lunes, 24 de febrero de 2014

Visita al Parlamento de Andalucía


Cercano el día de Andalucía hemos tenido la grata oportunidad de visitar el antiguo Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, considerado como una de las joyas del renacimiento español y la obra civil más grande erigida en España hasta la construcción del monasterio del Escorial en el siglo XVI. Situado a extramuros de las murallas almohades en el barrio de la Macarena de Sevilla, el Hospital de las Cinco Llagas es en la actualidad la sede del Parlamento de Andalucía.


Haciendo una breve historia, en el año 1500 albergaba una Fundación de Caridad mediante una bula papal de Alejandro VI que acogía a mujeres enfermas gracias a su benefactora, doña Catalina de Ribera y Mendoza pero una bula de Clemente VII en 1524 la hizo extensible para los hombres pobres. Las bulas en este tipo de edificios dejaba sin efecto cualquier jurisdicción ordinaria ya que el Hospital de las Cinco Llagas estuvo bajo jurisdicción papal desde su fundación.


En 1535 el hijo de doña Catalina de Ribera, Fadrique Enríquez de Ribera, I Márquez de Tarifa que dota de presupuesto al hospital situado a extramuros de la ciudad  iniciándose las obras el 12 de marzo de 1546 pero Don Fadrique murió y no pudo ver terminada la obra que abre sus puertas el 5 de marzo de 1559, realizando durante su existencia una gran labor asistencial, especialmente en épocas de inundaciones o epidemias.


El Hospital de las Cinco Llagas fue diseñado por el arquitecto Martín Gainza quien la dirige hasta su fallecimiento en 1556. En 1558 fue designado para proseguir su construcción Hernán Ruiz II, -que trazó su iglesia-, siendo inaugurado en 1559 aunque las obras no se terminarían por completo.
La portada de acceso principal al edificio fue terminada en 1617 por Miguel de Zumárraga.


En 1649 y 1709 el Hospital padece una grave crisis con la epidemia de peste que azota la ciudad que junto con las sequias, plagas y las grandes inundaciones de 1708, 1740 y 1750 contribuyeron a incrementar la mortalidad de la población. A partir de 1750 se utiliza como hospicio.


Bandera de Andalucía, en Cádiz.

Durante la Guerra de la Independencia, con la ocupación francesa, el hospital se quedó sin patronos. A lo largo de su dilatada historia, El Hospital de las Cinco Llagas tuvo muchos benefactores hasta la Desamortización de Mendizábal.


Tras diversos avatares,-abandono y expolio en sus últimos años-, el Hospital cierra sus puertas en febrero de 1972 siendo en 1982 cedido a la Junta de Andalucía por la Diputación de Sevilla. Entre 1987 y 1992 se realiza la primera rehabilitación, en cinco patios –Farmacia, San Carlos, Recibimiento, Alcohol y de Cobalto-.

...Desde el jardín exterior llegamos hasta una amplia verja de hierro desde la que se puede observar el alzado de la fachada en piedra compuesta de dos plantas con 17 ventanas en su parte izquierda y 16 en su parte derecha con dos torres en las esquinas. La portada principal de estilo manierista fue terminada en 1617 por Miguel de Zumárraga. En la parte sur del edificio se puede apreciar el grupo escultórico Hércules con dos leones y columnas, obra del escultor malagueño José López-García Seguirí.


Entramos por el patio del Recibimiento y como su propio nombre indica los ciudadanos que visitamos el Parlamento fuimos recibidos por acordes de música clásica que otorgaba al recinto una gran solemnidad acorde con tan magno día.

En dicho patio pudimos apreciar la estatua del padre de la patria andaluza Blas Infante donada por el Ayuntamiento de Casares al Parlamento Andaluz, así como varios paños de azulejos de la antigua Casa Mensaque y Ramos Rejano de Sevilla, ceramistas de prestigio del siglo XIX que han mantenido la herencia cultural andalusí.
Desde ese lugar, pasamos al Patio del Cardenal donde está ubicado la efigie de Plácido Fernández Viaga, primer presidente de la Junta Preautonómica de Andalucía el 27 de mayo de 1978, donado por el Ayuntamiento de Antequera y donde destaca un magnífico magnolio. Junto a la sala de comisión destaca una cúpula rebajada de piedra coronada en su  parte central por las Cinco Llagas.


Llegamos a la biblioteca bajo acordes de piano para llegar a la Iglesia, hoy Salón de Plenos del Parlamento de Andalucía desde el 28 de febrero de 1992. Cuando se celebran plenos, el altar mayor se cubre con un tapiz con el escudo de Andalucía para respetar la pluralidad de todos los andaluces. 

