lunes, 18 de septiembre de 2017

El Tenazas de Morón. "Eso es cantar por derecho".


Nos decía hace unos años el cantaor flamenco local  Antonio Gallardo Gallego “El Niño Rosa” (1922-2021) en los "Jardines de La Carrera" de Morón que el cantaor jerezano Manuel Torres le puso a Diego Bermúdez Cala el nombre de  “Tenazas”  porque atenazaba muy bien los cantes y de ahí se le quedó el nombre artístico de Diego Bermúdez “El Tenazas”.



Breve introducción

Aunque el pasado 31 de octubre de 2015 no pude asistir por motivos laborales a la presentación del esperado libro sobre la vida de "El Tenazas de Morón" en la Peña Flamenca "El Gallo", escrito por nuestro paisano, amigo e investigador local Luis Javier Vázquez Morilla y cuyo acto cultural fuera presentado por el prestigioso flamencólogo Manuel Bohórquez, creo que es justo reconocer que Luís Javier Vázquez debe estar presente en el blog de mis culpas por derecho propio al rescatar de las páginas del olvido a importantes leyendas de la historia del flamenco. 


Luis Javier Vázquez Morilla, en la Peña Frasquito de Puente Genil

"Eso es cantar por derecho"

Esta fue la exclamación de Don Antonio Chacón, el “Emperador del cante”, cuando en la ronda preliminar del concurso de Cante Jondo, celebrado en Granada en 1922, escuchó a un viejecillo interpretar las añejas seguiriyas de Silverio, cante perdido en el tiempo. Poco se sabía de aquel anciano, salvo que era de Morón, la tierra de donde se creía era natural Silverio Franconetti, y se rumoreaba que había hecho el camino andando desde Puente Genil.

El vejete conmovió en Granada a organizadores, artistas y público. El halo de sus cantes, junto a su propia figura, envolvió los aledaños de la Alhambra con un sentimiento turbador y nostálgico, evocación de una época que ya no volvería.

Diego Bermúdez Cala alcanzó en el certamen granadino una merecida fama. Pero su gloria fue tan efímera como lo fueron las hojas de los almanaques de los meses siguientes. Incluso el concurso cayó en el olvido.

Se aproxima el centenario de la celebración de aquel concurso e incomprensiblemente “Tenazas” sigue siendo un gran desconocido pero su figura se ha mitificado. Poco podía imaginar Diego Bermúdez que los laureles de aquel certamen lo inmortalizarían.

Luis Javier Vázquez Morilla ha realizado con su libro “El Tenazas de Morón. Eso es cantar por derecho", un magnífico trabajo que otorga auténtica justicia a Diego Bermúdez Cala, ganador por méritos propios del ya mítico Concurso de Cante Jondo celebrado en Granada en 1922 con organizadores de la enorme talla como Federico García Lorca, Manuel de Falla o Andrés Segovia entre otros.

Con esta obra de nuestro paisano local el escritor Luis Javier Vázquez Morilla nos introduce en una grata y amena lectura [como si de un túnel el tiempo se tratara], sobre la figura de Diego Bermúdez Cala “El Tenazas”, rescatando del ingrato olvido a toda una leyenda del cante flamenco.


El 5 de marzo de 1852 a las 3 de la tarde nace en la calle Espíritu Santo Diego Bermúdez Cala “Tenazas de Morón”. Las necesidades acuciaban y su obligación como hijo mayor pasaba por ayudar a los suyos. Pronto comprendería el joven Diego Bermúdez que ganarse el pan faenando en la tierra andaluza le proporcionaba miseria y penalidades.

Diego empezó escuchando a “La Andonda” y a su compañero “Fillo hijo”, personajes más señeros de la escena flamenca local de aquella época. Diego debió de tener sus primeros contactos con el flamenco sobre 1864 cuando Silverio vino de Sudamérica. Es posible que le escuchara en alguna fiesta o celebración familiar.

Diego se reivindicó como discípulo de Silverio durante el Concurso de Cante Jondo de Granada, interpretando los cantes atribuidos al cantaor de la Alfalfa, al que consideraba “el mejor de todas las Españas”.

No podemos olvidar que el centro del cante en aquellos tiempos lo tenía Silverio Franconetti compaginando su labor artística con la empresarial, abriendo un café cantante en la Campana sevillana, en el número 1 de la calle Tarifa. “Tenazas” llegó a actuar en el café del propio Silverio.

Herido en su amor propio decide abandonar el tablao e incluso estuvo a punto de perder la vida en una reyerta por líos mujeriegos. Sufrió una gravísima herida en un pulmón que llegaría a perder, de manera que tuvo que retirarse del cante. Dicho rumor ya corría por la ciudad nazarí durante la celebración del Concurso de 1922, haciéndose eco del mismo la prensa.

A partir de ahora volvería de nuevo como bracero de cortijo a cortijo y de hacienda en hacienda, con la siembra, la siega, la recolección, la poda, la limpieza de los campos, la recogida de leña…serían sus faenas, cuando las hubiese. En el futuro reconocería que no quería el campo ni en fotografía ya que había sufrido mucho.


Retrato del "Tenazas"
Alejandro Pérez Morilla 2021
Fondo documental de Luís J. Vázquez Morilla

Diego Bermúdez Cala con 29 años contrajo matrimonio con Rosario Bellido González de 24 años el lunes 31 de octubre de 1881 en la Parroquia de San Miguel, el mismo templo donde ambos habían recibido el bautismo hacía más de dos décadas. Diego carecía de formación alguna, pues a la hora de estampar su firma “dijo no saber”.

El 4 de abril de 1889 nacería su primogénita Rosario. El 29 de marzo de 1882 muere en París el moronense Antonio Ramos de Meneses, Duque de Baños y Jefe de la Casa del Rey Francisco de Asís Borbón, padre de Alfonso XII.

Las penurias no le eran ajenas a Diego. Para ahorrarse algunos reales en el alquiler de su morada seguía cambiando con regularidad de domicilio. En Morón el hambre llama con fuerza a la puerta de los más humildes, que en agosto de 1893 se levantaron contra el aumento del precio del pan. Esa era la espantosa realidad en la que se encontraban sumergidos los braceros como Diego Bermúdez.

A estas alturas de siglo el flamenco era un arte reconocido y consolidado. En el año 1886 cantaba Chacón en el café de Silverio y Francisco Lema “Fosforito” en el café del Burrero. Los mejores intérpretes de flamenco desfilaban por los principales teatros y cafés cantantes de las principales ciudades andaluzas.

El guitarrista Pepe Mesa de Morón tuvo dos alumnos allá por 1895: Fernando Villalón y Pepe Naranjo.

Antonio de Morón “El Niño de Morón” compartió escenario con las primeras figuras del cante siendo el primer hijo del pueblo de la cal que impresionó su voz.

El sábado 8 de septiembre de 1894 los restos de Rosario Bellido recibieron cristiana sepultura en el cementerio de la Santísima Trinidad de Morón. Diego tuvo que ingerir al amargo trago de la muerte de la mujer de su vida. Después de aquella tragedia familiar con una niña de 5 años y un bebé de siete meses fijaría su domicilio Diego en la calle Ponce número 27. Su padre Cristóbal que vivía en el 47 de la calle Jerez Alta murió la tarde del 19 de mayo de 1898.

