domingo, 6 de septiembre de 2015

Visita al Puerto de Santa María



La Avda. de Valdelagrana nos introduce en el Puerto de Santa María a través de la Plaza de las Américas donde nuestra retina capta al instante una réplica de la carabela de Colón “La Niña”, realizada por profesor Coín Cuenca en el año 1990. Al observar dicha réplica la retina de la historia refresca nuestra memoria para recordarnos que el Castillo de San Marcos serviría de hospedaje durante dos años a Cristóbal Colón que, al amparo de D. Luis de la Cerda, Duque de Medinaceli, concibe la ruta de las Indias por Occidente, con el decisivo apoyo de Juan de la Cosa, vecino del Puerto de Santa María, dueño de la Nao " María Galante" que una vez pertrechada se convertiría en la "Santa María", capitana del descubrimiento.

Juan dela Cosa la fizo enel Puerto de Santa María en anno de 1500

Nuestra proa puso viento en popa por la ribera del Guadalete hacia el Centro Cultural Alfonso X el Sabio que se encuentra en la calle Virgen de los Milagros (antigua calle Larga) donde visitamos una exposición sobre la figura de Cristóbal Colón junto con una copia del mapamundi de Juan de la Cosa (cartógrafo) y una maqueta a escala de la carabela Santa María.

El Puerto de Santa María tuvo una considerable participación en el descubrimiento del Nuevo Mundo, reproducido en dos importantes documentos como la carta del 19 de marzo de 1493 en la que el Duque de Medinaceli informa a su tío el cardenal Mendoza de su relación e interés en el descubrimiento del Nuevo Continente, y el mapamundi de Juan de la Cosa, realizado en el Puerto en 1500.





En dicha carta del 13 de marzo de 1493 el duque de Medinaceli manifiesta a su tío el Cardenal Mendoza "que tuvo en su casa a Cristóbal Colomo, que venía de Portogal, y se quería ir a ver al rey de Francia para que emprendiese de ir a buscar las India".

Aunque se daba por hecho, estos documentos corroboran como prueba irrefutable la participación y mediación de la Casa de Medinaceli en el proyecto colombino. Luís de la Cerda, duque de Medinacelli, hace una exposición de cómo mantuvo a Colón durante dos años, de las posibilidades de éxito que tenía el proyecto, de que pensó organizarlo enviando tres o cuatro carabelas desde el Puerto de Santa María (que en esos años formaba parte de esa casa señorial) y de cómo advirtió que se trataba de una empresa para la Corona, por lo que se la ofreció a la reina con el ruego de que el centro de tal negocio estuviese en el Puerto.

No obstante, la corona no accedió a la pretensión de Medinaceli de que el Puerto fuese en centro de operaciones de la empresa colombina, dado su carácter de villa de señorío.

Monumento a Juan de la Cosa en el castillo de san Marcos. Puerto de Santa María

Otro personaje ilustre que tuvo relación con el Puerto de Santa María fue Juan de la Cosa, navegante y cartógrafo español que participó en los dos primeros viajes a América.
  • Juan de la Cosa nació en Santoña en 1450 muriendo en Turbaco, Colombia, el 28 de febrero de 1510 en un enfrentamiento con los indígenas. Fue cartógrafo y marino participando con Colón en los dos primeros viajes. En 1492 lo hizo al mando de la nao Santa María, de la que era armador y piloto. En la de 1499, con Alonso de Ojeda, obtuvo información para la realización del mapamundi. 
El primer mapamundi conocido lo realizó Juan de la Cosa en el Puerto de Santa María en el año 1500. En dicho mapa se muestra por primera vez el continente americano. El mapamundi original se encuentra en el Museo Naval de Madrid.
  • La carabela “La Niña” se llamó en un principio “Santa Clara” en honor del Monasterio de Santa Clara situado en Moguer pero se cambió su nombre a La Niña debido a sus constructores: los hermanos Niño, Pedro Alfonso, Francisco y Juan. La amistad de estos hermanos con los Pinzón fue clave para que la gente de Huelva se embarcara en la gran aventura colombina.
  • La nao Santa María era propiedad de Juan de la Cosa y cuando embarrancó en las tierras recién descubiertas sirvió como base para hacer el Fuerte Navidad donde se quedaron 39 hombres abandonados ya que todos no cabían en el viaje de retorno.




