lunes, 27 de junio de 2016

La "Playa" de Morón

Me comenta nuestro amigo Santi que el autor del cuadro original es Luis M. Guillén "Monguillén" cuyas dimensiones son 195 cms. X 90 cms. Se encuentra en el Puerto de Santa María.

Cuenta la literatura popular que el origen del término “La playa de Morón” proviene de tiempos pretéritos, cuando existía la antigua y desaparecida Fonda de Pascual. Muchos clientes de dicho establecimiento hostelero se sentaban en la puerta durante la época estival donde se encontraba la primitiva heladería para tomar el fresco y decían: 

“Qué fresco, parece que estamos en la playa”. 

El dueño del establecimiento por aquellas fechas se llamaba Giusseppe Alfieri y su esposa Carmen Silvestre. Con gran altura de miras, se le quedó grabado ese comentario y al poco tiempo le colocó el nombre de “La playa” que todos tenemos almacenado en la retina de nuestro recuerdo. Aquella magnífica heladería sería conocida popularmente como la de “los italianos”.

Si existe en Morón un cuadro grabado en la retina colectiva que aglutine a nivel emocional a moroneros de varias generaciones, es sin lugar a dudas, el cuadro "La playa" que presidia la heladería del mismo nombre. 

Al observar de niño aquel cuadro "surrealista" soñábamos con nuestra alcazaba y su pueblo blanco como la cal diseminado bajo los lienzos de murallas con la Peña del Gallo observando los blancos veleros muy cerca de las doradas arenas. 

¡Viejos sueños, utopías y quimeras que nos sigue proyectando aquel bello cuadro que ha quedado grabado en la retina de los que peinamos ya alguna que otra cana!.

A través de la visión del cuadro comienzan a brotar sin querer los recuerdos. Allá a mediados de los años 60 del siglo pasado cuando era casi un párvulo, estaba estudiando en el Colegio de Doña Concha en la calle "Las Morenas". Todos los días pasábamos por delante de la puerta del "Bar Bermúdez" con aquel magnífico olor a calamares fritos donde destacaba un cuadro pintado al óleo del inolvidable Juan vestido con su traje de luces. La heladería "La playa" estaba ubicada en la misma acera al igual que el Cine Central. Recuerdo que allí estaba la antigua parada de taxis y también la de los "isocarros" -como la llamábamos-, frente al añorado y desaparecido Teatro Cine Oriente.

¡Aquélla Calle Nueva con la heladería “La playa”, los cines Central y Teatro Oriente sin olvidarme de los puestos de castañas junto a las antiguas máquinas de escribir de Juanito frente a la Plaza de Correos.

Haciendo un poco de memoria, recuerdo cuando era muy niño, mis padres me llevaban cogido de la mano a la feria de mi pueblo en septiembre, que al igual que ahora estaba ubicada en la Alameda. Al volver siempre nos metíamos en aquella heladería de verano “La playa” ubicada al final de la calle Utrera y cuyos bombones de chocolate, cortes, helados de limón y cármenes hacían las delicias de niños y mayores.

Giusseppe elaboraba con cariño aquéllos bombones bañados en chocolate que hacían las delicias de los chiquillos de la época. 

Pasados algunos lustros del cierre de “La playa de Morón”, aquellos efluvios y reminiscencias del “famoso cuadro aparecen de vez en cuando a través de las redes sociales despertando un gran interés, lo que nos recuerda que aunque el tiempo pasa, algunos recuerdos permanecen perennes en nuestra particular retina de nuestra niñez.

En mayo de 1994 el escritor local Pedro Luís Vázquez publica un libro "Desde la atalaya". Las páginas 36, 37 y 38 corresponden al artículo titulado "La playa" que comparto con todos los amigos.


