¡En Morón, su pueblo y el mío, se
nos ha muerto como del rayo
nuestro amigo Eduardo,
al que tanto queriamos!
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento. a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores. Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a cada lado disputando tu novia y las abejas. Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero. |
Hago mío el poema de Miguel Hernández "Elegía a Ramón Sijé", escrito en 1936.
¡A la memoria de nuestro amigo Eduardo!
Hace unos días saludé en la tierra de Villalón a un amigo aficionado al flamenco, que además canta muy bien las saetas cada mañana del Viernes Santo a Nuestro Padre Jesús Nazareno [o de la Fuensanta] y a la Virgen de Los Dolores en la Plaza de San Miguel, antes de proseguir la Hermandad su itinerario cofrade hacia el antiguo arrabal de Santa María, en busca de su ermita, en la tierra de Villalón. Este hombre comentaba que este año se marcha fuera durante la Semana Santa porque se encuentra enfadado “con el de arriba”, ya que le pidió con mucha fe que salvara a su hermana enferma, y no le hizo caso…
...
La Semana Santa es una fuente inagotable de historias y leyendas que contribuye al aumento exponencial de la mística. En Sevilla se entrelazan dichas leyendas bajo una intensa religiosidad popular. No son pocas las veces, que después de haber sido desmentido un hecho, por no haber sido confirmado históricamente, prevalece la leyenda sobre la verdad.
Siempre que visito Sevilla, cercano el Viernes de Dolores, entre efluvios de incienso y azahar que estimulan nuestros sentidos, se me viene al pensamiento el poema de Antonio Machado “La Saeta”, musicalizada magistralmente en 1969 por Joan Manuel Serrat.
¡Quien le iba a decir al bueno de Antonio Machado que su poema “La Saeta” iba a convertirse con el tiempo en un himno fundamental de la Semana Santa andaluza!
"¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
(Saeta Popular)
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
La Saeta, Campos de Castilla [1914]. Antonio Machado
Sevilla atesora un rico patrimonio de leyendas a la largo de los siglos. Entre las historias de la Semana Santa que más impresionan se encuentran algunos relatos como producto de una enorme religiosidad popular.
Vamos por la primera leyenda, entre breves pinceladas. Para ello me dirijo a Sevilla donde aleatoriamente visito los Negritos, San Roque hasta llegar al Gran Poder, pasando por el Señor de la Salud o de los Gitanos, la Basílica de la Macarena, Omnium Sanctorum, Monte-Sion, el Silencio, la Canina, el Cachorro, la O, la Estrella y como epílogo la Capilla de los Marineros de la Esperanza de Triana, entre efluvios de incienso y azahar que inundan de cierta mística las sinuosas y angostas callejuelas de la antigua Sevilla.
- Santísimo Cristo de la Expiración, talla de Francisco Antonio Ruiz Gijón [1682].
- Nuestra Señora del Patrocinio, talla de Luis Alvarez Duarte [1973].
Una versión sobre la leyenda del Gitano de Triana
Durante comienzos del siglo XVIII Sevilla era todavía el Puerto y Puerta de Indias. Por el Guadalquivir entraba oro, plata y especias con noticias de ultramar, pero por sus calles la muerte acechaba. Al otro lado del río estaba Triana, tierra de alfares y alfareros, marineros, gitanos y herreros, un lugar donde el trabajo y la necesidad dejaban profundas marcas en el alma. Se vivía poco y se sufría mucho. La justicia era injusta y la muerte acechaba sin pedir permiso. Los gitanos cargaban con el peso de la marginalidad, pero con una forma más libre de mirar la vida.
En esa Triana vivía un gitano que toda Triana conocía por el apodo “el Cachorro”. Algunos decían que trabajaba en la fragua, entre hierro y fuego. Otros sin embargo, lo recuerdan acompañado de un guitarrista, como cantaor de cante jondo para desahogar sus penas. Desaparecía durante días sin dar explicaciones. Sólo había un Puente de Barcas que llevaba a Sevilla. Algunos decían que el Cachorro cruzaba el puente por amor. Otros contaban otra cosa. Y el Cachorro cargó con ese peso.