Diego Bermúdez “El Tenazas” con 50 años trabajaría como criado para los tíos del guitarrista Andrés Segovia en Villacarrillo.

“Tenazas” buscó resguardo en una fonda ajustada a sus recursos, la posada de Joaquina del Callejón Alto del barrio de Miragenil. Mientras tanto en las Cuevas del Castillo vivían las familias más desfavorecidas de la ciudad. El ya anciano Bermúdez era pobre. A pesar de trabajar de sol a sol, echando el resto en sembrados y zahúrdas, la miseria seguía envolviendo su vida, traspasando los límites de la legalidad para esquivar el hambre. Por fortuna existía en Puente Genil un ambiente propicio para que el moronense desplegara su cante, ya fuese en la taberna de “La Pava” o en la de ”El Seco”, encontrando Diego a pudientes dispuestos a recompensar con unas monedas su derroche de arte.



Pero antes de la primavera de 1922 Diego tuvo la noticia de que en Granada se iba a celebrar un gran concurso de cante, dotado con importantes premios en metálico.

La magia de lo flamenco cautivó al joven Garcia Lorca, que en verano de 1921 le escribía a su amigo Adolfo Salazar:

“Estoy aprendiendo a tocar la guitarra. Me parece que lo flamenco es una de las creaciones más gigantescas del pueblo español”.

Manuel de Falla ejerció una notable influencia sobre los tertulianos. Consideraba que el cante grande solo era la soleá, la siguiriya, el martinete, la debla, la caña y los polos; pero que la granadina, la malagueña, los fandangos o las alegrías no eran más que una degeneración del cante…

Bajo estas premisas algunos miembros del grupo volcaron todas sus inquietudes en la organización de un Concurso de Cante Jondo del año 1922. Manuel de Falla se puso manos a la obra. El certamen habría de celebrarse durante las Fiestas del Corpus de 1922. Fue por ello que el 31 de diciembre de 1921 se cursó la solicitud de una subvención no inferior a 12.000 pesetas por mediación del Centro Artístico de Granada, que sería “el encargado de recibirla y administrarla”. Firmaron con su rúbrica más de veinte destacadas personalidades de la vida artística y cultural española, entre ellos Fernando de los Ríos, Juan Ramón Jiménez, Ramón Pérez de Ayala, Hermenegildo Giner de los Ríos, Joaquín Turina, Falla y Lorca, entre otros. El compositor gaditano Manuel de Falla fue el principal impulsor del evento. El 13 de enero de 1922 Falla le enviaba una carta al pintor Ignacio Zuloaga, al que conocía de su etapa parisina, y le daba cuenta de la iniciativa que se estaba fraguando, solicitándole su apoyo. La respuesta del artista vasco no se hizo esperar dando mil pesetas a la mejor siguiriya gitana que se cante.

El propósito del certamen no era otro que conseguir la revaloración del arte flamenco entre disertaciones, publicaciones, recitales de guitarra e incluso la creación de una escuela de cante. Así el 19 de febrero de 1921 Lorca pronunciaba en el Centro Artístico una conferencia titulada “Importancia histórica y artística del primitivo canto andaluz llamado cante jondo”. 

El 22 de marzo confirmaría el consistorio granadino la subvención requerida. Uno de los objetivos que se marcaron los organizadores como prioritario, conforme al espíritu que los alentaba, fue el de rescatar de las catacumbas del anonimato a viejos intérpretes que hubiesen salvaguardado primitivas formas. Se había establecido una cláusula que impedía la participación a profesionales mayores de 21 años, lo que causó no poca polémica. La tarea más importante era la de localizar a gente que conociera viejos cantes en toda su pureza. Se optó por recurrir a los profesionales de la talla de Ramón Montoya, Manuel Torre, La Macarrona o Manuel Pavón, no como concursantes, sino como artistas invitados. Poco a poco la expectación fue en aumento y se recibían inscripciones de Jerez, Sanlúcar y Sevilla.

Durante las semanas previas al concurso se sucedieron los actos culturales de promoción. Zuloaga realizó una exposición de veinticinco de sus cuadros en el Museo de Antigüedades de Meersman y Andrés Segovia ofreció diversos recitales de guitarra. El día 7 de junio en la sala del hotel “Alhambra Palace” pulsaron las cuerdas de su sonanta Manuel Jofré y Andrés Segovia, en tanto que la oratoria corrió a cargo de las voces de Antonio Gallego Burín, que leyó el ensayo de Falla titulado “El Cante Jondo (Canto Primitivo Andaluz)”, y de Federico García Lorca, que triunfó recitando “el poema de los paisajes”.

Días antes del comienzo del certamen ya se encontraban en Granada muchos corresponsales de medios nacionales y extranjeros, así como escritores, músicos y otros notables del panorama cultural español y europeo. En los pueblos se aireaba con orgullo la partida de sus paisanos para intervenir en el certamen.

Diego Bermúdez también se encontraba presto para partir a la ciudad nazarí. Tenía la legítima ambición de un veterano cantaor. Los amigos del cante creyeron en Diego Bermúdez y no permitieron que aquel anciano emprendiese el camino a pie, ni tampoco que acudiese con los ropajes de un porquero. José Bedmar “El Seco” propuso que se realizase una colecta popular para costear el viaje y la estancia del cantaor en Granada. El pueblo de Puente Genil respaldó con generosidad la iniciativa, reuniendo los fondos necesarios para acicalar a Dieguito. De esta manera el de Morón pudo dejar atrás la piara de cerdos, y ahora, vestido con ropaje decente, se subió al vagón del ferrocarril con destino a Granada en busca de la gloria.


El Tenazas  y los organizadores del Cante Jondo de Granada (1.922)
 (Caricatura)  López Sancho


En los días de las pruebas en el patio de la Casa de Angelito Barrios, de pronto, y como un trallazo, se oyó un largo grito o lamento tremendo que nos dejó asombrados de emoción por su grandeza y fuerza. Era una soleá estremecedora del “Tenazas”. El miembro más experto del jurado era un viejo cantaor que se llamaba Antonio Chacón que exclamó: “Este es el hombre que estábamos esperando”. Cuando terminó de cantar unas seguiriyas y los cantes de Silverio, respondió Antonio Chacón tajante: 

“Eso es cantar por derecho”

Antonio Chacón le manifestó entusiasmado al “Tenazas” que era el mejor cantaor que había oído en su vida. Falla y Zuloaga estaban extasiados. El viejo Bermúdez resultó que había sido compañero del famoso Silverio, la figura suprema del cante, cuyo nombre veneran con respeto los entendidos. El hallazgo había sido inesperado. Zuloaga dice que es como descubrir un Greco en una iglesia perdida. La célebre siguiriya 31 y las Cabales de Silverio, el califa del cante.

