miércoles, 3 de abril de 2019

Al Motamid, el último rey abadí de la antigua Ishbiliya




Una mañana de primavera, entre efluvios de incienso y azahar, colocamos nuestro sextante desde la tierra de Villalón, de la cal y del flamenco, en la antigua Ishbiliya con el objeto de otear las huellas de su último rey abadí "Al Motamid Ibn Abbad". 

La visita podría servirnos como prólogo para un próximo viaje a la ciudad imperial -majzen- de Marrakech, lugar del que toma Marruecos su bella etimología, y donde Agmat, brilla con luz propia al encontrarse un morabito con los restos del último rey abadí de la antigua Ishbiliya.

«Aun si los enemigos me arrebataban el reino / y el pueblo me traicionara, / mi corazón permanecería entre mis costados, / y costados no entregan corazones... / Mi nobleza no ha sido arrebatada. / ¿Acaso se puede arrebatar la nobleza?». No se puede. Ni aunque haya estado mil años bajo tierra.




Al Motamid estuvo vinculado en la antigua Ishbiliya con el campo de la cultura de su época, Sin embargo, le esperaba un final desconsolado y cargado de nostalgia bajo el inhóspito destierro de Agmat, cerca de Marrakech, añorando su antigua "Dar al-Imara", el río Guadalquivir "Wad al-kabir" o los olivares sevillanos de cuyas aceitunas "azzaytúna" se obtenía el zumo virgen en las almazaras "al-ma'sara" en forma de preciado aceite "azzeit" del Aljarafe "Al-Xaraf".


A través de la Ruta Bética Romana llegaría el vino y el aceite de oliva al puerto de Baelo Claudia, y desde allí a Roma, en ánforas, elaboradas en los alfares de la Bética.

El aceite lampante que no se utilizaba para consumo humano se utilizaba para las lámparas "qandil" de barro cocido. 

En su viaje a Marruecos en 1924 Blas Infante visitó la tumba del último rey abadí de la antigua Ishbiliya “Al-Motamid” en Agmat, al este de Marrakech. Al Motamid encarnaba para Blas Infante un ejemplo de pacifismo y tolerancia encarnado por el espíritu de Andalucía. Blas Infante otorga una gran importancia al periodo de convivencia entre musulmanes y cristianos de Andalucía y se inspira en los enamorados de Antequera que proviene del siglo XV, cuando ésta ciudad, llegara a ser frontera entre los reinos de Castilla y Granada. 


La Torre del Oro junto al río Guadalquivir, histórico cauce de culturas.

Tras haber escuchado allí las nubas magrebíes, es el primero en poner en relación los cantos populares de ambos lados del estrecho de Gibraltar. En su obra “Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo” (1929) da forma a una de las teorías más serias sobre el origen del término "flamenco", cuyo origen estaría en los cantos de los moriscos que se escondieron en los montes tras el decreto de expulsión de Felipe III, que con el tiempo se confundirían con los gitanos errantes. Flamenco vendría de "fellah mengu" cuyo significado sería “campesino huido” en el dialecto andalusí.

En el barrio de Santa Cruz nuestra retina captaba un azulejo -azzuláyǧ o ladrillo vidriado- en la calle Gloria, entre la Plaza de los Venerables y la Plaza de Doña Elvira, que nos recuerda una bella historia de amor, la de una alfarera -alfahhár- del antiguo arrabal de Triana llamada “Itimad”, que aun siendo esclava llegaría a ser reina de la antigua Isbiliya "Sevilla", al enamorarse perdidamente  de ella, el último rey poeta "Al Motamid". 



Las angostas y sinuosas callejuelas del Barrio de Santa Cruz nos acercan a las murallas de la antigua “Dar al Imara o casa del Gobernador”, donde llegaría a vivir Al Motamid en compañía de su esposa “Itimad”. Paseando entre sus bellos jardines pudimos observar una columna de mármol conmemorativa del IX Centenario (1091) del destierro del último rey de la antigua Ishbiliya (Sevilla).


“LA CIUDAD DE SEVILLA A SU REY POETA ALMUTAMID IBN ABBAD EN EL IX CENTENARIO DE SU TRISTE DESTIERRO 7 DE SEPTIEMBRE DE 1091/RACHAB 384.
SEVILLA 1991


Paseando por el perimetro de las murallas de la antigua "Dar al-Imara", entre la judería y el callejón del agua, pudimos observar antiguas conducciones de la época islámica -siglo XI y XII- que suministraban agua al Alcázar y a la ciudad.

La Torre del Oro ubicada en la margen izquierda del río Guadalquivir “Wad al Kabir”, nos evoca la época de Al Motamid cuando paseaba junto al puente de las barcas que conectaba la antigua Ishbiliya con el arrabal de Triana, permitiendo llegar al Aljarafe "Al-Xaraf o elevación" . 


El brillo dorado que proyectaba la Torre del Oro era la consecuencia de que los rayos del sol se reflejaban en el mortero de cal mezclado con paja prensada. La Giralda de Sevilla como antiguo alminar andalusí nos va acercando al Patio de los Naranjos de singular belleza.


El Patio de los Naranjos de la antigua mezquita aljama de Ibn Abaddás (Iglesia del Salvador de Sevilla) con su alminar en la calle Córdoba nos proyecta aquel esplendoroso pasado andalusí.

La antigua mezquita de Ibn Adabbas en la Iglesia del Salvador con el alminar en la calle Córdoba junto con las dos antiguas aldabas con cabeza de león pertenecen también al legado andalusí que otorgó esplendor a la antigua Ishbiliya. 



