viernes, 16 de enero de 2026

Visita a la Exposición "Sorolla en el Real Alcázar"

 
"Si posible fuera nacer a voluntad y en dos lugares a un tiempo,
yo sería mitad de Valencia y mitad de Sevilla"

Joaquín Sorolla





Breve introducción


En 917 el califa Abderramán III ordena la construcción de la antigua Dar al Imara como residencia para el gobernador andalusí de la antigua Isbilya. Más tarde pasarán los  reyes de taifas, tras la caída del Califato de Córdoba. Posteriormente llegarán los almorávides y almohades hasta llegar a la transición castellana tras la conquista de Sevilla en 1248 por Fernando III “el Santo”, a quien sucederá su hijo Alfonso X “el Sabio” [de 1252 a 1284], Pedro I “el Cruel o el Justiciero”, hasta llegar a Carlos I y Felipe II con importantes reformas. Un crisol de culturas sobre cimientos romanos y visigodos que fusiona influencias de diferentes épocas [islámica, gótica, renacentista y barroca].




Sobre el núcleo principal de la antigua Dar al-Imara se encuentra el Palacio Gótico ordenado construir por Alfonso X junto al Patio del Crucero. Los Reyes Católicos aprobaron la creación, en 1503, de la Casa de Contratación en el Alcázar de Sevilla [considerado el primer edificio civil de la ciudad] para gestionar el comercio y la navegación entre España y el Nuevo Mundo, hasta 1717 en que se trasladó a Cádiz por sus mejores condiciones portuarias y mayor calado para los barcos.

Será Alfonso X quien ordenara construir un conducto para llevar agua de los Caños de Carmona al interior del Alcázar de Sevilla, que será reformado por Carlos I y decorado durante el reinado de Felipe II con azulejos realizados por Cristóbal de Augusta entre 1577 y 1578.

El Palacio Gótico está cubierto con bóvedas de nervaduras apeadas en pilares en el interior mientras que en el exterior se encuentra protegido por contrafuertes con torres almenadas en sus cuatro ángulos. En el interior  de las torres se encuentran las escaleras que permiten ascender a la parte más elevada. El interior del Palacio Gótico está decorado por azulejos renacentistas del siglo XVI. El Salón de Tapices lo forman doce de ellos elaborados por el mejor tejedor de la época, Guillermo de Pannemaker, y representan la conquista de Túnez en 1535 por el emperador Carlos V.

El Palacio Gótico del Alcázar está compuesto por, la Sala de Tapices, la Sala de los Jardines, la Sala de las Fiestas y la Capilla. El nivel superior se apoya en el inferior mediante bóvedas, en el que existía una alberca conocida popularmente como “Los Baños de Doña María de Padilla” al ejercer una gran influencia sobre el Rey Don Pedro I.

Un crisol de culturas que alberga en la actualidad exposiciones temporales como la de "Sorolla en el Real Alcázar" para disfrute de los sevillanos y visitantes.


Desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco orientamos nuestro sextante didáctico en busca de la Exposición Sorolla en el Alcázar, en compañía de Manolo, Jesús, Francisco Javier y Antonio.

Tras visitar el Palacio Mudéjar, el Salón de los Tapices y la Sala de las Bóvedas, decorada con seis grandes tapices que muestran la Conquista de Túnez de 1535, el Palacio del Yeso, la Sala de Justicia, el Patio del Yeso, el Patio de las Doncellas, la Sala de la Justicia, el Salón de Tapices y la Capilla, la Columna de Al-Mutamid, el Estanque de Mercurio,la Galería de los Grutescos, los Baños de Doña María de Padilla, la Puerta de Marchena, entre otras dependencias, entramos en el Salón Gótico, donde se encuentra la Exposición "Sorolla en el Real Alcázar".

Tras haber visitado días atrás la Exposición "Arte y Misericordia. La Santa Caridad de Sevilla" en el Museo de Bellas Artes y después de haber visitado el Palacio de la Condesa de Lebrija, donde se encuentra un cuadro de Sorolla a doña Regla Manjón en la planta baja, teníamos pendiente la obligada visita a la Exposición "Sorolla en el Alcázar de Sevilla” que se podrá disfrutar hasta el 1 de marzo de 2026 en el Palacio Gótico del Alcázar, con motivo del primer Centenario del fallecimiento del genial pintor valenciano (1863-1923).

