domingo, 10 de mayo de 2015

Visita a la Antigua Emérita Augusta (I)


“Dicen de los lusitanos que son hábiles en las emboscadas y exploraciones,
 vivos, llevan armamento ligero, y son expertos en las maniobras”…
(Estrabón, Geografía III, 6, 10)

Desde Morón, tierra de la “Cal y del Flamenco” transitamos por la antigua “Vía de la Plata”, en busca de la antigua Emérita Augusta, que tomaremos como punto de partida hacia “Cáceres Vieja” y la monumental Trujillo. 

La retina de la historia nos recuerda que la antigua calzada romana denominada "Vía de la Plata" enlazaba la “Antigua Emérita Augusta” capital de la provincia romana de Lusitania, que fuera fundada en el 25 a.C. con Astorga “Asturica Augusta”, fundada en el 27 a.C. en la provincia Tarraconense
.


Esta histórica vía comienza a construirse en el siglo II a.C. en el marco de la guerra contra el caudillo lusitano Viriato recibiendo un fuerte impulso a finales del siglo I a.C. Después de las Guerras Cántabras (29 a. C.-19 a. C.), llega por fin la paz a tierras de Hispania.


Publio Carisio, por orden del emperador Octavio, designado Augusto a partir del año 27 a.C. se decide a licenciar a sus eméritos soldados pertenecientes a las legiones V Alaudae y X Gemina. En pago a los servicios prestados decidió asentarlos fundando una nueva ciudad en los límites con la Bética, naciendo con ello para el Imperio Romano “Emerita Augusta” capital de la Lusitania, una de las tres provincias en que estaba dividida Hispania en esos momentos. Augusta Emerita recibe su nombre del primer emperador del Imperio Romano, Octavio Augusto.


Octavio Augusto fue también el artífice de la organización de las provincias y en su viaje a Galia e Hispania, entre 16 y 13 a.C., decidió crear una nueva provincia, Hispania Ulterior Lusitania estableciendo cinco colonias, cuatro en ciudades ya existentes Scalabia (Santarem), Metellinum (Medellin), Norba (Cáceres), Pax (Beja) y una nueva, Augusta Emerita que se iba a constituir en su capital estableciendo el control de un extenso territorio mediante una completa red de calzadas bien construidas con obras de fábrica en los lugares donde era necesario franquear obstáculos fluviales como diques y puentes monumentales como el de Mérida sobre el Ana. También manda fundar otras ciudades peninsulares como: Cesaraugusta (Zaragoza), Lucus Augusti (Lugo) o Barcino (Barcelona) entre otras. 

Tras la muerte de Augusto, en el año 14 de nuestra era, su hijo adoptivo y sucesor, Tiberio, lo diviniza, comenzando así el culto al emperador. Emérita Augusta llega a ser una de las ciudades más prósperas e importantes de la Hispania romana que incluso acuñaría moneda propia durante 62 años, desde la época de su fundación, en el 25 a.C. hasta la época de Tiberio (año 37). Posteriormente en la época visigoda, también se acuñarían monedas.

La Ruta Vía de la Plata, “camino ancho de los romanos”, es sin duda el eje vertebrador de Extremadura. Un camino natural al que el genio de César Octavio Augusto, a través del cónsul Quinto Servelio Cepión, dotó de significado al iniciar el "Iter ab Emerita Asturicam" -el camino que va desde Mérida hasta Astorga-. Posteriormente Tiberio, Trajano y Adriano prolongarán esta vía fundamental hasta Itálica, Hispalis y Gades.



Las calzadas como vías de comunicación eran un elemento fundamental en la estructura económica, social, política y militar en la organización del Imperio Romano. De ahí que los romanos se preocuparan en gran manera de su conservación, reparación y mantenimiento. 

Su estructura era muy sólida para resistir las duras condiciones climatológicas del interior de la Península, así como su uso continuado. La principal característica es su buena fábrica y la necesidad de unir poblaciones secundarias con la vía principal.

La sección de una calzada romana estaba compuesta en primer lugar de la summa crusta o losas sobre el nucleus o mortero romano. En la parte más baja los rudus o cantos y cascotes, y por último el statumen o piedras.


Cada milla romana medía 1470 metros y estaba señalizada por un miliario, que era un mojón de granito de hasta dos metros de altura y que indicaba las millas transcurridas desde la ciudad de origen. Normalmente estaba dedicado al emperador que realizaba la reparación. 



La antigua Lusitania estaba atravesada de Sur a Norte por una de las calzadas romanas más conocidas, la que unía el Valle del Guadalquivir con el Norte Peninsular. Fue llamada en la época medieval “Vía de la Plata” derivada de una deformación del árabe “balath” que quiere decir, camino empedrado. Esta ruta ha sido posteriormente denominada el “Camino de Santiago del Sur”, más conocido como la “Ruta Mozárabe”, al peregrinar a Santiago de Compostela los cristianos que vivían bajo el dominio musulmán. También la Vía de la Plata como eje vertebrador y obra cumbre de la arquitectura civil de su época en la parte occidental de la antigua Hispania contribuyó a una rápida islamización, a las influencias románicas y gótico, de norte a sur y del arte mozárabe, de sur a norte, dando como resultado un eje en la vida cultural, económica y social de la zona durante dos milenios.




Al entrar en Mérida comenzaba nuestro apetito cultural al encontramos con la estatua ecuestre de Octavio Augusto, fundador de la ciudad y el Acueducto de los Milagros que fuera construido entre el siglo I a.C. y la segunda mitad del siglo III d.C. por el cual se transportaba el agua desde el lago de “Proserpina” a la antigua Emerita Augusta, salvando la depresión del río Albarregas, que desemboca en el río Guadiana. Realizado en sillares de granito con hiladas de ladrillos y núcleo de hormigón, mide unos 830 metros y 25 metros de alto.


La diosa Proserpina era consideraba la diosa de las aguas subterráneas.

Una grata y didáctica jornada que entre calzadas romanas, arcos, puente, alcazaba, teatro, circo, foro, etc., que al mismo tiempo nuestra retina plasmaba tanto legado cultural cargado de esencias y efluvios de tiempos pretéritos.

