martes, 23 de abril de 2019

Memorias de África "Rabat, Marrakech y el Valle de Ourika"


Cercano el 60º aniversario de nuestra presencia en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco, debo comenzar a saborear profundamente el tiempo que me quede y que no podemos comprar -como diría el poeta Mario Andrade en su hermoso poema "Mi alma tiene prisa"-, buscar la esencia de las cosas, sin soportar a personas absurdas, tóxicas o vanidosas, que a pesar de su edad cronológica, aún no han crecido. En definitiva, llegar al final de mis días en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

La vejez comienza a manifestarse cuando ocupan mayor peso en nuestras frágiles entendederas, los recuerdos que las ilusiones y proyectos. Es entonces, cuando la nostalgia puede proyectarse a través de nuestras canas de plata y manifestarse bajo un enorme peso en nuestra alma, -se canta lo que se pierde, como diría uno de los colosos de la literatura del siglo XX, don Antonio Machado-. 

Por tanto, leer y viajar “haciendo camino al andar” con vientos alisios nos irá permitiendo ir soltando amarras para expandir nuestra mente y por consiguiente, cambiar nuestra concepción del mundo, valorando y respetando siempre las identidades culturales junto con la diversidad.  

¡Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una! Porque cada día es un comienzo nuevo, como diría el inolvidable poeta Mario Benedetti.
 “Salam Aleykum” 
“La Paz sea contigo” 

Comenzaba a despertar el Jueves Santo entre el antiguo Cerro de la Atalaya "al-kúdya aṭṭaláya", ubicado en el antiguo arrabal de Santa María, mientras la tierra de Villalón, impregnada entre efluvios de incienso y azahar, se preparaba para vivir con la máxima intensidad los días mayores de nuestra Semana Santa. Sin embargo, nuestra retina miraba al cielo que nos desafiaba con las más preocupantes previsiones meteorológicas.


Mientras el día comenzaba a desperezarse lentamente, comenzamos a orientar nuestro sextante autodidacta en busca de la antigua ruta de los almorávides y almohades, que nos acercaba al punto más meridional de Europa “Tarifa, la antigua Yazirat Tarif” con la didáctica intención de seguir oteando nuevos horizontes culturales en busca de las últimas huellas de Averroes y Abentofail en Marrakech o Al Motamid de la antigua Ishbiliya, en Agmat, cerca de Marrakech. Verdaderos y sólidos argumentos para poder compartir con nuestros amigos del blog de mis culpas.

Era la segunda vez que se nos presentaba con “Jolin Viajes”  con Eli a la cabeza de la expedición -desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco-, la grata oportunidad de visitar Marruecos (Tánger, Rabat, Marrakech, y el Valle de Ourika en el Atlas) que complementa nuestro primer viaje realizado en septiembre pasado al país alauita (Tánger, Tetuán, Chauen, en las montañas del Rif, Meknés, Rabat y Asylah). 

Tal vez haya sido el denominado "Mal de África", -que no es ninguna patología- lo que nos ha hecho volver a visitar el Norte de África y Marrakech en esta ocasión, porque es posible que sea cierto que su magia contagia y nos atrapa entre olores, colores y sabores, con sus profundos contrastes.

Atrás dejamos bellos términos geográficos o ciudades bajo etimología andalusí que se rezumen por todos y cada uno de los poros de nuestra geografía, y donde el aceite “azzeit” de oliva como oro verde extraído de las antiguas almazaras “al-ma'sara” junto a la blancura de la cal de mi pueblo como patrimonio inmaterial de la Humanidad, forman el “verde y blanco” de nuestra bandera de Andalucía.  

¡El color verde de la bandera de Andalucía corresponde al color de los omeyas y el blanco, al imperio almohade. Dos de las épocas con mayor esplendor de un poder político en el territorio de la actual Andalucía según la óptica de Blas Infante como máximo ideólogo del andalucismo político!

La antigua Ishbiliya “Sevilla”, Wad al Kabir “río Guadalquivir”, Taraf al-Ghar “Trafalgar” o Yebel al Tarik “Gibraltar” entre otros muchos términos como al-kúdy, Dar al Bayda o Dar al Imara, son un ejemplo de una bella etimología de tiempos andalusíes como referentes importantes en la historia de Andalucía y en nuestra identidad cultural.

La antigua Ispal “tierra llana de los tartessos” llegaría a ser romanizada bajo el nombre de “Híspalis” en la Bética Romana con su aportación al Imperio y arabizada en tiempos de Al Ándalus como “Ishbiliya” que se manifiesta en toda su grandiosidad en tiempos de los almorávides y almohades que dejaron su impronta en la Giralda, hermana de la torre de la Kutubiya de Marrakech y de la Torre Hasán de Rabat.

Y llegamos a Tarifa “entre dos aguas” donde existe el refrán “la madre que parió el viento de levante y de poniente” al desarbolar no pocas veces los sentidos de quien la visita por razones obvias. Después de pasar los trámites fronterizos nos esperaba un ferry a las 9,00 a.m. que nos acercaría a Tánger, ubicado en las antiguas costas de Berbería “bárbaros o extranjeros”.

Al no pertenecer Marruecos a la Unión Europea es necesario llevar en regla nuestro pasaporte y DNI se recomienda cambiar algo de dinero “1 euro = 10,85 dírham”, sin olvidar que en Marruecos es necesario atrasar el reloj una hora.

Poco a poco ponemos “viento en popa a toda vela” gracias a nuestra proa autodidacta a partir del punto más meridional de la península ibérica “Punta de Europa o Punta marroquí” cerca de la Isla de las Palomas donde se abrazan el cálido Mar Mediterráneo con la inmensidad del frío Océano Atlántico. Abandonamos el Puerto de Tarifa a través del dique exterior en busca de la Punta del Santo.

La angostura del Estrecho nos permite percibir en días claros el antiguo Monte Calpe (Gibraltar) en la orilla peninsular y el Monte Hacho (Ceuta) junto con el Monte Musa -el guardián de África- en el territorio de Marruecos, de los cuales nos recuerda la leyenda que los griegos llegaron a llamarla “Estelas de Heracles” en honor al mítico Hércules y los romanos “Columnas de Hércules”.

Los fenicios eran grandes navegantes que conocían este lugar señalando a los pueblos mediterráneos los límites seguros de la navegación. Sin embargo, los antiguos griegos creían que el mítico héroe "Hércules" abrió el Estrecho de un solo golpe para unir el Mar Mediterráneo con el Océano Atlántico para seguir buscando el ganado del gigante deforme Gerión que posiblemente vivía en África. 

La columna norte denominada “Calpe” es un término que posiblemente venga del fenicio y cuya historia se pierde en la noche de los tiempos. La columna sur denominada “Abila” se le atribuyen dos elevaciones: la denominada Yebel Musa (839 m.s.n.m.) en el norte de Marruecos junto a la otra costa del Estrecho o el Monte Hacho, de 180 m.s.n.m. en Ceuta cuya etimología deriva al parecer del vocablo romano “septem fratres”, la ciudad de las siete colinas al igual que Roma. Los romanos comenzaron a llamar Mauretania al Norte de África latinizando a sus habitantes bajo el término “Maurus”. 

En tiempos muy pretéritos, las Columnas de Hércules delimitaban el fin del mundo conocido hasta 1492 “Non terrae Plus Ultra" (no hay tierra más allá). Más allá sólo existían las tinieblas e inseguridad para la navegación. Al-Ándalus viene del griego Atlantis. Platón situó aquí la Atlántida. Lo mismo que Sefarad viene del Jardín de las Hespérides. Al-Ándalus y Sefarad serán los paraísos perdidos de la cultura grecolatina, no de mitos beduinos o árabes. 

El Peñón de Gibraltar -424 m.s.n.m.- fue denominado Yabal al-Tarik en recuerdo del general Táriq ibn Ziyad, quien dirigiera el desembarco en este lugar allá por el 711 de nuestra era. Al Ándalus se encontrará en la cima cultural del mundo “Abderramán III y Alhakén II” comenzando el primer Renacimiento europeo pero en lengua árabe. La negación de Al Ándalus es un componente de nuestro complejo por ser españoles. El descubrimiento de los presuntos restos de Santiago Apóstol será la génesis de la peregrinación cristiana de Europa, similar a la árabe a la Meca “Oriente y Occidente”, “Yihad frente a futuras Cruzadas”.




Y llegamos al Norte de África "Marruecos"

Es evidente de que si pretendemos introducirnos en el antiguo Al Magrib “donde se pone el sol” es necesario aparcar al menos durante unos días nuestra mentalidad europea al darnos no pocas veces la impresión de que penetramos en una especie de túnel del tiempo como si nos sumergiéramos por momentos en la literatura de Harún al-Rashid "Las Mil y una noches", sobre todo en Marrakech.
Dos grandes civilizaciones, dos religiones, dos continentes, con dos formas diferentes de pensamiento bajo una realidad social que nos permite valorar aún más nuestro lugar de origen, en la tierra de Villalón, ubicada en la frontera de nuestra propia esperanza.

Nos esperan de nuevo efluvios y reminiscencias andalusíes en el Norte de África, donde Marrakech brillará con luz propia, al igual que Fez, Chauen o Meknés. La retina del recuerdo nos refresca la memoria cuando visitamos por vez primera en Tánger una farmacia bereber, donde nos manifestaron que aunque estamos pocos kilómetros de distancia entre Marruecos y España, es posible que mentalmente nos encontrásemos a varios siglos de distancia.

