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domingo, 28 de abril de 2019

Encuentro de antiguos alumnos del I.N.E.M. en el Museo de la Cal de Morón



¡Estás más caliente que las alpargatas de un calero! 
Dicho popular


El pasado sábado 28 de abril de 2019 tuvo lugar nuestro tradicional encuentro entre antiguos alumnos del I.N.E.M “Instituto Nacional de Enseñanza Media” de Morón -en la actualidad Fray Bartolomé de las Casas- que permanece ubicado en la retina de nuestro recuerdo y cuyas reminiscencias se proyectan hasta nuestros días en forma de nostalgia y cierta melancolía que otorgan las canas de plata.

Se canta lo que se pierde, como dijera uno de los colosos de la literatura española del siglo XX, don Antonio Machado, otro de los nombres que formaban parte de una terna a comienzos de 1975 para elegir y colocar un nombre al Instituto "I.N.E.M.", según me comentara don Juan Fernández, emérito profesor de historia.


Era evidente que durante los últimos estertores del tardofranquismo, el nombre de Antonio Machado comprometido con la República hasta las últimas consecuencias quedaría en un segundo plano siendo el dominico Fray Bartolomé de las Casas "Protector Universal de todos los Indios" el nombre finalmente elegido, de entre una terna final de la que formaría parte también el nombre de Pablo de Olavide.


Se me ha venido a la memoria cuando nuestros padres compraban la Cal de Morón ¡pa encalá! en el Perulejo "Escudero"


Para celebrar tan emotivo acontecimiento se eligió un lugar emblemático como el Museo de la Cal declarado “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad desde 2011” ubicado en las Caleras de la Sierra a unos 5,5 km. en dirección a Montellano. No es necesario recordar que una de las señas de identidad de la tierra de Villalón es la cal junto con el flamenco. 

En la década de los años 70 del pasado siglo muchos compañeros de algunos pueblos vecinos -El Coronil, La Puebla de Cazalla, Coripe y Montellano- se trasladaban en autobús hasta el Instituto ubicado en la antigua Avda. del Alférez Provisional -La Alameda- para realizar sus estudios.


El año de 2017 el antiguo Instituto celebraba el 50º Aniversario de su fundación, allá por el año 1967. Un mosaico realizado en 1971 por D. Pedro Ybarra Hidalgo y colocado en la entrada principal con dos estudiantes subiendo los peldaños, ha quedado como logotipo y símbolo del centro.




Entre efluvios de lentisco y romero nos recibía en la puerta del Museo de la Cal su director Manuel Gil Ortiz, quien nos recordaba la ancestral tradición calera que transmite sus conocimientos de padres a hijos, un legado que constituye un valor cultural y antropológico muy importante, siendo consideradas reliquias vivas. De ahí el nombre de “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”. 




Después de los saludos de rigor, comenzaba nuestro encuentro con un breve vídeo explicativo sobre el origen de la cal y su proceso en la casilla del calero, visitando más tarde las estancias donde se encuentran los utensilios y herramientas antiguas y también los hornos restaurados que brillan con luz propia:

La piedra caliza de Morón es una roca sedimentaria compuesta en su inmensa mayoría por carbonato cálcico CaCO3 en un 98%. Después de someterlas a un proceso de calcificación (descomposición de la caliza mediante calor en hornos a una temperatura mayor de 1000º C), da lugar a una sustancia llamada óxido cálcico CaO -cal viva-. Posteriormente debido a una reacción violenta de la cal viva con el agua (que la hace hervir), da lugar a una sustancia química llamada hidróxido cálcico Ca(OH)2 o cal apagada.


Foto. Museo de la Cal


La cal era ya conocida varios milenios a. de C. como material de construcción para morteros y revestimientos en Catal Hüyük,-Turquía-, en Mesopotamia, en el antiguo Egipto, en China y en la India. Roma hizo uso de la argamasa de cal desde principios del siglo II inventando el opus caementicium, una mezcla de piedras pequeñas, grava, arena, cal, agua.

La cal ha sido utilizada desde tiempos inmemoriales como material aglomerante en la construcción de edificios civiles, castrenses y religiosos así como en las obras públicas ya que mezclada con agua y arena se obtenía una especie de mortero o argamasa que se utilizaban para pegar ladrillos o piedras, lo que otorgaba una gran resistencia. Grandes lienzos de murallas, acueductos, puentes, catedrales o canalizaciones de aguas han sido elaborados con morteros de cal, al ser un material duradero e impermeable en la construcción hasta la aparición del cemento en el siglo XIX y su auge en el siglo XX como el principal agente cimentador en la construcción al endurecerse al contacto con el aire. 



Manuel Gil Ortiz explicando la historia ancestral de la Cal de Morón y de los caleros.

La cal tiene tantas utilidades que incluso en la actualidad se utiliza para reforzar los pilares deteriorados de importantes monumentos históricos, a las que se le inyecta cal hidráulica para regenerar las grietas dañadas por el paso del tiempo. Incluso la restauración de los leones de la Alhambra de Granada se ha realizado con Cal de Morón. 


Posee también un comportamiento bioclimático que da al interior de la vivienda frescor el verano y calor en invierno, logrando lo que se denomina el “efecto botijo”, al permitir la circulación del aire y evaporación de la humedad, muy conocido en las casas antiguas de Andalucía al ser una solución barata, eficaz y ecológica. 

Otros usos importantes de la cal incluye la neutralización de los suelos ácidos en agricultura, en la fabricación de vidrio y papel, el lavado de ropa blanca, el refinado de azúcar, etcétera. La cal viva reduce la acción bacteriana en el tratamiento de residuos animales al mismo tiempo que permite la circulación del aire y la evaporación de la humedad. Dichos residuos constituyen un excelente fertilizante como la gallinaza que se aplica en los campos de cultivo, aportando al suelo fósforo, nitrógeno, potasio, calcio, magnesio, azufre y materia orgánica. También se usa la cal en la protección del medio ambiente al tratar las aguas residuales y lodos. 



