viernes, 13 de mayo de 2016

En busca de las huellas de don Antonio Machado



Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales.
Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así
tendréis una idea aproximada de vuestra estatura.

Antonio Machado

Decía el gran cantautor Paco Ibáñez que tan magistralmente se ha inspirado en las poesías de Luís de Góngora, Gustavo Adolfo Bécquer, Federico García Lorca, Antonio Machado, Rafael Alberti, Luís Cernuda, León Felipe, Miguel Hernández, etcétera…

“Si una canción, una puesta de sol o unos versos te siguen emocionando, entonces estás vivo”.

Desde la tierra de Villalón, de la Cal, del Flamenco y de nuestra propia esperanza, emprendemos nuestra propia ruta machadiana -intentando hacer camino al andar-, en busca de esa enorme huella que nos dejó como legado ético nuestro gran poeta de la "Generación del 98". 

Se conoce como la "Generación del 98" a un grupo de escritores nacidos entre 1864 y 1876 que se vieron profundamente afectados por la crisis moral, política y social que desencadenó la pérdida de los últimos jirones de nuestro imperio (Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898). Muchos intelectuales sintieron aquella derrota como una humillación y como un fracaso político. De aquel año 1898 viene el dicho "Más se perdió en Cuba".

Si la batalla de Trafalgar -21 de octubre de 1805-, trajo como "efecto colateral" que España pasara a un segundo plano al dejar de ser hegemónica en los mares del mundo dejando el liderazgo a la marina inglesa, el año 1898 con la guerra con Estados Unidos fue el epílogo definitivo del imperio más grande y frágil que jamás haya existido.

Sin embargo, el año 1898 es testigo del nacimiento de Federico García Lorca, considerado uno de los mejores poetas y dramaturgos del siglo XX.

Don Antonio Machado siempre ligero de equipaje murió hacia el exilio “casi desnudo, como los hijos de la mar”. El autor de Campos de Castilla fue un ejemplo de honestidad e integridad humana y ética con mayúsculas, síntesis de la cultura y antítesis de la guerra cuya vida y obra que al igual que Federico García Lorca, Miguel Hernández y Juan Ramón Jiménez, más allá de la poesía compartían su lealtad a la República pagando un altísimo precio al ser represaliados con el exilio, la cárcel o la muerte. 

Por tanto, han pasado por derecho propio a la Memoria Colectiva del pueblo español, -esa que permanece perenne y que no puede ser adulterada por substratos o reminiscencias ideológicas almacenados en los pozos de la historia-. 

Las huellas de Antonio Machado proyectan gratas sensaciones que nos transmite el alma del poeta y mejor persona, que llegó a ser en el buen sentido de la palabra, un hombre bueno.

La vida de Antonio Machado es un ejemplo de integridad humana; fue una vida llena de soledades acompañadas de las penurias de un docente en aquéllos tiempos pretéritos, al que la trágica Guerra Civil le desgarró el alma -como a decenas de miles de personas-, con un dolor lacerante en su corazón acompañado de la enfermedad y el exilio cuyas trágicas consecuencias fueron su propia muerte y la de su madre Ana Ruiz, en Colliure.



Se percibe cierta emoción al encontrarnos por vez primera en el patio de los limoneros (Palacio de las Dueñas) donde dejó reflejada su infancia en sus bellos poemas; el aula donde impartió sus clases en Soria, Baeza, Segovia y su triste destino en Colliure, en un largo peregrinar hacia la mar.

En Colliure se encuentran los restos mortales de Antonio Machado. Su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación para admiradores del poeta y republicanos españoles -como si de un "santo laico" se tratara-. 

Los últimos días de Antonio Machado simbolizan también la derrota de la Segunda República en la Guerra Civil.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


…Comenzamos nuestra ruta visitando el jardín de los limoneros en el Palacio de las Dueñas de Sevilla, un bello lugar donde se rezumen los efluvios de su infancia, inmortalizado en sus famosos versos.

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.



Los primeros años en Sevilla de nuestro inmortal poeta Antonio Machado transcurren en una de las viviendas del célebre Palacio de las Dueñas, -sito en la calle del mismo nombre-, junto a sus padres y abuelos. Fue el segundo de cinco hermanos; su padre era flamencólogo y su abuelo médico y profesor. En 1881 su padre publica la “Colección de cantes flamencos”, bajo el pseudónimo de Demófilo.


Pila bautismal en la iglesia San Juan de la Palma de Sevilla, donde fueran bautizados los poetas Manuel y Antonio Machado.



Portada de la Iglesia gótico-mudéjar, en San Juan de la Palma, en Sevilla



Mientras tanto, Antonio Machado y su hermano Manuel acuden a la escuela de párvulos de don Antonio Sánchez. Los recuerdos de Antonio en su ciudad natal son todos infantiles.