Para los autores clásicos, griegos y latinos, la Lusitania representaba el extremo del mundo conocido. Aquí empezaba el inmenso océano que suscitaba la curiosidad y el temor de los navegantes que en él se aventuraban. El proceso de la conquista romana profundiza en el conocimiento del territorio, de sus riquezas, de la abundancia de sus recursos minerales, apareciendo entonces como una especie de Eldorado. 

La imagen de los lusitanos era conflictiva para los romanos al practicar el bandolerismo. Su jefe Viriato, se convierte en un héroe como símbolo del hombre natural en contraposición con el “mundo civilizado de romanos y griegos”. 

Pero la romanización se va consolidando a lo largo de casi 200 años y progresivamente Lusitania, el pueblo que más largamente se opuso a Roma como recordó el griego Estrabón, va entrando en el universo cultural del conquistador. 

Pero Occidente fue también escenario de guerras civiles romanas, con participación directa de las poblaciones locales, que tomó partido por uno u otro de los lados del conflicto. Así se intensificó su integración el vasto imperio que Roma forjó. 

La mayoría se ha convertido en latinos y recibieron colonos romanos, de modo que poco les falta para que todos sean romanos… Todos los íberos que adoptaron ese modo de vida son llamados togados”. Estrabón, Geografía, Libro III, 2,15. 

Polibio identificaba la eficaz organización de sus ejércitos con los méritos de Roma. Nos explica el historiador cómo los romanos montaban sus campamentos siempre obedeciendo las mismas reglas y principios, logrando construcciones bien organizadas,lo que se percibe en el notable campamento de “Cáceres Vieja”. Buen mando, disciplina y valoración del mérito sería la fórmula. 

El mismo historiador griego Políbio de Megalópolis escribió una Historia Universal en el siglo II a.C. donde intentaba explicar a sus coterráneos griegos las razones del éxito de las conquistas romanas. Estaba estrechamente relacionado con Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano Numantino y estuvo en Hispania. 

Aunque Roma fue el centro del poder político y de una incesante actividad comercial, el contacto continuo entre la metrópolis y las colonias motivó que éstas últimas, en la medida de lo posible, tuvieran una estructura profesional similar. Las actividades más extendidas eran: las propias de la administración, el ejército, el comercio, el artesanado, la industria, etc… 

Para ubicar la nueva ciudad, los romanos eligieron una zona donde el río “Ana” era vadeable y que les permitiría controlar las calzadas que unían el norte con el sur peninsular. En ese punto ubicaron el Puente Romano de la antigua Emerita Augusta que fuera construido probablemente hacia el año 25 a.C.”, coincidiendo con la fundación de la ciudad emeritense y que daba acceso a una de las puertas principales de la ciudad. A partir de ese momento comienza la configuración urbanística general de Emérita Augusta por la posición del magnífico Puente sobre el río "Ana" romano y que en el periodo islámico pasaría a llamarse Wadi-ana (río Ana). 

Tras la muerte de Julio César y después de años de luchas internas por el poder, el emperador Octavio Augusto se convierte en el primer emperador romano y se culmina la conquista de los territorios de Hispania. En el año 25 a.C. el emperador Octavio ordena fundar Augusta Emerita que se convertiría en la capital de la Provincia Hispana Ulterior Lusitana.





El Puente Romano tiene una longitud de 792 m. con 60 arcos, uno de los más extensos de la Península Ibérica de esta época romana. Consta de tres tramos, de los cuales el mejor conservado en su estilo original es el primero, debido a que con el paso del tiempo ha sufrido varias modificaciones y restauraciones. 

El puente fue construido con un núcleo de hormigón revestido con sillares de granito. Aguas arriba, sus pilares fueron protegidos con tajamares redondeados y con aliviaderos que reducen el empuje del río durante las crecidas. Inicialmente fueron dos puentes que confluían en la isla. Hasta en tres ocasiones, los romanos añadieron nuevos tramos al puente alcanzando una longitud de más de 800 metros, convirtiéndose en el puente más largo del Imperio.

Las primeras reparaciones conocidas se remontan al año 483 en época visigoda. Destaca también la reparación del siglo XVII, tras una fuerte crecida del río. Entonces se construyeron los cinco arcos en la zona del tajamar, los contrafuertes triangulares y los descenderos. La última reparación ocurrió en el siglo XIX le daría su aspecto definitivo.

En su origen se realizó en dos tramos que se unían en una isla. La fábrica de época romana se conserva intacta en los extremos compuesta por un núcleo de hormigón, forrado con sillares de granito. La anchura del río y las fuertes crecidas hasta cuatro metros por encima del nivel habitual, determinaron el diseño del puente. Los romanos trataron de evitar daños irreparables en la estructura aliviando las presiones del agua y conduciendo su caudal. Río arriba los contrafuertes semicirculares desvían las aguas. Los aliviaderos se abrieron en el muro y se protegió el centro con un tajamar para atenuar el empuje de la corriente. Un puente para comunicar el norte y el sur donde se pueden observar los contrafuertes romanos y del siglo XVII junto con los aliviaderos que aliviaban las grandes crecidas del río.

Los romanos cruzaban este puente para entrar y salir de la ciudad y para viajar a Olisipo (Lisboa) o a la Bética (Andalucía). La “Vía de la Plata” así como el puente sobre el río Anas ha continuado vigente hasta el siglo XX como nudo de comunicaciones entre el norte y el sur peninsular.





Cuando en el 711 llegan los árabes a la España de Roderico, la “Vía de la Plata” aún estaba en buen estado, lo que fue aprovechado para su rápida expansión. La ocupación islámica se inicia en el año 713 (Marida) tras sufrir la ciudad un duro asedio. A partir de ese momento Mérida se convierte en capital de la Cora (provincia) musulmana y durante el periodo islámico pasaría a islamizarse el río Ana romano con el nombre de Wadi-ana. En esta ciudad convivieron mozárabes, árabes y bereberes con constantes alzamientos frente el poder central de Córdoba. El alzamiento entre 828-834 provocó la construcción de la alcazaba en 835 para garantizar el orden y la autoridad del emir cordobés Abd-al-Rahman II. La Alcazaba acogería unos dos mil soldados donde el gobernador ubicaría su residencia por motivos de seguridad. Los muros de la Alcazaba, fabricados con sillares y material romano reutilizado, tuvieron unos 10 metros de altura. El tramo que discurre paralelo al río Guadiana se levantó sobre el dique romano. En sus muros se distribuyeron 25 torres en sus muros. 