Las Cinco Llagas en el centro de la cúpula

La Iglesia es de cruz latina con cuatro capillas laterales y ábside semicircular con escalera de mármol rojo con jaspe blanco portugués. Dispone de 173 metros cuadrados de fachada y 156 de fondo.

El diseño del retablo mayor se atribuye a Asensio de Maeda y su ejecución a Diego López Bueno y las pinturas, fechadas en 1602, son obras del pintor rondeño Alonso Vázquez.


En el primer cuerpo se puede observar San Sebastián, San Laureano y San Roque. En el segundo cuerpo, San Francisco, Cristo Resucitado y San Antonio de Padua y en el Ático, San José, El Calvario y San Juan Bautista, coronado el retablo Mayor en su arte más alta con el escudo con las Cinco Llagas de Jesús.

Nuestro Cicerón  Diego Lorenzo, explicando la historia del Parlamento de Andalucía

La portada de la Iglesia del Hospital de las Cinco Llagas fue concebida con un arco triunfal con dos cuerpos, dórico el bajo y jónico el superior, rematados por un frontón.  Sobre la clave del arco, se sitúan tres relieves de las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, ejecutadas por Juan Bautista Vázquez, en 1564.

La particularidad la marca la iglesia, de bellas proporciones y mayor altura que el conjunto, que se levanta independiente en el patio central. Su ejecución corresponde a Hernán Ruiz II, que la dota de gran coherencia formal y decorativa.

La Iglesia presenta planta de cruz latina con brazos cortos, capilla mayor semicircular y sacristía rectangular tras ella.


Así pues, los andaluces nunca hemos querido ser como pueblo más que nadie pero tampoco menos que nadie. Lejano aunque peremne en la retina de nuestra historia queda ya el artículo 151 de la Constitución que nos otorgaba identidad histórica junto con el mayor autogobierno posible dentro de nuestro Estatuto de Autonomía aunque nuestra memoria colectiva siempre ha entendido que hemos formado parte de un proceso histórico con identidad como pueblo.

En definitiva, una grata visita al Parlamento de Andalucía donde se elaboran y aprueban leyes que nos afectan a todos los andaluces. El Parlamento de Andalucía con 109 diputados representa al pueblo andaluz y expresa su pluralidad siendo una institución muy cercana físicamente a los andaluces pero al mismo tiempo nos puede dar la impresión de que lo percibimos como algo distante en nuestra retina. El primer Parlamento de Andalucía se constituyó el 21 de junio de 1982 en el Real Alcázar de Sevilla.


Desde el Parlamento de Andalucía...


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miércoles, 5 de febrero de 2014

28 de febrero. "Día de Andalucía"


“Andalucía es el resultado de un proceso histórico con identidad histórica como base de su identidad cultural, modelada a lo largo de siglos que nos ha dado nuestra forma de entender la vida y como resultado final nuestra cultura que forma parte de la memoria colectiva”.

Isidoro Moreno (antropólogo)




Cercano el día de Andalucía [28 de febrero] la retina de la historia nos retrotrae a tiempos pretéritos donde en la Asamblea de Ronda de 1918 a propuesta de Blas Infante se evocaron vínculos históricos que coinciden con el máximo esplendor de nuestra cultura (Al Ándalus).



Andalucía por sí, para España
y la Humanidad

Asamblea de Ronda de 1918

La primera referencia escrita que se conserva de una bandera de similares características a la de Andalucía pertenece al reinado de Al Mutasim de la taifa de Almería en el siglo XI (año 1051), posiblemente nos encontramos con la bandera más antigua de toda Europa. 

Recogida por Henri Peres en su libro Esplendor de Al Andalus, en los versos del poema de Abú Asbag Ibn Arqam: 


“Una verde bandera

que se ha hecho de la aurora blanca un cinturón,

despliega sobre ti un ala de delicia,

que ella te asegure la felicidad

al concederte un espíritu triunfante”.

El 18 de julio de 1195 el sultán Ben Yusuf Yaqub derrota a Alfonso VIII de Castilla en la batalla de Alarcos (última gran victoria musulmana). 

Para conmemorar el triunfo ordena colocar una bandera verde y blanca en la Mezquita de Sevilla, que representaba la unidad almohade (blanco almohade) y la colaboración andalusí (verde omeya). 

