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sábado, 18 de octubre de 2025

Visita a La Alberca, en Salamanca



Desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco, orientamos nuestro sextante didáctico en busca del norte de España. La retina del recuerdo proyecta mi más tierna infancia cuando cantaba en la escuela con la antigua Enciclopedia Álvarez [que heredé de mi hermano] aquellas primeras lecciones de geografía cargadas ahora de cierta nostalgia:

y los Montes Pirineos que la separan de Francia;
al Este con el Mar Mediterráneo, al Sur con este mismo mar;
y al Oeste con Portugal y el Océano Atlántico.»


Pasado nuestro ecuador sexagenario, intento seguir creciendo e ilustrando mis frágiles neuronas a través de la lectura de algunos libros que siempre me acompañan entre mis viajes didácticos, y que compartiré con los amigos del blog de mis culpas.

Cruzamos el río Guadalquivir como crisol de culturas [antiguo río Betis romano y Wad al Kabir andalusí] por el Puente del Alamillo que nos permite llegar hasta el Aljarafe sevillano (antiguo al-Xaraf andalusí, que significa terreno elevado). Pronto nuestra mirada otea el Monasterio de San Isidoro del Campo, que fuera fundado en el año 1301 por Alonso Pérez de Guzmán [Guzmán el Bueno y primer señor de Sanlúcar] y María Alonso Coronel,  junto con los vestigios de la antigua Itálica romana, que diera emperadores de la talla de Trajano [quien llevaría a Imperio Romano a su máxima expansión territorial con las guerras contra los dacios y partos], y Adriano [quien realizó obras arquitectónicas como el Muro de Adriano y el Panteón de Agripa [27 a.C. aunque el edificio actual corresponde al 126 d.C.], realizado con hormigón romano, y siendo su cúpula la más grande del mundo, con hormigón no reforzado.

En 1294, el rey Sancho IV concedió a Guzmán el Bueno el privilegio de explotar las almadrabas de Conil y Zahara por el valor demostrado en la defensa de Tarifa. Privilegio que pasará a sus descendientes, los duques de Medina Sidonia. Sancho IV concedió a Guzmán el Bueno el señorío de Sanlúcar de Barrameda.




A medida que nos alejamos de la provincia de Sevilla se aprecia cómo el olivo deja de ejercer su influencia para dejar paso a los árboles del género "quercus" que predomina en las dehesas, como la encina, el alcornoque o el quejío (roble) cuyo fruto “la bellota” [del andalusí, ballota] se ha convertido desde tiempos ancestrales en el alimento ideal para el cerdo ibérico durante la época de montanera [de comienzo de noviembre hasta marzo, una fase crucial para el desarrollo de los cerdos ibéricos, que ganan peso de forma natural al infiltrarse la grasa en el músculo, lo que otorga una calidad suprema al jamón ibérico de bellota].

En la antigua Roma, la corona cívica era una distinción social importante realizada con un cerco de ramas y hojas de encina con bellotas. Representaba el arrojo y la valentía de un legionario por salvar la vida de un compañero u oficial durante el combate.

Existen zonas de Andalucía en la que se denomina chaparro a la encina (quercus Ilex) y al alcornoque (quercus suber). Como ejemplo, cabe citar a la tierra de Villalón o al vecino pueblo de Coripe donde el Chaparro de la Vega [Monumento Natural de Andalucía con más de cuatro siglos] brilla con luz propia.

 



Una escultura de jamón gigante nos daba la bienvenida en el centro de una rotonda, antes de llegar al pueblo de Monesterio, donde hicimos un alto en el camino para desentumecer un poco las piernas y estimular nuestro apetito con un buen desayuno cardiosaludable a base del pan tradicional de pueblo en compañía del tradicional aceite de oliva virgen extra cubierto de finas lonchas de jamón ibérico, o en su lugar, una rica tostada con "manteca colorá" o "lomo blanco" con zurrapa ibérica, para aquellos que hayan sido bendecidos en el arte del buen yantar.



Monumento al Cortador de Jamón en Jabugo


El jamón ibérico es una seña de identidad no sólo del pueblo, sino de toda la comarca, cuya influencia se extiende hasta la Sierra de Aracena, donde Jabugo, el Repilado, Almonaster, Alájar, Higuera de la Sierra, Castaño del Robledo, Cortegana y Aroche, Cumbres Mayores o Encinasola brillan con luz propia en el mapa de lo ibérico, a lo que sigue geográficamente, la Dehesa de Extremadura [Santa Olalla de Cala, Monesterio, Fregenal de la Sierra, Almendralejo, etcétera] hasta introducirnos en Guijuelo [Salamanca]. Todos con Denominación de Origen reconocida.

La D.O. garantiza la calidad del jamón, la raza del cerdo ibérico, su alimentación, junto con las condiciones de curación del cerdo ibérico de bellota. Existen cuatro denominaciones de origen del jamón ibérico en España: Los Pedroches, Jabugo, Dehesa de Extremadura y Guijuelo. 