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

Machado fue un poeta comprometido, universal y uno de los más importantes de la Generación del 98. Nació en el mismo palacio, como recuerda una lápida colocada por el ayuntamiento de Sevilla en el año 1985, en la galería del patio principal:



“En una vivienda de este palacio nació el 26 de julio de 1875 el poeta Antonio Machado. Aquí conoció la luz, el huerto claro, la fuente y el limonero. Ayuntamiento de Sevilla, 1985”.

En 1883 la familia de Antonio Machado decide trasladarse a Madrid porque a su abuelo Antonio Machado y Núñez le han concedido una cátedra en la Universidad Central, fijando su nueva residencia en la calle Claudio Coello. Pronto irá a la Institución Libre de Enseñanza, muy distinta de la escuela sevillana recordada por el poeta.

Los profesores de la Institución Libre de Enseñanza -que fuera fundada por Francisco Giner de los Ríos en 1876-, tienen un trato cercano con los alumnos. No se aprende de memoria sino a través de la observación y del diálogo socrático. No hay exámenes siendo frecuentes las excursiones y salidas al campo, ciudades y pueblos cercanos a Madrid. Todo era pedagogía. Antonio Machado recordaría siempre con afecto su paso por la Institución Libre de Enseñanza. 

En Madrid, Antonio Machado recordaría siempre con afecto su paso por la Institución Libre de Enseñanza donde se educó y a cuyos maestros siempre guardó vivo afecto y profunda gratitud -Joaquín Sama, Manuel Bartolomé Cossío pero sobre todo, el fundador y alma de la Institución, don Francisco Giner de los Ríos, catedrático de Derecho y amigo de su padre, que no desdeñaba en dar clases a párvulos y bachilleres, pues estaba convencido de que el porvenir de España se ventilaba en la escuela-. 

Con la Institución Libre de Enseñanza descubriría Antonio Machado la Sierra de Guadarrama. En su elegía al maestro Giner, en 1915:

Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.


De aquella época data su amistad con intelectuales como Federico García Lorca y la intensa correspondencia que mantuvo con Miguel de Unamuno. A la muerte de don Francisco Giner de los Ríos, Machado le dedicó un bello poema “el viejo alegre de la vida santa”. En un artículo de 1905 escribió:

“…Los párvulos aguardábamos, jugando en el jardín de la Institución, al maestro querido. Cuando aparecía don Francisco, corríamos a él con infantil algazara y lo llevábamos en volandas hasta la puerta de la clase…En su clase de párvulos como en su cátedra universitaria, don Francisco se sentaba siempre entre sus alumnos y trabajaba con ellos familiar y amorosamente. El respeto lo poníamos los niños o los hombres que congregaba el maestro en torno suyo. Su modo de enseñar era el socrático, el diálogo sencillo y persuasivo. Estimulaba el alma de sus discípulos –de los hombres o de los niños- para que la ciencia fuese pensada, vivida por ellos mismos”.

Instituto San Isidro en Madrid. Foto: Cristóbal Manuel

En junio de 1899 realiza su primer viaje al París de la pintura impresionista. Allí traba amistad con Oscar Wilde y Pío Baroja. En 1902 realiza su segundo viaje a París, donde conoce al poeta consagrado Ruben Darío. A su regreso comienza su amistad con Juan Ramón Jiménez.


Pero Antonio Machado siente nostalgia de Madrid y vuelve preocupado por su futuro. Tiene veinticinco años y aún no es ni siquiera Bachiller cuando su hermano era ya licenciado en Filosofía y Letras.

Después de haber realizado sus primeros estudios en la Institución Libre de Enseñanza, comienza sus estudios de bachillerato como alumno libre en 1889 en el Instituto de San Isidro y al año siguiente en el Instituto Cardenal Cisneros que no concluirá hasta once años después, en 1900. El 25 de septiembre de 1900, consigue su título y se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid.

“Mi adolescencia y mi juventud son madrileñas”.

En 1901 aparecen sus primeros poemas publicados en la revista modernista "Electra". A primeros de agosto de 1902, Antonio regresa a Madrid y a finales de enero de 1903 aparece la primera edición de "Soledades", primer libro de poesías de Antonio Machado.

En 1906 prepara las oposiciones a la cátedra de francés de instituto de segunda enseñanza.

En abril de 1907 obtiene una de las cátedras de francés y elige Soria. El 1 de mayo toma posesión de la cátedra tras una breve visita a la ciudad del Duero y a su regreso escribe el poema "A orillas del Duero". Ese mismo año se publican "Soledades, Galerías y otros poemas".


Desde el Palacio de las Dueñas en Sevilla -donde Antonio Machado pasara su infancia-, para el Blog de mis culpas...