"La playa"

...Hubo un tiempo, en que la tuvimos tan cerca que podíamos verla cada vez que se nos antojaba. No teníamos más que acercarnos por la Calle Nueva y entrar en aquella heladería en la que una italiana ya mayor con el pelo rojizo despachaba cucuruchos de limón, cortes de vainilla y chocolate, y aquellos ansiados cármenes que sólo se ponían al alcance de nuestra boca algún que otro día muy especial como el de nuestro santo. Allí, sobre el lienzo que colgaba de una de las paredes, estaba ella, tan hermosa como siempre, rodeando con los espumosos volantes blancos de su bata azul de cola a toda nuestra ciudad que parecía haber emergido del mar como una isla con dos peñas: la una, presidida por la Torre Gorda del Castillo, rodeada de torreones y murallas exteriores a cuyos pies veíanse unas casitas adosadas, y la otra, la del Morisco, presidida por el monumento dedicado al Gallo. Allí estaba, tan asequible como siempre. Sólo había que bajar por cualquiera de los dos caminitos de tierra amarilla que salían de cada una de las dos Peñas para poder disfrutar de ella, como lo hacían ya los playeros que habían plantado sobre la arena sus sombrillas y pequeñas casetas de rayas verdes y blancas, blancas y rojas.

Así era la playa con la que soñábamos y en la que nos queríamos bañar cuando llegara el verano. Todos nuestros sueños veraniegos tenían cabida, pues, dentro de aquel cuadro con marco de madera barnizada que el italiano había encargado a Guillén, que era también quien pintaba las grandes carteleras que colocaban sobre la fachada del Cine Central con las películas de estreno.

Más de una vez me he preguntado por qué el "Gordo de la Playa" como le llamábamos cariñosamente los niños, buscó ese nombre para su negocio en un pueblo como éste y por qué había querido que el nombre de su negocio no sólo fuera una simple palabra, sino que también tuviera una significación real, aunque fuera sobre una tela, supliendo de esa forma las carencias que la realidad ofrecía. ¿Creyó, acaso, que con aquel nombre y aquel cuadro desearíamos sus helados con la misma intensidad con que sólo los del interior deseamos, a veces, el mar y la playa? Quizá se lo pregunte algún día para salir de dudas, o quizá no, porque a veces es mejor que ciertas preguntas queden sin respuesta. Aunque algo de cierto debería de haber en todo ello, porque recuerdo que, a veces, cuando no teníamos dinero para comprarnos ni un cucurucho de dos reales que eran los más pequeños y baratos, nos conformábamos con darnos una vuelta por allí y con tan sólo mirar el cuadro parecíamos sentir la brisa del mar en la cara.

Porque aquel cuadro no copiaba ni imitaba la realidad: la superaba, la trascendía y nos hacía soñar con otra realidad superior a ella. Era como un remanso de frescura, como un retazo del paraíso, como un oasis en medio de aquel desierto de la posguerra. Era el primer cuadro surrealista que veía sin que supiera lo que era. Y es la primera visión de la playa que guardo en mi memoria.

Es incluso anterior a la que guardo del primer día en que ya mayorcito con ocho o nueve años ví, de verdad, el mar por primera vez. Nos llevó mi padre, en un coche de la parada de taxis a la playa de Valdelagrana y siempre recordaré que cuando Barea, el taxista, arrancó su forichi negro para volver, miré fijamente el mar con tanta intensidad, temeroso de no volver a verlo nunca más...

...El último día de este mes de junio entre en la heladería de La Playa solo para cerciorarme de que ese cuadro existía, de que no lo había soñado. Y comprobé que allí continúa. Exactamente igual a como lo recordaba. Comprendí, entonces, que el recuerdo había madurado ya lo suficiente en mi corazón y había necesitado ser expresado con palabras...


Copia del cuadro "La playa" ubicado durante algún tiempo en la peña carnavalesca "El Seguirín".

Por tanto, aprovecho la ocasión que me brindan estas humildes páginas para recordarle a quien corresponda, que si fuera posible se lograra algún día su adquisición -para colocarlo por ejemplo en la Oficina de Turismo o en la Casa de la Cultura-, ya que pertenece por derecho propio a la Memoria Colectiva de nuestro pueblo, ubicada en la “Frontera” de su propia esperanza.

viernes, 17 de junio de 2016

Prólogo


Foto  Antonio Ramos www.aerofotoramos.com

¡Muchas gracias por compartir conmigo el blog que estás leyendo!.

!Desde la ciudad del Gallo, MORÓN-Sevilla-España!.
Paz,  amor  y alegría a los pueblos del mundo. Espero que la sonrisa nos  acompañe  cada día y que la discordia nunca se encuentre en nuestro  camino.