Desde aquí, su ejército intentó controlar las continuas revueltas de la ciudad. Desde el Alcazarejo se controlaba el acceso a la ciudad desde el puente y a la derecha se localiza la puerta que restringía el acceso a la zona militar. Estratégicamente colocada sobre ella, una inscripción recuerda que la Alcazaba fue construida por Abderramán II, en nombre de Alá, para proteger a los que obedecen al emir. 


Sucesivas revueltas posteriores conllevaron el desmantelamiento parcial de Mérida cuyo declive comienza a partir del siglo X tras la fundación de Batalyaws (Badajoz) por parte del emeritense Ibn Marwan y gentes llevadas desde Mérida.





La alcazaba es de planta cuadrada con 130 metros de lado con sillares de granito procedente de construcciones anteriores jalonadas por torres adosadas alejadas entre sí unos veinte metros y torres albarranas, separadas del muro, alzadas en época almohade. En el lado sur se encuentra una barbacana que permite acceder a la alcazaba, así como controlar el acceso a la ciudad. Destaca en su interior el aljibe para, magnífica obra sin paralelos en la Península que abastecía de agua a la fortaleza. Su ubicación en esta zona permitía que el agua se filtrase bajo el dique romano, a través de las gravas del fondo, para acabar almacenada en el aljibe. A través de un gran vestíbulo, con dos puestas opuestas y una escalera doble, se accedía a dicho aljibe donde las tropas se abastecían de agua. Para ello, utilizaban animales de carga, según se deduce de la forma de los escalones dispuestos en forma de rampa. 

Para construir este edificio, los musulmanes reutilizaron materiales de otras épocas. Destacan las pilastras de mármol decoradas con motivos vegetales que posiblemente pertenecieron a un hospital de época visigoda. 

La muralla sirvió para delimitar la ciudad. Fue construida por los romanos y posteriormente por los visigodos. Los musulmanes la desmontaron a tramos, aprovechando gran parte del material para reconstruir la Alcazaba. Los sillares de granito duplicaron la anchura de la muralla en época visigoda por temor a posibles invasiones. 

Durante los tres siglos siguientes se realizaron obras en varios lienzos y torres y se construyeron otras nuevas, de tipo albarranas, proyectadas al exterior para combatir los asedios. 

Este recinto militar islámico fue construido en 835 por el emir Abderramán II. Se trata de la alcazaba más antigua que se conserva en el territorio histórico de al-Andalus. Sirvió de residencia al gobernador de Marida y sus tropas, como reza en las inscripciones de sus puertas. 

En su interior se puede observar la Puerta del Puente, una de las entradas principales de la ciudad romana. Un tramo de la Muralla Romana con su refuerzo de época visigoda. Un aljibe islámico construido con pilastras visigodas magníficamente decoradas.


Aljibe
Escalera de acceso al aljibe

Entre los siglos IX y XIII, la habitación ubicada encima del aljibe formará parte de la mezquita de la Alcazaba. En su interior y postrados en el suelo, los musulmanes dirigían sus rezos hacia la Meca. Hacia el muro denominado la Quibla orientaban sus cabezas los fieles de Alá. La hornacina que aún se conserva en el centro es el Mihrab, importante espacio sagrado de carácter simbólico. 

Es el templo islámico más antiguo conocido en el suroeste de la península Ibérica. En la parte más alta de la alcazaba se encontraba el palacio del gobernador andalusí. 

Siendo emir de Córdoba Abd-al Rahman II, probablemente en el año 835, se construyó esta alcazaba árabe de planta cuadricular, junto al puente romano sobre el río Guadiana. Un recinto militar que salvaguarda a la ciudad, con una guarnición permanente. En 1228 fue reconquistada Mérida a los árabes por Alfonso IX. Es probable que este edificio fuese el primero construido en la España musulmana y que le sería entregado por el rey Alfonso IX, rey cristiano de León, en el año 1230 a la Orden de Santiago, para que desde aquí, continuase avanzando hacia el sur. Dicha Orden militar tuvo su sede en la Alcazaba a partir de 1578.




Al pasear por el Puente Romano y deleitarnos con la alcazaba y los lienzos de murallas junto al río nos da la impresión de que nos introducimos en el túnel del tiempo. En una rotonda cerca del Puente Romano se puede apreciar el monumento de la “Loba Luperca”, regalo de la ciudad de Roma a esta antigua Augusta Emérita en 1997. Según la mitología romana Luperca amamantaría a Rómulo y Remo, fundadores de Roma. 

Junto al puente, nos percatamos de la presencia de numerosos peregrinos con la mochina al hombro con la vieira colgada, el chubasquero y la cámara de fotos para plasmar los inolvidables momentos que les dejará la “Ruta Mozárabe” que transitara desde tiempos pretéritos desde Jaén, Granada, Málaga y Córdoba hasta Mérida para proseguir peregrinando hacia Astorga hasta llegar a Santiago de Compostela “Campus Stellae” y “Finisterrae” como punto y final de tan magna ruta. El “Camino Mozárabe” referente de la peregrinación desde Andalucía y Extremadura que enlazaba con Astorga alcanzará su máximo esplendor a partir de la recristianización de la zona por las tropas cristianas.


Augusta Emerita tejió una malla de calles rectilíneas delimitadas por la muralla. Las dos calles principales (cardo maximus y decumanus maximus) definían el centro de la ciudad y estructuraban su trazado. 


Las casas romanas de Mérida contaban con dos zonas perfectamente diferenciadas: una pública, organizada en torno a un atrio con un estanque en su centro que servía para recoger las aguas de lluvia y otra privada, en la que se abrían las estancias más íntimas (comedores, dormitorios, etc.) distribuidas alrededor de un peristilo o patio porticado. En los alrededores de la ciudad existía un gran número de villae o casas campestres, verdaderos centros de explotación agropecuaria, en las que no faltaron los alfares o lagares que incluso contaban con embalses propios.


Mérida tuvo una floreciente vida urbana en cuyas calles fluían continuamente gentes llegadas de los más apartados rincones del mundo conocido y al mismo tiempo, los emeritenses se desplazaron principalmente a otras poblaciones de Lusitania o incluso la Baetica.