Morón ha tenido y tiene fama por su cal, explotada de manera racional y tradicional por los caleros extendiendo la calidad de su producto por toda Andalucía. Las Caleras de la Sierra se encuentra situada en el límite entre la campiña y la serranía. Su explotación en tiempos remotos se ha basado en la utilización de hornos tradicionales que han recogido el testigo de los romanos y que los árabes mejoraron su proceso, utilizando la leña de olivo como combustible por su alto contenido calórico. 

Todos recordamos en nuestra infancia a nuestros padres y abuelos encalar las fachadas y los paredones de nuestras casas con los tradicionales pinceles quedando relucientes con su clásico y tradicional color blanco. En la provincia de Sevilla, la Sierra Sur y la ruta de los pueblos blancos cercana a ésta son claro ejemplo de blancura de sus casas. 



Los caleros de Morón eran las personas que fabricaban la cal, de manera tradicional. Un complejo proceso que iba desde barrenar las rocas y colocar en su interior pequeñas cargas de explosivos, llevar las piedras hasta el horno tradicional, utilizando las piedras grandes en círculos como armaderas, llenando la parte trasera con los llamados matacanes o piedras pequeñas, con leña de olivo en el centro del horno y así sucesivamente hasta llegar hasta la altura indicada, con huecos en el cono final para que salgan los gases y una puerta donde se introducía la leña para seguir manteniendo el fuego durante al menos dos semanas. Al final del proceso de calcificación, se extraía casi dos terceras partes de óxido cálcico debido a la deshidratación del carbonato cálcico.



El vaso tiene 6 y 7 metros de diámetro con una altura que oscila entre 6 y 8 metros. De cada 150.000 kg. de piedra caliza y 90.000 kg. de leña de olivo como material de combustión, se extraían tras un proceso que duraba diez días 90.000 kg. de cal. 

Según nos comentaba nuestro antiguo compañero y distribuidor de Cruzcampo en Morón “IAN” los antiguos caleros eran los que más vino y cerveza consumían semanalmente en Morón: 40 arrobas de vino Vallejo “640 litros a la semana”, 80 cajas medianas de Cruzcampo y 18 garrafas de 3 litros de anís seco. Además, en la antigua Venta de la Paloma consumían 10 barriles de cerveza a la semana.

Todos los utensilios dedicados a la elaboración de la cal están en su entorno natural como los hornos de la cal, la casilla del calero etc... 

No cabe duda alguna de que cuando muera el último calero, se habrá quemado el último pergamino de una biblioteca viviente que ha contribuido fielmente a un desarrollo sostenible en su hábitat con un alto interés etnológico. 



Foto. Jerónimo Clavijo Baeza

Mientras la tradicional extracción calera sostenible data al menos del siglo XV, sin hacer daño a su hábitat, el futuro va encaminado a la explotación masiva de los recursos naturales, como puede observarse en el tremendo impacto visual que proporcionan las canteras de la sierra frente al Museo de la Cal ¡Qué cada uno saque sus propias conclusiones! 



Réplica del horno construido a orillas del lago Turkana en el Noroeste de Kenia 

El objetivo de esta construcción es enseñar el oficio de calero a un grupo de misioneros de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol que viven y trabajan desde hace casi 30 años por los más desfavorecidos en esta región del cuerno de África. 

La escasez de oportunidades alternativas al decadente pastoreo nómada y las fuertes sequías y hambrunas que cíclicamente asolan la zona, unido a la iniciativa de los misioneros por dotar de agua mediante presas de mampostería para almacenar agua de erráticas y torrenciales lluvias típicas de la zona, trajo a la palestra la idea de producir localmente el material aglomerante necesario al estilo de los romanos: cal y arena. 

Dada las dificultades para trasladar a un calero e los de toda la vida a una zona tan remota y difícil, se optó por levantar un horno réplica del africano en el Museo de la cal, y ponerlo a funcionar en presencia del responsable del proyecto en Kenia quien tendrá la oportunidad de conocer de primera mano el oficio para trasladarlo posteriormente a la zona y conseguir finalmente hacer cal en el desierto.

Mientras degustábamos en la casilla de los caleros nuestro almuerzo acompañado de cerveza y vino de la tierra sin faltar las tradicionales aceitunas moronas aliñadas con ajos, afloraba cierta nostalgia entre los antiguos compañeros sobre tal o cual profesor de la época, recordando antiguas normas del centro educativo al que asistimos durante varios años. 

Recuerdo cuando se colocó una proyector en medio del patio sobre el campo de baloncesto para que los alumnos pudiesen entrenar durante las tardes, a partir de las 17,30 horas. En aquella época los equipos de baloncesto, balonmano y voleibol tenían proyección provincial.



...Los que peinamos alguna que otra cana recordamos los comienzos de los años 70 del pasado siglo, con sólo once años, al superar el cuarto curso en la escuela pasamos al Instituto para realizar el primer curso del antiguo bachiller elemental. Teníamos que formar en el patio como si estuviésemos en la mili y si no te sabías la lección, como ocurría en "política" con don Agustín "que era militar" te levantaba del pupitre cuando nos tiraba de las patillas hacia arriba, mandándote a escribir la lección diez veces. 




El 20 de febrero de 1963 el Director General de Enseñanzas Medias aprueba la propuesta relativa al establecimiento de un I.N.E.M. con 500 a 600 alumnos y 500 a 600 alumnas.

El Decreto 1292/1963 de 16 de mayo establece un Instituto Nacional de Enseñanza Media Mixto que se publica en el B.O.E. 1 de junio de 1963 de interés social a todos los efectos en un artículo único y firmado por Francisco Franco.

El Ayuntamiento aprueba en La Alameda o Erillas Huecas un terreno de 11.628 metros  cuadrados con un presupuesto de 14.694.870, 31 pts. 