Las relaciones entre Islam y Cristianismo nunca fueron fáciles a lo largo de la historia. Dos grandes civilizaciones, dos continentes, dos religiones, vecinas históricamente aunque cargadas de desencuentros a lo largo de su dilatada historia, con enormes contrastes sociales, religiosos y culturales que jamás dejarán indiferente al viajero aunque siempre se quedará con ganas de volver a visitarlo; tal vez sea el denominado "Mal de África" que aunque no sea patológico, nos obliga de alguna forma a volver a visitarla.

Tánger

Y llegamos por segunda vez al puerto de Tánger, cuyo puerto en tiempos pretéritos llegaría a ser testigo del tránsito a su destierro del rey poeta “Abu I-Qasim Muhammad Al-Mutamid” de la antigua Ishbiliya “Sevilla” en busca del aduar de Agmet, cerca de Marrakech. Aquel acontecimiento histórico (7 de septiembre de 1091) nos recuerda salvando las distancias, la diáspora del desdichado Boabdil siglos más tarde.

En el puerto de Tánger nos esperaba de nuevo nuestro guía Abdul "el bereber", natural de Tánger, acompañado de Omar, el chófer y su acompañante Mohamed. Cada vez que se le presentaba una oportunidad, Abdul nos recordaba algunas frases tradicionales en árabe para que las fuéramos asimilando:

“Salam Aleykum” -que la paz sea contigo-, a lo que se debe contestar “Aleykum Salam”.

Cuando concluía Abdul sus "arengas", usaba siempre el término “Wakja, ¡sí!”. Aunque en verdad, lo que aprendimos a decir el mayor número de veces al observar a las decenas de vendedores callejeros que nos “acosaban” con sus productos era “la Choukran -no gracias-” mientras ejercían el tradicional regateo.

El perro y el cerdo son considerados por la religión musulmana animales impuros, siendo el gato el animal preferido de compañía.

Transitando por Tánger nuestra retina iba captando varios colegios con nombres españoles como “Severo Ochoa” o el “Instituto Cervantes” entre otros, ubicados en la antigua zona española. “Abdul” nos comentaba que los profesores españoles estaban muy valorados y cotizados echando raíces algunos en el Norte de África. 

En pleno corazón de Tánger nuestra mirada captaba la primera vez que la visitamos sobre un altozano el mítico Hotel “El Mizah -bella vista-” que según muchos cinéfilos serviría de inspiración para la mítica película Casablanca -con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman-, en aquel Tánger lleno de espías y agentes dobles que conspiraban desde el ocaso hasta el alba en los salones del hotel, llamados por necesidades de guión Rick's Cafe. Por las habitaciones de El Minzah y por su famoso Caid's Bar han pasado los actores como Rita Hayworth y Rock Hudson, el diseñador Yves Saint-Laurent y los escritores Tennessee Williams o Paul Bowles, de quien se cuenta que daba sus entrevistas acomodado en los sillones del bar. El cineasta Bernardo Bertolucci rodó parte de su película “El cielo protector” inspirada en la obra de Bowles, en los salones de El Minzah, como también lo fueron algunas escenas de “El tiempo entre costuras”.

No cabe duda de que cuando entramos en cualquier medina del Norte de África nuestra visión captaba los impresionantes minaretes que continúan como referentes verticales de la religión musulmana al igual que el campanario lo es de la cristiana, muchos de los cuales se encuentran en la península cristianizados con cuerpos de campanas como es el caso de la Giralda de Sevilla o la torre de San Miguel de Morón entre otros monumentos, testigos de un pasado andalusí. A lo largo de todo el recorrido por Marruecos se puede observar infinidad de mezquitas incluso en las pequeñas aldeas con escasos habitantes, lo que demuestra la enorme influencia que ejerce la religión en los aspectos cotidianos de la comunidad musulmana. 

Nuestro guía nos recordaba a nivel didáctico:

El Estado de Marruecos es semi-laico, moderado y permisivo siendo además una sociedad multirracial donde los bereberes autóctonos llegan al 60% de la población. El analfabetismo supera el 35% siendo la educación obligatoria hasta los 15 años "artº 7 de la Constitución", aunque muchos niños no terminan su educación al tener que trabajar en el sustento familiar. No se cobran impuestos en la agricultura, pesca y artesanía estando mal visto que se cobre de la prostitución y de la droga. 

La Administración en Marruecos se encuentra afrancesada. La mayoría de las asignaturas se dan en francés, no en árabe. En la escuela se estudia como idioma el árabe clásico y el francés ampliándose a los trece años otro idioma que puede ser el español. 

La monarquía en Marruecos es constitucional, parlamentaria, democrática y social que coincide con los vientos de la primavera árabe. El Parlamento tiene 600 diputados y el 20% son mujeres. Las riendas del poder las tiene el presidente del Gobierno, existiendo treinta y siete partidos políticos con Mohamed VI mientras que con Hasan II existían 12 partidos. Existe la "libertad de expresión con sus límites y normas". La clase política tiene inmunidad parlamentaria siendo intocables.

Todo el Derecho en Marruecos está regido por el Derecho Internacional mientras el 10% lo forma la Sharia "herencias y casamientos".

La familia real desde 1666-67 es la segunda más antigua del mundo, descendiente del Profeta. El Rey posee un título espiritual "Califa o príncipe de los Creyentes". 

En muchas tribus nómadas existe la poligamia aunque si no existe el acuerdo de la primera mujer no te puedes casar con la segunda. "Todas las mujeres son legales" no existiendo hijos bastardos.

El alminar musulmán se encuentra orientado en dirección NE-SE mientras que la iglesia cristiana se encuentra su ábside y presbiterio donde se encuentra el altar orientado a oriente (E) donde nace el sol y la luz mientras la puerta principal orientada al oeste.

La vestimenta tradicional en Marruecos es la chilaba “zellaba” de lana o algodón utilizada tanto por hombres como mujeres. Es una especie de túnica con capucha que protege del sol y del frío. El traje elegante masculino se denomina “kandura”.

Las chilabas pueden ser prendas anchas y largas y de varios colores (los hombres optan por colores muy claros), dependiendo del gusto de cada persona. Pero tradicionalmente, los colores elegidos entre las tribus pueden indicar el estado civil, por ejemplo, el color marrón oscuro es utilizado por los solteros. La chilaba posee un bolsillo en su parte izquierda que permite miccionar sin dificultad.

Entre lo que nuestro guía Abdul nos proyectaba con lo didáctico de su disertación entre ruta y ruta y lo que nuestra retina captaba “in situ” se estaba formando en nuestras frágiles entendederas -lo que está a la vista no necesita candil se dice en nuestra tierra- una idea aproximada de la sociedad del país vecino, sobre todo cuando nos adentramos en las entrañas de las medinas donde brilla con luz propia la pobreza de un pueblo. 

Es evidente que todos los guías de Marruecos tienen una comisión en los establecimientos a los que nos acercaban (farmacia bereber, curtidurías, talleres de cerámica, tiendas de plata y bisutería, visitas a las casas bereber, restaurantes, hoteles y un largo etcétera.


Foto. Alfredo Maldonado

Larache

Después de terminada la Reconquista, Melilla fue tomada en 1497 por las tropas españolas siendo Ceuta, traspasada por Portugal en 1640 -con la isla de Perejil-, lo que constituía para la Corona española el control del Mediterráneo occidental contra las incursiones de otomanos y piratas berberiscos. Las relaciones con las cabilas de aquellos territorios siempre fueron complejas, sobre todo desde que los alauitas llegaron al poder en el siglo XVII. Cabe destacar que Fernando VII (1820-1823) llegó a plantearse la venta de las plazas de Ceuta y Melilla. 

La pérdida de las últimas colonias de ultramar habían sensibilizado a la población española "antimilitarismo" al actuar la clase trabajadora como verdadera carne de cañón siendo las principales víctimas de la guerra "Semana trágica de Barcelona en julio de 1909". Aquéllos que podían pagar la cuota "clase pudiente" quedaban exentos de ir a la guerra de África mientras la carne de cañón "clase obrera" estaban destinados a pelear en la guerra de Marruecos para defender los intereses de los capitalistas españoles en el Rif y las ansias expansionistas de España tras el desastre del 1898. El Ejército y su prestigio saldrían malparados de aquellos acontecimientos.

Ante la carencia de perspectivas, en el Ejército existía una desproporción significativa. En 1900 existían 471 generales y cerca de 25.000 oficiales, para un número teórico de 80.000 soldados, lo que absorbía la mayor parte del presupuesto. Tras la pérdida de los últimos jirones de nuestro imperio colonial en 1898 "Cuba y Filipinas", la retina del ejército español comenzaba a fijarse en el Norte de África. Era una oportunidad para que las escalas se movieran y se crearan vacantes para ocuparlas y ascender en grados (García Cortés).

El 25 de agosto de 1844 se firma el Acuerdo de Tánger y el 6 de mayo de 1845 el Convenio de Larache.

El 3 de octubre de 1904 Francia y España firman un acuerdo por el cual se repartían las áreas de influencia en Marruecos que ratificarían dos años más tarde en la Conferencia de Algeciras en 1906. La Guerra de África ensombrecieron la política interior española. La ambición expansionista de Francia, les llevó a tomar Casablanca y Fez mientras España ocupaba Larache y Alcazarquivir en la zona Occidental de Marruecos. El 27 de noviembre de 1912 se establecía entre ambas una zona de protectorado español y francés, siendo declarada Tánger, ciudad internacional. Francia concedería la independencia a Marruecos el 2 de marso de 1956 y España lo haría el 7 de abril del mismo año.

Se podría decir que entre España y Marruecos ha existido siempre a lo largo de la historia una atracción fatal estando condenados por razones históricas, culturales y de vecindad a entenderse.