El mapamundi es una carta náutica manuscrita realizada sobre pergamino y formada por dos pieles unidas de 93 x 183 cm. Es la primera obra cartográfica en la que aparece representado el continente americano. Aparecen dibujadas las costas de Europa, zonas de Asia y el contorno de África, con los últimos descubrimientos portugueses. Pero su novedad está en la representación de las costas de América del Norte, las Antillas y la costa de América del Sur, con una parte del actual Brasil. Recogía los conocimientos geográficos de la época. Su finalidad era mostrar las tierras recién descubiertas y ponerlas en relación con el mundo conocido de la época. Está decorada con las rosas de los vientos, banderas, escudos, etcétera.

Debajo del personaje principal, san Cristóbal figura la siguiente leyenda:

“Juan de la Cosa la hizo en el Puerto de Santa María en anno de 1500”.

La incorporación de San Cristóbal a la carta náutica puede estar relacionada con el nombre de pila de Colón, considerado como personaje de leyenda y santo, que llevara el cristianismo a la otra orilla del océano. Incluso puede ser un homenaje al descubridor. En esta época san Cristóbal era conocido como san Cristobalón. 


Aparecen representados los Reyes Magos con el oro de Oriente y la rosa de los vientos, que algunos autores la relacionan con el Fuerte de Navidad, construido en la costa norte de la española con los restos de la Santa María: la nave de Juan de la Cosa. Las banderas y escudos se utilizaban para identificar países y soberanías. Las carabelas se relacionan con los viajes de los descubrimientos y la nao con los viajes comerciales.



Alfonso X el Sabio hizo del Puerto de Santa María concejo independiente mediante otorgamiento de carta-puebla fundacional en el año 1281.


En nada menos que en 24 cantigas, todo un cancionero propio de Santa María Do Porto, el Rey narra en verso las peripecias de la construcción de la Iglesia fortificada.
Cuenta la leyenda que la Virgen se apareció a Alfonso X en las almenas del Castillo, instándole a su conquista; de ahí que el escudo del Puerto sea la Virgen sobre el castillo y el río justo abajo.


A finales del siglo XIV, el Puerto de Santa María era una importante villa marinera formada por marinos, marineros, comerciantes, armadores, carpinteros de la ribera, calafates, rederos, cordoneros, cartógrafos, en definitiva, gente de la mar con edificaciones como muelles, altarazanas, varaderos, almacenes, aduanas, hospital, etcétera. 

Más tarde nos dirigimos hacia la Plaza Alfonso X el Sabio donde se encuentra el edificio más representativo de la ciudad “el Castillo de San Marcos”, propiedad de la firma Luís Caballero S.A. desde mediados del siglo pasado.

Verónica actuó de cicerón en nuestra grata visita al Castillo, explicándonos “in situ” la impresionante historia de la fortaleza que en sus orígenes formara parte de un templo romano convertido posteriormente en una fortaleza almohade transformada en la antigua mezquita de Alcanate de la que se conservan los muros, sobre todo el de la Quibla, y el Mirhrab orientado hacia la Meca y algunas inscripciones. El arco de herradura era un elemento característico  en el arte musulmán.

Conquistada la alquería por Alfonso X El Sabio (años 1257/1260), el Rey participó personalmente en la construcción del santuario fortificado llamando a la Iglesia-Fortaleza con el nombre de Santa María.

La ciudad fue vendida al almirante genovés Micer Benedicto Zacarías, pasó a la Corona en tiempo de Sancho IV "El Bravo", y finalmente al Señorío de la Casa de Medinaceli.

El Castillo sirvió de hospedaje durante dos años a Cristóbal Colón que, al amparo de D. Luis de la Cerda, Duque de Medinaceli, concibe la ruta de las Indias por Occidente, con el decisivo apoyo de Juan de la Cosa, vecino del Puerto de Santa María.

En el siglo XIX, además de ser iglesia se convierte en casa de vecinos. En 1934 pasa a manos del municipio, que derriba lo construido en el siglo XV y retira los retablos. Así aparecerán detrás del altar mayor el Mihrab (destruyendo lamentablemente todos los azulejos mudéjares que lo recubrían) y tras el retablo del Sagrario la imagen de Santa María de Sidueña traída de una ermita del siglo XIII.

En 1930 fue declarado Monumento nacional.


Nuestra retina capta al instante por su belleza el muro de la quibla que como en casi todas las mezquitas salvo que el urbanismo de la época lo impidiera estaban orientadas en dirección a la Meca (NE-SE) en el cual se encuentra el mihrab o recinto sagrado con una acústica perfecta, donde el imán dirigía la oración. Se conserva en perfectas condiciones. 

Casi todas las mezquitas estaban orientadas a la Meca en dirección NE-SE. La Kaaba en la Meca representa el lugar más sagrado del Islam. Por tanto, la quibla debería estar orientada en esa dirección. 