El proyecto de Instituto se realiza en Sevilla en marzo de 1962 a escala 1:400 y el plano definitivo se realiza en Sevilla, en diciembre de 1964 a escala 1:100 por el arquitecto Fernando Barquín.


Y qué decir del tradicional uniforme obligatorio con aquella chaqueta azul marino y chaleco, pantalón y calcetines de color gris, con la camisa blanca y la corbata roja ¡Si te faltaba alguna prenda, te mandaban a casa a por ella! 

Quedaba terminantemente prohibido entrar por la entrada principal, destinada sólo y exclusivamente para el personal docente. También recuerdo que el recreo a comienzos de los años 70 aún tenía las gradas del antiguo campo de fútbol del Morón y un pozo sin vallar con abundante agua junto a la piscina municipal.

Eran tiempos pretéritos "1970-1975" donde el docente impartía las materias, desde el miedo y la autoridad que proyectaba el nacionalcatolicismo de la época.

Si un profesor te regañaba o te daba un guantazo en la cara, casi seguro que no se lo decíamos a nuestros padres porque al final te arriesgabas a recibir dos: la recibida por el profesor acompañada de la de tu padre. No existía la presunción de inocencia. ¡Algo habrás hecho! 

En las clases de geografía en 1970-71 todavía existían viejos mapas físicos y políticos que colgábamos de las alcayatas con las antiguas posesiones españolas en el Sáhara, Sifi Ifni, Annobón (Guinea Ecuatorial) y algunos islotes. 

Por otro lado, ¡quién no recuerda aquéllos pupitres unipersonales cerca del profesor que nadie quería ocupar por no permanecer “aislado” de los compañeros y ser al mismo tiempo, el alumno que tenía el mayor número de posibilidades para que el profesor se fijara en ti, para salir a la pizarra!...


Esta fotografía fue realizada por D. José Vélez, profesor de Educación Física durante el curso 1974-75 con una antigua cámara fotográfica "Winar", del compañero Eduardo Rodríguez. 

...O cuando el sr. conserje “Don Romualdo -Q.E.P.D.-" abría la puerta del aula y nos levantábamos en señal de respeto, para transmitirnos a cualquiera de nosotros que el director o el jefe de estudios quería comunicarnos tal o cual cosa sin importancia. Íbamos por aquéllos pasillos pensando ¡para qué querrá vernos!, por aquello del “miedo escénico” que generaba la Dictadura y que se proyectaba al profesorado de la época. 

Recuerdo aquella profesora de historia que se detenía durante muchas clases en aquel "nacionalcatolicismo" como la Reconquista, los Reyes Católicos, el Descubrimiento de América o la Evangelización de los indios que ocupaban una gran parte de la asignatura... 

También recuerdo a otros profesores que simpatizaban con aquel nacionalcatolicismo rancio y que nos explicaban aquella aburrida asignatura denominada F.E.N. "Formación del Espíritu Nacional" a la que llamábamos "política". Casi siempre se daba los lunes, a primera hora de la tarde, recién comidos para que la digestión fuera más compleja.

Es curioso como la dictadura odiaba el término política y sin embargo, los alumnos llamábamos a la asignatura F.E.N. "política". Posiblemente porque era difícil de digerir en unos tiempos complejos.



También recuerdo algún que otro "profesor", que pertenecía a la O.J.E. "Organización Juvenil Española" y por tanto, tenía más posibilidades de ser contratado por el régimen franquista en aquéllas asignaturas denominadas "Marías" en el Instituto o en algún que otro colegio privado. 

Entre la nostalgia y el recuerdo llegamos a la conclusión de que ha pasado la friolera cifra de casi diez lustros, sobrepasando el ecuador de nuestra vida. Las fotos de costumbre irían plasmando en recuerdos nuestra grata visita al Museo de la Cal. El año próximo seguiremos añorando nuestros años adolescentes de aquellos tiempos pretéritos en el antiguo Instituto, pero en esta ocasión en El Coronil. 




P.D. Pasado el ecuador de nuestra vida, debemos comenzar a saborear profundamente el tiempo que nos quede y que no podemos comprar -como diría el poeta Mario Andrade en su hermoso poema "Mi alma tiene prisa"-, buscar la esencia de las cosas, sin soportar a personas absurdas, tóxicas o vanidosas, que a pesar de su edad cronológica, aún no han crecido. En definitiva, llegar al final de mis días en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

La vejez comienza a manifestarse cuando ocupan mayor peso en nuestras frágiles entendederas, los recuerdos que las ilusiones y proyectos. Es entonces, cuando la nostalgia puede proyectarse a través de nuestras canas de plata y manifestarse bajo un enorme peso en nuestra alma, -se canta lo que se pierde, como diría uno de los colosos de la literatura del siglo XX, don Antonio Machado-. 

Por tanto, leer y viajar “haciendo camino al andar” con vientos alisios nos irá permitiendo ir soltando amarras para expandir nuestra mente y por consiguiente, cambiar nuestra concepción del mundo, valorando y respetando siempre las identidades culturales junto con la diversidad. 

¡Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una! Porque cada día es un comienzo nuevo, como diría el inolvidable poeta Mario Benedetti.



Mural Flamenco en el exterior de la Casilla del Calero


Términos de interés

Antropología proviene del término griego ἄνθρωπος “hombre” y λόγος, «conocimiento» es la ciencia que estudia de forma integral al ser humano de forma integral.
Etnografía proviene del término griego  έθνος  "pueblo o  tribu"  y γράφω  "descripción", es el estudio integral de los pueblos y culturas.







Enlaces interesantes



martes, 26 de septiembre de 2017

EXPOSICIÓN "EN CAL VIVA". Un trabajo de los caleros de Morón



¡Cuando muera el último calero, se habrá quemado el último pergamino de una biblioteca viviente que ha contribuido fielmente a un desarrollo sostenible de su hábitat, con un alto interés etnológico!.