Transitamos por Zafra y Almendralejo, lo que nos permite llegar a la antigua Emérita Augusta, antigua ciudad romana en el 5 a.C. que fuera fundada por orden de Octavio Augusto, para asentar a los legionarios veteranos de las guerras cántabras. 

Tras recorrer un importante tramo de la Vía de la Plata desde el sur peninsular nos esperaba disfrutar del pueblo de La Alberca, en la Sierra de Francia, Santillana del Mar y las cuevas de Altamira en Cantabria, Bilbao, y como epílogo de nuestra ruta, una visita a Calatañazor, donde además de ilustrarnos de su historia, probamos el torrezno de Soria que se deshace lentamente en el paladar.

 


Muy cerca de Cáceres, se encuentra Trujillo,
 ciudad de Pizarro y Orellana


Extremadura [del latin, "Extrema Dorii" o Extremo del Duero], llegó a ser en la era de los descubrimientos “tierra de conquistadores”, entre los cuales destacaron Francisco Pizarro, conquistador del imperio Inca, y Francisco Orellana, descubridor del río Amazonas, explorando su cuenca entre 1541 y 1542, sin olvidar la figura de Diego García de Paredes y Torres “el sansón” de Extremadura, que también realizara grandes hazañas al servicio de la Corona de España, de los Estados Pontificios y del Sacro Imperio Romano Germánico. Su hijo Diego García de Paredes fundaría la ciudad de Trujillo en Venezuela un 9 de octubre de 1557.

 



Transitamos por Plasencia, a orillas del río Jerte, con la muralla que rodea su casco histórico, la torre del reloj del Ayuntamiento [abuelo Mayorga con su reloj] y la Plaza Mayor porticada como centro neurálgico de la ciudad, sin olvidar la Catedral de estilo gótico-renacentista y barroco. 




No muy lejos, se encuentra el Valle del Jerte, entre gargantas, cascadas y pilones, hasta llegar a nuestra primera etapa, en el pintoresco pueblo de La Alberca (Salamanca), ubicado en la Sierra de Francia.





La Alberca

Es uno de los pueblos más bonitos de España, siendo nombrado Conjunto Histórico Artístico en el año 1940. Fue el primer pueblo de España en obtener tan preciado galardón.

Etimológicamente, La Alberca proviene del hebreo "bereka" o tierra de agua, término que pasó al árabe como "al bereka". La Alberca se encuentra en el corazón de la comarca "Las Batuecas-Sierra de Francia", en el sur de la provincia de Salamanca. 

Los moriscos denominaban a las albercas "al-beer-kah"

Lugar de paso del Camino de Santiago, desde el Camino del Sur y Camino Mozárabe, conecta con la Vía de la Plata hasta llegar a Santiago "Campus Stellae".

Tras un viaje de ocho horas desde la tierra de Villalón, por la Vía de la Plata, hicimos un alto en el camino en el Hostal San Blas, edificado en piedra y madera, a escasos metros de La Ermita homónima, que nos acerca a través de un grato paseo hacia el casco histórico de La Alberca, donde brilla con luz propia la Plaza Mayor porticada con sus columnas de granito como eje de su vida urbana.



Desde la Avda. Las Batuecas iniciamos nuestra particular ruta hacia la Plaza Mayor, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Desde allí y con nuestro mapa que nos entregaron en la oficina de turismo, bajamos hasta el puente para subir sin prisas, hasta la Plaza del Padre Arsenio.





A lo largo del recorrido, numerosos comercios y tiendas tradicionales jalonan su casco urbano, entre sinuosas callejuelas angostas y empedradas. Los dinteles de las puertas se encuentran cargados de simbología religiosa. Sorprende muchas casas con puerta elevada con acceso a través de escaleras de granito. Muchas esquinas de las fachadas labradas en piedra tienen sillares de granito. El primer piso sustenta al segundo con gruesas vigas de madera de castaño.




En el edificio del Ayuntamiento se encuentra la oficina de turismo, 
que llegó a ser la antigua cárcel


El paisaje urbano tiene clara influencias árabes, con callejuelas en las que apenas penetra el sol. Fue señorío real hasta que el rey D. Fernando de Aragón lo cedió a la Casa de Alba. Muchos de sus rincones han permanecido inalterables durante siglos, sirviendo de escenario para películas como Marcelino Pan y Vino, el Lazarillo de Tormes, el Valle de las Espadas, el Gran Secreto, Santa Teresa, la Guerrilla, La marrana...



En la fachada del Ayuntamiento se encuentra un buzón de Correos con la efigie de un león que parece estar enfadado 


Por sus bellos paisajes y arquitectura el pueblo de La Alberca es un gran amigo de los pintores. Sus gentes fueron retratadas por Joaquín Sorolla para la Hispanic Society of América, por la Escuela Española de Cerámica, José Guerrero y tantos otros.