Bajo el reinado de Al Motamid se decidió desecar una laguna que ocupaba la zona que hoy conocemos como Buhaira (“al-buhaira” significa “laguna”). Gracias a tres botánicos -Ibn-Bassal, Abu I-Jair e Ibn Hayay- se convertirá en una zona de recreos donde se harán diversos experimentos agrícolas al ser los musulmanes grandes expertos en la cultura del agua.



A partir del siglo XII, este terreno se ampliará bajo el califato de Abu Yacub Yusuf, quien dotará a la zona de olivos, palmeras, viñas, árboles frutales y lo más importante: un palacio y jardines en la zona “almunya”, creando así una pequeña Medina Azahara en Sevilla. El agua con el que se mantenían estos jardines provenía del acueducto de los Caños de Carmona, y de una alberca que había in situ. El palacio de verano de al-buharia llegaría a ser un lugar idílico para los reyes árabes y de hecho, los dos portones que dan a la calle Portacoeli era el acceso a esta zona de descanso.


¡Pero quien fue Al Motamid, al que recuerdan tanto en Sevilla casi un milenio después y cuya memoria se proyecta en Agmet a través de un morabito y que incluso Blas Infante visitara en 1924 al encarnar un ejemplo de pacifismo y tolerancia encarnado por el espíritu de Andalucía!

Al Mutamid (Beja, 1040 - Agmat, 1095) fue rey de la antigua taifa de Ishbiliya (Sevilla) entre 1069-1090 y último rey abadí, segundo hijo y sucesor de al-Mutadid I (1042-1069). Se convirtió en heredero cuando su hermano mayor fue mandado a ejecutar por su padre por una presunta traición. Fue educado por el poeta Abu Bakr Ibn Ammar en Silves (Algarbe).

Su abuelo Abú al Qasim Muhammad ibn Abbad, descendiente de una estirpe real, se proclamó emir de Sevilla. Eran las primeras décadas del año mil. Los reyes abadíes se apoderaron del Algarve, Huelva, Algeciras, Ronda, Sevilla, Córdoba, parte de Jaén y Murcia. Durante este largo periodo de tiempo, Sevilla se convirtió en un gran centro de la cultura.

En el segundo año de su reinado, al-Mutamid anexionó la taifa de Córdoba, a cuyo frente puso a uno de sus hijos. Esta anexión supuso una amenaza para la taifa de Toledo, cuyo rey, Al-Mamún, apoyó a un aventurero, Ibn Ukkasha, que en 1075 se apoderó de la ciudad y ejecutó al joven príncipe. Al Mamún de Toledo tomó posesión de la ciudad, en la que murió seis meses después. Durante tres años al-Mutamid trató de reconquistar Córdoba, lo cual consiguió en 1078, al tiempo que todas las posesiones de la taifa de Toledo situadas entre el río Guadalquivir y Guadiana pasaron a formar parte del reino de Sevilla.



En la corte de Al Motamid gozaron de favores poetas y personajes dedicados al campo de la cultura como Ibn al-Labbana de Denia, Ibn Zaydún o el propio visir y poeta Ibn Ammar de Silves (1031-1086) e intelectuales de la talla de Ibn Hazm (994-1063) “El collar de la Paloma”, una de las figuras centrales de la cultura andalusí, el geógrafo al-Bakrí junto con el astrónomo y geógrafo Azarquiel (al-Zarqali).


En el año 1013 ocurre la destrucción de Madinat al-Zahra por el bereber al-Mustain que concede a loz ziríes el territorio de Granada y a los Banu Dammar el de Morón.

En poco más de 50 años, gozó de un esplendor económico, social y cultural, no faltando las intrigas palaciegas. Un reino habitado por un mosaico étnico entre árabes, bereberes, muladíes, mozárabes y judíos, aprendiendo a convivir. Un territorio con personalidad propia entre 1013-1066.

Tras la caída del Califato de Córdoba, cada general se hizo fuerte en su castillo. La seguridad dependía de la diplomacia y del ejército. Durante un tiempo Mawror hizo frente a la antigua Ishbiliya formando una liga con los reinos de taifas de Arcos, Ronda y Granada, pero esta última nos traicionaría. 

"En 1053 partimos en comitiva hacia Sevilla siendo encarcelados y asesinados. Sólo sobrevivió el rey de Ronda como ejemplo para los ziríes de Granada".

Manad ben Muhammad, Imad ad-Dawla siguió sufriendo el asedio del soberano Al-Mutadid que incendiaba las cosechas y cercaba el comercio. Su hijo cederá la plaza a cambio de un alojamiento y una pensión. Finaliza aquí la historia del reino de Mawror anexionado definitivamente a Ishbiliya en el año 445 de la Hégira, 1066 de la era cristiana.




...Uno de los principales anhelos de al-Mu´tadid era la eliminación de los principados bereberes de Morón, Ronda y Arcos. Para ello, utilizó los métodos más diversos; desde el ataque frontal a la compra de voluntades mediante la extorsión y el soborno, enfrentando a unos con otros. 

Visita al-Mu´tadid Morón acompañado solamente de dos servidores, lo que asombra dado el odio que le tenían los bereberes, demostrando así “la lucha audacia que le caracterizaba en todos sus actos. A Ibn Núh le dio una gran alegría una visita tan inesperada (no la había anunciado) acogiéndolo con suntuosidad y reiterándole su vasallaje. En realidad, la visita de al-Mu´tadid tenía por objeto la distribución de dinero entre los guerreros de Ibn Núh asegurándose así la buena voluntad de sus corazones y explorar el terreno, “procurando atraerse. A ser posible, algunas personas influyentes para preparar una sublevación, poniéndose en comunicación, al mismo tiempo, con la población árabe, que ardía en deseos de sacudirse el yugo berberisco”.