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martes, 10 de mayo de 2016

Efluvios de dolor, en el Valle de la Sauceda


 "Solo odio a la muerte cuando la pienso en vosotros"

Julio Vélez

Los efluvios de la primera visita al Valle de la Sauceda quedarán grabados para siempre en la retina del recuerdo, destacando su vertiente histórica, la biodiversidad dentro de la última selva jurásica del arco mediterráneo occidental junto con el aprovechamiento de los recursos naturales desde tiempos antiguos y que brillan con luz propia en el Parque Natural de los Alcornocales.

Se podría considerar al Valle de la Sauceda como un auténtico “paraíso terrenal” que llegó a ser en tiempos pretéritos antiguo lecho de bandoleros, republicanos y maquis, entre la utopía y el ingrato olvido. 

Decía el poeta chileno y premio nobel Pablo Neruda que muere lentamente quien no viaja, quien no lee... Por tanto, enarbolamos de nuevo nuestras naves -desde la tierra de la Cal y del Flamenco ubicada en la frontera de nuestra propia esperanza-, colocando nuestro sextante hacia la carretera A-373 que transita desde Ubrique hasta el Puerto de la Víbora y posteriormente dirigirnos a la A-375 que nos llevará al Puerto de Galis.


En su estratégica venta ubicada en el cruce del mismo nombre, degustamos las tradicionales rebanadas de pan de pueblo con manteca “colorá” para recuperar fuerzas y proseguir nuestra ruta.

Un poco antes de llegar a la venta del Puerto de Galis -a la altura del cortijo de “El Marrufo”-, nuestra retina capta un panel ilustrativo que nos indica que este lugar forma parte de la Memoria Histórica de Andalucía al haberse encontrado en el cortijo “El Marrufo”,  la mayor fosa común de la Guerra Civil española en la provincia de Cádiz.


Los vecinos del lugar conocen esa zona como "la majá (majada) de los muertos". Los restos encontrados se encuentran en el cementerio de la Sauceda.

En julio de 2016 se cumplirá el 80º aniversario del comienzo de la Guerra Civil española cuya “sinrazón” se proyecta hasta nuestros días como substrato de ciertas posiciones ideológicas. Una fecha que tal vez, pase desapercibida para las nuevas generaciones pero cuyo dolor lacerante polariza aún sentimientos debido a que sus heridas no han cicatrizado correctamente ni han sido tratadas con el rigor histórico necesario.

Como se hace camino al andar, desde el Puerto de Galis tomamos la dirección a la C-3331 que transita hasta Jimena de la Frontera.  A 4 km. del cruce nos encontramos el Cementerio de la Sauceda, también lugar de la Memoria Histórica de Andalucía. Desde la carretera se observa una verja de madera que nos permite acceder a un camino descendente que tiene aproximadamente 100 metros de largo por 2 metros de ancho y con solería de piedra. Un rincón de paz y de dolor situado en un enclave privilegiado del Valle de la Sauceda, en pleno Parque Natural de los Alcornocales. 


El Valle de la Sauceda ha sido testigo de la ignominia de tiempos pretéritos. Ha sido restaurado por el Foro de la Memoria del Campo de Gibraltar y la Asociación de familiares represaliados por el franquismo de la Sauceda y el Marrufo.

Durante los meses de noviembre de 1936 a finales de febrero de 1937 el Valle de la Sauceda quedará estigmatizado para la historia como un lugar de destrucción, dolor, tragedia y terror al producirse en la antigua y desaparecida aldea de la Sauceda un auténtico genocidio al quedar arrasada por las fuerzas “nacionalistas”. Los vecinos de la aldea que sobrevivieron al ataque serían torturados, ejecutados y arrojados en las fosas comunes en el Cortijo del Marrufo.

La Sauceda será trágicamente conocida como el último refugio republicano de la provincia de Cádiz que se mantuvo fiel a la República. Allí se ocultaron muchas personas que huían hacia Málaga -entonces republicana-, para evitar ser apresados y ejecutados. El Valle de la Sauceda -como tantos otros lugares de la Memoria Histórica-, está impregnado de ese dolor lacerante del que brotan sentimientos que permanecen vivos en la retina de la historia mezclada con efluvios de utopía.

La Legión Cóndor formada por voluntarios de la Lufwaffe como apoyo decidido de Hítler al ejército de Franco llegó al puerto de Cádiz el 6 de octubre de 1936. A los pocos días los sediciosos fascistas por tierra y la aviación nazi provocaron un auténtico genocidio que borraron del mapa a todo un pueblo para siempre “La Sauceda” y que la memoria aunque efímera intenta recuperar. La enorme ofensiva nacionalista provocará crímenes catalogados de “Lesa Humanidad”. A cientos de campesinos indefensos que tan sólo pretendían defender su vida y la de su familia, le fueron taladas sus vidas.



El Valle de la Sauceda está cargado de simbolismo al haber sido un ejemplo de resistencia en defensa del legítimo régimen republicano. Este lugar de la Memoria Histórica de Andalucía pasará a la historia por haber sido un escenario de terror institucionalizado por el ejército rebelde.