A 90 km. de Tánger se encuentra Larache con reminiscencias españolas que provienen del antiguo protectorado español entre 1911 y 1956. Allí almorzamos durante nuestra primera jornada en el Restaurante "SALIME-Al Khozama". De Larache en dirección a Rabat nos encontramos las tierras de cacahuetes, almendras, nueces, fresas, sandías, cañas de azúcar y aguacates.

A partir de Tánger, cuando el turista paga en cualquier restaurante u hotel, normalmente lo realiza en euros haciéndonos la devolución de la cuenta en dirham, con lo que ganan más dinero con la picaresca, al tener un valor superior la moneda europea. Casi siempre que pagamos la cuenta va otro camarero con dinero en la mano para efectuar el cambio. 

En Quetama "Isaguen", en las montañas del Rif a 150 km. de Chauen, se cultiva el cannabis. Los narcos engordan sus enormes faltriqueras mientras que los campesinos siguen siendo muy pobres. Es evidente que la demanda en Occidente anima su producción. Son muchos los millones de euros los que se mueven por el camino. El Estado es duro con las drogas extranjeras mientras es permisivo con las nacionales. Actualmente, una coalición de tres partidos gobernantes está por la labor de la pro-legalización en las farmacias, llevándose el Estado la mayor parte de las ganancias.


Rabat 

Mulay Ismael acabó con la insurrección de los bereberes “mudayjan” unificando el país en el siglo XVII “Salam y Rabat”.

Al mediodía llegamos a Rabat, la capital política y administrativa de Marruecos -mientras Casablanca es la capital financiera del país-, para instalarnos en esta ocasión en el “Helnan Chellah Hotel” ubicado en el corazón de la ciudad junto al Museo de la Historia y Civilizaciones y cercano al Parlamento de Marruecos. No es nada extraño encontrarse en la calle a fieles de rodillas sobre una alfombra con sus rezos diarios en dirección a la Meca.

En todas los hoteles, tiendas, restaurantes, cafeterías o puestos ambulantes se puede observar la fotografía del rey Mohamed V.

"Patria, Dios y Rey es el lema de Marruecos".



En la Mezquita Inacabada de Rabat se puede observar la impronta almohade caracterizada por su grandiosidad, sobriedad y el uso magistral del tapial y la piedra. Fue mandada construir al igual que la Giralda en la antigua Isbylia “Sevilla” por el califa Yacub al-Mansur “El Victorioso”.

Destacan en las enormes murallas los abundantes mechinales que eran orificios que servían para introducir las vigas de maderas horizontales que formaban un andamio que permitía seguir labrando la muralla. Al ser retirados los andamios quedaban unos grandes orificios que tenían la finalidad de que la corriente de aire entrara por ellos, refrescando y no dilatando la obra por los cambios bruscos de temperaturas.

En Rabat nuestra retina capta las enormes murallas que rodean la medina para amparar a sus habitantes. La Casba de los Udays "Alcazaba de los Udayas" se encuentra en un vergel, en la desembocadura del río Regreg, que divide Rabat con la vecina Salam. El tramo de la alcazaba actual se remonta al imperio almohade. Destaca la puerta monumental de Bab el-Kebir.

Nuestro guía nos introducía en la alcazaba a través de sus grande puertas "Bab" que se encuentran cerca de la desembocadura del río Buregreg, que divide a la ciudad de Rabat con la vecina Salé. La alcazaba fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2012. Después de pasear por las angostas y sinuosas callejuelas, hicimos un alto en el camino en una tetería junto a los jardines de la alcazaba donde degustamos sin prisas el tradicional té verde con menta o hierbabuena acompañado con unas deliciosas pastas que nos permitía recuperar energías para afrontar el resto de la tarde.

Desde la Alcazaba de los Udayas nos dirigimos a la explanada de la Mezquita Inacabada donde nos sorprenden -como si fuesen centinelas haciendo guardia- unas enormes hileras de columnas solitarias bajo el cielo de Rabat, con diversos tamaños que deberían de haber sustentado una enorme mezquita con capacidad para 40.000 fieles con su alminar que debería alzarse a los 80 metros de altura; proyecto que quedará interrumpido tras la muerte del califa y donde un gran alminar con algunos paños de “sebka o motivos decorativos de origen islámico en forma geométrica” también inacabado quedará reducido a 44 metros como testigo de una época histórica.


Los pilares de la "Mezquita Inacabada" provienen de las ruinas romanas de Volúbilis.

La Torre Hasan II es muy similar a su “hermana gemela” la Giralda de la antigua Ishbiliya “Sevilla” sin el cuerpo de campanas. Ha sido restaurada por la Unesco junto con la alcazaba que se encuentra siendo restaurada. Junto a ella se encuentra una bella fuente con el árbol genealógico de la familia real alauita.

En un extremo superior de la explanada se alza majestuosamente el Mausoleo de Mohamed V en mármol blanco que contrasta con la sobriedad del conjunto. Destacan sus bellos alicatados y una enorme bóveda de caoba con paños de pan de oro que acogen los sepulcros del Rey Mohamed V,  de su padre Hasan II y de su hermano Muley Abdalá, velados por un talib que recita el Corán para el descanso eterno de los ilustres difuntos.



El Mausoleo de Mohamed V -al igual que las mezquitas y alminares musulmanes- se encuentra rematado como todas las grandes obras musulmanas por el “yamur” que son tres esferas en orden descendente como terminación de la arquitectura musulmana sin un significado definido aunque existen diversas teorías proyectadas a una plenitud asociada al Universo y a Dios.

Durante nuestra primera visita escuchamos por los altavoces ubicados en la explanada el eco de aves rapaces grabado al objeto de espantar a las palomas y evitar que sus heces “la palomina” erosionen las piedras. Pero durante la segunda visita no se pudo escuchar.

El mausoleo posee cuatro puertas principales escoltadas por guardias reales tanto en su exterior como en su interior. La dinastía alauita es la segunda más vieja del mundo (1666…), descendiente del Profeta Mahoma, árbol genealógico al cual pertenece.

A la salida de Rabat se encuentra el Bosque de Mamora con más de 130.000 hectáreas de alcornocales donde entrenaran los legendarios atletas marroquíes Saïd Aouita e Hicham El Guerrouj, especialistas en carrera de medio fondo. Se pueden apreciar también las cuadras de caballos de pura sangre árabe. También nos comentó Abdul que en Rabat existen siete clases diferentes de eucaliptos, muy buenos para paliar las molestias respiratorias.




Casablanca “Dar al Baida”

Entre Rabat y Marrakech transitamos por la capital financiera y la mayor ciudad de Marruecos “Casablanca” con siete millones de habitantes. Su origen se remonta a tiempos muy pretéritos, cuando los marinos portugueses costeaban por un lugar que la identificaban con una pequeña casa blanca situada sobre la antigua colina “Anfa”. Los nativos denominaban casa a la medina. 




Marrakech

Abraham es el padre de las tres religiones monoteístas “judía, cristiana y musulmana”. El Viernes es un día sagrado pero laborable donde la oración es obligatoria. No es nada extraño encontrarse a algunos fieles orando en los jardines o aceras,  en dirección a la Meca.

Entre bosques de eucaliptos y alcornocales desde Rabat llegamos entre grandes montañas de color ocre al Gran Oasis de Marraquech cuyo palmeral de más de 150.000 palmeras sirviera de asentamiento a las tropas del emir almorávide Yúsuf ibn Tašufín, primero de la dinastía bereber de los almorávides, que reinó sobre Marruecos. Los guerreros representan las tradiciones de tiempos pretéritos.

Etimológicamente, el término Marruecos proviene del nombre de su antigua capital Marrakech “Tierra de Dios” fundada en 1062 por los almorávides que hicieron de ella su capital en el sur de Marruecos al pie del Atlas a 466 m.s.n.m. Marrakech junto con Meknés, Fez y Rabat han sido consideradas desde tiempos muy pretéritos las cuatro ciudades imperiales de Marruecos con monumentos que forman parte del Patrimonio de la Humanidad. 

En Marrakech reposan los restos de filósofos y médicos andalusíes de la talla de Averroes o Abentofail entre otros personajes de la cultura universal cuyo legado llegaría a ser el faro de Europa que ayudaría a disipar nuestras brumas culturales beneficiando al pensamiento posterior del mundo latino (Santo Tomás).

No debemos de olvidar que la lengua árabe en la antigua Al Ándalus llegó a ser sinónima de refinamiento y erudición sirviendo como vehículo para introducir las primeras traducciones al árabe de los filósofos griegos. La madraza o universidad islámica, creada en el siglo XI, llegaría a ser el embrión de las universidades europeas.

Cuando la Europa cristiana, en el año 1000 estaba bajo el influjo del fin del mundo, Al-Biruní calculó el radio de la Tierra demostrando que nuestro planeta giraba alrededor del Sol. También confirmaron la esfericidad de la Tierra siglos antes de que Colón descubriera el Nuevo Mundo.

Abentofail “Ibn Tufail” (Guadix 1110 - Marrakech, 1185).

Fue filósofo autodidacta y eslabón previo a Averroes. Fue traducido al hebreo por Moisés de Narbona en 1349 y al latín por Pico de la Morandola a finales de 1400. Explicaba viajes y situaciones de la mente andalusí que llevaría hasta el Robisón Crusoe de Daniel Dafoe en 1719. Su obra fue ignorada en España durante siglos.

Ibn Tufail "Abū Bakr Muḥammad ibn ʿAbd al-Malik ibn Muḥammad ibn Ṭufail al-Qaisī al-Andalusī" fue médico, filósofo, matemático y poeta. Participó en la vida cultural, política y religiosa de los almohades en Granada. Estudió Derecho islámico y medicina. Estuvo al servicio del califa almohade Abu Yaqub Yusuf, como médico. Ibn Tufail “Abentofail” atrajó a la corte all filósofo Averroes aconsejándole que transmitiera de forma fiel la filosofía de Aristóteles.