Foto Antonio Ramos www.aerofotoramos.com

¡Oh, alcazaba de Morón!...
¡Hasta cuando, tu desencanto!.


Llegaste a ser "Alkevirato" en tiempos remotos,
efímero "Reino de Taifas", en tiempos pretéritos.
"Refugio de castilleros", que cuidaron de tu entorno
 y castillo de las artes, entre bellos sueños rotos.


¡Thank so much for sharing with me the blog that you´re reading right now!.

¡From the plucked Rooster city, MORÓN-Sevilla-Spain!.


Peace, love  and harmony to the people of the World.  I hope that the smile  stay  with us each day and we never find discord in our ways.



La inmensa mayoría de las fotografías de este blog han sido realizadas por propio su autor. No obstante, es posible que existan algunas fotos obtenidas de la web para ilustrar algún artículo en concreto sin uso comercial. 

Por tanto, si alguna imagen hubiese que retirar por cualquier razón, se agradece la comunicación, para proceder a su retirada lo antes posible.



jueves, 16 de junio de 2016

BORRADOR DEL CONVENIO MARCO ENTRE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA Y EL AYUNTAMIENTO DE MORÓN



Borrador del "Convenio Marco entre la Universidad de Sevilla y el Excmo. Ayuntamiento de Morón de la Frontera para la "Recuperación del entorno del Castillo".














BORRADOR CONVENIO MARCO ENTRE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA Y EL EXCMO. AYUNTAMIENTO DE MORÓN DE LA FRONTERA


En Sevilla, a 30 de junio de 2016 


REUNIDOS



De una parte D. MIGUEL ÁNGEL CASTRO ARROYO, Sr. Rector Magnífico de la Universidad de Sevilla, actuando en nombre y representación de la misma, nombrado por Decreto 4/2016, de 12 de enero (BOJA 11 de 19 de enero de 2016), de conformidad con lo establecido en el artículo 20.2 de la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades, y en el artículo 19 de los Estatutos de la Universidad de Sevilla, aprobados por Decreto 324/2003, de 25 de noviembre, modificados por Decreto 16/2008, de 29 de enero, y una vez efectuada la proclamación de Rector, conforme al resultado de la elección efectuada a este respecto por la comunidad universitaria de la citada Universidad, a propuesta del Consejero de Economía y Conocimiento, y previa deliberación del Consejo de Gobierno en su reunión del día 12 de enero de 2016.



Y de otra parte, El Excmo. Ayuntamiento de Morón de la Frontera, con CIF P4106500D, y en su nombre y representación, D. JUAN MANUEL RODRÍGUEZ DOMINGUEZ, con DNI nº 48856247S, actuando en calidad de Alcalde, con domicilio social en Plaza del Ayuntamiento, nº1, CP 41530.

Actuando ambas partes en el ejercicio de las competencias que respectivamente tienen atribuidas y reconociéndose de forma recíproca plena capacidad jurídica, en representación de los Organismos por cuya cuenta actúan,


EXPONEN


Primero.-

Que entre los objetivos de la UNIVERSIDAD DE SEVILLA figuran: a) La creación, desarrollo, transmisión, difusión y crítica de la ciencia, la técnica, el arte y la cultura, promoviendo una visión integral del conocimiento; b) La preparación  para  el  ejercicio  de  actividades  profesionales  que  exijan  la aplicación de conocimientos y métodos humanísticos, científicos, técnicos, o de creación artística, potenciando las relaciones entre la investigación, la docencia y el ejercicio de la profesión; c) El apoyo científico y técnico al desarrollo cultural, social, económico y territorial, con especial atención al de la Comunidad Autónoma de Andalucía.


Segundo.-

Que el AYUNTAMIENTO DE MORÓN DE LA FRONTERA, a su vez, cuenta entre sus objetivos la reactivación y dinamización del patrimonio cultural y arquitectónico del municipio, potenciar la cualificación profesional, favorecer la inserción laboral, así como sumarse al desarrollo de proyectos de investigación, tratando de mejorar la formación y el conocimiento, para beneficio de la población en general, y que para la realización de estos proyectos el Ayuntamiento dispone de instalaciones adaptadas y equipadas.