La Exposición muestra la conexión existente entre Sorolla y la capital hispalense "Sevilla a través de la visión de Sorolla", donde los verdes jardines de los Reales Alcázares brillan con luz propia entre la luminosidad de Andalucía y los efluvios que transmite el blanco azahar de sus naranjos, inspirando al pintor valenciano durante sus visitas a la ciudad del Guadalquivir, de la que se llevó sus efluvios hasta los Jardines del Museo Sorolla, donde ubicara su casa de Madrid.

Sorolla sentía una fascinación por la naturaleza, en especial por los jardines del Alcázar de Sevilla y La Alhambra de Granada, donde a pleno sol la luz intensa del Mediterráneo con sus intensos reflejos y matices hacen brillar la arquitectura, destacando las pinceladas de trazo largo. Sus óleos serán un verdadero universo de colores.

Será en el año 1902 cuando Joaquín Sorolla tenga su primer contacto con Sevilla y su Semana Santa. A Sorolla le esperaba un cúmulo de sensaciones al ver la procesión de la Esperanza Macarena acompañada de miles de nazarenos bajo esa explosión de luz y de color de la primavera. 

La Semana Santa coincide con la primera luna de la primavera mientras que los pétalos del azahar florecen e impregnan nuestros sentidos simbolizando el triunfo de la vida (primavera) sobre la muerte (el invierno). Frente a la umbría y el silencio de los pasos de Cristo entre hachones, aparece la incandescencia viva y cegadora de la candelería de los palios que iluminan el rostro de la Virgen. Eso dejará una profunda huella en un pintor tan sensible como Sorolla.

“Los santos son magníficos y de gran figura, pero lo bueno fue la luz, el color soberbio de las gentes al sol destacando sobre paredes azules y blancas.

En 1908 vuelve el universal pintor a Sevilla para hacer un retrato de la reina Victoria Eugenia de Battenberg con manto de armiño, y también a los Jardines del Alcázar. Realiza entre otros cuadros, entre ellos un óleo sobre el Puente de Triana.

Sorolla pintaba al natural, pero a veces empleaba el encuadre fotográfico como recurso pictórico para sus composiciones.

Un estilo impresionista que captó con sus pinceles la luz de Sevilla en general, y la de los jardines del Alcázar en particular. La Exposición muestra la conexión existente entre Sorolla y la capital hispalense, donde los jardines de los Reales Alcázares brillaron con luz propia entre la luz y el color, inspirando al pintor durante sus visitas a la ciudad del Guadalquivir, de la que se llevó sus efluvios hasta los Jardines del Museo Sorolla, donde ubicará su casa de Madrid.

La Exposición “Sorolla en el Alcázar de Sevilla” es el resultado de la colaboración entre el Patronato del Real Alcázar, la Fundación Museo Sorolla y la Fundación Bancaria Unicaja, demostrando que “Sevilla tiene un color especial”, cuando de óleos, paletas, caballetes y pinceles se trate.





Sorolla en el Real Alcázar

Joaquín Sorolla y Bastida (1863, Valencia-1823, Cercedilla) es uno de los grandes maestros de la pintura y el artista español con mayor proyección internacional a comienzos del siglo XX. Formado en Valencia, Madrid y Roma, su talento para captar la luz y el color lo convirtió en uno de los pintores más reconocidos. Su gusto por pitar al aire libre le hizo viajar por toda la geografía española. Cultivó muchos géneros-relatos, escenas costumbristas, paisajes marinos o jardines-, siempre desde la perspectiva del naturalismo, la rapidez de captación y ejecución, y el apabullante dominio de la luz.

Entre 1902 y 1918 realizó varias estancias en Sevilla. Atraído por la belleza y herencia histórica del Real Alcázar, realizó una significativa producción de pinturas de jardín que se encuentran entre las más bellas y evocadoras de su carrera. En estas obras de madurez, el agua, la vegetación y la arquitectura dialogan bajo la luz del sur, revelando la sensibilidad de un artista que convirtió la naturaleza en arte y el jardín en un espacio de creación y contemplación.