El Guadalquivir en su curso escuchó todas las versiones sin desmentir ninguna. Aquella noche, el aire estaba quieto, entre las oscuras calles trianeras. El Cachorro sigue caminando, mientras que la oscuridad se rompe con una puñalada. Nadie sabrá nunca que ocurrió en aquel momento. Tan sólo que el Cachorro cayó herido de muerte. Unos situaron lo ocurrido junto a la Venta de la Vela mientras que el Guadalquivir seguía su curso. No se sabe el tiempo que el Cachorro pasó allí agonizando. El grito corrió por las calles de Triana que pronto supieron que algo grave había ocurrido.
Un hombre que pasaba por allí encontró lo que andaba buscando. Francisco Antonio Ruiz Gijón, no habló, sólo miró y observó que el Cachorro aún respiraba. Su pecho se elevaba con dificultad, el cuello se tensaba buscando aire, la boca entreabierta quería pronunciar algo. Y en ese instante el escultor comprendió que estaba viendo algo irrepetible, el tránsito de la vida hacia la muerte.
En 1682, Sevilla recibió una imagen que no era como las demás, mostraba el instante exacto en que el aire abandona el pecho, el segundo en que el mundo se detiene y el Cachorro expira.
Francisco Antonio Ruiz Gijón entregó aquel Cristo con el torso aún elevado, en tensión y la boca buscando el último aliento. Cuando la imagen salió por vez primera, Triana no buscó explicaciones. Se hizo un silencio y entonces, brotó un murmullo que se convirtió en clamor. Aquel rostro representaba el Cristo en su tránsito y la herida abierta de un barrio entero. La devoción salió de una mirada, en cada generación que reconoció aquel rostro. Cuando el puente guarda silencio, y el Guadalquivir devuelve su reflejo, es el Cachorro de Triana quien sigue cruzando el río cada tarde del Viernes Santo.
En febrero de 1973 se incendió la Capilla del Patrocinio provocando que la Virgen del Patrocinio acabase reducida a cenizas, mientras que por suerte “El Cachorro” tan solo sufrió daños en las piernas y en los pies.
Y es aquí donde comienza la leyenda: se cuenta que la Hermandad encargó otra talla en secreto para reemplazar la original y una vez que el Cachorro se restauró a manos de los hermanos Cruz Solís en 1974, la réplica se trasladó al panteón de Aníbal González.
Lo que se sospecha es que la réplica permanece en la Capilla del Patrocinio y el verdadero Cristo del Cachorro es el que acompaña en la eternidad a Aníbal González porque tiene daños en piernas y pies.
Como toda leyenda, tiene una parte que no la sostiene: en 1919 Aníbal González pidió permiso a la Hermandad del Cachorro para hacer una copia y el responsable de esta copia fue Eduardo Muñoz Martínez, mientras que Cayetano González, sobrino de Aníbal, se encargó de la policromía. De manera que los desperfectos del Cristo son resultado de la humedad.
¡Habrá quien diga que hasta el mismísimo Cachorro ha querido visitar al más universal de sus devotos!
Aníbal González era un gran devoto del Cristo del Cachorro de Triana.
El Cachorro sale la tarde-noche del Viernes Santo, desde su Basílica, en el Patrocinio. Lo acompaña Nuestra Señora del Patrocinio, una dolorosa que fuera tallada por Luis Álvarez Duarte en 1973, ya que la imagen original fue destruida en un incendio ese mismo año.
El Cachorro [Cristo de la Expiración] fue tallado por el escultor barroco Francisco Antonio Ruiz Gijón, en 1682.
El Cristo de los Gitanos
- Nuestro Padre Jesús de la Salud, tallado por José Fernández Andés [1938].
- María Santísima de las Angustias, por José Fernández Andés [1937].