Este genocidio se cometerá bajo las directrices marcadas desde el mando militar del Sur, a las órdenes del inefable Queipo de Llano cuyos bandos de guerra autorizaban a los comandantes militares -que sin escrúpulos- a eliminar físicamente a todas aquéllas personas que se opusieran al golpe de estado que acababa de producirse el 18 de julio de 1936 en la Península. Como consecuencia de tanta “sinrazón”, comenzaba la jauría contra decenas de miles de hombres y mujeres inocentes que fueron humillados, detenidos, torturados y hechos desaparecer por las fauces del odio.

La mentalidad fascista de la época se puede resumir en el discurso de Mola el 19 de julio de 1936:

“Hay que sembrar el terror…hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

A comienzos de la Guerra Civil le fueron taladas las vidas, los sueños y las ilusiones a cientos de campesinos inocentes en La Sauceda cuya desaparición indiscriminada dejaría sin hilo de transmisión a las generaciones futuras.

Una fatídica fecha donde los antígenos de la “sinrazón”, el odio y la venganza generaron el caldo de cultivo idóneo para que los instintos más primitivos y deplorables del ser humano crecieran exponencialmente, degenerando en una verdadera ignominia “in nomen -sin nombre-”.

La población de La Sauceda se encontraba dispersa por el territorio asociadas a dos grupos principales: uno alrededor de la Ermita y otro en las cercanías de la Laguna del Moral.


Abrimos con el máximo respeto la verja para visitar el cementerio de la Sauceda. En el centro del cementerio se puede apreciar una cerámica conmemorativa. En el “Pabellón de la Dignidad” se encuentran en nichos definitivos los restos de las 28 personas fusiladas que se han encontrado en el Marrufo y que han sido recuperados y dignificados para siempre, desde el 1 de diciembre de 2012.

En la capilla del cortijo del Marrufo se cometerían las mayores atrocidades por parte de las tropas franquistas.

Este cementerio estuvo abandonado durante muchos años pero su restauración le ha devuelto la dignidad al ser restaurado y encalados sus muros que estuvieron derruidos hasta no hace mucho tiempo. En la fachada principal del Pabellón de la Dignidad se encuentran algunos de los nombres y apellidos que padecieron aquella tragedia y "sinrazón" histórica.



Desde la Sauceda transitamos por la A-375 hasta la entrada natural del Parque de los Alcornocales por Alcalá de los Gazules y Benalup-Casas Viejas como epílogo de nuestra ruta. 

En la Casa de la Cultura se puede observar una gran fotografía de Jerome Mintz. Paseando por sus calles hicimos un alto en el camino para recuperar energías, en el restaurante “La Fábrica”. La retina captaba al fondo la Iglesia Nuestra Señora del Socorro presidiendo la plaza. A la altura de la calle Rafael Bernal, 32 nos encontramos  con el "Hotel Utopía" donde la retina de la historia nos recuerda que se ubicaba  la choza del anarquista Curro Cruz “Seisdedos”, convertida en 1933 en un auténtico estandarte de la revolución de un pueblo que se reveló contra el hambre y la miseria secular. 



Los sucesos de Casas Viejas serían fielmente narrados en el libro de Ramón J. Sénder “Viaje a la aldea del crimen”. Es un texto clave para entender las profundas tensiones políticas y sociales a las que tuvo que hacer frente la Segunda República española y que retrata fielmente la miseria del campo andaluz que condenaba a los hombres y mujeres a la triste soledad con su hambre y miseria secular como caldo de cultivo.


Los primeros muertos. Foto Serrano

La masacre de Casas Viejas ocurrida entre el 10 y el 12 de enero de 1933 constituye uno de los hechos más trágicos de la Segunda República Española abriendo una enorme crisis política en el primer bienio republicano-socialista cuyas consecuencias aprovecharía la CEDA para desgastar la imagen del presidente del Gobierno Manuel Azaña en las Cortes forzando su dimisión, lo que le llevaría a la CEDA en octubre de 1934 a ganar las siguientes elecciones.

El latifundismo provocaba la exclusión social y económica de miles de jornaleros sometidos a unas condiciones de vida miserables. La masacre de Casas Viejas fue el grito jornalero que provocó un dolor lacerante en el sur, por culpa de la ancestral miseria resignada y el hambre de miles y miles de familias en el campo andaluz. Un río revuelto de miseria resignada, donde los "caciques" podían disponer de una mano de obra hambrienta, sumisa y barata.