El Foro de la colonia Augusta Emérita estaba presidido por el Templo de Diana, cerca del cruce de las dos calles principales. Un espacio religioso destinado a venerar a la familia imperial divinizada “el Templo de Diana”, ubicado en la cabecera de la plaza, donde transcurría la vida política, se administraba justicia, se hacían transacciones financieras y mercantiles y se ofrecían sacrificios en honor de los dioses. Delante del templo existía una tribuna pública, elevada sobre la plaza. Desde ella, las autoridades se dirigían a los ciudadanos. El templo fue construido con granito procedente de canteras locales y revestido con estuco. Las columnas se apoyan en un podio de tres metros de altura. El templo estaba flanqueado por dos estanques y la escalera monumental se ha perdido.


En los templos griegos y romanos la cella era una habitación en el centro del edificio, que usualmente contiene la imagen del culto o estatua y que representa a la deidad particular venerada en el templo. La columna fue un elemento arquitectónico muy utilizado en los edificios romanos públicos y privados. En el siglo I el suelo de las habitaciones de los edificios públicos y religiosos eran realizado con losetas de mármol.



Situado en el “cardo máximus” de la ciudad y ocupando una posición privilegiada en el urbanismo de la antigua Augusta Emerita, se encuentra el “Arco de Trajano”, en la calle del mismo nombre, con 15 m. de altura y 9 m. de luz. Posiblemente fuera una puerta monumental que daba entrada al Foro Romano. Fue construido utilizando un enorme armazón de madera curvo donde se apoyaron los dos grandes arcos independientes formados con bloques de granito equilibrados por una pieza central denominada “clave”. Su parte central también está formada por bloques de granito proyectando una gran solidez. Todo el Conjunto Monumental de carácter provincial destinado al Culto Imperial fue construido en época de Tiberio (14-34 de nuestra era).


El granito fue un material constructivo muy utilizado obtenido en las canteras cercanas de Proserpina. Se traían en bloques ajustados al tamaño del edificio y terminaba de trabajarse a pie de obra. Varios fragmentos de fustes conservan restos de estuco. En las inmediaciones del tempo de Diana se han encontrado algunos.



A pocos metros se encuentra el “Foro de Augusto” construido a mediados del siglo I de nuestra era. Ocupaba una plaza limitada por el imponente pórtico de mármol. El ático del pórtico está decorado con medallones de dos tipos: el dios Júpiter, símbolo del poder del emperador y Medusa, personaje mitológico al que se le atribuía gran poder protector. Una edificación monumental de carácter público que reproduce el programa escultórico del Foro de Augusto en Roma. Los emperadores, con un interés propagandístico, extendieron dichos modelos por las ciudades más importantes del imperio.




Es necesario realizar una visita obligada al Museo Nacional de Arte Romano como síntesis de la monumentalidad de la antigua Emerita Augusta pero eso formará parte de la segunda parte de nuestra visita... 

Desde la Antigua Emérita (I) para el Blog de mis culpas...














martes, 21 de abril de 2015

Visita a Sanlúcar de Barrameda



Después de haber realizado el día anterior una jornada de senderismo a través del Parque Natural de la Breña entre Barbate y Caños de Meca -en compañía de los pinos piñoneros, lentiscos, retamas y palmitos- con efluvios a tomillo y romero, mientras la Torre del Tajo como testigo de la historia nos observaba, llegamos al Faro de Trafalgar, donde nuestras naves quedaron desarboladas por culpa de los elementos meteorológicos. 

Una lluvia torrencial que nos caló hasta los huesos nos sorprendía en el mismo tómbolo de Trafalgar (Taraf al-Ghar la denominaban los andalusíes). La retina de la historia nos recuerda que la Batalla de Trafalgar ocurrida un 21 de octubre de 1805 inmortalizaría el nombre del cabo otorgándole un enorme protagonismo.

Trafalgar fue el mayor desastre político y militar al abrir una enorme brecha a nuestro poderío, por donde se fue el mayor y más débil Imperio que jamás haya existido. La Armada española después de Trafalgar moriría de abandono por falta de carena, decepcionados sus hombres por la incomprensión y el olvido de su propia nación. Sin embargo, el combate inmortalizó el nombre del cabo.

...las pequeñas calas como las existentes en los Caños de Meca, donde todavía en los años 80 caían cortinas de agua y podía uno ducharse por las mañanas en una cascada natural según el libro "Blues de Trafalgar" escrito por nuestro paisano de Morón, José Luís Rodríguez del Corral.



Foto: Bodegas Barbadillo

El domingo 12 de abril de 2015 enarbolamos de nuevo nuestras naves para poner viento en popa hacia Sanlúcar de Barrameda. Desde Barbate iniciamos la ruta transitando por Vejer de la Frontera y las salinas de San Fernando hasta introducirnos en un mar de viñas que empezaba a inundar el horizonte de la tierra de la manzanilla. Una climatología benigna predomina en esta comarca, con más de tres mil horas de sol al año, suavizadas por la influencia de los vientos procedentes del Atlántico, los vientos de poniente, que junto con una ancestral tradición enológica permite la maduración de la uva Palomino, sin duda la madre de la D.O. Manzanilla de Sanlúcar como vino selecto y delicado.

Es evidente que el tiempo junto al desarrollo urbano han unido a Sanlúcar con el puerto de Barrameda asentado en la margen izquierda del estuario del Guadalquivir, frente al Parque de Doñana ubicado en la margen derecha.

Etimológicamente existen varias hipótesis sobre su origen. Unos relacionan el nombre de Sanlúcar con el término árabe shaluqa, que significa viento de Levante cambiando su nomenclatura en tiempos de Guzmán el Bueno como Sant Lúcar, quedando de alguna manera cristianizado por la etimología popular.

Profesores de la Universidad del Cairo han relacionando el vocablo Barrameda con el árabe de la época obteniendo Barraj-el-Medaj, «Tierra a la vista». Sin embargo, parece ser que proviene del término "Bab-rha-mda" o tierra asentada que dificultaba la navegación.


…En una bella rotonda nos esperaba una réplica de las primeras locomotoras que circularon por Sanlúcar en las décadas del siglo XIX, lo que me recordó el tren de mi pueblo durante mi edad de párvulo en tiempos pretéritos.