La leyenda del Cristo de los Gitanos de Sevilla, conocido como Padre Jesús de la Salud, está intrínsecamente ligada a la identidad de la comunidad gitana de Triana. Fundada tras la "Gran Redada" del 30 de abril de 1749, una orden real para apresar a la población gitana. Muchos gitanos de Triana fueron encarcelados injustamente, y al ser indultados años después, decidieron formar una hermandad en 1752-1753 para reafirmar su identidad cristiana y unidad, liderados por figuras como Sebastián Miguel de Varas.
Tras muchas dificultades para establecerse, se asentaron cerca del puente de barcas y luego en iglesias como San Román, donde las imágenes sufrieron daños en 1936 durante la Guerra Civil.
Hace muchos años en el Barrio de San Marcos de Sevilla vivía un niño al que todos conocían como Tomasín. Con solo ochos añitos, quedó huérfano al morir su madre. Su padre, que trabajaba en la barriada de San Jerónimo, concretamente en una fábrica de ferrocarriles se encontró con un problema, ya que su horario laboral (prácticamente de sol a sol) le hacía imposible que se ocupara del pequeño. Por este motivo, pidió a sus vecinas (su casa estaba a pocos metros) y a las monjitas del Convento de Santa Isabel que se ocuparan de Tomasín, algo que hicieron con mucha alegría, ya que el niño se hacía querer por su gran nobleza y bondad.
Tomasín, tenía el sueño de salir de nazareno con esa Cofradía que tanto amaba, la de los Gitanos. Las monjas del Convento le hicieron una túnica a su niño, para que en la mañana del Viernes Santo y cuando el Cristo regresaba a su templo, su padre lo metiera en la fila de nazarenos de la misma forma que hoy hacen tantos padres con sus hijos. Tradiciones de nuestra Sevilla que nunca deben perderse.
Ya os podéis imaginar la ilusión con la que Tomasín vivía los días previos a la que sería su Primera Semana Santa. Pero el niño cayó gravemente enfermo y desgraciadamente, Tomasín falleció pocos días antes del Viernes Santo y no pudo cumplir su sueño.
Cuentan que media Sevilla veló al niño y que impresionaba verlo con esa túnica de nazareno que le habían hecho sus hermanas. Esa túnica de "Los Gitanos" que tanto le ilusionaba. Esa bendita túnica que nunca llegó a disfrutar en vida.
Y llegó la primera noche del Jueves Santo. A eso de las dos de la madrugada, cuatro hermanos de la Hermandad de los Gitanos pasaron delante del Convento de Santa Isabel y ocurrió algo increíble, un sonido de puertas que se abrían llamó su atención y ante ellos, un pequeño niño salía con su túnica y antifaz de los Gitanos y una varita en sus pequeñas manos. Era sin dudas Tomasín, pero ellos quedaron sin habla, no podían moverse de la impresión. Cuando reaccionaron fueron tras el niño, pero ya había desaparecido, solo encontraron en el suelo una varita, la varita de Tomasín. A la mañana siguiente la llevaron al convento para entregársela a las monjitas. La Hermana Superiora al ver la varita la reconoció de inmediato, pero se sorprendió mucho, ya que les dijo que era imposible que saliera del convento porque ella la tenía muy bien guardada en sus aposentos.
Dicen que cada madrugada de Viernes Santo un pequeño niño lleva a cabo su sueño y sale del Convento de Santa Isabel, deja por un momento a esas benditas monjas y con su túnica, su antifaz y su varita, pisa las calles de Sevilla y acompaña a su Jesús de la Salud de la Hermandad de los Gitanos…Dicen que su alma procesiona en la "Madrugá".
Nuestro Padre Jesús del Gran Poder "El Señor de Sevilla"
- Es una talla religiosa de madera de cedro policromada creada en 1620 en por el escultor Juan de Mesa, discípulo de Martínez Montañés.
- La imagen de San Juan es una talla de Juan de Mesa [1620]. María Santísima del Mayor Dolor, es de autor desconocido del siglo XVIII.
Se encuentra en la Basílica de Jesús del Gran Poder en el barrio de San Lorenzo. Realiza estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo.