El origen de los latifundios en el sur de España hay que buscarlo durante la denominada “Reconquista”. Los reyes repartieron extensos territorios y privilegios entre los grandes señores de la nobleza, las órdenes militares y la Iglesia. La expulsión de los moriscos a partir del 9 de abril de 1609 despobló las huertas y campos posibilitando ampliar aún más las propiedades de los “grandes señores feudales”. La desamortización en el siglo XIX en vez de solucionar este grave problema, lo aumentó al poner a la venta grandes propiedades que de nuevo fueron adquiridas por aquéllos que poseían la propiedad de la tierra y los grandes recursos financieros.


En otro libro “Los anarquistas de Casas Viejas” Jerome Mintz que vino de Indiana a investigar los sucesos de Casas Viejas se quedaría atrapado por sus gentes a las que estudió, conoció y trató. Su obra gráfica otorga voz a los campesinos y gente sencilla olvidada que hasta ese momento no había tenido cabida en las fuentes históricas oficiales.

"Viaje a la aldea del crimen" de Ramón J. Sénder nos demuestra la fortaleza del periodismo narrativo en 1934 sobre la represión de Casas Viejas en Cádiz. Los sucesos de Casas Viejas y efluvios posteriores legados de padres a hijos forman parte por derecho propio de la historia del pueblo andaluz.

…Jornaleros: España, loma a loma,
es de gañanes, pobres y braceros.
¡No permitáis que el rico se la coma,
jornaleros!.

Jornaleros, Miguel Hernández (Vientos del Pueblo, 1937).

Terminada nuestra ruta transitamos hasta Medina Sidonia en busca de la A-382 que transcurre por Arcos de la Frontera ubicando nuestro punto de mira en nuestro lugar de origen, la tierra de la Cal y del Flamenco ubicada en la frontera de nuestra esperanza.

Desde el Valle de la Sauceda, para el blog de mis culpas...




domingo, 8 de mayo de 2016

El corcho, legado de nuestros ancestros

http://www.entornoajerez.com
“…el cuadro más pintoresco una banda de arrieros atravesando por el paso de una montaña: primero se oyen los campanilleros, que turban con su monótono sonido el silencio de la elevada cumbre…”

Washington Irwing

…Transitando por el término de Medina Sidonia hasta llegar a Alcalá de los Gazules y Casas Viejas como puertas de entradas naturales hacia el Parque de los Alcornocales se observan los acebuchales que predominan hasta los 500 metros de altitud. 

Junto a la salida de Alcalá de los Gazules en dirección hacia el Puerto de Galis comenzamos a captar grandes cantidades de planchas de corcho y leña de acebuche, quejigo y chaparro como recursos de los que se nutren los habitantes de su entorno.



Inmediatamente la retina del recuerdo me proyecta imágenes de los antiguos carboneros grabadas en el alma de los pueblos cuyos fríos inviernos eran menos gélidos gracias a su trabajo vendiendo cisco picón de monte acompañado de su carro y su fiel acémila. Eran unos tiempos de hambre y miseria donde la mayoría de la población carecía de un trabajo estable teniéndose que buscar la vida vendiendo carbón, cogiendo espárragos, tagarninas, caracoles y un largo etcétera para sacar a su prole hacia adelante.

Como cantaba Johnny Ventura " el Carbonero": 

Como cansado buey de carretero, haciendo yunta con su propia vida, va tiznado de negro y cuesta arriba, voceando su carbón el carbonero. Lento, sucio, sudado y cabizbajo, con su saco en la espalda que lo inclina, el pobre carbonero así camina, monumento viviente del trabajo…

...Antes de que te vayas Carbonero, en las blancas paredes de la vida, escribe con carbón tu despedida, para que te recuerde el pueblo entero.


¡Que a ti el progreso te causó una herida!...

Los acebuchales van dejando de ejercer su influencia para dejar paso a los bosques de quejigos y alcornoques que van tomado el relevo a partir de los 700 metros de altitud en las zonas de umbría.

Una peculiaridad de los acebuchales consiste en que soportan perfectamente los encharcamientos como el agrietamiento de los suelos en la época estival. El acebuche como papel colonizador es fundamental.

La angostura de la sinuosa carretera que zigzaguea hasta el Puerto de Galis -como preámbulo de nuestra visita al “paraíso terrenal” que alberga la última selva jurásica del arco mediterráneo occidental- desemboca en “La Sauceda”, en el Parque Natural de los Alcornocales, donde nos da la impresión de que el tiempo se ha detenido. 

Un mundo perdido entre torrenteras, arroyos de aguas transparentes, quejigos y alcornoques cubiertos de musgos, líquenes y los rododendros que comienzan a florecer en la umbría del arroyo Pasadallana donde las ruedas de molinos como vestigio de la presencia humana nos acompañan a través de los senderos.



