martes, 28 de julio de 2015

El reloj de torre "LOSADA" de Morón.



 “A la memoria de Juan Rodríguez Zambrana”.


Breve introducción

José Rodríguez Losada, nació en 1797 en Iruela (León). Huyó de España en 1828 por culpa de la represión del rey absolutista Fernando VII que fuera apoyado por la España más reaccionaria que de nuevo nos introdujo en el oscurantismo, erradicando aquel espíritu de la España de 1812 “la Pepa”. Un contexto histórico que alimentaba como verdadero caldo de cultivo los antígenos de la miseria y el hambre por un lado y el caciquismo por otro que actuaba con toda la arbitrariedad posible, como anverso y reverso de la sociedad española del siglo XIX. 

Estuvo dos años en Francia antes de pasar a Inglaterra donde en 1835 fundara una tienda de relojes en Euston Road, en el norte de Londres y más tarde se instaló en el número 105 de la céntrica calle londinense de Regents Street donde se reunían los exiliados políticos españoles. Rodríguez Losada se casó con una inglesa y murió sin hijos en 1870. Terminó la obra del gran reloj de la torre del Palacio de Westminster, símbolo de la ciudad de Londres que sonaría por primera vez un 11 de julio de 1859 y el reloj de la Puerta del Sol de Madrid. Regresó a España en noviembre de 1866, bajo el reinado de Isabel II.

Un relojero que ha perpetuado en la memoria colectiva al colocar a España en el centro europeo de su profesión durante el segundo tercio del siglo XIX al triunfar en Londres. Incluso muchos relojes de la marca Losada llegaron a ser objeto de falsificación por parte de relojeros suizos e ingleses debido al enorme prestigio que la marca gozaba en su época, sobre todo en lo referente a relojes de bolsillo. Sin embargo, la muerte del relojero coincide con la decadencia de la relojería inglesa, marcando un cambio radical en cuanto a calidad. Su sucesor Norberto Rodríguez de Losada tuvo que abaratar los costos de fabricación para poder soportar el impacto comercial de la relojería suiza y al mismo tiempo una menor influencia de la mano de obra artesanal.


Pocas personas tienen la satisfacción y el privilegio de poder dar cuerda a un reloj de torre de la prestigiosa marca Losada fabricado en 1878. La impresionante obra de relojería a la que nos referimos se encuentra ubicada bajo el templete que corona la fachada del Ayuntamiento de Morón y que fuera reformada en 1878 como consta en los planos y Libros de Actas Capitulares que se encuentran custodiados en el Archivo Municipal de Morón de la Frontera. 

Un reloj de torre que constituye un bello ejemplo de la influencia de los relojes de torre sobre la arquitectura civil de una época. 

Fachada del Ayuntamiento de Morón, en Semana Santa

Bajo el reloj se dan dado lugar a lo largo de la historia contemporánea de Morón importantes acontecimientos sociales, reivindicativos y lúdicos que han marcado de alguna manera la “Historia Contemporánea de Morón”, en la frontera de su propia esperanza.


Se puede decir sin temor a equivocarnos que el reloj de torre Losada junto al castillo de Morón -que recientemente ha celebrado su primer milenario como antiguo Reino de Taifa (1013-2013)-, permanecen en el olvido, para la mayoría de los vecinos.


Vista del reloj del Ayuntamiento desde la torre de San Miguel

El 17 de julio de 2015 cambio impresiones con Manuel Escalante para realizar una visita a las entrañas del reloj Losada de mi pueblo. Manuel es concejal del Excmo. Ayuntamiento de Morón y recuerdo que en tiempos pretéritos estuvo de aprendiz en la relojería del inolvidable relojero y mejor persona Manolo Pinto, situada en la calle Álamos. Durante la elaboración de este artículo, Manuel ha estado dando cuerda al reloj de torre Losada.


Accedimos a la torre a través de una angosta escalera de caracol de giro izquierda cuyos peldaños de madera están acoplados sobre un eje central. Nada más llegar al interior del templete, nuestra retina capta al instante la magnífica maquinaria del reloj de torre de la prestigiosa marca “Losada” donde figura la siguiente inscripción:






Observando la compleja maquinaria del reloj, la retina del recuerdo me trae a la memoria al amigo "Juan Rodríguez Zambrana", que fuera compañero nuestro en el antiguo Instituto de Enseñanza Media de Morón en tiempos pretéritos. Juan estuvo durante muchos años encargado de "limpiar, fijar y dar esplendor" a esta impresionante obra de relojería de la marca LOSADA que fuera fabricada en Londres en 1878.



Quiero dar las gracias a José y Jacobo de la Revista Atalaya por su inestimable ayuda y poder rescatar una entrevista publicada en la página 14 de "Morón 30 días" con fecha noviembre de 1998. La entrevista fue realizada por Antonio Morales al inolvidable Juan Rodríguez Zambrana o Juan Zambrana “El Ferretero”, encargado del reloj de torre del Ayuntamiento que además utilizaba su escaso tiempo libre a la investigación  de la historia de nuestro más que centenario reloj.

En aquélla época, Juan mantuvo un intercambio cultural con la Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística de la Habana cuyo primer fruto fue la obtención de una copia de “La Flor de los recuerdos, una repetición de Losada…”, obra del escritor Zorrilla publicada única y exclusivamente en esa ciudad en 1859, por lo tanto inédita en España.

Una de sus mayores ilusiones sería la de ver editada dicha obra “La Flor de los recuerdos, una repetición de Losada…” en Morón. Lo peculiar del proyecto radica en que el autor pucelano se inspiró para la mayor parte de su libro en la figura de Losada, constructor de nuestro reloj consistorial.

