jueves, 3 de septiembre de 2015

Entre la Cádiz y San Fernando



La antigua Gadir fenicia -denominada Gades por los romanos-,  ha sido considerada la ciudad más antigua de Occidente-. Sus aguas fueron surcadas por los marinos fenicios de la antigua Biblos, Sidón y Tiro asentando su mayor base comercial en Occidente, después de haber navegado por las columnas de Hércules como se conocía entonces el Estrecho de Gibraltar, lo que les permitíó fondear para protegerse de la madre que parió el viento del levante -que viene de tierra- y del poniente -que proviene del mar- en esta zona geoestratégica, cuna de civilizaciones como lo demuestran los dos sarcófagos antropomorfos que se encuentran en el Museo Arqueológico de Cádiz, en la Plaza de la Mina.


Si nos lo permite Atapuerca como la piedra de Roseta en la evolución del ser humano, el pueblo fenicio actuó de vínculo entre las civilizaciones mediterráneas. Inventaron el alfabeto adoptado y modificado por los antiguos griegos que lo fueron transmitiendo como legado cultural.

Según el historiador romano Cayo Veleyo Patérculo, Cádiz fue fundada en 1104 a.C. “80 años después de la caída de Troya” que Eratóstenes fechara entre 1194 y 1184 a.C. y Herodóto en 1250 a.C.



Esta ciudad tres veces milenaria, fue capaz de alumbrar durante el convulso siglo XIX las Cortes de Cádiz y Constitución de 1812 como primera Constitución promulgada en España que supuso para nuestro país anclado en la miseria, el fin del absolutismo y el nacimiento del liberalismo irradiando progreso desde el Atlántico hasta el Pacífico.

Desde Cádiz transitamos hacia la antigua Isla de León -San Fernando-, cuna del Constitucionalismo moderno, al ser redactada nuestra primera Constitución en septiembre de 1810.



La Constitución de 1812, sólo por justicia, debería haber pasado a la historia como inmortal pero las circunstancias fueron otras quedando o debiendo quedar grabada en la retina de la Historia de España con letras mayúsculas de lo que pudo haber sido y no fue.





En San Fernando paseamos por el Teatro de las Cortes hasta llegar a la Plaza de Camarón de la Isla donde se encuentra un monumento dedicado a su memoria, frente a la Venta de Vargas. El cantaor es un referente importante en la ciudad de San Fernando de la cual es su hijo predilecto. Falleció el 1 de julio de 1992. 



El monumento en bronce a José Monge Cruz fue realizado por el isleño Antonio Aparicio Mota. Se encuentra sobre un pedestal sobre piedra ostionera, de más de dos metros de altura. Junto al monumento se encuentra un niño de bronce con mirada plácida observando al gran cantaor flamenco.

No muy lejos de allí se encuentra el mausoleo, obra del artista isleño Manuel Correa Forero.




En el Puerto de Santa María entramos por la Avda. de Valdelagrana entre glorietas a los salineros y Rafael Alberti que nos introduce poco a poco en la Plaza de las Américas donde nuestra retina capta al instante una réplica de la carabela de Colón “La Niña”, del profesor Coín Cuenca en el año 1990 pero eso formará parte de otra interesante historia.




miércoles, 26 de agosto de 2015

Prólogo


Foto  Antonio Ramos www.aerofotoramos.com

¡Muchas gracias por compartir conmigo el blog que estás leyendo!.

!Desde la ciudad del Gallo, MORÓN-Sevilla-España!.
Paz,  amor  y alegría a los pueblos del mundo. Espero que la sonrisa nos  acompañe  cada día y que la discordia nunca se encuentre en nuestro  camino.


Foto Antonio Ramos www.aerofotoramos.com


¡Thank so much for sharing with me the blog that you´re reading right now!.

¡From the plucked Rooster city, MORÓN-Sevilla-Spain!

Peace, love  and harmony to the people of the World.  I hope that the smile  stay  with us each day and we never find discord in our ways.



La inmensa mayoría de las fotografías de este Blog han sido realizadas por propio su autor. No obstante, es posible que existan algunas fotos obtenidas de la web para ilustrar algún artículo en concreto sin uso comercial. 

Por tanto, si alguna imagen hubiese que retirar por cualquier razón, se agradece la comunicación, para proceder a su retirada lo antes posible.

martes, 25 de agosto de 2015

La feria de Morón en la retina del recuerdo




Recuerdo hace ya algunos lustros en los días previos a la feria, cuando tradicionalmente comenzaba el día 17 y finalizaba el día 19 de septiembre, sin importar el día de la semana, los turroneros colocaban los puestos de madera con sus bombillas blancas que iluminaban las principales esquinas de la ciudad en una época donde las "luces" brillaban por su ausencia... 



Era el preludio de unos días de fiestas donde los niños pensaban en las cunitas y los mayores desconectarse de la cruda realidad, al menos por unos días.

Algunas semanas previas a tan magno acontecimiento se podían observar a no pocos zagales recogiendo cartones para venderlos y de ese modo disponer de algún dinerillo extra para tan señaladas fechas.

Otros niños acarreaban agua a los feriantes desde un grifo que existía junto a una palmera, cerca del ambulatorio, para de esa forma conseguir alguna que otra "entrada gratis" en las cunitas, el antiguo carrusel, el balance, el tío vivo, los coches locos, el tren de la bruja, el látigo sin olvidar las antiguas escopetas de plomo con el cañón "ladeado" que evitaba dentro de lo posible derribar de un tiro un llavero, un mechero de mecha o una botella pequeña de anís.

Por tanto, en aquellas fechas era muy normal ver a muchos adolescentes trabajar en las antiguas alfarerías o descargando camiones en el mercado de abastos y en los almacenes de ultramarinos, llevando sacos en un destartalado carro tirado manualmente a través de calles empedradas y empinadas. Era evidente que los derechos sociales brillaban por su ausencia en unos tiempos en que "todas las vacas daban leche", al menos para los mismos de siempre. 