Detalle de la corteza del tronco del alcornoque

Los alcornocales son formaciones boscosas únicas en el mundo y exclusiva del mediterráneo occidental cuya característica más singular radica en la producción de una corteza de corcho inconfundible, que protege al alcornoque y a su tronco de los cambios climáticos, del fuego, de las plagas. Es digno de destacar su rápida capacidad para rebrotar. Los roquedales y alcornocales nos demuestran un magnífico ejemplo milenario como sistema de aprovechamiento agroforestal que viene desde tiempos remotos legados a través de generaciones. 



El alcornoque es la mejor especie arbórea para nuestro clima mediterráneo que se ha conservado desde tiempos ancestrales porque el ser humano le ha sacado provecho a su corteza por un lado y a su fruto “la bellota” para la alimentación del ganado porcino en la época de montanera. Un alcornoque sin descorchar soporta muy bien los incendios forestales.

Los habitantes del Parque Natural de los Alcornocales se han integrado perfectamente en su entorno natural (sierras y bosques) aprovechando los recursos naturales que le brindaban.

En primer lugar se produjo una intensa explotación de los bosques con fines navales al ser la madera del quejigo la más demandada para la flota naval española sin olvidar la fabricación de barriles, barricas y toneles al ser una madera muy apreciada por su calidad y dureza.

Los viejos toneles de madera han sido utilizados desde la Antigüedad como medio de transporte para el vino, cerveza, aceitunas, etc. Plinio el Viejo relata en su "Historia Natural" que algunas tribus germánicas recogen tablones curvos de madera que unen con aros de metal para crear la versión más antigua de barril de cerveza. Los romanos sustituyeron el ánfora por los toneles de madera para el transporte de mercancías pero con la Era de los Descubrimientos toma su máxima importancia hasta el punto de denominarse el término “tonelaje” como la capacidad de carga de los barcos o número de toneles que un barco podía transportar. Desde épocas remotas hasta no hace muchos lustros, la profesión de tonelero tuvo su esplendor y ha sido una profesión tradicional como la de alfarero, zapatero remendón, guarnicionero, etc...


Desde tiempos muy antiguos han existido actividades ligadas a los recursos naturales como la extracción de la madera y del corcho, la industria molinera, la caza, la extracción de miel, la recogida de hongos y setas, la explotación de la madera, la explotación ganadera, el carboneo que suministraba el carbón necesario a las poblaciones para calentarse en los fríos inviernos y como fuente de calor en los antiguos hornillos de cocina contribuyendo a mantener la buena salud de los montes eliminando los árboles viejos y enfermos junto con el ganado cabrío que limpiaba la maleza de los bosques sin olvidar la recogida de tagarninas, espárragos, caracoles, hierbas aromáticas y un largo etcétera. 



La leña de alcornoque, acebuche y quejigo se utilizaba para elaborar el carbón vegetal. El lentisco era destinado para la elaboración del cisco picón de monte, necesario para la calefacción. Los hornos de carbón vegetal reciben la denominación local de “boliche”. Pero será la industrialización la que intensifique la explotación masiva de madera y carbón hasta no hace muchos lustros hasta la aparición del gas butano. La madera fue muy utilizada para las traviesas del ferrocarril sustituidas por traviesas de hormigón.

El corcho es la corteza del alcornoque y la encina (Quercus suber). Cada año, crece una nueva peridermis formada por los anillos que crecen de dentro hacia fuera del alcornoque formando así la corteza del corcho, materia prima fundamental extraída de la capa superficial del alcornoque.

El proceso tradicional de la extracción del corcho en el Parque Natural de los Alcornocales genera una importante actividad económica bajo su zona de influencia con una superficie de 169.419 hectáreas y una población formada por 433.775 habitantes pertenecientes a los pueblos de Alcalá de los Gazules, Algar, Algeciras, Arcos de la Frontera, Benalup-Casas Viejas, Benaocaz, Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera, El Bosque, Jerez de la Frontera, Los Barrios, Medina Sidonia, Prado del Rey, San José del Valle, Tarifa y Ubrique en la provincia de Cádiz y Cortés de la Frontera en la provincia de Málaga.
Un número escrito en los troncos descorchados en el Parque Natural de los Alcornocales nos indica el año en que se realizó la extracción del corcho. Se usan como referencia para limitar la pela por sectores. El número coincide con el último dígito del año de descorche, entre el 0 al 9. El proceso de descorche se repite a partir de nueve años, incluso diez con la intención de obtener los mejores resultados. La extracción del corcho tiene lugar en la época estival (entre los meses de julio y septiembre), época en la que el alcornoque se encuentra en su máximo vigor vegetativo.

El corcho posee cualidades únicas e inigualables como la ligeresa, elasticidad, impermeabilidad, gran poder calorífico, fácilmente manejable, reciclable y resiste el paso del calor 30 veces superior a la del hormigón. Tiene bajo contenido en agua, lo que hace imposible la proliferación de microorganismos.

