viernes, 13 de agosto de 2021

El Bushido [Código Samurai]

Dedicado a los guerrer@s de Bujinkán y Shotoyama, 
en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco

…Echando un poco la mirada atrás, recuerdo el Pabellón de Japón [durante la Expo 92 de Sevilla] construido en madera tradicional del país nipón, con su puente arqueado [Taiko bashi] que nos introducía en el túnel del tiempo [entre paredes exteriores, columnas y vigas realizadas en madera laminada], con aquéllas armaduras de samuráis que proyectaba de alguna manera el bushido.

Aquella legendaria película de “Los Siete Samuráis” de Akira Kurosawa, “Shogun” con Richard Chamberlain o “El último samurái” con Tom Cruise, Ken Watanabe e Hirouki Sanada entre un magnífico reparto, que nos retrotrae de alguna manera a la cultura del bushido, donde el respeto por las tradiciones ancestrales ha brillado con luz propia. ‎

Tampoco me puedo olvidar de nuestra grata visita a la Escuela Bujinkan, en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco, donde su shihán José Antonio, junto con los Shidoshis Helena Isabel y José, nos acompañaron en una inolvidable jornada. 

Pasado un tiempo, atravesamos el río Guadalquivir con mi amigo Manolo para visitar Coria del Río donde se encuentra ubicado el monumento a Hasekura Tsunenaga (1571-1622), embajador del señor del feudo de Bojú [Date Masemure]. Todo ello, complementado con un artículo de la antigua revista Historia sobre el Bushido Código Samurái que adquirí en Librería Raimundo de Cádiz, que junto con los libros “El Código del Samurai: Bushido” de Inazo Nitobe y “Hagakure [a la sombra de las hojas] El camino del samurái” de Yamamoto Tsunetomo, me han facilitado los mimbres necesarios para realizar éste respetuoso artículo, que comparto con los amigos del blog de mis culpas.

La historia de Hasekura parte del año 1613, cuando zarpó del puerto japonés de Sendai en un galeón con destino a España. En su expedición iba acompañado del monje franciscano español Luis Sotelo y de un nutrido séquito de samuráis y comerciantes nipones; su objetivo era establecer relaciones políticas y comerciales con la corona española y solicitar su apoyo para, entre otras cosas, acrecentar el cristianismo en su país.


Fotograma de la película "Los Siete Samuráis" de Akira Kurosawa


El 5 de octubre 1614 llegaba esta embajada nipona a las costas de Sanlúcar de Barrameda, pero para entonces ya habían cambiado mucho las cosas en su Cipango natal: la religión cristiana fue prohibida y proscrita en Japón justamente en el tiempo en el que ocurría su viaje; además, por las contradictorias noticias que llegaban a la Corte española desde Filipinas sobre la situación interna del Japón y sobre la problemática del cristianismo en ese país hicieron que fuese desestimada la ayuda material que se solicitaba.

Tras muchas vicisitudes la comitiva japonesa emprendió viaje de regreso a su país. Sin embargo un grupo de nipones samuráis decidió no atravesar nuevamente los grandes océanos y establecerse definitivamente en España, y en concreto en Coria del Río. Fruto de aquella expedición es hoy el legado genealógico y cultural excepcional que queda en la localidad, reflejado entre otras cosas en la existencia y profusión del apellido "Japón" entre muchos de sus vecinos.

A pesar de la importancia de aquella expedición para su propia historia nacional, los japoneses no tuvieron constancia de ello hasta el año 1989, cuando con motivo de la conmemoración del nacimiento de Sendai [capital de la prefectura de Miyagi] como ciudad se iniciaron nuevas investigaciones sobre sus orígenes apareciendo unos escritos donde se mencionaba al fiel samurai Hasekura Tsunenaga y su gran labor dirigiendo la expedición "Keicho". A partir de ahí la ciudad de Sendai y Coria del Río formalizaron su hermanamiento en 1991, sellándolo con la instalación de esta estatua del samurai Tsunenaga en el parque Carlos de Mesa, en la margen derecha del río Guadalquivir.




Etimológicamente Bu-shi-do significa militar-caballero-caminos [samuráis]. El bushido era el código de honor no escrito de principios morales transmitido a lo largo de cientos de generaciones y que los legendarios samuráis no sólo debían aprender, sino sobre todo, llevar a la práctica en su vida pública como privada.

Lo que fue Japón en su antigüedad se lo debió a los samuráis como flor y raíz de la nación. La flor del cerezo [sakura] es el símbolo de Japón que representa lo efímero de la vida. Por ello, es el símbolo de los samuráis que representan un referente de honor, moralidad y respetabilidad, que mostraban con su ejemplo.

Historiográficamente el bushido se identifica con el feudalismo en la época de mayor auge y esplendor de éste, cuya aparición histórica y oficial coincide con la subida al trono imperial de Minamoto-no-Yoritomo, fundador del Shogunato o dinastía Kamakura a finales del siglo XII aunque los gérmenes del propio bushido habían nacido mucho tiempo antes.

Durante la turbulenta Edad Media japonesa el control efectivo del poder se lo disputaban dos familias militares rivales: Minamoto y Tiara hasta que Minamoto aniquiló a sus rivales en 1185 en la batalla épica samurái de Dannoura, en el mar Interior de Japón, lo que supuso el eclipse del poder imperial como fuente efectiva de la política nacional y comienzo de siete siglos de gobierno feudal ejercido por varios shogunes o gobernadores militares.

El shogunato estimulaba el cultivo de la austeridad y de las artes marciales, imprescindibles para imponerse a los clanes militares rivales de las provincias más alejadas. El periodo Kamura (1192-1333) como se conoce la era del shogunato de Minamoto [por el nombre donde se estableció Yorimoto] llegaría a ser la época dorada del bushido, de la caballería japonesa y de los samuráis que eran asalariados de los daimios. Los shogun, pese a ser tremendamente arbitrarios, contribuyeron a dar a Japón un sentido homogéneo de pertenecer a una gran nación.



Foto: Santiago Brignone. Museo Nacional de Tokyo


Fue en esta época [entre 1274 y 1281] cuando aparecieron nubarrones oscuros en el antiguo Japón. En 1268 Kublai Khan, nieto del conquistador Genghis, exigió la sumisión de Japón. Los mongoles habían conquistado un gran imperio que se extendía desde Corea hasta el Adriático. En noviembre de 1274, 25.000 guerreros mongoles desembarcaron en la costa norte de Kyushu. Los defensores japoneses no se dejaron intimidar y los neutralizaron en un sólo día de lucha. Los mongoles gobernaban gracias al terror y no podían permitir que existiera un Japón independiente y desafiante. 