Queda patente la vinculación de “Tenazas” con el venerado Silverio Franconetti. El “Tenazas” causó conmoción y empezaba a corroborarse su victoria. Otra noticia que contribuyó a magnificar su figura fue que había llegado andando desde Puente Genil, pues era tan pobre que no tenía ni para comprar el billete del tren. Esta creencia se dio por cierta.

El Certamen se celebró en la Plaza de los Aljibes a las 22,30 de la noche aquel martes 13 de junio de 1922 la primera sección del concurso del Cante Jondo. Más de cuatro mil personas se congregaron en el recinto de la Alhambra para presenciar el evento. Ramón Gómez de la Serna, pronunció su alocución inaugural y sin más preámbulos llegó el cante.

El primero en abrir fue el cantaor de Linares Juan Soler, apodado “El Pescadero”, acompañado por José Cortés destacó por seguiriyas. A continuación un niño sevillano de 12 años llamado Manuel Ortega Juárez, hijo de “Caracol el del Bulto” acompañado por la sonanta del “Niño de Huelva”, que lo acompañó por seguiriyas y cantó por saetas. La niña granadina Carmen Salinas acompañada por Ramón Montoya, interpretó seguiriyas y soleares a la que siguió otro artista local, Francisco Gálvez “Frasquito Yerbabuena”, que llevado por la guitarra de Cuéllar agradó por soleares.

Entonces le llegó el turno al viejo “Tenazas” acompañado por Montoya. Inició el concurso entonando una “caña” con mucho brillo y una voz fresca y entonada asombrando en sus seguidillas con tendencias a carceleras, soleares y polos, que constituyen la más difícil manifestación del “cante jondo”.

Los corresponsales de medios extranjeros dieron cuenta de lo acontecido en el gran patio de la Alhambra. Falla. Zuloaga, Chacón, Lorca y Segovia estaban maravillados.

En la segunda parte Diego cantó una caña y luego apeló a los cabales de Silverio.



En la ciudad de Granada a 15 de junio de 1922.

SECCIÓN PRIMERA -SIGUIRIYAS GITANAS-

Primer premio dotado por Ignacio Zuloaga con 1.000 pesetas a don Diego Bermúdez Cala, natural de Morón, de 68 años de edad.

SECCIÓN SEGUNDA -SERRANAS, POLOS, CAÑAS Y SOLEARES-

Primer premio dotado con 1.000 pesetas se adjudica a don Diego Bermúdez Cala.

Es incuestionable que Diego Bermúdez ganó en Granada un primer premio extraordinario y otro primer premio, mientras que Manuel Ortega “Caracol” solo alcanzó uno extraordinario dotado con 1.000 pesetas.

La organización del concurso destacó que había vendido “más de 30.000 pesetas de entradas”, detalle que no pasaron por alto los promotores de espectáculos, que vieron en el cante jondo una buena fuente de ingresos, con el reclamo de los artistas premiados en Granada, dirigiendo sus miradas al viejo Bermúdez, del que se había rumoreado que fijaría su residencia en Granada, donde quedaría como profesor de la escuela de cante. Pero lo que es verdad es que a Diego pronto comenzaron a llegarle jugosas ofertas, que lógicamente no pudo rechazar. Diego estaba en el candelero. Todos querían escucharlo, desde la aristocracia hasta el pueblo llano, desde los aficionados de la capital hasta los de los pueblos. El debut de Diego en Madrid se produjo el 6 de agosto. 1.200 localidades a 5 pesetas la silla.

Diego Bermúdez Cala “Tenazas” estaba envuelto ya para siempre con el manto de su gesta granadina actuando en Morón para la feria los días 25, 26 y 27 de septiembre. Tenazas volvía a la tierra que meció su cuna, de la que partió entre tinieblas y a la que ahora regresaba convertido en un héroe.

El “Tenazas” era primo de Cristóbal Bermúdez Plata, nombrado en 1926 "Director del Archivo de Indias" cuyos padres se llamaban Diego Bermúdez Cala y Rosario Plata Nieto.

En cuanto al flamenco, Morón contaba en aquella década de los 20 con el “Canela”, “Niño del Matadero”, “Gonzalo de las Tinajas”, “Niño Fajardo”, Luis Torres “Joselero”, “Manolillo el Gitano” o “El Palero”, entre otros.

Pero de todos los aficionados locales, quien verdaderamente destacaba era el guitarrista Pepe Naranjo, el más influyente en la esfera flamenca moronera. Pepe tocaba cuando y para quien quería. Se cuenta como leyenda que se negó a acudir a la finca de Arenales para tocar ante la reina Victoria Eugenia, con motivo de una tienta con que la soberana fue obsequiada por el conde de la Maza.

En el devenir flamenco de Morón llega a la ciudad en 1920 la familia formada por Juan Amaya Cortés y Bárbara Flores Flores procedente de la serranía de Ronda con los aires de los Negros de Ronda que mecen la enseña flamenca. El segundo de sus hijos, el tocaor José Amaya “Niño del Gastor” (Grazalema, 1894) ya residía en la ciudad integrándose en el pueblo rápidamente. Otros varones del clan, Diego (Arriate, 1908), que tomará el mismo nombre artístico que su hermano mayor y que con el paso del tiempo se convertirá en el aclamado Diego del Gastor, icono referencial no solo del flamenco moronense, sino de la propia guitarra flamenca, al que completó su enseñanza su hermano Pepe y Pepe Naranjo.

Posiblemente el “Viejo Bermúdez” se toparía por las calles de Morón con su tocayo Diego. Nuevamente “Tenazas” va a Madrid donde habría de inmortalizar sus cantes para la Casa Odeón. La casa fonográfica aceptó los ruegos de Falla, haciéndole llegar a Bermúdez una propuesta irrechazable: grabaría seis cantes a razón de 1.000 pesetas cada uno. Diego aceptó la proposición.

“Antes, de sol a sol, cobraba tres pesetas; después, por impresionar una placa fonográfica, por cantar tres minutos, me daban 1.000 pesetas. Impresioné seis para la casa Ondeón. ¡Seis mil pesetas!”.

El 23 de diciembre del año 1922 Diego comenzó a registrar sus cantes en Madrid, siendo su guitarrista el “Hijo de Salvador”. Siguiendo las instrucciones de Falla el de Morón impresionó los siguientes estilos: Caña, Soleares, Soleares de Paquirri, Martinetes, Siguiriyas Gitanas de Silverio y Serranas.


[Fondo documental de Luís J. Vázquez Morilla, investigador flamenco de Morón]

En 1972 la Casa de discos BELTER saca un LP en el 50º Aniversario del Concurso de Cante Jondo 1922-1972 con una seguiriya (popular) y Caña (Popular).

La Casa EMI-ONDEON hace lo propio en homenaje al Concurso de Cante Jondo, Granada. Corpus de 1922. Premio Zuloaga. Organizado por el maestro Falla. Diego Bermúdez Cala con acompañamiento de guitarra.

Tanto la “antigua caña” como la “Caña del Fillo” fueron estilos que Silverio Franconetti interpretó con profusión tras su regreso de Sudamérica, si bien el astro de la Alfalfa terminaría estampando su impronta a este cante. Bermúdez y el “Fillo hijo” coincidieron durante alguna etapa de su vida en Morón.

