lunes, 18 de marzo de 2024

Visita a Cádiz [tres veces milenaria] con el Aula de la Experiencia de Morón


Gades, gracias a la intrepidez de sus habitantes en las costas del mar ha experimentado un tal incremento de la fortuna de todo orden que, a pesar de alzarse en el extremo de las tierras es la más famosa de todas las islas.

Estrabón III, 1,8

 

Desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco orientamos nuestro sextante cultural en busca de la antigua ciudad de Cádiz acompañando al Aula de la Experiencia de mi pueblo ubicado en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco para seguir ilustrándonos sobre el legado de una ciudad tres veces milenaria donde los fenicios se establecieron en la Caleta para fundar la antigua Gadir hace más de 3.000 años.

En los textos bíblicos hebreos el término Sefarad significaba la Península Ibérica en el I milenio a.C. Los fenicios llamaban «I-span-ya» [tierra donde se forjan los metales] que será romanizada posteriormente como Hispania. 



Sarcófagos fenicios en el Museo de Cádiz


Breve introducción

La antigua Gadir fenicia denominada Gades por los romanos ha sido considerada la ciudad más antigua de Occidente. Sus aguas fueron surcadas por los marinos fenicios de la antigua Biblos, Sidón y Tiro en el siglo XI a.C. asentando su mayor base comercial en Occidente, después de haber navegado por las columnas de Hércules como se conocía entonces el Estrecho de Gibraltar, lo que les permitió fondear para protegerse de la madre que parió el viento de levante -que viene de tierra- y del poniente -que proviene del mar- en esta zona geoestratégica y cuna de civilizaciones como lo demuestran los dos sarcófagos antropomorfos que se encuentran en el Museo Arqueológico de Cádiz ubicado en la Plaza de la Mina.

Los fenicios actuaron como vínculo entre las civilizaciones mediterráneas. Inventaron el alfabeto, adoptado y modificado por los antiguos griegos, que lo fueron transmitiendo como legado cultural.

La victoria romana en el 206 a.C. en la batalla de Ilipa (Alcalá del Río) supuso el final de la Segunda Guerra Púnica y la expulsión definitiva de los cartagineses de Hispania. Gracias a la victoria de Publio Cornelio Escipión Emiliano “El Africano” durante la Segunda Guerra Púnica, el Imperio Romano comienza a llamar al Mar Mediterráneo “Mare Nostrum”, anteriormente denominado “Mar Medi Terraneum” que abarca desde el levante al poniente mediterráneo.



Colosal estatua togada del Emperador Trajano procedente de Baelo Claudia

Museo de Cádiz


Con la firma de un pacto o foedus, la Gadir fenicio-púnica -la actual Cádiz- abrió sus puertas a los ejércitos romanos, manteniendo su organización administrativa a cambio de contraprestaciones económicas y de un compromiso de alianza. Su estatus de ciudad federada le eximía de pagar el “stipendium” y le permitía mantener sus costumbres, instituciones e idiosincrasia particular, así como su capacidad para legislar, acuñar moneda y comercializar con entera libertad. Desde estos momentos la acción de Roma fue imparable, y aunque tuvo que vencer la resistencia de numerosos pueblos consiguió su propósito de doblegar a cántabros y astures. Durante el reinado de Augusto, en el año 19 a.C., se inicia un periodo de paz, "La Pax Augusta”, que significó la integración plena de Hispania en la órbita romana.



Baelo Claudia


La actual provincia de Cádiz era una parte de la circunscripción administrativa del “conventus” gaditano, que abarca la mayor parte de la zona costera de la provincia de la Bética, que estaba a su vez dividida en cuatro conventos jurídicos, cuyas capitales eran Corduba (Córdoba), Astigi (Écija), Híspalis (Sevilla) y Gades (Cádiz). Baelo Claudia formaba parte de la provincia Bética.



Escultura de Julio César en la Puerta del Arquillo del Ayuntamiento de Sevilla


Nos dicen las páginas de la historia que Julio César comenzó en el 69 a.C. en la Bética Romana “Hispania Ulterior” con su capital en la antigua Corduba romana con el primer cargo de cuestor teniendo la misión de ocuparse de los asuntos económicos y asistiendo a los gobernadores de provincias en la alimentación de las tropas, pagadurías, etcétera.

Julio César tuvo que recorrer periódicamente amplios territorios para administrar justicia. De esta forma, conocerá importantes ciudades de la época como la antigua Corduba (Córdoba), Híspalis (Sevilla), Astigi (Écija) o Gades (Cádiz), considerada por entonces como el límite del mundo conocido.

La antigua Gades poseía importantes oráculos como el Templo de Melqart-Hércules, lo que hoy es Sancti Petri en Chiclana de la Frontera, que llegó a ser un importante centro de peregrinación para filósofos, historiadores y taumaturgos “que practicaban la santería y la magia”. Personajes públicos como el cartaginés Aníbal o los romanos Fabio Máximo o el mismo Julio César acudían para rogar a los dioses la protección y prestigio en sus campañas militares o la protección durante el viaje de regreso a la capital del Imperio "Roma", a cinco días de navegación desde Gades.

Al santuario de Melqart dedicado al “dios del sol y de la navegación” iban los fieles para pedir un feliz viaje de regreso o dar las gracias por haber llegado hasta allí sanos y salvos. Para César era una visita obligada, pues admiraba tanto a Alejandro Magno como a Hércules, identificado en Cádiz con Melqart. 



Hércules en el Museo de Cádiz


El héroe griego Heracles, llamado Hércules por los romanos, había llegado a ese extremo occidental del mundo que era Cádiz, y había fundado las míticas columnas que llevan su nombre, una a cada lado del Estrecho de Gibraltar, más allá del cual sólo había un abismo insondable. Tanto Pompeyo como el propio César, inspirados por las hazañas de Alejandro Magno, albergaban claras tendencias hacia un poder personal.

César decide volver a Roma el año 68 a.C. y en el 61 vuelve a la Hispania Ulterior como gobernador “propretor”, obteniendo éxitos militares en Lusitania gracias a Balbo. Deroga en Cádiz las consideradas “leyes bárbaras” y tras cerca de dos años regresa al corazón de la República de Roma donde se disputaban el poder dos facciones políticas, entre intrigas y conjuras. César se marcha a las Galias con su amigo y confidente Balbo y pone pie en Britania. 