“La bandera blanca y verde -el verde perteneciente al Califato Omeya y el blanco del Imperio Almohade-, vuelve tras siglos de guerra. A decir Paz y Esperanza, bajo el sol de nuestra tierra”…




Andalucía ha sido el resultado de un crisol de culturas en su constante histórica en la que destaca por derecho propio una brillante civilización que tuvo su máximo esplendor bajo la antigua al Andalus estimulando durante siglos la imaginación de una Europa de su época sumida en las tinieblas de la ignorancia y donde coexistieron en tolerancia tres culturas (cristiana, judía y musulmana).


Un marco geográfico desde la antigua Sharq al-Andalus (oriente) hasta el antiguo Garb al-Andalus (occidente) con la cuenca del Wad al Kabir (Guadalquivir) como gran receptora histórica de las civilizaciones como fiel testigo de la historia, fusionando la cultura autóctona con diferentes pueblos mediterráneos, formando un auténtico crisol de culturas, donde la lengua árabe de Al Andalus ha sido una lengua sinónima de refinamiento y erudición en su época, lo que sirvió como vehículo para introducir las primeras traducciones al árabe de los filósofos griegos, en especial Aristóteles de la mano de Averroes y que posteriormente se benefició el pensamiento posterior del mundo latino (Santo Tomás).



Una civilización que ha legado topónimos tan bellos como Andalucía, Algarbe, Algeciras, Alpujarras, Axarquía, Elvira, Gibraltar, Guadalquivir, Trafalgar, Mulhacén, Pico Almanzor, Sevilla junto a otras palabras enraizadas en la memoria colectiva de los andaluces tales como acebuche, aceite, aceituna, alarife, albañil, alcuza, aldaba, alfarero, alféizar, aljibe, almohada, barrio, laud, mozárabe, muladí, mudéjar, posada, presa, taberna, zaguán y un largo etcétera que pertenecen a ese gran legado andalusí con cuatro mil arabismos que con su esencia han enriquecido nuestro léxico siendo el único pueblo de habla latina que ha impregnado el castellano a pesar de las tristes circunstancias históricas que tuvo consecuencias lamentables para la economía española como la expulsión de los judíos en 1492 y la expulsión de los moriscos en 1609.

Es obvio que dicha civilización refinada ha marcado la historia y la cultura de España y al mismo tiempo dejaron su huella en muchos aspectos de nuestra personalidad y costumbres que han forjado nuestro carácter. Negar esto sería amputar la realidad.


También nos legaron una configuración urbana cuyos orígenes emanan de las alcazabas y fortalezas en busca de protección y que se irradiaban a través de los arrabales (al-rabad), plasmado como una crónica del desarrollo de su propia historia.


Configuración urbana en la que destaca una brillante cultura del agua que dotaba a las medinas de un complejo sistema de alcantarillado que evitaban que las aguas fecales fueran derivadas a la vía pública y al mismo tiempo contaban con sistemas de riesgo ayudado por la noria que hizo inmensamente fértiles las huertas y vegas andaluzas y levantinas, al contar con cultivos como la caña de azúcar, el azafrán, árboles frutales y hortalizas desconocidos en Europa, lo que contribuyó a enriquecer la dieta mediterránea.


Para celebrar tan magna efemérides, no existe nada mejor que conocer Andalucía, sus pueblos y sus gentes. Sueños blancos de la cal y de nuestra propia esperanza por encontrar un futuro mejor para nuestros pueblos (verde y blanco de nuestra bandera).


Unas rutas del legado andalusí -Califato, Almorávides y Almohades, Nazaríes, Pueblos Blancos, etcétera-, salpicadas de aldeas blancas diseminadas en perfecta armonía con el paisaje, calles angostas y sinuosas encaladas con cal que han permanecido generación tras generación.


Efluvios y reminiscencias andalusíes que han pasado a formar parte de la genealogía del pueblo andaluz. Costumbres que han formado parte dentro de nuestro proceso histórico modelado durante siglos y que nos ha proporcionado nuestra forma de ser y de entender la vida a través del crisol de culturas. Medinas (al madinat), mezquitas, atalayas, alcazabas (al Qasaba), arrabales (al rabad), aljamas, alhamas (al hamma), posadas (fundaq), ladrillos, tejados árabes, calles angostas y sinuosas inundan los cascos históricos de nuestras ciudades históricas.

"Desde Morón, en el Día de Andalucía"...