Blog de Antonio Cuevas


En la mañana del lunes 25 de septiembre de 2017 hemos tenido la oportunidad de realizar una visita a la exposición “En cal viva”, ubicada en el Espacio Santa Clara de Morón de la Frontera y dedicado al trabajo de la cal y de los caleros de Morón, unos grandes desconocidos y olvidados hasta no hace mucho tiempo.

La práctica tradicional ligada a la elaboración de la cal ha sido durante mucho tiempo una fuente de empleo para Morón de la Frontera siendo una importante seña de identidad. El reconocimiento por la UNESCO ha contribuido a dar un fuerte impulso para sensibilizar a la opinión pública sobre la práctica e importancia de la producción artesanal de la cal con un especial valor a la recuperación de los conocimientos y técnicas para el uso de la cal en la construcción sostenible. Cuando la producción de cal artesanal se redujo como consecuencia de la fabricación industrial, los hornos y a su vez la transmisión de conocimientos cayeron en desuso.

La exposición “En cal viva” con fotografías didácticas de Manuel Gilortiz, gran conocedor junto a Isidoro Gordillo del mundo tradicional de la cal ha sido el resultado de una colaboración conjunta entre la Fundación Fernando Villalón y el Museo de la Cal de Morón -Patrimonio de la Humanidad desde el 25 de noviembre de 2011-. 

Es evidente que dicha exposición de carácter etno-fotográfico de la Cal de Morón posee efluvios y reminiscencias de tiempos ancestrales al haber sido legada la elaboración de la cal como depósito y transmisión de verdaderos conocimientos tradicionales que han sido aprendidos de generación en generación y de los cuales existe documentación desde hace al menos más de cinco siglos aunque este oficio milenario se pierde en la noche de los tiempos.


La cal era ya conocida varios milenios a. de C. como material de construcción para morteros y revestimientos en Catal Hüyük,-Turquía-, en Mesopotamia, en el antiguo Egipto, en China y en la India. Las páginas de la historia también nos recuerdan que el opus caementicium u hormigón romano llegó a ser una de las claves del éxito de las construcciones de su época por su enorme solidez, actuando la cal como aglutinante. Roma hizo uso de la argamasa de cal desde principios del siglo II inventando el opus caementicium, una mezcla de piedras pequeñas, grava, arena, cal, agua.

La cal se ha utilizado para hacer uno de los morteros más usados en la construcción hasta casi finales del siglo XX cuando se generalizó el uso del cemento. A pesar de la industrialización feroz que ha sufrido el sector de la construcción, todavía existen caleros que saben cómo se produce la cal artesanal, aunque quedan muy pocos desafortunadamente.

Morón ubicado en la frontera de su propia esperanza aún sigue demostrando que es un ejemplo para el mundo de que la cal sigue estando más “viva” que nunca. La revitalización del oficio ha sido objeto de reconocimiento como actividad que mejor refleja los principios de la Convención para la salvaguarda del Patrimonio Inmaterial (2003).

Al entrar en la exposición “En cal viva” observamos su gran valor documental y didáctico de un oficio milenario como es el del calero como tesoro vivo, que aún pervive como seña de identidad en Morón y que se llevan por bandera en numerosos “pueblos blancos” que jalonan nuestra serranía.

Caleros de Morón

Comienza la exposición con un agradecimiento por parte de Manuel Gilortiz a los caleros como los verdaderos protagonistas, que han sabido mantener gracias al esfuerzo y constancia un oficio milenario, lamentablemente hoy olvidado en la mayoría de los lugares de la geografía de la cal, en España.


El primer panel ilustrativo que observamos al entrar en la exposición  nos ilustra sobre el papel de la cal de Morón en África, cuyos hornos construidos en Turkana han sido elaborados con la sabiduría de los maestros caleros de Morón.

El objetivo de esta construcción es enseñar el oficio de calero a un grupo de misioneros de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol que viven y trabajan desde hace casi 30 años por los más desfavorecidos en esta región del cuerno de África.
La escasez de oportunidades alternativas al decadente pastoreo nómada y las fuertes sequías y hambrunas que cíclicamente asolan la zona, unido a la iniciativa de los misioneros por dotar de agua mediante presas de mampostería para almacenar agua de erráticas y torrenciales lluvias típicas de la zona, trajo a la palestra la idea de producir localmente el material aglomerante necesario al estilo de los romanos: cal y arena.
Dada la dificultad de trasladar a un calero de los de toda la vida a una zona tan remota y difícil, se optó por levantar un horno réplica del africano en el Museo de la Cal, y ponerlo a funcionar en presencia del responsable del proyecto en Kenia quien tendrá la oportunidad de conocer de primera mano el oficio para trasladarlo posteriormente a la zona y conseguir finalmente hacer cal en el desierto. 



El siguiente panel ilustrativo nos acerca al Museo de la Cal de Morón. El blog de mis culpas ha realizado varios artículos sobre la Cal de Morón realizando además una visita al Museo de la Cal en octubre de 2013 donde nos ilustró su director Manuel Gilortiz.

Los principales objetivos del proyecto son la toma de conciencia e importancia de la práctica de la fabricación artesanal y mejoras en las condiciones de vida de los caleros. Con este fin, se creó la Asociación Cultural Hornos de Cal de Morón y así nació el Museo de la Cal en el que se muestra el proceso artesanal  in situ. 

Y dentro de este marco geográfico natural rodeado de efluvios a tomillo, romero, algarrobos, lentiscos y palmitos como única palmera autóctona de la Península Ibérica y de Europa, nos encontramos junto a la Sierra de Morón el Museo de la Cal ubicado en la aldea denominada “Caleras de la Sierra” y declarado por la UNESCO “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad” en  noviembre de 2011.

Dicha declaración ha dado un importante y necesario impulso a la sensibilización de este valioso patrimonio etnológico y antropológico como legado de nuestros ancestros, siendo consideradas auténticas reliquias vivas. Un claro ejemplo de la recuperación y revitalización del saber tradicional como el oficio de calero casi olvidado. Todo ello, gracias a la iniciativa de un grupo de personas sensibilizadas porque una de sus señas de identidad no caiga en el olvido.