El martinete que Diego registró en pizarra era igualmente conocido como “carcelera”, que no es sino una toná interpretada en tono mayor que adquirió su particular marchamo en el hábitat de las fraguas de los Puertos, Jerez de la Frontera y Triana.

En las bases del concurso de Granada de 1922 los “martinetes-carceleras” figuraban en la tercera sección del programa junto a otros cantes que se interpretan sin acompañamiento: tonás, livianas y saetas viejas. “Tenazas” asombró al auditorio en sus seguidillas con tendencias a carceleras. Su temática apunta a los puertos gaditanos y otras coplas versan sobre las desgracias y penalidades de los presos.

Las "carceleras" no dejan de ser unos martinetes pero con letras abusivas a temas carcelarios. Las siguiriyas gitanas de Silverio no son otras que sus famosas cabales, las mismas con las que “Tenazas” asombró a Antonio Chacón en las pruebas de selección el concurso.

La tradición oral señala a Silverio Franconetti como el gran moldeador de las cabales, si no su creador. Tras impresionar los discos Diego Bermúdez regresó nuevamente a Morón estableciéndose la calle Llanete. Llegada la primavera de 1923 comenzaron a comercializarse los discos grabados por Diego Bermúdez de Morón “Tenazas” de setenta años por la Casa Odeón.

En 1923 los discos de pizarra de 78 rpm eran artículos de lujo, y no digamos los gramófonos, así que imaginamos que fueron pocos los paisanos de Diego que se acercaron para adquirirlos hasta Piazza Hermanos, en la Plaza de San Fernando, que era el comercio que los distribuía en Sevilla. Los aficionados moronenses tendrían la ocasión de escuchar de viva voz aquellos cantes, pues cuentan que Diego Bermúdez “Tenazas”, el coloso y decano del cante “jondo” solía prodigarse por las tabernas del pueblo, como la de Joaquín Ramos, Diego Alemán, José Barrera, “El Disloque” o tantas otras en las que los parroquianos gustaban del flamenco, que en la tierra de la cal siempre se acompañaron los quejíos al compás de los nudillos sobre una barra tasquera.

Desde la celebración del certamen de cante jondo, la figura del “Viejo Bermúdez” no había caído en el olvido. Con 73 años a cuestas Diego había llegado al poniente de su existencia. La mirada al pasado contemplaba una vida marcada por duros años de trabajo y aciagos episodios, aunque también un lustro de libertad y momentos de gloria. Muchos cruces de camino quedaron atrás, ahora sólo restaba la inevitable recta final. El anciano Bermúdez decide enfilarla desde Puente Genil, la tierra que hacía años lo acogió como a uno de los suyos y a la que siempre llevó en su corazón.

La posada de Campos terminó convirtiéndose en una especie de templo para los más cabales, que acudían prestos a su altar para conversar con “Tenazas” y empaparse de sus cantes. Entre ellos, “El Seco” y el afamado Cayetano Muriel “Niño de Cabra”. Así fueron sucediéndose los meses, en una bendita rutina. 

Francisco Ayala Morales (1918-2003) uno de los primigenios promotores del Gazpacho Andaluz de Morón, emplazaba a “Tenazas” como espectador de lujo en un concurso de cante celebrado en la Alameda moronense en 1927 “Teatro de Verano de Pascual”. En este envite artístico obtuvo un premio el joven cantaor Luis Torres “Joselero” (1910-1985).

Por aquellas fechas un joven escritor de Puente Genil Joaquín García Hidalgo realizó un reportaje a “Tenazas” abarcando dos páginas en el “Heraldo de Madrid”. Corrían los tiempos de la Ópera Flamenca denominándose así a partir de 1927 para pagar menos al fisco (3%) mientras que las variedades tributaban al 10%. La etapa de la Ópera Flamenca se alargaría hasta comienzos de los años cincuenta destacando el inigualable José Tejada “Niño de Marchena”. Artistas como Antonio Chacón, Manuel Torre o la “Niña de los Peines” también cosecharon triunfos.

Diego llegó a Madrid para cantar el 14 de septiembre de 1928 pero ya no era el mismo. Diego profesaba fervor a don Antonio Chacón “El Pontífice del cante” que murió el 21 de enero de 1929. Perdía el flamenco a uno de los mejores cantaores que jamás hayan existido. Un cantaor enciclopédico, renovador y creador con portentosas facultades que embelesaron incluso al propio Silverio.

El “Niño Rosa” desempolva los recuerdos sobre la última estancia del “Tenazas en Morón” en las postrimerías de la década de los veinte en una bodega situada entre la Calzadilla y los Caños “La Viña de Mariano”.

“Tenazas”, viendo cercano su fin, quiso recompensar los desvelos de la familia Campos en Puente Genil y le entregó uno de los dos tesoros que consiguió en Granada, el diploma que acreditaba su triunfo en la segunda sección del concurso. Francisco Campos, nieto del posadero, conserva como oro en paño esta reliquia del arte flamenco. 

El Miércoles Santo, 12 de abril de 1933, cantó “Tenazas” una saeta de circunstancias al Humilde en la Nave del Templo.¡Como lloraba la gente!. Estas fueron las dos últimas saetas de Dieguito con 83 años (11 años después de la noche triunfal de Granada)

A las cuatro de la tarde del 10 de noviembre de 1933 cerraba para siempre sus ojos Diego Bermúdez Cala “Tenazas”, el guardián de cochinos que en 1922, en la colina roja de Granada, pasó a la posteridad como custodio del cante flamenco.

Epílogo

Diego falleció tan pobre que ni un nicho pudo acoger sus restos, que tras un entierro de caridad fueron arrojados a una fosa común. Su vida y su obra merecieron un adiós más digno. Allí quedó enterrado su cuerpo pero no su recuerdo. Su diploma se convirtió en objeto de veneración en “La Rana”, el bodegón de Francisco Campos.


La afición de Morón tampoco se olvidó de Diego Bermúdez Calas “Tenazas”. El 22 de agosto de 1964 se tributó a su memoria el II Gazpacho Andaluz glosando su figura Rafael Belmonte, haciendo especial hincapié en los arcaicos estilos con los que triunfó en el certamen de Granada. 

El 3 de julio de 1993, la moronera peña Flamenca de Montegil le dedicó el II Festival Flamenco La Cal de Morón, acto que contó con la asistencia de algunos de los descendientes del cantaor.

Los cantes del “Tenazas” siempre han figurado en toda antología flamenca que se precie. En 1972, con ocasión del cincuentenario del concurso de Granada, se reeditaron en Granada una serie de actividades que incluyeron la redición en discos de vinilo de los cantes de “Tenazas”.

El 14 de agosto de 2008, con motivo del 75 aniversario de su fallecimiento, el ayuntamiento de Puente Genil dedicó a su memoria la XLII edición del Festival de Cante Grande “Fosforito”. La Tertulia Flamenca “El Gallo” y la Peña Flamenca Montegil de Morón se sumaron a la dedicatoria.