Luego marchó a visitar a Abí Qurra en Ronda y obró exactamente igual que lo había hecho en Morón. En Ronda, mientras simulaba tomar una siesta, un jefe bereber aconsejó matarlo pero Abí Qurra se opuso invocando las leyes de hospitalidad. Al-Mu´tamid se marchó de Ronda sabiendo quienes deseaban eliminarle y con un odio acrecentado, todavía más si cabe, hacia los bereberes.

Poco tiempo después, al Mu´tadid los invitó a visitarle en Sevilla, poniendo como pretexto la circuncisión de uno de sus hijos. 

“Llegaron como llega el borrego a la cuchilla”. Tenían el más hermoso aspecto, vestidos espléndidos, joyas de alto precio…Se les unió, sin haber sido invitado Ibn Jizrún de Arcos. El séquito lo componían unos doscientos caballeros de entre los arráeces de sus cabilas. Cuando llegaron, los alojó y los honró. Aposentó a sus emires en u no de sus palacios y se dedicó a preparar el plan que sería la culminación de su odio hacia ellos.

Al tercer día de su llegada les concedió audiencia. Entraron y tomaron asiento junto a él. Comenzó a reprocharles su poca diligencia, como aliados suyos, en la guerra que sostenían contra sus enemigos. Ellos, en su ignorancia de lo que estaba hablando quisieron justificarse, replicándole Ibn Núh, pero al-Mu´tadid le golpeó y llamó a sus esclavos -a los que tenía prevenidos- que les trataron con insultos y bajezas, arrancándoles las barbas por haberse dejado engañar. Ibn Abbad ordenó al instante aherrojarles y castigarles; luego los encarceló en un baño que había hecho desalojar a tal fin y que se conoce como “hammán ar-raqqaqín o baño de los pergamineros”. Les daba poco de comer y los grillos les hicieron llagas en las piernas. No podías ir a hacer sus necesidades con los pies trabados y hombres de la hez del pueblo se encargaban de aquello para que gustaran de otro castigo ejemplar. Esto tuvo lugar en el mes de rayab del año 445/17 de octubre a 15 de noviembre del año 1053.

A los arráeces de las cabilas bereberes les quitó sus caballos, sus armas, sus tiendas y todo lo que poseían. La mayoría de ellos se había endeudado, pidiendo prestado para presentarse ante Ibn Abbad y sus íntimos con el debido boato y majestad. Al-Mutádid obtuvo muchas riquezas y ellos permanecieron cautivos durante un tiempo considerable.

Luego ordenó sacarlos de sus calabozos y les devolvió todo lo que les había tomado. Después preparó un banquete para los emires que fueron introducidos ante él. Los colmó de honores y mandó preparar y perfumar el baño, al cual marcharon en compañía de los esclavos de Ibn Abbad, reteniendo junto a sí, con una excusa, a Abú Núr Hiláb b. Abí Qurra, señor de Ronda, al que liberó después. 

Cuando entraron en el baño y se sentaron frente a la pila, marcharon de su lado los esclavos. Habían preparado cal y ladrillos. La puerta fue tapiada y se ordenó al calderero que avivara el fuego. Así pues, el baño se calentó mucho. Como consecuencia los emires se levantaron y quisieron salir; pero no encontraron la salida y allí tuvo lugar el fin de su vida. Muhammad b. Núh murió el año 449/1057 y su cráneo, junto al de Ibn Jizrún y otros muchos enemigos de los Banú Abbad, pasaron a engrosar la colección del tétrico jardín de al-Mu´tadid. 

MANAD B. MUHAMMAD B.NUH, IMAD AD-DAWLA le prestó juramento de fidelidad a la muerte de su padre. Siguió la senda de su padre y la sobrepasó. Su fama y autoridad se extendieron de tal forma que los descontentos de Sevilla y Écija, se unieron a su ejército y sus tropas de multiplicaron. “Fue un nudo en la garganta de Ibn Abbad”. No cesó, a pesar de eso, al-Mu´tamid de combatirle, incendiando cosechas y aldeas y cautivando a sus habitantes---hasta que por fin, logró sitiarle en Mawrúr, capital de la taifa. Le combatió tan firma y reciamente que Manád no tuvo más remedio que mandarle una carta pidiéndole el “aman” a cambio de su vida, abdicación y marcha a Sevilla con toda su familia y sus bienes. Al-Mu´tadid le respondió favorablemente y como consecuencia, Manád le entregó la fortaleza marchándose a Sevilla.

Al Mu´tadid le aposentó en Sevilla en una casa magnífica y se esforzó en agasajarlo y procurarle una vida holgada. Esto ocurrió el año 458/3 Dic 1065 - 21 Nov 1066 y así permaneció en Sevilla hasta su muerte en el año 468/10 Ago 1075 - 4 Ago 1076. Su reinado en Mawrúr tuvo una duración, desde el día en que fue investido hasta el de su deposición, de 30 años. Permaneció en Sevilla diez años…

Del libro: FAQUIES, GUERREROS, GRAMÁTICOS Y POETAS: EL MORÓN MUSULMÁN EN SUS PERSONAJES (SIGLOS VIII AL XIII) del arabista de Morón Ricardo Barroso Martínez/julio 2018



Después de la conquista de Toledo por Alfonso VI (1085), y viendo Al Motamid que la frontera del río Tajo estaba en peligro decidió pedir auxilio a los almorávides, que el 30 de julio de 1086 desembarcaron en Algeciras. Las tropas de la taifa sevillana ayudaron, junto con tropas de las taifas de Granada y Badajoz, a derrotar a los cristianos en Zalaca (1086). Sin embargo, el emir almorávide Yúsuf ibn Tafsún, requerido en África, volvió a su reino.