La astucia de César junto con la popularidad de Pompeyo y la opulencia de Craso dará lugar a una alianza conocida como el primer triunvirato [59 a.C.]. Ese mismo año César gana el Consulado introduciendo leyes satisfactorias para los tres cónsules siendo confirmado el ordenamiento de Pompeyo en Oriente por el cual sus veteranos obtuvieron lotes de tierras bajo un marco legal. César se otorgó un mandato especial de cinco años en Galia y Iliria. La alianza se verá fortalecida por el matrimonio entre la hija de César “Julia” con Pompeyo.

En el 58 a.C., César marcha a la conquista de la Galia continental conquistando Alsacia y el Franco Condado.

En el 57 a.C. conquista Bélgica y Normandía.

En el 56 a.C., César invita a Craso y a Pompeyo en Luca (Galia Cisalpina) para renovar su alianza. Pompeyo y Craso fueron nombrados cónsules en el 55 a.C. con un mandato especial de cinco años. Craso debería dirigirse a Siria para iniciar una campaña contra el imperio parto. Pompeyo, recibió Hispania, que gobernará mediante legados nombrados directamente por él, mientras él permanecía en Roma para continuar con los subsidios, mientras César conquista de la Galia. Ese mismo año llega a las costas atlánticas y desembarca en Britania.

Entre el 55 y 54 a.C. César penetraba en el Rin realizando dos expediciones al sur de Britania.

En el 54 a.C. la esposa de Pompeyo, Julia, muere, y con ello, termina el lazo personal que le unía a César con Pompeyo. Con la muerte de Craso tras la batalla de Carrás se pone fin al intento de invasión del imperio parto. Mientras tanto, reina la violencia y el desorden en Roma. 

El Senado restablece a Pompeyo como cónsul único para restablecer el orden y el mandato de César de cinco años estaba a punto de cumplir. Pompeyo y su partido político conservador "los optimates" se unen contra César. Pompeyo poseía el mando único y controlaba además el suministro de grano. Marco Antonio partidario de César huye de la ciudad y el 10 de enero del 49 César cruza el Rubicón.

En el 52 a.C. César vence a Vercingétorix, el rey de los galos.

En el 51 a.C. pudo centrar su atención en la crisis de Roma.

En el 49 a.C. comienzan las hostilidades entre Pompeyo y César que se encuentra ante el dilema de levantarse en armas contra el gobierno de Roma “cruzar el Rubicón”. Ese mismo año otorgará la plena ciudadanía romana a los habitantes de la Galia Cisalpina y a Gades en Hispania.

César se enfrenta a Pompeyo venciéndolo en la batalla de Farsalia el 9 de agosto del 48 a.C. y Pompeyo huye a Egipto siendo asesinado el 28 de septiembre de ese mismo año. Cleopatra seduce a César y recupera el poder de Egipto aliándose con él. Tendrá un hijo de César al que pondrán "Cesarión" [Ptolomeo XV] el 23 de junio de 47 a. C.

César no ocultaba su desprecio por la República romana, nombró a magistrados limitando las funciones del Senado y silenció a los tribunos que intentaron oponerse. César probablemente sabía que iba a ser asesinado, cosa que ocurrió el 15 de marzo del 44 a.C.

En el 43 a.C., dos sicarios de Marco Antonio asesinaron a Cicerón [64 años] como venganza por la muerte de Julio César. Será el último defensor de la República Romana.

César redujo las deudas en más de un 25%. Cada soldado de César recibió 5.000 denarios tras su triunfo en el 46 a.C. y la paga anual de los legionarios fue elevada de 120 a 225 denarios. Se reguló la distribución de trigo, se controló el tráfico de mercancías en la ciudad de Roma y se reformaron leyes contra el soborno aprobándose leyes que beneficiaban a las clases populares.

El 1 de enero del 45 a.C. introduce César el calendario de 365 días y un cuarto. La civilización occidental le debe este logro.

La Guerra de las Galias 51-50 a.C. es un registro magistral sobre aquellos acontecimientos bélicos.

 


Monumento en Cádiz a Lucio Cornelio Balbo


En el inicio de la Avda. del Campo Sur cercano a la Puerta de Tierra de Cádiz se encuentra una fuente con un monumento en memoria de Lucio Cornelio Balbo. Los Balbo fueron considerados notables de Gades en Roma. El gaditano Lucio Cornelio Balbo “El Mayor”, amigo y consejero de César, financió junto a su sobrino Balbo ”El Menor” la ampliación del recinto urbano de Gades “la Neápolis de Balbo”. La planificación de la “nueva Gades” debió ajustarse a las características propias del urbanismo romano, basadas en un plano ortogonal presidido por notables edificios públicos, entre los que se conocen templos, un anfiteatro y un teatro, así como infraestructuras como calzadas, acueductos y alcantarillados. Desgraciadamente se conoce bastante poco de su trazado urbano.

Lucio Cornelio Balbo, Balbo el Mayor, perteneció a una rica e importante familia gaditana de origen semita; fue amigo de Pompeyo, de quien recibió la ciudadanía romana junto a los suyos y más decididamente de César, a quien sirvió fielmente.

Balbo el Menor, sobrino del anterior, hizo una importante carrera civil y militar, culminada con el proconsulado de África, siendo el primer Provincial, no nacido en Italia, en alcanzar los honores del triunfo. Buscó atraerse el favor popular, con iniciativas que fortalecieran su imagen un tanto autoritaria, como la celebración en Gades de los “Ludis teatrales” en el edificio erigido en el año 43 a.C.

Ambos personajes con su capacidad política, explican muchos de los derroteros de la historia de aquellos importantes años…



Entramos en la ciudad de Cádiz a través del Puente de la Pepa [24 de septiembre de 2015] que nos acercaba hasta la Puerta de Sevilla cercana al puerto de Cádiz. Al frente de la proa didáctica de nuestra particular nave por la antigua Cádiz se encontraba nuestro cicerón Juan Entrena. 

Al observar el puerto de Cádiz la retina del recuerdo me proyecta aquella grata visita realizada al Buque Escuela Juan Sebastián Elcano dentro del 500º Aniversario de la Primera Circunnavegación de la Tierra, cuya inmortal proeza realizara para Gloria de España y de la Humanidad la Expedición Magallanes-Elcano entre 1519 y 1522 .

La imponente efigie frontal del famoso bergantín-goleta simboliza a “Minerva”, la diosa romana de la sabiduría, de las artes y de la estrategia militar. 