Los primeros "motocarros" que recuerde tenían su parada en la calle Nueva. En aquellos tiempos, todavía existían personas que el material de obra lo arrimaban con un carro tirado de mulos o borriquillos cargados con serones de arena de los arroyos. No eran pocos los albañiles que iban por fanegas de yeso al motor de la Vereda Ancha o de la Plata con aquellos carrillos de mano.




Por otro lado, los albañiles se esmeraban para lograr que la portada de su caseta fuese la elegida la mejor y de ese modo aspirar a uno de los tres premios que se otorgaban.


Foto: Pepe Torres

Realizando una mirada retrospectiva... 

Recuerdo el primer día de feria por la mañana temprano desde la puerta de mi casa. Era un espectáculo observar tantos caballos, mulos y simpáticos borriquillos pasar por la calle Álamos y Molinos camino del "Tiro de Pichón". Muchas caballerías venían desde la antigua posada de la Cruz Dorada, denominada en tiempos pretéritos "la Cilla de los Canónigos", que fuera construida en 1744 y que según crónicas locales sirvió para cobrar los diezmos que se pagaban entonces a la Iglesia. A la izquierda de la posada, recuerdo que existía una taberna.



Al final de la Cruz Dorada existía un pozo donde los chiquillos más atrevidos bajaban cuando la pelota -el que la tenía- se caía dentro. 

...Otras caballerías entraban por el puerto de Jesús, desde los arrabales de Morón en dirección a la feria del ganado que entonces se celebraba en el antiguo Tiro de Pichón en la Alameda, convertido en punto de encuentro para comprar o vender ganado.

La feria era un verdadero acontecimiento, sobre todo para los niños, que estábamos deseando llegar al comienzo de la calle Utrera donde comenzaba entonces el alumbrado. En los Jardines de la Alameda llamaban nuestra atención los "retratistas" con aquel caballo y el toro invitando a los niños a plasmar en una fotografía un momento inolvidable bajo los farolillos de la feria. 


En la mediación de la calle Utrera algunas personas colocaban sus tenderetes ambulantes para vender el último artilugio para pelar patatas de manera fácil o el último líquido de limpieza que acababa incluso con las "perras gordas" y "perras chicas", monedas de mi época que junto con la de dos reales, utilizamos con cierta frecuencia en la inolvidable esquina del "Tío Bigotes". 



Y para las personas mayores, recuerdo el antiguo teatro chino de "Manolita Chen" que hacía las delicias de los mayores con aquellas vedettes con escasa ropa, sin olvidarnos del circo que siempre traía "una estrella importante" o las corridas de toros con la Guardia Civil a caballo vigilando el perímetro de la plaza de madera para que ningún avispado se colara sin pasar por la taquilla. 

Tampoco me puedo olvidar de aquellas motos en un recinto circular de madera donde a gran velocidad dos motoristas daban innumerables vueltas que parecían que se iban a salir volando por la parte alta donde estaba el público.

Durante las mañanas de feria las personas mayores disfrutaban viendo las exposición de antiguas motos "Montesa y Bultaco" junto a los coches de la época.

Recuerdo también esa Alameda llena de eucaliptos con un fuerte olor a sardinas y pinchos morunos en aquéllas frágiles casetas improvisadas de toldos viejos y cañas recogidas en las riberas del río Esparteros, con las sillas y mesas de madera. L
a mayoría de las familias traían de sus casas la comida preparada o compraban el clásico pollo asado y se pedían unos refrescos. Eran unos tiempos muy precarios para la inmensa mayoría de los ciudadanos y no todo el mundo podía comer en la feria, por razones obvias.




Junto a la feria de ganado recuerdo que se alquilaban unas bicicletas destartaladas con volantes por una peseta que hacía las delicias de los zagales. El añorado cine Oriente de verano al que me llevaban mis padres para ver aquéllas películas de Pili y Mili, Manolo Escobar, etc...junto al antiguo parque infantil donde antes existía un bar de verano en forma de kiosko, -hoy ubicado el Centro de Mayores-.

Existía una heladería al final de la calle Utrera denominada "de los italianos" con sus deliciosos "cármenes" que eran unas copas de helados con varias bolas, nata con nueces y caramelo líquido, que anestesiaban las retinas de los zagales.

A veces, la feria se impregnaba de los efluvios a orujo como resultado de la leña de la olivo quemada en los hornos de una antigua cantanería ya desaparecida cuando se cocían en los hornos de tipo árabe los ladrillos de rasillas, tabiques, gafas, refractarios o tubos de cerámica, codos y pipetas para los desagües. 

Y como olvidarme de la magnífica banda de música del maestro don Francisco Martínez Quesada que animaban tocando las noches cálidas de verano en la Alameda, en el antiguo templete ya desaparecido, frente al jardín de los palomitos, en cuyos árboles existían unas casas de madera construidas "in situ" para los palomos sin olvidar aquélla iluminación dentro del jardín en forma de semicircunferencias rojas con manchas blancas que simulaban las mariquitas del jardín con la fuente brotando grandes chorros de agua que daban al jardín una esencia especial. 


Recuerdo también la antigua caseta que llamaban "del caza y pesca", donde se reunían las "élites locales junto a las fuerzas vivas de la ciudad". Eran unos tiempos pretéritos donde las diferencias sociales estaban muy acentuadas.

Y como no recordar aquéllos primeros partidos de fútbol de la U.D. Morón en el campo de albero en horario nocturno, con la luz eléctrica por primera vez sobre postes de madera largos que se quitaban cuando terminaba el trofeo de feria y las duchas de los vestuarios con agua fría y olor a zotal que utilizaba el amigo Silverio ya desaparecido, mientras no pocos niños observaban el partido desde los árboles. 


¡Cómo pasa el tiempo!...




La feria se disfrutaba entonces por la mañana y por la tarde donde al empezar la noche había personas que permanecían en pie en la tómbola mucho tiempo para conseguir una muñeca o el clásico toro negro para colocarlo encima de la televisión. Eran tres días de feria y no había fiestas locales como hoy. El alumbrado oficial se colocaba sobre grandes postes de madera.