El mundo de la cal tradicional ha sido un mundo heredado de generación en generación desde tiempos inmemoriales hasta los últimos caleros tradicionales en vías de extinción. Un trabajo muy duro y penoso con altas temperaturas constantes en los hornos que oscilan entre 900 y 1000ºC, durante 24 horas en un proceso que dura entre 12 y 15  días.

La cal tiene más de 130 usos aunque el papel más antiguo que se conoce es en la construcción de obras públicas y civiles. La cal posee también importantes aplicaciones en la industria química, siderurgia, medioambiente, cerámica, agricultura, agroalimentación, elaboración del papel, industria del vidrio, ingeniería civil, ganadería, industria azucarera, blanqueo de fachadas, etcétera…
La cal artesanal a diferencia de la cal industrial sirve también para la restauración del Patrimonio Artístico e Histórico como lo demuestra la restauración del Patio de los Leones de Granada entre otros monumentos significativos. La cal tiene tantas utilidades que incluso en la actualidad se utiliza para reforzar los pilares deteriorados de importantes monumentos históricos, a las que se le inyecta cal hidráulica para regenerar las grietas dañadas por el paso del tiempo.


El calero Juan Ortiz

Los caleros como artesanos en la materia han sabido transmitir la riqueza de esta ancestral cultura que ha pervivido durante siglos y que el Museo de la Cal pretende conservar y difundir este patrimonio dando a conocer la cultura de la cal, el calero y su medio, promoviendo la visitas didácticas al Museo en el que podemos encontrar dos hornos totalmente restaurados que datan del siglo XIX, una casilla denominada de “del Calero”, un centro de interpretación y una sala de proyecciones donde el visitante conocerá de primera mano todo el proceso de la elaboración de la cal y su influencia en la cultura andaluza, que ha llegado a a ser una importante seña de identidad de Morón, reconocida en el mundo.

Desde el mismo Museo se pueden apreciar dos formas diferentes de explotación de los recursos naturales. Por un lado, la explotación racional de los recursos naturales por parte de los antiguos caleros durante muchas generaciones como forma de supervivencia, existiendo un equilibrio entre la naturaleza y el ser humano. Su explotación desde tiempos remotos ha estado basada en la utilización de hornos tradicionales que han recogido el testigo de los romanos y que los árabes mejoraron su proceso, utilizando la leña de olivo como combustible por su alto contenido calórico, lo que ha servido de apoyo a una economía de subsistencia de la zona.

Por otro, las modernas empresas mineras que sobreexplotan intensivamente dichos recursos naturales causando un grave impacto medioambiental. Es evidente que cada visitante sacará sus propias conclusiones.


El Museo de la Cal tiene como objetivo restaurar y conservar la artesanía de la cal e investigar sobre el oficio llevando a cabo actividades formativas sobre nuestro Patrimonio Etnológico como lugar que alberga formas relevantes de expresión de la cultura y modos de vida del pueblo andaluz. Los hornos de las Caleras de la Sierra han pasado a formar parte del Catálogo General del Patrimonio Etnológico Andaluz como "Bien de Interés Etnológico", lo que le confiere preferencia a efectos de conocimiento, protección y difusión. También se protegen aquellos conocimientos o actividades en peligro de extinción favoreciendo su estudio como parte integral de la identidad andaluza. Entre los objetivos del Museo de la Cal está conservar, investigar y difundir este ancestral legado cultural.

Posee también un fondo de documentación donde estudiar e  investigar para la promoción científica y cultural mostrando un patrimonio vivo, donde sus elementos claves son el calero, la cultura de su trabajo, los usos del territorio y el paisaje, llevando siempre a Morón por bandera. Por tanto, es necesario resaltar la investigación, documentación y difusión que la Asociación Cultural Hornos de la Cal de Morón realiza en la salvaguarda que permita revitalizar esta tradición ancestral en vías de desaparición denominada los caleros y su cultura. Los hornos de cal son construcciones de valor antropológico e histórico vinculados a actividades tradicionales unidas a los caleros de la aldea.

La cal ha sido utilizada desde tiempos inmemoriales como material aglomerante en la construcción de edificios civiles, castrenses y religiosos así como en las obras públicas ya que mezclada con agua y arena se obtenía una especie de mortero o argamasa que se utilizaban para pegar ladrillos o piedras, lo que otorgaba una gran resistencia. Grandes lienzos de murallas, acueductos, puentes, catedrales ó canalizaciones de aguas han sido elaborados con morteros de cal, al ser un material duradero e impermeable en la construcción hasta la aparición del cemento en el siglo XIX y su auge en el siglo XX como el principal agente cimentador en la construcción al endurecerse al contacto con el aire.


La cal tiene tantas utilidades que incluso en la actualidad se utiliza para reforzar los pilares deteriorados de importantes monumentos históricos, a las que se le inyecta cal hidráulica para regenerar las grietas dañadas por el paso del tiempo. Incluso la restauración de los leones de la Alhambra de Granada se ha realizado con Cal de Morón.

Posee también un comportamiento bioclimático que da al interior de la vivienda frescor el verano y calor en invierno, logrando lo que se denomina el “efecto botijo”, al permitir la circulación del aire y evaporación de la humedad, muy conocido en las casas antiguas de Andalucía al ser una solución barata, eficaz y ecológica.

Otros usos importantes de la cal incluye la neutralización de los suelos ácidos en agricultura, en  la fabricación de vidrio y papel, el lavado de ropa blanca, el refinado de azúcar, etcétera. La cal viva reduce la acción bacteriana en el tratamiento de residuos animales al mismo tiempo que permite la circulación del aire y la evaporación de la humedad. Dichos residuos constituyen un excelente fertilizante como la gallinaza que se aplica en los campos de cultivo, aportando al suelo fósforo, nitrógeno, potasio, calcio, magnesio, azufre y materia orgánica. También se usa la cal en la protección del medio ambiente al tratar las aguas residuales y lodos.