Averroes “Ibn Rush” (Córdoba, 1126 - Marrakech,1198).

Averroes modificó el enfoque del pensamiento árabe oriental oponiéndose a una cierta Teología de la Creación, acercándose a un cierto materialismo “madiyya”. El método averroísta de libre pensamiento parcelaba muy bien los límites en que la religión y la filosofía no deben cruzarse. Con Averroes, la mirada a los griegos es diferente al separar la filosofía “el conocimientos” de la religión. La fuente estaba en acercarse a los antiguos sin hipoteca teológica. Al sabio le incumbe buscar la verdad. 

“Refutación de los filósofos”. La razón y revelación son dos modos de conocimiento que no deberían entremezclarse, Averroes delimitaba los ámbitos: la razón para la filosofía y le fe para la religión. 

Averroes estudio medicina y astrología. Pero Averroes será conocido en toda Europa como el comentarista de Aristóteles apareciendo como tal en las anotaciones de Tomás de Aquino, en los consejos de Maimónides, en sus correligionarios judíos interesados en el griego.

En 1168, se había producido la primera entrevista con el califa, a instancias de Abentofail. Y Abu Yacub, lo habría acogido bajo su protección nombrándole cadí de Sevilla, así como médico de la corte. 

Averroes llevó a cabo tres grados de comentarios a Aristóteles. Comentó a Ptolomeo, Galeno, Avicena y Avempace entre otros. Redactó la Refutación a la refutación frente a Algazel emprendiendo después, diversos estudios teológicos “su célebre Damima” y su “Compendio de Medicina”. 

Averroes “Ibn Rushd” es junto Abentofail “Ibn Tufail” y el tunecino Ibn Jaldun, uno de los tres árabes occidentales más influyentes.


Los almorávides en Al Ándalus (1086-1147)

Los almorávides eran bereberes fanáticos de la actual Mauritania que adoptaron la doctrina malikí. Comenzaron una guerra santa que les llevó a controlar todo el Magreb. La capital de su imperio fue Agmat (1040-1062) y Marrakech, fundada en 1062 donde permanecieron hasta 1147. Los almorávides prohibieron los escritos de filósofos y poetas considerados heterodoxos.

La doctrina jurídica malikí fundada por Malik ben Anas (siglo VIII) en Cairuán Tunez fue la más intransigente de las cuatro seguidas por el Islam, siendo introducida en Al Ándalus en tiempos de Abd al-Rahman I ben Muawiya al-Dajil “el Inmigrado” y declarada oficial por Hisam I. Su interpretación de la ley coránica se basa en una serie muy amplia de supuestos de actuación cotidiana a los que da respuestas concretas y prácticamente inapelables.


La fundación de Marrakech tiene lugar en 1062 cuando Ibn Tafsún instala en ella la sede de la dinastía almorávide y desde allí conquistaron todo Marruecos, Mauritania, la cuenca del río Senegal y parte de Argelia. Por tal motivo, se le considera a Ibn Tafsún el padre de Marruecos.

Los almorávides en sus orígenes eran criadores de camellos pero gracias a su hábil conjunción de fusionar los dogmas religiosos con la fuerza guerrera, le permitieron aumentar su influencia desde el norte de África hasta Al Ándalus donde ejerceron su control entre los años 1090 y 1146.

En 1061, Abu Bakr entregó a su primo, Yusuf ibn Tafsún, el mando, fundando en 1062 Marrakech. El fraccionamiento del antiguo Califato Omeya en reinos de taifas “banderías” llevaba implícita su fragilidad. Su modelo jurídico malikí profesaba obediencia al califato abbasí.

Los almorávides “almuravit u hombres del ribat -rábita-”, eran una confederación de tribus bereberes para proteger las rutas comerciales y los centros musulmanes aislados. Las rábidas eran fortalezas escuelas musulmanas propagadoras de la fe islámica dedicadas a la oración y a la “yihad o guerra santa”. Estos lugares implicaba como lugares de oración la existencia de una mezquita. Los monjes guerreros recibían el nombre de morabitos “la Rábida, la Rápita o Rabat en Marruecos", son un ejemplo de ello”.

Al-Motamid ibn Abbad de la antigua Ishbiliya pidió ayuda a los almorávides tras la pérdida de Toledo en 1085. Los almorávides vencieron a los cristianos en Zalaca o Sagrajas -cerca de Badajoz-el 23 de octubre de 1086, lo que permitió detener el avance cristiano.

Pero la debilidad de las taifas musulmanas “banderías” ante la continua relajación de sus costumbres religiosas continuaron por la misma senda, volviendo éstas a pedir ayuda a los integristas almorávides que gustaban del tipo de vida de Al Ándalus.

En la primavera de 1090, desembarcaron los almorávides en Algeciras, contando con el apoyo de los juristas malikíes, fanáticos ortodoxos, lo que hizo que ocuparan en marzo de 1091 Córdoba, en septiembre Sevilla de Motamid, Badajoz cayó en 1094, en los últimos meses de 1099 Granada sin ningún tipo de oposición y Valencia en 1102. Estas conquistas pusieron de manifiesto que los almorávides eran superiores militarmente a los cristianos aunque no pudieron conquistar Toledo.

Los almorávides llegarían a acuñar moneda en la ceca de Córdoba. La voluntad almorávide de continuar moralizando el mundo islámico se desvaneció ante el lujo y las riquezas de la corte de Córdoba que junto con los rencores e intrigas palaciegas por conseguir el poder, les llevaría en poco más de un siglo a su ruina definitiva.

En 1118 comenzará el declive almorávide, tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador.


Los almohades “al-muwahidum, unitario” en Al Ándalus (1147-1213)

Eran bereberes del Atlas y opuestos a la interpretación literal del Corán y doctrinas malequíes. Los almohades “unificadores del Islam”, negaban la intercesión de los morabitos o santones ante Dios. Su movimiento acabó con el poder almorávide y fundaron un imperio que duraría hasta 1260 con su capital en Marrakech, que sería conquistada por otro grupo bereber “los banu Marín o meriníes “benimerines” arrebatándoles Fez en 1268.


La torre de Kutubiya de Marrakech llamada Mezquita de los Libreros -kutub en árabe significa libro- es un ejemplo del arte almohade del siglo XII. Fue mandada construir por el monarca almohade Yaqub al-Mansur, cercana a los 70 metros de altura. Es de planta cuadrada y sirvió de modelo para la construcción del minarete sevillano “La Giralda” que tiene una altura de 97,5 metros. 

La Torre Hasan de Rabat fue mandada a construir por el califa almohade Yaqub al-Mansur que proyectaba construir una de las mezquitas más grandes del mundo, pero sus obras fueron abandonadas tras su muerte en 1199. Su altura debería de medir más de 60 metros, aunque se quedaría en sólo 44. La torre es hermana del alminar de la Giralda de Sevilla.



...Lo primero que nos encontramos en la parte baja del alminar son dos grandes azulejos –del árabe hispano azzuláyg que significa ladrillo vidriado-, en castellano y árabe, donde se menciona la obra del califa Abu Yusuf Yaqub al-Mansur a su alarife Ahmad Ibn Baso al que ordena la erección de esta Sawmua -torre- en 13 de safar -febrero- del año 580 de la Hégira (26 de mayo de 1184 d.C.) terminando la edificación Alí Al Gumari a finales del año 593 Hégira (19 de marzo de 1197). Renovó el arquitecto Hernán Ruiz esta Sawmua en el año 1568 añadiendo en su parte más alta el campanario renacentista, cristianizando el antiguo alminar.

El arquitecto Hernán Ruiz renovaría esta Sawmua -torre- en el año 1568 añadiendo en su parte más alta el campanario renacentista, cristianizando el antiguo alminar.

Abd al-Mumín (Sevilla, 1148-1163)

Abu Yacub Yusuf (1163-1184)

Abu Yusuf Yaqub al-Mansur (1184-1199)

Abu Abdalá (1199-1213)

En la batalla de Alarcos -cerca de Ciudad Real- (19 de julio de 1195) los almohades derrotaron a las huestes de Alfonso VIII de Castilla frenando el avance cristiano. Pero el Islam en Al Ándalus estaba sentenciado de muerte, víctima de sus contradicciones y divisiones. El declive del imperio almohade comenzaría tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Tras su decadencia, el reino nazarí de la antigua Garnatha (Granada) se consolidará hasta 1492.

El blanco de la cal de las paredes de las mezquitas será el distintivo almohade junto con sus monedas cuadradas, que quedarán hasta la época nazarí. Se trata de fenómenos exógenos que afectan a lo andalusí. 

En 1230 al-Maymun, de la dinastía de los benimerines, ayudado por Fernando II conquistó Marrakech. Poco después su hermano Abu Yusuf eliminó a los almohades y los benimerines gobernaron Marrakech durante dos siglos. En la etapa benimerin, la ciudad estuvo un poco olvidada y no hay vestigios que resaltar de su paso.

A la dinastía benimerin o marinie, como también se la denomina, le siguió la dinastía de los Wattasi y de ésta, y por último, el poder pasó a la dinastía de los Jerife, descendientes de Mahoma por línea de su hija Fátima casada con Alí. De éste último procede el nombre de alauíes, dinastía a la que pertenece el actual rey de Marruecos y de ahí la denominación de "reino alauí", anteriormente también llamado "Imperio jerifiano". Los Jerifes tomaron el poder en el siglo XVI. 




En la ciudad de Marrakech a nivel de circulación reina el caos. Casi nadie respeta los semáforos, pasos de cebra ni encienden los intermitentes, etcétera...