La feria terminaba en el cruce de los cuatro caminos y el último día los fuegos artificiales se realizaban en las Erillas Huecas. Eran unos tiempos en que la mayoría de las personas tomaban el fresco del verano por la noche en las puertas de sus casas y los niños jugaban todavía en la calle. Recuerdo que existían muchas casas de vecinos.

Hoy todo ha cambiado incluso los horarios son diferentes. Las casetas están mejor ubicadas, más confortables y guardan una estética. Por el contrario, se consume más alcohol que en tiempos pretéritos, cosa preocupante en los jóvenes.

También es digno de destacar la mayor seguridad que se percibe en la feria con medios policiales, bomberos, servicios sanitarios, guardería, etc…




El miércoles es la víspera de la feria teniendo lugar la prueba del alumbrado. En ese momento comienza nuestra fiesta más popular con dos días de fiesta local, el viernes y el lunes de resaca. La mayoría de las casetas tienen comidas de socios en la víspera por la noche y el jueves a mediodía muchos trabajadores cuando terminan su trabajo se reúnen en las casetas dando esplendor al primer día de feria. El último día de feria coincide con el tercer domingo de septiembre aunque no siempre fue así.  

Se disfruta de la  con la noche del "pescaíto frito", las pijotas, boquerones, calamares no faltando a la cita el jamón ibérico, el revuelto de gambas, la manzanilla de Sanlúcar, la cerveza fresquita y el rebujito que es una bebida refrescante, típicamente andaluza y fácil de elaborar con una botella de manzanilla, una gaseosa y mucho hielo.

Durante cuatro días, Morón y su comarca podrán disfrutar de una de las mejores ferias de la provincia con sus casetas, la banda de música, alguna que otra charanga, concursos de sevillanas, trajes de flamencas, paseo de caballos y orquestas que amenizarán las casetas sin olvidar antes de irse a casa tomar el chocolate con churros. 

¡En fin, que disfrutemos de la feria con salud y alegría acompañado de la familia y los amigos, cada uno dentro de sus posibilidades!.

...Y el último día como es tradición, comprar un poco de turrón para la familia y poder así endulzar un poco la vida.



Desde la "Feria de Morón", para el Blog de mis culpas...



martes, 28 de julio de 2015

El reloj de torre "LOSADA" de Morón.



 “A la memoria de Juan Rodríguez Zambrana”.


Breve introducción

José Rodríguez Losada, nació en 1797 en Iruela (León). Huyó de España en 1828 por culpa de la represión del rey absolutista Fernando VII que fuera apoyado por la España más reaccionaria que de nuevo nos introdujo en el oscurantismo, erradicando aquel espíritu de la España de 1812 “la Pepa”. Un contexto histórico que alimentaba como verdadero caldo de cultivo los antígenos de la miseria y el hambre por un lado y el caciquismo por otro que actuaba con toda la arbitrariedad posible, como anverso y reverso de la sociedad española del siglo XIX. 

Estuvo dos años en Francia antes de pasar a Inglaterra donde en 1835 fundara una tienda de relojes en Euston Road, en el norte de Londres y más tarde se instaló en el número 105 de la céntrica calle londinense de Regents Street donde se reunían los exiliados políticos españoles. Rodríguez Losada se casó con una inglesa y murió sin hijos en 1870. Terminó la obra del gran reloj de la torre del Palacio de Westminster, símbolo de la ciudad de Londres que sonaría por primera vez un 11 de julio de 1859 y el reloj de la Puerta del Sol de Madrid. Regresó a España en noviembre de 1866, bajo el reinado de Isabel II.

Un relojero que ha perpetuado en la memoria colectiva colocando a España en el centro europeo de su profesión durante el segundo tercio del siglo XIX al triunfar en Londres. Incluso muchos relojes de la marca Losada llegaron a ser objeto de falsificación por parte de relojeros suizos e ingleses debido al enorme prestigio que la marca gozaba en su época, sobre todo en lo referente a relojes de bolsillo. Sin embargo, la muerte del relojero coincide con la decadencia de la relojería inglesa, marcando un cambio radical en cuanto a calidad. Su sucesor Norberto Rodríguez de Losada tuvo que abaratar los costos de fabricación para poder soportar el impacto comercial de la relojería suiza y al mismo tiempo una menor influencia de la mano de obra artesanal.


Pocas personas tienen la satisfacción y el privilegio de poder dar cuerda a un reloj de torre de la prestigiosa marca Losada fabricado en 1878. La impresionante obra de relojería a la que nos referimos se encuentra ubicada bajo el templete que corona la fachada del Ayuntamiento de Morón y que fuera reformada en 1878 como consta en los planos y Libros de Actas Capitulares que se encuentran custodiados en el Archivo Municipal de Morón de la Frontera. 

Un reloj de torre que constituye un bello ejemplo de la influencia de los relojes de torre sobre la arquitectura civil de una época. 

Fachada del Ayuntamiento de Morón, en Semana Santa

Bajo el reloj se dan dado lugar a lo largo de la historia contemporánea de Morón importantes acontecimientos sociales, reivindicativos y lúdicos que han marcado de alguna manera la “Historia Contemporánea de Morón”, en la frontera de su propia esperanza.



Se puede decir sin temor a equivocarnos que el reloj de torre Losada junto al castillo de Morón permanecen en la retina del olvido de los vecinos. 

El castillo de Morón llegó a ser un importante alkevirato en tiempos de Abd al-Rahman I ben Muawiya al-Dajil (el Inmigrado 756-788) según la obra “los alkevires de Morón” de Ramón Auñón y posteriormente Reino de Taifa en el siglo XI, con el desmembramiento del Califato de Córdoba. Pero lamentablemente, su interesante historia como referente de un pueblo se desmorona (y nunca mejor dicho) a través de los sillares que destilan el ingrato olvido junto a la indiferencia mientras el arrabal de Santa María se pregunta si algún día doblarán las campanas con sus tañidos de bronce por la pérdida de su bella torre albarrana.