Su arquitectura popular serrana nos invita a pasear con calma entre la angostura de sus callejuelas sinuosas y empedradas. Una arquitectura popular serrana que se caracteriza por la utilización del granito y la madera de castaño. La planta baja con piedra y lanchas de granito, que configuran los muros y marcos de las puertas, así como los robustos dinteles con fechas de la fundación de las casas, e inscripciones y signos religiosos como profesión de fe. 





Las plantas superiores se caracterizan por su entramado de madera relleno de piedras y argamasa sostenida por la planta inferior que la sustenta. Todo en su conjunto rematado por los aleros de los tejados que parecen tocarse, y que hace que se produzca un milagroso juego de luces y sombras. Las casas conservan ese estilo serrano con grandes balconadas repletas de flores que estimulan la retina del visitante.



En la Plaza Mayor de La Alberca brillan con luz propia los puestos de miel y productos de la tierra


A lo largo de nuestro recorrido por su casco histórico nos encontramos con muchas tiendas artesanas, de diversos tipos de miel, de embutidos y productos de la tierra, como las legumbres frescas y garbanzos, alubias mantecosas y lentejas a granel que captaban nuestra mirada.




Nuestro paseo se va endulzando con visión de tiendas repletas de verdaderos manjares como el turrón, la miel de tomillo y romero o nueces,  junto con las almendras garrapiñadas, que han sido heredados de la tradición árabe en la Sierra de Francia, sin olvidar los judiones, garbanzos y lentejas a granel que hacen las delicias de los visitantes.




Por otro lado, destacan muchas casas blasonadas en el casco urbano de La Alberca.  Sus casas con planta baja de granito y planta alta con entramado de madera son típicas. 




Muchos de sus balcones se encuentran cargados de geranios, lo que otorga un bello color a sus fachadas. Las regaderas o canales de agua en el suelo, recogen el agua de lluvia o del deshielo de la Sierra de Francia, lo que nos recuerda al cercano pueblo de Candelario. Son numerosas las fuentes de agua cristalina que invitan a hacer un alto en el camino para descansar. 





Nuestra retina capta entre los dinteles de las portadas de granito inscripciones de antiguos judíos conversos. También se observa el símbolo grabado en piedra de la Inquisición, destacando una cruz en su parte central, una espada en un lado y en el otro, una rama de olivo que significa la reconciliación con los arrepentidos. 

También se observan en los dinteles diversas fechas en la que se construyeron las casas. 




En 1913 Unamuno dedicó a Las Hurdes “Andanzas y Visiones de España” denunciando las condiciones infrahumanas de sus habitantes convertidos en el paradigma del atraso y miseria del medio rural de España. La película “Las Hurdes” realizada Luis Buñuel en 1932, denunciaba la dura situación de una comarca castigada por la miseria…

“Y cerrando los ojos -dice Unamuno en su libro Andanzas y visiones españolas- veo las negras calles de La Alberca, los balconajes de madera, los aleros voladizos de sus casas, las mujeres sentadas en el umbral de las puertas y los niños jugando en la calle, y allí, en la fuente, una moza llenando el cántaro. Y corre la vida, como el agua de un arroyo que baja de la cumbre entre guijarrales.”



El rey Alfonso XIII visitó La Alberca el 24 de junio de 1922, en su viaje a la comarca de las Hurdes


Miguel de Unamuno visitó Las Hurdes en el verano de 1913. Este viaje fue muy importante, ya que él y otros como el médico Gregorio Marañón ayudaron a dar a conocer la dura realidad de la comarca, lo que llevó al rey Alfonso XIII a visitar la zona en 1922.




La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

A escasos metros de la Plaza Mayor, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que fuera construida sobre la anterior iglesia en 70 por el arquitecto Manuel de Lara Churriguera, sobrino de Alberto Churriguera, constructor de la Plaza Mayor de Salamanca, quien también intervino en la bóveda y estanterías de la Universidad de Salamanca, siendo además el responsable de relevantes edificios de la provincia de Cáceres.



La Iglesia destaca por su monumentalidad y sencillez, de grandes columnas, arcos y bóvedas, próxima al estilo neoclásico. De planta de cruz latina con el coro al fondo. Completan la planta las Capillas del Cristo del Sudor, la Virgen de los Dolores, el Cristo Yacente y la sacristía.




El Cristo Yacente o del Santo Sepulcro de La Alberca es una imagen anónima de estilo barroco perteneciente al siglo XVIII. Sale en procesión el Viernes Santo [Santo Entierro].


En el interior del templo destaca su púlpito, una notable pieza del siglo XVI, realizado en piedra policromada. En la zona externa de la iglesia se encuentra la puerta de solana, más sencilla. Junto a ésta se encuentra un cerdo labrado en piedra granítica que nos recuerda al marrano de San Antón.

En la parte oriental de la iglesia puede apreciarse una hornacina con dos calaveras junto a una placa con la inscripción de la salmodia que cada anochecer, coincidiendo con el crepúsculo recita la Moza de las Ánimas por las almas del Purgatorio. 

El monumento al cerdo de piedra nos recuerda que posiblemente podamos tropezarnos en alguna de sus calles con dicho marranillo, ya que vaga libremente, tras haber sido bendecido y habiéndole colocado una campana sobre su cuello. 

