sábado, 22 de noviembre de 2014

Prólogo


Foto  Antonio Ramos www.aerofotoramos.com

¡Muchas gracias por compartir conmigo el blog que estás leyendo!.

!Desde la ciudad del Gallo, MORÓN-Sevilla-España!.
Paz,  amor  y alegría a los pueblos del mundo. Espero que la sonrisa nos  acompañe  cada día y que la discordia nunca se encuentre en nuestro  camino.


Foto Antonio Ramos www.aerofotoramos.com


¡Thank so much for sharing with me the blog that you´re reading right now!.

¡From the plucked Rooster city, MORÓN-Sevilla-Spain!

Peace, love  and harmony to the people of the World.  I hope that the smile  stay  with us each day and we never find discord in our ways.



La inmensa mayoría de las fotografías de este Blog han sido realizadas por propio su autor. No obstante, es posible que existan algunas fotos obtenidas de la web para ilustrar algún artículo en concreto sin uso comercial. 

Por tanto, si alguna imagen hubiese que retirar por cualquier razón, se agradece la comunicación, para proceder a su retirada lo antes posible.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Reencuentro con la Alpujarra de Gerald Brenan




"Pensé que iba a hacer una tesis sobre la poesía de Lorca,
 se me convirtió en una investigación sobre su muerte
 y creo que Brenan tuvo la culpa
Ian Gibson


Desde Lanjarón, puerta de la Alpujarra llegamos a Órgiva, a las faldas de la Sierra de Lújar y Sierra Nevada, denominada la puerta de la Alpujarra Alta para empezar a zigzaguear entre montañas. Atrás dejamos la grata visita a Pampenaira, Bubión y Capileira que permanecen en la retina de nuestro recuerdo.

Al día siguiente nos desplazamos hacia Yegen, inmortalizada por el hispanista Gerald Brenan en su libro “Al Sur de Granada”. Allí fijaría su residencia entre 1920-1934 divulgando las costumbres y tradiciones de la Alpujarra, universalmente famosas. 


Nunca pensé que cuando leyera al Sur de Granada de Gerald Brenan se me iba a estimular tanto mi apetito viajero por el último reducto morisco en las AlpujarrasAl Sur de Granada pertenece  a esa literatura fresca y sencilla que permite al lector viajar sólo con la imaginación para reencontrarse con las Alpujarras de Brenan ó Aben Humeya.






Una placa de azulejos recuerda en Yegen la casa donde vivió Brenan durante siete años. Sus vecinos lo conocían por “don Geraldo”. Muy cerca de la casa se encuentra la fuente de los tres caños. Desde allí a través de calles sinuosas llegamos a la parte alta del pueblo -junto a la carretera principal- donde se encuentra la fonda-museo que se encontraba cerrada. 

El término fonda nos recuerda Brenan que tiene su origen en la fondak árabe.


Los vecinos amables y cordiales nos invitaron a dirigirnos al bar “Tinao” donde nos  abrirían la pensión en la cual vivió Gerald Brenan hasta encontrar casa en el pueblo. En la actualidad se ha convertido en un lugar de culto para estudiosos y viajeros del escritor inglés cuyo amor por España ha pasado a formar parte de la literatura española.


Al entrar en la casa-museo de Brenan se puede observar su humilde escritorio con una silla de enea situado junto a una ventana con la Sierra de la Contraviesa como testigo. Allí Brenan escribiría sus impresiones y vivencias que plasmaría en su libro “Al sur de Granada” que se publicará en 1957. Una mezcla de historia y etnología, ideal para aquéllos que quieran iniciarse en el campo de la antropología.

Visitamos todas las dependencias de la casa que aún conserva la esencia de la arquitectura popular alpujarreña: la cocina con el tradicional platero y su chimenea, los dormitorios, la cuadra, etcétera. Para dejar constancia de nuestra presencia, firmamos en el libro de visitas que existe en la fonda-museo de Yegen.



Es interesante como un inglés, hijo de una familia de clase media alta británica abandona  la civilización y una vida acomodada en Inglaterra en una sociedad hermética, rígida y  anquilosada  que le oprime y se plantea vivir en 1920 en una atmósfera más pura y menos viciada para poder pensar e "imaginar sin bridas".  En Yegen, Gerald Brenan alquila una casa por 120 pesetas al año y empieza a reencontrarse consigo mismo. 