Según Google Earth La Kaaba está orientada 21º-25´19.49" N / 39º-49´32.05" E

Desde el interior de la antigua mezquita pasamos al patio de las abluciones donde los creyentes musulmanes purificaban su cuerpo antes de pasar a su interior.



Entre pasadizos sinuosos y angostos nuestra retina desglosa sin prisas las entrañas del edificio fortaleza ubicado en un lugar estratégico, junto al estuario del río Guadalete.

El río Guadalete nace en la Sierra de Grazalema, cerca del Puerto del Boyar. Etimológicaente "Lete" significa en la mitología griega, "río del olvido". Algunos historiadores ubican la histórica batalla, al que da nombre el río entre el 19 y el 26 de julio del 711 entre don Rodrigo, último rey visigodo y las fuerzas musulmanas, lo que dio origen a la génesis de un nuevo periodo histórico.

En el castillo se entraba a través de un reducto cuyo pasillo estrecho tiene una entrada recta de tamaño mediano y una salida con curva y del mismo tamaño de la entrada con el objeto de que por ese punto pasara un caballo adiestrado con el jinete que podía entrar. Sin embargo, al enemigo por desconocimiento le era imposible entrar, ya que al llegar a la curva quedaba atrapado teniendo en cuenta que el caballo medía aproximadamente 1,62 cm y el jinete 1,48.

Dicho reducto se convertía en una verdadera ratonera al poder caerle infinidad de saetas arrojadas desde las saeteras e incluso aceite hirviendo desde los matacanes ubicados en la parte más alta de la muralla. También desde las aspilleras podían llover innumerables flechas lo que hacía que estas fortalezas fueran prácticamente inexpugnables en su época.




Al pasear los patios se pueden observar varios pozos, uno de los cuales serviría para arrojar a los “enemigos” a su fondo, provocando una gran epidemia de peste durante el siglo XVII con numerosas víctimas, al filtrarse el agua en los tres pozos del castillo.

Otro periodo triste de la historia del Castillo de San Marcos en el Puerto de Santa María ocurriría entre el 1 de febrero de 1810 al 25 de agosto de 1812 al establecer los franceses en la Guerra de la Independencia su cuartel general con miras puestas en el “asedio de Cádiz”.



El denominado desembarco maldito en 1822 en el Puerto de Santa María de los "Cien Mil Hijos de San Luis" permitiría restablecer en el trono al desleal y absolutista Fernando VII, derogando la Constitución de Cádiz de 1812 "la Pepa" y provocando una dura represión contra los liberales que nos llevaría a la "Década Ominosa" .

La Constitución de 1812 con su obra legisladora, sólo por justicia debería haber pasado a la historia como inmortal aunque el espíritu de la Pepa y la Revolución de 1820 siguieron vigentes hasta la "Gloriosa de 1868".  



Otra etapa desafortunada en la impresionante historia del Castillo de San Marcos sería tristemente la barbarie ocurrida en 1936 que llevó al enfrentamiento entre españoles. Se puede observar en una parte de la torre numerosos orificios como consecuencia de los fusilamientos.

Los orificios altos eran la consecuencia de las “personas” que formaban el piquete de ejecución y que apuntaban alto para no ser autores de ninguna muerte. Sin embargo, los orificios medianos y bajos en la piedra testimonian lo contrario.

Paseando entre sus almenas y observados por la torre del homenaje terminó nuestra visita al castillo de San Marcos, degustando nuestro paladar en la Bodega Caballero cuatro clases de vinos de alta calidad que nos ofrecieron:

Manzanilla, cream, moscatel y Pedro Ximénez




Desde el castillo nos dirigimos hacia la Plaza de España donde se erige la Iglesia Prioral de construcción gótica con su bella fachada y la torre del reloj junto al campanario. En el interior junto al altar mayor nos encontramos un enorme óleo sobre tela realizado en 1852 por José María Rodríguez Losada idealizando a Alfonso X "el Sabio" recibiendo del alguacil musulmán de Jerez las llaves de la aldea de Alcanate. Al fondo el castillo de San Marcos y, sobre la torre del homenaje, se aparece la Virgen de los Milagros, escudo de la ciudad.




Muy cerca de allí se encuentra la casa natal y Fundación de Rafael Alberti, uno de los máximos representantes de la Generación del 27.

En dicha exposición podemos observar un recorrido cronológico de la vida del poeta entre fotografías, libros, pinturas, dibujos y bellos poemas. Cabe destacar su compromiso político con la República; unas profundas convicciones que lo llevarán al exilio en Francia, Argentina e Italia. En su casa natal podemos encontrar su primer libro de poemas Marinero en tierra (1924) que fuera Premio Nacional de Poesía.