El marrano andará por sus calles desde el 13 de junio, día de San Antonio de Padua, hasta el 17 de enero, día de San Antón, en que será sorteado. 

Un marrano que será cebado entre todos los vecinos y que en no pocas ocasiones será cobijado en alguna que otra cuadra del pueblo para evitar el intenso frío que predomina en otoño y en invierno por estos lares. Conocida la historia del cerdo de San Antón, ya le vamos encontrando cierto sentido el monumento al marrano junto a la iglesia.




A lo largo de nuestra ruta por La Alberca nos hemos encontrado numerosas fuentes de agua fría y cristalina que invitaba a saciar nuestra sed, aunque el agua no es potable. La primera fuente que nos encontramos se llama San Antonio. Otra se encuentra tras el crucero de la Plaza Mayor, etcétera. Un pueblo en lo que todo es auténtico. Un verdadero paraíso donde poder alcanzar las estrellas.






En la Plaza de la Iglesia y en la Plaza Mayor compramos algunos botes de miel de La Alberca, como tesoro de la Sierra de Francia





Muy cerca de La Alberca de encuentra el bonito pueblo de Candelario y el Valle de Ambroz, junto a la Sierra de Béjar, donde existía una importante judería, desde el siglo XIII hasta el decreto de expulsión de los Reyes Católicos en 1492.


Desde la Plaza Mayor de La Alberca, en Salamanca, 
para el Blog de mis culpas...



P.D. El cerdo de San Antón y la Moza de Ánimas [por su extensión] formarán parte de otro interesante artículo del blog de mis culpas...

Visitar a La Alberca, Candelario o Béjar  como lugar descanso puede ser una interesante opción cuando viajemos por la Vía de la Plata hacia Castilla-León, Galicia o Cantabria, ya que nos ofrecen naturaleza, patrimonio histórico y además, productos de la tierra.


Enlaces interesantes

jueves, 16 de octubre de 2025

Una visita a las Cuevas de Altamira "la Capilla Sixtina del Arte Rupestre"

 

Bisonte tumbado. Hace 14.500 años

Grabado, dibujado y pintado a carbón para el color negro, y ocres para el color rojo. Incorpora en su representación las grietas y el relieve natural para dar volumen. Es el ejemplo paradigmático de los polícromos de Altamira.


Una de las primeras lecciones de historia que recuerdo durante mi más tierna infancia en aquellas desaparecidas Unidades Didácticas de la antigua escuela fue el nombre de las Cuevas de Altamira, en Santander. Sería la primera vez que escuché el término “pinturas rupestres”.

La cueva de Altamira se encuentra en una caliza formada en el fondo marino hace unos 95 millones de años. Junto con otras capas rocosas configura un gran pliegue, el sinclinal de San Román-Santillana, formado como consecuencia de la colisión de África con la Placa Ibérica, y que comenzó a afectar a esta zona hace unos 37 millones de años. Un paisaje geológico sobresaliente denominado Costa Quebrada, que engloba a Altamira en la memoria colectiva de sus gentes.

Tras la glaciación vendrá el aumento del nivel del mar, mientras que la erosión se abre paso entre las rocas más fuertes desmantelando rápidamente las más débiles.



Frente a la puerta principal de la entrada a la cueva de Altamira original se encuentra el monumento en bronce en memoria del Descubridor Marcelino Sanz de Sautuola (1879) en Altamira de una de las primeras obras de arte de la Humanidad. La escultura fundida en bronce, fue realizada por el escultor Julio López Hernández por encargo de la Fundación Botín en 1999 para que se reconociera el valor de su descubrimiento.

En 1868, Modesto Cubillas, un tejero asturiano afincado en Cantabria encontró la cueva de Altamira por casualidad durante una jornada de caza. Su perro cayó y Cubillas acudió a socorrerlo, encontrando la cueva.

En 1879, y tras el hallazgo de Cubillas, Marcelino Sanz de Sautuola, aficionado a la paleontología descubre con la ayuda de su hija María, las pinturas rupestres que la hicieron famosa, quien exclamó al ver los famosos bisontes:

"¡Papá, papá, bueyes!"


Las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira pertenecen al Paleolítico Superior, y datan entre 35.000 y 14.000 años. El bisonte es el elemento que brilla con luz propia en la cueva, aunque las ciervas y ciervos, caballos y, en menor medida, las cabras tienen su lugar destacado. Aunque las representaciones humanas son minoritarias dentro del Arte Paleolítico, en Altamira se encuentran algunas de las más representativas, denominadas “antropomorfos”.

Sautuola, defendía que las pinturas eran del Paleolítico, pero fue recibido con gran incredulidad por la comunidad científica, hasta que en 1902 quedó su tesis certificada. Altamira fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.