Pero Brenan había dado muestras de ser un viajero incansable, mucho antes de elegir España como destino para vivir. Su padre, oficial del ejército británico tuvo sucesivos destinos que determinaron su infancia viajando a países como Sudáfrica, Inglaterra, Irlanda, Italia, Francia, Malta o la India.

Tras haber combatido en la Primera Guerra Mundial, decide marcharse a España porque piensa en su clima benigno y la vida podría ser más barata. Una herencia le proporciona suficientes medios económicos para instalarse en Yegen donde busca la paz interior en comunión con la naturaleza.

Su estancia en España comienza cuando llega a La Coruña y cruza el país hasta Almería como destino final para recoger sus 2.000 libros, que le iban a llegar por barco a dicha ciudad.


En el trayecto conoce las Alpujarras granadinas y decide que ahí quería vivir, en Yegen donde se establece. El medio rural le fascina y aprende las costumbres de los pueblos alpujarreños cuya "supervivencias arcaicas" le proporcionan "un placer especial", como escribió. En Yegen vive largas temporadas desde 1919 a 1934.

Durante su estancia en España viaja por Túnez, Marruecos, Portugal, Grecia y Turquía viajando a Londres con cierta frecuencia para relacionarse con el grupo Bloomsbury.


La Alpujarra, una abrupta zona geográfica entre Granada y Almería, ha permanecido aislada durante muchos siglos debido a sus peculiaridades etnológicas e históricas, lo que hizo que en tiempos pretéritos se convirtiera esta comarca en el último reducto morisco. Hasta hace pocos lustros podia recorrerse a lomos de una mula como único medio de transporte, lo que nos puede dar una idea de la dificultosa orografía del terreno.

Cuenta Gerald Brenan en su libro "Memoria personal 1920/1975 referente a la visita de sus padres desde Granada a Yegen.

 "Después tomamos el autobús para Órgiva y al día siguiente hicimos el largo trayecto a lomos de mula remontando el cauce seco del río. Mi madre disfrutó todo el tiempo con su visita...Se quedaron una semana y después los llevé en mula a Guadix atravesando el Puerto del Lobo y los dejé acomodados en el tren de Madrid. Había sido para ellos un gran aventura."

La tranquilidad y gozo que Yegen le transmite a Brenan desde el primer momento es indudable, al estar rodeado de montañas, las estrellas, el aire, los ruidos de los arroyos y acequias. En definitiva Brenan se enamora de Yegen al pertenecer al mundo de lo humano, con aire de pueblo sencillo con la espontaneidad de sus gentes, muy lejos del mundo cuadriculado de donde provenía.

Poder leer y pasear en plena armonía con la naturaleza le hacían tomar notas día a día sobre el ambiente laboral del campo, sus costumbres ancestrales, el folklore, las fiestas, la espontaneidad de los alpujarreños, los quehaceres diarios de los labradores y pastores, el noviazgo, el matrimonio, la familia, la posición del hombre sobre la mujer, el significado de la religión y de la muerte…

Como se encuentra sólo con sus paseos y su lectura en Yegen decide invitar a sus amigos Ralph Partridge, Dora Carrington y Lytton Strachey. Incluso en 1923 le visitaron Leonard y Virginia Wolf. Pero no todo el tiempo estuvo en Yegen sino que algunas veces tuvo que acudir a Inglaterra en donde se enamoro de la poetisa Gamel Woolse casándose con ella en Roma.

Pero pronto se da cuenta del drama que asola al campesino andaluz y extremeño motivado por el atraso que soportan por culpa del olvido del gobierno central junto con el maltrato y la brutalidad con la que son tratados por los caciques que discriminaban a los obreros y campesinos con salarios miserables. A Brenan le afectaba el trato discriminatorio que sufrían los obreros y los campesinos. Se lamentaba sobre todo  lo que supusiese un ultraje al ser humano fuera cual fuese su condición social chocaba con su mentalidad inglesa.


Otro de los libros que destacaba sobre el humilde escritorio era su obra más conocida, El laberinto español (The Spanish Labyrinth, 1943) leído y releído por mi padre una y otra vez, quién me decía no pocas veces… 


¡Esto lo dijo Gerald Brenan!.


Muerte de un miliciano de Robert Cappa
5 de septiembre de 1936 en Cerro Muriano (Córdoba)


En diciembre de 1934 se marchan Churriana donde le sorprende la Guerra Civil. Allí vivieron entre 1935 y 1970. El silencio de aquélla casa andaluza fresca y llena de flores, solo roto sólo por el paso de las cabras y las cargas de melones, ciruelas y melocotones a lomos de los burros. Un placer para los sentidos al estar en contacto con el mundo sencillo.