La Guerra civil no es solo una página capital de la historia moderna sino una de las claves históricas del presente y del futuro de España. España es hoy un país democrático y las heridas, aunque tal vez todavía duelan, están (o debieran estar ya) cicatrizadas. Pero la actual democracia le debe mucho al dolor de estas heridas; sin ellas, sin su recuerdo, correríamos el riesgo de volver a repetir los errores del pasado.


Rafael Alberti in memoriam


Tras treinta y ocho años en el exilio, el ilustre poeta regresa a la España ya democrática el 27 de abril de 1977. 




Rafael Alberti ha sido reconocido con numerosos premios entre los que destacan el Nacional de Literatura, el Lenin de la Paz en la antigua URSS en 1965, el Nacional de Teatro en 1981 y el Cervantes de Literatura en 1983.



La calle de los moros nos acercaba hasta la Plaza de Toros del Puerto de Santa María que fuera inaugurada en junio de 1880. En la Puerta principal de la plaza de toros se encuentra el monumento en bronce al toro de lidia y en la parte posterior de la plaza el monumento a Paquirri haciendo una cambiada a portagayola.



En el ecuador de nuestra grata visita al Puerto de Santa María deleitamos nuestro paladar junto a la “Ribera del Marisco” en Romerijo, junto a la desembocadura del río Guadalete, donde brilla con luz propia la rica gastronomía mediterránea  en lo referente a los productos del mar, descansando posteriormente en las rubias arenas de la playa de Valdelagrana.


Estuario del río Guadalete en el Puerto de Santa María

Terminada la visita atravesamos la glorieta de Osborne para deleitarnos más tarde con la portada renacentista del Monasterio de la Cartuja de Xerez.



Más tarde conectamos con la A-4 Cádiz-Sevilla en busca de nuestro lugar de origen, la tierra de la Cal y del Flamenco que también fuera en tiempos pretéritos tierra de antiguas fronteras y en la actualidad de nuestra propia esperanza.

Desde el Puerto de Santa María para el Blog de mis culpas...




P.D. Quiero dar las gracias a Verónica, relaciones públicas de la Casa Caballero por ilustrarnos sobre la historia del Castillo de San Marcos en el Puerto de Santa María.


jueves, 3 de septiembre de 2015

Entre la Cádiz y San Fernando



La antigua Gadir fenicia -denominada Gades por los romanos-,  ha sido considerada la ciudad más antigua de Occidente-. Sus aguas fueron surcadas por los marinos fenicios de la antigua Biblos, Sidón y Tiro asentando su mayor base comercial en Occidente, después de haber navegado por las columnas de Hércules como se conocía entonces el Estrecho de Gibraltar, lo que les permitíó fondear para protegerse de la madre que parió el viento del levante -que viene de tierra- y del poniente -que proviene del mar- en esta zona geoestratégica, cuna de civilizaciones como lo demuestran los dos sarcófagos antropomorfos que se encuentran en el Museo Arqueológico de Cádiz, en la Plaza de la Mina.


Si nos lo permite Atapuerca como la piedra de Roseta en la evolución del ser humano, el pueblo fenicio actuó de vínculo entre las civilizaciones mediterráneas. Inventaron el alfabeto adoptado y modificado por los antiguos griegos que lo fueron transmitiendo como legado cultural.

Según el historiador romano Cayo Veleyo Patérculo, Cádiz fue fundada en 1104 a.C. “80 años después de la caída de Troya” que Eratóstenes fechara entre 1194 y 1184 a.C. y Herodóto en 1250 a.C.



Esta ciudad tres veces milenaria, fue capaz de alumbrar durante el convulso siglo XIX las Cortes de Cádiz y Constitución de 1812 como primera Constitución promulgada en España que supuso para nuestro país anclado en la miseria, el fin del absolutismo y el nacimiento del liberalismo irradiando progreso desde el Atlántico hasta el Pacífico.

Desde Cádiz transitamos hacia la antigua Isla de León -San Fernando-, cuna del Constitucionalismo moderno, al ser redactada nuestra primera Constitución en septiembre de 1810.



La Constitución de 1812, sólo por justicia, debería haber pasado a la historia como inmortal pero las circunstancias fueron otras quedando o debiendo quedar grabada en la retina de la Historia de España con letras mayúsculas de lo que pudo haber sido y no fue.





En San Fernando paseamos por el Teatro de las Cortes hasta llegar a la Plaza de Camarón de la Isla donde se encuentra un monumento dedicado a su memoria, frente a la Venta de Vargas. El cantaor es un referente importante en la ciudad de San Fernando de la cual es su hijo predilecto. Falleció el 1 de julio de 1992. 