Las autoridades japonesas decapitaron a los emisarios de los mongoles y como represalia comenzó la segunda invasión de los mongoles a comienzos de junio de 1281. Dos flotas transportaban 150.000 hombres que arribaron a las costas occidentales de Japón. La lucha se prolongaría durante cincuenta días, hasta que un tifón azotó Kyushu destruyendo las naves de los mongoles, desmoralizándose éstos al ser las naves su único medio de retirada. A este desastre lo llamarían los japoneses “viento divino” o kamikaze, demostrando que los dioses seguían protegiendo al Japón contra los invasores.

Tras una efímera restauración del gobierno imperial (1333-1338), se impuso el gobierno militar establecido por la familia Ashikaga en Muromachi (Kioto) Fue durante este periodo (1338-1573) cuando se desarrolló un estilo de vida en el que las austeras prácticas del bushido encontraron expresión en actividades religiosas y estéticas que dejaron huella indeleble en las artes japonesas.

En el Japón medieval, como en la Europa de la época, la clase social de los bushis o samuráis llegó a adquirir una posición preeminente equivalente a los milites medii de la Europa del Medievo.

El trípode que soportaba la armadura del Bushido fue denominado chi [sabiduría], jin [bondad] y yu [valor]. Un samurái era esencialmente un hombre de acción. La teología quedaba fuera de su ámbito. Las materias que estudiaba el samurái eran: manejo de la katana y del arco, jiu-jitsu como la habilidad para aplicar las técnicas de defensa y ataque en la anatomía del cuerpo que dejara sin resistencia al adversario, equitación, manejo de lanza, táctica, caligrafía, ética, literatura e historia. El maestro junto al señor  eran considerados en alta estima [como el sol y la luna] mientras que el padre y la madre eran considerados como el cielo y la tierra. Un samurái no debe jamás reflejar en su semblante sus emociones.




Los samuráis eran una casta privilegiada de grandes guerreros y acreedora de grandes honores. Pero los privilegios que gozaban irían acompañados de graves responsabilidades y obligaciones. Tenían un código moral que establecía y castigaba las faltas contra el espíritu de caballería. Su código de honor “el bushido” exigía juego limpio en la guerra. Si el perfecto caballero cristiano contaba como principios “religión, guerra y gloria” como potencias espirituales, el samurái contaba además con otras fuentes:

1. Budismo aportó al bushido una total sumisión a lo inevitable, una actitud estoica ante el peligro o adversidad, un profundo desprecio por la vida y una íntima familiaridad con la muerte y el Más Allá. Cuando un maestro observaba que su mejor discípulo dominaba el arte de las armas por completo le aconsejaba las enseñanzas del zen para crecer también a través del pensamiento.

2. Sintoísmo ofrecía la lealtad al soberano, el amor y la piedad filial como pilares esenciales de la ética samurái, venerar a sus antepasados y moderar el carácter arrogante de los samuráis. La teología del sintoísmo no admitía el dogma del pecado original, al creer en la bondad innata y en la pureza casi divina del alma humana siendo necesario tener el corazón tranquilo y limpio semejante al nirvana indio. Los antiguos japoneses concedían una gran importancia a la conciencia nacional del individuo y un culto amoroso a la naturaleza, lo que convirtió al emperador en mucho más que un soberano, era el representante del Cielo en la Tierra, reuniendo en su persona el poder y la misericordia. Esta religión despertaba en los japoneses el amor a la patria y lealtad al emperador.

El sintoísmo es la típica religión nacional que ha asimilado diferentes tradiciones religiosas sin tener ningún credo. Lo esencial del sintoísmo son las ceremonias y los ritos que mantienen el contacto con las divinidades. Los dioses “kami” se manifiestan en los árboles, montañas, ríos, animales o humanos. El término “kami” suele traducirse como “espíritu”. El sintoísmo ha desempeñado un papel principal desde los tiempos de la sociedad agrícola.

Según la mitología japonesa, en tiempos primitivos estaba la pareja divina Izanagi (él) e Izanami (ella), que bajo del cielo y parió primero las islas japonesas y luego el resto del mundo y por fin una serie de kamis, que fueron los padres de los primeros seres humanos. Pero la sociedad humana necesitaba orden y dirección, y entonces Amaterasu fue enviado a la Tierra. Uno de sus descendientes se convirtió en el primer emperador de Japón [Jinmu Tennō [literalmente “guerrero divino”], que desciende de la mismísima diosa del sol.

Poco a poco los japoneses pasaron del culto de los kamis de los difuntos a recibir culto al propio emperador, que ya era un kami en vida. A partir del siglo XIX, Japón se veía amenazado por la expansión occidental y el emperador había sido ensombrecido por los líderes militares “shogun”, que eran los que detentaban el poder real.

En 1867, el emperador Meiji Tensó (1852-1912) se hizo con el control del país y llevó a cabo una renovación política y religiosa convirtiendo el sintoísmo en la religión estatal del imperio que durará desde 1868 a 1946 siendo depurados y destruidos los elementos budistas. La imagen del emperador se colocó en todos los edificios públicos, escuelas y fábricas y el pueblo estaba obligado a inclinarse respetuosamente ante ella.

En la Segunda Guerra Mundial, el fuerte nacionalismo se fusionó con el sintoísmo constituyendo la base ideológica de los pilotos suicidas japoneses [los kamikazes, que significa “espíritu del viento”]. Cada kamikaze “espíritu del viento” que moría en acto de guerra era inmediatamente nombrado kami, celebrándose ceremonias en su honor junto a los templos sintoístas.

Después de la derrota de Japón en agoto de 1945, el emperador renunció a su divinidad siendo abolido el sintoísmo como religión estatal aunque no como religión popular que se mantuvo en las casas y templos como morada de los kami.

3. Confucionismo. Enseñanzas del filósofo chino Confucio (551-479 a.C.) enunciando 5 relaciones morales entre amo y servidor, padre e hijo, marido y mujer, hermano mayor y hermano menor, amigos y prójimos adaptados a la mentalidad de los samuráis que formaban la clase dirigente.

4. Mencionismo [Mencio, discípulo de Confucio (371-289 a.C.)]. El bushido no buscaba el puro conocimiento como fin en sí mismo, sino sólo como un medio para alcanzar la sabiduría. Era necesario distinguir entre el bien y el mal trazando una línea de lo que debiera ser una conducta recta y firme de la existencia humana.