Azulejo de la "Toma de Toledo", en la Plaza de España de Sevilla.

Históricamente, los grandes ríos peninsulares han formado parte de las fronteras o marcas. El río Ebro formaba parte de la marca superior "al-Tagr al A´la" de Al Ándalus con capital en Saraqusta. El río Tajo de la Marca Media "al Tagr al Awsat"" con capital en Tulaytulah "Toledo" y el Guadiana de la Marca Inferior "al Tagr al Adna" con capital en Mérida. Por tanto, cuando Toledo fue conquistada por Alfonso VI, comenzaron a saltar todas las alarmas.

Ante las nuevas desavenencias y desencuentros entre las taifas, Al Motamid en persona se dirigió de nuevo a Marrakech para pedir a Yúsuf que acudiera en ayuda de los musulmanes en al-Ándalus.

Al Motamid ignoraba que la petición de ayuda a los fanáticos almorávides convertiría su hermoso destino en un final desconsolado.


El 7 de septiembre del año 1091 fue tomada Sevilla por los almorávides. El emir Ibn Tafsún ordenó que el rey depuesto fuera conducido a Marruecos y desterrado en el aduar -pequeña población de beduinos- de Agmat, donde moriría en 1095 “extranjero y cautivo”, después de haber pasado los últimos cuatro años de su vida cargada de nostalgia y tristeza. Un hombre culto que vivía en el Alcázar se ve desterrado hacia un lugar solitario e inhóspito, lo que le llevará emocionalmente a una profunda melancolía. El tercer y último rey sevillano de la dinastía de los abbadíes Al Mutamid y su esposa Itimad sintieron en el destierro la nostalgia de Ishbiliya.

Al Motamid llegó a Tánger en tránsito hasta su triste destierro en Agmat, donde se dedicó a escribir los más bellos poemas cargados de nostalgia, desconociendo los habitantes de Agmet su verdadera identidad. 

En 1095, en el aduar de Agmat, la esposa de Al Mutamid fue enterrada mientras un nuevo dolor se añadía al lacerante dolor del destierro. A los pocos meses de la pérdida de su esposa, Al Mutamid, el poeta rey, dejaba de existir y comenzaba su leyenda.

En el morabito de Agmat, la tumba de Al Mutamid se encuentra a la izquierda y la de su esposa I’timad Al Rumaikyya a la derecha. Entre ambas tumbas se encuentra la de uno de sus hijos, está dispuesta entre ambos. 



Allí compuso “Elegías de Agmat”, uno los más bellos poemas de dolor de la literatura universal.

 “¡Sevilla, que lejos!
¡Ay qué lejos!
¡Ay Sevilla!
La única cadena que yo siento…”

Al Mu’tamid de Sevilla llegó a ser mejor poeta que rey. Su poesía culta, intensa y nostálgica podría considerarse una especie de autobiografía sentimental. Al Mutamid de la dinastía de los abadíes es considerado uno de los máximos exponentes de la poesía andalusí.



...Cuenta la leyenda que Al Motamid paseaba durante las tardes por la ribera del Guadalquivir junto a su amigo, consejero y poeta Aben Amar. Caminaban despacio y se paraban de trecho en trecho hablando de poesía.

Una tarde, paseando junto al puente de barcas que unía el antiguo arrabal de Triana con la antigua Ishbiliya se detuvieron a contemplar el río Wad al Kabir “Guadalquivir”. Al Motamid llamó la atención de su amigo sobre la belleza que emanaba del efecto de la luz del sol de poniente sobre el agua rizada por la brisa.

Aben Amar comentó adulador: 

“Una cota de oro digna de un rey”.

Inspirado Al Motamid comienza a hacerle un verso y empieza:

La brisa convierte al río
en una cota de malla…

De pronto a sus espaldas una voz femenina bien timbrada con perfecta entonación y dicción, declama:

La brisa convierte al río
en una cota de malla,
mejor cota no se halla
como la congele el frío.

Sorprendidos, se vuelven para ver quién era la que con tanta inspiración había completado la estrofa.

Vieron a una joven descalza que llevaba un borriquillo por el ronzal y que sin hacerles caso se dirigió a Triana por el puente de barcas.

El rey encargó a su amigo que se enterara de quién era y a quien pertenecía la muchacha pues parecía una esclava.

Efectivamente lo era.

Se trataba de Itimad, esclava de un alfarero llamado Romaicq, por eso la llamaban "Itimad la Romaiquia".

Itimad era de Triana y se dedicaba a la faena de hacer ladrillos y tejas en el horno de este alfarero. Aunque el rey le propuso comprarle la esclava, el mercader muy a gusto se la regaló ya que decía que era muy fantasiosa y que trabajaba poco.

Así que, Al Motamid se la llevó a la antigua Dar al Imara “El Alcázar” aunque hasta ese momento el rey sólo se había preocupado por la poesía y las artes sin preocupación por las mujeres, quedó enamorado de ella hasta el tuétano (un claro “flechazo”) y la hizo su esposa. Tuvieron 3 hijos.

Itimad fue una esposa y reina prudente que consiguió logros notables como que las mujeres sevillanas se quitasen el velo del rostro en contra de la ley islámica, lo que le hizo valdría al rey poeta enemistarse con los juristas malikíes aunque su talento natural para las artes literarias y sus ideas “feministas” fueron siempre respetados.