Salgo enseguida para Palacio, pues
quiero pintar en los jardines otro cuadro.
Esto te gustaría pues no pisas tierra
nunca, todos están embaldosados y con
azulejos intercalados; sus fuentes de
azulejos, todo cercado de mirto,
le dan una nota poética muy simpática.

[Carta de Joaquín Sorolla a su mujer Clotilde, 4 de febrero de 1908].




Jardines de Carlos V. Museo Sorolla [1910]

 

Los Jardines del Real Alcázar

El Real Alcázar de Sevilla es una obra única en el mundo: un conjunto de palacios y jardines resultado de superposiciones y culturas diferentes a lo largo de más de diez siglos. En sus edificaciones y espacios conviven la herencia almohade, el arte mudéjar, el renacimiento, el barroco y el neoclasicismo, es un proceso continuo de transformación y el neoclasicismo, en un proceso continuo de transformación y el dialogo entre épocas. Esa hibridación de arquitecturas y paisajes explica su carácter excepcional y su reconocimiento como Patrimonio Mundial en 1987.

Los orígenes del Alcázar se remontan al siglo XI, cuando la dinastía abadí y, más tarde, los almohades, lo configuraron como una verdadera ciudad palatina, compuesta por recintos amurallados, palacios y jardines. Estos primeros jardines andalusíes respondían a un ideal de paraíso terrenal, con patios geométricos organizados en cruz, rodeados de pórtico y salones, y ordenados en torno al agua. Las fuentes, albercas y acequias marcaban la estructura de los espacios, mientras los setos, las flores y los árboles perfumaban el aire, creando un ambiente de intimidad y contemplación.

Con la llegada del Renacimiento, las antiguas huertas musulmanas fueron transformadas para el ocio y disfrute de los palacios. Adosados a las estancias mudéjares y góticas surgieron los Jardines de las Flores, de la Galera, de Troya, de la Danza y del Estanque de Mercurio, verdaderos "salones al aire libre" articulados por ejes, terrazas y grutas donde Sorolla se deleitaba pintando. El arquitecto milanés Vermondo Resta, al servicio de Felipe III, fue quien definió su fisonomía manierista y rústica, aplicando el "opus rusticum" y completando el conjunto con el Palacio de Carlos V y el Jardín de las Damas.

A lo largo de los siglos XIX y XX el Alcázar continuó transformándose. Sobre las antiguas Huertas del Retiro, se trazaron los Jardines de Vega-Inclán y, más tarde, el Jardín de los Poetas, impulsado por Joaquín Romero Murube, que introdujo nuevas especies y un aire romántico, manteniendo siempre la armonía entre historia y naturaleza.

El resultado de este proceso es un conjunto vivo y diverso, donde el agua y la vegetación dialogan con la arquitectura.


Buenos días -he dormido muy bien- ahora, ocho media, me voy a los jardines a pintar: el día está envuelto en espesa niebla; durará probablemente hasta las doce, hora en que espero tener sesión con la Reina, veremos el programa de hoy cómo sale. Muchos besos y hasta luego.


Se cumplió todo el programa, pinté en el jardín y pinté a la Reina.

[Carta de Joaquín Sorolla a su mujer Clotilde, Sevilla a 22 de febrero de 1908].


Regreso del Alcázar, he terminado un estudio bonito de luz, con este van seis, esta tarde terminaré el que empecé ayer y serán siete.

Creo que valen el sacrificio de no estar juntos.

[Carta de Joaquín Sorolla a su mujer Clotilde. Sevilla, 16 de febrero de 1908].





Sorolla en Sevilla


Sorolla realiza una primera estancia prolongada en Sevilla en 1908. El motivo era pintar el retrato de la Reina Doña Victoria Eugenia de Battenberg que se alojaba en las estancias palatinas del Real Alcázar. En los tiempos de espera que le quedan entre las sesiones del retrato de la Reina, Sorolla se adentra en los jardines. Dos años después, en 1910, volverá a realizar otra estancia en el Real Alcázar motivada por la realización de un retrato del Rey Alfonso XIII y de nuevo aprovechará el tiempo para pintar en los jardines. Finalmente, en el año 1918 realizará la tercera estancia donde volverá a pintar.