Fotograma: "El último samurái"


Preceptos morales del bushido

Rectitud [shojiki]

Era el más elevado al tener la facultad de decidir cierta línea de conducta de acuerdo con la razón sin titubear: “morir cuando es justo morir; matar cuando se debe matar”. Mencio describió la benevolencia como “espíritu del hombre” y “rectitud” como su camino recto y estrecho por el que el hombre debe seguir para recuperar el Paraíso Perdido. Este pensamiento está en línea con una parábola enunciada 300 años después por Jesucristo que consideraba el Camino, la Verdad y la Vida.

El término japonés gichi “hombre de rectitud” era considerado superior a cualquier otro. Por ello los legendarios "Cuarenta y Siete Leales" samuráis fueron conocidos como los 47 gishis. La lealtad era considerada una joya a la que se tenía la mayor estima.

Del concepto sichi derivo giri (recta razón), que con el tiempo llegó a significar el sentido del deber con respecto a los padres, superiores, inferiores y la sociedad en general. Lo que la recta razón exigía a los samuráis era el cumplimiento del deber. 

Valor [yu]

Hermano gemelo de la rectitud acompañando al servicio de la justicia. La muerte de un samurái por causa injusta o sin causa alguna era denominada “muerte de perro”. El verdadero valor consiste en “vivir cuando es justo vivir y morir cuando es justo morir”. Las narraciones de hazañas gloriosas de samuráis eran repetidas continuamente, incluso delante de los más pequeños. Cuando un samurái tenía el estómago vacío, era una vergüenza mostrar hambre.

Los hijos de los samuráis eran sometidos a las más duras pruebas para fortalecer su cuerpo y alma  como la privación de alimentos, exposición al frío, levantarse antes de salir el sol, asistir a la escuela sin desayunar con los pies descalzos en el crudo invierno, pasar toda la noche sin dormir leyendo en voz alta por turnos, enviarlos al cementerio para familiarizarse con los espíritus, asistir a las ejecuciones públicas, etcétera. Era el origen de las virtudes morales y marciales del bushido.

Un perfecto samurái debería estar siempre sereno, jamás era cogido por sorpresa, frío y seguro en el combate y perfecto dominio sobre sí mismo.

Benevolencia [jin]

Estaba considerada como una de las virtudes supremas, uno de los más relevantes atributos del alma humana y esencial en la vida de los samuráis. Confucio como Mencio repetían que el supremo requisito de un gobernante consiste en ser benevolente con sus súbditos. Lo que en Europa consiguió el cristianismo para despertar la compasión y el amor en medio de los horrores de la guerra lo logró en Japón el Bushido.

Cortesía [raiji]

Sumo respeto a los sentimientos de los demás siendo el "sine qua non" del trato social. Se instruía a los jóvenes samuráis en una educada y correcta conducta social: como debían inclinarse al encontrarse con iguales o superiores, como debían andar o sentarse, etc. Eran cosas que se aprendían con la mayor atención. La etiqueta en la mesa fue elevada a la categoría de ciencia. Por ejemplo, el modo de preparar, servir y beber té se convirtió en una verdadera ceremonia ritual de 32 movimientos fijos. Un samurái educado estaba obligado a ello.

Veracidad [seijitsu]

La promesa o palabra de un samurái era garantía suficiente de veracidad y tenía tal peso que no hacía falta documento alguno, lo que se habría considerado muy humillante para su dignidad y honor. Incluso para dar más importancia a su palabra de samurái, acostumbraban a sellarla con su propia sangre. Entre los samuráis mentir era considerado como algo deshonroso e impropio de un noble guerrero. Los samuráis consideraban un juramento como la derogación de su honor.

Honor [maiyo]

La reputación era parte integral del ego del guerrero. Cualquier infracción a su integridad personal era tenida en cuenta como una vergüenza insufrible. El honor era el más importante indicador de la conciencia moral del pueblo japonés. El miedo al deshonor era tan grande en el Japón tradicional, que se encontraba suspendido como una espada de Damocles sobre las cabezas de los samuráis. Ante el más leve insulto, el samurái echaba mano de su espada. El honor era apreciado como sumo bien de la existencia terrenal y junto con la fama y gloria constituían la meta a la que aspiraban todos los jóvenes samuráis.

Lealtad [chugui]

Adquiere una enorme importancia en el código de honor caballeresco. Si en China la ética de Confuccio iba encaminada hacia la obediencia a los padres como el primero de los derechos humanos, en Japón medieval se daba prioridad a la lealtad.

Era la piedra angular del edificio formado por todas las virtudes morales del bushido. La lealtad a los superiores casi como entrega religiosa era un distintivo del pueblo japonés en función del bushido. Al trasladar el bushido a la familia, era normal que cualquier miembro de la familia debería morir por el bien de la familia si fuera necesario. Si se trasladaba el bushido al Estado, como ente superior al individuo, éste debía de morir si fuera preciso, por el Estado o cualquier señor que encarnase su legítima autoridad. Para los japoneses el Estado y sus leyes se encarnan en la persona del emperador o el señor feudal y su lealtad a ellos crecía de generación en generación de samuráis para extenderse más tarde a toda la población nipona.

Por el contrario, cuando un samurái no estaba de acuerdo moralmente con su superior disponía de dos caminos:

1. Utilizar todos los medios de que dispusiera para convencerle respetuosamente de que estaba en un error.

2. Demostrarle la verdad de su punto de vista con el sacrificio de su propia vida mediante el harakiri o seppuku para salvar su honor y el de su familia bajo los antiguos dictados del bushido. El kimono ceremonial era de color blanco. Utilizaba el "wakizashi" o katana corta. El samurái antes de su despedida de la vida terrenal iba siempre acompañado de un amigo o sirviente de confianza [kaishakunin] quien de un certero golpe lo decapitaba en el acto.

Los descendientes inocentes de un samurái desgraciado cargarían con su desgracia por el simple hecho de heredar su sangre y el nombre de sus antepasados quedaría manchado, así como todos los miembros de su familia. Una torpeza de un kaishakunin en la ejecución era una mancha de por vida.

Si un samurái no conseguía dominar su mente y su cuerpo no conseguiría derrotar a su enemigo. El samurái debería entregarse en cuerpo y alma a su señor con inteligencia y coraje, pero siempre comprendiendo las honduras del terreno que pisa.