El monumento en bronce a José Monge Cruz fue realizado por el isleño Antonio Aparicio Mota. Se encuentra sobre un pedestal sobre piedra ostionera, de más de dos metros de altura. Junto al monumento se encuentra un niño de bronce con mirada plácida observando al gran cantaor flamenco.

No muy lejos de allí se encuentra el mausoleo, obra del artista isleño Manuel Correa Forero.




En el Puerto de Santa María entramos por la Avda. de Valdelagrana entre glorietas a los salineros y Rafael Alberti que nos introduce poco a poco en la Plaza de las Américas donde nuestra retina capta al instante una réplica de la carabela de Colón “La Niña”, del profesor Coín Cuenca en el año 1990 pero eso formará parte de otra interesante historia.




martes, 25 de agosto de 2015

La feria de Morón en la retina del recuerdo



Farah en andalusí significa "alegría" y "lebs" traje. Faralaes es por tanto, el traje de la alegría. Por eso, cuando las moroneras se visten con sus elegantes trajes de flamencas se están vistiendo de alegría. Muchas veces ignoramos la etimología de las palabras y el origen de las fuentes que la nutren. De "faralaes" proviene el término "feria" y lo contrario "malfario".

No hace falta recordar que la casa de Blas Infante [en Coria del Río] se llamaba "Dar al-Farah"  o la casa de la Alegría. Y Morón, en estos días tan señalados, se convierte por derecho propio, en la casa de la alegría de la tierra de Villalón y de su comarca.

Recuerdo hace ya algunos lustros en los días previos a la feria cuando tradicionalmente comenzaba el día 17 y finalizaba el día 19 de septiembre [sin importar el día de la semana] a los antiguos turroneros colocando sus puestos de madera con las bombillas blancas que iluminaban las principales esquinas de la ciudad en una época donde las "luces" brillaban por su ausencia.

Los tradicionales puestos de turrón con aquellas garrapiñadas, almendras de turrón blando para nuestras abuelas, peladillas, coco, etcétera, nos anunciaban que la feria estaba a la vuelta de la esquina. Recuerdo aquellos puestos que colocaban en la Puerta de Sevilla, en la esquinas de la calle Álamos con la calle San Francisco, Molinos con la calle Llanete, Santa Clara con la esquima calle Utrera, etcétera.




Era el preludio de unos días de fiestas donde los niños pensaban en las antiguas cunitas y los mayores desconectarse de la cruda realidad, al menos durante unos días. Algunas semanas previas a tan magno acontecimiento se podían observar a no pocos zagales recogiendo cartones para venderlos y de ese modo disponer de algún dinerillo extra para tan señaladas fechas.

Otros niños acarreaban agua para los feriantes desde un grifo existente junto a una palmera, cercana al ambulatorio de la Alameda. Era una forma de conseguir alguna que otra "entrada gratis" en las atracciones como por ejemplo, el antiguo carrusel, el balance, el tío vivo, los coches locos, el tren de la bruja o el látigo, sin olvidar las antiguas escopetas de plomo con el cañón "ladeado" que evitaba dentro de lo posible derribar de un tiro algún que otro llavero de nuestro equipo favorito, un antiguo mechero de mecha o una botella pequeña de anís o coñac.



Foto: Lugares de Morón


Por tanto, en aquellas fechas era muy normal ver a muchos adolescentes trabajar en las antiguas alfarerías "cantarerías" o descargando camiones en el mercado de abastos o en los almacenes de ultramarinos, llevando sacos en un destartalado carro tirado manualmente a través de calles empedradas y empinadas. Era evidente que los derechos sociales brillaban por su ausencia en unos tiempos en que "todas las vacas daban leche", al menos para los mismos de siempre. 

Los primeros "motocarros" que recuerde tenían su parada en aquella calle Nueva, junto al bar del inolvidable Juan Bermúdez. En aquellos tiempos, todavía existían arrieros que arrimaban el material de obra con un carro tirado de mulos o borriquillos cargados cuyos serones de arena provenían de los arroyos que todavía permanecían limpios. No eran pocos los albañiles que iban por fanegas de yeso al motor de la Vereda Ancha o de la Plata con aquellos carrillos de mano destartalados y desvencijados que te facilitaban en el motor de yeso.



Feria del ganado. Foto: Pepe Torres


El germen de la antigua feria de ganado de Morón se remonta a un privilegio otorgado en 1271 por Alfonso X el Sabio, autorizando la celebración de una feria-mercado en la Villa de Morón.