Otra leyenda…
El protagonista de esta historia es Juan Araújo, ex-futbolista del Sevilla FC, quien en 1965 perdió a su hijo tras una larga enfermedad. Durante la agonía, Araújo, que era devoto del Cristo del Gran Poder, le pidió en repetidas ocasiones al Señor de Sevilla que sanara a su hijo. Tras la muerte, el padre, roto de dolor, renegó de su fe y le dijo al Gran Poder que jamás volvería a su iglesia y que sólo se verían si el Señor de Sevilla fuese a visitarlo a su casa.
Aquel mismo año se celebraron las Misiones Populares, en las que varias imágenes de la Semana Santa salieron del casco histórico para hacer un recorrido extraordinario por los distritos de la ciudad. Al Gran Poder le correspondió la zona de Nervión, precisamente el barrio donde Juan Araújo había montado un taller.
El día de la procesión, la lluvia sorprendió a la cofradía, que buscó refugio en un templo cercano, pero todos estaban cerrados. Todos en Sevilla sabemos lo que significa para un paso, una obra de arte en movimiento que sale a la calle, mojarse.
Al ver la nave del local de Araújo, decidieron llamar a su puerta para buscar cobijo y evitar que el Señor de Sevilla se mojara más. Cuando abrió la puerta, Juan Araújo encontró delante suyo al Cristo del Gran Poder. Araújo cayó arrodillado al suelo, tan sorprendido como arrepentido por su desafío.
- Santísimo Cristo de la Fundación, Andrés de Ocampo [1622].
- Nuestra Señora de los Angeles, anónima del siglo XVIII.
A finales del siglo XV Sevilla se convierte en la mayor metrópolis de España y en uno de los mayores mercados de esclavos en Europa Occidental. La situación de los esclavos era tan penosa que se veían obligados a vivir en la marginalidad de los arrabales.
Don Gonzalo de Mena y Roelas, arzobispo de Sevilla funda en 1393 el Hospital de la Gracia [para personas de raza negra] y una Hermandad para integrarlos en la sociedad de la época, convirtiéndose en la primera congregación religiosa de estas características en el mundo. Será conocida a partir del siglo XVIII como la "Hermandad de los Negritos siendo anteriormente conocida como la Hermandad "de los Morenos".
Hasta el siglo XIX no podían pertenecer a esta hermandad personas que no fueran de raza negra.
Los esclavos de Sevilla pasarán de vivir en los arrabales a integrarse en la hermandad más antigua de Sevilla "Los Negritos" [plasmada fielmente por el prestigioso catedrático de antropología de la Universidad de Sevilla, Isidoro Moreno]. Pero dicha integración estará plagada de dificultades, prohibiciones, suspensiones, hostilidad de la población e intentos de disolución de una parte de las cofradías.
A partir del siglo XII la Iglesia no sustituye un rey mago blanco por otro negro para universalizar los tres continentes conocidos "Europa, Asia y África".
Los negros esclavos necesitaban hasta la autorización de sus amos para pertenecer a la Hermandad de "Los Negritos" que ha sobrevivido a lo largo de los siglos hasta convertirse en una de las instituciones más antiguas de Europa y la cofradía de barrio más antigua de Sevilla [fundada entre 1393 y 1400], dirigida por blancos sevillanos.
En 2023 la Hermandad de los Negritos celebró su 630 aniversario.
Un modelo de libertad que se proyectará a las colonias americanas convirtiéndose en uno de los hitos más importantes de la historia negra mundial. La hermandad con entidad jurídica propia será un medio idóneo para que los esclavos pudieran expresarse y organizarse libremente comenzando a poseer cierta identidad colectiva, lo que será visto con ciertas reticencias por sus amos, cuyos intereses durante el siglo XVI serán antagónicos al de los esclavos.
La "S" acompañada de un clavo [esclavo] o DSA [de Sevilla] serán las terribles letras con las que se marcaban en la mejilla a los esclavos con la intención ser identificados.
Jesús Nazareno de la Hermandad del Silencio [atribuido a Francisco de Oampo, en 1609] porta la cruz de manera inusual, abrazándola. Se dice que en repetidas ocasiones intentaron colocar la cruz de la forma convencional, pero al día siguiente aparecía de nuevo en su posición original.