Cuenta la leyenda que Itimad dio muestras de melancolía, se acordaba de Triana y tenía ganas de pisar el barro como cuando fabricaba ladrillos y tejas para el mercader Romaicq.

El rey Al Motamid para no verla triste llenó el patio del Alcázar con barro perfumado con todas las especias y aromas que pudo encontrar en su reino, como azúcar, canela, espliego, clavo, almizcle, ámbar y algalia. 

Allí estuvo Itimad jugando con sus doncellas un buen rato, amasando con los pies el perfumado barro al igual que lo hacía de niña en Triana, y riendo entre alegres y estrepitosas risas.

También cuenta la leyenda que en otra ocasión volvió a estar triste porque nunca había visto la nieve. El rey se la llevó a Córdoba para distraerla. En la Península no había nieve, si no era en el Norte que era tierra de cristianos, o en Granada que era tierra de Almudafar, y no era plan de molestar a nadie por un capricho.

Un día de febrero el campo de Córdoba amaneció nevado. No era nieve, pero Itimad no notó la diferencia. El rey en secreto había hecho plantar un millón de almendros frente al Alcazar viejo. Cuando ese día de febrero los almendros florecieron, el campo parecía nevado y dejó contenta a su esposa.

Itimad y Al Motamid fueron felices. Aunque él podía tener un harén porque su religión se lo permitía, ella fue su única esposa y su amor duró toda la vida de ambos, sobreviviendo a los buenos y a los malos tiempos.

Una de sus hijas Zaida, fue pedida en matrimonio por el rey Alfonso VI mediante embajadores cuando cumplió 15 años. Ésta fue enviada a la frontera con lucida escolta y tras convertirse al catolicismo y tomar el nombre de Isabel, se casó con el rey.

Al Motamid destacó por sus dotes como poeta y por su pasión por las artes y la cultura, y por eso precisamente se quedó sin reino; ¡más le hubiera valido que hubiera destacado como estadista y estratega! Entre la espada y la pared, perdió su reino al abrir las puertas de Sevilla a Yusuf quien lo desterró a Marruecos.

Los sevillanos los despidieron con pena agolpados en la orilla del río cuando partía para el destierro. Las mujeres se quitaron el velo del rostro y se lo arañaban en señal de dolor.

Itimad estuvo con su marido no sólo durante los años de esplendor, sino también en los momentos duros; lo acompaño al destierro.

La reina de nuevo volvió a vivir en la miseria como cuando era la Romaiquía de Triana, una simple esclava.

Invisible a mis ojos, siempre estás presente en mi corazón.
Tu felicidad sea infinita, como mis cuidados, mis lágrimas y mis insomnios.
Impaciente al yugo, si otras mujeres tratan de imponérmelo, me someto con docilidad a tus deseos más insignificantes.

Mi anhelo, en cada momento, es tenerte a mi lado: ¡Ojalá pueda conseguirlo pronto!.
Amiga de mi corazón, piensa en mí y no me olvides aunque mi ausencia se larga.
Dulce es tu nombre. Acabo de escribirle, acabo de trazar estas amadas letras.

Al Motamid a su esposa.

El monumento a Morayma "esposa de Boabdil" expresa fielmente el dolor lacerante andalusí por la pérdida de Al Ándalus, con el consiguiente destierro.

Tras haber visitado la antigua Ishbiliya de Al Motamid, colocamos nuestro sextante en Tánger, donde el rey poeta transitara hacia su destierro, lo que nos permitirá llegar a Marrakech, donde nuestro protagonista pidiera ayuda a los almorávides.

Por último, como epílogo de nuestra ruta del último rey abbadí de la antigua Ishbiliya, visitamos Agmat -cerca de la cordillera del Atlas- a unos 30 km. al este de Marrakech, en la carretera de Ourika, donde un morabito recuerda la memoria de Al Motamid y la de su esposa Itimad mientras en el horizonte nos observa el Atlas como testigo de nuestra presencia bajo los efluvios y reminiscencias andalusíes.

Desde la antigua Ishbiliya de Al Motamid -que encarnaba un ejemplo de pacifismo y tolerancia- con nuestro sextante cultural colocado en la tierra de Villalón, de la cal y del flamenco -entre efluvios de incienso y azahar-, con la didáctica intención de seguir oteando nuevos horizontes culturales para compartir con los amigos del blog de mis culpas... 



ALFONSO VI y ZAIDA "UNA BELLA HISTORIA DE AMOR".

Una verdadera historia de amor entre el rey cristiano Alfonso VI y una bella princesa musulmana, hija del rey taifa de la antigua Ishbiliya "Al Motamid". Es posible que haya sido no sólo una hermosa historia de amor de la España medieval, sino de la España de todos los tiempos.

El rey Motamid tuvo una hija de su esclava favorita Itimad conocida como "la Rumayqyya", a la que le pusieron el nombre de Zaida, siendo de una belleza espectacular. Se educó en una corte de cultura refinada y exquisita, recibiendo clases de canto, música, poesía, relaciones sociales...lo que la convertiría en una mujer inteligente y discreta, que causaba admiración. Al Motamid era tributario de los reinos del Norte, en concreto del poderoso Alfonso VI.

Cuando Zaida contaba con tan sólo 12 años, entró en los acuerdos políticos que Al Motamid intentaba cerrar con Alfonso VI, quien aceptó a la joven como futura prometida, puesto que estaba casado con Inés de Aquitania, que estaba enferma.