Por otro lado, los antiguos albañiles se esmeraban trabajando en las fachadas de las casetas en esos días previos a la feria. El Ayuntamiento otorgaba tres premios a las casetas más originales y mejor terminadas.

Las casetas El Cortijo, Cha-Cha, Arunci o el Club de Pesca "El Galápago" eran un ejemplo fachadas típicas andaluzas de una "Feria de Morón" que ya pertenece a la retina de nuestra historia local. 

Realizando una mirada retrospectiva... 



Foto: Biblioteca Municipal de Morón


Recuerdo el primer día de feria por la mañana temprano desde la puerta de mi casa. Era un espectáculo observar tantos caballos, mulos y simpáticos borriquillos pasar por aquella calle Álamos y Molinos camino del "Tiro de Pichón", en unos tiempos donde la figura del talabartero, guarnicionero o herrador eran muy necesarias. Muchas caballerías y acémilas venían desde la antigua posada de la Cruz Dorada donde pernoctaban, denominada en tiempos pretéritos "la Cilla de los Canónigos", que fuera construida en 1744 y según crónicas locales sirvió para cobrar los diezmos que se pagaban entonces a la Iglesia.

A la izquierda de la posada, recuerdo que existía una taberna y a la derecha la antigua botica conocida por los vecinos como la  "Farmacia de Miguelito".




Al final de la Cruz Dorada existía un pozo donde los chiquillos más atrevidos bajaban cuando la pelota [el que la tenía] se caía en su interior. 

...Otras caballerías entraban por el puerto de Jesús, desde los arrabales de Morón, en dirección a la feria del ganado que entonces se celebraba en el antiguo Tiro de Pichón en la Alameda, convertido en punto de encuentro para comprar o vender ganado.

La feria era un verdadero acontecimiento, sobre todo para los niños, que estábamos deseando llegar al comienzo de la calle Utrera donde comenzaba entonces el alumbrado. En los Jardines de la Alameda llamaban nuestra atención los "retratistas" con aquel caballo junto con el toro invitando a los niños a plasmar en una fotografía aquel momento inolvidable bajo los farolillos de la feria. 



Foto: Lugares de Morón. Caseta "El Cortijo"


Una de las casetas más tradicionales y con más antigüedad de la Feria de Morón, es sin duda alguna “El Cortijo”, que fuera fundada en el año 1969 por un grupo de amigos y que sigue brillando con luz propia en la actualidad. Una caseta que destaca por su agradable ambiente y fiestas flamencas. Artistas de reconocido prestigio han pasado por su tablao flamenco.



La caseta "El Cortijo" se encuentra hermanada con la caseta "El Manchón" de Marchena


En la mediación de la calle Utrera algunas personas colocaban sus tenderetes ambulantes para vender el último artilugio para pelar patatas de manera fácil o el último líquido de limpieza que acababa incluso con las "perras gordas" y "perras chicas", monedas de mi época que junto con la de dos reales, utilizamos con cierta frecuencia en la inolvidable esquina del "Tío Bigotes", donde los niños de mi época podían encontrar los últimos pulgarcitos del Jabato y el Capitán Trueno, chicles de Urtain o cigarros de matalauva, entre un sinfín de artículos infantiles.  





Y para las personas mayores queda en la retina del recuerdo el antiguo teatro chino de "Manolita Chen" que hacía las delicias de los mayores con aquellas vedettes con escasa ropa, que estimulaban la presbicia de nuestros mayores sin olvidarnos del circo que siempre traía "una estrella importante" o aquellas corridas de toros donde la Guardia Civil a caballo vigilaba el perímetro de aquella plaza de madera para que ningún avispado se colara sin pasar por la taquilla.

¡Y cómo olvidarse de las antiguas tómbolas que tenían entretenidos a muchos matrimonios mayores que compraban aquellos sobres con la ilusión  de tocarle alguna plancha o la turmix "más moderna"!

Tampoco me puedo olvidar de aquellas motos en un recinto circular de madera donde a gran velocidad dos motoristas daban innumerables vueltas que parecían que iban a salirse volando por la parte alta donde estaba el público.



Motos similares a las que recuerdo en aquellos años 

Durante las mañanas de feria las personas mayores disfrutaban viendo la exposición de antiguas motos "Montesa y Bultaco" junto a los coches de la época en los jardines de los palomitos.

Recuerdo también aquella Alameda de los Cuatro Caminos jalonada de eucaliptos bajo un fuerte olor de sardinas y pinchos morunos en aquéllas frágiles casetas improvisadas de toldos viejos y cañas recogidas en las riberas del río Esparteros, con las sillas y mesas de madera. L
a mayoría de las familias se traían de sus casas la comida preparada o compraban el clásico pollo asado y se pedían unos refrescos. Eran unos tiempos muy precarios para la inmensa mayoría de los ciudadanos y no todo el mundo podía comer en la feria, por razones obvias.