Con éstos y otros mimbres recolectados durante ésta y otras visitas realizadas a Cádiz y a sus museos que acompañan nuestro particular cuaderno de bitácora hemos recopilado una didáctica historia que compartiremos con nuestros amigos del blog de mis culpas.



Mascarón de proa del Juan Sebastián Elcano en el puerto de Cádiz


El buque escuela de la Armada española Juan Sebastián Elcano  toma su nombre del ilustre marino guipuzcoano y español, protagonista de una de las hazañas más grandes de nuestra historia al circunnavegar el globo con aquéllos "17 hombres" que quedarán inmortalizados por la historia al regresar al punto de origen de la expedición en "Sanlúcar de Barrameda" completando de ese modo la “Primera Vuelta al Mundo” realizando 14.460 leguas marinas. 

Por tal motivo, el rey Carlos I concedió a Elcano un escudo de armas que contenía el globo terráqueo con el lema PRIMUS CIRCUMDEDISTI ME (el primero que me rodeaste).

¡14.460 leguas = 37.696 millas náuticas = 69.813 km sin cartas náuticas!



Promulgación de la Constitución de 1812 en el Ofertorio de San Felipe Neri
Óleo de Salvador Viniegra. Museo de las Cortes de Cádiz


Muy cerca del Puerto de Cádiz se puede observar en la Plaza de España como brilla con luz propia el "Monumento a la Constitución de 1812" presidido por el símbolo de La Pepa. Fue un primer intento serio de hacer de España un país constitucional en unos tiempos convulsos siendo la primera constitución liberal de España y una de las más avanzadas del mundo.


La Constitución de 1812 "La Pepa"

Art. 13 -El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen.


En el Museo de las Cortes de Cádiz se puede apreciar uno de los acontecimientos históricos que servirá como referente al resto de Europa y de América: Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812 "La Pepa", cuyo Bicentenario se celebró en el año 2012.

A partir del Desastre de Trafalgar en 1805, la Armada española, en la que Cádiz fue un referente importante moriría de abandono, de incomprensión y de olvido, lo que abrió una brecha en nuestra marina y en nuestro país, dando lugar a la pérdida de nuestro extenso y frágil imperio que jamás haya existido según el libro “La razón de Trafagar “por Hermenegildo Franco Castañón, capitán de navío de la Armada española.

Sin embargo toda esta complejidad de tristes acontecimientos para la historia de nuestro país fue capaz de alumbrar las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812 que supuso para nuestro país el fin del absolutismo y el nacimiento del liberalismo.

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX España estaba siendo invadida por Napoleón, y Cádiz se convierte en un lugar inexpugnable, estratégicamente situado entre el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico.

En 1812 Cádiz se convierte en la cuna de la libertad, acogiendo a ilustres diputados doceañistas de España y de América que se unieron para redactar una nueva Constitución que devolviese el poder a Fernando VII.



El Oratorio de San Felipe Neri sería testigo de los acalorados debates entre los diputados, que tras más de cien sesiones, redactaron el texto constitucional.

El día 19 de marzo las Cortes Generales de España promulgará la Constitución Española de 1812, la primera Constitución de España y la más liberal de su tiempo que sirvió de modelo al resto de Europa y América.

El texto constitucional de 1812 reformulaba ideas fundamentales para el país y para el ciudadano como el sufragio universal, soberanía nacional, monarquía constitucional, división de poderes, independencia de la justicia, propiedad, libertad de imprenta y otros conceptos revolucionarios que habrían de ser admirados y tomados como modelo por otros países y un anhelo a conseguir en la propia España.

Se trataba de la primera Constitución promulgada en España por ser una de las más liberales de su tiempo que irradió ideas de progreso desde el Atlántico hasta el Pacífico. Fue la tercera Constitución escrita después de la de Estados Unidos y Francia.

Pero Fernando VII vuelve en 1813 a España instaurando de nuevo el absolutismo y derogando la obra legislativa de las Cortes de Cádiz restableciendo en mayo de 1814 el Antiguo Régimen. Entre 1814 y 1820 declaró nula toda la obra de las Cortes de Cádiz. 

“Muera la libertad y vivan las cadenas” 

¡Una desafortunada y triste frase que demuestra que los verdaderos enemigos de España no fueron Napoleón ni Fernando VII [que lo fueron] sino los propios españoles, que por su incultura, permitieron la vuelta del Felón, a pesar de haber vendido España al Bonaparte!

En 1823 entran en España los Cien Mil Hijos de San Luís para acabar con Riego y la libertad del pueblo reponiendo en su trono al desleal Fernando VII.


La Constitución de 1812 con su obra legisladora, sólo por justicia debería haber pasado a la historia como inmortal, aunque el espíritu de la Pepa y la Revolución de 1820 siguieron vigentes hasta la "Gloriosa de 1868".



Su hija Isabel II tuvo que salir por el Puente del Bidasoa por el mismo sitio por donde entraron los Cien Mil Hijos de San Luís que impusieron por la fuerza a Fernando VII y que costó la vida al general Torrijos y a Mariana de Pineda, tragedia inmortalizada por nuestro inmortal dramaturgo y poeta Federico García Lorca.

Entre nuestras continuas visitas a Cádiz hemos “circunvanegado” múltiples veces desde la Caleta y el Barrio de la Viña, en el suroeste de Cádiz hasta llegar a su casco histórico, desde el Baluarte de la Candelaria hasta la playa de la Victoria y desde allí acercarnos al Puente de la Pepa para llegar de nuevo al puerto y volver a nuestro punto de origen ubicado en la Caleta, no sin antes pasarnos por la Plaza de Abastos donde los efluvios de churros “calentitos en la tierra de Villalón” y las tostadas de pan de pueblo con aceite de oliva virgen impregnaron los sentidos, al menos del que escribe estas humildes letrillas.

En el Barrio del Populo medieval se ubicaba el Castillo Viejo. Muy cerca se encuentra el Theatrum Balbi, el segundo más grande de la Hispania romana.


 
Teatro Romano de Cádiz

El subsuelo del Barrio del Pópulo conserva entre sus calles el antiguo trazado medieval. Allí se localiza el Teatro Romano. Coincide con el área delimitada por el recinto fortificado de la antigua villa medieval cuyo perímetro amurallado podía percibirse en su totalidad a comienzos del siglo XVI, diferenciándose con claridad la villa de los arrabales.