La princesa Zaida llevaba como dote numerosas plazas fuertes: Alarcos, Consuegra, Uclés, Ocaña, Huete, Cuenca...lo que hacía aún más deseable el matrimonio y Alfonso VI no estaba dispuesto a renunciar a ello bajo ningún concepto. 

Pero el tiempo pasaba y la boda no llegaba a concretarse. Un delegado de la orden religiosa de Cluny intentó disuadir a Alfonso VI de su casamiento con una mora, cuando bien podría hacerlo con una princesa cristiana, como por ejemplo con Constanza de Borgoña. 

En 1091 Zaida se desplazó a Castilla con un mensaje desesperado de su padre Al Motamid. El reino de Sevilla estaba en grave peligro de caer en manos de los almorávides, y Al Motamid le enviaba a su mejor embajadora "Zaida", para que animara al rey castellano a acudir en su ayuda. 

Pero nada se pudo hacer, cuando la princesa andalusí llegó a la corte castellana, se recibieron noticias de que Sevilla había caído y Al Motamid, como el resto de la familia real, eran prisioneros de los almorávides.

Zaida quedó sola, en tierra extraña, y se acogió a la protección de su eterno prometido, el rey Alfonso VI. La pasión que sentían el uno por el otro les acabaría por unir definitivamente. 

En 1094 tuvieron un hijo, el infante don Sancho, que se convertiría en el heredero a la corona. Zaida decidió renunciar al islamismo y se bautizó con el nombre de Isabel.

Alfonso VI esperaría veintidós años, hasta que en 1099 murió la reina Berta de Borgoña y al fin, Alfonso VI contrajo matrimonio con la amada de su corazón. El 14 de mayo de 1100, se casaron y su hijo quedó legitimado. El rey tenía un heredero por el que corría la noble sangre de cristianos y musulmanes, una ocasión de oro para el entendimiento entre ambas culturas. 

Pero la felicidad de los tres fue muy corta. Apenas siete años después, cuando la reina Isabel tenía 41 años, enfermó y murió al poco tiempo. Alfonso, que ya era muy mayor, quedó desconsolado, pero ella, por lo menos, se libró del dolor de ver morir a su hijo, u año más tarde, en la terrible batalla de Uclés. Ese dolor quedó por entero para Alfonso, que en breve tiempo perdió a los dos seres que más quería en este mundo. 

Zaida fue enterrada en el panteón de los reyes de León, en San Isidoro, y más tarde fue llevada a Sahagún. El pueblo la respetó y con ella murió una bella historia de amor que fue más allá de la cultura, de la religión y de los condicionamientos sociales...y que hizo lo que era aún más difícil: esperar y superar el paso del tiempo. 


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lunes, 4 de marzo de 2019

La cruz del Pernales, "crónica de una muerte anunciada"



Sólo unas cuantas horas en la provincia de Albacete llegarían a ser suficientes para que Pernales -aquel bandolero que frecuentara la tierra de Villalón- junto a su inseparable compañero "El Niño de Arahal" fuesen sorprendidos por la muerte, tras una emboscada de la Guardia Civil que les seguían sus pasos. La literatura popular, aquella que entendía que el bandolero que carece de leyenda, el que no es cantado por el pueblo, ese no era un bandolero, sino un bandido, se encargará de elevar su nombre a la categoría de leyenda.


Cuando el grajo aún vuela bajo en la tierra de Villalón y los últimos ecos de nuestro Carnaval nos indica que la Cuaresma está cercana, enarbolamos nuestras frágiles naves autodidactas, cuyo sextante orientamos en busca de Villaverde de Guadalimar (Albacete), con el objetivo de otear las últimas huellas del bandolero Francisco Ríos González "Pernales", que junto con su inseparable compañero Antonio Jiménez Rodríguez "El Niño de Arahal" encontraron el infortunio aquel 31 de agosto de 1907 con tan sólo 28 y 26 años respectivamente. 

No cabe duda, de que sus fascinerosas y efímeras vidas han calado en la memoria colectiva de nuestra tierra, posiblemente por la presunta amistad atribuida al poeta de Andalucía la Baja Fernando Villalón con el célebre bandolero, según el ilustre escritor Manuel Halcón.


Cercano el 140º aniversario del nacimiento de Pernales (1879-1907) nos dirigimos en busca del lugar donde fuera abatido el célebre bandolero "amigo" del poeta Fernando Villalón. A ese lugar se le denomina "La cruz de Pernales" en el término de Villaverde del Guadalimar (Albacete).

Dejamos la A-4 para coger la A-32 que nos permite a su vez transitar por la C-326 en busca de la "inmortal Baeza". Nuestra retina captaba en el pueblo de Íbros una rotonda con un bizarro monumento dedicado al guerrero íbero al elegir como asentamiento humano este lugar. En la Avda. de Andalucía en Baeza, se encuentra otra bella rotonda con otro monumento en honor a los jornaleros vareando la aceituna. A través de la Puerta de Jaén nos introducimos en el bello casco histórico de la inmortal Baeza machadiana, donde nos espera de nuevo el Aula del poeta universal Antonio Machado, que diera sus clases de francés, entre 1912 a 1919, después de haber perdido en Soria a su joven esposa Leonor, lo que le dejaría sumido en una profunda tristeza. 



En la Universidad de Baeza nos entregaron durante nuestra primera visita un pasaporte "Red de Ciudades Machadianas", que nos invitaba a seguir las huellas del poeta universal en seis ciudades vinculadas con el poeta: Sevilla, Soria, Baeza (Jaén), Segovia, Rocafort (Valencia) y Collioure (Francia).