Junto a la feria de ganado recuerdo que se alquilaban unas destartaladas bicicletas con volantes por una peseta que hacían las delicias de los zagales con escaso parné. Y aquel añorado cine Oriente de verano junto al bar Alemán al que me llevaban mis padres para ver aquéllas películas de Pili y Mili o Manolo Escobar junto al antiguo parque infantil donde antes existía un bar de verano en forma de kiosko [actualmente se encuentra el Centro de Mayores].




Existía una heladería al final de la calle Utrera denominada "de los italianos" con sus deliciosos "cármenes" que eran unas copas de helados con varias bolas, nata con nueces y caramelo líquido, que anestesiaban gratamente las frágiles retinas de aquellos zagales que hoy peinan ya canas de plata.

A veces, los primeros días de feria quedaban impregnados bajo aquellos efluvios del orujo y la leña de olivo como combustible de los hornos de tipo árabe en la antigua y desaparecida cantarería existente junto a los jardines de los palomitos [de Antonio Martínez Vázquez]. Se cocían a muy altas temperaturas los ladrillos de rasillas, tabiques, gafas, refractarios, contratas, de solería [cabeza o de soga] o tubos de cerámica con diámetros que iban del 1 al 6, codos y pipetas vidriadas para los desagües. La quema de leña de olivo se convertía en cisco y carbón que sería vendido durante el frío invierno.




Y como olvidarme de la magnífica banda de música del maestro don Francisco Martínez Quesada que animaban las cálidas noches de verano en la Alameda, en el antiguo templete ya desaparecido, frente al jardín de los palomitos, en cuyos árboles existían unas casas de madera construidas "in situ" para los palomos, sin olvidar aquélla iluminación dentro del jardín en forma de semicircunferencias rojas con manchas blancas que simulaban las mariquitas del jardín con la fuente brotando grandes chorros de agua que daban al jardín un aroma especial. 




Recuerdo también la antigua caseta que llamaban "del caza y pesca", donde se reunían las "élites locales junto a las fuerzas vivas de la ciudad". Eran unos tiempos pretéritos donde las diferencias sociales estaban muy acentuadas.

Y como no recordar aquéllos primeros partidos de fútbol de la U.D. Morón en el campo de albero en horario nocturno, con la luz eléctrica por primera vez sobre postes de madera largos que se quitaban cuando terminaba el trofeo de feria o las primeras duchas en aquellos vestuarios con agua fría y olor a zotal que utilizaba el amigo Silverio [D.E.P.] mientras no pocos niños con escasos recursos observaban el partido desde los árboles. 


¡Cómo pasa el tiempo! O tal vez sea más correcto decir:
 ¡Cómo pasamos nosotros!



La feria se disfrutaba entonces por la mañana y por la tarde donde al comenzar la noche había personas que permanecían en pie en la tómbola mucho tiempo para conseguir una muñeca o el clásico toro negro para colocarlo encima de la televisión. Eran tres días de feria y no había fiestas locales como hoy. El alumbrado oficial se colocaba sobre grandes postes de madera que colocaban los operarios durante el tórrido mes de agosto.

La feria terminaba en el cruce de los cuatro caminos y los fuegos artificiales formaban parte de su epílogo, que se realizaban en las "Erillas Huecas". 

Eran unos tiempos en que la mayoría de las personas tomaban el fresco durante el tórrido verano por la noche en las puertas de sus casas y los niños jugaban todavía en la calle.



Homenaje a la Feria de septiembre 1922. Caseta del Casino Mercantil. Al cante, Diego Bermúdez Cala "El Tenazas" acompañado a la guitarra del "Niño Ricardo"
[Fondo documental de Luís J. Vázquez Morilla, investigador flamenco de Morón]




Hoy todo ha cambiado incluso los horarios son diferentes. Las casetas están mejor ubicadas, más confortables y guardan una estética. Por el contrario, se consume más alcohol que en tiempos pretéritos, cosa preocupante en los jóvenes.

También es digno de destacar la mayor seguridad que se percibe en la feria con medios policiales, bomberos, servicios sanitarios, etc…




El miércoles víspera de feria, sobre las 22,00 horas,  tiene lugar la prueba del alumbrado con la banda de música para amenizar tan señalado acto. En ese momento comienza nuestra fiesta más popular con dos días de fiesta local, el viernes y el lunes de resaca. La mayoría de las casetas tienen cenas de socios y se vuelven a sacar las chaquetas de los armarios para lucirlas tan señalada noche.