Bella panorámica desde el campanario del Ayto. de Morón



Vista del reloj del Ayuntamiento desde la torre de San Miguel

El 17 de julio de 2015 cambio impresiones con Manuel Escalante para realizar una visita a las entrañas del reloj Losada de mi pueblo. Manuel es concejal del Excmo. Ayuntamiento de Morón y recuerdo que en tiempos pretéritos estuvo de aprendiz en la relojería del inolvidable relojero y mejor persona Manolo Pinto, en la calle Álamos allá por los años setenta del pasado siglo. Durante la elaboración de este artículo, Manuel ha estado dando cuerda al reloj de torre Losada.


Accedimos a la torre a través de una angosta escalera de caracol de giro izquierda cuyos peldaños de madera están acoplados sobre un eje central. Nada más llegar al interior del templete, nos vimos sorprendidos por el movimiento de las palas que regulan la velocidad entre campanadas. Nuestra retina capta al instante la magnífica maquinaria del reloj de torre de la prestigiosa marca “Losada” donde figura la siguiente inscripción:






Observando la compleja maquinaria del reloj, la retina del recuerdo me trae a la memoria al amigo "Juan Rodríguez Zambrana", que fuera compañero nuestro en el antiguo Instituto de Enseñanza Media de Morón en tiempos pretéritos. Juan estuvo durante muchos años encargado de "limpiar, fijar y dar esplendor" a esta impresionante obra de relojería de la marca LOSADA que fuera fabricada en Londres en 1878.



Quiero dar las gracias a José y Jacobo de la Revista Atalaya por su inestimable ayuda para poder rescatar una entrevista publicada en la página 14 de "Morón 30 días" con fecha noviembre de 1998. La entrevista fue realizada por Antonio Morales al inolvidable Juan Rodríguez Zambrana o Juan Zambrana “El Ferretero”, encargado del reloj de torre del Ayuntamiento que además utilizaba su escaso tiempo libre a la investigación  de la historia de nuestro más que centenario reloj.

En aquélla época, Juan mantuvo un intercambio cultural con la Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística de la Habana cuyo primer fruto fue la obtención de una copia de “La Flor de los recuerdos, una repetición de Losada…”, obra del escritor Zorrilla publicada única y exclusivamente en esa ciudad en 1859, por lo tanto inédita en España.

Una de sus mayores ilusiones sería la de ver editada dicha obra “La Flor de los recuerdos, una repetición de Losada…” en Morón. Lo peculiar del proyecto radica en que el autor pucelano se inspiró para la mayor parte de su libro en la figura de Losada, constructor de nuestro reloj consistorial.

En dicha entrevista cabe destacar el vínculo que unía a Juan con el reloj del Ayuntamiento como su defensor a ultranza que trascendía lo meramente laboral, convirtiéndose en una pasión. Juan era el responsable de su cuidado y conservación. Agradecía al Ayuntamiento el haber puesto en sus manos una pieza de museo que funciona perfectamente y cuyo valor es incalculable.

Juan defendía los logros positivos de la humanidad, tanto en la técnica, la ciencia o el arte y que era necesario defender tesoros como éste, a pesar de que odiaba las imposiciones a las que nos somete el modelo de sociedad en la que vivimos, como el control riguroso de nuestro tiempo.

Hablaba entonces de la posibilidad de visitar la Torre en grupos reducidos para que los ciudadanos de Morón conocieran personalmente el reloj, su funcionamiento y su historia. Incluso hasta empresas de turismo rural querían incluir la visita al reloj de Morón dentro de sus itinerarios, aparte de la inquietud de muchas personas que le preguntaban cuando podrían visitar el reloj.

Tal era su cariño por el reloj de torre que incluso observó tras unas fuertes lluvias que el templete que sostiene la campana, así como los elementos de sustentación de dichas piezas, vigas de madera con más de 120 años, empezaban a mostrar un deterioro progresivo que a su juicio hacían peligrar la integridad de todo el conjunto.

También comentaba Juan la relación que unía a Losada con Zorrilla que incluso le ayudó en una situación más que delicada por la falta de liquidez para afrontar ciertas deudas, desde entonces les unía una fuerte amistad fruto de la cual Zorrilla escribió:

 “Una repetición de Losada”,  en una de sus estrofas se puede leer.

“Mi padre, ministro un día, / puso a precio su cabeza: / él con hidalga nobleza / salvó más tarde mi honor: / hoy sin temor ni bajeza, / del mundo a la faz le digo: / él es mejor amigo y no lo tuve mejor.

En la entrevista Juan consideraba posible para Morón, la publicación de esa obra como hito para la cultura española y todo un logro para nuestro pueblo. Disponía de una copia entera del único ejemplar que se conserva como una joya en la Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística de la ciudad de la Habana, cuyos representantes estuvieron desde un principio admirablemente dispuestos para que esa obra sirviese de complemento a la investigación que estaba desarrollando en esos momentos.

Y que tenemos una obligación ética de corresponder de alguna manera como era que dispusieran al menos de una simple fotocopiadora ya que las tenían que realizar a un coste elevado, aproximadamente un dólar por fotocopia. A título personal estaba realizando las gestiones para conseguir el dinero suficiente. Algunas veces les costaba trabajo hasta conseguir papel.

Para que nada quedara en el tintero de la entrevista Juan se refería que las páginas de la entrevista sirvieran como homenaje a los que han posibilitado a lo largo de la vida del reloj y llegar hasta nuestros días en perfecto estado en el que se encuentra actualmente la maquinaria.

Anunciaba también su próximo proyecto de realizar un inventario general de todos los relojes de torre de Andalucía, que esperaba publicar para que no ocurrieran casos como el de San Miguel.





El reloj de torre Losada de Morón está sustentado sobre una de bancada horizontal de madera (posiblemente pino tea por haber resistido perfectamente los agentes externos durante muchos lustros), donde destaca una interesante maquinaria que nuestra retina capta al instante, en especial la esfera de control interno de la marcha. Una señal de color verde pintada en los cables de acero del tren del movimiento nos indica que la cuerda ha llegado a su tope correspondiente. Las palas regulan la velocidad entre campanada y campanada.