Abdul nos introdujo por el interior de la medina indicándonos que prestáramos atención en algunas casas que tenían dos puertas y dos aldabas. Una puerta pequeña con una aldaba era para la entrada y salida de la familia y otra puerta grande con otra aldaba para las grandes amistades, significando que la casa abría su corazón a las visitas.

En nuestra anterior visita a Fez adquirimos el tradicional Kandura "túnica árabe marroquí" acompañada del sombrero "Fez o tarbush". En Marrakech adquirimos la tradicional chilaba "zéllaba".

Todas las grandes avenidas de Marrakech convergen en la Torre Mezquita Kutubía. La Plaza de Djemaa el-Fna  o Plaza de la muerte por ser donde se exponían a los condenados a muerte en tiempos pretéritos, los jardines de la Menara con su gran laguna, el Jardín Botánico o el Palmeral, etcétera. 

En el zoco de la Plaza Djemaa el-Fnaa encontramos saltimbanquis, portadores de agua con su traje tradicional, encantadores de serpientes que abusaban como querían de los turistas pidiéndoles cantidades respetables por una fotografía (20 euros por una fotografía con una serpiente que ellos mismos se la colocaban sobre el cuello sin permiso del turista), coches de caballos, motocarros de tres ruedas, músicos y grupos tradicionales con sus coros y danzas, cuenta cuentos y un largo etcétera. Una tierra de contrastes que a veces nos proyecta a los cuentos de “Las Mil y una Noches”.

Actualmente Marrakech posee una parte importante de su economía vinculada al turismo, junto con los productos agrícolas que se exportan a Europa. Es centro comercial de su región y centro del trasporte del mineral extraído en el Atlas.  Cabe decir que en la inmensa mayoría de los restaurantes y tiendas se podía pagar en euros o en dírham.

Como si se tratara de un verdadero tuareg “nómadas del desierto” nos vestimos con las tradicionales chilabas, a falta del tradicional traje de color añil .

Durante la mañana visitamos en el oeste de Marrakech "los Jardines de la Menara" construidos en el siglo XII por el califa almohade Abd al-Mumin. El pabellón y la dársena se encuentran rodeados de huertos y olivare. Un complejo sistema hidráulico transporta el agua desde las montañas del Atlas a la dársena. Su color telúrico proviene de las tormentas y de la tierra que arrastra desde el Atlas.  Nos dijo Abdul que es posible que Menara fuera el nombre de la favorita del sultán. La dársena ha sido restaurada por la Unesco.


Desde los Jardines de la Menara pasando por la Mezquita Koutubia nos dirigimos al Palacio de la Bahía "alegre" -se pronuncia bajía-, un verdadero palacio de un antiguo visir del siglo XIX con más de 20 Ha. donde se pueden observar varios patios, jardines botánicos, etc., y donde se rodaron escenas de Lawrence de Arabia. Destacan sus artesonados realizados con madera de cedro.

Es posible que "mal bajío"venga del término bahía "bajía". 

Como manda la tradición nos tomamos un té verde con pastas en el "Argana Restaurant de Marrakech". De vuelta hacia nuestro Hotel Atlas Asni por el Boulevard Mohamed VI, nos encontramos una pequeña caravana de dromedarios descansando donde inmortalizamos nuestro viaje con la enésima fotografía.

Las cafeterías son usadas por muchos profesionales como abogados, vendedores de coches, etcétera ahorrándose la renta del local.

El dromedario originario de la Península Arábica ha sido el vehículo tradicional de los bereberes en las zonas desérticas. Posee una enorme capacidad de resistencia ante la deshidratación para soportar las condiciones climáticas del desierto, pudiendo llegar a recorrer casi 200 km. sin necesidad de beber agua. Cuando llegan a un oasis pueden llegar a beber casi 150 litros de agua en poco tiempo. 

El alimento básico de los nómadas son los dátiles y su hogar las jaimas. Se orientaban a través de las estrellas para conocer el rumbo a seguir. Cuando algún nativo enfermaba utilizaban los fármacos bereberes. En verano el calor es insoportable y antes de llegar el estío se mueven para la supervivencia de sus animales. En invierno es muy frío y seco. Los nómadas no se suben a los camellos sino que los utilizan para transportar mercancías.

Marrakech pasa por todos los avatares históricos del propio Marruecos donde portugueses, españoles y franceses pusieron sus pies, unas veces para eliminar a los corsarios, otras por represalias por permitir la piratería y, en general, por el control de sus riquezas naturales y su privilegiada situación de puerta de África.

En 1911 la capital de Marruecos pasó a ser Rabat y Marrakech pasó a un segundo plano teniendo una convulsa historia hasta la independencia de Marruecos en 1956.




También visitamos una farmacia bereber en Marrakech, donde nos mostraron diversos productos milagrosos entre especias, tisanas, aceites vegetales y esencias, cremas o perfumes, aptos para todas las economías:

Azafrán, como condimento para el arroz y el pollo.

Té a la menta, té afrodisíaco, té que mejora la próstata, naigella contra el asma, ginseng, aceite de argam, productos contra el acné, hemorroides, manchas en la piel, antiarrugas, aceites para las quemaduras, y un interminable etcétera...

A partir de Marrakech comienza la majestuosa Cordillera del Atlas que trae a la zona lluvias frecuentes durante estas fechas. Más allá se encuentra el territorio presahariano y el desierto del Sáhara, donde viven los tuareg u hombres azules.

Los bereberes del desierto usan el turbante azul índigo o añil porque consideran que los protege de los malos espíritus. Sólo dejan los ojos expuestos, para protegerse de las fuertes tormentas de arena.



El Valle de Ourika

Entre una carretera sinuosa y empinada llegamos al Valle de Ourika, famoso por su azafrán “medicinal, colorante y culinario” entre cerezos, almendros y plantas aromáticas. Para obtener 1 kg de azafrán se necesitan 100.000 flores por lo que es una especia muy cara.
El Valle de Ourika es considerado la puerta de entrada a Oukaïmeden, la estación de esquí más importante de todo el Norte de África, a una altitud de unos 3.200 metros. El río Ourika llevaba un importante caudal como consecuencia de las constantes lluvias durante la primavera. Muchos restaurantes colocan sus mesas y sillas en las orillas del río, para que los visitantes disfruten en plena naturaleza.


Visitamos una humilde casa bereber donde nos ofrecieron un té tradicional junto con su explicación correspondiente. Muchas familias encuentran en el turismo una ayuda importante a su escasa economía.


La gastronomía marroquí
En todos los hogares de Marruecos siempre tienen té verde acompañado de dulces realizados con miel y almendras que duran muchos días al estar realizados con miel pura que es un gran conservante. 


Durante la primera tarde-noche asistimos a las afueras de Marrakech en un Ryad llamado "Chez Alí" a una fiesta bereber en una jaima donde mientras degustamos los productos de la tierra por el "módico precio de 50 euros por barba". Durante la cena iban llegando tribus de bereberes con sus tradicionales cantos mientras el tradicional ulular nos daban la bienvenida animando nuestra visita. Al final de la cena esperaba un espectáculo ecuestre donde decenas de jinetes mostraban sus habilidades recordándonos tiempos pretéritos cuando la caballería brillaba con luz propia en los palmerales de Marrakech.


La gastronomía es muy rica y variada, destacando: 


1. Sopa harira con legumbres, verduras y especias. 

2. Pastela marroquí con pollo y almendra. 

3. Tradicional plato bereber “cuscús”. 

4. Pinchos morunos de pollo, ternera o cordero.

5. Tallines. 

6. Bandeja grande con frutas del tiempo: naranjas, manzanas y plátanos.



Todo ello acompañado durante la comida por el excelente vino tinto de Meknés y el pan típico marroquí “khubz”. Entre los exquisitos postres: destaca la chebakia “chibakiya”, que es un postre de almendras acompañado de un buen té verde con menta.

La cena terminó con un espectáculo ecuestre con bereberes montados en caballos de pura sangre y bailarinas.


Desde la antigua ciudad imperial de Marrakech transitamos hasta Tánger en busca de nuestro ferry, que salía a las 5 p.m. al menos en teoría. La aglomeración de personas durante la Semana Santa en el Norte de Marruecos junto con la ineficacia de la administración marroquí hizo que tuviéramos que guardar cola de pie en el puerto de Tánger durante varias cinco horas. 

Por fin, nuestro ferry salís sobre las 8,00 p.m. jurando al Hacedor Supremo que no volvería más a Marruecos por vía marítima, al menos durante la Semana Santa.

Desde Rabat, Marrakech y el Valle de Ourika que complementa de alguna forma nuestro primer viaje a Tetuán, Chauen, Fez, Meknés y Asylah, para el blog de mis culpas...

“Salam Aleykum”.
“Que la paz sea contigo”.

Foto: Alfredo Maldonado


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miércoles, 3 de abril de 2019

Al Motamid, el último rey abadí de la antigua Ishbiliya




Una mañana de primavera, entre efluvios de incienso y azahar, colocamos nuestro sextante desde la tierra de Villalón, de la cal y del flamenco, en la antigua Ishbiliya con el objeto de otear las huellas de su último rey abadí "Al Motamid Ibn Abbad". 

La visita podría servirnos como prólogo para un próximo viaje a la ciudad imperial -majzen- de Marrakech, lugar del que toma Marruecos su bella etimología, y donde Agmat, brilla con luz propia al encontrarse un morabito con los restos del último rey abadí de la antigua Ishbiliya.

«Aun si los enemigos me arrebataban el reino / y el pueblo me traicionara, / mi corazón permanecería entre mis costados, / y costados no entregan corazones... / Mi nobleza no ha sido arrebatada. / ¿Acaso se puede arrebatar la nobleza?». No se puede. Ni aunque haya estado mil años bajo tierra.