No pudimos escoger un lugar mejor para realizar un alto en el camino entre efluvios de aceite de oliva virgen extra "azzeit" como zumo natural de la aceituna, producido en las viejas almazaras "al-ma'sara" junto al pan de pueblo elaborado en las tradicionales tahonas.

Dejamos la Baeza de Machado por la "Torre de los Aliatares" para dirigirnos por la Puerta de Segura en busca de Alcaraz -donde se encuentra enterrado "El Pernales"- y donde colocamos nuestro centro logístico. Después de visitar la tierra de Andrés de Valdelvira nos dirigirnos a Riopar por la CM 412 para ver el nacimiento el río Mundo. Más tarde, por la A-310 llegamos a Villaverde de Guadalimar (lugar de la muerte de Pernales) donde realizamos la ruta de la "Cruz de Pernales".


Una mirada retrospectiva

Con la llegada al trono español de la dinastía borbónica el país comenzó a sufrir importantes cambios en todos los ámbitos, con nuevas ideas y formas de gobierno importadas de Francia; sin embargo, el fuerte contraste existente entre estratos sociales, herencia de los siglos anteriores, la miseria y el hambre que potenció la Guerra de Sucesión o las drásticas medidas tomadas contra las minorías, fueron el desencadenante de nuevos conflictos sociales, delincuencia y crímenes que adquirieron con el tiempo una forma concreta de manifestación: el bandolerismo.

Óscar Herradón

Revista de Historia de España (Hª de Iberia Vieja).


Haciendo una breve historia, el bandolerismo ha existido desde tiempos muy remotos. La represión y la miseria generaba exclusión social. Un contexto histórico en aquélla España rural infrahumana que actuaba como verdadero caldo de cultivo para que los antígenos del hambre y de la miseria por un lado y el caciquismo por otro fueran el anverso y el reverso de la sociedad española de su época.

Una población oprimida en la que incluso los niños tenían que abandonar prematuramente la escuela para colaborar en el sostén económico del hogar, lo que les hacía madurar antes de tiempo para entrar en un mundo laboral de extrema dureza y explotación.

Viriato en el siglo II a.C. fue calificado por los romanos como “capitán de bandoleros”. 

En el siglo IX el guerrillero andalusí Omar Ben Hasfún y sus leales de Bobastro fueron considerados durante un tiempo bandoleros del Emirato de Córdoba.
Durante el siglo XVI y comienzos del XVII los monfíes “moriscos refugiados en Las Alpujarras a partir de 1568”, fueron también considerados bandoleros por culpa de la represión a la que fueron sometidos por los reyes cristianos, después de la Toma de Granada. 

El bandolerismo fue considerado como una razón de Estado durante el siglo XVIII y comienzos del XIX al estar en peligro las rutas y caminos desde Despeñaperros hasta Andalucía la Baja y el Camino inglés “Gibraltar”. Pero no hay que olvidar que fue el resultado de tanta miseria moral del propio Estado que permitía fuertes contrastes sociales beneficiando siempre a las clases privilegiadas como los caciques, la nobleza y el clero mientras predominaba en el pueblo llano la miseria y hambruna que actuaba como detonante para que muchas personas se pusieran al "margen de la ley" y se echaran al monte en las sierras de Andalucía donde ejercían su influencia. 

Los maquis serán considerados después de la Guerra Civil española como “bandoleros” por la Dictadura de Franco, pero nunca lo fueron. Fueron por derecho propio, el único movimiento de resistencia anfifascista, que sufrieron el exilio o la muerte y lo que es peor, el ingrato olvido de la historia.
Monumento al bandolero, en Ronda

Muchos patriotas tras la guerra de la Independencia se encontraron de nuevo bajo el yugo del rey Fernando VII bajo el lema "vivan las caenas". El absolutismo de Fernando VII acabaría con las ansias de libertad "Mariana de Pineda". 


Una mirada retrospectiva de la época que le toco vivir a Pernales, nos proyecta tiempos pretéritos estrechamente ligados a la opresión, al caciquismo y al descontento social.  La vida jornalera carecía de presente y de futuro. 


El bandolerismo no era defensor de ninguna causa proletaria aunque el pueblo analfabeto, en su mayoría "jornaleros y gañanes", así lo creyese, al luchar algunos contra el absolutismo. La miseria en los países más ilustrados se canalizaba a través de los movimientos obreros revolucionarios mientras que en los países pobres como España, muchas personas se veían obligados "echaban al monte" para salir de su profunda miseria. En ese río revuelto de miseria resignada, los "caciques" podían disponer de una mano de obra hambrienta, sumisa y barata. Los latifundios provocaban la exclusión social y económica de miles de jornaleros sometidos a unas condiciones de vida miserables. 


Es evidente que detrás del bandolerismo andaluz del siglo XVIII y comienzos del XIX ha existido una razón de orden sociológico, al ser empujados por la miseria bajo el amparo de una justicia corrompida. 

Un juez me preguntó un día, 
que de qué me mantenía,
yo le respondí: robando,
como se mantiene usía,
pero yo no robo tanto.


Fandango popular

Los caciques en las áreas rurales estaban sostenidos por sus altas influencias políticas designando alcaldes, controlando a los jueces locales y funcionarios públicos, actuando en definitiva, con la máxima arbitrariedad posible. 

En torno al mundo de los bandoleros los sentimientos siempre se han encontrado siempre polarizados, en función de la condición social de quien los observa. Para la aristocracia, caciques y señoritos cortijeros de la época eran considerados bandidos, malhechores, ladrones o asesinos mientras que para la gran masa de gente humilde y campesina -gañanes o braceros sin tierra-, eran una especie de héroes, en unos tiempos donde el campesinado estaba desposeído de cualquier derecho social permaneciendo anclados en la pobreza más extrema mientras la justicia social brillaba por su ausencia.