En dicha entrevista cabe destacar el vínculo que unía a Juan con el reloj del Ayuntamiento como su defensor a ultranza que trascendía lo meramente laboral, convirtiéndose en una pasión. Juan era el responsable de su cuidado y conservación. Agradecía al Ayuntamiento el haber puesto en sus manos una pieza de museo que funciona perfectamente y cuyo valor es incalculable.


Juan defendía los logros positivos de la humanidad, tanto en la técnica, la ciencia o el arte y que era necesario defender tesoros como éste, a pesar de que odiaba las imposiciones a las que nos somete el modelo de sociedad en la que vivimos, como el control riguroso de nuestro tiempo.

Hablaba entonces de la posibilidad de visitar la Torre en grupos reducidos para que los ciudadanos de Morón conocieran personalmente el reloj, su funcionamiento y su historia. Incluso hasta empresas de turismo rural querían incluir la visita al reloj de Morón dentro de sus itinerarios, aparte de la inquietud de muchas personas que le preguntaban cuando podrían visitar el reloj.

Tal era su cariño por el reloj de torre que incluso observó tras unas fuertes lluvias que el templete que sostiene la campana, así como los elementos de sustentación de dichas piezas, vigas de madera con más de 120 años, empezaban a mostrar un deterioro progresivo que a su juicio hacían peligrar la integridad de todo el conjunto.

También comentaba Juan la relación que unía a Losada con Zorrilla que incluso le ayudó en una situación más que delicada por la falta de liquidez para afrontar ciertas deudas, desde entonces les unía una fuerte amistad fruto de la cual Zorrilla escribió:

 “Una repetición de Losada”,  en una de sus estrofas se puede leer.

“Mi padre, ministro un día, / puso a precio su cabeza: / él con hidalga nobleza / salvó más tarde mi honor: / hoy sin temor ni bajeza, / del mundo a la faz le digo: / él es mejor amigo y no lo tuve mejor.

En la entrevista Juan consideraba posible para Morón, la publicación de esa obra como hito para la cultura española y todo un logro para nuestro pueblo. Disponía de una copia entera del único ejemplar que se conserva como una joya en la Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística de la ciudad de la Habana, cuyos representantes estuvieron desde un principio admirablemente dispuestos para que esa obra sirviese de complemento a la investigación que estaba desarrollando en esos momentos.

Y que tenemos una obligación ética de corresponder de alguna manera como era que dispusieran al menos de una simple fotocopiadora ya que las tenían que realizar a un coste elevado, aproximadamente un dólar por fotocopia. A título personal estaba realizando las gestiones para conseguir el dinero suficiente. Algunas veces les costaba trabajo hasta conseguir papel.

Para que nada quedara en el tintero de la entrevista Juan se refería que las páginas de la entrevista sirvieran como homenaje a los que han posibilitado a lo largo de la vida del reloj y llegar hasta nuestros días en perfecto estado en el que se encuentra actualmente la maquinaria.

Anunciaba también su próximo proyecto de realizar un inventario general de todos los relojes de torre de Andalucía, que esperaba publicar para que no ocurrieran casos como el de San Miguel.





El reloj de torre Losada de Morón es un reloj de bancada horizontal sobre soporte de madera donde destaca una interesante maquinaria que nuestra retina capta al instante, en especial la esfera de control interno de la marcha. Una señal de color verde pintada en los cables de acero nos indica que la cuerda ha llegado a su tope correspondiente.

Con cierta regularidad, un relojero se desplaza desde Sevilla para realizar los ajustes y lubricación necesarios para que tan magna maquinaria no deje de marcar las horas en la historia contemporánea de nuestro pueblo.




El reloj de torre Losada de Morón posee una autonomía de 96 horas (cuatro días). Se le da cuerda manualmente mediante una manivela izquierda-derecha para la cuerda de las horas y otra derecha-izquierda para que suene la campana exterior con su solemne sonido de bronce que durante el silencio de la noche “estimula nuestros tímpanos”, percibiéndose su eco desde la Fuente de la Plata hasta el antiguo arrabal (al-rabad) o barrio de Santa María.

Junto a la entrada, a mano izquierda existe un panel de la empresa relojera Torner, una casa profesional de garantía que fuera fundada en el año 1877 indicando los cuidados que requieren este tipo de relojes tales como: 

  • Un engrase regular cada 15 días, colocando unas gotas de aceite incongelable en los pasadores de la rueda de escape. 
  • Cada mes, es necesario poner aceite en los cojinetes de bronce que existen en cada extremo de los ejes, rodajes de la esferilla interior y en los que van detrás de las esferas exteriores, en los rodillos y palancas de martillos, piñón interior del trinquete de dar cuerda y caja vis-sin-fin del motor. 
  • La regulación se obtiene por medio del tornillo que queda debajo del péndulo. Cada vuelta y media de dicho tornillo corresponde, aproximadamente, a un minuto de avance o retraso en 24 horas. Girando el tornillo hacia la izquierda o letra R, se hace retrasar, y s se gira a la derecha o letra A se hará adelantar. 
  • Puesta en hora: Por medio de la tuerca con alas (o palomilla) situada detrás de la esferita de control. Para hacer mover las saetas, desenroscar un par de vueltas (para la izquierda) dicha tuerca, y cogiendo el engranaje cercano (nunca de las saetas) se hace girar hacia delante hasta llegar a la hora que interese, apretando seguidamente la tuerca con alas. 
  • Para el engrase es preciso usar aceite especial incongelable SAE-10.