Con cierta regularidad, un relojero se desplaza desde Sevilla para realizar los ajustes y lubricación necesarios para que tan magna maquinaria no deje de marcar las horas en la historia contemporánea de nuestro pueblo.




El reloj de torre Losada de Morón posee una autonomía de 96 horas (cuatro días). Se le da cuerda manualmente mediante una manivela izquierda-derecha para la cuerda de las horas y otra derecha-izquierda para que suene la campana exterior con su solemne sonido de bronce que durante el silencio de la noche “estimula nuestros tímpanos”, percibiéndose su eco desde la Fuente de la Plata hasta el antiguo arrabal (al-rabad) o barrio de Santa María.

Junto a la entrada, a mano izquierda existe un panel de la empresa relojera Torner, una casa profesional de garantía que fuera fundada en el año 1877 indicando los cuidados que requieren este tipo de relojes tales como: 

  • Un engrase regular cada 15 días, colocando unas gotas de aceite incongelable en los pasadores de la rueda de escape. 
  • Cada mes, es necesario poner aceite en los cojinetes de bronce que existen en cada extremo de los ejes, rodajes de la esferilla interior y en los que van detrás de las esferas exteriores, en los rodillos y palancas de martillos, piñón interior del trinquete de dar cuerda y caja vis-sin-fin del motor. 
  • La regulación se obtiene por medio del tornillo que queda debajo del péndulo. Cada vuelta y media de dicho tornillo corresponde, aproximadamente, a un minuto de avance o retraso en 24 horas. Girando el tornillo hacia la izquierda o letra R, se hace retrasar, y s se gira a la derecha o letra A se hará adelantar. 
  • Puesta en hora: Por medio de la tuerca con alas (o palomilla) situada detrás de la esferita de control. Para hacer mover las saetas, desenroscar un par de vueltas (para la izquierda) dicha tuerca, y cogiendo el engranaje cercano (nunca de las saetas) se hace girar hacia delante hasta llegar a la hora que interese, apretando seguidamente la tuerca con alas. 
  • Para el engrase es preciso usar aceite especial incongelable SAE-10.



En la parte más alta de la fachada se encuentra la pérgola de hierro forjado que sostiene el asa de una campana de 920 kg. de peso que fuera fundida en Sevilla en la fundición del coriano D. Juan Japón. 

A partir del siglo VI las campanas tenían como finalidad anunciar al pueblo las celebraciones religiosas y municipales.

La campana pertenece al tipo denominado de badajo fija. Tiene forma de copa invertida, que vibra por la acción del badajo o martillo exterior produciendo su tradicional sonido de bronce. 

El bronce posee una aleación del 78% de cobre y 22% de estaño con un punto de fusión en torno a los 1000ºC.

En su parte central se aprecia un anclaje o anilla para sostener el badajo interno inexistente, pero suena a través de un badajo externo que golpea la campana en el equivalente exterior del punto donde golpearía el badajo interior si existiera. Todo ello, sincronizado a través del control interno de la marcha del reloj de torre, que emite su tradicional sonido de bronce cuando las saetas del reloj marcan las horas en punto y medias horas.

Una inscripción que figura en la parte más alta de la campana denominada hombro consta:

“Se hizo en Sevilla por D. Juan Japón siendo Alcalde Presidente Don José Bohórquez”.



Algunos datos interesantes:

Según "Google Earth" el Ayuntamiento de Morón de la Frontera se encuentra situado en las coordenadas:  37º 07´20" N  5º 27´06" O


A título orientativo:

Midiendo el plano que existe en el archivo municipal "Expediente de Obras de la Casa Consistorial del Año 1878 signatura 1044 C" nos salen las siguientes medidas:

La fachada con el templete y pérgola tiene una altura de 19 metros de altura.
  • El primer cuerpo de fachada tiene 4,5 m. de altura.
  • El segundo cuerpo de fachada tiene 5,25 m. de altura.
  • La baranda que corona el segundo cuerpo tiene 1,00 m. de altura.
  • El templete por la parte exterior mide 4,75 m. de altura.
  • La pérgola de hierro fundido mide 4,5 m. de altura.
  • La altura de puerta con el arco del primer cuerpo mide 3,5 m.
  • La altura de los balcones con el arco del segundo cuerpo mide 2,75 m.
  • Los macetones que coronan la fachada tienen 1,30 m. de altura.
Las siguientes medidas han sido realizadas "in situ"...

  • La fachada del Ayuntamiento mide 16,47 metros de ancho.
  • La fachada está retranqueada con respecto a la portada principal unos 29 cm, teniendo una anchura de 3,42 cm. El hueco donde se ubica la puerta principal del ayuntamiento tiene 1,80 cm.
  • El diámetro de la esfera del reloj tiene una longitud de 134 centímetros.
  • La saeta que marca los minutos tiene una longitud de 88 centímetros desde el eje central y la saeta que marcan las horas 59 centímetros. 
  • Las letras romanas que señalan las horas tienen una altura de 18,5 centímetros.
  • La pérgola sobre la que se sustenta la campana tiene 3,31 metros cuadrados.
  • El diámetro de la campana tiene 118,5 cm. 
  • La altura de la campana 87 cm. 
  • El labio de la campana posee una anchura de 10 cm.
  • La altura del templete 2,60 m. La anchura 3,30 m. El fondo 2,01 m.
  • La esfera del control interno de la marcha -minutos- tiene 13 cm.
  • La esfera del control interno de la marcha -horas- tiene 30,5 cm.

La bancada de madera sobre la que se apoya el reloj de torre Losada tiene las siguientes dimensiones:
  • Largo: 127,5 centímetros de longitud.
  • Ancho: 71 centímetros.
  • Altura: 109 centímetros.


En el archivo municipal podemos impregnarnos de la historia local en los Libros de Actas Capitulares. Incluso he tenido la oportunidad de subir a la parte más alta de la fachada donde se encuentra la campana para plasmar gráficamente, con mi humilde cámara de fotos, las letras grabadas en bronce de la persona que realizó su fundición. 