Todos recordamos en nuestra infancia a nuestros padres y abuelos encalar las fachadas y los paredones de nuestras casas con los tradicionales pinceles quedando relucientes con su tradicional blancura. En la provincia de Sevilla, la Sierra Sur y la ruta de los pueblos blancos cercana a  ésta  son  claro ejemplo de blancura de sus casas. 
Los caleros de Morón eran las personas que fabricaban la cal, de manera tradicional cuyo proceso iba desde barrenar las rocas y colocar en su interior pequeñas cargas de explosivos, llevar las piedras hasta el horno tradicional, utilizando las piedras grandes en círculos como armaderas, llenando la parte trasera con los llamados matacanes o piedras pequeñas, con leña de olivo en el centro del horno y así sucesivamente hasta llegar hasta la altura indicada, con huecos en el cono final para que salgan los gases y una puerta donde se introducía la leña para seguir manteniendo el fuego durante al menos dos semanas.

Al final de su proceso de calcificación, se extrae casi dos terceras partes de óxido cálcico debido a la deshidratación del carbonato cálcico.

Todos los utensilios dedicados a la elaboración de la cal están en su entorno natural como los hornos de la cal, la casilla del calero etc... En el Museo de la Cal, situado en las Caleras de la Sierra a unos 5,5 kms. de Morón de la Frontera hacia Montellano se puede visitar la seña de identidad por excelencia más importante de nuestro pueblo, la cal.

En el año 2010 el Museo de la Cal abrió sus puertas convirtiéndose en un transmisor de conocimientos cuyas actuaciones no sólo se concentran en el ámbito de Andalucía o de España sino traspasando fronteras al colaborar en proyectos tan diversos como el que mantiene en Marruecos o en Turkana “Kenia” que colabora en un proyecto solidario con la Comunidad Misionera de San Pablo, donde se han construido hornos de cal, dirigidos por artesanos caleros de Morón.

La exposición "En Cal Viva" se divide en cuatro apartados:



LA HORNADA

Para llevar a cabo el proceso de ahornado o llenado del horno, previamente se ha seleccionado la piedra caliza en la cantera, tanto en calidad como en tamaño, distinguiendo entre armaderas, de mayor tamaño y con forma de amorfas, los matacanes, algo más pequeños y sin perfil determinado, y los ripios, más pequeños y colocados detrás, junto a la pared del horno.

Las primeras piedras, las armaderas, se colocan en la parte inferior del horno sobre los poyos. Esta primera andanada no tiene más de 50 cm. de anchura y la roca se coloca de canto para favorecer la entrada del fuego entre ellas; deben calzarse muy bien pues de ellas dependerá la estabilidad de las siguientes andanadas.

A continuación, se siguen colocando las armaderas trabándolas con los matacanes y posteriormente con los ripios, teniendo en cuenta que, poco a poco, en cada andanada, las armaderas han de ir sobresaliendo sobre la que está apoyada, para ir formando la bóveda.

Conforme sube la construcción, en la parte inferior del vaso, se va construyendo el peto o pared frontal del horno, donde situaremos a ras del suelo, la puerta terriza, encargada de aspirar el aire necesario para la combustión. Y, a 1,5 m. de la puerta terriza, se abre la boca del horno, puerta por donde se alimenta el fuego.

Una vez se ha sobrepasado el peto, la construcción va ganando en anchura y, por tanto, en volumen de piedra, pues las andanadas en esta altura del ahornado ya alcanzan 1,5 m.  Hay que reseñar que cada 6 o 7 andanadas, se rellena de leña, sirviendo al mismo tiempo de andamiaje y facilitando la colocación de piedras. La operación se repetirá hasta llegar a la parte superior del horno o vuelo, cerrando aquí el centro de la bóveda. A partir de este punto, las piedras se colocan unas sobre otras, construyendo la cabeza del horno, de una altura aproximada de 3 o 4 m. Así, se aumenta, la capacidad de producción de cada hornada. La sabiduría del calero la levanta dejando los menos huecos posibles entre piedras, para optimizar la carga del horno. En esta ocasión las armaderas, serán de menor tamaño que las empleadas para la construcción de la bóveda, orientándose de forma inversa a la colocación realizada en la caldera, es decir, de fuera hacia adentro, para evitar el desplome. Tras éstas se asentarán los matacanes y ripios.

Acto seguido, a ras de la pared interior del vaso, se forma el enripiado: para esta construcción se escogen ripios de forma plana y unos 25 cm2. Colocados uno a uno, a modo de muro de piedra seca, de unos 40 cm. de anchura y 2,5 m. de alto, va revistiéndose toda la cabeza, hasta llegar a la parte superior. Todo ello se refuerza con la cinta, elaborada con piedras de tamaño mediano, las cuales se van trabando entre sí y con arcilla caliza. Tres anillos de cables de acero rodean la cinta, a unos 60 cm. de distancia entre ellos. En la parte inferior de la cinta se dejan unos huecos llamados caños o troneras, de unos 30 centímetros cuadrados, por los cuales saldrán los fuegos y serán los indicadores del punto de cocción de la hornada.

La construcción de la hornada, culmina en la parte superior de una andanada de unos 30 cm. de espesor, de pequeños ripios. Ésta será cubierta con una capa de pasta de cal de 6 cm. de espesor, la torta, evitando la fuga de calor.



LA COCHURA

El proceso de cocción es un proceso delicado y concienzudo, controlado con celo  y en todo momento por los maestros caleros. La cochura es la acción de calcinar la roca caliza (carbonato cálcico) y convertirla en cal viva (óxido cálcico).

Comienza meses antes con el acopio y preparación del combustible, la leña. El mejor combustible utilizado para estas labores es la leña de olivo; por la proximidad y abundancia de la misma en la zona y porque, gracias a la poca ceniza residual que genera y su llama larga y limpia, aporta a la cal propiedades y particularidades propias de la cal artesanal de Morón, como son su untuosidad, plasticidad y adherencia.