El conjunto defensivo, de origen islámico, será reconstruido en el siglo XIII por Alfonso X tras la conquista castellana. Un texto musulmán cita al “Castillo del Teatro” como recuerdo del teatro romano que será abandonado en el siglo IV a.C. y sobre sus ruinas los musulmanes edificaron una alcazaba. En 1467 el Marqués de Cádiz reedificó la fortaleza. Muchas gradas del teatro han desaparecido por la acción del tiempo y del mar.

Durante el proceso de unas prospecciones arqueológicas en el año 1980 para delimitar al área ocupada por la fortificación medieval de Cádiz, se identificó con el teatro romano una galería subterránea de trazado semicircular. Fue un gran descubrimiento para la historia de la ciudad y a partir de entonces se inició el proceso de intervenciones que han permitido sacar a la luz una parte importante de su estructura.

El teatro y las termas eran lugares importantes para la reunión y la ostentación social. Las estatuas e inscripciones eran muy abundantes en las ciudades romanas. Los altos cargos especialmente, los emperadores y su familia eran retratados para presidir o adornar con sus imágenes los templos, foros y basílicas. 

La figura colosal de Trajano en el Museo de Cádiz procede de la Basílica de Baelo Claudia y representa al primer emperador de origen hispano vestido con toga y apoyado en el cuerno de la abundancia.

Las fuentes nos hablan repetidamente de la importancia del Puerto Gaditano, de la regularidad de los viajes de Gades a Ostia en el puerto de Roma cuyo trayecto se recorría en nueve días. También nos refiere la frecuencia de la relación comercial con el norte de África. Estrabón nos recuerda que la población gaditana permanecía en el mar más tiempo que en tierra firme.

Toda esta actividad productiva se canalizaba a través de una red de comunicaciones terrestres, fluviales y marítimas. Éstas últimas fueron las más utilizadas para el comercio, especialmente las de larga distancia por ser, con diferencia, el medio de transporte más barato. La minería, el trigo, el aceite y los salazones de pescado fueron los elementos más importantes de la actividad productiva en la Península Ibérica durante la época romana. Hispania exportaba materias primas y productos alimenticios e importaba fundamentalmente artículos manufacturados y de lujo.

Desde su fundación por los fenicios en la Antigüedad, Cádiz fue un enclave comercial de extraordinaria importancia. La flota gaditana estuvo presente en todo el Mediterráneo, dedicándose sus habitantes al comercio de salazones, minerales y, en época romana, al transporte de cereales y aceite como tributo en especie, desde Gades a la capital imperial.

 



Tal como lo atestigua el geógrafo Estrabón, una parte de la población pasaba largas temporadas en Roma, donde se les reconocería como comerciantes notables. Muestra de su consideración social son las dos inscripciones localizadas en las gradas números 11 y 12 del anfiteatro Flavio con la referencia “Gaditanorum”, que indicaban las gradas reservadas para los gaditanos en el Coliseo ente los siglos II y III de nuestra era.



Personajes tan relevantes como Cicerón o el griego Estrabón mencionan en sus obras el Teatro de Gades, lo que indica el esplendor que vivió la antigua ciudad de Cádiz en la Antigüedad Clásica.

Los primeros teatros romanos eran estructuras efímeras, levantadas en madera, pues por ley debían desmontarse después de celebrar una determinada festividad. No fue hasta el año 55 a.C. cuando Pompeyo erigió el primer teatro estable en Roma haciendo que la cavea del teatro apareciera como una grandiosa escalinata de acceso al templo que coronaba el edificio. Este teatro fue el primero levantado en llano, presentando importantes novedades arquitectónicas tales como una fachada semicircular con varios órdenes de columnas y arcos superpuestos en altura. Su construcción marcó el inicio de un rápido proceso evolutivo que culminó en la época de Augusto con la erección de los teatros Marcelo y Balbo en la misma capital.

El público accedía al teatro por distintas zonas según su condición social a través de unas puertas labradas en piedra denominadas “vomitorios”. Los teatros romanos aprovechaban la pendiente natural para asentar el graderío.

Aunque en Cádiz ya se celebraban espectáculos teatrales con anterioridad, no fue hasta el último cuarto del siglo I a.C. cuando se planificó la construcción de un edificio estable, en piedra, destinado a tales fines.

El teatro romano de Gades se levantó hacia los años 70 o 60 a.C. En su construcción “in montibus” se aprovecharon los desniveles del terreno para apoyar el graderío, siendo considerado el teatro más antiguo de la Península Ibérica, además de ser uno de los de mayores dimensiones.

Para construir la galería fue necesario recortar previamente la roca natural y luego, con sillares perfectamente labrados en la misma piedra, se levantó el muro externo. La galería cubierta está formada por una bóveda de medio punto o de cañón, que canalizaba la circulación de espectadores a la zona media del graderío a través de los vomitorios. El teatro tiene forma de semicircunferencia para conseguir la acústica deseada.

El material más utilizado es el hormigón “opus caementicium” consistente en un mortero de cal con guijarros y arena, lo que le otorgaba una enorme solidez siendo más económico que la cantería tradicional. La piedra ostionera junto con el mármol ocupará un lugar importante en su construcción.

Destaca la galería para la distribución de espectadores situada bajo las gradas, con sólida bóveda anular de hormigón. Arquitectónicamente el edificio destaca por sus dimensiones, pues los 118 metros de diámetro -400 pedes- que abarca la planta semicircular, permite equipararlo con los teatros más grandes de occidente, siendo el segundo mayor de Hispania después del de la capital de la Provincia Baetica. Su capacidad puede estimarse en torno a los 10.000 espectadores.

Asimismo, el edificio se caracteriza por contar con una galería anular abovedada que discurre por debajo de las gradas del teatro [aditus]. La función de este nivel de circulación interno, conservado a lo largo de más de 75 metros, era proporcionar al rango de los caballeros -el ordo equestre- un acceso exclusivo a sus asientos en la imacavea desde los vomitorios, manifestando así, la fuerte distinción social existente en el mundo romano -discrimina ordinum-. Construida a modo de cripta, se encuentra iluminada a intervalos regulares por lucernarios.

El teatro romano de Gades nos ofrece un ejemplo excepcional configurado en todos sus elementos. Tenía una función polivalente al servicio de la vida política y religiosa.


Fotografía de un video explicativo sobre la ubicación de las clases sociales
 Teatro Romano de Cádiz


Las primeras filas del teatro estaban reservadas a los miembros más destacados de la sociedad, que lucían sus mejores galas, y las restantes eran ocupadas por el pueblo según su condición social. Los actores representaban tragedias, comedias y dramas satíricos con los rostros cubiertos por máscaras que, con el tiempo, fueron sustituidas por el mimo y el pantomimo que alcanzaron mayor popularidad por su carácter irreverente y divertido.