“La Senda del samurái se halla en la desesperación. Ni diez o más hombres podrán matar a alguien con desesperación” según el Señor Naoshige.

Los votos de un samurái:

Nunca dejarse superar por la Senda del samurái

Ser útil a su señor

Procesar amor filial hacia sus padres y antepasados




Breve historia de los 47 ronin [samuráis sin señor] que impregna la retina colectiva de Japón

Cuenta la páginas de la historia que en el año 1701 un daimyo [señor feudal japonés] llamado Asano Naganori hirió a otro llamado Kira Yoshihisa en el castillo de Edo en presencia del Shogun Tokugawa Tsunayoshi, lo que iba contra la ley al ser un delito muy serio que en su rango se castigaba bajo seppuku [muerte con honor].

Cuarenta y siete ronin [samuráis sin señor] juraron vengar a su maestro Asano algún día. Kira temiendo venganza redobló sus defensas. Después de un año, una madrugada del 30 de enero de 1703, cuarenta y siete ronin con Oisi de jefe mataron a Kira con la misma daga que su maestro Asano se había hecho seppuku. Tras ser decapitado, su cabeza fue llevada como ofrenda hasta la tumba de su antiguo señor Asano. La venganza por la muerte de su maestro era el único tribunal supremo a nivel emocional para un buen samurái aun sabiendo que serían condenados por la ley común.

Los 47 ronin fueron condenados a realizarse seppuku recuperando así su honor como samuráis pasando a la historia como un perfecto ejemplo de honor y de dignidad. Todavía hoy siguen siendo visitados por muchos japoneses en el templo de Sengakuji de Tokio donde se encuentran enterrados junto a su señor. Actualmente, muchos japoneses que lo visitan le rinden respeto entre incienso y plegarías demostrando así que su memoria sigue intacta en la retina colectiva.


El Suicidio [Seppuku o Harakiri]

Aunque la palabra de un samurái llegara a ser más dura que el metal, según Mooroka Hikoemon, los samuráis demostraban tener una enorme sangre fría al tener una alta estima al Seppuku como ritual para dejar su honor impoluto. Para un buen samurái sus preceptos morales estaban basados en el bushido. Una de las cosas más trascendentes era vengar cualquier injuria realizada a un maestro [verter la sangre homicida]. El alma del samurái era su katana con el wakizashi [siempre a su alcance], lo que le inspiraba un sentimiento de respeto y de responsabilidad. Cualquier insulto equivalía a una afrenta personal.

El forjador de katanas era un verdadero artista en la disciplina que templaba el acero como si de un acto religioso se tratara. Eran frecuentes los abusos que llegaban muchas veces a probar el acero comprado sobre el cuello de una persona inocente. Las katanas se distinguen por su filo hacia arriba, que permite al usuario desenvainar y golpear en un solo movimiento.

El alma del antiguo Japón sigue floreciendo en el mundo moderno, sobre todo en los miles de practicantes de artes marciales existentes a lo largo del mundo. El Bushido entre efluvios y reminiscencias del pasado forma parte de ese patrimonio inmaterial que la retina colectiva del pueblo nipón ha legado a las nuevas generaciones.

Si la flor del cerezo junto con el antiguo samurái como símbolo de Japón comenzaban a marchitarse con el devenir de los tiempos, los preceptos morales del bushido permanecen como la verdadera raíz del pueblo japonés.

El 14 de junio de 2012 el príncipe heredero de Japón Naruito plantó un cerezo para perpetuar los lazos de unión entre el pueblo de Japón y Coria del Río.
Arigato


Desde el monumento al samurái Hasekura Tsunenaga en Coria del Río [Sevilla], para el blog de mis culpas...




P.D. El grito samurái de Banzai “diez mil o larga vida” proviene en su origen de la antigua China llegando a Japón en el siglo VIII. Es un grito de exaltación y honor que muestra lealtad hacia un líder [emperador o daymío al que se sirve]. Un grito suicida que eleva el ánimo del samurái declarando su determinación hasta llegar a las últimas consecuencias “morir con honor”. Un grito que trasciende en el tiempo y forma parte de la inmortalidad del legado samurái “código bushido” y que fue tomado por los kamikazes [viento divino] japoneses. antes de alcanzar su objetivo durante la Segunda Guerra Mundial.

El grito Banzai era un grito de desesperación que paralizaba de miedo a los enemigos que lo escuchaban. En el Código Bushido era necesario morir con honor, como lo demuestra el grito banzai o el seppuku “morir con honor". 

Algo similar [aunque en otro contexto] al concepto occidental: "Prefiero morir de pie que vivir de rodillas".


Bibliografía

El camino del samurái Yamamoto Tsunetomo

El código del samurái



Enlaces interesantes






martes, 29 de junio de 2021

Las Cataratas del Molinillo y el río Dílar [en las altas cumbres de Sierra Nevada]


"Llévame a lo más alto de Xolair -fue la última voluntad que manifestó a la fiel Soraya- donde no pueda sentir nunca jamás la perversa planta de los hombres". Y fue así como una tétrica comitiva ascendió desde lo hondo de La Alpujarra por las piedras bruñidas hasta lo más encumbrado de la Sierra, donde la tierra se corta de improviso en un tajo espantoso que solo las águilas osan traspasar.

Allí, a cubierto de las rapaces, resguardado por lajas diestramente dispuestas en una de las más atrevidas cornisas, mirando en la distancia al origen y destino de su gente, África, quedó tendido el cuerpo sin vida del rey ciego de Granada, sobre la faz imponente del león de la montaña, sobre la cumbre dominadora de su vieja Al-Ándalus, que desde entonces lleva su imperecedero nombre:

Muley Hacén, antiguamente, Mulhacén hoy.
(Texto del catedrático D. Manuel Titos Martínez)

 

Después de haber impregnado nuestros sentidos entre efluvios y reminiscencias nazaríes, colocamos nuestro sextante con el primer resplandor del alba, el 27 de junio de 2021 [tras un largo confinamiento en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco] con la sana intención de realizar una nueva ruta de senderismo: el Nacimiento del río Dílar y las Cataratas del Molinillo, en el Parque Natural de Sierra Nevada [Reserva de la Biosfera].

Nos esperaba un bello contraste formado por el verde intenso de los prados de Borreguiles acompañado de las últimas nieves del deshielo que se acumulan en las lagunas de mayor altitud peninsular, como si de un bello espejo se tratara al reflejarse cada noche, las estrellas.