En la parte más alta de la fachada se encuentra la pérgola de hierro forjado que sostiene el asa de una campana de 920 kg. de peso que fuera fundida en Sevilla en la fundición del coriano D. Juan Japón. 

A partir del siglo VI las campanas tenían como finalidad anunciar al pueblo las celebraciones religiosas y municipales.

La campana pertenece al tipo denominado de badajo fija. Tiene forma de copa invertida, que vibra por la acción del badajo o martillo exterior produciendo su tradicional sonido de bronce. 

El bronce posee una aleación del 78% de cobre y 22% de estaño con un punto de fusión en torno a los 1000ºC.

En su parte central se aprecia un anclaje o anilla para sostener el badajo interno inexistente, pero suena a través de un badajo externo que golpea la campana en el equivalente exterior del punto donde golpearía el badajo interior si existiera. Todo ello, sincronizado a través del control interno de la marcha del reloj de torre, que emite su tradicional sonido de bronce cuando las saetas del reloj marcan las horas en punto y medias horas.

Una inscripción que figura en la parte más alta de la campana denominada hombro consta:

“Se hizo en Sevilla por D. Juan Japón siendo Alcalde Presidente Don José Bohórquez”.



En el archivo municipal podemos impregnarnos de la historia local en los Libros de Actas Capitulares. Incluso he tenido la oportunidad de subir a la parte más alta de la fachada donde se encuentra la campana para plasmar gráficamente, con mi humilde cámara de fotos, las letras grabadas en bronce de la persona que realizó su fundición. 

Leyendo el libro “la vida y obra de José Rodríguez de Losada” por Roberto Moreno hemos conocido por primera vez algunos términos del argot relojero como escape de áncora, esfera de control interno de la marcha, cojinetes de bronce, sistemas de sonería, carraca deslizante, etcétera, aunque doctores tienen esta disciplina.


Esfera exterior del reloj de torre

Una escalera de hierro interior fija da acceso a la parte superior de la fachada donde se encuentra la gran esfera transparente que marca las horas, que en su parte central está decorada con una flor en forma de hojas puntiagudas que termina en la división horaria señalizada a través de números romanos. Las manecillas que marcan las horas y los minutos tienen forma de saeta. En la parte inferior de la esfera destaca con letras azules la marca LOSADA LONDON, entre los espacios horarios VII al V.

Esfera interior del reloj de torre

Para acceder a la parte más alta donde está ubicada la campana, existen unos peldaños de hierro incrustados en la pared que desemboca en el tejado, a partir del cual nos encontramos otros peldaños en la parte posterior del templete. Para acceder en su parte final nos ayudamos con una cadena de acero fijada en la base de la pérgola, desde la cual se divisan innumerables limatesas, limahoyas y caballetes que nuestra retina capta desde la altura con la torre de San Miguel junto a la Catedral de la Sierra Sur que brillan con luz propia.

Una impresionante panorámica se observa desde el campanario del Ayuntamiento con la torre de San Miguel con sus campanas: “San Cristóbal”, en el centro, “San Pedro” a su derecha y “La Nueva” a su izquierda.






En el Libro de Actas Capitulares encontramos que un 18 de febrero de 1878 bajo la alcaldía de José Bohórquez se aprueba por el Ayuntamiento de la Villa de Morón la adquisición de un reloj de torre que debería colocarse en la Casa Capitular. 






También pudimos observar el expediente de reforma en las obras de la Casa Capitular y para la adquisición de un reloj de torre con fecha junto al “Proyecto de fachada para la Casa Ayuntamiento de la Villa de Morón” con fecha 10 de abril de 1878. En dicho documento se puede observar el plano del proyecto de fachada para la Casa Ayuntamiento de la Villa de Morón, fechado en Sevilla un 10 de abril de 1878.



El Señor Presidente manifiesta que presupuestados cinco mil quinientas pesetas para la adquisición de un reloj de torre que debía colocarse en la Casa Capitular de la Villa, le parecía conveniente que este servicio se contratara con la Casa Losada por ser el fabricante que ofrece una garantía superior a los de otra procedencia…para contratar el reloj con la Casa Losada o un agente…






La fachada que da a la plaza cuyo estado examinado ahora detenidamente no permite que gravite sobre su pared exterior el peso de la torre donde ha de colocarse el reloj y campana del mismo por cuya causa la comisión de obras públicas mandó a formar el presupuesto de gastos…necesitando un aumento de seis mil quinientas pesetas con cuya suma quedará terminado el edificio de una manera perfecta.


Firma del plano de la fachada del Ayuntamiento en 1878



Existen dos periodos en la fabricación de los relojes Losada: el primero va desde 1835 a 1870, el periodo productivo en la vida del prestigioso relojero. Un segundo periodo, de 1870 a 1890, corresponde a las fabricaciones bajo la dirección de su sobrino Norberto o sucesores de éste. 

Hay que hacer notar que ambos periodos; es decir, de 1835 a 1890 hay una producción legítima de obras con la firma. “J.R. Losada 281 (ó 105) Regent Street” fabricadas por su taller. La Casa LOSADA firmaba sus obras bajo la marca J.R. LOSADA. 

J.R. Losada falleció en 1870. Por tanto, el reloj de Morón fue realizado durante el segundo periodo, por la casa Losada en 1878.

En el diario ABC del sábado 30 de diciembre de 1978, el cronista oficial de la villa de Morón Juan José García López señalaba que el reloj de torre de Morón era obra de Luis Losada, el mismo que fabricara el reloj de la Puerta del Sol madrileña.