Se denomina cavea al graderío concéntrico de asientos ocupado por los espectadores del teatro. Se organiza en tres sectores o maeniana, denominados “ima, media y summa cavea” conforme al sentido ascendiente de la pendiente. Cada uno se divide a su vez en cunei, sectores triangulares separados entre sí por las escaleras radiales [scalariae] y pasillos [praecinctiones] que permiten el acceso a los asientos [gradus] que eran sillares de piedra. Actualmente sólo se conservan en las dos primeras filas, pues abandonado el teatro la piedra debió emplearse en otras construcciones de la ciudad.

Fundamenta. Son las estructuras o “cimientos” que sirven de base de sostén para el teatro, asegurando su estabilidad sobre el terreno y conteniendo la pendiente del graderío. A las gradas se accede bien directamente o a través de vomitorios conectados con la galería anular abovedada.

Suma cavea es el sector más elevado, habitualmente coronado con un pórtico columnado. Aunque no se conservan restos materiales se plantean 18 cuñas de cinco gradas, divididos por 10 escaleras. Era el lugar destinado para los libertos, esclavos, mendigos o transeúntes.

El Porticus de la Summa cavea era la zona más alejada del escenario donde se situaban las mujeres y los niños.

Media cavea consta de 20 filas de gradas divididas en 10 porciones por medio de nueve tramos de escaleras. La parte más alta se encuentra delimitada por un pasillo accesible sólo desde la fachada exterior. En ese lugar se colocaba el público en general, trabajadores libres, ciudadanos y funcionarios públicos…

Ima cavea estaba destinada para los equites, de alto status económico. Existía una ley que obligaba a reservar las primeras 14 filas de los edificios de espectáculos públicos para los equites, lo que da idea de la importancia económica que tenía la ciudad.

Proedria. Tres filas de asientos más cercanos al escenario reservados para las clases sociales más elevadas como senadores, magistrados, sacerdotes….

Los praecintios eran pasillos que separaban en los teatros romanos a las clases sociales bien diferenciadas.



La escena. Frente al graderío cerrando por completo el edificio se levanta una fachada arquitectónica denominada el frente escénico “scaenaefrons” donde los actores representaban las obras, tragedias, comedias, mimos o pantomimas. Su alzado consta de un pódium sobre el que se elevan varios órdenes de columnas “la columnatio”, que puede distribuirse en dos o más pisos de altura. Al fondo se abren tres puertas: la central, de mayores dimensiones se denominaba “valva regia”, mientras que las laterales, de menores dimensiones “valva e hospitalia”. No se tienen datos que permitan reconstruir la estructura escénica del teatro de la antigua Gades, sólo la situación del pódium, pudiendo servir como reflejo de cómo pudo ser la escena.



Factoría de salazones romana en el conjunto histórico de la ciudad de Cádiz


Antigua Fábrica de salazones romana

“…y que se abandone al placer del filete de pescado de Bizancio y que introduzca furtivamente garum de Gadir”

Nicóstratos, siglo IV a.C.

Entre las dos islas principales se situaba un brazo de mar, que existía al menos desde el 4500 a.C. Este canal estuvo cegado en su parte central desde el 1000 a.C., formando un istmo arenoso en el sector más próximo a la playa de la Caleta, conformándose de esta manera dos ensenadas profundas y estrechas, una exterior, abierta al Océano Atlántico, y otra interior, abierta al mar de la Bahía, aptas para el tráfico marítimo y el establecimiento de puertos de comercio. El oportuno puerto ubicado en su interior, durante los tiempos de la Gadir fenicia y púnica y también durante la época romana de Gades, fue idóneo para el abrigo de la flota y como lugar de asentamiento de industrias pesqueras.

El núcleo urbano de origen fenicio fue ampliado en el siglo I a.C. por un ilustre miembro de una poderosa familia gaditana, Balbo el Menor. Fundó un barrio nuevo al que denominó Neápolis, que significa ciudad nueva. Lo hizo en la isla de Kotinoussa, que se sumó a la anterior creando una doble ciudad, Didyme. La nueva ciudad, muy arraigada a su origen fenicio, prosperó en la época de César y Augusto, construyéndose los edificios públicos necesarios, como el conservado Teatro Romano en el actual Barrio del Pópulo. Fue también muy considerada por su carácter comercial y marinero, y eran célebres sus industrias pesqueras y conserveras.

Los autores clásicos hacen referencia a la antigua geografía de la Bahía. Plinio, en el 77 d.C., señala que el archipiélago gaditano estaba formado por tres islas: una isla grande llamada Kotinoussa, por abundar en ella olivos o acebuches y otra pequeña llamada Erytheia, donde estuvo la originaria ciudad fenicia de Gadir. La tercera isla, de la que desconocemos el nombre antiguo, sería posiblemente la actual ciudad de San Fernando.

En 1995 se localizó en unas obras una factoria de salazones destinada a la limpieza, troceado y salado del pescado para la fabricación de salazones y salsas ubicada en la orilla norte de la ensenada interior abierta al mar. Unas piletas alineadas alrededor de un patio "Impluvium" de forma cuadrada. Estas piletas estaban construidas en mampostería de cantos rodados y sillares de piedra ostionera, con aglutinantes de arcilla de color rojizo, y revestidas de varias capas de mortero hormigonado e impermeable denominado "opus signinum".

Las industrias pesqueras florecieron en el Mediterráneo Occidental durante la época romana, convirtiéndose en verdaderas impulsoras del comercio y de la explotación de los recursos del mar, fortaleciendo una tradición, iniciada por los fenicios y que hunde sus raíces en época prehistórica.

Las costas cercanas al Estrecho de Gibraltar conformaban un espacio natural, cercano a los desplazamientos anuales de túnidos desde el Océano Atlántico al Mar Mediterráneo para desovar. Por ello, establecieron un área económica basada en actividades relacionadas con esa próspera industria, que se vio reflejada en la proliferación de factoría de salazones a partir del siglo I a.C.

Los pescados eran llevados a las factorías para iniciarse las labores de limpieza. En el patio central, común a todas las fábricas se colocaban los pescados y se les retiraban las aletas, tripas, huevas y sangre. Después eran cortados en pedazos cuadrangulares o cúbicos, y lacerados para que penetrase la sal. A continuación, se depositaban alternativamente las capas de sal en las numerosas piletas.