Desde Yegen para el Blog...

lunes, 17 de noviembre de 2014

II Viaje a la Alpujarra de Brenan





 “Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre…”

Federico García Lorca sobre la “Toma de Granada” en 1492 por los RR.CC. 10 de junio de 1936 



Al reencontrarnos con la Alpujarra de Brenan, impregnamos de nuevo nuestros sentidos con las esencias y efluvios moriscos. La retina del recuerdo nos extrapola bellas imágenes de aquel primer viaje que realizamos a la Alpujarra no hace mucho tiempo en época estival; una de las comarcas más singulares de Europa bajo un entorno natural privilegiado. 

Pueblos blancos con su fisionomía tradicional diseminados a lo largo de Sierra Nevada y la Sierra de la Contraviesa, cada uno con sus peculiaridades etnológicas. No es nada extraño que semejante vergel de la naturaleza haya servido de inspiración para que numerosos viajeros como Gerald Brenan estimularan nuestro apetito viajero por el último reducto morisco de la antigua Al Ándalus. 

Su libro “Al Sur de Granada” nos permite viajar sólo con la imaginación por aquélla Alpujarra donde Brenan viajó a lomos de una mula a comienzos de 1920. 




Entramos desde Granada a través de Santa Fe por la A-44 ascendiendo por el "Suspiro del Moro" que va hacia la Costa Tropical -Motril- para desviarnos por la A-348 hacia Lanjarón cuya etimología deriva de Al-Lanjaron (lugar de manantiales), considerada la puerta de entrada a la Alpujarra granadina. 

Allí disfrutamos de las fuentes de agua cargadas de poesías donde la placeta de Santa Ana es sólo un bello ejemplo. Un remanso paz donde desaparecen las prisas bajo el eco del agua que calma la sed y fluye hacia un antiguo lavadero público del siglo XVIII. 




Paseando por la Avenida de la Alpujarra sorprende la enorme cantidad de macetas y flores junto a las fachadas de las casas hasta desembocar junto a la Fuente Viva, obra del escultor Ramiro Megías donde se produce una fusión entre el agua y la piedra. Al mismo tiempo se unen el pasado y el futuro representado por la vitalidad de los niños jugando y una pareja de ancianos descansando junto al borde de la fuente y cogidos de la mano.

Sin olvidar su histórico castillo sobre un promontorio rocoso que perteneció al sistema defensivo nazarí como testigo de tiempos pretéritos en antiguas tierras de fronteras. 




La Alpujarra entre fuertes contrastes verdes y ocres permanece siempre acompañado por el blanco puro de la cal de los pueblos blancos que jalonan Sierra Nevada, la Sierra de Lújar y la Sierra de la Contraviesa, destacando sus paredes encaladas donde predomina el “efecto botijo” que permite que las paredes de las viviendas transpiren y mantengan la temperatura en invierno y las refresca durante el verano. 

Por otro lado, el agua fluye de manera irregular formando arroyos y pequeñas cascadas susurrando y acariciando nuestros frágiles tímpanos proporcionando bellas estampas bajo el amparo de un turismo respetuoso con el medio ambiente. 



Llegamos a Órgiva donde deleitamos nuestra retina con la iglesia "Nuestra Señora de la Expectación" del siglo XVI construida sobre una antigua mezquita. Sus dos elevadas torres gemelas con chapiteles de pizarra se hacen visibles desde mucha distancia. 

Órgiva nos indica el camino hacia la Alpujarra Alta. En 1492 fue cedida por los Reyes Católicos a Boabdil -Abu 'Abd Allāh-, como lugar de retiro. La expulsión de los judíos el 31 de marzo de 1492 y posterior exilio de Boabdil fue el preludio de la diáspora de los moriscos a partir de 1609. 

El 31 de marzo de 1492 emiten los Reyes Católicos el Decreto de la Alhambra por el cual se obliga a los judíos a la Diáspora como preludio de lo que más tarde ocurriría con la población morisca a partir del 4 de agosto de 1609 como la mayor expresión de intolerancia ocurrida en la Europa durante este periodo de la historia. Unos sucesos trascendentes que atrasaron el reloj de nuestra historia al acabar con una civilización cuyo legado forma parte de una de las principales riquezas del pueblo andaluz como resultado de su proceso histórico como base de su identidad cultural, modelada a lo largo de siglos y que forma parte de la memoria en palabras del prestigioso antropólogo Isidoro Moreno.