Frente a la monumentalidad barroca de los jardines de La Granja de Segovia que había conocido el año 1907, en Sevilla Sorolla se encuentra con unos jardines insospechados, una concatenación de espacios geométricos que se suceden y ocultan entre sí, espacios semicerrados y conectados a través pasillos, arcos, escaleras, muros: Jardín de las Flores, Jardín de la Galera, Jardín de Troya, Jardín de la Danza, Estanque de Mercurio…Sorolla queda atrapado como en un laberinto. Serán estos jardines renacentistas del Real Alcázar lo que más despierten el interés pictórico del arista.

Los patios de estos jardines se cierran y se abren a través de las arquitecturas y la vegetación: setos, arcos, follajes, todos ellos labrados con el arte de la poda. También hay un componente escenográfico en los elementos vegetales que dialogan con la estatuaria y con la arquitectura de columnas, arcos, grutas, pérgolas o escalinatas que refuerzan la idea de monumentalidad. Y en todos ellos, las fuentes, los estanques, los surtidores de agua ordenan el espacio, marcan el eje de simetría.

Hay una poética de la soledad y el silencio en todos los cuadros que Sorolla pinta en el Real Alcázar. En parte, ello es debido a la configuración paisajista de los propios jardines, concebidos con espacios aislados, escondidos. Estos jardines renacentistas incitan a la contemplación. En la mayoría de los casos, Sorolla realiza composiciones muy personales, encuadres muy precisos, detalles concretos y subjetivos de un jardín. No abundan las visiones panorámicas.

Sorolla se desenvuelve en la intimidad de los jardines de palacio ajeno a la mirada de curiosos a la que se enfrentaba siempre el pintor en sus sesiones de trabajo al aire libre, ello le permite trabajar con más desahogo y libertad, lo que le facilita la experimentación formal que vemos en estas obras.


Ya se terminó el día de hoy, la tarde ha sido muy pesada de calor y me he refugiado en el Pabellón de Carlos V donde he pintado otro estudio y van diez.

[Carta de Joaquín Sorolla a su mujer Clotilde. Sevilla, 18 de febrero de 1908].


Ya casi tengo pintados los jardines por todos lados, así que la terminación de mi estancia en ésta viene a su verdadero tiempo.

[Carta de Joaquín Sorolla a su mujer Clotilde. Sevilla, 23 de marzo de 1908].


Todo está apunto de brotar, naranjos, rosales y claveles…pero nada hay aún, el pequeño naranjo del Alcázar o tiene naranjas y es que es pronto para Sevilla, además hace frío, yo le tengo ahora, la humedad se filtra poco a poco y las articulaciones están torpes (…)

[Carta de Joaquín Sorolla a su mujer Clotilde. Sevilla, 29 de marzo de 1918].


Ya me he dado unos días de sol sevillano y Dios querrá que alguna vez acompañado por ti podamos estar todo el tiempo que se quiera.

El caprichito está realizado y no he llegado a cansarme de esto y es lo mejor.


[Carta de Joaquín Sorolla a su mujer Clotilde. Sevilla, 30 de marzo de 1918].




He empezado un estudio de un rosal tan hermoso que daba gana de comérselo, qué color…es lástima sea una nota pequeña lo que he pintado y sobre todo que no lo hubiera visto hasta hoy.

[Carta de Joaquín Sorolla a su mujer Clotilde. Sevilla, 30 de marzo de 1918].




Sorolla paisajista

Fruto de sus numerosas estancias pintando en los jardines del Real Alcázar de Sevilla, La Alhambra y el Generalife, y educado en una especial sensibilidad hacia la jardinería, Sorolla evolucionó de observador a creador de espacios. En paralelo a estas estancias pictóricas andaluzas, el pintor convertido en paisajista proyectó en su residencia madrileña cuatro jardines concatenados que beben claramente de lo visto en Andalucía.

La influencia más evidente aparece en el primer jardín de su casa, que remite de forma directa al Jardín de Troya del Alcázar: la fuente central y el acceso porticado reproducen la organización espacial que tantas veces pintó. Otras referencias incluyen las columnas y la fuente del Jardín de la Danza o elementos decorativos inspirados en el Pabellón de Carlos V. El recuerdo de Granada también aflora en estanques y surtidores que evocan el Generalife.