La ruta patrocinada por la Delegación de Deportes de mi pueblo tenía una dificultad baja-moderada de 14 km [para el que suscribe estas letrillas, tal vez media] estando a cargo de nuestro guía Pablo Morilla que con su dilatada experiencia no sólo nos mostraba esos bellos rincones del Parque Natural de Sierra Nevada sino que nos aconsejaba continuamente sobre las mejores trochas por dónde transitar.

 

Entre mares de olivos nos fuimos introduciendo en territorios donde en tiempos no muy pretéritos ejercieron su influencia bandoleros tan célebres como José María el Tempranillo o Francisco Ríos González “El Pernales” [Estepa].

Realizamos una parada en el camino para degustar un buen desayuno andaluz en el restaurante “Riofrío”, que nos permita afrontar con suficientes energías la interesante y grata ruta que teníamos por delante, en el paraíso natural de Sierra Nevada.

 

Sin prisas pero sin pausa, atravesamos el corazón de la antigua Al Ándalus, “Madinat Antikira” y las zonas de influencia de la última frontera de Al Ándalus como la antigua madinat Lawsa [Loja de Alí Atar y su hija Moraima, esposa de Boabdil] que tuvo una enorme importancia estratégica al ser considerada “la llave de Granada” junto con Montefrío a la izquierda o Alhama de Granada a la derecha de la A-92. Tras atravesar Sante Fe [epílogo de Al Ándalus y testigo de acontecimientos históricos que cambiaron la historia moderna como las Capitulaciones suscritas con Colón un 17 de abril de 1492 considerado por algunos especialistas como el primer documento escrito de la Historia de América], atravesamos la antigua Garnatha nazarí, que nos permitía ascender entre sinuosa y empinada carretera hasta la Hoya de la Mora [2.510 metros de altitud] en Sierra Nevada.

Cuenta la leyenda que encontrándose Muley Hacén ya anciano se retiró a morir al castillo de Mondújar en el “Valle de Lecrín”, en compañía de Zoraya. El 28 de octubre de 1485, tras invocar al arcángel Azrael y taparse el rostro con un Corán abierto, entregó su alma a Alá. Cuentan que Zoraya, para que su sepultura no fuera profanada jamás, ordenó conducir el cadáver a lo más alto de Sierra Nevada -Solair, para los árabes-, en cuya más alta cumbre mandó inhumar sus restos, cubiertos por la bandera roja de los nazaríes, bajo las nieves perpetuas.

Desde entonces este pico -el más alto de la Península Ibérica con 3478 metros- lleva el nombre de este monarca nazarí: Muley Hacén "Mulhacén", padre de Boabdil y hermano de El Zagal.



Muy cerca de la Hoya de la Mora tuvimos que detenernos para ver una prueba ciclista, retrasando el inicio de nuestra expedición. En la Hoya de la Mora se encuentra el albergue militar de alta montaña, el albergue universitario y un refugio militar con el monumento de la Virgen de las Nieves cercano a nosotros.

A lo largo de la carretera de alta montaña se observan elementos de balizamiento vertical de color amarillo/azul [especie de pértiga que tienen 6 cm de diámetro y una altura de entre 3 y 4 metros] que permite al conductor observar la calzada cuando se encuentre cubierta de nieve. Los colores se alternan cada 30 cm y se encuentran colocados cada 50 metros unos de otros en tramos rectos y más cerca, en el radio de las curvas.

En las pistas de nieve, los colores cambian a negro/amarillo permitiendo en cada momento observar la altura de nieve que tienen las pistas.


Con nuestra mochila repleta de ilusión, no podían faltar nuestras botas de media montaña, las gafas de sol, la gorra y cantimplora, cortaviento, crema solar SPF50, el móvil y nuestro pequeño botiquín, teniendo muy claro que en aquel paraíso como Reserva de la Biosfera tan sólo deberíamos de dejar como huella de nuestra presencia, siempre el máximo respeto y civismo por la madre naturaleza.

 

Nuestro guía comentaba lo importante que era no olvidar que la radiación solar en Sierra Nevada es el triple que en la playa, por lo que es necesario llevar una crema de protección solar [de al menos un 50%] y aplicárnosla varias veces en la cara, cuello, brazos y piernas. En Sierra Nevada se produce la radiación solar más importante no sólo de España, sino de Europa.

En época de invierno, la nieve refleja el 90% de la radiación que recibe del sol y que se proyecta sobre nuestra cara pudiendo producir alguna que otra quemadura.


Durante el deshielo anual [de mayo a julio] el agua brota de Sierra Nevada como un verdadero maná caído del cielo, conducida a través de las acequias [al-sāqiyah] hasta las fuentes de los pueblos, desde tiempos ancestrales. El agua del deshielo hace que los prados alpinos siempre permanezcan verdes. Los lugareños llaman Borreguiles a una amplia zona por el uso tradicional para el ganado homónimo. Sierra Nevada supone la mayor reserva de agua potable de toda Andalucía. La proximidad de los ríos ha sido siempre la fuente de vida y el sustento para todas las antiguas medinas y almunias andalusíes.

Las lagunas de Sierra Nevada se encuentran muy elevadas siendo las más meridionales de Europa y muy accesible durante la época estival para multitud de senderistas. Es necesario tener en cuenta que debido a su cercanía con el mar, en esta zona se producen cambios bruscos en la meteorología con la entrada de abundantes borrascas, por lo que siempre será aconsejable conocer las predicciones meteorológicas y los refugios donde guarecerse de dichas inclemencias meteorológicas.

Frente a nosotros se erige majestuosamente la montaña más alta del sur de Europa como si de un bello mirador hacia el antiguo Mare Nostrum se tratara con el Norte de África al fondo, que se puede observar desde el Pico Veleta. 

Sierra Nevada, la montaña del sol y del aire como la llamaban los romanos “Mons Solarius” será arabizada en tiempos de Al Ándalus como “Yabal Sulayr” en tiempos de la antigua Garnatha.

 

Las tres cumbres principales aún mantienen la etimología de la época andalusí. Alcazaba, al qasba, significa “la fortaleza”; Pico Veleta, yabal al balat, “el sendero empedrado” y Mulhacén, mawlay al hasán, “mi buen protector”, según Antonio Pulido Pastor.



…Comenzábamos nuestra ruta en la Hoya de la Mora [desde donde se podía observar relativamente cerca el monumento a la Virgen de las Nieves] que nos acercaba hasta Borreguiles [2.625 msnm]]. Tan sólo 498 metros nos separaba de la cumbre del Pico Veleta, donde se puede observar a escasa distancia el imponente león de la montaña [el Pico Mulhacén, el coloso de la Penibética en honor a Muley Hacén] sobre la cumbre dominadora de la vieja Al-Andalus.