Cuando se extrae por primera vez el primer corcho extraído de los alcornoques jóvenes denominado «bornizo», la casca genera nuevas capas anuales hacia fuera y madera hacia dentro. El parámetro a medir es la circunferencia mayor de 60 cm. en el árbol. Es lo que denomina corcho primario. Si el proceso de saca se repite cada 9 años el corcho «secundario» va adquiriendo mayor calidad pero aún no es válido para la producción de tapones. Se denomina la barriga a parte interior de la plancha de corcho extraída y la corteza a la parte exterior.

En la tercera saca, cuando el árbol tiene entre 40 y 50 años se logra obtener el corcho con las propiedades adecuadas para la producción de tapones de calidad, al presentar una estructura mucho más regular con costados y bases lisas. Es el denominado “corcho amadia o de reproducción”. Es a partir de ese momento, cuando el alcornoque proporcionará cada 9 años corcho de buena calidad comprendiendo su explotación un promedio de 150 años,. El equivalente unas 14-15 sacas de corcho.


El descorche es un trabajo artesanal y delicado que genera una importante actividad económica absorbiendo mucha mano de obra. Comienza con la intervención de los “descorchadores”, que son profesionales y expertos trepadores que extraen las planchas de corcho de los alcornoques con sus herramientas artesanales como el hacha curvada que traza un corte recto y preciso sin llegar a tocar la madre del árbol. El corte no debe llegar nunca a la capa madre que tiene 2 cm. de espesor ya que la “cicatrización” sería dificultosa. La capa madre produce madera hacia adentro y el corcho en la parte exterior del alcornoque.

Para evitar daños a las diferentes nidadas -como por ejemplo las cigüeñas negras que utilizan los alcornoques-, las labores de descorche deben de tener en cuenta esta circunstancia.

Antiguamente los corcheros trabajaban de sol a sol volviendo a sus pueblos de origen durante la quincena, lo que se llamaba en lenguaje popular “la vestía” para reponer de provisiones sus “hatos”. El tradicional gazpacho o salmorejo, el puchero o el potaje eran los platos tradicionales en los almuerzos o cenas en el mundo rural.

Posteriormente introducen un palo largo de madera haciendo palanca para despegar el corcho del alcornoque. Una labor de maestros donde predomina la destreza que ha sido legado de padres a hijos desde tiempos muy antiguos. Un tradicional oficio que ha sido transmitido de padres a hijos. Se organiza estando o en cuadrillas compuestas por el capataz, descorchadores, recogedores, arrieros, el tradicional aguador y el transportista que lleva el corcho a la industria preparadora que selecciona, cuece, calibra y recorta los diversos paneles de corcho para su posterior transformación.

Foto: Antonio Pecino

Las reatas de acémilas -del árabe hisp. azzámila y del ár. clás. zámilah "bestia de carga"-, siguen siendo indispensables en el Parque Natural de los Alcornocales por la dificultosa orografía del terreno. El arriero es la persona que más horas trabaja al tener que madrugar para preparar las reatas de mulas que están compuestas de tres o cuatro animales con sus angarillas correspondientes, cargarlas ordenadamente las panas de corcho a granel para equilibrar el peso, atarlas con la maestría que otorga la solera de la experiencia y de ese modo, evitar que la carga se caiga. Cuando todos han terminado su faena, el arriero aún tiene que llevar la última carga a su destino, el patio de corchas, descargarla y posteriormente llevar la reata de mulos a lavarlos, darles de beber, comer y descansar para emprender al día siguiente una nueva y larga jornada laboral.

El papel de las mulas como animal de fuerza y resistencia es fundamental para transportar cargas de más de 200 kilogramos a través de los abruptos senderos y desfiladeros hasta llegar a un patio despejado de vegetación denominado “patio de corchas”, donde se deposita el corcho extraído del monte y se procede a su pesado -mediante la cabria-, clasificación y ordena para su secado. Antiguamente era normal hablar de quintales como unidad de peso, equivalente a 46 kg.

El tiempo de reposo de las planchas nunca debe ser inferior a los seis meses. Tras este periodo el corcho entra en la cadena industrial. Su posterior procesado consiste en su cocido, calibrado, recortado para convertirse en tapones de vino y champán, parqués, planchas en la construcción naval y aeroespacial, protectores de satélites artificiales, etcétera.

De la industria del corcho se aprovecha todo. El corcho de mejor calidad se dedica para la fabricación de tapones para la industria vinícola al permitir la transmisión de gases en el interior de la botella. Los tapones de corcho analizados organolépticamente benefician más al vino que los tapones sintéticos.

Es digno de destacar que el tapón de corcho tiene memoria elástica y en el interior de la botella empuja siempre. El corcho de menos calidad se destina a la industria del calzado y los desechos van destinados al aprovechamiento energético. El tapón de corcho de calidad otorga prestigio al buen vino.

El calibre del corcho se mide con un pie de línea aunque una buena referencia es la moneda de 1 euro. El corcho después de ser cocido gana 5 mm. de espesor.