Tercero.-

Que ambas instituciones tienen objetivos comunes en establecer un marco de colaboración adecuado en las áreas de formación, investigación y desarrollo que facilite la enseñanza de alumnos de todos los niveles, así como el desarrollo de proyectos de investigación y proyectos de intervención que beneficien a la población. Que la colaboración permitirá aprovechar al máximo sus potenciales y establecer convenios específicos que favorezcan e incrementen el beneficio mutuo.

Cuarto.-

Que ambas instituciones poseen personalidad jurídica propia, que les permite celebrar convenios de esta naturaleza para el mejor cumplimiento de los fines que tienen encomendados.


Quinto.-

Que ambas instituciones han establecido y mantenido contactos a través del Instituto universitario de Arquitectura y Ciencias de la Construcción (en adelante IUACC) de la Universidad de Sevilla mediante los grupos TEP206 (adscrito al IUACC) y el TEP 130 (adscrito al IUACC), en áreas relacionadas con temas afines de ese centro de investigación con el fin de colaborar en actividades conjuntas de carácter científico, técnico, cultural, de investigación y de su divulgación, transferencia e innovación.

Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, y dada la complementariedad y coincidencia de sus fines, suscriben el presente Acuerdo Marco, de acuerdo a las siguientes




CLÁUSULAS

Primera.- Finalidad del Acuerdo Marco


El objetivo de este acuerdo es el establecimiento de un marco de actuación para la colaboración entre UNIVERSIDAD DE SEVILLA Y EL EXCMO. AYUNTAMIENTO DE MORÓN DE LA FRONTERA en el desarrollo de actividades de interés mutuo para ambas partes en el ámbito urbano, arquitectónico y medioambiental, en asesoramiento, intercambio de información, realización de proyectos de investigación, estudios de viabilidad, difusión de resultados de investigación, de innovación tecnológica y de formación, especialmente  en  arquitectura,   urbanismo  y  medioambiente,  centrándose en temas de:

  • Recuperación, revitalización y puesta en valor del entorno natural y cultural del ámbito del Castillo de Morón de la Frontera. 
  • Dinamización del conjunto del entorno de protección del castillo de Morón de la Frontera.
  • Promover la difusión del patrimonio arquitectónico del entorno del Castillo de Morón de la Frontera.
  • Promover la integración y formación específica para su recuperación y dinamización.


Segunda.- Modalidades de colaboración


Cualquier modalidad que esté dentro de las posibilidades personales y materiales del patrimonio arquitectónico y entorno urbano, sin ninguna clase de limitaciones sobre cualquier planteamiento racionalmente planteado.

Tercera.- Formalización de las acciones conjuntas


Cada proyecto y/o programa de actuación en el marco de este Acuerdo, será objeto de un Convenio Específico que deberá contener, entre otros, los siguientes aspectos:


a) Definición del objetivo que se persigue. 

b) Descripción del plan de trabajo. 

c) Presupuesto total y medios materiales y humanos que requiera el citado programa, especificando las aportaciones de cada Entidad. 
d) Normas para la coordinación, ejecución y seguimiento del proyecto. 

e) Nombres de las personas, una por cada parte, que se designarán por mutuo acuerdo y se responsabilizarán de la marcha del Convenio.




Cuarta.- Normas de funcionamiento

Las colaboraciones derivadas de este Acuerdo Marco quedarán sometidas a las normas que desarrollen la UNIVERSIDAD DE SEVILLA y EL AYUNTAMIENTO DE MORÓN DE LA FRONTERA en los Convenios Específicos o Contratos de Investigación.


Quinta.- Establecimiento de la Comisión de Seguimiento

Para facilitar la elaboración de los Convenios Específicos o Contratos de Investigación, su seguimiento y cumplimiento, se constituirá una Comisión de Seguimiento paritaria integrada por el Vicerrector de Transferencia Tecnológica de la UNIVERSIDAD DE SEVILLA, y el Director Gerente del AYUNTAMIENTO DE MORÓN DE LA FRONTERA, o personas en quienes deleguen, y dos personas adicionales de cada parte, para que queden cubiertos los campos docente, investigador, de transferencia y arquitectónico, al entender que son las principales áreas incluidas en el presente documento. Dicha Comisión se constituirá en el plazo de treinta días, contados a partir de la fecha de la firma de este Convenio Marco.