Son pocos los relojes de torre que se conocen de J.R. Losada. Como ejemplo el reloj de la Puerta del Sol, la Catedral de Málaga donado por D. Juan Larios y Herreros, el de la Catedral de Caracas, El del Colegio Naval de San Fernando, Colegio de los Padres Escolapios, en Getafe o el del Ayuntamiento de Morón.

En definitiva, una jornada didáctica que ha hecho que nuestro reloj de torre Losada capte nuestro interés de inmediato y al mismo tiempo quedar impregnados en la medida de nuestras posibilidades de esa cultura que irradia su historia. 

Me comenta el amigo Manolo Escalante que en el momento en que las circunstancias lo permitan, se tiene previsto organizar visitas guiadas al reloj de torre para disfrute de los ciudadanos en tan importante obra de relojería, de la que existen muy pocos relojes de torre Losada funcionando en el mundo.

Desde las entrañas del reloj de torre de Morón con Juan Rodríguez Zambrana en la retina de nuestro recuerdo,  para el Blog de mis culpas...






P.D. Morón es tierra de la Cal, del Flamenco y de Fernando Villalón por cuyo término municipal transitara en tiempos pretéritos el famoso bandolero "El Pernales", amigo del poeta y Jose María "El Tempranillo".


Enlaces interesantes

Visita a la "Catedral de la Sierra Sur"

La torre de San Miguel

La Sierra de Morón en el siglo XIX

lunes, 25 de mayo de 2015

Prólogo


Foto  Antonio Ramos www.aerofotoramos.com

¡Muchas gracias por compartir conmigo el blog que estás leyendo!.

!Desde la ciudad del Gallo, MORÓN-Sevilla-España!.
Paz,  amor  y alegría a los pueblos del mundo. Espero que la sonrisa nos  acompañe  cada día y que la discordia nunca se encuentre en nuestro  camino.


Foto Antonio Ramos www.aerofotoramos.com


¡Thank so much for sharing with me the blog that you´re reading right now!.

¡From the plucked Rooster city, MORÓN-Sevilla-Spain!

Peace, love  and harmony to the people of the World.  I hope that the smile  stay  with us each day and we never find discord in our ways.



La inmensa mayoría de las fotografías de este Blog han sido realizadas por propio su autor. No obstante, es posible que existan algunas fotos obtenidas de la web para ilustrar algún artículo en concreto sin uso comercial. 

Por tanto, si alguna imagen hubiese que retirar por cualquier razón, se agradece la comunicación, para proceder a su retirada lo antes posible.

sábado, 23 de mayo de 2015

En busca de Trujillo, "la tierra de Pizarro y de Orellana".

Estatua ecuestre de Francisco Pizarro en Trujillo

Desde la Antigua Emérita Augusta transitamos por la antigua Vía de la Plata para visitar la “Vieja Cáceres” y posteriormente desplazamos hacia la ciudad monumental de Trujillo cuyas páginas cargadas de historia nos recuerdan que en tiempos pretéritos llegó a ser “tierra de conquistadores” entre los cuales Francisco Pizarro-conquistador del imperio Inca- y Francisco Orellana-descubridor del río Amazonas- brillaron con luz propia en sus expediciones, sin olvidar la figura de Diego García de Paredes y Torres “el sansón” de Extremadura que también realizara grandes hazañas al servicio de la Corona de España, de los Estados Pontificios y del Sacro Imperio Romano Germánico. Su hijo Diego García de Paredes fundaría la ciudad de Trujillo en Venezuela un 9 de octubre de 1557.

Recuerdo en mis años de estudiante -hace ya algunos lustros- como la figura de Francisco de Orellana fue maltratada injustamente por la historia al estar eclipsada por la figura de Hernán Cortés (conquistador de México) o Francisco Pizarro (conquistador del Perú).



Francisco Orellana participaría en 1533 en la conquista del imperio de los Incas fundando en 1537 la ciudad de Guayaquil. En febrero de 1542 -buscando tal vez “El Dorado” como una constante entre los exploradores españoles o “la canela” que brillaba por su ausencia-, descubre un gran río al que bautiza con el nombre de “Amazonas” en honor a unas mujeres guerreras armadas con arcos y flechas con las que se encontró.


Un azulejo recuerda en Sanlúcar de Barrameda que en la primavera de 1545 partía Francisco de Orellana para llegar de nuevo a la desembocadura del Amazonas y ascender río arriba para culminar su heroica aventura.

En la mayoría de los casos, el conquistador fue un hombre que se hizo a sí mismo en unas condiciones muy difíciles. Solían proceder de familias humildes aunque también se nutrían de segundones de la nobleza cuyo ideal estaba fuertemente enraizado en las tradiciones medievales como el honor, la fama y la riqueza. 

Algunos lo consiguieron como Cortés y Pizarro, pero la mayoría de los conquistadores movidos por dos temibles motivaciones como la ambición y la desesperación sólo obtuvieron fatigas y sinsabores.


Sin embargo, los grandes estados indígenas se convirtieron en la presa más buscada y deseada para ser expoliadas por las grandes potencias europeas de su época.

…Nuestra ruta comienza en la Plaza Mayor, centro neurálgico de la ciudad de Trujillo en la que se puede observar su enorme valor histórico-artístico como consecuencia de la prosperidad otorgada por el gran impulso arquitectónico de algunos indianos en el Nuevo Mundo que emplearon parte de los recursos obtenidos en la construcción de casas solariegas, grandes palacios, iglesias y hospitales, lo que ha hecho que esta monumental ciudad, al igual que Cáceres, se hayan convertido en uno de los cascos históricos más bellos de Extremadura y de España.