Al Motamid estuvo vinculado en la antigua Ishbiliya con el campo de la cultura de su época, Sin embargo, le esperaba un final desconsolado y cargado de nostalgia bajo el inhóspito destierro de Agmat, cerca de Marrakech, añorando su antigua "Dar al-Imara", el río Guadalquivir "Wad al-kabir" o los olivares sevillanos de cuyas aceitunas "azzaytúna" se obtenía el zumo virgen en las almazaras "al-ma'sara" en forma de preciado aceite "azzeit" del Aljarafe "Al-Xaraf".


A través de la Ruta Bética Romana llegaría el vino y el aceite de oliva al puerto de Baelo Claudia, y desde allí a Roma, en ánforas, elaboradas en los alfares de la Bética.

El aceite lampante que no se utilizaba para consumo humano se utilizaba para las lámparas "qandil" de barro cocido. 

En su viaje a Marruecos en 1924 Blas Infante visitó la tumba del último rey abadí de la antigua Ishbiliya “Al-Motamid” en Agmat, al este de Marrakech. Al Motamid encarnaba para Blas Infante un ejemplo de pacifismo y tolerancia encarnado por el espíritu de Andalucía. Blas Infante otorga una gran importancia al periodo de convivencia entre musulmanes y cristianos de Andalucía y se inspira en los enamorados de Antequera que proviene del siglo XV, cuando ésta ciudad, llegara a ser frontera entre los reinos de Castilla y Granada. 


La Torre del Oro junto al río Guadalquivir, histórico cauce de culturas.

Tras haber escuchado allí las nubas magrebíes, es el primero en poner en relación los cantos populares de ambos lados del estrecho de Gibraltar. En su obra “Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo” (1929) da forma a una de las teorías más serias sobre el origen del término "flamenco", cuyo origen estaría en los cantos de los moriscos que se escondieron en los montes tras el decreto de expulsión de Felipe III, que con el tiempo se confundirían con los gitanos errantes. Flamenco vendría de "fellah mengu" cuyo significado sería “campesino huido” en el dialecto andalusí.

En el barrio de Santa Cruz nuestra retina captaba un azulejo -azzuláyǧ o ladrillo vidriado- en la calle Gloria, entre la Plaza de los Venerables y la Plaza de Doña Elvira, que nos recuerda una bella historia de amor, la de una alfarera -alfahhár- del antiguo arrabal de Triana llamada “Itimad”, que aun siendo esclava llegaría a ser reina de la antigua Isbiliya "Sevilla", al enamorarse perdidamente  de ella, el último rey poeta "Al Motamid". 



Las angostas y sinuosas callejuelas del Barrio de Santa Cruz nos acercan a las murallas de la antigua “Dar al Imara o casa del Gobernador”, donde llegaría a vivir Al Motamid en compañía de su esposa “Itimad”. Paseando entre sus bellos jardines pudimos observar una columna de mármol conmemorativa del IX Centenario (1091) del destierro del último rey de la antigua Ishbiliya (Sevilla).


“LA CIUDAD DE SEVILLA A SU REY POETA ALMUTAMID IBN ABBAD EN EL IX CENTENARIO DE SU TRISTE DESTIERRO 7 DE SEPTIEMBRE DE 1091/RACHAB 384.
SEVILLA 1991


Paseando por el perimetro de las murallas de la antigua "Dar al-Imara", entre la judería y el callejón del agua, pudimos observar antiguas conducciones de la época islámica -siglo XI y XII- que suministraban agua al Alcázar y a la ciudad.

La Torre del Oro ubicada en la margen izquierda del río Guadalquivir “Wad al Kabir”, nos evoca la época de Al Motamid cuando paseaba junto al puente de las barcas que conectaba la antigua Ishbiliya con el arrabal de Triana, permitiendo llegar al Aljarafe "Al-Xaraf o elevación" . 


El brillo dorado que proyectaba la Torre del Oro era la consecuencia de que los rayos del sol se reflejaban en el mortero de cal mezclado con paja prensada. La Giralda de Sevilla como antiguo alminar andalusí nos va acercando al Patio de los Naranjos de singular belleza.


El Patio de los Naranjos de la antigua mezquita aljama de Ibn Abaddás (Iglesia del Salvador de Sevilla) con su alminar en la calle Córdoba nos proyecta aquel esplendoroso pasado andalusí.

La antigua mezquita de Ibn Adabbas en la Iglesia del Salvador con el alminar en la calle Córdoba junto con las dos antiguas aldabas con cabeza de león pertenecen también al legado andalusí que otorgó esplendor a la antigua Ishbiliya. 



Bajo el reinado de Al Motamid se decidió desecar una laguna que ocupaba la zona que hoy conocemos como Buhaira (“al-buhaira” significa “laguna”). Gracias a tres botánicos -Ibn-Bassal, Abu I-Jair e Ibn Hayay- se convertirá en una zona de recreos donde se harán diversos experimentos agrícolas al ser los musulmanes grandes expertos en la cultura del agua.



A partir del siglo XII, este terreno se ampliará bajo el califato de Abu Yacub Yusuf, quien dotará a la zona de olivos, palmeras, viñas, árboles frutales y lo más importante: un palacio y jardines en la zona “almunya”, creando así una pequeña Medina Azahara en Sevilla. El agua con el que se mantenían estos jardines provenía del acueducto de los Caños de Carmona, y de una alberca que había in situ. El palacio de verano de al-buharia llegaría a ser un lugar idílico para los reyes árabes y de hecho, los dos portones que dan a la calle Portacoeli era el acceso a esta zona de descanso.


¡Pero quien fue Al Motamid, al que recuerdan tanto en Sevilla casi un milenio después y cuya memoria se proyecta en Agmet a través de un morabito y que incluso Blas Infante visitara en 1924 al encarnar un ejemplo de pacifismo y tolerancia encarnado por el espíritu de Andalucía!

Al Mutamid (Beja, 1040 - Agmat, 1095) fue rey de la antigua taifa de Ishbiliya (Sevilla) entre 1069-1090 y último rey abadí, segundo hijo y sucesor de al-Mutadid I (1042-1069). Se convirtió en heredero cuando su hermano mayor fue mandado a ejecutar por su padre por una presunta traición. Fue educado por el poeta Abu Bakr Ibn Ammar en Silves (Algarbe).

Su abuelo Abú al Qasim Muhammad ibn Abbad, descendiente de una estirpe real, se proclamó emir de Sevilla. Eran las primeras décadas del año mil. Los reyes abadíes se apoderaron del Algarve, Huelva, Algeciras, Ronda, Sevilla, Córdoba, parte de Jaén y Murcia. Durante este largo periodo de tiempo, Sevilla se convirtió en un gran centro de la cultura.

En el segundo año de su reinado, al-Mutamid anexionó la taifa de Córdoba, a cuyo frente puso a uno de sus hijos. Esta anexión supuso una amenaza para la taifa de Toledo, cuyo rey, Al-Mamún, apoyó a un aventurero, Ibn Ukkasha, que en 1075 se apoderó de la ciudad y ejecutó al joven príncipe. Al Mamún de Toledo tomó posesión de la ciudad, en la que murió seis meses después. Durante tres años al-Mutamid trató de reconquistar Córdoba, lo cual consiguió en 1078, al tiempo que todas las posesiones de la taifa de Toledo situadas entre el río Guadalquivir y Guadiana pasaron a formar parte del reino de Sevilla.



En la corte de Al Motamid gozaron de favores poetas y personajes dedicados al campo de la cultura como Ibn al-Labbana de Denia, Ibn Zaydún o el propio visir y poeta Ibn Ammar de Silves (1031-1086) e intelectuales de la talla de Ibn Hazm (994-1063) “El collar de la Paloma”, una de las figuras centrales de la cultura andalusí, el geógrafo al-Bakrí junto con el astrónomo y geógrafo Azarquiel (al-Zarqali).


En el año 1013 ocurre la destrucción de Madinat al-Zahra por el bereber al-Mustain que concede a loz ziríes el territorio de Granada y a los Banu Dammar el de Morón.

En poco más de 50 años, gozó de un esplendor económico, social y cultural, no faltando las intrigas palaciegas. Un reino habitado por un mosaico étnico entre árabes, bereberes, muladíes, mozárabes y judíos, aprendiendo a convivir. Un territorio con personalidad propia entre 1013-1066.

Tras la caída del Califato de Córdoba, cada general se hizo fuerte en su castillo. La seguridad dependía de la diplomacia y del ejército. Durante un tiempo Mawror hizo frente a la antigua Ishbiliya formando una liga con los reinos de taifas de Arcos, Ronda y Granada, pero esta última nos traicionaría. 

"En 1053 partimos en comitiva hacia Sevilla siendo encarcelados y asesinados. Sólo sobrevivió el rey de Ronda como ejemplo para los ziríes de Granada".

Manad ben Muhammad, Imad ad-Dawla siguió sufriendo el asedio del soberano Al-Mutadid que incendiaba las cosechas y cercaba el comercio. Su hijo cederá la plaza a cambio de un alojamiento y una pensión. Finaliza aquí la historia del reino de Mawror anexionado definitivamente a Ishbiliya en el año 445 de la Hégira, 1066 de la era cristiana.




...Uno de los principales anhelos de al-Mu´tadid era la eliminación de los principados bereberes de Morón, Ronda y Arcos. Para ello, utilizó los métodos más diversos; desde el ataque frontal a la compra de voluntades mediante la extorsión y el soborno, enfrentando a unos con otros. 