En el pueblo de Santillana del Mar nos encontramos en su Plaza Mayor con un bisonte sobre un pedestal de piedra, obra del escultor Jesús Otero con la inscripción: “Santillana al hombre de Altamira”, lo que nos recordaba que por la tarde tendríamos nuestra obligada visita desde el hotel ubicado en el Parque Revolgo, donde se inicia la ruta rupestre hasta la cercana cueva de Altamira, que dista unos 2,5 km.

 

Muy cerca se encuentra “La Casona de Revolgo”, una casa montañesa restaurada del siglo XVII convertida en un hotel de cuatro estrellas en Santillana del Mar, Cantabria, donde colocamos nuestro centro logístico y de descanso.

También nos encontramos en pleno casco histórico de Santillana del Mar con un hotel denominado Altamira y diversos bisontes en las puertas, rejas y fachadas como elementos de adorno.

 

Aunque no se puede visitar la cueva de Altamira original por razones obvias, realizamos una visita a la Neocueva de Altamira, como copia fidedigna de la original, que se encuentra en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, en Santillana del Mar. Mientras nos tocaba entrar, unos paneles informativos sobre la época de las cuevas nos han ayudado a elaborar unas humildes letrillas para el blog de mis culpas para compartir con los amigos. Porque como dijo el inmortal poeta Antonio Machado:

“En cuestiones de cultura y de saber, sólo se pierde lo que se guarda; sólo se gana lo que se da”

Si el lugar de descanso del poeta Antonio Machado ha sido considerado por muchas personas como una “Capilla Sixtina Laica”, de igual modo, es considerada la Cueva de Altamira como la “Capilla Sixtina del Arte Rupestre”.




Cuando entramos en la Neocueva de Altamira, nos daba la impresión de que estábamos en la cueva original. La Neocueva reconstruye Altamira tal y como era cuando la habitaron los distintos grupos humanos, desde hace 36.000 años a 13.000, cuando un desplome de rocas taponó definitivamente su gran entrada.

 

Las personas que habitaban la cueva se organizaban en grupos familiares extensos. Obtenían los alimentos cazando, pescando y recolectando. Aprovechaban los recursos de un amplio territorio que recorrían de forma planificada según las estaciones del año.

La vida cotidiana se realizaba cerca de la entrada, aprovechando el calor de los hogares para cocinar, pero también para charlar, transmitir tradiciones y compartir conocimientos en torno al fuego.

El dominio del fuego marcó un hito crucial en la evolución humana, permitiendo la cocción de alimentos, y la protección contra depredadores.

 

Toda la cueva fue utilizada para pintar, grabar animales y signos. Su significado es desconocido, un código indescifrable que cubrió paredes y techos hasta en las zonas más inaccesibles. En la “Galería Final” de Altamira, también al final de la Neocueva, aparecen unos seres misteriosos creados con escasos trazos de color negro sobre las aristas de la roca. Imágenes sugerentes que nos observan y acompañan, a las que llamamos “máscaras”.

Grabados, dibujos y pinturas se han usado aislada o conjuntamente. El carbón vegetal era de pino y los rojos se obtenían a partir de óxidos de hierro. El arte de Altamira destaca por su enorme calidad. Este gran dispositivo artístico se fue completando a lo largo de 20.000 años y por eso los estilos y las técnicas artísticas son tan diferentes.

 



Altamira, la obra maestra del primer arte de la Humanidad

Desde su descubrimiento, en 1879, la cueva de Altamira ha atraído a estudiosos, artistas y a todo tipo de personas por su belleza y por su interés científico.

Donde apenas llega la luz y más allá, en la oscuridad, se hallan los lugares para celebrar mitos y realizar ritos. Solo algunos animales, siempre los mismos (ciervos y ciervas, bisontes, caballos, toros y cabras), signos abstractos y figura que quieren parecer humanas acompañaron estos discursos trascendentes. Así plasmaron su forma de entender el mundo, en el inicio de nuestra Historia.

 

Luces y sombras descubrieron las formas de las rocas. En ella se integraron las figuras, adaptándose a las formas naturales y a las grietas para crear los animales en distintas actitudes; de pie, enfrentados, bramando o revolcándose o echados sobre el suelo.




Altamira fue inscrita en la Lista de Patrimonio Mundial en 1985. Por su fragilidad, la visita a la cueva está muy limitada y controlada. Su conservación se rige por un Plan de Conservación Preventiva que establece el régimen de acceso.

 



Mano. Hace 22.000 años

Las manos son una de las expresiones más antiguas del arte de las cavernas. Esta mano está realizada embadurnando la mano con ocre rojo e imprimiéndola contra la roca.

 


La Arquitectura del Museo


El edificio inaugurado en julio de 2001 es obra del arquitecto cántabro Juan Navarro Baldeweg. Destinado a acoger tanto las áreas para los visitantes como las áreas internas, el proyecto tuvo como prioridad el respeto a la razón de ser del Museo, la cueva de Altamira y la preservación del entorno.

Alejado de la cueva para evitar riesgos de conservación el arquitecto planteó una estructura integrada en el paisaje. Los volúmenes del edificio quedan abrazados por el terreno inclinado de una suave colina, integrándose en la pendiente natural a través de su cubierta vegetal.