La retina del viajero capta al instante la magnífica estatua ecuestre de Francisco Pizarro, conquistador del imperio Inca. Una obra realizada en bronce, con un peso de 6.500 kg. erigida sobre granito por el escultor Carlos Rumsey de Nueva York siendo donada por la señora Rumsey a la ciudad de Trujillo en el año 1927.



Junto a la estatua ecuestre de Francisco Pizarro se encuentra la Iglesia de San Martín del siglo XIV que tendría sucesivas ampliaciones hasta el siglo XVI. En ella oró el emperador Carlos V de camino a Sevilla para casarse con Isabel de Portugal, y su hijo Felipe II, en 1583, tras convertirse éste en rey de España y Portugal. El primer rey Borbón, Felipe V, también rezaría en ella.










También destacan las trazas de los hermosos balcones en rincón y esquina que dominan las dos fachadas de algunos palacios.


Por la Cuesta de la Sangre, atravesamos la Puerta de Santiago para adentrarnos en su recinto medieval bajo un trazado irregular a través de la angostura de sus sinuosas calles empedradas y jalonadas por numerosas casas nobiliarias en la que destaca el ocre de sus fachadas y los escudos heráldicos. 

Muy cerca de la alcazaba se encuentra la casa-museo de Pizarro donde nos ilustramos de la azarosa vida del explorador, de la sociedad de su época, la conquista, “los trece de la fama”, los enfrentamientos y su trágica muerte. 

Casa museo de Francisco Pizarro en Trujillo

...La conquista del Perú estuvo marcada por dos características fundamentales: el mito del oro y una geografía enormemente compleja y difícil que va desde el desierto a la selva, desde las cumbres inaccesibles de los Andes a ríos inmensos como el Amazonas. La combinación entre ambas fue capaz de crear personajes tan excepcionales como Pizarro, Orellana o Lope de Aguirre.

…El 24 de septiembre de 1532 Pizarro salió de San Miguel de Tangara con 106 infantes y 62 soldados a caballo iniciando la conquista del Perú. Tras subir la sierra llega a Cajamarca el 15 de noviembre y siguiendo la misma estrategia que había utilizado Hernán Cortés con Moctezuma busca el encuentro directo con el emperador de los Incas ideando un plan muy arriesgado para capturar a Atahualpa.




Al día siguiente el emperador, rodeado de un séquito imponente, se dispuso a visitar el campamento de los españoles confiando en su aplastante superioridad numérica. A una señal de Pizarro los españoles irrumpieron en la plaza, los caballos se arrojaron contra los incas y la artillería convirtió el lugar en un infierno. Después de aniquilar a los porteadores de la litera imperial, Atahualpa fue capturado. 

Se llegó a un acuerdo para liberarle mediante el pago de un rescate y el oro comenzó a llegar desde los últimos confines del Imperio. 


Atahualpa, desde su cautiverio, seguía gobernando e incluso se las ingenió para liquidar a su hermano Huáscar. Temerosos los españoles de su poder, se nombró un tribunal y se le acusó formalmente de “desleal”, “traidor”, “regicida”, y “hereje”. Declarado culpable de los cargos, fue ejecutado mediante garrote el 26 de julio de 1533, después de que se “convirtiera” al cristianismo.

Pizarro se encontró tras la muerte de Guayna Capac en una sangrienta guerra civil por la sucesión entre sus dos hijos Atahualpa y Huáscar. Al igual que hiciera Cortés, Pizarro jugó la baza de la discordia ganando para su causa a los partidarios de Huáscar, que a su llegada tenían la guerra prácticamente perdida y se mostró como el garante de del orden legítimamente establecido.

Con la muerte del emperador, la guerra parecía terminada pero el 3 de mayo los incas se sublevaron. Aunque volvieron a ser sometidos, no volvió a reinar la paz hasta que el último rebelde inca Tupac Amaru I fuera ejecutado en Vilcabamba en 1572.

Francisco Pizarro
Las huestes castellanas en la primera mitad del siglo XVI habían alcanzado un elevado grado de disciplina y eficacia. La guerra de Granada y las campañas de Italia habían puesto de manifiesto que era uno de los más modernos de su época. Su armamento contaba con espadas, picas, puñales, ballestas, arcabuces y cañones, por no hablar de algo tan destructivo como la caballería. Su objetivo era la “guerra total”. 

El ejército inca tenía una magnífica organización pero su armamento consistía en hondas y jabalinas pero al no conocer el hierro se encontraban el una manifiesta inferioridad. 



Los incas eran muy vulnerables a la excesiva dependencia de sus jefes. Cuando Atahualpa fue capturado por los españoles, su ejército quedó descabezado e inoperante aunque contaran con generales expertos y bien preparados, que no fueron capaces de oponerse con eficacia a un grupo tan reducido de enemigos. Cuando quisieron reaccionar ya era demasiado tarde. Los españoles controlaban ya el Perú.

La conquista dio paso a una nueva sociedad basada en el régimen de la encomienda indiana que reinó en América desde 1497 hasta 1720 consistente en la concesión de indios a los españoles con el objeto de que se sostuvieran y permanecieran en las tierras recién conquistadas.

Los indios se otorgaban mediante un título que incluía al encomendador y su poder para encomendar. Los abusos dieron lugar a las visitas, que tenían como objetivo una evaluación de la encomienda.