Aquel verano el nombre de Diego apareció en los medios gracias a la iniciativa tomada por el Archivo Manuel de Falla, que ideó unas audio-guías musicales para recorrer la Alhambra de Granada. 

Las seguiriyas gitanas del “Tenazas de Morón” fueron el soporte musical escogido para visitar la Plaza de los Aljibes, la vetusta explanada donde comenzó a fraguarse su leyenda dos mágicas noches de junio de 1922.


Con el autor del libro Luis Vázquez junto al Niño Rosa y el cantaor flamenco local Diego Valle, en Retamares.

P.D. 19/10/2022 CONFERENCIA EN EL ARCHIVO MUNICIPAL DE MORÓN DE LA FRONTERA

“CIEN AÑOS DEL TRIUNFO DEL TENAZAS DE MORÓN EN EL CONCURSO DE CANTE JONDO DE GRANADA (1922-2022)” POR LUIS JAVIER VÁZQUEZ MORILLA


Conferencia en el Archivo Municipal 19 de octubre de 2022


Luís Vázquez con dos descendientes de Diego Bérmudez Cala "El Tenazas"
Sus biznietas Isabel Bermúdez Cortés y Ana Sánchez Bermúdez


 Feria de septiembre 1922. Caseta del Casino Mercantil. 
Al cante, Diego Bermúdez Cala "El Tenazas" acompañado a la guitarra del "Niño Ricardo"
[Fondo documental de Luís J. Vázquez Morilla, investigador flamenco de Morón]


Mapping navideño 23 de diciembre de 2022 [Ayuntamiento de Morón de la Frontera]

El Tenazas a la izquierda, Diego del Gastor en el centro y Silverio Franconetti a la derecha

sábado, 2 de septiembre de 2017

Visita al Teatro Romano de Cádiz



Gades, gracias a la intrepidez de sus habitantes en las costas del mar. Ha experimentado un tal incremento de la fortuna de todo orden que,a pesar de alzarse en el extremo de las tierrases la más famosa de todas las islas.
Estrabón III, 1,8




Breve introducción

La victoria romana en el 206 a.C. en la batalla de Ilipa (Alcalá del Río) supuso el final de la Segunda Guerra Púnica y la expulsión definitiva de los cartagineses de Hispania. Gracias a la victoria de Publio Cornelio Escipión Emiliano “El Africano” en la Segunda Guerra Púnica el Imperio Romano comienza a llamar al Mar Mediterráneo “Mare Nostrum”, anteriormente denominado “Mar Medi Terraneum”.

Con la firma de un pacto o foedus, la Gadir fenicio-púnica -la actual Cádiz- abrió sus puertas a los ejércitos romanos, manteniendo su organización administrativa a cambio de contraprestaciones económicas y de un compromiso de alianza. Su estatus de ciudad federada le eximía de pagar el “stipendium” y le permitía mantener sus costumbres, instituciones e idiosincrasia particulares, así como su capacidad para legislar, acuñar moneda y comercializar con entera libertad. Desde estos momentos la acción de Roma fue imparable, y aunque tuvo que vencer la resistencia de numerosos pueblos consiguió su propósito de doblegar a cántabros y astures. Durante el reinado de Augusto, en el año 19 a.C., se inició un periodo de paz, la “Pax Augusta”, que significó la integración plena de Hispania en la órbita romana.

La actual provincia de Cádiz era una parte de la circunscripción administrativa del “conventus” gaditano, que abarca la mayor parte de la zona costera de la provincia de la Bética. que estaba a su vez dividida en cuatro conventos jurídicos, cuyas capitales eran Corduba (Córdoba), Astigi (Écija), Hispalis (Sevilla) y Gades (Cádiz). Baelo Claudia formaba parte de la provincia Bética.

Además de Cádiz, los núcleos de población más importantes fueron Abdera (Adra), Sexi (Almuñécar), Malaca (Málaga) o Hasta Regia (cerca de Jerez de la Frontera).





Nos dicen las páginas de la historia que Julio César comenzó en el 69 a.C. en la Bética Romana “Hispania Ulterior” con su capital en la antigua Corduba romana con el primer cargo de cuestor con la misión de ocuparse de los asuntos económicos asistiendo a los gobernadores de provincias en la alimentación de las tropas, pagadurías, etcétera. 

Julio César tuvo que recorrer periódicamente amplios territorios para administrar justicia. De esta forma, conocerá importantes ciudades de la época como la antigua Corduba (Córdoba), Hispalis (Sevilla), Astigi (Écija) o Gades (Cádiz), considerada por entonces como el límite del mundo conocido. 

La antigua Gades poseía importantes oráculos como el de Melqart-Hércules, en lo que hoy es Sancti Petri en Chiclana de la Frontera, que llegó a ser un importante centro de peregrinación para filósofos e historiadores, taumaturgos “que practican la santería y la magia” e incluso personajes públicos como el cartaginés Anibal o los romanos Fabio Máximo o el mismo Julio César que acudían para rogara los dioses la protección y prestigio en sus campañas militares o la protección en el viaje de regreso a la capital del Imperio "Roma" a cinco días de navegación desde Gades.

Al santuario de Melqart dedicado al “dios del sol y de la navegación” iban los fieles para pedir un feliz viaje de regreso o dar las gracias por haber llegado hasta allí sanos y salvos.

Para César era una visita obligada, pues admiraba tanto a Alejandro como a Hércules, identificado en Cádiz con Melqart. El héroe griego Heracles –llamado Hércules por los romanos– había llegado a ese extremo occidental del mundo que era Cádiz, y había fundado las míticas columnas que llevan su nombre, una a cada lado del estrecho de Gibraltar, más allá del cual sólo había un abismo insondable. Tanto Pompeyo como el propio César, inspirados por las hazañas de Alejandro, albergaban claras tendencias hacia un poder personal.

César decide volver a Roma el año 68 a.C. y en el 61 vuelve a la Hispania Ulterior como gobernador “propretor”, obteniendo éxitos militares en Lusitania gracias a Balbo. Deroga en Cádiz las consideradas “leyes bárbaras” y tras cerca de dos años regresa al corazón de la República de Roma donde se disputaban el poder dos facciones políticas, entre intrigas y conjuras. César se marcha a las Galias con su amigo y confidente Balbo y pone pie en Britania. Las hostilidades entre Pompeyo y César estallan en el 49 a.C. y César se encuentra ante el dilema de levantarse en armas contra el gobierno de Roma “cruzar el Rubicón”. 

César otorga a los gaditanos en el 49 a.C. la plena ciudadanía romana. Pero Julio César será asesinado el 15 de marzo del 44 a.C.



Óleo de Federico Godoy (1894) "César visita el templo de Cádiz".


En el subsuelo del Barrio del Pópulo -que conserva en sus calles el antiguo trazado medieval-, se localiza el teatro romano. Coincide con el área delimitada por el recinto fortificado de la antigua villa medieval cuyo perímetro amurallado podía percibirse en su totalidad a comienzos del siglo XVI, diferenciándose con claridad la villa de los arrabales. 