Lomas trenzadas de olivos verdes retorcidos por el tiempo

legado de pueblos blancos diseminados bajo la serranía

y el verde intenso del azzeit que se rezume en la vieja

al masara, mientras la Cal legado de nuestros ancestros,

encala de sueños y utopías la blancura de nuestras miradas.



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martes, 28 de enero de 2014

Visita a Priego y Lucena


“Andalucía es el resultado de un proceso histórico con identidad histórica como base de su identidad cultural, modelada a lo largo de siglos que nos ha dado nuestra forma de entender la vida y como resultado final nuestra cultura que forma parte de la memoria colectiva”.
Isidoro Moreno (antropólogo)


Una soleada mañana de finales de enero dejamos atrás nuestro desvencijado castillo de Morón, empapado en olvido e indiferencia,-que ha cumplido su primer milenario como reino de taifa-, para  dirigirnos hacia la subbética andaluza, salpicada de aldeas blancas diseminadas en perfecta armonía con el paisaje y visitar la ciudad de Priego, uno de los pueblos más bellos de Andalucía al integrar en tiempos pretéritos una de las ruta del Califato en pleno centro geográfico que comunicaba dos de las capitales más importantes de la historia andalusí de alcance universal: Córdoba y la antigua Elvira (Granada).

Ninguna ciudad de su época pudo compararse a Córdoba en número de habitantes, en condiciones de vida ni en actividad cultural hasta muchos siglos posteriores. Una ruta del Califato salpicada de medinas (al madinat), mezquitas, atalayas, alcazabas (al Qasaba), arrabales (al rabad), aljamas, alhamas (al hamma), tabernas, posadas (fundaq), ladrillos, tejados árabes y costumbres dentro de nuestro proceso histórico modelado durante siglos.



La Corá de Priego llegó a formar parte de una de las dos rutas del Califato. La primera ruta pasaba por Castro del Río y Alcaudete hasta Alcalá la Real. La siguiente ruta transcurría por Fernán Núñez, Aguilar de la Frontera, Lucena y Priego de Córdoba hasta Alcalá la Real donde se unían ambas rutas para llegar a Granada.



También esta ciudad cordobesa desempeñó a finales del siglo IX con Muhammad I, un destacado papel durante las rebeliones del muladí Umar ibn Hafsun -y su aliado Ibn Mastana- que  extendió su autoridad desde Ronda hasta Reyyo (Málaga), Elvira, Jaen, Baeza, Úbeda, Priego y Écija hasta que Abd al Rahman III (912-929)  restablece el prestigio de los omeyas en Al Andalus y acaba con la anarquía y con los sublevados de Ibn Hafsun.



Fernando III la reconquista en 1225 siendo entregada a la orden de Calatrava como cabeza de una encomienda de la orden que construye la imponente torre del homenaje y uno de los aljibes pero se pierde en 1327 para engrosar el reino nazarí. En 1340 Alfonso XI la reconquista  definitivamente repoblando el lugar y  reparando el perímetro amurallado.

Llegamos hasta el Vial del Castillo, una calle peatonal cuyo trazado coincidía con el espacio transitable entre las murallas del castillo y las de la villa medieval hasta llegar a su imponente entrada. Al entrar, lo primero que destaca es la torre del homenaje que posee un aljímez con arcos de herradura en la planta noble (1246-1327). El castillo de Priego es una de las fortificaciones de la Baja Edad Media más importantes de Andalucía. Es un castillo cristiano (siglos XIII al XV) que ocupa el mismo lugar que una alcazaba andalusí (siglo X al XIII).

Desde la parte más alta de la fortaleza podemos observar la Torre fechada en 1541 junto a la Iglesia de la Asunción, edificio gótico mudéjar del siglo XVI y al fondo una bella panorámica de la serranía. Desde el castillo nos dirigimos al barrio de la villa, entre angostas y sinuosas callejuelas blancas encaladas y sus paredes adornadas de macetas con flores que otorgan un bello colorido. 


Bellos nombres como azahar, azorí, Maimónides, etc… nos retrotraen a la época andalusí. Al final de la angostura de sus calles del casco histórico llegamos al Balcón del Adarve «ad-darb» cuya belleza quedará grabado en la retina de nuestro recuerdo.

También visitamos uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad como es la Fuente del Rey del siglo XIX compuesta por tres estanques con nivel de agua escalonado de la que manan ciento treinta y nueve caños de agua. Y la Fuente de la Salud construida en el siglo XVI, compuesto por un amplio frontispicio de estilo  manierista, declarados monumentos nacionales.