Según cuenta la leyenda, el Nazareno se coloca la cruz él mismo sobre su hombro al salir de la iglesia, debido a su carácter milagroso y la antigüedad de la talla.
Nuestro Padre Jesús Nazareno, conocido como el "Jorobaito" (obra de Pedro Roldán [1685] y María Santísima de la O (obra de Castillo Lastrucci [1937].
El señor está representado durante su camino hacia el Calvario, cargado con la Cruz al hombro. La Cruz, se encuentra revestida de carey, una concha de tortuga que se traía de las Indias. Y como casi todo en Sevilla, tiene su leyenda.
Según cuentan, en aquellos años del descubrimiento, la Hermandad quiso mejorar la cruz que primitivamente llevaba, y para ello hicieron labrar una en madera de cedro. Sin embargo, una vez construida no satisfizo a todos. Así que el capellán, dijo para tranquilizar a los hermanos preocupados:
-¡No os preocupéis que Dios proveerá!
Todavía no había terminado la Misa, cuando llegaron a la puerta de la iglesia varios hombres, que por su indumentaria manifestaban ser marineros, y depositaron en el pórtico un gran envoltorio o fardo, diciendo:
- ¡Este es el pago de una promesa que habíamos hecho al salvarnos el señor de un naufragio en los mares del Sur!
Cuando se abrió el fardo, resultó contener unas riquísimas piezas de concha de carey, que inmediatamente la Hermandad acordó que sirvieran para que un artífice llamado Manuel José Domínguez, revistiera de carey la Cruz del Señor Nazareno, lo que realizó el artista con gran maestría, poniendo en las aristas una cantonera de plata, de gran mérito.
Existe otra variante de esta misma leyenda. Y es que un marinero, regaló al Señor de la calle Castilla en agradecimiento por la protección que ofreció durante aquellos viajes a Las Indias. Según cuenta la leyenda, dos hombres la dejaron en la puerta de la Iglesia en una gran caja de madera sin especificar el contenido, ni de quien procedía. De ahí proviene la leyenda de la Cruz de carey.
La cruz de cedro revestida de carey se puede ver en la Iglesia de la O, y en el desfile procesional de esta cofradía el Viernes Santo cuando recorre las calles de Sevilla,
A Nuestro Padre Jesús Nazareno se le llama "el Jorobaito de Triana" por su postura anatómica.
Fuente: Curiosidades y leyendas de Sevilla
La Cruz de carey fue realizada entre los años 1725 y 1731, en madera de cedro y recubierta de placas de carey y cantoneras de plata, por Manuel José Domínguez, siguiendo diseños de Domingo Balbuena. Una joya artística revestida con carey llegado desde América al puerto de Indias que en esos años comenzaba a vivir su decadencia en Sevilla con el traslado, en 1717, de la Casa de la Contratación a Cádiz.
Fue la primera cofradía sevillana en cruzar el antiguo puente de barcas para hacer estación de penitencia a la Catedral de Sevilla, en 1830. Era la primera vez que una cofradía cruzaba el río Guadalquivir.
La Virgen de la Estrella
La retina de la historia nos refresca la memoria sobre aquel episodio histórico de la Semana Santa de 1932 donde todas las cofradías se pusieron de acuerdo para boicotear a la Segunda República, menos la Hermandad de la Estrella [Nuestro Padre Jesús de las Penas y Nuestra Señora de la Estrella] que sería la única hermandad en realizar aquel año su estación de penitencia por las calles de Sevilla.
La imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas, conocido popularmente como el zapatero de Triana por el hecho de estar sentado como los antiguos zapateros remendones, se le atribuye al escultor barroco José de Arce [Flandes, c. 1600-Sevilla, 1666], en 1655.
La imagen de la Virgen de la Estrella es una obra anónima del siglo XVII, aunque se le ha atribuido al escultor Martínez Montañés [1568-1649] e incluso a su discípulo Juan de Mesa [1583-1627]. El IAPH [Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico] le atribuye en el año 2010 la imagen de la Virgen de la Estrella al taller de la Roldana [Luisa Ignacia Roldán Villavicencio], la primera escultora del Barroco español [1652-1706].