Para la introducción de la leña en el interior del horno los cocedores, cuentan con una herramienta fundamental y de gran ayuda para sus labores como es la horquilla; herramienta compuesta por un cabo de madera por donde asirla, unido a una barra de hierro de unos tres metros de larga y rematada en la punta por una horqueta, con la que enganchar y empujar los troncos hacia el interior de la caldera. Con ella se moverán las ascuas del fuego para evitar la formación en exceso de cenizas.

El primer acto en el proceso de cocción, es el encendido del horno. Para ello, se prende la leña contenida en el interior de la bóveda. Ésta tardará unas 12 horas en consumirse, manteniéndose un fuego lento e ininterrumpido, que irá calentando el horno poco a poco, evitando un calentamiento brusco y agresivo, que pueda derrumbar la construcción interna. Una vez consumida la leña de la caldera, y estando el fuego aún vivo, el cocedor irá alimentando el fuego de forma constante y progresiva, controlando en todo momento la temperatura entre 858ºC y 1000ºC. La cochura durará entre 12 a 15 días, ininterrumpidamente. Un equipo de tres cocedores expertos, en turno de 8 horas, mantendrán el fuego vivo, sabiendo en todo momento la cantidad necesaria de leña para calentar el horno.

El indicativo que nos informa del punto de cocción son los caños o troneras; los primeros días de cochura nos dejan ver el color negruzco de las piedras del interior, poco a poco de van tornando en un color anaranjado, alcanzando al final un color amarillo oro, que unido a la inexistente salida de humo (sólo expulsa calor o fuego limpio), nos indica que la piedra está cocida.

La clave formada por pequeños orificios en la parte más elevada del horno, dirige los fuegos hacia las rocas, en esta zona más pequeña, que aún no ha alcanzado el punto óptimo de cocción. La apertura de éstos, se realiza manualmente y de forma aleatoria, con una distancia entre ellos de unos 50 cm. y sirviéndose de una barreta de acero. Una vez se alcance el punto de excelencia deseado, asegurándose de que no queda ninguna zona sin cocer, el proceso ha finalizado.

El calero procederá a tapar la puerta de alimentación, así como la puerta terriza y el caballo, evitando la entrada de aire que deteriore el producto final. El fuego se ahogará poco a poco y el horno de apagará lentamente.

Toda la piedra contenida en el interior debe estar perfecta y totalmente cocida pues, una vez acabada la cochura, el vaso se utilizará de almacén del producto, extrayéndose según la demanda. Si quedasen algunas piedras sin cocer, éstas tardarán en enfriarse más que la cal, provocando una pulverización de la misma.


LA COMPOSTURA
Durante los días que dura la cochura, el horno necesitará reparaciones. La arcilla que lo recubre se agrieta a causa del asentamiento de la construcción y las temperaturas a las que se ve sometido. A estas labores se les denomina compostura.

Es de las labores más duras del calero, pues se enfrenta cara a cara con el fuego, con la única protección de su experiencia y saber hacer, siendo sus principales herramientas la audacia y la eficacia. No se puede permitir fallos, ni acciones inadecuadas, dado el entorno y la situación extrema de calor en la que se encuentra. Además ha de controlar el tiempo empleado en la compostura, pues si se alargara demasiado provocaría un enfriamiento y retrasaría todo el proceso de cocción.

La arcilla que cubre la cabeza del horno se resquebraja y entre las grietas se pierde calor por fuga descontrolada de fuegos. Para ello, dos veces al día, a primera hora de la mañana y a última de la tarde, los caleros han de reparar el horno por la parte superior, asentando la arcilla de caliza desprendida y colocando arcilla nueva. El maestro aprovecha la dirección del viento para no padecer todo el calor desprendido. 

El trabajo se hace manualmente, preparando una parva de barro, realizada con un metro cúbico, aproximadamente de arcilla caliza, la cual se ha seleccionado con anterioridad en las pequeñas canteras existentes en el entorno. No todas las arcillas son aptas para estas valores, hay que saber seleccionar las más puras, en cuanto a suavidad, dado que la aplicación ha de realizarla con sus propias manos, y a plasticidad, para optimizar la cubrición de las zonas deterioradas y aumentar la durabilidad de la reparación. Entre tanto, otros operarios, junto al maestro calero, van asentando con largas barras de hierro, las zonas agrietadas, hasta que toda la zona deteriorada de la cabeza del horno queda asentada y homogénea, procediendo a tapar con barro.

El punto de cocción lo va indicando el color amarillo oro de la caliza se visualiza a través de los caños. Estos se van tapando con la intención de ir dirigiendo el fuego hacia otros. La acción se repetirá con todos y cada uno de ellos, unos cuarenta. El proceso se mantiene 1,5 hora, acompañado de la gran actividad y vigorosidad de los caleros, coordinados perfectamente, para soportar temperaturas extremas. La flaqueza e indecisión de un compañero, perjudicaría la labor e integridad del otro, la compenetración ha de ser perfecta.

Conforme pasan los días, la cabeza del horno baja, introduciéndose en el vaso. Si al principio media unos 3,5 m. ahora no alcanza los 80 cm. gracias a las labores de compostura, llegando a tapar todas las troneras así como la clave. Las labores de compostura finalizan, una vez se ha comprobado que la hornada está cocida en su totalidad.


LA CAL
Pasados unos días desde la finalización de la cocción, se procede a la extracción de la cal. En primer lugar, se retiran todas las piedras que formaban la cinta así como, la arcilla utilizada en las labores de compostura, dejando libre toda la cal cocida de la cabeza del horno. La cal aún mantiene una elevada temperatura, por lo que no se puede manipular con comodidad en estos primeros momentos. Se utilizan máquinas excavadoras para las primeras labores, dejando la cal extendida en el suelo, enfriándose.