Terminamos la jornada visitando otra bella ciudad en la ruta del Califato, Lucena conocida como la ciudad de las Tres Culturas (judía, musulmana y cristiana) o como Perla de Sefarad por los judíos de la Edad Media.



Paseamos por el perímetro del bello castillo del Moral con su Torre del Homenaje de planta octogonal.  Tras la desaparición del Reino nazarí de Granada, este enclave fortificado se convierte en alcázar de los señores de Lucena.

Fue declarado monumento Nacional por haber sido prisión de Boabdil, último rey de Granada, al intentar tomar la ciudad de Lucena durante el decenio que duró la guerra de Granada, lo que marcó la influencia definitiva del mundo cristiano frente a la media luna.
  

A escasos metros de la considerada como Catedral de la Subbética iniciada en 1498 por el arquitecto Hernán Ruiz I se puede observar de la época judía algunas calles en el casco histórico de la ciudad con su nomenclatura, lo que demuestra la trascendencia y vinculación de Lucena con la cultura judía. El nombre de Lucena proviene del hebrero Eli ossana denominada por los musulmanes al-yussana.
Desde Priego y Lucena en la ruta del Califato...



jueves, 16 de enero de 2014

EFLUVIOS ANDALUSÍES desde la antigua Cora de MORÓN



“Andalucía es el resultado de un proceso histórico con identidad histórica como base de su identidad cultural, modelada a lo largo de siglos que nos ha dado nuestra forma de entender la vida y como resultado final nuestra cultura que forma parte de la memoria colectiva”.

Isidoro Moreno (antropólogo)

Andalucía ha sido el resultado del crisol de culturas en su constante histórica en la que destaca por derecho propio una brillante civilización que tuvo su máximo esplendor bajo la antigua Al Andalus (la España musulmana) estimulando durante siglos la imaginación de una Europa de su época sumida en las tinieblas de la ignorancia. Nombres tan bellos como Andalucía, Sevilla, Guadalquivir, aceite, alfarero, aljibe y un largo etcétera pertenecen a ese gran legado andalusí. Es obvio que dicha civilización ha marcado la historia y la cultura de España que al mismo tiempo dejaron huella en muchos aspectos de nuestra personalidad. Negar esto sería amputar la realidad.

 Alpujarrra granadina

Al Andalus fue el primer país de occidente en la fabricación de papel, de seda, en contar con infraestructura hidráulica como los molinos de agua, acequias, sistemas de riesgo ayudado por la noria que hizo inmensamente fértiles las huertas y vegas andaluzas y levantinas, al contar con cultivos como la caña de azúcar, el azafrán, árboles frutales y hortalizas desconocidos en Europa, lo que contribuyó a enriquecer la dieta de los españoles.


Un marco geográfico desde la antigua Sharq al-Andalus (oriente) hasta el antiguo Garb al-Andalus (occidente) con la cuenca del Wad al Kabir (Guadalquivir) como fiel testigo de la historia. Una fusión entre la cultura autóctona con diferentes pueblos mediterráneos cuyo resultado final ha sido un auténtico crisol de culturas, -desde los tartessos, fenicios, griegos y cartagineses hasta la civilización árabe con un fuerte soporte demográfico autóctono y bereber junto con la judía, produciéndose una fuerte arabización a lo largo del siglo IX, debido a la importancia que tuvo la lengua en la que fue revelado el libro sagrado de la nueva religión, el Corán. Una lengua sinónima de refinamiento y erudición que sirvió como vehículo para introducir las primeras traducciones al árabe de los filósofos griegos, en especial Aristóteles de la mano de Averroes y que posteriormente se benefició el pensamiento posterior  del mundo latino (Santo Tomás).


Un legado cultural bajo un marco geográfico que durante siglos nos ha dotado de una identidad histórica y cultural. Una brillante civilización donde florecieron la filosofía, la poesía, la arquitectura, las matemáticas -se avanzó en el estudio del álgebra y la aritmética, cuyo precursor fue el oriental al-Jwarizmi (de ahí logaritmo)-, la astronomía y astrología (se estudiaron los movimientos de las estrellas y los planetas por medio de sofisticados astrolabios), la medicina,-los cirujanos musulmanes ya en el siglo X sabían como tratar las cataratas de la vista y eran conocedores de anestésicos-. Avicena (*), médico, científico y filósofo, aunque no estuvo en Córdoba, contaba entre sus textos más famosos "el libro de la curación y el canon de medicina", conocido como el Canon de Avicena.