Nuestra retina captaba los numerosos neveros que aún a finales de junio se pueden observar en las altas cumbres de Sierra Nevada, en la zona de umbría. Atrás íbamos dejando el Observatorio Astronómico de Sierra Nevada en dirección a Borreguiles [bellos prados encharcados de agua pura donde las vacas comen y beben a placer. Tan sólo faltaban para completar aquel bello cuadro de nuestra más tierna infancia, Heidi, su abuelo y Pedro! Las aguas del deshielo forman pequeños arroyos que desembocan en el río Dílar.


El río Dílar nace a 3.000 metros de altitud en los Lagunillos de la Virgen. Se alimenta del agua proveniente de los Tajos de la Virgen y de la Laguna de las Yeguas, formando en su cabecera las Chorreras del Molinillo, una enorme cascada de casi 100 metros de desnivel.

El Pico Veleta con 3.398 metros de altitud  es el cuarto más elevado de España. Destaca por tener la carretera asfaltada más alta de Europa aunque en su parte final se encuentra muy deteriorada, tan sólo apta para cabras montesas y algún que otro senderista, con sus alforjas cargadas de ilusión por llegar a la cumbre. En casi todo el recorrido se podían observar los cañones de nieve.



Entre los senderos más significativos cabe señalar entre otros:

1. Ruta del Veleta como la más emblemática de Sierra Nevada al poder observar los "tresmiles" más imponentes de la Cordillera Penibética. Nivel de dificultad, medio.

2. Ruta Laguna de las Yeguas que se inicia desde la estación superior de telesilla Veleta y se puede conectar en su parte más elevada con la Ruta del Veleta. Nivel de dificultad, bajo.

3. Ruta del Observatorio, desde Borreguiles. Nivel de dificultad, bajo.

4. Ruta Virgen de las Nieves, desde la salida del telecabina de Borreguiles hasta el paraje de la Hoya de la Mora donde se encuentra la imagen de la Virgen de las Nieves. Nivel de dificultad, bajo.



Por los escarpados riscos se pueden observar poblaciones de cabras montesas. Un territorio que nos proyecta sus valores naturales y antropológicos. El deshielo da lugar a multitud de nacimientos de arroyos y manantiales que fluyen en primavera entre la nieve blanca. El murmullo del agua nos cargan las pilas entre una gran variedad de especies endémicas y en peligro de extinción. 


Existen innumerables senderos jalonados de riachuelos y pastizales que albergan una gran diversidad vegetal. Dentro de los endemismos nevadenses brilla con luz propia la Estrella de las Nieves [Plantago nivalis].

En días claros se puede observar desde el Pico Mulhacén a vista de pájaro, no sólo las montañas del Rif de Marruecos sino también las sierras más importantes de Andalucía como el Puerto de Trevélez, el Pico Alcazaba, la Hoya de Guadix, la Sierra de Cazorla, Sierra Mágina, Pico Veleta, Sierra de la Contraviesa, Barranco de Poqueira, El Ejido o Almería entre otros lugares de interés.

El descenso hacia las Chorreras del Molinillo por terreno escarpado y con piedras muy sueltas se realiza campo a través buscando trochas para facilitar el camino entre la abundante vegetación que puede dificultar la progresión. En época de deshielo se observa bastante caudal en el Río Dílar, lo que puede resultar un pequeño problema cruzarlo para llegar a la base de La Chorrera del Molinillo [es mejor atravesarlo metiendo los pies en el río que por las piedras para evitar caídas], incluso puede ser que haya que descalzarse sin mayor complicación.


En el ecuador de la ruta hicimos un alto en el camino en Borreguiles [un verdadero Edén] para comer y tomarnos alguna cerveza fría para hidratarlos. Un verdadero placer para los sentidos poder estar almorzando junto a las vacas que estaban pastando muy cerca de nosotros, entre pequeños saltos de agua.

En la Chorrera del Molinillo como inigualable escenario natural se precipita el agua en un espectacular salto hacia el Río Dílar que se nutre de sus aguas donde plasmamos nuestra presencia un momento irrepetible con las fotografías de rigor.

Estimulada nuestra retina con tan magna belleza natural nos esperaba un fuerte ascenso de varios cientos de metros de altitud, por terreno muy escarpado con bastante desnivel, buscando las mejores trochas, dejando unas maravillosas vistas de las Chorreras precipitándose barranco abajo.

Volvimos a Borreguiles donde nos reencontramos de nuevo con los prados en plena floración con abundancia de agua cristalina en los barrancos, todo ello rodeado de torcales y magníficas vistas [he de confesar que de vez en cuando pensaba para mis adentros que no había mandado mis frágiles naves a luchar contra los elementos, pero tan grata empresa merecía la pena.

¡Con el fresquito que hace en Sierra Nevada durante la época estival, no tiene nada de particular que cuando el grajo comience a volar bajo en la tierra de Villalón, en el Centro de Alto Rendimiento se pose en el alfeizar de las ventanas!

Y por fin, volvimos sobre nuestros pasos a la estación de Borreguiles. Nos esperaba la pista que nos acercaba al monumento de la Virgen de las Nieves por un lado y una trocha que nos llevaba al aparcamiento, cerca de nuestro punto de partida en la Hoya de la Mora, esperando realizar nuevas rutas con la Delegación de Deportes de mi pueblo, ubicado en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco.

Desde las Cataratas del Molinillo y el río Dílar, para el blog de mis culpas…


P.D. A medida que se asciende por la montaña por encima de los 2.500 metros de altitud [sin adaptación alguna], es posible que la hipoxemia o falta de oxígeno comience a dificultar la respiración "mal de altura o soroche" con algún malestar general como mareos, bajada de presión, cefalea, dificultad para respirar "disnea", ritmo cardiaco acelerado, somnolencia o falta de apetito.

A medida que se asciende por encima de una determinada altitud nuestro cuerpo realiza mayor esfuerzo para transportar el oxígeno necesario hacia los distintos tejidos. Para prevenir o reducir los síntomas se hace necesario caminar lentamente [meter la reductora en nuestro argot] e hidratarse convenientemente con bebidas azucaradas y comer frutas. Es conveniente realizar un proceso de aclimatación previo, no exponiendo el cuerpo si se padece hipertensión o enfermedad cardiaca o pulmonar.