El año 1492 fue annus mirabilis o de los milagros para los cristianos con la unificación peninsular configurando un modelo de nación junto al Descubrimiento del Nuevo Mundo y al mismo tiempo fue un auténtico annus horribilis para la población sefardí condenada a la Diáspora el 31 de marzo de 1492 que sería el preludio de lo que ocurría más tarde en 1609 con la expulsión de los moriscos.





Descansamos en Pampaneira con su peculiar aspecto bereber y tiendas de harapas  con las alfombras, mantas o cortinas que inundan de color todos sus pueblos. Sus diseños se remontan a la época andalusí junto con la artesanía de la madera, esparto, mimbre, cerámica, talabartería, etcétera. 

Nada más llegar a Pampaneira nuestra retina capta al instante los grandiosos paisajes naturales junto a la arquitectura típica alpujarreña que ha sabido integrarse en su medio natural. 

La angostura de sus empinadas y sinuosas calles por donde baja el agua fresca de la montaña, casas blancas orientadas al sur para aprovechar el clima mediterráneo que terminan en tejado plano junto a los tinaos como estructuras de viguerías de madera a través de la cual se puede pasear y que forman las azoteas cubiertas con lajas de pizarras rematadas con las tradicionales chimeneas con sombrero. 





En Pampaneira degustamos el plato y las migas alpujarreñas para recuperar fuerzas para seguir zigzagueando hasta Bubión y Capileira, que forman el “Barranco de Poqueira”. 

Las casas alpujarreñas se desparraman anárquicamente por sus laderas entre terrazas y azoteas con sus esbeltas chimeneas, lo que otorga al conjunto una gran belleza. 



Capileira situada a 1436 de altitud es considerada una joya arquitectónica donde casi todas las casas están orientadas en dirección al mediodía con sus angostas y empinadas callejuelas por donde corre el agua por su parte central. 

El primero de noviembre nos encontramos con la fiesta de las castañas. Su origen como fiesta pagana hay que buscarlo en las antiguas costumbres de los labradores alpujarreños de festejar la recolección de las cosechas como muestra de agradecimiento. Una tradición que ha sido recuperada tostando las castañas en grandes hogueras mientras se ameniza con bailes que hacen las delicias de niños y mayores que esperan en las colas con sus capiruchos de papel para que llenarlo de castañas calentitas acompañado de algún vaso de anís para que los mayores aguanten el frío que comienza en esta época, determinado por su situación geográfica.

En torno a la castaña existe una amplia cultura gastronómica al ser este fruto el ingrediente principal de muchos platos de la zona. 




Etimológicamente Capileira deriva del vocablo latino capillaris-e que significa “lugar más elevado”. Debido a su carácter inexpugnable fue uno de los últimos lugares en ser conquistado por los árabes y más tarde por los cristianos. En la etapa nazarí formó parte de la Taha o división administrativa de Poqueira. Capileira fue escenario de las luchas entre Boabdil y su tío el Zagal. 

Tras la toma de Granada su población siguió siendo musulmana hasta que con la rebelión de 1568 los moriscos fueron expulsados por Felipe II para repoblar la zona con colonos cristianos más tarde. Destaca el Pico Mulhacén en honor del antepenúltimo rey nazarí Muley-Hacén de la antigua Garnatha durante el siglo XV y que según crónicas antiguas permanece enterrado en esta majestuosa montaña de 3478 de altitud, sin olvidar el Pico del Veleta con 3.395 msnm.






La tradicional chimenea alpujarreña rompe el conjunto de los terraos. Los aleros son de laja o teja alera contrapesados por piedras “castigaeras”. 

La chimenea cumple dos funciones: la primera es buscar en la altura la mejor circulación del aire que favorezca la extracción del humo y al mismo tiempo evitar que en invierno queden sepultadas por las nieves que puedan acumularse en las cubiertas. 

Existen variedades locales dignas de estudio. En la Alpujarras Altas predominan las chimeneas troncocónicas con “sombrerete” seguidas por las cuadrangulares, ambas rematadas por una laja y una piedra castigaera que evite que la primera salga volando en días de fuertes vientos.