La Comisión de Seguimiento dictará sus normas internas de funcionamiento, debiéndose reunir cuando lo solicite alguna de las partes y, en todo caso, al menos dos veces al año.


Sexta.- Funciones de la Comisión de Seguimiento

A la Comisión de Seguimiento le corresponden, entre otras, las siguientes funciones:

a) Proponer posibilidades de colaboración en temas científico- tecnológicos de interés común. 
b) Preparar los Convenios Específicos o Contratos de Investigación/Colaboración de ejecución del presente Convenio Marco sobre las materias seleccionadas, dentro de las modalidades de colaboración establecidas en la Cláusula segunda. 
c) Elevar las propuestas que elabore a los órganos competentes de las dos partes. 
d) Aclarar y decidir cuantas dudas puedan plantearse en la interpretación y ejecución de los Convenios Específicos o Contratos de Investigación/Colaboración. 
e) Realizar el seguimiento de los Convenios Específicos que se suscriban.

Séptima.- Confidencialidad y publicación de resultados

Cada una de las partes se compromete a no difundir, bajo ningún aspecto, las informaciones científicas o técnicas pertenecientes a la otra parte a las que haya podido tener acceso en el desarrollo de los Convenios Específicos o Contratos de Investigación/Colaboración, mientras esas informaciones no sean de dominio público. 

Los datos e informaciones obtenidas durante la realización de los proyectos conjuntos, así como los resultados finales, tendrán carácter confidencial. 

Tanto en publicaciones como en patentes, se respetará siempre la mención a los autores del trabajo; en estas últimas figuran en calidad de inventores. 

En cualquiera de los casos de difusión de resultados se hará siempre referencia especial al Convenio Específico o Contrato de Investigación.


 Octava.- Entrada en vigor y duración

El presente Convenio Marco entrará en vigor en el momento de su firma, y su vigencia será de dos años,   renovable por igual periodo mediante por acuerdo expreso.


Novena.- Terminación y rescisión

Las partes podrán denunciar o modificar el presente documento en cualquier momento por mutuo acuerdo. Cualquiera de las partes podrá, a su vez, denunciar el presente Convenio comunicándolo por escrito a la otra parte con seis meses de antelación a la fecha en que vaya a darlo por terminado. En ambos casos deberán finalizarse las tareas de los Convenios Específicos o Contratos de Investigación que estén en vigor.

Después de la terminación o rescisión del Convenio Marco, los aspectos contemplados en la cláusula novena, quedarán sujetos a las previsiones establecidas en la legislación vigente.


Décima.- Jurisdicción

La ejecución y el desarrollo de este Convenio de colaboración estarán presididos por los principios de buena fe y confianza recíproca.

Las discrepancias surgidas sobre la interpretación, aplicación, modificación, resolución y efectos que pudieran derivarse de la aplicación del presente Convenio, deberán de resolverse de forma amistosa por la Comisión de Seguimiento a que se refiere la cláusula quinta.



Si no se llegara a un acuerdo de forma amistosa, las cuestiones de litigio serán de conocimiento y competencia del orden jurisdiccional contencioso administrativo de Sevilla.



Y en prueba de conformidad, firman por duplicado el presente Acuerdo Marco en el lugar y fecha arriba indicados.





POR LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA
D. Miguel Ángel Castro Arroyo (Rector)


POR EL EXCMO. AYTO. DE MORÓN DE LA FRONTERA 
D. Juan Manuel Rodríguez Domínguez (Alcalde)  


Foto: Antonio Ramos

P.D. Una breve "memoria histórica" -si se me permite la expresión-, nos ayudará a conocer mejor nuestro Castillo como legado.

Nuestro Castillo al igual que el perfil de nuestra Sierra de Morón impregnan desde tiempos muy pretéritos la retina colectiva de nuestro pueblo. El lamentable estado de nuestra alcazaba -con sus lienzos de murallas y la torre albarrana junto al antiguo arrabal de Santa María "al-rabad-barrio"-, se debe a la amnesia de nuestras administraciones en general que desde hace muchos lustros han preferido mirar hacia otro lado. Por otro lado, sería grato que los ciudadanos hiciéramos una autocrítica por nuestra indiferencia, al no haber tenido la altura de miras suficiente para respetar y valorar la historia como legado de nuestros ancestros. 