Visita al-Mu´tadid Morón acompañado solamente de dos servidores, lo que asombra dado el odio que le tenían los bereberes, demostrando así “la lucha audacia que le caracterizaba en todos sus actos. A Ibn Núh le dio una gran alegría una visita tan inesperada (no la había anunciado) acogiéndolo con suntuosidad y reiterándole su vasallaje. En realidad, la visita de al-Mu´tadid tenía por objeto la distribución de dinero entre los guerreros de Ibn Núh asegurándose así la buena voluntad de sus corazones y explorar el terreno, “procurando atraerse. A ser posible, algunas personas influyentes para preparar una sublevación, poniéndose en comunicación, al mismo tiempo, con la población árabe, que ardía en deseos de sacudirse el yugo berberisco”.

Luego marchó a visitar a Abí Qurra en Ronda y obró exactamente igual que lo había hecho en Morón. En Ronda, mientras simulaba tomar una siesta, un jefe bereber aconsejó matarlo pero Abí Qurra se opuso invocando las leyes de hospitalidad. Al-Mu´tamid se marchó de Ronda sabiendo quienes deseaban eliminarle y con un odio acrecentado, todavía más si cabe, hacia los bereberes.

Poco tiempo después, al Mu´tadid los invitó a visitarle en Sevilla, poniendo como pretexto la circuncisión de uno de sus hijos. 

“Llegaron como llega el borrego a la cuchilla”. Tenían el más hermoso aspecto, vestidos espléndidos, joyas de alto precio…Se les unió, sin haber sido invitado Ibn Jizrún de Arcos. El séquito lo componían unos doscientos caballeros de entre los arráeces de sus cabilas. Cuando llegaron, los alojó y los honró. Aposentó a sus emires en u no de sus palacios y se dedicó a preparar el plan que sería la culminación de su odio hacia ellos.

Al tercer día de su llegada les concedió audiencia. Entraron y tomaron asiento junto a él. Comenzó a reprocharles su poca diligencia, como aliados suyos, en la guerra que sostenían contra sus enemigos. Ellos, en su ignorancia de lo que estaba hablando quisieron justificarse, replicándole Ibn Núh, pero al-Mu´tadid le golpeó y llamó a sus esclavos -a los que tenía prevenidos- que les trataron con insultos y bajezas, arrancándoles las barbas por haberse dejado engañar. Ibn Abbad ordenó al instante aherrojarles y castigarles; luego los encarceló en un baño que había hecho desalojar a tal fin y que se conoce como “hammán ar-raqqaqín o baño de los pergamineros”. Les daba poco de comer y los grillos les hicieron llagas en las piernas. No podías ir a hacer sus necesidades con los pies trabados y hombres de la hez del pueblo se encargaban de aquello para que gustaran de otro castigo ejemplar. Esto tuvo lugar en el mes de rayab del año 445/17 de octubre a 15 de noviembre del año 1053.

A los arráeces de las cabilas bereberes les quitó sus caballos, sus armas, sus tiendas y todo lo que poseían. La mayoría de ellos se había endeudado, pidiendo prestado para presentarse ante Ibn Abbad y sus íntimos con el debido boato y majestad. Al-Mutádid obtuvo muchas riquezas y ellos permanecieron cautivos durante un tiempo considerable.

Luego ordenó sacarlos de sus calabozos y les devolvió todo lo que les había tomado. Después preparó un banquete para los emires que fueron introducidos ante él. Los colmó de honores y mandó preparar y perfumar el baño, al cual marcharon en compañía de los esclavos de Ibn Abbad, reteniendo junto a sí, con una excusa, a Abú Núr Hiláb b. Abí Qurra, señor de Ronda, al que liberó después. 

Cuando entraron en el baño y se sentaron frente a la pila, marcharon de su lado los esclavos. Habían preparado cal y ladrillos. La puerta fue tapiada y se ordenó al calderero que avivara el fuego. Así pues, el baño se calentó mucho. Como consecuencia los emires se levantaron y quisieron salir; pero no encontraron la salida y allí tuvo lugar el fin de su vida. Muhammad b. Núh murió el año 449/1057 y su cráneo, junto al de Ibn Jizrún y otros muchos enemigos de los Banú Abbad, pasaron a engrosar la colección del tétrico jardín de al-Mu´tadid. 

MANAD B. MUHAMMAD B.NUH, IMAD AD-DAWLA le prestó juramento de fidelidad a la muerte de su padre. Siguió la senda de su padre y la sobrepasó. Su fama y autoridad se extendieron de tal forma que los descontentos de Sevilla y Écija, se unieron a su ejército y sus tropas de multiplicaron. “Fue un nudo en la garganta de Ibn Abbad”. No cesó, a pesar de eso, al-Mu´tamid de combatirle, incendiando cosechas y aldeas y cautivando a sus habitantes---hasta que por fin, logró sitiarle en Mawrúr, capital de la taifa. Le combatió tan firma y reciamente que Manád no tuvo más remedio que mandarle una carta pidiéndole el “aman” a cambio de su vida, abdicación y marcha a Sevilla con toda su familia y sus bienes. Al-Mu´tadid le respondió favorablemente y como consecuencia, Manád le entregó la fortaleza marchándose a Sevilla.

Al Mu´tadid le aposentó en Sevilla en una casa magnífica y se esforzó en agasajarlo y procurarle una vida holgada. Esto ocurrió el año 458/3 Dic 1065 - 21 Nov 1066 y así permaneció en Sevilla hasta su muerte en el año 468/10 Ago 1075 - 4 Ago 1076. Su reinado en Mawrúr tuvo una duración, desde el día en que fue investido hasta el de su deposición, de 30 años. Permaneció en Sevilla diez años…

Del libro: FAQUIES, GUERREROS, GRAMÁTICOS Y POETAS: EL MORÓN MUSULMÁN EN SUS PERSONAJES (SIGLOS VIII AL XIII) del arabista de Morón Ricardo Barroso Martínez/julio 2018



Después de la conquista de Toledo por Alfonso VI (1085), y viendo Al Motamid que la frontera del río Tajo estaba en peligro decidió pedir auxilio a los almorávides, que el 30 de julio de 1086 desembarcaron en Algeciras. Las tropas de la taifa sevillana ayudaron, junto con tropas de las taifas de Granada y Badajoz, a derrotar a los cristianos en Zalaca (1086). Sin embargo, el emir almorávide Yúsuf ibn Tafsún, requerido en África, volvió a su reino.

Azulejo de la "Toma de Toledo", en la Plaza de España de Sevilla.

Históricamente, los grandes ríos peninsulares han formado parte de las fronteras o marcas. El río Ebro formaba parte de la marca superior "al-Tagr al A´la" de Al Ándalus con capital en Saraqusta. El río Tajo de la Marca Media "al Tagr al Awsat"" con capital en Tulaytulah "Toledo" y el Guadiana de la Marca Inferior "al Tagr al Adna" con capital en Mérida. Por tanto, cuando Toledo fue conquistada por Alfonso VI, comenzaron a saltar todas las alarmas.

Ante las nuevas desavenencias y desencuentros entre las taifas, Al Motamid en persona se dirigió de nuevo a Marrakech para pedir a Yúsuf que acudiera en ayuda de los musulmanes en al-Ándalus.

Al Motamid ignoraba que la petición de ayuda a los fanáticos almorávides convertiría su hermoso destino en un final desconsolado.


El 7 de septiembre del año 1091 fue tomada Sevilla por los almorávides. El emir Ibn Tafsún ordenó que el rey depuesto fuera conducido a Marruecos y desterrado en el aduar -pequeña población de beduinos- de Agmat, donde moriría en 1095 “extranjero y cautivo”, después de haber pasado los últimos cuatro años de su vida cargada de nostalgia y tristeza. Un hombre culto que vivía en el Alcázar se ve desterrado hacia un lugar solitario e inhóspito, lo que le llevará emocionalmente a una profunda melancolía. El tercer y último rey sevillano de la dinastía de los abbadíes Al Mutamid y su esposa Itimad sintieron en el destierro la nostalgia de Ishbiliya.

Al Motamid llegó a Tánger en tránsito hasta su triste destierro en Agmat, donde se dedicó a escribir los más bellos poemas cargados de nostalgia, desconociendo los habitantes de Agmet su verdadera identidad. 

En 1095, en el aduar de Agmat, la esposa de Al Mutamid fue enterrada mientras un nuevo dolor se añadía al lacerante dolor del destierro. A los pocos meses de la pérdida de su esposa, Al Mutamid, el poeta rey, dejaba de existir y comenzaba su leyenda.

En el morabito de Agmat, la tumba de Al Mutamid se encuentra a la izquierda y la de su esposa I’timad Al Rumaikyya a la derecha. Entre ambas tumbas se encuentra la de uno de sus hijos, está dispuesta entre ambos. 



Allí compuso “Elegías de Agmat”, uno los más bellos poemas de dolor de la literatura universal.

 “¡Sevilla, que lejos!
¡Ay qué lejos!
¡Ay Sevilla!
La única cadena que yo siento…”

Al Mu’tamid de Sevilla llegó a ser mejor poeta que rey. Su poesía culta, intensa y nostálgica podría considerarse una especie de autobiografía sentimental. Al Mutamid de la dinastía de los abadíes es considerado uno de los máximos exponentes de la poesía andalusí.



...Cuenta la leyenda que Al Motamid paseaba durante las tardes por la ribera del Guadalquivir junto a su amigo, consejero y poeta Aben Amar. Caminaban despacio y se paraban de trecho en trecho hablando de poesía.

Una tarde, paseando junto al puente de barcas que unía el antiguo arrabal de Triana con la antigua Ishbiliya se detuvieron a contemplar el río Wad al Kabir “Guadalquivir”. Al Motamid llamó la atención de su amigo sobre la belleza que emanaba del efecto de la luz del sol de poniente sobre el agua rizada por la brisa.

Aben Amar comentó adulador: 

“Una cota de oro digna de un rey”.