En la parte oriental, existen las troncopiramidal con tejadillos de laja horizontal a dos aguas.

Desde Órgiva transitamos por Torvizcón y Cadiar parando en los miradores con la Sierra de la Contraviesa como testigo de la abrupta orografía de la comarca hasta llegar a Yegen, que la hiciera inmortal el hispanista inglés Gerald Brenan “Don Geraldo para sus vecinos”. 

Allí visitamos la fonda-museo destacando su humilde escritorio donde se impregnaba de las esencias de la Alpujarra que plasmaría en su libro “Al Sur de Granada”. 




No muy lejos de Yegen se encuentra el pueblo de Válor, célebre porque allí nació don Fernando de Válor y Córdoba “los valoríes”, cabeza del levantamiento morisco contra Felipe II, siendo proclamado por éstos nada menos que “rey de los moriscos” con el nombre de Aben Humeya (Muhammad ibn Umayya). Don Juan de Austria entra a sangre y fuego poniendo fin a la rebelión de las Alpujarras. Los moriscos que se refugiaron en las Alpujarras recibieron el nombre de monfíes. 




Dejamos atrás Ugiar y Laroles para seguir la ruta hacia el puerto de la Ragua en la cara norte de Sierra Nevada, en el Sistema Penibético a 2000 metros de altitud cuyo paso natural nos lleva a la Alpujarra granadina y almeriense. No muy lejos de allí se encuentra Láujar de Andarax, ya en la alpujarra almeriense. 


En el año 913 el paso de la Ragua -Rauah o Ragwa que significa almacén de aguas- fue un punto estratégico por donde pasaron las tropas de Abderramán III para sofocar la rebelión de Omar Ben Hafsún, considerado el azote de los Omeyas entre el año 880 y 918 y cuyos dominios se extendían hasta las provincias de Málaga y Granada haciendo incursiones incluso cerca de Córdoba. Las Alpujarras fue considerada por los cristianos de la época tierras de los monfíes –bandoleros-.





En 1567 entraba en vigor la Pragmática Sanción firmada por el rey Felipe II que desencadenó la Rebelión de las Alpujarras, la cual limitaban las libertades religiosas de una población morisca obligada a abandonar sus modos de vida y costumbres, prohibición de usar sus nombres en árabe y hacer uso de los baños como purificación antes de entrar en las mezquitas. 

Un hecho trascendente que atrasó el reloj de nuestra historia fue la expulsión de los moriscos el 9 de abril de 1609 por Felipe III, tras la rebelión de las Alpujarras (1568-1571) al ser considerados virtuales aliados de los turcos que asolaban los puertos del Mediterráneo. Se produce de forma escalonada entre 1609 y 1613 generando un traumatismo histórico en base al expolio de sus haciendas, humillación y persecución, impidiendo que una civilización admirable siguiera desarrollándose en base a una economía de subsistencia entre huertas, artesanía, ganadería y pequeño comercio. La desafortunada decisión trajo consigo el consiguiente abandono de los campos de cultivo al considerarse a los moriscos como una especie de quinta columna o enemigo interior. Fueron expulsados trescientos mil árabes entre Aragón, Levante y Andalucía que pesaron como una gran losa en la agricultura al dejar los campos desiertos y por consiguiente en nuestra economía. 

Ya el 31 de marzo de 1492 los Reyes Católicos mediante el decreto de la Alhambra habían ordenado también la expulsión de decenas de miles de judíos. Los moriscos musulmanes fueron obligados por los cristianos viejos y la intolerancia religiosa a abrasar la religión católica o abandonar España. Muchos moriscos optaron por vivir en la tierra que los vio nacer. 

Mientras la luz de una civilización espléndida declinaba lentamente en la Península Ibérica, el asentamiento de la población morisca en Berbería contribuyó a su renacimiento cultural ejerciendo una importante influencia en el norte de África.





Desde el Puerto de la Ragua a medida que íbamos descendiendo hacia Calahorra nos íbamos encontrando un cambio radical en el paisaje que nos proyecta cierta tristeza. En ese entorno, los árboles brillan por su ausencia, tan sólo el imponente castillo medieval de Calahorra, baluarte de tiempos pretéritos construido en 1510 con sus macizas torres cilíndricas impresionan al viajero junto con la fuente de agua cuyos orígenes se remontan al año 940 con el Califato de Córdoba.