Dibujo ilustrativo que explica el proceso de salazón


El proceso duraba entre veinte días a tres meses. La salsa más conocida era el garum, considerado un potenciador del sabor de las comidas con precios muy elevados en las mesas patricias de Roma. El garum se obtenía por la maceración de las vísceras de pescado, a las que se añadían diversas especies de peces pequeños como salmonetes, anchoas y hierbas aromáticas.

Una vez elaborados los salazones y las diversas salsas se iniciaba el proceso de envasado para su transporte en ánforas y su posterior comercialización. Las ánforas eran selladas con tapaderas de cerámica y marcadas con rótulos con el nombre de los mercaderes o asociaciones dedicadas a la industria pesquera.




A través del Callejón del Duende llegamos a la Catedral Vieja, antigua mezquita aljama hasta el siglo XIII reemplazada por un templo gótico mudéjar que fue destruido por tropas anglo-holandesas en 1596. Ginés Martínez de Aranda dirigió las obras de reconstrucción, y avanzado el siglo XVII se levantó la Capilla del Sagrario o "Torreón", concluido en 1770 por Torcuato Cayón.

El Callejón del Duende comunicaba la salida del foso del circo romano con la calle Mesón en Cádiz. Se trata de la calle más estrecha de la ciudad. Antiguamente desembocaba en la calle Félix. En tiempos pretéritos la calle era frecuentada por contrabandistas.

Cuenta la leyenda que durante la invasión napoleónica en España un capitán francés se enamoró perdidamente de una bella gaditana y ésta, que en un principio le siguió el juego para liberar a su novio, terminó por claudicar debido a la pasión del gabacho. La pareja solía ser vista haciéndose arrumacos en un callejón que da la calle Mesón, en el barrio del Pópulo, hoy denominado Callejón del Duende. Fueron ajusticiados por los patriotas por su traición. Un callejón que nos transporta en el tiempo. Cuentan los vecinos en un alarde de fantasía que todos los años durante las madrugadas en el Día de los Difuntos se escuchan los lamentos de la pareja.




La Catedral Vieja es el templo con mayor historia de la ciudad de Cádiz. De estilo manierista y barroco se terminó en 1602.




Entre la Catedral Vieja y el mar se nos abre la Plaza Félix como uno de los espacios urbanos más interesantes de la ciudad. Fue ampliada en la segunda mitad del siglo XVII bajo la dirección de Felipe de Gálvez, quien diseñó la escalinata, y a finales del siglo XVIII se construyó un aljibe cuyo acceso evoca un humilladero.




La Catedral Nueva o de la Santa Cruz junto al mar comenzó su construcción en el año 1722, tras el saqueo que sufrió Cádiz por la escuadra anglo-holandesa en 1596. La decisión de edificar una nueva catedral se debió también al auge económico y demográfico que experimento Cádiz durante el siglo XVIII, gracias al comercio con América y a la ubicación de la Casa de Contratación que se trasladó a partir del 12 mayo de 1717 de Sevilla a Cádiz.


La cúpula exterior de la Catedral de Cádiz vista desde su torre-campanario

Su construcción duró más de un siglo, debido a los diversos problemas técnicos, económicos y políticos, que obligaron a modificar el proyecto original dando como resultado una catedral de estilo barroco y neoclásico. Tiene una planta de cruz latina, con tres naves y una amplia girola. La cúpula, de gran tamaño se encuentra recubierta de azulejos dorados. Fue consagrada en noviembre de 1838, siendo la diócesis de Cádiz y Ceuta.


La Catedral de Cádiz vista desde la Avenida del Sur

Desde la torre del campanario se pueden observar una de las mejores vistas del mar y de la ciudad de Cádiz. En su interior se pueden visitar obras de Zurbarán, Murillo y Rubens, entre otros grandes pintores.




...Y llegaba la hora de convertir nuestra visita cultural en gastronómica. En la Plaza de Abastos de Cádiz, de estilo neoclásico que simula un pórtico de estilo dórico, ubicado en el antiguo solar del Convento de los Descalzos desamortizado en la década de 1830 [actual Plaza de la Libertad] estimulamos nuestro paladar con el tarantelo de atún de almadraba, la hamburguesa de retinto, las tortillitas de camarones o los chicharrones de Cádiz acompañado de una buena cerveza fría.

Mientras esperábamos al resto de compañeros para proseguir la ruta comentamos con nuestro cicerón Juan Estrenas la bella y grata visión que ejercen las torres vigías de Cádiz como vestigios del Siglo de Oro gaditano donde brilla con luz propia la Torre Tavira.



La Caleta

Desde el paseo Fernando Quiñones en la Caleta se observa el océano Atlántico. Allí se encuentra el monumento al creador de la comparsa Paco Alba y también el del escritor Fernando Quiñones. El paseo nos acerca al espigón o malecón construido en 1860 que une la fortaleza de San Sebastián con la ciudad gaditana y cuyas obras se iniciaron en 1706.




En la vieja playa de la Caleta [con rocas desgastadas por tantas hazañas, mientras un pueblo perdido duerme en sus entrañas y el rumor del aire desprende un lamento que desgarra el alma. Antonio Martín García “Caleta” 1980], impregnamos nuestra retina en su bella playa de aguas tranquilas escoltada por los baluartes de San Sebastián y Santa Catalina donde posiblemente se disfruten los atardeceres más bellos de España.



La playa de la Caleta nos hace recordar aquel Gadir fenicio y Gades romano como importante enclave en la Antigüedad. Fue allí donde se asentaron los primeros gaditanos fenicios hace más de tres milenios fundando la antigua Gadir, razón por la cual, los habitantes de Cádiz se denominan gaditanos.

 



Castillo de Santa Catalina

El trazado renacentista del Castillo de Santa Catalina se debe al ingeniero Cristóbal de Rojas y constituye una importante muestra de la arquitectura defensiva de la Edad Moderna. Tiene planta estrellada y la única puerta del recinto está protegía por dos baluartes y un foso que regulaba en nivel de aguas mediante esclusas. Sobre la puerta de acceso se puede observar una lápida que conmemora que las obras culminaron durante el reinado de Felipe III. 

En el interior, varios pabellones se disponen al patio de armas, en uno de cuyos frentes de ubica la Capilla de Santa Catalina, inaugurada el 4 de junio de 1693, durante el reinado de Carlos II, el último de los Austrias.