En 1514 el religioso español y defensor de los derechos de los indígenas Fray Bartolomé de las Casas, conmovido por los abusos de los colonos españoles hacia los indígenas renunció a su propia encomienda denunciando la forma de esclavitud encubierta de los indios.

«Por este lado se va a Panamá, a ser pobres, por este otro al Perú, a ser ricos; escoja el que fuere buen castellano lo que más bien le estuviere», afirmó el conquistador trujillano cuando se encontraba a las puertas del Imperio Inca. Solo 13 de los 112 hombres decidieron pasar a la Historia.

La sociedad peruana se dividía en tres estamentos perfectamente diferenciados: el poder político, la Iglesia y el pueblo. La Iglesia fue, sin lugar a dudas, la institución más importante en la relación entre españoles e indios, influyendo en el comportamiento de ambos refrenando con éxito desigual las ambiciones de los funcionarios y encomenderos, convirtiéndose en verdadero baluarte en la defensa indígena, donde las órdenes religiosas jugaron un papel fundamental.

El pueblo estaba constituido por los españoles, los mestizos y los indios enriquecidos posteriormente con la llegada de la población de color. Una vez realizada la conquista, los españoles fundaron nuevas ciudades como avanzada militar y centro de irradiación religiosa y cultural para mayor servicios de Dios y del Rey. 

La ciudad se planificaba a soga y cordel en ajedrezado. La Plaza Mayor se denomina Plaza de Armas en América.

Sofocada la rebelión de Manco Capac, las diferencias entre Pizarro y Almagro se fueron haciendo cada vez más profundas. Tras liberar el Cuzco, Almagro arrestó a Gonzalo y Hernando Pizarro reclamando el Cuzco argumentando que formaba parte de los territorios que le había concedido la Corona en las capitulaciones para la conquista de Nuevo Toledo (Chile). Las negociaciones no dieron ningún fruto y tras la batalla de las Salinas (6 de abril de 1538) las fuerzas almagristas fueron derrotadas y su caudillo hecho prisionero y ejecutado.




Pizarro había sido nombrado marqués y se le había otorgado 16.000 vasallos en la región de los Atabillos. La pobreza de los almagristas, agrupados en torno a Diego de Almagro "el Mozo", y las arbitrariedades cometidas contra ellos por Pizarro, propiciaron un creciente odio hacia su persona. El 26 de junio de 1541 un grupo de almagristas capitaneados por Juan de Prada irrumpieron en el edificio de gobernación y tras una brava refriega Francisco Pizarro cayó muerto a los pies de sus asesinos.

Perú no trajo suerte a la familia de los Pizarro. Juan Pizarro murió en el sitio de Cuzco en 1536. Gonzalo se rebeló contra el rey y murió ejecutado en 1548. Hernando, el único superviviente tampoco se libró de la maldición peruana, En 1539 vuelve a España y es acusado por los almagristas de la muerte del que fuera compañero de Pizarro, siendo condenado y encarcelado en el castillo de la Mota, donde permaneció por espacio de 20 años. En 1561 fue puesto en libertad y pasó a residir en Trujillo (Extremadura) donde construyó el llamado Palacio de la Conquista.




Terminamos la ruta paseando junto a la alcazaba que se erige sobre la cota más alta de la ciudad, en un promontorio rocoso. Desde allí se observa una bella panorámica de Trujillo y su comarca.

Un monumento andalusí del periodo Omeya levantado entre los siglos IX y X ubicado geoestratégicamente con sus grandes muros de sillería en grandes bloques de piedra. Un recinto regular de 40 metros de lado jalonado con 17 torres destacando una puerta con arco de herradura que facilita el acceso al recinto militar. 

Tras el recinto principal, se sitúa la Albacara al que se añade una coracha en la época almohade. La barrera exterior con torres circulares y el foso pertenecen a la época cristiana siendo característico de las fortalezas andalusíes los aljibes. Tras cinco siglos de dominación musulmana, la ciudad pasará definitivamente a manos cristianas en enero de 1232. 

Terminamos la jornada estimulando nuestro paladar en la Feria Nacional del queso de Trujillo. Allí degustamos la Torta de Casar y el queso con olor y sabor intenso en aceite de oliva virgen extra y pimiento molido obtenido de la cabra payoya de la Sierra de Cádiz.

Desde la ciudad monumental de Trujillo para el Blog de mis culpas...


lunes, 18 de mayo de 2015

Visita a la "Vieja Cáceres"



Después de haber disfrutado de una grata visita en la “Antigua Emérita Augusta”, retomamos de nuevo la Vía de la Plata, como eje vertebrador de la antigua Lusitania que enlazaba la ciudad emeritense con Asturica Augusta y que posteriormente Tiberio, Trajano y Adriano prolongarán esta vía fundamental hasta Itálica, Hispalis y Gades, donde partían desde Baelo Claudia donde obtenían el famoso “garum”, una salsa de pescado considerada afrodisiaca en la antigua Roma y altamente apreciada junto con el aceite de oliva de la Bética, almacenados en ánforas y que eran exportados a través del Mare Nostrum a todas las partes del Imperio.

En el “Itinerario de Antonino” la calzada número XXIV correspondería entre Mérida y Zamora y la XXVI entre Zamora y Astorga. 



La antigua Vía Lata “camino ancho de los romanos”, denominada Balata por los musulmanes “camino empedrado” por una deformación árabe del término “balath”.

Extremadura, tierra de pastos al otro extremo del Duero, “Extremis Dorii” latino que quiere decir “ los extremos del Duero”. 