Andalucía dejó así una huella profunda en su hogar, visible en materiales encargados en talleres de cerámica sevillanos, piezas escultóricas y fuentes adquiridos por el pintor en sus viajes, y especies vegetales enviadas desde la Alhambra, que aún hoy perviven en su casa museo. Con estos jardines madrileños, Sorolla se situó en la vanguardia de la creación del jardín neoandaluz o neoespañol, junto a eminentes paisajistas como Forestier y Winthuysen con los que mantuvo relación.



Naranjo del Alcázar [1918]. Casa Sorolla


La estética del jardín

El jardín es signo de cultura, lo opuesto a la naturaleza salvaje; el orden frente a lo espontáneo. El jardín es un espacio híbrido, un microcosmos artificial, intermedio, ambiguo, donde la naturaleza controlada y el orden arquitectónico se combinan creando un espacio privilegiado que ofrece múltiples posibilidades sensoriales.

Desde la Antigüedad todas las civilizaciones han cultivado el jardín de múltiples formas. A lo largo de la historia, el jardín ha sido refugio y metáfora del placer, la exuberancia, el frescor, la calma y el sosiego; ha sido sinónimo del goce, la sensualidad o la intimidad. El jardín es un refugio para la belleza donde todos los sentidos gozan de plenitud; algunas culturas lo han concebido como metáfora del Paraíso.

En el siglo XIX, la pintura de jardines se configuró como el último refugio de los pintores plenaristas, todos ellos hicieron del jardín un tema básico de su pintura. Sorolla no fue menos. Y en su pintura de jardín nos encontramos con las mismas cuestiones plásticas que tanto preocuparon a Sorolla como pintor: la captación de la luz y sus fenómenos atmosféricos.

Desde la perspectiva de la representación pictórica, el jardín ofrecía a Sorolla todo un sinfín de desafíos y posibilidades: la combinación entre el marco arquitectónico y la vegetación, los efectos de la luz filtrada sobre las masas vegetales, a reverberación de la luz en el agua de fuentes y estanques, el juego de las sombras, el múltiple colorido de la flora, la delicadeza de la representación de las flores…

Lugo están los elementos intangibles, aquellos que el pincel del artista no puede atrapar pero que los evoca y que finalmente los estimulan a la creación: el rumor del agua, el aroma de las flores, el canto de las aves, la brisa del aire…no se pueden representar pero están ahí, latiendo dentro del cuadro.



Un grupo de técnicos en labores de peritaje, en la Puerta de Marchena del Real Alcázar


La Exposición de Sorolla en el Alcázar nos defraudó un poco al no ver las catorce pinturas conocidas de la "Visión de España". Para recuperar fuerzas y algo de alegría nos dirigimos al barrio del Arenal para pegarnos un “Sorollazo” [entiéndase la expresión] donde brilló con luz propia sobre la mesa el vino con D.O. Pandora de Toro.

Más tarde, orientamos nuestro sextante didáctico en busca de la Casa de Pilatos, origen de la Semana Santa de Sevilla, no sin antes visitar la única iglesia de Sevilla "San Onofre" en la Plaza Nueva que permanece abierta las 24 horas del día, aunque la mayoría de las veces pasa desapercibida para la  mayoría de los ciudadanos. Nuestra visita a la Casa de Pilatos formará parte de otra didáctica e interesante historia que compartiremos con nuestros amigos.

La tarde no pudo ser más didáctica, al encontrarnos junto a la Giralda de Sevilla al crítico y escritor flamenco Manuel Bohórquez, con quien cambiamos algunas impresiones sobre la figura flamenca de Silverio Franconetti, lamentablemente muy olvidado en Sevilla, aunque nació en la Alfalfa. 

Manuel recientemente ha escrito una novela "Silverio, el hijo del italiano", a quien desde estas páginas, le deseamos mucho éxito y que presente su libro en Morón, la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco.


Desde Sevilla, quiero brindar con un saludo cabal.

¡Por el progreso de todos los pueblos y de sus gentes!