Leyendo el libro “la vida y obra de José Rodríguez de Losada” por Roberto Moreno hemos conocido por primera vez algunos términos del argot relojero como escape de áncora, trinquete, esfera de control interno de la marcha, cojinetes de bronce, sistemas de sonería, carraca deslizante, etcétera, aunque doctores tienen esta disciplina.


Esfera exterior del reloj de torre

Una escalera de hierro interior fija da acceso a la parte superior de la fachada donde se encuentra la gran esfera transparente que marca las horas, que en su parte central está decorada con una flor en forma de hojas puntiagudas que termina en la división horaria señalizada a través de números romanos. Las manecillas que marcan las horas y los minutos tienen forma de saeta. En la parte inferior de la esfera destaca con letras azules la marca LOSADA LONDON, entre los espacios horarios VII al V.

Esfera interior del reloj de torre

Para acceder a la parte más alta donde está ubicada la campana, existen una primera escalera que consta de seis peldaños de hierro incrustados en la pared que desemboca en el tejado, a partir del cual nos encontramos otra escalera de nueve peldaños en la parte posterior del templete. Para acceder en su parte final nos ayudamos con una cadena de acero fijada en la base de la pérgola, desde la cual se divisan innumerables limatesas, limahoyas y caballetes que nuestra retina capta desde la altura con la torre de San Miguel junto a la Catedral de la Sierra Sur y el castillo "que brillan con luz propia".


Una impresionante panorámica se puede observar desde el campanario del Ayuntamiento con la torre de San Miguel con sus campanas: “San Cristóbal”, en el centro, “San Pedro” a su derecha y “La Nueva” a su izquierda.






En el Libro de Actas Capitulares encontramos que un 18 de febrero de 1878 bajo la alcaldía de José Bohórquez y Merino se aprueba por el Ayuntamiento de la Villa de Morón la adquisición de un reloj de torre que debería colocarse en la Casa Capitular. 






También pudimos observar el expediente de reforma en las obras de la Casa Capitular y para la adquisición de un reloj de torre con fecha junto al “Proyecto de fachada para la Casa Ayuntamiento de la Villa de Morón” con fecha 10 de abril de 1878. En dicho documento se puede observar el plano del proyecto de fachada para la Casa Ayuntamiento de la Villa de Morón, fechado en Sevilla un 10 de abril de 1878. Se observa en la parte inferior su escala: 0,02 por metro.



El Señor Presidente manifiesta que presupuestados cinco mil quinientas pesetas para la adquisición de un reloj de torre que debía colocarse en la Casa Capitular de la Villa, le parecía conveniente que este servicio se contratara con la Casa Losada por ser el fabricante que ofrece una garantía superior a los de otra procedencia…para contratar el reloj con la Casa Losada o un agente…






La fachada que da a la plaza cuyo estado examinado ahora detenidamente no permite que gravite sobre su pared exterior el peso de la torre donde ha de colocarse el reloj y campana del mismo por cuya causa la comisión de obras públicas mandó a formar el presupuesto de gastos…

...Con la reforma de que se trata necesitándose para ella un aumento de seis mil quinientas pesetas con cuya suma quedaría terminado el edificio de una manera perfecta.

...dos mil quinientas pesetas para reforzar algunos pilares que se encontraban en mal estado, podía unirse esta cantidad a la de cuatro mil quinientas pesetas consignadas en el presupuesto general del ejercicio...



Firma del plano de la fachada del Ayuntamiento en 1878



Existen dos periodos en la fabricación de los relojes Losada: el primero va desde 1835 a 1870, el periodo productivo en la vida del prestigioso relojero. Un segundo periodo, de 1870 a 1890, corresponde a las fabricaciones bajo la dirección de su sobrino Norberto o sucesores de éste. 

Hay que hacer notar que ambos periodos; es decir, de 1835 a 1890 hay una producción legítima de obras con la firma. “J.R. Losada 281 (ó 105) Regent Street” fabricadas por su taller. La Casa Losada firmaba sus obras bajo la marca J.R. LOSADA. 

J.R. Losada falleció en 1870. Por tanto, el reloj de Morón fue realizado durante el segundo periodo, por la casa Losada en 1878.

En el diario ABC del sábado 30 de diciembre de 1978, el cronista oficial de la villa de Morón Juan José García López señalaba que el reloj de torre de Morón era obra de Luis Losada, el mismo que fabricara el reloj de la Puerta del Sol madrileña.


Son pocos los relojes de torre que se conocen de J.R. Losada. Como ejemplo el reloj de la Puerta del Sol, la Catedral de Málaga donado por D. Juan Larios y Herreros, el de la Catedral de Caracas, El del Colegio Naval de San Fernando, Colegio de los Padres Escolapios, en Getafe o el del Ayuntamiento de Morón.

En definitiva, una jornada didáctica que ha hecho que nuestro reloj de torre Losada capte nuestro interés de inmediato y al mismo tiempo quedar impregnados en la medida de nuestras posibilidades de esa cultura que irradia su historia. 

Me comenta el amigo Manolo Escalante que en el momento en que las circunstancias lo permitan, se tiene previsto organizar visitas guiadas al reloj de torre para disfrute de los ciudadanos en tan importante obra de relojería, de la que existen muy pocos relojes de torre Losada funcionando en el mundo.



Desde las entrañas del reloj de torre "LOSADA" de Morón con Juan Rodríguez Zambrana en la retina de nuestro recuerdo, para el Blog de mis culpas...



P.D. Morón es tierra de la Cal, del Flamenco y de Fernando Villalón por cuyo término municipal transitara en tiempos pretéritos el famoso bandolero "El Pernales", amigo del poeta y José María "El Tempranillo".

sábado, 23 de mayo de 2015

En busca de Trujillo, "la tierra de Pizarro y de Orellana".