Mientras tanto, el mundo cristiano consideraba la enfermedad mental como algo satánico. Los árabes introdujeron por primera vez dicho concepto y se perfeccionaron las teorías de Hipócrates y Galeno, la botánica, la agronomía, la alquímia y otras ciencias como en ningún lugar de Europa y del Mediterráneo de su tiempo con Maimónides, Averroes, Ibn Kaldum, Ibn Hazn (autor del collar de la paloma”, Al Motamid (el rey poeta de Sevilla). 
   
Cuando la Europa cristiana, en el año 1000 estaba bajo el influjo del fin del mundo, Al-Biruní calculó el radio de la Tierra demostrando que nuestro planeta giraba alrededor del Sol.También confirmaron la esfericidad de la Tierra siglos antes de que Colón descubriera el Nuevo Mundo. La madraza o universidad islámica, creada en el siglo XI, fue el embrión de las universidades europeas. 


 A partir del año 1212 con la batalla de las Navas de Tolosa, las tropas cristianas empezaron a llamar Andalucía aquéllos territorios que iban conquistando (la antigua Isbilia, Córduba, Jaen) hasta llegar a la antigua Elvira (Granada) el 2 de enero de 1492.

Federico García Lorca, consideraba el 10 de junio de 1936 sobre la toma de Granada en 1492:

“Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre…”.

La toma de Granada por los Reyes Católicos estuvo acompañada de intolerancia e integrismo religioso, lo que contribuyó a  sembrar el descontento, echando por tierra una labor que con cierta tolerancia podría haber dado grandes frutos.



La destrucción de las bibliotecas granadinas así como la quema de libros islámicos, la prohibición de usar la lengua propia, conversiones forzadas, imposiciones económicas insostenibles, trajeron como consecuencia las sangrientas luchas de 1568-1571 (sublevación de las Alpujarras) y su posterior expulsión en 1609 con Felipe III, al cobrar fuerza la idea de que los moriscos pudieran ayudar a una invasión turca, -una especie de quinta columna-. Castilla no cumplió lo pactado en las capitulaciones de Granada y como consecuencia de la presión ejercida por las nuevas autoridades castellanas sobre los denominados moriscos refugiados en las serranías denominados monfíes, que se vieron obligados al destierro.



La expulsión de los judíos  (31 de marzo de 1492) y posteriormente la deportación de los moriscos (9 de abril de 1609) ha sido considerado por la historia como una “limpieza étnica”. Una falta de altura de miras que tuvo consecuencias lamentables para la economía española de la época al quedar pueblos enteros desiertos, la economía se resintió, la burguesía se arruina y los bancos quiebran en 1613.


Durante ocho siglos de civilización,-con sus luces y sombras-, Al Andalus gozó de épocas de tolerancia entre las tres culturas (cristiana, judía y árabe), con sus costumbres, modos de vida y organización social bajo una relación de convivencia. 

Sirva el presente poema del poeta rondeño del siglo XIII Abul Beka donde se refleja en cierto modo la nostalgia del sentimiento andalusí por el avance cristiano e influencia de la cruz y al mismo tiempo comienza el declive de la media luna.


Ya llora al ver sus vergeles
y al ver sus vegas lozanas
ya marchitas,
y que afean los infieles,
con cruces y con campanas,
las mezquitas.


El vocabulario castellano contiene unas cuatro mil palabras de origen árabe, algunas tan bellas como:  

Andalucía, Sevilla, Guadalquivir, Algarve, Axarquía, Albacete (Al-Basit, "El Llano"), La Mancha (Al-Mansha, "tierra sin agua”), Guadalajara, Guadiana, Mulhacén, acelga (al-silqah), aceite (azzayt), albaricoque, acequia, aceituna, ajedrez, alcalde, alberca, albañil (al-bannil) alcachofa, algarroba, alhama, aljama, aljibe, almacén, almanaque, almazara (al-ma´sara), almuédano, almunia, altarazana, añil, azahar, babucha, barrio (al-rabad), café, cahiz, califa, imán, limón, medina, mezquita, morisco, mozárabe, mudéjar, muladí, naranja,  noria, ¡ojalá!, posada, sandía, taifa, zagal, zanahoria, zoco, zoquete, zurrapa…

En definitiva, una forma de entender la vida, la del pueblo andaluz,  como resultado final de nuestra cultura que forma parte de la memoria colectiva”.

(*) Avicena:  Abu Alí al Husain ibn Abdullah ibn Sina


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Bibliografía

Andalucía: una cultura y una economía para la vida de Isidoro Moreno y Manuel Delgado Cabeza