Inspirado Al Motamid comienza a hacerle un verso y empieza:

La brisa convierte al río
en una cota de malla…

De pronto a sus espaldas una voz femenina bien timbrada con perfecta entonación y dicción, declama:

La brisa convierte al río
en una cota de malla,
mejor cota no se halla
como la congele el frío.

Sorprendidos, se vuelven para ver quién era la que con tanta inspiración había completado la estrofa.

Vieron a una joven descalza que llevaba un borriquillo por el ronzal y que sin hacerles caso se dirigió a Triana por el puente de barcas.

El rey encargó a su amigo que se enterara de quién era y a quien pertenecía la muchacha pues parecía una esclava.

Efectivamente lo era.

Se trataba de Itimad, esclava de un alfarero llamado Romaicq, por eso la llamaban "Itimad la Romaiquia".

Itimad era de Triana y se dedicaba a la faena de hacer ladrillos y tejas en el horno de este alfarero. Aunque el rey le propuso comprarle la esclava, el mercader muy a gusto se la regaló ya que decía que era muy fantasiosa y que trabajaba poco.

Así que, Al Motamid se la llevó a la antigua Dar al Imara “El Alcázar” aunque hasta ese momento el rey sólo se había preocupado por la poesía y las artes sin preocupación por las mujeres, quedó enamorado de ella hasta el tuétano (un claro “flechazo”) y la hizo su esposa. Tuvieron 3 hijos.

Itimad fue una esposa y reina prudente que consiguió logros notables como que las mujeres sevillanas se quitasen el velo del rostro en contra de la ley islámica, lo que le hizo valdría al rey poeta enemistarse con los juristas malikíes aunque su talento natural para las artes literarias y sus ideas “feministas” fueron siempre respetados.

Cuenta la leyenda que Itimad dio muestras de melancolía, se acordaba de Triana y tenía ganas de pisar el barro como cuando fabricaba ladrillos y tejas para el mercader Romaicq.

El rey Al Motamid para no verla triste llenó el patio del Alcázar con barro perfumado con todas las especias y aromas que pudo encontrar en su reino, como azúcar, canela, espliego, clavo, almizcle, ámbar y algalia. 

Allí estuvo Itimad jugando con sus doncellas un buen rato, amasando con los pies el perfumado barro al igual que lo hacía de niña en Triana, y riendo entre alegres y estrepitosas risas.

También cuenta la leyenda que en otra ocasión volvió a estar triste porque nunca había visto la nieve. El rey se la llevó a Córdoba para distraerla. En la Península no había nieve, si no era en el Norte que era tierra de cristianos, o en Granada que era tierra de Almudafar, y no era plan de molestar a nadie por un capricho.

Un día de febrero el campo de Córdoba amaneció nevado. No era nieve, pero Itimad no notó la diferencia. El rey en secreto había hecho plantar un millón de almendros frente al Alcazar viejo. Cuando ese día de febrero los almendros florecieron, el campo parecía nevado y dejó contenta a su esposa.

Itimad y Al Motamid fueron felices. Aunque él podía tener un harén porque su religión se lo permitía, ella fue su única esposa y su amor duró toda la vida de ambos, sobreviviendo a los buenos y a los malos tiempos.

Una de sus hijas Zaida, fue pedida en matrimonio por el rey Alfonso VI mediante embajadores cuando cumplió 15 años. Ésta fue enviada a la frontera con lucida escolta y tras convertirse al catolicismo y tomar el nombre de Isabel, se casó con el rey.

Al Motamid destacó por sus dotes como poeta y por su pasión por las artes y la cultura, y por eso precisamente se quedó sin reino; ¡más le hubiera valido que hubiera destacado como estadista y estratega! Entre la espada y la pared, perdió su reino al abrir las puertas de Sevilla a Yusuf quien lo desterró a Marruecos.

Los sevillanos los despidieron con pena agolpados en la orilla del río cuando partía para el destierro. Las mujeres se quitaron el velo del rostro y se lo arañaban en señal de dolor.

Itimad estuvo con su marido no sólo durante los años de esplendor, sino también en los momentos duros; lo acompaño al destierro.

La reina de nuevo volvió a vivir en la miseria como cuando era la Romaiquía de Triana, una simple esclava.

Invisible a mis ojos, siempre estás presente en mi corazón.
Tu felicidad sea infinita, como mis cuidados, mis lágrimas y mis insomnios.
Impaciente al yugo, si otras mujeres tratan de imponérmelo, me someto con docilidad a tus deseos más insignificantes.

Mi anhelo, en cada momento, es tenerte a mi lado: ¡Ojalá pueda conseguirlo pronto!.
Amiga de mi corazón, piensa en mí y no me olvides aunque mi ausencia se larga.
Dulce es tu nombre. Acabo de escribirle, acabo de trazar estas amadas letras.

Al Motamid a su esposa.

El monumento a Morayma "esposa de Boabdil" expresa fielmente el dolor lacerante andalusí por la pérdida de Al Ándalus, con el consiguiente destierro.

Tras haber visitado la antigua Ishbiliya de Al Motamid, colocamos nuestro sextante en Tánger, donde el rey poeta transitara hacia su destierro, lo que nos permitirá llegar a Marrakech, donde nuestro protagonista pidiera ayuda a los almorávides.

Por último, como epílogo de nuestra ruta del último rey abbadí de la antigua Ishbiliya, visitamos Agmat -cerca de la cordillera del Atlas- a unos 30 km. al este de Marrakech, en la carretera de Ourika, donde un morabito recuerda la memoria de Al Motamid y la de su esposa Itimad mientras en el horizonte nos observa el Atlas como testigo de nuestra presencia bajo los efluvios y reminiscencias andalusíes.

Desde la antigua Ishbiliya de Al Motamid -que encarnaba un ejemplo de pacifismo y tolerancia- con nuestro sextante cultural colocado en la tierra de Villalón, de la cal y del flamenco -entre efluvios de incienso y azahar-, con la didáctica intención de seguir oteando nuevos horizontes culturales para compartir con los amigos del blog de mis culpas... 



ALFONSO VI y ZAIDA "UNA BELLA HISTORIA DE AMOR".

Una verdadera historia de amor entre el rey cristiano Alfonso VI y una bella princesa musulmana, hija del rey taifa de la antigua Ishbiliya "Al Motamid". Es posible que haya sido no sólo una hermosa historia de amor de la España medieval, sino de la España de todos los tiempos.

El rey Motamid tuvo una hija de su esclava favorita Itimad conocida como "la Rumayqyya", a la que le pusieron el nombre de Zaida, siendo de una belleza espectacular. Se educó en una corte de cultura refinada y exquisita, recibiendo clases de canto, música, poesía, relaciones sociales...lo que la convertiría en una mujer inteligente y discreta, que causaba admiración. Al Motamid era tributario de los reinos del Norte, en concreto del poderoso Alfonso VI.

Cuando Zaida contaba con tan sólo 12 años, entró en los acuerdos políticos que Al Motamid intentaba cerrar con Alfonso VI, quien aceptó a la joven como futura prometida, puesto que estaba casado con Inés de Aquitania, que estaba enferma.

La princesa Zaida llevaba como dote numerosas plazas fuertes: Alarcos, Consuegra, Uclés, Ocaña, Huete, Cuenca...lo que hacía aún más deseable el matrimonio y Alfonso VI no estaba dispuesto a renunciar a ello bajo ningún concepto. 

Pero el tiempo pasaba y la boda no llegaba a concretarse. Un delegado de la orden religiosa de Cluny intentó disuadir a Alfonso VI de su casamiento con una mora, cuando bien podría hacerlo con una princesa cristiana, como por ejemplo con Constanza de Borgoña. 

En 1091 Zaida se desplazó a Castilla con un mensaje desesperado de su padre Al Motamid. El reino de Sevilla estaba en grave peligro de caer en manos de los almorávides, y Al Motamid le enviaba a su mejor embajadora "Zaida", para que animara al rey castellano a acudir en su ayuda. 

Pero nada se pudo hacer, cuando la princesa andalusí llegó a la corte castellana, se recibieron noticias de que Sevilla había caído y Al Motamid, como el resto de la familia real, eran prisioneros de los almorávides.

Zaida quedó sola, en tierra extraña, y se acogió a la protección de su eterno prometido, el rey Alfonso VI. La pasión que sentían el uno por el otro les acabaría por unir definitivamente. 

En 1094 tuvieron un hijo, el infante don Sancho, que se convertiría en el heredero a la corona. Zaida decidió renunciar al islamismo y se bautizó con el nombre de Isabel.

Alfonso VI esperaría veintidós años, hasta que en 1099 murió la reina Berta de Borgoña y al fin, Alfonso VI contrajo matrimonio con la amada de su corazón. El 14 de mayo de 1100, se casaron y su hijo quedó legitimado. El rey tenía un heredero por el que corría la noble sangre de cristianos y musulmanes, una ocasión de oro para el entendimiento entre ambas culturas. 

Pero la felicidad de los tres fue muy corta. Apenas siete años después, cuando la reina Isabel tenía 41 años, enfermó y murió al poco tiempo. Alfonso, que ya era muy mayor, quedó desconsolado, pero ella, por lo menos, se libró del dolor de ver morir a su hijo, u año más tarde, en la terrible batalla de Uclés. Ese dolor quedó por entero para Alfonso, que en breve tiempo perdió a los dos seres que más quería en este mundo. 

Zaida fue enterrada en el panteón de los reyes de León, en San Isidoro, y más tarde fue llevada a Sahagún. El pueblo la respetó y con ella murió una bella historia de amor que fue más allá de la cultura, de la religión y de los condicionamientos sociales...y que hizo lo que era aún más difícil: esperar y superar el paso del tiempo. 


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