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martes, 13 de abril de 2021

Sendero morisco La Gila-Peñiagua


Desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco colocamos nuestro punto de mira en la carretera de Morcillo [en pésimo estado], que transita bordeando el cortijo de “La Florida” y “los Tres Pozos” hasta llegar al cortijo de Las Mezquetillas.

A pocos metros nos encontramos un cruce con un punto de información en el que se puede leer en su parte derecha “Ruta Morisca La Guila-La Peñagua”, con un mapa físico de la zona que transita por la hacienda La Gila hasta llegar a La Peñagua, con su epílogo en la laguna del Charco Charcal.



Nos esperaba una grata ruta de senderismo de 16,47 km con un desnivel de 300 metros y una dificultad moderada según el plano realizado por Wikiloc para nuestro amigo Nuelma Nozmu. Se recomienda mirar las previsiones meteorológicas, con ropa adecuada, botas de montaña, chubasquero, agua y comida. Los senderos se encuentran señalizados por la Federación Andaluza de Montañismo.

Después de pasar una pequeña arboleda de eucaliptos nos encontramos con un punto turístico en un lugar denominado “Rancho de la Estacada” que nos informaba sobre el pasado romano de la zona.


Nos encontramos en el paraje denominado “Rancho de la Estacada”, perteneciente al término municipal de la Puebla de Cazalla. En sus inmediaciones fueron encontrados entre 1886 y 1999 veintisiete fragmentos de una tabla de bronce con los textos de una ley municipal denominada Lex Municipii Flavi Villonensis, identificada como propia de una antigua ciudad o villa indígena hispano-romana, llamada Municipium Flavium Villonense (Villo), cuya existencia era ignorada hasta entonces.

Actualmente se conocen seis leyes municipales registradas en la provincia Bética de la Hispania Romana (Irnitana, Malacitana, Villonensis, Salpensana, Italicense y Ostiponensis), que siguen el modelo de una misma ley marco, d ela Lex Flavia Municipalia, obra del emperador romano Vespasiano (69-79 d.C.). Sus capítulos regulaban el funcionamiento de estas nuevas comunidades hispanas nacidas durante el gobierno de la dinastía Flavia (Vespasiano, Tito y Domiciano: 69-96 d.C.) que consiguieron alcanzar el estatus de municipio y sus habitantes la plena ciudadanía romana.

El texto del primer fragmento de la tabla, hallado en 1896 por M. de Bougarde y conservado en una colección particular en París, fue estudiado y editado por el arqueólogo francés Antoine Héron de Villefosse. El segundo, localizado en 1964, sería editado por el filólogo y jurista Alvaro dÓrs y Pérez-Peix. El resto de fragmentos, hallados en 1983 por un vecino de la Puebla de Cazalla, fueron estudiados y publicados entre 1986 y 1999 por Julián González Fernández, profesor de la Universidad de Sevilla, y Fernando Fernández Gómez, director del Museo Arqueológico Provincial de Sevilla.

El análisis de estos importantes textos jurídicos, la mayoría de ellos conservados en el citado museo arqueológico, y el posterior hallazgo de una inscripción funeraria en este mismo entorno, han permitido dar un paso más en la confirmación del asentamiento del nuevo municipio romano Flavio Villonense en este paraje del “Rancho de la Estacada”, poniendo también de relieve la gran importancia que durante el Imperio Romano tuvo la vía fluvial del río Corbones.

Poco a poco, nos íbamos acercando a un territorio lleno de encinas donde se encuentra el Abrevadero el Pilar. Según cuenta la leyenda de los paneles informativos, este territorio llegó a ser un lugar de encuentro del bandolero Pernales con su cuadrilla.



Abrevadero del Pilar, lugar de bandoleros

Según la leyenda, este abrevadero fue un lugar de encuentro habitual de los bandoleros durante sus correrías por las sierras de la Subbética.

Contexto histórico del Bandolerismo

El bandolerismo no se puede relacionar con una época concreta, ni ubicar en una zona geográfica específica, si bien donde tuvo más fuerza fue en Andalucía y Cataluña en el siglo XIX, siendo una clara respuesta al descontento social de la población española, sobre todo rural, ante el azote del hambre y miseria.

Haciendo una breve historia, el bandolerismo ha existido desde tiempos muy remotos. La represión y la miseria generaba exclusión social. Un contexto histórico en aquélla España rural infrahumana que actuaba como verdadero caldo de cultivo para que los antígenos del hambre y de la miseria por un lado y el caciquismo por otro fueran el anverso y el reverso de la sociedad española de su época.

Una población oprimida en la que incluso los niños tenían que abandonar prematuramente la escuela para colaborar en el sostén económico del hogar, lo que les hacía madurar antes de tiempo para entrar en un mundo laboral de extrema dureza y explotación.

Tal vez haya sido la poesía de Fernando Villalón pionera en facilitarnos esa visión romántica del bandolero como héroe social, una especie de Robin Hood con el “Tragabuches, Juan Repiso, Satanás y Mala Facha, José Candio y el Cencerro y el capitán Luis de Vargas” el que a los pobres socorre y a los ricos avasalla.



Atrás queda su encuentro con el poeta de “Andalucía la Baja” Fernando Villalón en las inmediaciones del cortijo “La Rana”, ubicado entre Morón y la Puebla de Cazalla donde el célebre poeta intentara echarle una mano, con la promesa de hacerlo un hombre decente. 

El día 11 de mayo de 1907 en el “Correo de Andalucía” aparece la siguiente información:

“Se han recibido noticias oficiales en Sevilla de otra nueva hazaña cometida por el Pernales. Según noticias, a las siete de la tarde del día 8 del actual, se presentó el célebre forajido en la finca La Rana del término de Morón y propiedad del señor Conde de Miraflores. Iba acompañado de otro sujeto como de 35 años de edad, vestido con traje oscuro y armado con una escopeta de dos cañones. Bajo amenazas de muerte exigieron quinientas pesetas, que le fueron entregadas en el acto ante el temor de que el temible bandido les asesinara. Después, con la tranquilidad más grande del mundo, salieron de la finca, montados en sendos caballos, que habían dejado a la puerta del caserío y tomaron carretera adelante por el camino de Marchena”.

La amistad que se ha atribuido a Pernales con el gran poeta moronense D. Fernando Villalón, se debe a que el ilustre escritor Manuel Halcón, primo hermano del poeta, en su amenísimo libro “Recuerdos de Fernando Villalón” cuenta, con una maravillosa fantasía, una entrevista nocturna entre el poeta y el bandolero, que merecía ser verdad:

No sería aún la medianoche cuando Pernales acercó su caballo a una sombra que emergía de los surcos.