Todos estos mimbres han generado desde tiempos pretéritos un caldo de cultivo cuyos antígenos han convertido este espacio ubicado en el centro de Morón, en una verdadera ignominia cultural.  

Ignominia "in nomen -sin nombre-".



La retina del recuerdo me proyecta imágenes de varios "quijotes" en la dilatada historia de nuestra histórica alcazaba que han intentado actuar como si de "anticuerpos" se tratara para paliar -dentro de lo posible-, esta "epidemia cultural":


1. Primera y única Escuela Taller "El Castillo" (1988-1991).

2. Intento de revitalización del Castillo por parte del Teatro de las Artes. Un arte que intentó resucitar a otro arte, el patrimonial -sin cuidado paliativo que lo ampare-, convertido al final en sueños rotos.

3. Borrador sobre el "Acuerdo Marco entre la Universidad de Sevilla y el Excmo. Ayuntamiento de Morón" para la recuperación del entorno del Castillo.



 ¡Nunca es tarde para enderezar el rumbo!...



¡Ojalá!, esta interesante iniciativa no se convierta de nuevo en otro sueño roto y pueda servir como punto de partida para la regeneración de una vez por todas, de nuestro vestigio arquitectónico más antiguo con el que cuenta Morón, situado en la "Frontera" de su propia esperanza.



Breve historia

La alcazaba de Morón formó parte del antiguo Emirato de Córdoba en tiempos de Abd al-Rahman ben Muawiya al-Dajil "Abderramán I" (el Inmigrado 756-788), cuyos dos primeros emires pertenecieron al antiguo Califato de Córdoba según el libro de Ramón Auñón “Los Alkevires de Morón".

En el año 1013 ocurre la destrucción de Madinat al-Zahra por el bereber al-Mustain que concede a loz ziríes el territorio de Granada y a los Banu Dammar el de Mawror (Morón). Tras la caída del Califato de Córdoba, cada general se hizo fuerte en su castillo.  La falta de espíritu de unidad -dinastía Omeya en fase decadente-, la descomposición político-espiritual al estar la figura del califa vaciada de contenido, las intrigas entre grupos étnicos -los bereberes eran la clase social más descontenta e inferior-, junto con el afán de liberarse de los tributos a Córdoba contribuyeron a fragmentar políticamente a Al Andalus.

Como consecuencia de la desintegración de Al Andalus aparecen treinta y nueve Reinos de Taifas -"bando" o "facción"- en el 1014; entre ellos el Reino de Taifa de Morón cuyo fundador era Abu Tuziri al Dammari que llegara a Al Andalus en tiempos de Almanzor, oriundos de los montes Dammar, en Túnez, integrándose en su ejército.




La familia bereber de los Banu Dammar, perteneciente a la dinastía zenata, encabezada por Nuh ben Abi Tuziri se hizo con el poder de la cora de Morón y, tras expulsar al gobernador omeya que la regía, proclamó su independencia y originó el Reino Taifa de Morón a partir de 1014. La taifa de Morón estuvo a punto de desaparecer como entidad independiente en 1053 cuando Al-Mutadid hizo encarcelar en Sevilla a Muhammad ben Nuh 'Izz al-Dawla, junto a los reyes de las taifas de Ronda y Arcos, circunstancia que aprovechó su hijo Manad ben Muhammad ’Imad al-Dawla para hacerse con el poder, que ejerció hasta que en 1066. Considerada una taifa menor, terminó siendo conquistada e integrada en la gran Taifa de Ishbiliya (Sevilla) en 1066 por Al-Mutadid.

Finaliza aquí la historia del reino de Mawror anexionado definitivamente a la gran taifa de Ishbiliya en el año 445 de la Hégira, 1066 de la era cristiana.




El Castillo de Morón será reconquistado por Fernando III el Santo en el año 1271. Y una larga historia desde el siglo XIII con la orden de Alcántara (al-qanṭarah, que significa el puente), hasta los Condes de Ureña (Duques de Osuna) que fijaron en el castillo su residencia. Posiblemente llegó a ser un magnífico palacio, a juzgar por las crónicas de la época, con aljibes capaces de recoger agua potable para sostener 2.000 hombres y cincuenta caballos durante todo un año.