Cuenta Gerald Brenan en su libro "Memoria personal 1920/1975" que se puso en camino con su amigo Hope, desde Guadix hacia Yegen a través del Puerto del Lobo -2764 metros de altitud-, que es el paso más alto que cruza Sierra Nevada.

De regreso a nuestro punto de origen observamos desde cierta distancia el barrio de las cuevas de Guadix junto a las laderas de las colinas.




Desde la Alpujarra granadina para el Blog de mis culpas...



Enlace interesante

I Viaje a la Alpujarra granadina

jueves, 13 de noviembre de 2014

Visita a Jaén, la gran desconocida



Andaluces de Jaén,
Aceituneros altivos,
Decidme en el alma: ¿quién,
Quién levantó los olivos?...

Miguel Hernández

El legado andalusí  como  huella del Medievo ha formado parte de una civilización inmortal, única e imperecedera que ha inmortalizado la memoria de los pueblos mediante su patrimonio material e inmaterial  de la Humanidad almacenada en la retina colectiva de los pueblos.

Desde Úbeda pasando por la inmortal Baeza nos dirigimos hacia el paraíso interior de Andalucía, la provincia de Jaén con sus lomas de tierras trenzadas de verdes olivos que contrasta con el ocre de sus tierras.

La antigua Jayyan (denominada encrucijada de caravanas por los andalusíes) junto a la Córduba andalusí, donde ha brillado con luz propia desde tiempos ancestrales el azzayt, como lo llamaban los árabes, manantial de salud en forma de como oro líquido que se rezumen en las antiguas al-ma´saras mientras la cal como legado de nuestros ancestros, ha  dado blancura a los pueblos blancos y a nuestros sueños y utopías en antiguas tierras de fronteras.

Es digno de destacar la abundancia de topónimos y arabismos que inundan nuestra geografía, fruto de un proceso histórico modelado a lo largo de siglos cuyas reminiscencias del crisol de culturas ha contribuido a darnos nuestra identidad cultural como forma de ser y de entender la vida que forma parte de nuestra memoria colectiva.
Jaén, tierra del aceite de oliva, considerado la génesis de nuestra civilización y piedra filosofal de nuestra dieta mediterránea,-con sus recetas culinarias de excelente calidad, exquisito sabor y alto valor nutritivo-, cuyos efectos son muy beneficiosos para nuestra salud, sin olvidar la aceituna de mesa,-del árabe hispánico azzaytúna- en la que nuestra tierra por evidentes condiciones climatológicas y de adaptabilidad del cultivo ha mantenido desde tiempos ancestrales su proceso de elaboración.  Un saber ancestral del conocimiento del olivo omnipresente en nuestra cultura.
El olivo  ha estado omnipresente en la cultura andaluza desde que los fenicios y griegos expandieron su cultivo desde Irán y Siria. Un capricho de la naturaleza entre lo divino y humano siendo considerado como árbol sagrado y símbolo de la paz,-Atenas de Pericles-. La etimología del término aceituna se remonta al arameo zaytūnā que pasó al árabe clásico zaytūnah y en Al Andalus azzaytúna.

Durante el trayecto pudimos apreciar el inmenso mar de olivos plasmado magníficamente por el gran poeta Miguel Hernández en su poesía “Andaluces de Jaén” y cuya letra se ha convertido en el himno de la ciudad.


Y a ochocientos veinte metros de altitud en las estribaciones de la Sierra de Jabalcuz,  nos vigila imponente desde sus atalayas el castillo de Santa Catalina en Jaén, construido durante los siglos XIII y XIV. Según la tradición, un 25 de noviembre de 1246, día de Santa Catalina, Alhamar rey de la antigua Garnatha, entregó este castillo a Fernando III el Santo, quedando desde este día proclamada la Santa Patrona de Jaén.



Originalmente fue denominado Alcázar Viejo durante el reinado de Alhamar y Alcázar Nuevo durante la conquista de Fernando III “El Santo” que lo reforzó, continuando las reformas con Alfonso X “El Sabio”. Cuenta la leyenda que la aparición de Santa Catalina, fue decisiva para la toma de la ciudad y por ese motivo es patrona de la ciudad.


Desde la torre del homenaje pudimos observar una bellísima panorámica de la Santa Iglesia Catedral de la Asunción de la Virgen, ubicada en la Plaza de Santa María. Su fachada principal, está considerada como una de las principales obras del barroco español, construida en 1660.

Durante el emirato de Abd al-Rahman II, Jaén se convierte en referente de una extensa cora cuyos gobernadores se establecen en el alcázar viejo.