Vamos a ver entre breves pinceladas como vivía el hombre de las cavernas...


La Europa del hielo

Durante las glaciaciones, Europa sufrió un intenso frío que la convirtió, ocasionalmente, en una región periglaciar.

Las temperaturas medias cayeron varios grados y los paisajes fríos –tundra, taiga y estepa– ganaron terreno. La fauna cálida, refugiada en las zonas ubicadas más al sur, fue sustituida en amplias regiones por otros animales: mamuts, renos, caballos esteparios, antílopes saiga, o el increíble rinoceronte lanudo.

Sin duda, fueron tiempos muy duros para el hombre que comenzó a ocupar sistemáticamente las cuevas y abrigos rocosos del sudoeste de Europa, en donde las condiciones de vida no eran tan extremas.


Pobladores de Europa



Homo habilis, entre 2,1 y 1,44 millones de años

A día de hoy es la especie más antigua definida como Homo, género al que pertenecemos los seres humanos actuales. Habitó el sur y este de África en el periodo comprendido entre hace 2,1 y 1,44 millones de años. Su presencia se ha registrado en Etiopía, Kenia, Tanzania y Sudáfrica.

Medía en torno a 1,20 metros, pesaba alrededor de 40 kg y caminaba perfectamente erguido. Su capacidad craneal se situaba en torno a los 500 y 800 cc.





Homo heidelbergensis, entre 600.000 y 200.000 años

Es la primera especie que puebla de forma general Europa. Vivió entre 600.000 y 200.000 años antes del presente, previo a la presencia de neandertales en esta región. Sus restos fósiles se han hallado en Inglaterra, Francia, Alemania, Ucrania, Grecia y España.

Tenía complexión fuerte, una estatura similar a la de los seres humanos actuales, entre 1,70 y 1,80 metros, y su peso rondaba los 95 kg. Su cráneo presentaba un borde supraorbitario prominente y mandíbula robusta, con una capacidad craneal que oscilaba entre los 1100 y 1300 cc.

Fue el primer habitante de Cantabria, habiéndose documentado su presencia en el entorno de la cueva de Altamira.


Homo neanderthalensis, entre 250.000 y 28.000 años

Desarrollaron una elaborada cultura en Europa y Próximo Oriente entre 250.000 y 28.000 años antes del presente.

Su constitución física robusta, de potente musculatura y presentaba una estatura media de 1,65 metros, con un peso que rondaba los 70 kg. Su cráneo, de marcado borde supraorbitario y mandíbula sin mentón, con una capacidad craneal, superior a los seres humanos actuales, alcanzando los 1500 cc.

Tenían un lenguaje articulado, utilizaron las cuevas para vivir, cuidaron a enfermos y ancianos y enterraron a sus muertos. Crearon una industria lítica denominada Musteriense.





Homo sapiens

Los primeros humanos anatómicamente modernos aparecieron en África hace 300.000-250.000 años. Llegaron a Europa hace 40.000 años, donde coincidieron con los neandertales, que desaparecieron 12.000 años después. Se expandieron por los cinco continentes, quedando como únicos representantes del género humano. Homo sapiens, quiere decir, nosotros mismos.

Tenían una complexión similar a la actual, con una capacidad craneal de 1200 cc. Inferior a la de los neandertales.

Fabricaban la industria lítica y también ósea, como arpones, agujas o puntas, además de representaciones abstractas o de animales.


El Paleolítico Superior

Modifican la forma de tallar la piedra, el sílex. Empiezan a producir sistemáticamente láminas que posteriormente retocan para fabricar distintos útiles especializados y eficaces.

Fueron quienes, además de la piedra, emplearon sistemáticamente hueso, asta y marfil para la fabricación de herramientas específicas que han llegado hasta nosotros, como arpones o agujas. El dominio de la talla, el pulido de estas materias óseas y su uso cotidiano caracteriza a las culturas del Paleolítico Superior europeo, que se desarrolló durante los últimos 30.000 años de glaciación de Würm o Edad de Hielo. 

La arqueología divide este periodo en varias fases culturales. De ellas, en Altamira se conocen ocupaciones durante el Solutrense Superior [17.000 a 15.000 a.C.] y el Magdaleniense Inferior [10.000 a 8.000 a.C.]. Fue una época de clima frío suavizado por la situación meridional de la Península Ibérica.

 



Tiempos de Altamira

El hombre de Altamira se agrupó en partidas, desplazándose por el territorio para cazar animales, recolectar vegetales, pescar y marisquear. Cuidó a los enfermos, enterró a sus muertos con complejos rituales y creó bellísimas obras de arte. Así se forjó una extraordinaria cultura que ocupó la vieja Europa hasta el final de la última glaciación.





Ciervos y cabras, caballos y bisontes

La caza fue una de las ocupaciones básicas de los grupos paleolíticos. Constituyó una fuente imprescindible de alimentos de calidad y un suministro de grasas, pieles, huesos, tendones y astas para confeccionar un amplio repertorio de herramientas y objetos diversos.