Muy cerca se encontraba el Museo de la Manzanilla-Barbadillo- al que realizamos una grata visita impregnándonos de la esencia de la manzanilla junto con la arquitectura de las bodegas cargadas de una ancestral historia bajo lustros de cariño y constancia entre manos laboriosas de jornaleros.


Existen diferentes nomenclaturas en las bodegas de la que emanan efluvios liberados por el vino procedente de los diferentes tipos de uva como Pedro Ximénez, Moscatel y Palomino almacenadas en botas de roble americano entre callejuelas estrechas y empedradas. El Museo de la Manzanilla nos recordó que la tierra de Albariza es la que predomina en Sanlúcar así como la de Barros y Arenas predominan en el marco de Jerez. 

En definitiva, nuestra retina quedó impregnada de la cultura del vino con su peso específico dentro de la trilogía mediterránea (trigo, olivo y la vid).



Frente al Museo de la Manzanilla-Barbadillo- paseamos por el castillo de Santiago entre barbacanas y el patio de armas con la Torre del Homenaje erguida dominando el barrio alto. El Castillo de Santiago fue mandado a construir por el duque don Enrique -Casa de Medina Sidonia- entre 1477 y 1478 con el objetivo de proteger la entrada del río Guadalquivir como entrada fluvial a Sevilla y al mismo tiempo defender la villa. Como curiosidad cabe destacar que en esta fortaleza vio la reina Isabel por primera vez el mar en 1477. Históricamente ha sido utilizado como cuartel militar, cárcel y hospital.

El rey Sancho IV otorgó el señorío de Sanlúcar a Alfonso Pérez de Guzmán (Guzman el Bueno) en 1297 por su heroica defensa de Tarifa. Guzmán el Bueno, primer señor de Sanlúcar (León, 24 de enero de 1256-Gaucín, 19 de septiembre de 1309) fundaría la Casa de Medina Sidonia, un poderoso linaje nobiliario.




Plaza del Cabildo de Sanlúcar de Barrameda


Desde el barrio alto descendimos hasta la calle Isaac Peral que desemboca en la Plaza del Cabildo. Cerca de la esquina frente al bar Barbiana existen varios azulejos de grandes dimensiones que nos recuerdan la época de los grandes descubrimientos y Sanlúcar como testigo de la historia:
  • Desde Sanlúcar de Barrameda partió Cristóbal Colón en su tercer viaje un 30 de mayo de 1498. 


  • Otro azulejo nos recuerda la gesta histórica de la Primera Vuelta al Mundo de Hernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano un 20 de septiembre de 1519. 
Avatares de la expedición, llevaron a Elcano a seguir navegando hacia Poniente para arribar al puerto de Sevilla un 6 de septiembre de 1522 con tan sólo un barco (nave Victoria) y 18 supervivientes de aquéllos cinco barcos y 234 hombres que iniciaron esa gran proeza. El Estrecho que da al Océano Pacífico tomaría el nombre de “Magallanes”. Una de las gestas marítimas más impresionantes de la Humanidad que ha pasado a la Historia con letras de oro. El escudo de armas con un globo terráqueo con el lema latino «Primus Circumdedisti Me» («Fuiste el primero en circunnavegarme») fue otorgado a la familia de Juan Sebastián Elcano por el emperador Carlos I tras la vuelta de Elcano de la expedición.

El 10 de agosto de 1519 se anunció en esta ciudad la partida de una expedición formada por cinco barcos y 234 tripulantes, organizada y dirigida por Hernando de Magallanes. El 6 de septiembre de 1522 ancló en el mismo lugar de la partida, la Nao Victoria en la que los 18 supervivientes habían completado bajo el mando de Juan Sebastian Elcano, la primera vuelta al mundo.



Capilla de la Virgen de la Antigua, en la Santa Catedral de Sevilla


"En acción de gracias, acudieron a orar ante la imagen de Santa María de la Antigua, que entonces estaba en donde hoy vemos la reja y donde se sitúa esta placa conmemorativa de aquella hazaña".




“Desde que habíamos partido de la bahía de San Lucar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas y dimos la vuelta al mundo entero…” 


(Del diario de Antonio de Pigafetta)

  • Otro azulejo recuerda también que en la primavera de 1545 partía Francisco de Orellana de Sanlúcar de Barrameda para llegar de nuevo a la desembocadura del Amazonas y ascender río arriba para culminar su heroica aventura.




En la plaza del Cabildo, en el Bar Barbiana degustamos el tradicional langostino de Sanlúcar, las tortillitas de camarones, las papas aliñás con melva y las croquetas caseras acompañada de una copa de manzanilla (maridaje) o cerveza. 



En el "Bar Barbiana" le pregunté a un camarero el motivo por el cual se escribe “armarcén” en lugar de “almacén”, contestándome que en Sanlúcar de sustituye la “l” por la “r”. También se dice como localismo “la taberna der…”.

Después de recuperar energías con la rica gastronomía, nos dirigimos hacia el Estuario del Guadalquivir cuyas páginas de la historia nos refrescan la retina de nuestro recuerdo en nuestros tiempos de escolares:

…“El Guadalquivir nace en la Sierra de Cazorla”... pasa por Córdoba, Sevilla y desemboca en el Océano Atlántico, por Sanlúcar de Barrameda.




…Por el Estuario del antiguo Wad-al-Kabir remontaron a contracorriente en el año 844 en tiempos de Abderramán II los hombres del norte o normandos, denominados manchús por los andalusíes, con sus impresionantes bajeles remontando el río a contracorriente después de asolar el puerto de Cádiz hasta Coria del Río que la saquearon y llegaron a la antigua Isbiliyya, la cual quedó arrasada, refugiándose muchos vecinos en la vecina ciudad de Carmona. Un 11 de noviembre del año 844 tuvo lugar la batalla de Tablada en la que fueron diezmadas las fuerzas “vikingas” por las tropas del emir Abderramán II que mandó abundantes tropas desde la antigua Corduba. Gracias a esta amenaza el emir aumentó su flota de guerra construidas en las altarazanas (dar al-sina´a) construyéndose torres de vigilancia a lo largo de toda la costa.