Se disfruta de la noche con el tradicional "pescaíto frito" con las pijotas, boquerones, calamares y chocos no faltando a la cita el jamón ibérico, el revuelto de gambas, la manzanilla de Sanlúcar, la cerveza fresquita y el rebujito.

El jueves como es tradicional amanece la feria con nuestra banda de música a toque de diana con bellos pasodobles. A mediodía muchos trabajadores de diferentes empresas al terminar su  jornada laboral se reúnen en las casetas donde se vertebran conversaciones entre amigos en torno a una botella de manzanilla o unas cervezas estimulando el paladar con los platos típicos de la feria, dando vida al recinto ferial.





Recorriendo la feria de ganado de Morón que fuera el germen y la esencia de la actual, cuyos efluvios han sobrevivido al progreso, tuvimos la suerte de presenciar "in situ" un trato en el que los hombres cabales de Morón y su comarca aún se dan la mano para cerrarlo mediante una señal entre sus manos con testigos, aunque no sean necesarios. Es evidente que en estos lugares todavía la palabra empeñada con un apretón de manos vale tanto o más que la firma sobre un papel. Por tanto, honra a quien la cumple como parte de una confianza mutua.





Era típico ver a los tratantes de ganado con el sombrero cordobés o la gorra campera y con las botas de media caña acompañado de la tradicional vara de acebuche o de caña de cáñamo (de Cuba).

«Lo prometido es deuda», se dice, y muy acertadamente. Prometer es endeudarse, asumir una obligación de cumplir, de «pagar». Sin promesas muchos de los personajes de Cervantes no serían quienes son ni entrarían en relaciones duraderas los unos con los otros.

El origen del apretón de manos se remonta a los tiempos remotos, atestiguado por los jeroglíficos egipcios que plasman los antiguos pactos y arreglos. Un simple apretón de manos significaba una señal de acuerdo "sin escribas ni fariseos". Los antecedentes históricos más remotos provienen de la antigua Babilonia en el 1800 a.C. Posteriormente en la antigua Grecia y Roma se estilaba estrechar las manos agarrando por la muñeca apretando fuerte como consentimiento a un acuerdo.

Dar un apretón de manos ha significado siempre en tiempos de mis progenitores, dar fe o testimonio de lo que se afirma. Es considerada como una palabra de honor que "va a misa" y eso es irrebatible.



Felix y Eva, veterinarios de la feria de ganado de Morón


Una feria de ganado, como cualquier otra concentración de animales, requiere que de forma previa la entidad organizadora solicite autorización de la misma. Esta autorización la dan los servicios veterinarios oficiales de la Junta de Andalucía. Cuando se concede esta autorización se le entrega un condicionado sanitario, que es un documento en el que se recogen todos los aspectos que tiene que cumplir desde el punto de vista de la sanidad animal. Uno de esos aspectos es que cuente con un veterinario de ejercicio libre, que se encargue de cualquier problema sanitario de los animales que allí se concentran.

Luego está el veterinario oficial de la Junta de Andalucía, que no es obligatoria su presencia, es más una cuestión de voluntad propia, cuya misión es supervisar todo el funcionamiento de la feria de ganado y controlar los movimientos pecuarios.

También tuvo mucha importancia la fecha de celebración de la feria de ganado de Morón, que pasó desde mayo a septiembre por la actividad económica motivada por la recolección de la aceituna y también porque es de las últimas ferias de la zona y por tanto, los ganaderos quieren vender sus animales antes de que llegue el invierno. 

Durante cuatro días, Morón y su comarca podrán disfrutar de una de las mejores ferias de la provincia, con sus casetas, nuestra banda de música, alguna que otra charanga, concursos de sevillanas, trajes de flamencas, el habitual paseo de caballos y las orquestas y excelentes grupos que amenizan las casetas. No debemos de olvidarnos de tomar el tradicional chocolate con churros antes de irse a casa.



Gratos recuerdos



Disfrutando con los amigos el primer día de feria


Hay que disfrutar de nuestra feria con salud, moderación y alegría acompañado de la familia y los amigos, cada uno dentro de sus posibilidades. Y el último día como es tradición, comprar un poco de turrón para la familia y poder así endulzar un poco la vida, que tanta falta nos hace, en estos convulsos tiempos que corren...


Desde la "Feria de Morón", para el Blog de mis culpas...




P.D. Para terminar este humilde artículo  sobre la Feria de mi pueblo ubicada en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco, quiero realizar un simbólico brindis por el progreso y el bienestar de todos los pueblos del mundo y de sus gentes!

¡Salud y Feliz Feria para todos!