La Capilla dispone de una sola nave cubierta con bóveda de cañón, para mayor seguridad frente al ataque de las bombas enemigas. El retablo de madera es de estilo barroco.

 



El Castillo de San Sebastián

El Castillo de San Sebastián se encuentra en la zona sur de la playa de la Caleta, frente al Castillo de Santa Catalina. Tiene una conexión realizada en el siglo XIX entre en Castillo y la ciudad para evitar su aislamiento cuando sube la marea.

Construido con piedra ostionera, es de planta irregular con nueve lados, con parapetos, cañoneras, dos fosos de agua y puentes levadizos. En 1739, controlaba con su artillería la entrada de la Caleta y el sur de la Bahía.

Es posible que en la Antigüedad estuviese ubicado un templo dedicado al dios Crono sobre un pequeño islote, siendo durante el periodo andalusí cuando se coloque una torre-atalaya.

Toma su nombre de una ermita levantada en 1457 por los tripulantes de un barco veneciano que se recuperaron de la peste. En 1706 se inician las obras del recinto fortificado, de planta irregular que se construye para la defensa del flanco norte de la ciudad. En su interior y sobre la base de una torre-atalaya musulmana, se erige el actual faro, construido en 1908, a 41 metros sobre el nivel del mar.

Tras el ataque anglo-holandés de 1596 se decide fortificar la isla. Sólo se podía acceder a tierra durante la marea baja. En 1706 se construyen diferentes defensas en la fachada del castillo localizada frente a la ciudad. En la segunda mitad del siglo XIX se le añadieron baterías acasamatadas, concretamente en 1860, y se construyó el actual malecón.


El Castillo de San Sebastián visto desde la Torre Tavira
Fue declarado Bien de Interés Cultural el 25 de junio de 1985


El Castillo de San Sebastián junto con el Castillo de Santa Catalina forma el frente Atlántico de la Ciudad de Cádiz en la Caleta junto con los baluartes de San Pedro y San Pablo, y el Canal Sur de la Bahía.

El uso militar del Castillo de San Sebastián abarca desde 1709, año de su construcción hasta el 29 de diciembre de 2000, que pasó a tener un uso civil y cultural para la ciudad de Cádiz.



La Catedral y el Puente de la Pepa desde la Torre Tavira


La Torre Tavira en el Siglo de Oro de Cádiz

La Torre Tavira fue fiel testigo del comercio de Cádiz durante los siglos XVII y XVIII y designada la torre vigía oficial del Puerto de Cádiz en 1778, por ser la cota más alta del casco antiguo. Formaba parte del Palacio de los Marqueses de Recaño. Su nombre hace honor a su primer vigía, el teniente de fragata D. Antonio Tavira.

Nos esperaba una escalera con 173 escalones hasta llegar al mirador situado a 43,35 m.s.n.m. donde pudimos disfrutar de una de las mejores panorámicas de Cádiz. En la azotea del mirador se encuentra la rosa de los vientos que nos permite ubicar los barrios gaditanos entre los puntos cardinales.

Poco a poco nos vamos adentrando en el Siglo de Oro de Cádiz donde su puerto será auténtico protagonista entre el trasiego de mercancías, las casas de comerciantes y los diversos tipos de torres miradores, desde donde se oteaban los barcos que venían de las Indias. A través de los catalejos se podía divisar desde las torres miradores un barco en alta mar dos días antes de su atraque en el puerto de Cádiz. Cada torre mirador tenía una bandera de colores que la identificaba con su barco.

En el siglo XVIII, cuando el comercio con las Indias era una industria próspera y muy rica, la Casa de Contratación de Sevilla y el Consulado de Cargadores de Indias se trasladaban a Cádiz (1717-1790), lo que supuso para esta ciudad tres veces milenaria y todo su entorno un crecimiento increíble en todos los sentidos.

Cádiz comienza a recibir mercancías de todo tipo del Nuevo Mundo con todas sus riquezas, lo que contribuyó al florecimiento de la ciudad, instalándose numerosos comerciantes nacionales y extranjeros, lo que supuso un trascendental intercambio de culturas y una altura de miras como referente que dará la Constitución de 1812.

Todo comerciante que se preciara mandaba construir en Cádiz su propia casa como un elemento singular y único en la época: una torre mirador, donde otear el puerto. Desde ellas controlaban todo el tráfico marítimo del siglo XVIII, convirtiéndose en la actualidad en el elemento arquitectónico más identificador de Cádiz.

¡No hay lugar en el mundo con tantas torres miradores en su casco antiguo!

La Torre Tavira, junto con la Torre Gorda, en el istmo entre Cádiz y San Fernando, y la Torre Alta en San Fernando, eran atalayas que se utilizaban para avisar de los principales movimientos marítimos mediante un sistema de señales con banderas.

Cada torre tenía su propia bandera para que los barcos pudieran identificarlas rápidamente desde alta mar. Las torres miradores eran una importante seña de identidad de Cádiz, lo que muestra la importancia que tuvo el comercio durante el Siglo de Oro gaditano “el siglo XVIII”.

Actualmente existen 133 torres miradores, todas ellas repartidas entre la zona Norte y Este del casco antiguo.

El comercio ultramarino hace que Cádiz aumente de una manera exponencial quedando en la retina colectiva del Siglo de Oro la Puerta de Tierra, los cargadores de Indias, los castillos y baluartes defensivos y la Constitución gaditana “La Pepa de 1812”, unos rasgos de identidad que nos permite descubrirlos a través de sus museos como legados de la historia.



Juan Entrenas explicando "in situ" en el Castillo de Santa Catalina


El comercio en Cádiz en el siglo XVIII

El siglo XVIII es el gran "Siglo de Oro" de Cádiz. Coincide con el auge del comercio internacional, lo que permite que la ciudad se desarrolle en todos los aspectos, hasta el punto, de que se puede considerar a Cádiz como una de las ciudades más importantes y avanzada de España, Europa e incluso del mundo.

Pero el comercio de Cádiz no era sólo el transporte de mercancías, sino también de comunicación e intercambio de conocimientos y de ideas entre culturas, lo que favorecía una mentalidad mucho más liberal, más abierta, ilustrada y cosmopolita que caracterizaba a los habitantes de la ciudad.

El siglo XVIII fue el siglo de mayor tráfico marítimo con América. Entre 1717 y 1718 el Consejo de Indias y la Casa de Contratación se trasladaron a Cádiz, convirtiendo el puerto de Cádiz en lugar obligado de salida y entrada para el comercio de Indias, razón por la cual los comerciantes españoles y extranjeros debían establecerse en la ciudad.