Las torres almenaras de vigilancia se conectaban visualmente entre sí, formando un complejo sistema defensivo. Los torreros comunicaban la presencia de peligro a las otras torres y poblaciones mediante ahumadas de día y con fuego durante la noche. Este procedimiento típicamente musulmán ya existía en todo el litoral africano desde el siglo VIII. En una sola noche podría llegar un mensaje desde Alejandría a Ceuta.




Desde allí paseamos hasta las Covachas en la Cuesta de Belén, una antigua lonja de mercaderes de estilo gótico y declarada Monumento Histórico-Artístico desde año 1978, junto con el Palacio de los duques de Medina-Sidonia. Las Covachas son una galería porticada formada por diez arcos ojivales que recaen sobre pilares, sobre cada uno de los cuales hay una sierpe. Fueron construidas por Enrique Pérez de Guzmán -II duque de Medina-Sidonia-, a finales del siglo XV.


Escudo de los duques de Medina-Sidonia


Adosado a las Covachas se encuentra el Palacio Ducal de Medina Sidonia que parte de la construcción de la época almorávide en el siglo XI sucediéndose diferentes estilos hasta el siglo XIX. Destaca en la fachada principal la reja de estilo gótico florido y la galería porticada del jardín realizada por Pedro Libadotte en la segunda mitad del siglo XVI y el archivo de la Fundación Casa de Medina Sidonia.



Desde el barrio alto como epílogo a nuestra grata visita a Sanlúcar de Barrameda, transitamos de nuevo hacia un mar de viñas que comenzaba a impregnar nuestra retina como señal inequívoca de que estábamos abandonando la ciudad de la manzanilla en busca de la AP-4 que nos llevaría a nuestro punto de origen.


Desde Sanlúcar de Barrameda para el blog de mis culpas…























Enlaces interesantes

Visita al "Museo de la manzanilla-Barbadillo" en Sanlúcar de Barrameda

El Guadalquivir entre Cazorla y Sanlúcar de Barrameda

Cristóbal Colón, una figura enigmática

La primera vuelta al mundo «Primus circumdedisti me»

Guadalupe y el Descubrimiento de América [entre el choque cultural y la controversia]

viernes, 17 de abril de 2015

Visita al Museo de la Manzanilla-Barbadillo, en Sanlúcar de Barrameda


“La manzanilla no es un producto que surge inmediatamente; el proceso de su constitución es lento; exige varios años de crianza, de cuido, de ir pasando, en proporciones mínimas y frecuentes, de una solera a otra; requiere, en pocas palabras, del aire, de un leve e intermitente contacto con el exterior, y de eso que, en el argot vinatero, se titula peinar, que es como una caricia pasajera sobre el vino, como recogerlo y saltarlo y volverlo de nuevo, a suavizar con la jarra…”

Manuel Barbadillo, el vino de la alegría.1951

Breve introducción

La historia del vino ha estado ligada siempre a la historia de la Humanidad. No debemos de olvidar que el trigo (pan) y el olivo (aceite) junto a la vid (vino) sentaron desde tiempos ancestrales las bases de nuestra cultura, conocida actualmente como la trilogía mediterránea.

Aunque en el Medio Oriente ya se conocía la uva silvestre sobre el 8000 a C., la bodega más antigua conocida data del año 6000 a.C., situada en Armenia aunque se puede considerar a la antigua Mesopotamia, situada entre el río Eúfrates y el Tigris como la génesis del vino en el 4000 a.C.



La maduración de los vinos se hacía ya en el Antiguo Egipto. En la tumba de Tutankamón fueron encontradas cientos de inscripciones en ánforas de barro dedicadas al vino pero fue la civilización fenicia la que logró extenderse por toda la cuenca mediterránea gracias a la pericia de sus marineros difundiendo así la alimentación basada en el consumo de los cereales. 

Los fenicios que llegaron a nuestras costas en el siglo VIII a.C. eran conocedores de la elaboración de la cerveza y del vino procedente de Egipto, donde se consideraba tanto una bebida como un alimento nutritivo cuyas virtudes fueron legadas a griegos y romanos. Fueron estos últimos quienes aprendieron la técnica de conservar el vino en barriles de roble.

La Bética exportaba a Roma a través del Mare Nostrum productos de tradición milenaria como el vino, el aceite y el garum de Baelo Claudia que se almacenaban en ánforas fabricadas en los alfares de la Bética.

Por tanto, el vino forma parte por derecho propio de la cultura mediterránea, habiendo tenido siempre su lugar privilegiado en las celebraciones y desenfreno de los pueblos como lo demuestran los antiguos dioses paganos del vino, Dionisios (dios griego) y Baco (dios romano).


La etimología del término vino proviene del latín vinum que deriva a su vez del griego oinos. Los antiguos hebreos lo denominaban wainu.



Después de visitar el Museo del Jamón Ibérico, una almazara de aceite de oliva virgen extra, un horno de pan de pueblo, el proceso de elaboración de la cerveza o el atún rojo de almadraba, ha sido muy grato poder impregnarme de esa cultura ancestral del vino en el Museo de la Manzanilla, en Sanlúcar de Barrameda.




Al acercarnos a Sanlúcar de Barrameda, un mar de viñas inunda el horizonte bajo una climatología benigna, con más de tres mil horas de sol al año, suavizadas por la influencia de los vientos procedentes del Atlántico, los vientos de poniente, que junto con una ancestral tradición enológica permite la maduración de la uva Palomino, sin duda la madre de la D.O. Manzanilla de Sanlúcar como vino selecto y delicado.

En el Museo de la Manzanilla-Barbadillo- ubicado bajo las coordenadas GPS: 36º 46´ 35.91” N - 6º 20´ 59.30” O en Sanlúcar de Barrameda, nos ilustramos a través una visita didáctica e ilustrativa en la que la vid y el vino como referente de la trilogía mediterránea poseen su peso específico. Una situación privilegiada bajo un marco incomparable frente al Coto de Doñana y el Atlántico con la desembocadura del Guadalquivir como flujo y testigo del crisol de culturas en tiempos pretéritos.