Estatua ecuestre de Francisco Pizarro en Trujillo

Desde la Antigua Emérita Augusta transitamos por la antigua Vía de la Plata para visitar la “Vieja Cáceres” y posteriormente desplazamos hacia la ciudad monumental de Trujillo cuyas páginas cargadas de historia nos recuerdan que en tiempos pretéritos llegó a ser “tierra de conquistadores” entre los cuales Francisco Pizarro-conquistador del imperio Inca- y Francisco Orellana-descubridor del río Amazonas- brillaron con luz propia en sus expediciones, sin olvidar la figura de Diego García de Paredes y Torres “el sansón” de Extremadura que también realizara grandes hazañas al servicio de la Corona de España, de los Estados Pontificios y del Sacro Imperio Romano Germánico. Su hijo Diego García de Paredes fundaría la ciudad de Trujillo en Venezuela un 9 de octubre de 1557.

Recuerdo en mis años de estudiante -hace ya algunos lustros- como la figura de Francisco de Orellana fue maltratada injustamente por la historia al estar eclipsada por la figura de Hernán Cortés (conquistador de México) o Francisco Pizarro (conquistador del Perú).



Francisco Orellana participaría en 1533 en la conquista del imperio de los Incas fundando en 1537 la ciudad de Guayaquil. En febrero de 1542 -buscando tal vez “El Dorado” como una constante entre los exploradores españoles o “la canela” que brillaba por su ausencia-, descubre un gran río al que bautiza con el nombre de “Amazonas” en honor a unas mujeres guerreras armadas con arcos y flechas con las que se encontró.


Un azulejo recuerda en Sanlúcar de Barrameda que en la primavera de 1545 partía Francisco de Orellana para llegar de nuevo a la desembocadura del Amazonas y ascender río arriba para culminar su heroica aventura.

En la mayoría de los casos, el conquistador fue un hombre que se hizo a sí mismo en unas condiciones muy difíciles. Solían proceder de familias humildes aunque también se nutrían de segundones de la nobleza cuyo ideal estaba fuertemente enraizado en las tradiciones medievales como el honor, la fama y la riqueza. 

Algunos lo consiguieron como Cortés y Pizarro, pero la mayoría de los conquistadores movidos por dos temibles motivaciones como la ambición y la desesperación sólo obtuvieron fatigas y sinsabores.


Sin embargo, los grandes estados indígenas se convirtieron en la presa más buscada y deseada para ser expoliadas por las grandes potencias europeas de su época.

…Nuestra ruta comienza en la Plaza Mayor, centro neurálgico de la ciudad de Trujillo en la que se puede observar su enorme valor histórico-artístico como consecuencia de la prosperidad otorgada por el gran impulso arquitectónico de algunos indianos en el Nuevo Mundo que emplearon parte de los recursos obtenidos en la construcción de casas solariegas, grandes palacios, iglesias y hospitales, lo que ha hecho que esta monumental ciudad, al igual que Cáceres, se hayan convertido en uno de los cascos históricos más bellos de Extremadura y de España.


La retina del viajero capta al instante la magnífica estatua ecuestre de Francisco Pizarro, conquistador del imperio Inca. Una obra realizada en bronce, con un peso de 6.500 kg. erigida sobre granito por el escultor Carlos Rumsey de Nueva York siendo donada por la señora Rumsey a la ciudad de Trujillo en el año 1927.



Junto a la estatua ecuestre de Francisco Pizarro se encuentra la Iglesia de San Martín del siglo XIV que tendría sucesivas ampliaciones hasta el siglo XVI. En ella oró el emperador Carlos V de camino a Sevilla para casarse con Isabel de Portugal, y su hijo Felipe II, en 1583, tras convertirse éste en rey de España y Portugal. El primer rey Borbón, Felipe V, también rezaría en ella.










También destacan las trazas de los hermosos balcones en rincón y esquina que dominan las dos fachadas de algunos palacios.


Por la Cuesta de la Sangre, atravesamos la Puerta de Santiago para adentrarnos en su recinto medieval bajo un trazado irregular a través de la angostura de sus sinuosas calles empedradas y jalonadas por numerosas casas nobiliarias en la que destaca el ocre de sus fachadas y los escudos heráldicos. 

Muy cerca de la alcazaba se encuentra la casa-museo de Pizarro donde nos ilustramos de la azarosa vida del explorador, de la sociedad de su época, la conquista, “los trece de la fama”, los enfrentamientos y su trágica muerte. 

Casa museo de Francisco Pizarro en Trujillo

...La conquista del Perú estuvo marcada por dos características fundamentales: el mito del oro y una geografía enormemente compleja y difícil que va desde el desierto a la selva, desde las cumbres inaccesibles de los Andes a ríos inmensos como el Amazonas. La combinación entre ambas fue capaz de crear personajes tan excepcionales como Pizarro, Orellana o Lope de Aguirre.

…El 24 de septiembre de 1532 Pizarro salió de San Miguel de Tangara con 106 infantes y 62 soldados a caballo iniciando la conquista del Perú. Tras subir la sierra llega a Cajamarca el 15 de noviembre y siguiendo la misma estrategia que había utilizado Hernán Cortés con Moctezuma busca el encuentro directo con el emperador de los Incas ideando un plan muy arriesgado para capturar a Atahualpa.




Al día siguiente el emperador, rodeado de un séquito imponente, se dispuso a visitar el campamento de los españoles confiando en su aplastante superioridad numérica. A una señal de Pizarro los españoles irrumpieron en la plaza, los caballos se arrojaron contra los incas y la artillería convirtió el lugar en un infierno. Después de aniquilar a los porteadores de la litera imperial, Atahualpa fue capturado. 

Se llegó a un acuerdo para liberarle mediante el pago de un rescate y el oro comenzó a llegar desde los últimos confines del Imperio. 


Atahualpa, desde su cautiverio, seguía gobernando e incluso se las ingenió para liquidar a su hermano Huáscar. Temerosos los españoles de su poder, se nombró un tribunal y se le acusó formalmente de “desleal”, “traidor”, “regicida”, y “hereje”. Declarado culpable de los cargos, fue ejecutado mediante garrote el 26 de julio de 1533, después de que se “convirtiera” al cristianismo.

Pizarro se encontró tras la muerte de Guayna Capac en una sangrienta guerra civil por la sucesión entre sus dos hijos Atahualpa y Huáscar. Al igual que hiciera Cortés, Pizarro jugó la baza de la discordia ganando para su causa a los partidarios de Huáscar, que a su llegada tenían la guerra prácticamente perdida y se mostró como el garante de del orden legítimamente establecido.

