fin del absolutismo y el nacimiento del liberalismo. 

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX España está siendo invadida por Napoleón, y Cádiz se convierte en un lugar inexpugnable estratégicamente situado entre el Mediterráneo y el Atlántico, Europa y África. 

En 1812 Cádiz se convierte en la cuna de la libertad, acogiendo a ilustres diputados doceañistas de España y América, que se unieron para redactar una nueva Constitución que devolviese el poder a Fernando VII. 



El Oratorio de San Felipe Neri sería testigo de los acalorados debates entre los diputados, que tras más de cien sesiones, redactaron el texto constitucional. 

El día 19 de marzo las Cortes Generales de España promulgaron la Constitución Española de 1812, la primera Constitución de España, la más liberal de su tiempo y que sirvió de modelo al resto de Europa y América. 

El texto constitucional de 1812 reformulaba ideas fundamentales para el país y para el ciudadano como el sufragio universal, soberanía nacional, monarquía constitucional, división de poderes, independencia de la justicia, la propiedad, libertad de imprenta y otros conceptos revolucionarios que habrían de ser admirados y tomados como modelo por otros países y un anhelo a conseguir en la propia España. 

Se trataba de la primera Constitución promulgada en España por ser una de las más liberales de su tiempo que irradió ideas de progreso desde el Atlántico hasta el Pacífico. Fue la tercera Constitución escrita después de los Estados Unidos y Francia.

Fernando VII vuelve en 1813 a España instaurando de nuevo el absolutismo y derogando la obra legislativa de las Cortes de Cádiz, restableciendo en mayo de 1814 el Antiguo Régimen y entre 1814, declarando nula en 1820 toda la obra de las Cortes de Cádiz. En 1823 entran en España los Cien Mil Hijos de San Luís para acabar con Riego y la libertad del pueblo y reponer en su trono al desleal Fernando VII. 




La Constitución de 1812 con su obra legisladora sólo por justicia debería haber pasado a la historia como inmortal, aunque el espíritu de la Pepa y la Revolución de 1820 siguieron vigentes hasta la "Gloriosa de 1868". 

Las fuerzas navales con base en Cádiz, al mando del almirante Topete, se amotinaron contra el gobierno de Isabel II, en la misma ubicación donde Riego, casi 50 años antes se levantara contra el desleal Fernando VII. Su hija Isabel II tuvo que salir por el puente del Bidasoa por el mismo sitio por donde que entraron los 100.000 Hijos de San Luís que impusieron por la fuerza a Fernando VII y que costó la vida al general Torrijos y a Mariana de Pineda, tragedia inmortalizada por nuestro inmortal dramaturgo y poeta Federico García Lorca.

Mariana de Pineda -granadina como Federico- era una mujer que representa la libertad. Fue asesinada en defensa de sus ideas liberales y acusada de conspirar en contra del régimen absolutista en tiempos de Fernando VII. Y todo ello, en su Granada…


Terminada nuestra visita a la Torre Tavira paseamos por Cádiz entre la Catedral, el Monumento a la Constitución de 1812, el Barrio del Populo, la Caleta y el Castillo de Santa Catalina, que fuera construido tras el saqueo anglo-holandés de 1596 por iniciativa de Felipe II para proteger la Caleta de Santa Catalina, una de las zonas más vulnerables de la costa gaditana.


Entre la Catedral Vieja y el mar se nos abre la Plaza Felix como uno de los espacios urbanos más interesantes de la ciudad. Fue ampliada en la segunda mitad del siglo XVII bajo la dirección de Felipe de Gálvez, quien diseñó la escalinata, y a finales del siglo XVIII se construyó un algibe cuyo acceso evoca un humilladero.

Dentro del Proyecto “Cultura del mar en la calle” de 2017 nos encontramos antes de llegar a la Plaza de San Antonio varios paneles ilustrativos que nos ilustraban sobre algunos conocimientos naúticos:

En 1717, además de trasladarse a Cádiz la Casa de Contratación y el Consulado de Indias, se estableció en la ciudad la Escuela de Guardia Marinas de la Armada. Cádiz brillaba cultural y económicamente. Todo lo que iba y venía pasaba por aquí.