Es cierto que existía mucha agitación política y un miedo imperante de las hermandades para sacar a sus Titulares a la calle en 1932 tras la promulgación de la Constitución de 1931 que recogía la "aconfesionalidad del Estado", lo que será aprovechado por la derecha más reaccionaria para hacer causa común con el clero y presionar a las hermandades para que permanecieran en sus templos.
La conspiración de los reaccionarios contra Segunda República española comenzaba desde su promulgación. Aquella Sevilla republicana se encontraba sacudida por una fuerte ola de conflictos laborales donde crecía el paro obrero y los desempleados carecían de subsidio alguno que los sacara del hambre. La miseria entre las clases más desfavorecidas estaba a la orden del día “si no trabajabas no comías”.
Durante los sucesos de Sevilla de julio de 1931 una de las tabernas más populares de Sevilla “Casa Cornelio” [donde presuntamente se reunían anarcosindicalistas] será borrada del mapa a cañonazos por el Ejército que tendrá un decisivo papel en la Sanjurjada de 1932 y en el golpe de Estado rebelde a partir del 18 de julio de 1936. Casa Cornelio será bombardeada a las 17:25 horas del 23 de julio de 1931 por orden del Ministerio del Interior y ejecutado por la Guardia Civil y la Caballería del Ejército, recibiendo el impacto de 22 cañonazos.
La noche del 22 de julio de 1931 se produjo un intento de asalto al cuartel de la Guardia Civil en la Plaza del Sacrificio, donde murieron dos personas, entre ellas un capitán de la Benemérita. Habían muerto dieciséis personas en la capital hispalense y cuatro en los pueblos de la provincia, con más de 200 heridos.
En el solar de la antigua Casa Cornelio se ubicará en 1941 la actual Basílica de la Macarena [Queipo de Llano sería enterrado en su suelo sagrado desde 1951 hasta 2022].
Cuatro detenidos serán asesinados en el parque de María Luisa por 'la ley de fugas' donde participaría un personaje sobradamente conocido en Sevilla, el general Manuel Díaz Criado, que se convertirá años más tarde "en el brazo ejecutor de la política represiva de Queipo de Llano después del golpe de julio de 1936", apunta el escritor García Márquez.
Aquel sería el caldo de cultivo en aquella Sevilla de los primeros años de la Segunda República donde la clase reaccionaria esperaba que llegara su momento.
La noche del 10 de febrero de 1932 treinta y cuatro hermanos mayores de las hermandades se mostraron fervientes partidarios de la suspensión de la Semana Santa de ese año menos los de cuatro Cofradías: la Exaltación, la Virgen de la O, la Esperanza de Triana y la Hermandad de la Estrella, que esperaban realizar su estación de penitencia con normalidad, si las circunstancias lo permitían.
Se quiso utilizar en aquel año de 1932 a las Cofradías y a la Semana Santa de Sevilla, tanto por parte de la jerarquía eclesiástica de la época como desde la derecha y ultraderecha política, como una especie de ariete contra el nuevo régimen que democráticamente habían otorgado las urnas. Sevilla era en aquella época una de las ciudades con mayor conflictividad social de España debido al paro, a las huelgas y a la miseria que padecía sobre sus carnes la clase trabajadora que proyectaba su odio injustamente contra las iglesias y conventos.
El Cardenal Ilundáin criticaba la nueva Constitución republicana aprobada el 9 de diciembre de 1931 por las Cortes Constituyentes. Las propias cofradías en 1932 entendiendo que no se garantizaba la seguridad pública deciden no salir en estación de penitencia salvo cuatro cofradías.
La Hermandad de la Estrella sería fundada en 1560 por los cargadores del Puerto de Indias en el barrio de Triana. Sus primeras reglas fueron aprobadas el 24 de diciembre de 1567. El 15 de julio de 1674 la Hermandad de las Penas y de la Estrella se fusionan oficialmente. Por tanto, existe una estrecha relación entre la Hermandad de la Estrella y la Nao Victoria.