En la planta baja pudimos observar una pequeña viña junto a las herramientas tradicionales de la época. Un tractor oruga de la primera serie en la década 1950-1960 que se utilizaban en los viñedos de Jerez y Sanlúcar de Barrameda ocupaba su lugar privilegiado. Muy cerca nos encontramos con una antigua y tradicional embotelladora. En las bodegas observamos su interesante nomenclatura como Bodegas Sevilla, Bodegas de las Mil Pesetas, de tipología mudéjar, etcétera. 

En la planta alta nos esperaban múltiples paneles informativos sobre la cultura del vino. Un lagar, el despacho de Barbadillo con su máquina de escribir antigua, aparatos de laboratorio, cajas de madera para almacenar las botellas y personajes de la literatura ensalzando las propiedades de la manzanilla Barbadillo que nace del alma y del corazón de la tierra.


…De forma artesanal, se pisa primeramente la uva que llega al lagar por dos asistentes ataviados con botas de pisa. Con esta operación se rompen los hollejos para que salga el mosto, al mismo tiempo que se provoca la siembra de levaduras existentes en la piel de la uva y una aireación del mismo. Después de esta primera fase la pasta de uva resultante se prensa, tal y como se hacía siglos atrás. La uva pisada se coloca en unos capachos de esparto, los cuales una vez llenos se van apilando unos sobre otros, colocándose encima del superior una madera gruesa en forma circular, que será el que transmita el peso o empuje de la viga a esta torre de uva pisada y esparto, lo que me recuerda el proceso de las antiguas prensas de viga y quintal en las tradicionales almazaras de aceite de oliva virgen.



La prensa es manejada por cuatro hombres, que lentamente pero sin pausa, la van haciendo girar, para que los pesados tablones de encina hagan que los racimos de uva lloren su preciado líquido. Cuando la uva llega a la planta de molturación, entra en los escurridores, donde se produce la decantación por gravedad de un primer mosto denominado mosto de yema utilizado para la obtención de vinos blancos y manzanillas. Los mostos obtenidos por prensado se destinan a la producción del resto de vinos del marco denominados olorosos.


En el ámbito de las Soleras y Criaderas, los paneles ilustrativos existentes en el Museo de la Manzanilla-Barbadillo- en Sanlúcar, se iban impregnando poco a poco en nuestra retina cuya cultura ancestral del vino ha legado como resultado de un magisterio a lo largo de decenas de lustros de cariño y constancia.

La retina del recuerdo del Museo de la Manzanilla nos recuerda que el sistema de criaderas se puso en marcha en Sanlúcar a finales del siglo XVII. Una vez prensado y fermentado el mosto se procedía al encabezamiento, añadiéndose alcohol vínico para obtener la graduación deseada. El producto resultante se llama sobretablas y es el primer paso para el sistema de criaderas y soleras. Con este sistema se consigue que el vino tenga unas características homogéneas.

1- Se extrae un máximo de 1/3 del volumen total de la bota de la "Solera Hilera" que reposa cerca del suelo, para su embotellado.

2- Este tercio extraído se rellena con la misma cantidad de vino procedente de la hilera anterior llamada primera criadera.

3- La primera criadera a su vez se rellena con vino de la segunda criadera, y así sucesivamente hasta la última criadera que se rellenará con sobretablas.


Es digno de destacar también el peso específico que tiene en el Museo de la Manzanilla-Barbadillo- la arquitectura de sus bodegas en la que existen varios tipos:

Bodegas Moriscas y las Mezquitas, las bodegas de la Edad Media y el Renacimiento, la de los Conventos, los palacios de los Mercaderes de Indias, las bodegas de lujo y las bodegas Catedrales, donde el vino duerme y las soleras descansan sin prisas. 



La mejor bodega la que no trabaja, la que se cierra, la que vemos totalmente orlada de telarañas venerables…”

Manuel Barbadillo, 1951

Lo mismo que las mezquitas andalusíes estaban orientadas al NE-SE, también la arquitectura de las bodegas estaban orientadas en dirección NO-SO, con lo que se consigue un doble objetivo: menos insolación durante el día, y que sobre sus fachadas golpeen los vientos húmedos del poniente.

La oscuridad favorece el trabajo de las levaduras de flor. Se consigue a base de ventanas reducidas, altas, apaisadas y sin cristales. La ausencia de luz evita el aumento de la temperatura. Con luz tenue y suave se consigue reducir la temperatura hasta 10 grados menos en los días de fuertes calores.

La altura procura una mayor cantidad de aire, condición biológica fundamental para el desarrollo de las levaduras de flor. Así mismo provoca la regulación de la temperatura interior de la bodega: a mayor volumen de aire a calentar, mayor resistencia al calentamiento. Y el silencio junto con el aislamiento del edificio influyen en la consecución del microclima que existe en las bodegas.


Son muy escasos en el mundo los vinos que gozan de crianza biológica. En la superficie de estos vinos aparece, de forma espontánea, una capa de levadura (microorganismos vivos) que recibe el nombre de velo en flor.

Las levaduras que componen el velo en flor realizan las siguientes funciones:

· Aíslan el vino del contacto con el aire.

· Consumen parte del etanol del vino.

· Aportan nutrientes.

La acción de las levaduras, que en el cado de la manzanilla permanece durante todo el año, confiere a estos vinos sus características de delicadeza, ligereza, suavidad y finura.


También aprendimos que en el marco de Jerez se cultivan tres tipos de uva: Palomino, Pedro Ximénez y Moscatel.

Pedro Ximénez: uva blanca, jugosa y dulce. Es una variedad de la vitis vinífera. De ella sale el vino del mismo nombre, sabroso y dulce. Se seca al sol antes de que envejezca. De tamaño mediano, forma elíptica corta y color amarillo dorado.

Moscatel: originaria de África, se desarrolla mejor cerca del mar. Se utiliza para la elaboración de vinos dulces con el mismo nombre. De tamaño muy grande, forma elíptica, larga, posee un gran contenido de azúcar.

Palomino: Es la reina de las uvas del marco de Jerez, capaz de generar vinos como la manzanilla. De tamaño grande, forma ligeramente aplastada por los bordes superior e inferior y color amarillo dorado. De hoja grande y pentágona, haz verde intenso y envés belloso. Por su antigüedad en el cultivo, se considera autóctona de la zona. Su limpidez de aromas, permite revelar una gama de matices secos, almendrados y salinos y en los olorosos una variedad de efluvios balsámicos y frutos secos.