Al calor de este auge, en 1753 el marino y científico Jorge Juan de Santacilia instaló en el antiguo Castillo de la Villa un observatorio astronómico para la formación de futuros marinos. El meridiano que pasaba por éste observatorio, conocido como “Meridiano de Cádiz”, se generalizó rápidamente para la navegación de los buques españoles. 

Los meridianos son líneas imaginarias perpendiculares al Ecuador trazadas en la superficie de la Tierra y que pasan por los polos. Sirven para determinar la longitud “este y oeste”. Los paralelos son líneas imaginarias paralelas al Ecuador. Sirven para determinar la latitud “norte y sur”. Conociendo latitud y longitud podemos ubicar con precisión cualquier lugar de la Tierra.


El Instituto Hidrográfico de la Armada conserva en Cádiz la mayor colección de planchas de cobre para estampar cartas naúticas que existe en el mundo. Muchas de ellas están referenciadas al Meridiano de Cádiz. 

Durante la época de la Ilustración, la “posesión” de un meridiano otorgaba a los países un gran reconocimiento internacional y un gran prestigio científico y marítimo. Todos los países avanzados tuvieron el suyo.

Desde 1753 casi toda la geografía naval española comienza a referenciar el meridiano de Cádiz, que estuvo vigente hasta 1907. En millones de páginas de miles de diarios de navegación de ese largo periodo de tiempo se citaba a Cádiz cada vez que se escribía la posición de un navío.

Desde el Ayuntamiento a la Catedral nos encontramos con "El Arco del Pópulo", entre el siglo XIII al XV considerado la primitiva Puerta del Mar del recinto medieval. Su origen es islámico y se sitúa en torno a los siglos X-XI. Reformas posteriores han modificado su aspecto original, que disponía de un arco de herradura central flanqueado por cubos, ocultos en la actualidad por construcciones adosadas posteriormente.

El trazado renacentista del Castillo de Santa Catalina se debe al ingeniero Cristóbal de Rojas y constituye una importante muestra de la arquitectura defensiva de la Edad Moderna. Tiene planta estrellada y la única puerta del recinto está protegía por dos baluartes y un foso que regulaba en nivel de aguas mediante esclusas. Sobre la puerta de acceso se puede observar una lápida que conmemora que las obras culminaron durante el reinado de Felipe III. En el interior, varios pabellones se disponen al patio de armas, en uno de cuyos frentes de ubica la Capilla de Santa Catalina, inaugurada el 4 de junio de 1693, durante el reinado de Carlos II, el último de los Austrias.

La Capilla dispone de una sola nave cubierta con bóveda de cañón, para mayor seguridad frente al ataque de las bombas enemigas. El retablo de madera es de estilo barroco.




Desde el paseo Fernando Quiñones en la Caleta se observa el océano Atlántico. Allí se encuentra el monumento al creador de la comparsa Paco Alba y al escritor Fernando Quiñones. El paseo nos acerca al espigón o malecón construido en 1860 que une Cádiz con la fortaleza de San Sebastián, y cuyas obras se iniciarían en 1706.

Singunlar fortaleza de la ciudad de Cádiz ubicada en uno de los extremos de la playa de la Caleta sobre un pequeño islote donde, en la Edad Antigua, se erigió el templo fenicio de Moloch/Kronos.

Toma su nombre de una ermita levantada en 1457 por los tripulantes de un barco veneciano que se recuperaron de la peste. En 1706, se inician las obras del recinto fortificado, de planta irregular, que se construye para la defensa del flanco norte de la ciudad. En su interior y sobre la base de una torre-atalaya musulmana, se erige el actual faro, construido e 1908, a 41 metros sobre el nivel del mar.

 Fue declarado Bien de Interés Cultural el 25 de junio de 1985.

El Castillo de San Sebastián es de planta irregular con nueve lados, con parapetos, cañoneras, dos fosos de agua y puentes levadizos. En 1739, controlaba con su artillería la entrada de la Caleta y el sur de la Bahía.  

El uso militar del Castillo de San Sebastián abarca desde 1709, año de su construcción, hasta el 29 de diciembre de 2000, que pasó a tener un uso civil y cultural para la ciudad de Cádiz.

Terminada nuestra visita a esta ciudad tres veces milenaria, regresamos de nuevo a nuestro lugar de origen ubicado en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco y de nuestra propia esperanza.

Desde la Tacita de Plata, por su antiguo color blanco de la cal reflejada por el sol, para el blog de mis culpas...

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