Reunidos en Cabildo el 17 de febrero de 1932 [con 20 votos a favor y 6 en contra] la Hermandad de la Estrella acuerda salir en estación de penitencia. El gobernador y el alcalde del partido radical republicano prometen su ayuda.
Una cuestación de 1.000 pesetas de la época le permite salir a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Penas y María Santísima de la Estrella, ya no el Domingo de Ramos sino que acuerdan salir el Jueves Santo [24 de marzo de 1932].
Comienza una campaña de desprestigio por parte de la derecha más reaccionaria contra la Hermandad de Triana reflejada tanto en la prensa sevillana como madrileña. La Semana Santa sevillana se había convertido en un enfrentamiento ideológico entre defensores y detractores de un determinado régimen político.
En aquel convulso escenario será necesario mucho más que voluntad para que la Hermandad de la Estrella pudiera salir en una salida excepcional. Dicen las crónicas de la época que desde las 3 de la tarde no se podía dar un paso entre el Convento de San Jacinto y la Plaza del Altozano, esperando el pueblo sevillano su salida procesional.
A las 4,30 de la tarde sale la cruz de guía de la Parroquia de San Jacinto abriendo paso al Señor de las Penas para ser llevado en su desfile procesional hasta la Santa Catedral. La ovación sería apoteósica al salir a la calle el paso de la Virgen de la Estrella.
La Niña de la Alfalfa será una de las primeras en cantarle una saeta a la Virgen de la Estrella. Los médicos le habían diagnosticado un problema grave de garganta, que no iba a cantar y difícilmente hablar. Cuentan que curiosamente se encuentra una fotografía de la Virgen de la Estrella y le promete que si le devuelve la voz, le cantaría una saeta todos los Domingos de Ramos.
“Se dice en el monte azul
que España ya no es cristiana.
Aunque sea republicana,
aquí quien manda eres tú,
Estrella de la mañana”.
Pero en la calle Sierpes una mano criminal arrojaba una piedra de gran tamaño al Cristo de las Penas originando desperfectos en uno de los ángeles del paso.
Pero lo peor estaba por llegar. Al llegar la Virgen de la Estrella a la Puerta de San Miguel o del Nacimiento de la Santa Catedral se escucharon varios disparos siendo detenido un anarquista que no reconoció los hechos, aunque la triste noticia comienza a dar la vuelta al mundo.
El anarquista detenido será juzgado por un tribunal militar y condenado a cuatro años, dos meses y un día con agravante, pero se le condenará no por disparar contra la Virgen de la Estrella sino por agresión a la fuerza pública que procedió a detenerle.
Dolores Ibárruri, que se encontraba por aquellas fechas en Sevilla porque se había celebrado el IV Congreso del PCE [17 de marzo de 1932] llegará a manifestar:
¡Por qué hacéis eso! ¡La Semana Santa expresa un sentimiento popular que hay que respetar!
Con el tiempo nacerá la leyenda y la manipulación franquista al ser considerada la Virgen de la Estrella como “La Valiente”. Salió porque tenía que salir en su estación de penitencia como mandan las Reglas de la Hermandad. La Estrella regresaba aquel Jueves Santo a su templo sana y salva.
Pero nadie podrá evitar que los hunos la considerasen “la Valiente” y los hotros “la Republicana”. "Hunos" y "hotros fue una expresión empleada por Miguel de Unamuno para definir a los nacionales y a los republicanos.
El tiempo que lo cura casi todo vuelve a colocar las cosas en su lugar. La hermandad de la Estrella será considerada por las páginas de la historia como la única cofradía que decidió desafiar contra viento y marea aquella ingrata tempestad política y eclesiástica decidiendo orientar su mascarón de proa hacia la Santa Catedral por encima de las ideologías reinantes en aquel momento, como mandan las Reglas.
Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima de la Esperanza Macarena
- Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, talla de Felipe Morales [1645].
- Esperanza Macarena, obra anónima del siglo XVII.