El conjunto defensivo, de origen islámico, será reconstruido en el siglo XIII por Alfonso X tras la conquista castellana. Un texto musulmán cita al “Castillo del Teatro” como recuerdo del teatro romano que será abandonado en el siglo IV a.C. y sobre sus ruinas los musulmanes edificaron una alcazaba. En 1467 el Marqués de Cádiz reedificó la fortaleza. Muchas gradas del teatro han desaparecido por la acción del tiempo y del mar.

Durante el proceso de unas prospecciones arqueológicas en el año 1980 para delimitar al área ocupada por la fortificación medieval de Cádiz, se identificó con el teatro romano una galería subterránea de trazado semicircular. Fue un gran descubrimiento para la historia de la ciudad y a partir de entonces de inició el proceso de intervenciones que han permitido sacar a la luz una parte importante de su estructura. Pero vamos a conocer un poco de su historia.

El teatro y las termas eran lugares importantes para la reunión y ostentación social. Las estatuas e inscripciones eran muy abundantes en las ciudades romanas. Los altos cargos especialmente, los emperadores y su familia eran retratados para presidir o adornar con sus imágenes los Templos, Foros y Basílicas. La figura colosal de Trajano procede de la Basílica de Baelo Claudia y representa al primer emperador de origen hispano vestido con toga y apoyado en el cuerno de la abundancia. 

Las fuentes nos hablan repetidamente de la importancia del Puerto Gaditano, de la regularidad de los viajes de Gades a Ostia (el puerto de Roma) cuyo trayecto se recorría en nueve días. También nos refieren la frecuencia de la relación comercial con el norte de África. Estrabón nos recuerda que la población gaditana permanecía en el mar más tiempo que en tierra firme.

Toda esta actividad productiva se canalizaba a través de una red de comunicaciones terrestres, fluviales y marítimas. Éstas últimas fueron las más utilizadas para el comercio, especialmente las de larga distancia por ser, con diferencia, el medio de transporte más barato. La minería, el trigo, el aceite y los salazones de pescado fueron los elementos más importantes de la actividad productiva en la Península Ibérica durante la época romana Hispania exportaba materias primas y productos alimenticios e importaba fundamentalmente artículos manufacturados y de lujo.




Desde su fundación por los fenicios en la Antigüedad, Cádiz fue un enclave comercial de extraordinaria importancia. La flota gaditana estuvo presente en todo el Mediterráneo, dedicándose sus habitantes al comercio de salazones, minerales y, en época romana, al transporte de cereales y aceite como tributo en especie, desde Gades a la capital imperial.

Tal como lo atestigua el geógrafo Estrabón, una parte de la población pasaba largas temporadas en Roma, donde se les reconocería como comerciantes notables. Muestra de su consideración social son las dos inscripciones localizadas en las gradas números 11 y 12 del anfiteatro Flavio con la referencia “Gaditanorum”, que indicaban las gradas reservadas para los gaditanos en el Coliseo ente los siglos II y III de nuestra era.


Personajes tan relevantes como Cicerón o el griego Estrabón mencionan en sus obras el Teatro de Gades, lo que indica el esplendor que vivió la antigua en la Antigüedad Clásica.

Los Balbo fueron considerados notables de Gades en Roma. El gaditano Lucio Cornelio Balbo “El Mayor”, amigo y consejero de César, financió junto a su sobrino Balbo ”El Menor” la ampliación del recinto urbano de Gades “la Neápolis de Balbo”. La planificación de la “nueva Gades” debió ajustarse a las características propias del urbanismo romano, basadas en un plano ortogonal presidido por notables edificios públicos, entre los que se conocen templos, un anfiteatro y un teatro, así como infraestructuras como calzadas, acueductos y alcantarillados. Desgraciadamente se conoce bastante poco de su trazado urbano.

Lucio Cornelio Balbo, Balbo el Mayor, perteneció a una rica e importante familia gaditana de origen semita; fue amigo de Pompeyo, de quien recibió la ciudadanía romana junto a los suyos y más decididamente de César, a quien sirvió fielmente.

Balbo el Menor, sobrino del anterior, hizo una importante carrera civil y militar, culminada con el proconsulado de África, siendo el primer Provincial, no nacido en Italia, en alcanzar los honores del triunfo. Buscó atraerse el favor popular, con iniciativas que fortalecieran su imagen un tanto autoritaria- como la celebración en Gades de los “Ludis teatrales” en el edificio erigido en el año 43 a.C.

Ambos personajes con su capacidad política, explican muchos de los derroteros de la Historia de aquellos importantes años.



Los primeros teatros romanos eran estructuras efímeras, levantadas en madera, pues por ley debían desmontarse después de celebrar una determinada festividad. No fue hasta el año 55 a.C. cuando Pompeyo erigió el primer teatro estable en Roma haciendo que la cavea del teatro apareciera como una grandiosa escalinata de acceso al templo que coronaba el edificio. Este teatro fue el primero levantado en llano, presentando importantes novedades arquitectónicas tales como una fachada semicircular con varios órdenes de columnas y arcos superpuestos en altura. Su construcción marcó el inicio de un rápido proceso evolutivo que culminó en la época de Augusto con la erección de los teatros Marcelo y Balbo en la misma capital. 

El público accedía al teatro por distintas zonas según su condición social a través de unas puertas labradas en piedra denominadas vomitorios. Los teatros romanos aprovechaban la pendiente natural para asentar el graderío.

Aunque en Cádiz ya se celebraban espectáculos teatrales con anterioridad no fue hasta el último cuarto del siglo I a.C. cuando se planificó la construcción de un edificio estable, en piedra, destinado a tales fines.

El teatro romano de Gadesse levantó hacia los años 70 ó 60 a.C. En su construcción “in montibus” se aprovecharon los desniveles del terreno para apoyar el graderío, siendo considerado el teatro más antiguo de la Península Ibérica, además de ser uno de los de mayores dimensiones.



Para construir la galería fue necesario recortar previamente la roca natural y luego, con sillares perfectamente labrados en la misma piedra, se levantó el muro externo.la galería cubierta está formada por una bóveda de medio punto o de cañón, que canalizaba la circulación de espectadores a la zona media del graderío a través de los vomitorios. El teatro tiene forma de semicircunferencia para conseguir la acústica deseada. 

El material más utilizado es el hormigón “opus caementicium” consistente en un mortero de cal con guijarros y arena, lo que le otorgaba una enorme solidez siendo más económico que la cantería tradicional. La piedra ostionera junto con el mármol ocuparán un lugar importante en su construcción.




Destaca la galería para la distribución de espectadores situada bajo las gradas, con sólida bóveda anular de hormigón. Arquitectónicamente el edificio destaca por sus dimensiones, pues los 118 metros de diámetro -400 pedes- que abarca la planta semicircular, permite equipararlo con los teatros más grandes de occidente, siendo el segundo mayor de Hispania después del de la capital de la Provincia Baetica. Su capacidad puede estimarse en torno a los 10.000 espectadores.