Elegían como presas, sobre todo, a los herbívoros: ciervos, cabras, caballos, bisontes y mamuts. La caza se desarrollaba con pequeñas partidas buenas conocedoras de la conducta animal, a las que acechaban para que cayeran en sus trampas. Empleaban como armas azagayas [especie de jabalina] con punta de hueso, asta o piedra, que lanzaban directamente impulsadas por el brazo o con la ayuda de un propulsor.

La caza desempeñó para el hombre del Paleolítico un papel fundamental, tanto en su vida cultural, espiritual y social.


Al calor del hogar

El fuego del hogar hizo más confortable la vida en la cueva, reuniendo a su alrededor a los miembros del grupo. Proporcionaba la luz y el calor indispensables para las labores cotidianas, la preparación y consumo de la comida junto con la producción artesanal.

Niños y ancianos colaboraban en el acarreo de la leña y mantenimiento de la lumbre. Las partes más suculentas de la caza se trasladaban descuartizadas hasta el hogar donde se troceaban con afinados cuchillos de piedra. La carne se asaba condimentada con plantas aromáticas acompañada con vegetales. También se conservó la carne y el pescado secándolo y ahumándolo.

Las cuevas, abrigos bajo la roca y cabañas al aire libre, sirvieron de vivienda en el Paleolítico Superior. Eran refugios a la intemperie. Para elegirlos se tenía en cuenta la accesibilidad, la orientación, la superficie disponible, la cercanía al aprovisionamiento de agua y la presencia de recursos alimenticios junto con las materias primas en el entorno.

En la Región Cantábrica, el hombre del Paleolítico vivía en las entradas de cuevas y abrigos rocosos, que eran las zonas donde llegaba la claridad de la luz del día. Se hicieron más confortables acondicionadas con parapetos o con estructuras circulares.



La piel de los animales cazados fue aprovechada en su totalidad por los grupos paleolíticos. Para prepararla despellejaban al animal con una simple lámina o un cuchillo de sílex. Después se descarnaba y se secaba al sol, estirándola en el suelo o sobre bastidores de madera con cuerda de tendones. Se curtía con la ayuda de herramientas elaboradas con piedra y hueso, tratándola con sustancias como el ocre para impermeabilizarla y protegerla contra los parásitos y la putrefacción. Cocían el cuero para vestirse, para fabricar zurrones, tiendas y cabañas.


Arqueología, Antropología y Etnoarqueología

A finales del siglo XIX la Arqueología comienza a estudiar las sociedades paleolíticas desde el punto de vista científico, tratando de explicar su organización a través de la cultura material. Para ello utilizaron analogías etnográficas, comparándose sus objetos con los de otras culturas cuyo modelo de subsistencia estaba igualmente basado en la caza, pesca y recolección.

Estas culturas eran reconocidas por los europeos desde el siglo XVI, y especialmente desde los siglos XVIII y XIX, cuando comenzaron a estudiarse a través de ciencias como la Antropología y posteriormente la Etnoarqueología [disciplina que estudia sociedades actuales para entender el pasado] que nos permiten conocer algunas características de las sociedades paleolíticas.

Sabemos que el hombre del Paleolítico Superior vivía más que sus antecesores neandertales, hubo más ancianos portadores de conocimientos y tradiciones.

La mortalidad infantil era muy elevada y pocas personas sobrevivía por encima de los 50 años. De hecho, la mayor parte del grupo eran adolescentes y adultos jóvenes. La expectativa de vida de la mujer era menor que la del hombre por los riesgos del embarazo y del parto.

El peligro y la violencia han acompañado a la existencia humana. Hubo accidentes de caza, enfrentamientos con animales salvajes y ataques con lanzas a otras tribus.


Salud y enfermedad

Solo conocemos las enfermedades que han dejado huella en huesos y dientes, como infecciones, traumatismos, enfermedades reumáticas, lesiones dentales… Otras afecciones como la caries, tan frecuente en el mundo actual, apenas padecían.

Nuestros antepasados comían frutos, hojas, tallos tiernos,  raíces, setas, bellotas, avellanas, grosellas, moras, frambuesas, etcétera. Su recolección pudo estar encomendada, preferentemente, a mujeres, niños y ancianos. También se recogía leña como combustible para alimentar el hogar, y madera, como materia prima para la elaboración de utensilios.



La dieta se enriquecía con la pesca y el marisco cuando bajaba la mar. Aprovechaban el desove del salmón en sus migraciones para pescarlo, así como la trucha. Se han descubierto en yacimientos arqueológicos, arpones, vértebras y espinas de peces, así como millones de conchas. Se han descubierto numerosas representaciones de salmones, truchas, lenguados, gallos y otras especies.

Las partidas de caza se movían con cierta frecuencia entre diversos puntos ubicados estratégicamente en un territorio perfectamente conocido. A partir de los campamentos base, las partidas de caza se dirigían a campamentos satélites que facilitaban la explotación racional de los recursos naturales. En la Región Cantábrica, los desplazamientos se articularon a lo largo de la costa y remontaban los cauces de los ríos, siendo posible variar de medio físico en un corto espacio de tiempo.