Se dice que esta leyenda tuvo lugar el Viernes Santo, 15 de Abril, de 1892:
Un hombre en evidente estado de embriaguez, estaba viendo el discurrir de la Esperanza Macarena. El sujeto en cuestión se encontraba bastante exaltado y dando constantes vítores a la Virgen. El individuo tenía un vaso de vino en su mano derecha, y sin darse cuenta de lo que hacía, lo arrojó a la cara de la Esperanza. Se formó un tumulto bastante importante, ya que el público asistente, se indignó y enfadó de tal manera que querían linchar al impío. Pero los agentes del orden intervinieron rápidamente, y el asuntó no pasó a mayores. Dice la leyenda, que la mancha en la mejilla izquierda de la cara de la Macarena fue originada por este suceso. Al año siguiente de este, un nazareno iba detrás de la Virgen descalzo, con grilletes, y cadenas. Hay quien dice que era el hombre que lanzó el vaso.
Fuente bibliográfica: Leyendas, tradiciones y curiosidades históricas de la Semana Santa de Sevilla (Vicente Rus Herrero y Federico García de la Concha).
Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista, conocida popularmente como la Hermandad de la Esperanza de Triana.
- Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas [autor desconocido, siglo XVII].
- Nuestra Señora de la Esperanza se le atribuye a Juan de Astorga [1816].
La Virgen de la Esperanza de Triana realiza su estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo, junto al Cristo de las Tres Caídas.
La leyenda del "niño fantasma" de la Esperanza de Triana narra cómo un niño de unos 10 años acompañó misteriosamente el paso del Cristo de las Tres Caídas durante la Madrugá, desapareciendo al finalizar la procesión. El niño, pegado al zanco izquierdo del paso del Cristo de las Tres Caídas, conocía a los costaleros y se desvaneció al entrar en la Capilla de los Marineros en la calle Pureza sin dejar rastro alguno.
Un amigo mío, costalero del Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, me asegura que es cierto, que su capataz le había comentado que tal circunstancia la había vivido.
Nuestro Padre Jesús de la Fuensanta y Nuestra Señora de los Dolores [de Morón]
- Nuestro Padre Jesús de Morón, tallada por el escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci, en 1940. Sustituyó a la original destruida en 1936.
- Nuestra Señora de los Dolores, en 1943, por Antonio Castillo Lastrucci.
Un "milagro" ocurrido el domingo, 8 de mayo de 1797, a las 5,45 de la tarde, se le atribuye a Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Fuensanta al caer un rayo en la iglesia de San Miguel, sin causar desgracia alguna.
Y así, podriamos seguir con todos los Titulares de los cientos de Hermandades y Cofradías que jalonan nuestra Semana Santa. Son muchos los testimonios íntimos de costaleros y nazarenos que entienden que llevar un paso sobre sus hombros o vestir por vez primera una túnica de nazareno es algo único, contribuyendo a la mística del momento.
Terminada la jornada "cofrade" por algunos templos de Sevilla, se hace necesario realizar un alto en el camino en algún que otro templo de la cerveza hispalense para degustar algún que otro zumo de cebada que hidrate nuestro paladar para recuperar las fuerzas diluidas por tanta distancia recorrida por la Sevilla cofrade.
Y como "fiel paulino", y siguiendo con la mística de éstas humildes letrillas, me hubiese gustado degustar una cerveza Paulaner, que hunde sus raíces en 1634 [pero por circunstancias no ha sido posible].
En aquellos tiempos durante la Cuaresma no se podía comer sólido, así que en 1516 los monjes paulinos de Baviera crearon un pan líquido en honor de su fundador San Francisco de Paula [máxima austeridad y penitencia] como sustituto del pan que no rompía el ayuno de tan señalada fecha religiosa. Los monjes paulinos bautizaron aquel bendito líquido con el nombre de “Salvatore”.
Y hablando de leyendas, se me viene al pensamiento una de las más hermosas de Sevilla, la leyenda del Cristo de las Mieles, posiblemente una de las más bellas de Sevilla. Pero eso forma parte de otra interesante historia de la capital hispalense.
Desde la Basílica del Cachorro, testigo de nuestra presencia por estos lares cofrades, para el blog de mis culpas...
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