La torre del Homenaje junto a otros cinco torreones defensivos que cierran un patio de armas, que en la actualidad es un centro de interpretación y que acoge al mismo tiempo el Parador de turismo de Santa Catalina.

La Alcazaba era un recinto amurallado independiente de la ciudad que englobaba la residencia del gobernador y los cuarteles de las tropas. Su trazado aprovechaba los restos de una muralla romana. Este conjunto contaba de dos partes: un castillo, en la cumbre del cerro, y la alcazaba en la ladera que pudo ser el palacio y residencia de los gobernadores de la ciudad durante los periodos Emiral y Califal. La situación política de al-Andalus entre los siglos XI y XII aconseja el abandono de la antigua alcazaba trasladándose a la cima del cerro, donde se edificó una amplia fortaleza de dos recintos a distintas alturas. El primer recinto, o castillo de Abrehuy, más pequeño, ocupaba las cotas más bajas, y servía de antesala al recinto principal, el Alcázar Viejo en cuyo interior se construyeron varios aljibes y en la zona más elevada y estratégica, un palacio profusamente decorado con atauriques policromados y dotados de almacenes, aljibes, cocinas, bodegas y otros servicios.


Los baños árabes fueron construidos en el siglo XI, al final del Califato de Córdoba y su desintegración en Reinos de Taifas con una disposición arquitectónica heredera de la tradición de las termas romanas.
Al encontrarnos cerrado los baños árabes pudimos observar desde el exterior la cubierta con una cúpula semiesférica. La luz entra por luceras en forma de estrellas, lo que otorga un ambiente singular a los baños árabes,-al hamman- como gran regalo del antiguo esplendor de Al Andalus.

La Sala templada de los Baños Árabes permite contemplar una bóveda de medio cañón y a ambos lados de la mismas, las cúpulas de las sendas alcobas situadas en la mencionada sala. Esta cubierta de cristal ha permitido que parte de esta sala recupere la luz natural primigenia que iluminaba la estancia a través de las luceras existentes en la bóveda y en las cúpulas.

Menorá (candelabro judío de siete brazos) en la antigua judería de Jaén

Visitamos Barrio de Santa Cruz, antigua judería de Jaén en el casco histórico, un entramado de calles angostas con empinadas cuestas donde habitaba la comunidad judía, formando parte de la Red de Juderías de España “Caminos de Sefarad”.

La judería de Jaén en el siglo XIII quedó configurada durante la Edad Media como una manzana independiente, de calles entrecortadas, cerrada en gran parte por murallas y por edificios que se abrían a otras calles, y comunicada con el resto del conjunto urbano y el exterior de la ciudad mediante dos accesos solamente:

La calle de los Huérfanos-Puerta de Baeza y la salida de la calle Santa Cruz a la Plaza de los Caños. Esta disposición urbanística era utilizada por los judíos españoles como medida para preservar sus costumbres y observancias religiosas y de protección ante los posibles ataques de sus enemigos.



A partir de la batalla de las Navas de Tolosa, las huestes cristianas de Fernando III asedian Jaén que finalmente fue entregada en 1246 por al-Hammar, que se declaró vasallo del monarca. A partir de dicha batalla, se empieza a nombrar Andalucía a las nuevas tierras “reconquistadas”.

Tras la conquista cristiana de Jaén por Fernando III en 1246, la mezquita aljama se adapta como Catedral, al ser trasladada la sede episcopal de Baeza a Jaén en 1249.

Andrés de Vandelvira, junto a la Catedral de Jaén

Se inician las obras  de la Santa Catedral de Jaénhacia 1551 según los planos del que fue el gran artífice del nuevo templo renacentista, Andrés de Vandelvira y durante los siglos que duró su construcción, el plano originario de Vandelvira fue continuado por los demás arquitectos hasta que concluye en 1724. 

La fachada principal de la Catedral es una de las obras más destacadas del Barroco español con 32 metros de altura por 33 metros de ancho. Fue diseñada en 1667 por Eufrasio López de Rojas en 1667 y terminada en 1688 por su discípulo Blas Antonio Delgado.

Terminamos la grata jornada degustando un exquisito café con algunos pasteles muy cerca de la Catedral para recuperar fuerzas y volver a nuestro punto de origen, tierras de fronteras en tiempos pretéritos.

Desde la antigua Jayyan para el Blog...