Asimismo, el edificio se caracteriza por contar con una galería anular abovedada que discurre por debajo de las gradas. La función de este nivel de circulación interno, conservado a lo largo de más de 75 metros, era proporcionar al rango de los caballeros -el ordo equestre- un acceso exclusivo a sus asientos en la imacavea, manifestando así, la fuerte distinción social existente en el mundo romano -discrimina ordinum-.

El teatro romano de Gades nos ofrece un ejemplo excepcional configurado en todos sus elementos. Tenía una función polivalente al servicio de la vida política y religiosa.

Las primeras filas del teatro estaban reservadas a los miembros más destacados de la sociedad, que lucían sus mejores galas, y las restantes eran ocupadas por el pueblo según su condición social. Los actores representaban tragedias, comedias y dramas satíricos con los rostros cubiertos por máscaras que, con el tiempo, fueron sustituidas por el mimo y el pantomimo que alcanzaron mayor popularidad por su carácter irreverente y divertido.

Por debajo del graderío discurre una galería que sólo era accesible desde las entradas principales del teatro -aditus- y que proporcionaba un acceso exclusivo a quienes ocupaban los asientos de la imacavea, a través de los vomitorios. Construida a modo de cripta, se encuentra iluminada a intervalos regulares por lucernarios.



Se denomina cavea al graderío concéntrico de asientos ocupado por los espectadores del teatro. Se organiza en tres sectores o maeniana, denominados “ima, media y summacavea” conforme al sentido ascendiente de la pendiente. Cada uno se divide a su vez en cunei, sectores triangulares separados entre sí por las escaleras radiales o scalariae y pasillos -praecinctiones- que permiten el acceso a los asientos -gradus- que eran sillares de piedra. Actualmente sólo se conservan en las dos primeras filas, pues abandonado el teatro la piedra debió emplearse en otras construcciones de la ciudad.


Fundamenta. Son las estructuras o “cimientos” que sirven de base de sostén para el teatro, asegurando su estabilidad sobre el terreno y conteniendo la pendiente del graderío. A las gradas se accede bien directamente o a través de vomitorios conectados con la galería anular abovedada.



Suma cavea es el sector más elevado, habitualmente coronado con un pórtico columnado. Aunque no se conservan restos materiales se plantean 18 cuñas de cinco gradas, divididos por 10 escaleras. Era el lugar destinado para los libertos, esclavos, mendigos o transeúntes.

El Porticus de la Summa cavea era la zona más alejada del escenario donde se situaban las mujeres y los niños.



Media cavea consta de 20 filas de gradas divididas en 10 porciones por medio de nueve tramos de escaleras. La parte más alta se encuentra delimitada por un pasillo accesible sólo desde la fachada exterior. En ese lugar se colocaba el público en general, trabajadores libres, ciudadanos y funcionarios públicos…




Imacavea estaba destinada para los equites, de alto status económico. Existía una ley que obligaba a reservar las primeras 14 filas de los edificios de espectáculos públicos para los equites, lo que da idea de la importancia económica que tenía la ciudad.




Proedria. Tres filas de asientos más cercanos al escenario reservados para las clases sociales más elevadas como senadores, magistrados, sacerdotes….

Los praecintios eran pasillos que separaban en los teatros romanos a las clases sociales bien diferenciadas.

La escena. Frente al graderío cerrando por completo el edificio se levanta una fachada arquitectónica denominada el frente escénico “scaenaefrons” donde los actores representaban las obras, tragedias, comedias, mimos o pantomimas. Su alzado consta de un pódium sobre el que se elevan varios órdenes de columnas “la columnatio”, que puede distribuirse en dos o más pisos de altura. Al fondo se abren tres puertas: la central, de mayores dimensiones se denominaba “valva regia”, mientras que las laterales, de menores dimensiones “valva e hospitalia”. No se tienen datos que permitan reconstruir la estructura escénica del teatro de la antigua Gades, sólo la situación del pódium, pudiendo servir como reflejo de cómo pudo ser la escena.



En Cádiz se han producido numerosos hallazgos funerarios de la época romana, sobre todo en el istmo “la actual Puerta de Tierra”, lugar por donde discurría la Vía Augusta. Los enterramientos se disponían en torno a esta calzada y otros caminos secundarios, organizados en áreas separadas por muros o alineaciones de ánforas clavadas en la arena.

Coexistieron los rituales de inhumación, de tradición fenicio-púnica, y cremación, que comenzó a practicarse con la incorporación de la ciudad a la órbita romana. Hay gran variedad de enterramientos: fosas en la arena, tumbas construidas con sillares de piedra ostionera, con tegulae (tejas), enterramientos infantiles en ánforas, “columbarios”, tumbas familiares con cámaras subterráneas provistas de varios nichos, etc. Era muy habitual señalizarlas con cipos y estelas, elementos de tradición fenicio-púnica, aunque también se localizan pedestales y altares funerarios en mármol, elementos más relacionados con las costumbres romanas.

Desde Cádiz para el Blog de mis culpas....




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viernes, 1 de septiembre de 2017

El Tesoro Romano de Tomares en el Museo Arqueológico de Sevilla


El pasado 18 de marzo estuvimos visitando el Museo Arqueológico de Sevilla buscando en la sala XXVI un fuste romano de mármol con epígrafe en árabe que conmemora la fundación de la Mezquita Aljama de Ibn Adabbás -Iglesia del Salvador de Sevilla” que ordenara construir Abderramán II, bajo la dirección de “Umar ibn Adabbas, qadí de Sevilla, en el año 214 de la Hégira “829-830 de nuestra era”. 



...Y me encontré casi por azar en la planta primera con la Exposición sobre el Tesoro de Tomares, denominado uno de los tesoros de monedas romanas más grandes hallados en el mundo y sin duda, el mayor de España.

La exposición nos cuenta con todo lujo de detalles que su hallazgo fue producto del azar y de su posterior traslado al Museo Arquelógico de Sevilla, teniendo a las pocas horas de su descubrimiento un enorme impacto nacional e internacional de la noticia. No todas las generaciones tienen a su alcance la oportunidad de visitar “in situ” tan interesante Exposición histórica sobre el “Tesoro de Tomares” que nos retrotrae a los tiempos del Imperio Romano en la Bética.


La Exposición nos ofrece una interesante cronología sobre dicho descubrimiento:

El 27 de abril de 2016, a las 13,20 horas cuatro operarios junto con una retroexcavadora trabajaban abriendo una zanja, de 0,60 m. de anchura y 1 m. de profundidad, para una nueva canalización del suministro eléctrico dentro del parque metropolitano “El Olivar del Zaudín”, en Tomares, a pocos kilómetros de la ciudad de Sevilla. 

En una de sus acometidas, la pala de la excavadora saca a la luz, junto a restos de tierra y cerámica, una nube de monedas antiguas, muchas de las cuales caen al suelo. El tesoro, escondido durante dos milenios, ha sido descubierto. Salta la alarma entre los presentes y se toman las medidas urgentes de protección que dicta la ley.