La Vía de la Plata ha sido y sigue siendo el vertebrador en la vida cultural, económica y social de Extremadura. Una antígua e histórica calzada romana en la que confluía la denominada “Ruta Mozárabe” que utilizaban los mozárabes para enlazar desde la antigua Córdoba, Jaén, Málaga, Granada y Almería con la Vía de la Plata con destino en Santiago de Compostela "Campus Stellae". 

Dicha vía como obra cumbre de la arquitectura civil, contribuyó rápidamente a la islamización de sur a norte a partir del 711 y posteriormente recibió las influencias románicas y góticas de norte a sur.






…Comenzamos en la Plaza Mayor como epicentro de nuestra visita a la “ciudad de los mil escudos”, donde nuestra retina capta al instante la Torre de Bujaco junto al adarve y la Ermita de la Paz. Junto a ésta parte una escalera que inicia su ascenso hacia el Arco de la Estrella, -por tener en su parte interna un templete con la imagen de la Virgen de Ntra. Señora de la Estrella y en la parte externa del arco que mira hacia la Plaza Mayor, el escudo de Cáceres labrado en piedra-, que nos introduce en otra época, como si del túnel del tiempo se tratara.


La Torre de Bujaco deriva del califa Abu-Ya´qub, conquistador de la ciudad en 1173 perteneciendo a la misma época que la torre almohade. Cuenta la leyenda en la dicha torre fueron degollados cuarenta caballeros cristianos por las tropas árabes pero en historia todo es falsable mientras no se demuestren las fuentes documentales que son las únicas que cimentan los criterios objetivos basados en el rigor histórico. La literatura popular pertenece a otro ámbito.


Destaca el ocre de las piedras centenarias que jalonan las innumerables casas-palacios, iglesias y lienzos de murallas que nos van derivando sin prisas hacia la Plaza de Santa María donde se encuentra la Concatedral de Coria-Cáceres con la escultura de San Pedro de Alcántara, el Palacio Arzobispal y el Palacio de los Golfines de Abajo, donde se hospedaron los Reyes Católicos.





Muy cerca se encuentra la calle Amargura donde se puede observar la torre de Carvajal junto al palacio del mismo nombre con sus bellos jardines, destacando su higuera milenaria. En dicho edificio se encuentra ubicado el Patronato de Turismo.





Es evidente que la conquista de América tuvo su influjo en la ciudad monumental de Cáceres cuya riqueza trajeron los conquistadores para emplearla en la construcción de palacios, conventos y castillos como elementos fundamentales del patrimonio histórico-artístico de Extremadura, cuya gestión empezará a gestarse con el inicio de la Reconquista. Los escudos heráldicos son protagonistas en las fachadas medievales de la “Vieja Cáceres”. 

Atravesamos la Plaza de Santa María para llegar a la Plaza de San Jorge donde nos observan erguidas las dos torres de la Iglesia de San Francisco Javier cuya fachada principal es de estilo barroco con dobles columnas. Preside la fachada el santo con un escudo de Carlos III.





La Cuesta de la Compañía nos introduce en la Plaza de San Mateo con la Iglesia del mismo nombre. Junto a ésta nos encontramos el Convento de San Pablo y la Torre de las Cigüeñas, que nos recordaba que la Plaza de las Veletas estaba próxima. En dicha plaza se encuentra el Museo de Cáceres en la “Casa Palacio del Aljibe o de las Veletas”, mandada a construir por Diego Gómez de Torres sobre los restos de un antiguo alcázar almohade donde en su sótano existe un impresionante aljibe de la época musulmana cuyos estudios arqueológicos recientes dan testimonio de que el aljibe formaba parte de la Mezquita Mayor durante el período islámico.



Este soberbio edificio alberga el Museo Arqueológico Provincial cuyos fondos dan testimonio vivo de la huella prerromana, romana, visigoda, árabe y judía, aglutinadas tras siglos de historia para admiración de los viajeros que visitamos aquéllas tierras.

Muchos siglos evidencian la romanización de la colonia “Norba Caesarina” tras la fundación en el siglo I a.C. como ciudad a la que se dotó de fuertes murallas defensivas mediante cuatro puertas que daban acceso a su interior. 

El "pater familias" debía tener la mejor habitación de la casa romana. Según cuentan varios escritores romanos como Columela. "De Re Rustica I, IV, 6-8", en unos tiempos en el que las unidades de plata como el denario y el sestercio junto con el aureo como modena de oro empezaban a acuñarse en época del César, hacia el año 44 a.c.




Uno de los legados de la dominación islámica en la antigua “Cazires” fue su muralla almohade, que en el siglo XII protegía la ciudad del avance cristiano. Los aljibes repartidos por la ciudad son algunos ejemplos de la impronta árabe en el proceso de islamización. La ciudad permaneció en ruinas hasta que en el siglo X, los almohades utilizaron el recinto como refugio en sus ataques contra los cristianos. Durante los tres siglos siguientes reconstruyeron y ampliaron las murallas romanas llamando “Hinz Qazris” a esta población, dotándoles de un alcázar cuyos restos más importantes son un aljibe y la mezquita.



















La villa es reconquistada definitivamente en 1229 por Alfonso IX, iniciándose la construcción de una nueva ciudad “Cáceres”, formada por casas fuertes en el interior de la muralla. En el siglo XV se construyeron la mayoría de los edificios civiles y religiosos, reformados en el siglo XVI por la llegada de las ideas renacentistas convirtiéndose muchas casas fuertes en casas-palacio sin perder su estilo austero. En esta época se produce el regreso de algún conquistador de América, construyendo aquí su palacio. En el siglo XVIII se transforma la Puerta Nueva en Arco de la Estrella.