Con la muerte del emperador, la guerra parecía terminada pero el 3 de mayo los incas se sublevaron. Aunque volvieron a ser sometidos, no volvió a reinar la paz hasta que el último rebelde inca Tupac Amaru I fuera ejecutado en Vilcabamba en 1572.

Francisco Pizarro
Las huestes castellanas en la primera mitad del siglo XVI habían alcanzado un elevado grado de disciplina y eficacia. La guerra de Granada y las campañas de Italia habían puesto de manifiesto que era uno de los más modernos de su época. Su armamento contaba con espadas, picas, puñales, ballestas, arcabuces y cañones, por no hablar de algo tan destructivo como la caballería. Su objetivo era la “guerra total”. 

El ejército inca tenía una magnífica organización pero su armamento consistía en hondas y jabalinas pero al no conocer el hierro se encontraban el una manifiesta inferioridad. 



Los incas eran muy vulnerables a la excesiva dependencia de sus jefes. Cuando Atahualpa fue capturado por los españoles, su ejército quedó descabezado e inoperante aunque contaran con generales expertos y bien preparados, que no fueron capaces de oponerse con eficacia a un grupo tan reducido de enemigos. Cuando quisieron reaccionar ya era demasiado tarde. Los españoles controlaban ya el Perú.

La conquista dio paso a una nueva sociedad basada en el régimen de la encomienda indiana que reinó en América desde 1497 hasta 1720 consistente en la concesión de indios a los españoles con el objeto de que se sostuvieran y permanecieran en las tierras recién conquistadas.

Los indios se otorgaban mediante un título que incluía al encomendador y su poder para encomendar. Los abusos dieron lugar a las visitas, que tenían como objetivo una evaluación de la encomienda.

En 1514 el religioso español y defensor de los derechos de los indígenas Fray Bartolomé de las Casas, conmovido por los abusos de los colonos españoles hacia los indígenas renunció a su propia encomienda denunciando la forma de esclavitud encubierta de los indios.

«Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere», afirmó el conquistador trujillano cuando se encontraba a las puertas del Imperio Inca. Solo 13 de los 112 hombres decidieron pasar a la Historia.

La sociedad peruana se dividía en tres estamentos perfectamente diferenciados: el poder político, la Iglesia y el pueblo. La Iglesia fue, sin lugar a dudas, la institución más importante en la relación entre españoles e indios, influyendo en el comportamiento de ambos refrenando con éxito desigual las ambiciones de los funcionarios y encomenderos, convirtiéndose en verdadero baluarte en la defensa indígena, donde las órdenes religiosas jugaron un papel fundamental.

El pueblo estaba constituido por los españoles, los mestizos y los indios enriquecidos posteriormente con la llegada de la población de color. Una vez realizada la conquista, los españoles fundaron nuevas ciudades como avanzada militar y centro de irradiación religiosa y cultural para mayor servicios de Dios y del Rey. 

La ciudad se planificaba a soga y cordel en ajedrezado. La Plaza Mayor se denomina Plaza de Armas en América.

Sofocada la rebelión de Manco Capac, las diferencias entre Pizarro y Almagro se fueron haciendo cada vez más profundas. Tras liberar el Cuzco, Almagro arrestó a Gonzalo y Hernando Pizarro reclamando el Cuzco argumentando que formaba parte de los territorios que le había concedido la Corona en las capitulaciones para la conquista de Nuevo Toledo (Chile). Las negociaciones no dieron ningún fruto y tras la batalla de las Salinas (6 de abril de 1538) las fuerzas almagristas fueron derrotadas y su caudillo hecho prisionero y ejecutado.




Pizarro había sido nombrado marqués y se le había otorgado 16.000 vasallos en la región de los Atabillos. La pobreza de los almagristas, agrupados en torno a Diego de Almagro "el Mozo", y las arbitrariedades cometidas contra ellos por Pizarro, propiciaron un creciente odio hacia su persona. El 26 de junio de 1541 un grupo de almagristas capitaneados por Juan de Prada irrumpieron en el edificio de gobernación y tras una brava refriega Francisco Pizarro cayó muerto a los pies de sus asesinos.

Perú no trajo suerte a la familia de los Pizarro. Juan Pizarro murió en el sitio de Cuzco en 1536. Gonzalo se rebeló contra el rey y murió ejecutado en 1548. Hernando, el único superviviente tampoco se libró de la maldición peruana, En 1539 vuelve a España y es acusado por los almagristas de la muerte del que fuera compañero de Pizarro, siendo condenado y encarcelado en el castillo de la Mota, donde permaneció por espacio de 20 años. En 1561 fue puesto en libertad y pasó a residir en Trujillo (Extremadura) donde construyó el llamado Palacio de la Conquista.




Terminamos la ruta paseando junto a la alcazaba que se erige sobre la cota más alta de la ciudad, en un promontorio rocoso. Desde allí se observa una bella panorámica de Trujillo y su comarca.

Un monumento andalusí del periodo Omeya levantado entre los siglos IX y X ubicado geoestratégicamente con sus grandes muros de sillería en grandes bloques de piedra. Un recinto regular de 40 metros de lado jalonado con 17 torres destacando una puerta con arco de herradura que facilita el acceso al recinto militar. 

Tras el recinto principal, se sitúa la Albacara al que se añade una coracha en la época almohade. La barrera exterior con torres circulares y el foso pertenecen a la época cristiana siendo característico de las fortalezas andalusíes los aljibes. Tras cinco siglos de dominación musulmana, la ciudad pasará definitivamente a manos cristianas en enero de 1232. 

Terminamos la jornada estimulando nuestro paladar en la Feria Nacional del queso de Trujillo. Allí degustamos la Torta de Casar y el queso con olor y sabor intenso en aceite de oliva virgen extra y pimiento molido obtenido de la cabra payoya de la Sierra de Cádiz.

Desde la ciudad monumental de Trujillo para el Blog de mis culpas...