Una vez fría, se selecciona la cal apartando los barros de arcilla cocida que puedan aparecer, para proceder al envasado o apagado según su destino en el mercado: cal viva en terrón, cal apagada en polvo y cal en pasta.

La cal viva en terrón es la forma más tradicional de comercializarla. El calero escoge los terrones de mejor calidad, envasándolos en sacos de plástico. Los terrones de menor tamaño, así como las arcillas cocidas y el polvo resultantes de las labores de compostura, van destinados a la fabricación de cal apagada (hidróxido cálcico). Reseñar que las arcillas cocidas resultantes, le aportan al hidróxido cálcico artesanal, propiedades hidráulicas que favorecen la rápida carbonatación y elevada resistencia a la compresión a los morteros con este producto, sin restarle elasticidad.


El proceso de fabricación de cal apagada en polvo se realiza al aire libre. La cal se extiende previamente en la polvera o suelo de la zona de apagado, se le aporta el agua necesaria por irrigación y, se remueve reiteradamente, mediante una pala excavadora, hasta conseguir su apagado completo. Tras reposar un par de días y enfriarse, se procede a molerla mediante molinos de impacto. Posteriormente se criba para conseguir los tamaños óptimos, dependiendo del uso al que se destine: elaboración de morteros para la construcción, tratamientos agrícolas, ganaderos, etc. Finalizado el proceso de molido, la cal en polvo pasa a las tolvas de envasado, donde reciben un último regado, garantizando el total apagado y la optimización del material.

El proceso de cal en pasta, es por inmersión. Para ello se utiliza un apagador o balsa, provisto de un agitador encargado de batir totalmente la cal de forma homogénea. La pureza de la cal artesanal de Morón de la Frontera, permite elaborar productos de altísima calidad. Esto se consigue gracias a la riqueza del carbonato cálcico utilizado en la calcinación, al combustible (leña de olivo), al tipo de horno y el sistema de cocción lenta y controlada por los expertos artesanos.

En la actualidad, se están fabricando morteros y pinturas de cal, sin necesidad de aportar componentes químicos, que satisfacen las necesidades de los mercados más exigentes.

Se está desarrollando una línea de productos de última generación, destinados a todo tipo de mercados: restauración, rehabilitación, bioconstrucción, etc. Sirvan de ejemplo, las cales hidráulicas, los morteros de cal en polvo o en pasta, los estucos, los tadelakts o las pinturas de cal, donde solo se utilizan para su elaboración, aditivos naturales presentes en la naturaleza, usados sabiamente por el hombre desde la Antigüedad.

La piedra caliza es una roca sedimentaria compuesta en su inmensa mayoría por carbonato cálcico “CaCO3”que después de someterlas a un proceso de calcificación a 1000ºC da lugar a una sustancia llamada oxido cálcico “CaO o cal viva”. Posteriormente debido a una reacción violenta de la cal viva con el agua, da lugar a una sustancia química denominada hidróxido cálcido Ca(OH)2 o cal apagada.



Reconocimientos e Inscripciones

1993  

Inventario de Arquitectura Popular de Andalucía de la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

2009  

Inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural (B.I.C.), con la tipología jurídica de Lugar de Interés Etnológico.

Miembro de la RED CIE, Red de Centros Etnográficos de Andalucía promovida por la Consejería de Innovación.

Ruta Cultural IAPH “De canteras, hornos, usos y significados: Ruta de la cal en la localidad sevillana de Morón de la Frontera”.

2010

Inscritos en el registro del Instituto Abdaluz del Patrimonio Histórico en el Atkas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía.



2011

Declarado por UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad “Revitalización del saber tradicional de la cal artesanal en Morón de la Frontera (Sevilla, Andalucía)”.

A las 16.30 h. local (9,30 en España) del día 25 de noviembre de 2011, en la Convención para la salvaguarda del Patrimonio Inmaterial intangible, que se celebró en Bali (Indonesia), aprobó la candidatura presentada desde el Consejo de Patrimonio Histórico de España con el título “Revitalización del saber tradicional de la cal artesanal en Morón de la Frontera, Sevilla, España”, por iniciativa de la Asociación Cultural Hornos de Cal de Morón.

2013

Incluido en la Red Española de Turismo Industrial.

“Paisaje Protegido del Alto Guadaira”. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía.

Ruta Internacional Andalucía y Marruecos. Instituto Andaluz del Patrimonio Artístico.

2016

Inscrito en el Registro de Paisajes de Interés Cultural de Andalucía. Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Consejería de Educación, Cultura y Deporte.

Incluido en Planes y Programas educativos de la Consejería de Educación, enmarcado en el Plan Nacional de Educación y Patrimonio. “VIVIR Y SENTIR EL PATRIMONIO”.




Desde el Espacio Santa Clara donde se encuentra ubicada la exposición "EN CAL VIVA" de Morón, legado ancestral en lo más profundo de la tierra y una de las señas de identidad más importante de nuestro pueblo, con la retina del recuerdo en el Museo de la Cal, para el blog de mis culpas...



P.D. Las epidemias desde tiempos muy pretéritos han contribuido a instalar en la memoria colectiva de los pueblos blancos el tradicional encalado como rito social. El encalo con hidróxido cálcico Ca(OH)2 o cal apagada como antiséptico natural comenzaba con la llegada de la primavera desde tiempos ancestrales contribuyendo a erradicar la peste o el tifus entre otras enfermedades infecciosas. Incluso desde tiempos inmemoriales se sellaban con cal viva [óxido cálcico CaO] las tumbas para evitar posibles contagios.


Términos de interés

Antropología proviene del término griego ἄνθρωπος “hombre” y λόγος, «conocimiento» es la ciencia que estudia de forma integral al ser humano de forma integral.
Etnografía proviene del término griego  έθνος  "pueblo o  tribu"  y γράφω  "descripción", es el estudio integral de los pueblos y culturas.


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