“Dios guarde a Ud., Don Fernando…He querido advertirte de que tu cabeza, hace tiempo pregonada corre peligro inminente. Hay un tercio de la Guardia Civil movilizado únicamente en tu busca, tiene orden de entregarte vivo o muerto. Ahora mismo, en la gañanía, hay una pareja y debajo de cada olivo de La Rana hay un civil. Huye de aquí y métete en la marisma. Acércate a la Ciñuela, donde yo tengo los toros bravos. Te haré vaquero, te haré un hombre decente, tendrás mujer, hijo, casa y caballo, mejor que ese. Tendrás paz.

Don Fernando, yo se lo agradezco, pero de sobra sé que estoy perdido. Si he de hacer algo para salvarme, tendrá que ser transponiendo de Sierra Morena y metiéndome en Castilla…de Despeñaperros para abajo no hay guarida para mí. Pero yo se lo agradezco a usted, Don Fernando, y acaso sea la suya la última mano que estreche la mía.

Pernales sacó después un puñal enfundado en cuero, con alegrías de metal y una fecha: 1867, lo dejo a usted en recuerdo. Le juro que con él no hice sangre a nadie. Don Fernando lo tomó. Pernales abrigó con su pierna derecha los ijares de su jaca, que echó a andar. A los pocos pasos el bandido se detuvo para añadir: algo le agradezco más que nada, Don Fernando, que no haya dicho usted, como todo el mundo, que me entregue a la justicia.

A partir de este episodio, de Pernales jamás se supo en Morón.

¿A dónde vas con tu jaca
y una herradura de menos
si en la barranca del río
están los carabineros?

La verdad es otra, mucho más fea. Pero cuando el pueblo quiere crear un héroe, envolviéndolo en una leyenda, la fantasía tiene más fuerza que la realidad.

Y la verdad me la contaba mi amigo Ignacio Sánchez-Ibargüen, actual dueño del cortijo La Rana, e hijo adoptivo de Jerónimo Villalón, hermano del poeta. Y me cuenta que él conoce, por testimonio directo de su padre adoptivo, que ya tenía en aquella fecha, en 1907, veintidós años, su hermano Fernando dos años mayor que él, y Pernales tenía veintisiete años. Aún no había heredado nada Fernando, puesto que vivían sus padres, los Marqueses de San Gil y Conde de Miraflores. Por tanto, no podía tener ganadería brava a donde mandar a Pernales de vaquero. La realidad es que el bandolero iba mucho por la Rana, tenía amistad con el yegüero y dejaba allí su caballo, trabado en la piara, y cogía una bestia cualquiera para ir a ver a su última amante, Conchita Fernández pino, de El Rubio, que la tenía en Rapapelo, a una hora corta a caballo desde La Rana. De esta forma, si la Guardia Civil veía en Rapapelo una yegua con un hierro del Conde de Miraflores, ni por imaginación les pasaba que podía ser el Pernales. Lógicamente de todos estos “trapicheos” tendría conocimientos el Conde. Pero nunca acogió al bandolero en su casa ni tampoco se oponía a que el yegüero lo amparase.

Me dice Ignacio que Jerónimo Villalón recordaba perfectamente cuando Pernales, a través del administrador, pidió las consabidas pesetas a su padre. No con amenazas de muerte, pero sí advirtiendo que, si se negaban, podía quemar los sembrados, los almiares…o matar las yuntas. El administrador, Martín se llamaba, lo consultó con el Conde y éste, lógicamente, sin demora alguna, se las puso en la mano. Además, de su voluntad, le llenó las alforjas con lo que, en el campo se llamaba “el costo”, que eran los comestibles que se echaban cuando se iba de viaje a caballo, sobre todo e la conducción de ganado, y un gran manojo de cigarros puros. Y Pernales, con una ingenuidad infantil le dijo a Martín: “dígale usted al conde que, de aquí en adelante no va a necesitar velaor para las yeguas. Y dígale usted también a los niños del conde (así se conocía en Morón a Fernando y Jerónimo Villalón) que, un día, cuando estén corriendo las liebres, voy a venir a correr con ellos, que ahora tengo un caballo más ligero que los suyos”.

Y esta es la relación que Pernales tuvo con Fernando Villalón, así de sencillo. Pero yo me quedaría con la versión e Manuel Halcón. Aunque no sea cierta, pero es mucho más bonita.


Entre dehesas y cortijos llegamos al bonito cortijo La Guila con el imponente Peñón de la Peñiagua que nos ofrecía una bella panorámica con el río de la Peña regando sus pies entre bosques de galerías y vegetación mediterránea.

En la Hacienda La Gila existe un enorme chaparro que separa los términos de Morón y la Puebla de Cazalla. Después de haber transitado por La Gila nos encontramos con la impresionante panorámica del Peñón de la Peñiagua con sus verticales calizas Jurásicas. Sus paredes verticales de 50 metros de altura poseen una edad de 200 millones de años, que no dejan indiferente al senderista. Nos hemos encontrado muchas zonas valladas y varias explotaciones mineras de yeso.


Poco a poco nos acercábamos al epílogo de nuestra ruta de senderismo en el bonito entorno natural de la laguna del Charco Charcal donde la naturaleza aquel día nos regalaba el enésimo chaparrón. Una piara de ovejas y algún que otro borriquillo fueron testigos del objetivo de nuestra cámara de fotografía.


Tras más de cuatro horas de senderismo entre efluvios de lentiscos, hinojos y romero encontramos el sendero principal que nos acercaba al comienzo de nuestra Ruta Morisca La Guila-Peñiagua.


Con los pies algo cansados iniciamos el camino de vuelta a la tierra de Villalón, en la frontera de nuestra propia esperanza. Lo primero que se observa en el viaje de retorno en la distancia es nuestra vieja alcazaba con su artrosis degenerativa que acompañan a sus lienzos de murallas y sobre todo, el olvido de todos [llegó a ser alkevirato según el libro "los alkevires de Morón" de Ramón Auñón, reino de taifa [entre1013 a 1066] y vigía de la Frontera entre el Reino de Castilla y el Reino nazarí de Granada, a manos de la Orden militar de Alcántara.

Desde la ruta morisca Gila-La Peñiagua y Charco Charcal, para el blog de mis culpas...





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