Movimientos estacionales

En invierno, los cazadores se dirigían a las llanuras y bosques próximos al mar, donde acudían las manadas de ciervos y era fácil el marisqueo. En verano se dirigían a las montañas y valles del interior donde la caza buscaba pastos frescos y la pesca abundaba en los ríos.

Las comunidades del Paleolítico se organizaban en pequeños grupos por lazos de parentesco y “matrimonio”, formando grupos de subsistencia o bandas, que formaban un número entre 15 a 30 personas, nunca más de 100. No existían líderes. La caza era cosa de hombres y la recolección de mujeres.

Al ser nómadas, tenían contacto con otros grupos, evitando la endogamia. Cuando se existía abundancia, se producían los intercambios humanos y culturales.


Cuevas de Altamira

Las amplias dimensiones del yacimiento de Altamira, así como la riqueza de los objetos decorados, plantean la hipótesis de que la Cueva de Altamira fuera, para sus habitantes una amplia zona, y punto de reunión al que acudirían periódicamente para celebrar ritos, alianzas o “matrimonios”.

La entrada a Altamira se encuentra situada en la ladera norte de una suave colina desde la que se contempla un amplio territorio, formado por el río Saja y por la llanura prelitoral.

La época más reciente en que se estuvo habitada es el Magdaleniense medio e inferior, entre 16.800 y 19.000 años. También se observan niveles al Solutrense, hace entre 21.000 y 24.000 años. Pero el momento más antiguo descubierto en el yacimiento hasta la fecha corresponde a la fase final del Gravetiense, hace 26.000 años. Aunque es posible que incluso antes, durante el Aurañaciense, pudiera estar habitada la cueva de Altamira o, al menos, transitada.

Hace unos 16.000 años, el desplome de la boca de acceso taponó la entrada de la cueva de Altamira e impidió que nadie transitara por su interior durante milenios, hasta su descubrimiento a finales del siglo XIX.


El culto a la muerte en el Paleolítico

Como nosotros, las personas del Paleolítico amaron a sus seres queridos y sintieron su pérdida, enterrándolos con sofisticadas ceremonias. Sepultar a los difuntos es un comportamiento humano. Las tumbas implicaban reconocimiento de la muerte y del difunto. El culto a los muertos es característico del Homo sapiens.

Se enterraba a los muertos para protegerlos del acecho de los animales, acompañados de ajuares funerarios de piedra, hueso, dientes perforados y conchas. Prácticas que posiblemente trasluzcan las creencias de una vida de ultratumba cuyo sentido se nos escapa.

Los artistas del Paleolítico utilizaron la roca como si fuera un lienzo, sobre el que grabaron, dibujaron y pintaron el arte rupestre que ha perdurado hasta nuestros días.





Un legado impreso en piedra durante milenios

Los colores naturales eran frágiles a base de óxidos de hierro para los rojos y ocres, manganeso para el negro y violáceo o carbón vegetal para el color negro.

Así se realizaron los famosos policromos de Altamira, la cumbre del arte en el Paleolítico Superior, con un valor universal excepcional por su calidad estética y técnica que aporta una mayor comprensión al arte rupestre.

La boca de la Cueva de Altamira estaba bañada por la luz del día y a cubierto de las inclemencias del clima. En torno al hogar se cocinaba, se fabricaban herramientas y vestidos, se descansaba, y se hablaba. En definitiva, se vivía.

El fuego se obtenía mediante la frotación de maderas y la quema de yesca. A partir de los huesos se fabricaban puntas de lanza, y finas agujas de coser.

Desde su descubrimiento en 1789, Altamira sigue siendo una obra maestra del arte rupestre universal. La espectacularidad de los bisontes y la genialidad del autor supuso que, en el momento del hallazgo, muchos negaran su antigüedad. Marcelino Sanz de Sautuola fue el primero en reconocer la creación artística en el hombre del Paleolítico.

Tuvieron que pasar dos años hasta que la aparición de otras representaciones en cuevas de Francia hiciera rectificar a los científicos de la época. A partir de entonces, se inició la denominada carrera de los descubrimientos y numerosas pinturas rupestres salieron a la luz.

La conservación de las cuevas de Altamira es un compromiso de todos, por su extrema fragilidad. Conocer, sentir y disfrutar este arte rupestre es un derecho pero, también es necesario extremar la precaución para que las futuras generaciones también puedan disfrutarlas.




Al finalizar nuestra visita al Museo de Altamira nos encontramos con un cuadro de Fernando Vicente [2004] titulado "La Humanidad tuvo su origen en África".


Tan sólo recordar que la boca de la cueva se derrumbó hace 13.000 años permaneciendo sellada hasta finales del siglo XIX. La estabilidad de su atmósfera interior ha facilitado la conservación de sus pinturas durante milenios. Su conservación depende de la responsabilidad de todos.


Desde el Museo de Altamira, para el blog de mis culpas...




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