Arqueólogos de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, junto con los miembros del Puesto Principal de la Guardia Civil de San Juan de Aznalfarache y del Seprona realizan una rápida evaluación comprobando que en el foso hay varias ánforas rotas llenas de monedas, además de otras enteras, así como numerosas monedas esparcidas por el suelo. Extraen todas las ánforas del suelo, recogen todas las monedas y ponen rumbo, tal y como establece la ley, a un lugar de depósito.

A las 18:15 horas varios vehículos de la Guardia Civil llegan al Museo Arqueológico de Sevilla custodiando un cargamento de 19 ánforas llenas de monedas romanas: un tesoro de más de 500 kilos con un valor y precio incalculables.

Sólo unas horas después de la llegada del tesoro, el museo se llena de periodistas de diferentes medios y agencias nacionales e internacionales que proyectarán la noticia por todo el mundo.

Los periódicos, televisiones, agencia de noticias, webs, blogs, redes sociales, en decenas de idiomas diferentes comparten tan magno descubrimiento hasta el punto de que términos como “tesoro romano”, “monedas romanas”, “Tomares” o “museo arqueológico de Sevilla”, se convirtieron en pocas horas en “Trending topic”.



Mientras que los conservadores y restauradores se ocupan de las monedas, ánforas y otros restos cerámicos, un equipo de arqueólogos inicia la investigación del lugar del hallazgo. Su intervención será determinante para encontrar algunas respuestas a las muchas preguntas: ¿dónde y cómo se ocultó este depósito de monedas?, ¿cuándo?, ¿con qué intención?, ¿quién pudo hacerlo?.


El contexto arqueológico es como la escena de un crimen: cualquier indicio puede ser decisivo. Y al igual que en el descubrimiento de un delito, parte de las evidencias se rompieron, perdieron o movieron, en el momento del hallazgo. Es preciso recrear el lugar original, a partir del estudio de lo que queda, pero también de lo que falta.

Días después del hallazgo el equipo arqueológico revisa exhaustivamente el terreno removido, interroga a los testigos y analiza estas primeras informaciones. Son claros los testimonios de un edificio habitado: fragmentos de tejas y pavimentos, cerámica de mesa y cocina. Comienzan a levantar poco a poco la tierra, la criban, recogen todos los objetos -aún aparecen 105 monedas más-, se toman muestras analíticas y se documenta todo en una base de datos, incluyendo dibujos detallados y fotografías.

También prospectan la zona circundante, a pie y con métodos geofísicos, y realizan pequeñas catas sobre el terreno. Finalmente, se protegen los restos y se delimitan las zonas que quedarán a salvo de cualquier movimiento de tierras. 

Estos primeros trabajos arqueológicos, que deberán completarse con futuras investigaciones interdisciplinares, nos ofrecen de momento, algunas respuestas parciales. 

19 ánforas -que contenían unas 50.000 monedas de bronce de los siglos III y IV donde aparece la figura del emperador Maximiano, Constancio Cloro, Diocleciano y Galerio en el anverso y diversas alegorías romanas, como la abundancia en el reverso-, fueron usadas como “huchas” o “cajas de caudales”, fueron depositadas, en algún momento del primer tercio del siglo IV, bajo el suelo o en el sótano de una nave industrial o un almacén construido en el siglo III d.C.

Este edificio fue arrasado hasta sus cimientos, entre la segunda mitad del siglo V y los inicios de la siguiente centuria, para extraer de él todo lo que fuera aprovechable. Un poco más y quienes fueron allí a por ladrillos y piedras se hubieran llevado la magnífica sorpresa que, sin saberlo, dejaron para nosotros.

Lo primero que se hizo una vez llegado el tesoro al Museo Arqueológico de Sevilla fue guardarse en cajas especiales de protección y llevarlo a dependencias seguras, donde se conserva desde entonces, bajo estrictas medidas de vigilancia.

Se realizó un análisis preliminar de las monedas con el objeto de facilitar una primera información sobre el tesoro. En primer lugar, se desarrolló un estudio físico, midiendo, pesando, dibujando y analizando a través del microscopio digital, así como de otros métodos físico-químicos. Paralelamente, se desarrolló un estudio histórico para conocer sus características, iconografía, contexto, etc.

Las monedas se contaron, se separaron por lotes y se almacenaron con materiales especiales de conservación, diseñados específicamente para mantener las condiciones idóneas de temperatura, humedad y seguridad.

¿Cuál es el futuro del tesoro?. A partir de ahora queda un trabajo intenso que, sin duda, durará varios años. Se investigarán en profundidad las monedas, se analizarán desde todas las vías posibles, se catalogarán y, quizás lo más importante, los resultados y las conclusiones de difundirán tanto a los especialistas e investigadores como a la ciudadanía. 


El objetivo último es que el tesoro de Tomares se integre en las colecciones del Museo Arqueológico de Sevilla, accesible al Público, convirtiéndose en un elemento fundamental de su identidad, permitiendo así su puesta en valor como una parte esencial del Patrimonio Histórico de la provincia de Sevilla, de Andalucía y de España.

Terminada nuestra visita al Tesoro de Tomares, visitamos en la misma planta “El Tesoro del Carambolo” donde la retina de la historia nos proyecta a Tartessos, la primera civilización de Occidente.

Tartessos dejará de ser un mito gracias a las excavaciones de Carriazo con el descubrimiento del Tesoro del Carambolo (1958-1961) como máximo exponente de la cultura tartésica (650 a.C.) hasta Itálica en la antigua Baetica, como la primera colonia romana en Hispania, fundada en el año 206 a.C. por Publio Cornelio Escipión “el Africano” (el único general romano que pudo derrotar a Anibal, general cartaginés).

En el año 45 a.C. los romanos fundan la “Colonia Iulia Romula Hispalis”, -latinizando el término “ispal”- tierra llana-, para pasar a partir del 711 a denominarse “Isbilya” por los andalusíes y Sevilla por los cristianos a partir de 1248 tras su conquista por Fernando III “El Santo”.


El Museo Arqueológico nos proyecta que Itálica dio emperadores al Imperio Romano de la talla de Trajano y Adriano. Todo un crisol de culturas en las cuales ha estado siempre presente el rio Tharsis, Baetis o Wad al-Kabir como fiel testigo y parte fundamental de su historia desde los tartessos, cartagineses, romanos, visigodos, árabes y cristianos. 

Un crisol de culturas que ha contribuido a formar parte de nuestra identidad histórica como pueblo andaluz en su proceso histórico y que nos ha dado esa forma de entender la vida entre efluvios y reminiscencias -sobre todo la cultura andalusí- que impregna nuestra memoria colectiva en todos y cada uno de los pueblos que jalonan nuestra geografía andaluza, que abarca entre el antiguo al-sharq o parte oriental de la antigua Al Ándalus hasta el al-Gharb o parte occidental. 

Unas fuentes históricas cuyo legado nos ha facilitado esa forma de entender la vida, que nos permite conocer nuestros orígenes y al mismo tiempo, poder entenderlos para proyectar nuestro futuro.



Enlaces interesantes

Visita al Teatro Romano de Cádiz