Un bosque saneado asegura una producción de calidad. A partir de octubre se dedican las labores a desbrozar. Un serio problema para la gestión de los bosques alcornocales es la falta de regeneración por la pérdida progresiva de la masa alcornocal. Al ser el descorche una actividad estacional, a partir de octubre se dedican a las labores de desbrozar. Una nueva reorientación se dedica a la gestión de los alcornocales en la época de montanera, al aprovechamiento cinegético, al turismo natural sostenible, etc.

El Parque Natural de los Alcornocales produce un 50% del corcho de Andalucía y una cuarta parte del corcho nacional. España aporta el 30% de la producción mundial. El corcho de mejor calidad del Parque de los Alcornocales es destinado para la importante industria vinícola en forma de tapones.

Para hacernos una idea de lo que mueve esta industria, el sector corchero español produce 3.000 millones de tapones, de los cuales 1.300 millones se destinan a espumosos y 1.700 a los vinos. El corcho en la industria vinatera garantiza miles de jornales y el sostenimiento de nuestros bosques y dehesas como ecosistema. 

Existen dos procesos distintos para el tratamiento del corcho. El primero de ellos es el utilizado para la creación del tapón de corcho de las botellas. En este proceso, el corcho es hervido a 100 grados durante aproximadamente una hora, después se deja curar el corcho durante un año. Este corcho una vez curado se hierve una segunda vez, se corta en tiras y se perfora para crear los tapones.

En el segundo proceso el corcho de peor calidad y los restos de las planchas de buen corcho se limpian, trituran, aglutinan y prensan para obtener un aglomerado de corcho en muy diversas presentaciones: gránulos, planchas, rollos, barras, u otras formas geométricas. Su uso es variado, desde tapones de botellas de peor calidad hasta baldosas para pisos o techos, como material aislante, como junta de estanqueidad,  o en paneles acústicos, decorativos o para pinchar notas.

En la actualidad, el Parque de los Alcornocales es un Espacio Natural Protegido, que alberga la última selva jurásica del arco mediterráneo occidental.

El fenómeno de la seca y la desproporción entre alcornoques viejos y jóvenes también se manifiesta en un decaimiento general de las masas de alcornoques. Los alcornocales actúan como un auténtico muro frente al cambio climático y la desertización. La responsabilidad de conservar el Parque Natural de los Alcornocales nos afecta a todos.


El Parque Natural de los Alcornocales fue testigo del tránsito de bandoleros y arrieros durante el siglo XVIII y XIX por la antigua ruta de los almorávides y almohades como arterias importantes en las comunicaciones que desembocaban en la antigua Ronda musulmana y desde allí proseguir hasta la antigua Garnatha considerada la “Damasco de Occidente”.

Será denominado en el siglo XVIII “El camino inglés o la ruta romántica” entre los bellos paisajes abruptos de la Serranía de Ronda y Grazalema que se proyectan en nuestra imaginación. Personajes que la literatura popular convirtió de alguna manera en mitos como los bandoleros, contrabandistas, arrieros con sus faltriqueras, albardas, alforjas y mantas acompañados de las tradicionales reatas de mulas y recuas de borricos cargadas de fardos con productos que escaseaban en la Península como el tabaco, café, azúcar y telas -que no pagaban impuestos- atravesando peligrosos desfiladeros entre ríscos y senderos. 

El trabuco, pistolas y navajas en la faca, la bota de cuero con vino y agua pendiente del arzón, la manta en la tierra junto a las albardas que le servían como almohada bajo la noche estrellada entre Ronda y Gibraltar eran los compañeros inseparables en sus peligrosas rutas.

La ruta romántica llegó a ser considerada por los viajeros románticos de la época como una de las rutas históricas y literarias más hermosas e importantes de Europa transitaba entre Gibraltar y Ronda a través de Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera, Gaucín -Sair Guazan-, Benarrabá -de los Banu Rabbah-, Algatocín -de Al-Atusiyin-, Benalauría -de Ben al Auria-, Benadalid -de Ben-Addalid-, Atajate hasta llegar a la entrada de la antigua Ronda musulmana por la Puerta de Almocábar del árabe "al-maqabir" por encontrarse cerca del antiguo cementerio musulmán. Pero eso forma parte de otra interesante historia que compartiré con los amigos.

Desde el Valle de la Sauceda en la C-3331 transitamos hacia el Puerto de Galis en la A-375 con la venta como referente para proseguir por la A-373 hacia el Puerto de la Víbora en dirección a Ubrique. Desde allí ponemos nuestro punto de mira  hacia nuestro lugar de origen, la tierra de la cal y del flamenco ubicada en la frontera de nuestra propia esperanza.

Desde el Parque de los Alcornocales "La Sauceda" para el blog de mis culpas...



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