Durante la permanencia de los Condes de Ureña como inquilinos del ilustres del castillo, se construyó la torre del homenaje conocida como la “Torre Gorda”, llamada simpáticamente por la gente de Morón que pretendía tener tres cuerpos de altura y que se quedó en el primero, ya que en el año 1531 se paralizaron las obras de la torre del homenaje por orden del emperador Carlos V. Es posible que el motivo de la paralización de las obras de la torre del homenaje fueran las tensiones existentes entre el emperador y Pedro Téllez Girón, III Conde de Ureña.

En el mes de marzo de 1810 ocupó el castillo, sirviéndoles de cuartel y polvorín un batallón del regimiento de infantería francesa nº 40, al mando del mariscal Mortier y comenzaron a fortificar el castillo a costa de exigir fuertes contribuciones a los habitantes de Morón, Arahal, Montellano y Puerto Serrano e incluso se les exigía trabajar en dichas obras a la fuerza.


Dos años después, el mariscal Soult vino a Morón el día 29 de agosto de 1812 cuando empezaba a decaer la gloria de Napoleón y ordenó volar el castillo, quedando destruidas cinco torres y otras muchas zonas del castillo. Desde entonces hasta nuestros días se ha ido deteriorando paulatinamente convirtiéndose lo que fue antaño una magnífica fortificación-palacio en un lamentable montón de piedras.

Nos recordaba el investigador local Miguel Guardado el 21 de mayo de 2014 en la "Torre Gorda" en una conferencia bajo el título “Los castilleros de Morón”, que el término “castillero” ha tenido siempre una connotación negativa. Eran personas que por circunstancias buscaban protección al abrigo del castillo y de sus torres habitables, en cuevas o casas humildes de teja vana que vivían en unas condiciones infrahumanas al brillar por su ausencia el servicio de alcantarillado y de agua potable y la escolarización. Lo que sí abundaba era la extrema necesidad.


En el primer padrón completo de 1803 -antes de la ocupación francesa-, en el castillo de Morón vivían 66 familias con 230 habitantes.

Las calles que se ubicaban en dicho entorno eran las siguientes:
  • Castillo, Concepción, Castillo Alto y Cuevas de la calle Ancha.

En el padrón de 1884, existían 64 familias con un total de 206 habitantes 
  • Calle Cuevas de la Concepción y Cuevas de la calle Ancha. 

Es digno de resaltar que sólo dos personas decían saber “leer y escribir”, posiblemente en aquélla época con sólo poner su nombre y firmar…

En 1924, existían 74 familias con 277 habitantes
  • Concepción Alta, Torre Gorda y Cuevas de la calle Ancha

211 personas mayores de 23 años que vivían en la calle Concepción y Cuevas de la Calle Ancha.

En el Padrón de 1960 vivían 231 familias con 199 casas.


  • Concepción alta, Concepción Baja y Concepción de la calle Ancha.

Sólo 134 personas dicen saber “leer y escribir”. El índice de alfabetización era del 23,38%.

Muchas personas no tenían capacidad económica ni para poder comprar un burro para acarrear leña o cisco. Los años de represión fueron muy duros al encontrar cobijo muchas personas que se refugiaron en su hábitat. La mañana del día 25 de julio de 1936, el castillo fue bombardeado por la aviación.

En la postguerra era muy común reflejar en los informes de los detenidos que vivían en el castillo con el término marxistas, rateros y peligrosos. Con esta definición cargada de intenciones se estigmatizaba a una persona para ser excluida socialmente.

El 28 de febrero de 1969 un terremoto de 7,6º en la escala Richter puso punto y final a muchas casas pero no fue hasta 1973 con la construcción de viviendas sociales cuando sus habitantes se marcharon definitivamente del castillo.

Es evidente que nuestra histórica alcazaba impregna la retina colectiva de Morón. Tan sólo por eso y por su dilatada historia es necesario tener la altura de miras necesaria para valorarla como legado de nuestros ancestros.


¡Nunca es tarde para enderezar el rumbo, amigo Sancho!...


Enlaces interesantes

Morón, primer milenio de su Reino de Taifa (1013-2013)

Exposición "Morón, un milenio del Reino de Taifa de Morón"

"Los castilleros"       

El Castillo de Morón y la Iglesia de San Miguel