El Puerto de Cádiz, estratégicamente situado entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, se encontraba entre los más importantes de la España del siglo XVIII, debido al comercio con América del Norte y del Sur, y Filipinas [galeones] principalmente, además de poseer una densa red de distribución con otros puertos extranjeros.

En el puerto de Cádiz era habitual encontrar un trasiego constante de gentes de todas las clases sociales y mercancías originales, como especias y sedas orientales, o plantas exóticas que aún hoy permanecen en la ciudad, como la araucaria, el ficus o el drago.

En sus aguas se podían contemplar barcos de todo tipo, desde los grandes navíos de guerra hasta las embarcaciones más pequeñas dedicadas a la pesca que surtían de pescado a los tenderetes que se situaban en el propio puerto para el comercio “al por menor”.

Los barcos de mayor calado debían fondear lejos del muelle y las barcazas de carga se encargaban del trasiego de la carga y descarga de los buques a puerto y viceversa. El café, cacao, azúcar, tabaco, algodón, textiles, pimienta, oro, madera, té, sedas, trigo, plata, patatas, aceite, canela, bacalao, cueros o vino de Jerez entre otros, eran mercancías que iban y venían hacia todos los puertos del Atlántico.

Como consecuencia de todo este trasiego comercial Cádiz se convierte en sede de grandes bancos como la prestigiosa institución financiera gaditana “Banca Aramburu”, una casa burguesa que fuera levantada en Cádiz durante la primera mitad del siglo XVIII.


La Casa del Comerciante

Durante todo el siglo XVIII era habitual la construcción de casas de comerciantes, todas ellas con unas características propias, que han definido la arquitectura de la ciudad.

La distribución era la siguiente:

En la planta baja había un amplio patio, a veces con aljibe para recoger las aguas de lluvia. El patio estaba rodeado de almacenes de mercancías. En el entresuelo se situaban las oficinas o escritorios, donde se realizaba la actividad mercantil y burocrática.

La vivienda de los señores se situaba en la primera planta, con techos más altos y habitaciones exteriores con amplios balcones hacia la calle. En las segunda planta, de altura considerablemente menor, vivía el personal de servicio. En las azoteas conviven zonas de trabajo y de ocio, donde las mujeres lavaban y tendían la ropa siendo utilizada también por los niños para jugar con las cometas, una afición de la época.

Y por último, toda Casa del Comerciante contaba con una Torre Mirador, con la función de controlar el tráfico marítimo de la bahía (dos días antes con buen tiempo, se podía observar con el catalejo los barcos en alta mar).

Las portadas de las casas de comerciantes o señores de cierta importancia, las grandes torres de las iglesias con sus sillares, las murallas y baluartes y las grandes obras como la Catedral utilizaban la piedra ostionera -de las antiguas canteras de Puerto Real- en sus muros y fachada, lo que otorga un elemento constructivo de gran belleza por su color miel al marrón oscuro y su peculiar textura áspera, por la irregular trazas de crustáceos. Tal fue su utilización que se empleó en la construcción de la Catedral de Sevilla y Cádiz


Visita a la Cámara Oscura en la Torre Tavira

La Cámara Oscura proyecta una imagen viva y en movimiento de lo que está ocurriendo en ese mismo instante en el exterior con un resultado sorprendente: una fotografía en movimiento con bellas panorámica de Cádiz y de su bahía.

Su funcionamiento se basa en un principio óptico que consta de un espejo y dos lentes que proyectan las escenas desde el exterior sobre una pantalla blanca cóncava horizontal, situada en el interior de una habitación completamente oscurecida.

Los juegos ópticos siempre han atraído al ser humano (lentes, luces, sombras…). En definitiva, estímulos que nos ayudan a percibir la realidad de una forma distinta a lo largo de la historia.

  • Alhazen, en el siglo X, aplicó el principio de la cámara oscura para explicar la formación de la imagen visual en el ojo.
  • Roger Bacon, en el siglo XIII, continúa a lo largo de la Edad Media con los estudios sobre reflexión y refracción de la luz.
  • Leonardo Da Vinci, en el siglo XV, impulsa el desarrollo de la cámara oscura en relación con las prácticas de la pintura, siendo el primero en añadir una lente al orificio con el fin de obtener imágenes más nítidas.
  • Girolano Cardono, en el siglo XVII, hace la primera referencia impresa, aunque será Giovanni Della Porta quien, ocho años más tarde, divulgó la noticia por todo el mundo.
  • Robert Hooke, en el siglo XVII, construyó cámaras oscuras con la intención de demostrar el mecanismo de la visión humana.
  • En 1685 Zahn publica una obra donde recoge los tipos de cámaras oscuras y explica el modelo que permaneció invariable hasta la invención de la fotografía en el siglo XIX.
A lo largo del siglo XVIII, pintores holandeses y británicos utilizan este juego óptico para estudiar el uso y tratamiento de la luz en sus obras.

Fue ya en el siglo XIX cuando se generaliza la construcción de cámaras oscuras y fueron la aportación tecnológica inmediata para la invención de la fotografía.

  • Niepce fue el primero en conseguir fijar una imagen en el año 1827.



También dimos un grato paseo entre las garitas de centinelas que jalonan los Baluartes de la Candelaria y donde brilla con luz propia sus bellos atardeceres.




Al pasar por la fachada del Ayuntamiento de Cádiz en dirección a la Catedral de Cádiz realizamos una fotografía de la bandera de Andalucía ya que hace unos días fue 28 de Febrero "Día de Andalucía".


Desde la Caleta orientamos nuestro sextante rumbo de nuevo hacia el casco histórico de Cádiz que nos permite llegar hasta la Catedral para proseguir a través del Ayuntamiento hasta llegar a la Puerta de Sevilla donde nos esperaba nuestro bus con destino a la tierra de Villalón, deseando volver por enésima vez por estos lares, con la Puerta de Tierra como testigo de nuestra presencia.

Desde la ciudad de Cádiz transitamos de nuevo por el Puente de la Pepa con la grata compañía del Aula de la Experiencia, guardando en la retina de nuestro recuerdo aquellos bellos atardeceres en el Baluarte de la Candelaria o en la Caleta, con sus rocas desgastadas por tantas hazañas... 




Desde la antigua ciudad de Cádiz, tres veces milenaria, 
para el blog de mis culpas...

 
Aula de la Experiencia de Morón en el Castillo de Santa Catalina de Cádiz


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