En 1986, la UNESCO, declara a Cáceres “Ciudad Patrimonio de la Humanidad”. Posee además una magnífica colección de escudos heráldicos (Más de 1300 ejemplares).




Desde el Museo de Cáceres atravesamos la Plaza de San Mateo, de estilo gótico tardío, construida sobre los restos de una antigua mezquita árabe. Nos introducimos en la “Judería Vieja” que nos llevaba al barrio de San Antonio. No podemos olvidar que Cáceres también contó con una importante Comunidad Judía distribuida entre la Judería Nueva (extramuros) y la Vieja (intramuros) entre la maraña irregular de sus angostas calles empedradas donde se ubicaba la sinagoga, hoy convertida en la ermita de San Antonio.

Tras la "Reconquista" los hebreos ocuparon esta zona de la villa acudiendo en 1477 a la reina Isabel para pedirle mayor equidad en el reparto de cargas municipales y les atendió su petición. 

Había entonces 130 familias judías, una cantidad considerable para una población de la villa de unos 8.000 habitantes. 

Los hebreos contribuyeron a la cultura y finanzas de la ciudad pero fueron expulsados a partir del 31 de marzo de 1492 por los Reyes Católicos mediante el “Decreto de la Alhambra” como preludio de la posterior expulsión de los moriscos a partir de 1609.


Un hecho trascendental que atrasó el reloj de nuestra historia fue la expulsión de los moriscos el 9 de abril de 1609 por Felipe III, tras la rebelión de las Alpujarras (1568-1571) al ser considerados virtuales aliados de los turcos que asolaban los puertos del Mediterráneo. En 1567 entraba en vigor la Pragmática Sanción firmada por el rey Felipe II que desencadenó la Rebelión de las Alpujarras, la cual limitaba las libertades religiosas de una población morisca obligada a abandonar sus modos de vida y costumbres, la prohibición de usar sus nombres en árabe y hacer uso de los baños como purificación antes de entrar en las mezquitas.


La desafortunada decisión trajo consigo el consiguiente abandono de los campos de cultivo al considerarse a los moriscos como una especie de quinta columna o enemigo interior. Fueron expulsados trescientos mil árabes entre Aragón, Levante y Andalucía que pesaron como una gran losa en la agricultura al dejar los campos desiertos y por consiguiente, nuestra economía. 

Actualmente la vieja aljama de Cáceres se encuentra dentro de la Red de Juderías de España.






El “Callejón de la Monja” nos lleva a la “Casa del Sol o de los Solis”, una casa fortaleza del siglo XV de estilo gótico en cuya fachada aparece el escudo familiar con un sol con rostro humano coronado por un yelmo. Un alfiz enmarca la puerta con arco de medio punto con dovelas bajo el escudo. En la parte superior de la fachada destaca un matacán de defensa semicircular con aspilleras en forma de cruz.





La “Torre de Sande o de los Plata” es un impresionante torreón cubierto de yedra. Formaba parte de una casa señorial ya desaparecida perteneciente al linaje de los Sande y fue construida a finales del siglo XIV sobre otra casa más antigua. Su torre gótica de elevada altura estuvo rematada con almenas. Destacan sus ventanas y ajimeces con parteluces, y el impresionante matacán defensivo de la atalaya sostenido por nueve mensulones.



Descendiendo entre callejuelas empedradas llegamos al Palacio de los Golfines de Arriba del siglo XV que conservan tres de sus cinco torres, una de las cuales, del siglo XVI no está desmochada por poseer su dueño, García Golfín, permiso del rey Católico para no hacerlo. Frente a este se encuentra el Palacio de los Condes de Adanero con su fachada de estilo manierista construida en 1596 por el Alférez Mayor de la Villa don Pedro Rol de Ovando y de la Cerda.




Entre palacios, iglesias, torreones y museos -donde el color ocre de sus piedras dan fe de la gloria de tiempos pretéritos-, hemos realizado una grata ruta que nos ha derivado al adarve musulmán donde se encuentra el Postigo de Santa Ana y la Torre del Horno que fuera construida por los árabes aunque en su base se reflejan los sillares romanos. En las proximidades se encontraba también la alhóndiga para almacenamiento y venta de trigo.


Las murallas de Cáceres aportan un verdadero testimonio excepcional sobre las fortificaciones realizadas por los almohades en España. Fueron construidas por las huestes de Abú Ya´qub a finales del siglo XII, de argamasa sobre base de mampostería, empleando tapial que deja a simple vista las hileras de mechinales que empleaban los alarifes para su construcción.




La Torre de la Yerba nos recuerda que volvemos de nuevo a la Plaza Mayor, lugar de origen de nuestra ruta por la Vieja Cáceres cuyo magnífico legado y efluvios de su historia han impregnado de argumentos nuestros sentidos para volver a visitarla. 

Con el calor del mediodía, buscamos la sombra para desentumecer las piernas y poder rehidratarnos mediante una buena cerveza de la tierra “Legado de Yuste” acompañado de la buena gastronomía de la zona, lo que nos ayudaba a recuperar las energías perdidas entre la angostura de las empedradas cuestas en la “Vieja Cáceres”, para proseguir en busca de ciudad monumental de Trujillo. 

Pero eso forma parte de otra interesante historia que compartiré con los amigos.

 Desde la "Vieja Cáceres" para el Blog de mis culpas…