La uva Palomino se recoge y transporta bajo el sol de la vendimia y es trasladada a los lagares dispuestos al efecto en el mismo viñedo. Pasarán ocho años hasta convertirse en nuestra inconfundible manzanilla de Sanlúcar “Solear” como resultado del tiempo y el cuidado.

También nos ilustramos un poco sobre lo importante que es el tipo de tierra de la que brotan las cepas en horizontes abiertos, suavemente ondulados, ideal para la producción de la uva Palomino: la tierra Albariza, una marga blanca, rica en carbonato cálcico, sílice y arcilla poseen una gran capacidad de absorción y retención del agua almacenando en las capas inferiores el agua de la lluvia del invierno y primavera, para que en los meses secos suministrarla dosificadamente a las cepas, lo que permite el perfecto cultivo en un clima de cambios bruscos, con veranos de temperaturas muy altas. La riqueza de los fondos marinos se impregna en la uva a través de la tierra albariza. Además de la Albariza, existen otros dos tipos de tierra en el marco de Jerez denominadas Barros de color pardo y Arenas, de color dorado.


El milagro que hace posible la manzanilla, no es otro que la situación geográfica de Sanlúcar, donde confluyen por un lado el océano Atlántico que baña sus costas por el sur, y el río Guadalquivir, por el oeste, en cuya orilla se extienden las marismas frente al Coto de Doñana.

Se produce una variedad de vinos que esconden colores y aromas distintos pero complementarios. Cada vino tiene su momento apropiado del día. Poder combinarlos es saber vivirlos. El producto final accede a un moderno tren de embotellado, con las más rigurosas medidas de seguridad e higiene. En el mismo lugar se realiza el llenado, taponamiento y etiquetado de las botellas, con su precinto de garantía. La misma cadena empaqueta las cajas y las agrupa en palets para su almacenamiento y posterior distribución.



Es significativo “la Conchinchina o palomar” situado en el lugar más lejano de las naves de crianza. El vinatero miraba al trasluz el estado, la limpidez del líquido que tenía el propósito de examinar. Dentro de la bodega, escogía para su inspección enológica una zona propicia de sombra, hacia cuyo final un tenue rayo de luz venía a quebrarse melancólicamente en el cristal translúcido de la copa.

Sumergido allí, en aquella especie de cámara oscura, escrutaba minuciosamente el vino que trataba de reconocer en la Conchinchina o palomar, el sitio más oscuro de la bodega un artefacto en forma de casetita de playa, con su tejadito a dos aguas y abertura en el lugar de la puerta, con una vela dentro para apreciar los aspectos visuales del vino que se criaban y ensoleraban en las bodegas. 

Antigua embotelladora


En el silencio de las bodegas, los caldos ya están listos, tras su larga espera. Habrá que despertarlos de su sueño para que sean embotellados y preparados para el consumidor. Antes del embotellado, los vinos se extraen de sus soleras y se almacenan en depósitos, con el objeto de homogeneizar las posibles diferencias que cada bota tiene. Desde los lugares de almacenamiento, el vino se filtra y se somete a un proceso de enfriamiento para estabilizarlos.

Los vinos de la provincia de Cádiz más afamados internacionalmente y de mayor producción y consumo han sido históricamente los de Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda.



Barbadillo cuya tradición se remonta a 1821 con más de 30.000 botas de crianza y 17 bodegas ocupa una superficie de más de 70.000 metros cuadrados, la mayor parte situadas en el "Barrio Alto" de Sanlúcar y rodeando el Castillo de Santiago, en una situación privilegiada.

En el entorno geográfico de Sanlúcar de Barrameda confluyen ambas denominaciones:

D.O. Jerez/Xérez/Sherry con los siguientes vinos: Fino, Amontillado, Oloroso, Palo cortado, Pedro Ximénez, Moscatel y Cream.

Y D.O. Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda.

También nos ilustramos con las singularidades de la industria bodeguera en la cual predominaba el orgullo de familia que hacía que nadie quisiera admitir que alguno de sus vinos se había “desviado” a vinagre, denominado mediante el eufemismo “vino para guiso”. El vinagre de Jerez está elaborado de vinos procedentes de la uva del marco de jerez de una graduación alcohólica mínima de 9,5 grados. A través de un proceso químico envejecido en botas de roble durante un mínimo de seis meses, se obtiene un vinagre, de color caoba oscuro, olor denso, refinado y fino.


Y como un tesoro oculto escondido en las bodegas descansa un viejo vino. Desde su fundación, Barbadillo, recoge la tradición que desde el siglo XVI existe en la zona de vinificación de estos aguardientes hoy denominados Brandys. La destilación se realiza con los vinos sin sus lías, separando las cabezas y colas y escogiendo sólo la fracción central de los aguardientes, denominados tradicionalmente holandas, recordando su primer país de origen. Las botas empleadas para el envejecimiento del Brandy han de haber contenido durante al menos tres años Manzanilla, Oloroso, Amontillado, Pedro Ximénez, etc. Los distintos brandys son ricos en recuerdos del vino del que proceden.

Barbadillo, Brandy de Jerez Solera Gran Reserva acredita una vejez de más de veinte años en botas de manzanilla al estilo tradicional. Un brandy de intenso color ámbar-caoba con reflejos verdosos, con un aroma punzante de carácter balsámico con notas de roble y vainilla. Un clásico.



Al terminar nuestra grata visita en el Museo de la Manzanilla [Barbadillo], fuimos obsequiados con una copa de manzanilla “solear” que estimuló nuestro paladar para deleitarnos más tarde en la Plaza del Cabildo con la gastronomía de Sanlúcar de Barrameda degustando el tradicional langostino, las tortillitas de camarones, las papas aliñás con melva o las croquetas caseras que estimulan los sentidos de cualquier viajero a cualquier hora del día. Lo que se denomina el maridaje como el proceso de casar una buena manzanilla con las tradicionales tapas. Posteriormente visitamos la bella ciudad sanluqueña con el Castillo de Santiago o la Casa Ducal de Medina Sidonia en el Barrio Alto junto a la desembocadura del Guadalquivir, pero eso formará parte de otra historia.

Desde el Museo de la Manzanilla-Barbadillo- en Sanlúcar de Barrameda para el Blog de mis culpas...


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