Para salir de la pobreza extrema no existía otra opción que hacerse contrabandista o bandolero, siempre en el filo de la navaja y como consecuencia, ser perseguidos por la ley. Una corta y mala vida les esperaba.

Armado de trabuco y navaja a lomos de un caballo -generalmente robado a algún terrateniente-, el bandolero se lanzaba a asaltar por los caminos reales el preciado botín, desvalijando incluso las diligencias oficiales de la Corona. Frente al delincuente común, el bandolero gozaría del aprecio del pueblo, que lo convertiría en una especie de héroe. 

Los "bandidos de honor" se echaron al monte para luchar contra las fuertes medidas absolutistas de Fernando VII, como José María "El Tempranillo (1905-1933) o Pedro Zaldívar en 1821. 

Otros bandoleros célebres fueron Luis Candela (1804-1837), Francisco Mateos "El Tenazas" a finales del siglo XVIII, Antonio López Martín "El Niño de la Gloria", muerto en 1907 a manos de la Guardia Civil o Juan Mongolla Gallardo "Pasos Largos", muerto en la serranía de Ronda en 1934 a manos de la Benemérita cuando se negó a rendirse o Francisco Ríos González "Pernales" abatido por la Guardia Civil el 31 de agosto de 1907. Nombres de fascinerosos que formaron parte por derecho propio de la crónica negra española de una época.

La Guerra de Sucesión y posteriormente la Guerra de la Independencia habían dejado las arcas del Estado en banca rota mientras la población estaba sumida en la miseria y la hambruna. Los caminos eran inseguros y muchos fascinerosos se consideraban "fuera de la ley".



El fenómeno del bandolerismo llegó a ser considerado como un auténtico latrocinio y asunto de Estado durante el siglo XVIII y comienzos del XIX aunque, mayor latrocinio llegaría a ser impedir que el espíritu de la España de 1812 “La Pepa” siguiera por la senda constitucional de progreso y libertad, lo que hubiese permitido sentar las bases definitivas para sacar a aquella España de la más absoluta miseria, analfabetismo, y hambruna en la que estaba sumida por la mala administración y sempiterna corrupción de sus clases dirigentes.

Desbrozando algún que otro Libro de Actas Capitulares y Libros de Protocolos entre 1828 y 1833 y poniéndome en contacto con el Juzgado me comentan que anterior al año 1870 no existía el Registro Civil. Cualquier información anterior a esa fecha había que buscarla en las parroquias y en los ayuntamientos.

Observando un plano sobre las vías pecuarias de la orografía del terreno Morón por donde transitaba el Pernales se puede comprobar la salida desde Morón por la antigua Fuente Nueva hacia la colada del Piojo-Los Melonares en busca de la colada de Percoya y el Pedernal que desemboca en el arroyo Salado como inicio de la ruta para llegar a las Rozas de San Juan ya en plena sierra donde se refugiaban en sus guaridas alguna que otra “partía” de bandoleros como “El Tempranillo y Pernales”.

Por tanto, entra dentro de la lógica, que “Pernales” bajara desde la Sierra a través del Paso del río Salado y llegar hasta la colada del Pedernal y Percoya para conectar con la Colada de los Remedios-Fuente del Piojo que llegaba hasta la antigua Fuente Nueva, donde la gente mayor recuerda el antiguo abrevadero donde brotaba agua.

El bandolerismo romántico ha llegado hasta nosotros gracias a las plumas de viajeros románticos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX como Washington Irving, Gautier o Merimée que proyectaron fuera de España a través de leyendas e historias reales una figura del bandolero idealizada como el “mártir de las causas injustas y la opresión social y política”. 

"Bandoleros de Grazalema, en Montellano". Julio de 2014

Tal vez haya sido la poesía de Fernando Villalón pionera en facilitarnos esa visión romántica del bandolero como héroe social, una especie de Robin Hood con el “Tragabuches, Juan Repiso, Satanás y Mala Facha, José Candio y el Cencerro y el capitán Luis de Vargas” el que a los pobres socorre y a los ricos avasalla.


"Diligencia de Carmona".

…-Echa vino montañés,
que lo paga Luis de Vargas,
el que a los pobres socorre
y a los ricos avasalla.

Fernando Villalón "Romances del 800".

Abrevadero del Pilar, lugar de encuentro de bandoleros entre Morón y Puebla de Cazalla


"El Pernales"


Francisco de Paula José Ríos González nació sin un pan bajo el brazo -como tantos otros niños de su generación- en el pueblo de Estepa, en la provincia de Sevilla un 23 de julio de 1879. 

Durante el periodo conocido como "La Restauración" apoyada por el Ejército y la Iglesia, la mayoría de la población vivía en el más absoluto analfabetismo y miseria. Pernales, como la mayoría de los campesinos no recibió formación alguna en la escuela, y a los diez años se encontraba trabajando de cabrero con su padre en Calva, aunque más tarde regresaron ambos a Estepa, que había sido cuna de bandoleros famosos antes que Pernales, como Juan Caballero, el Lero o el Vivillo.

Su padre lo introduce en el magisterio de adueñarse de lo ajeno y en una de sus fechorías se tropieza con la Guardia Civil que lo mata. Este hecho se graba perenne en su retina y se “echa al monte” al margen de la ley formando una partía con Antonio López “el Niño de la Gloria”, Juan Muñoz “el Canuto”, Antonio Sánchez “el Reverte”, Pedro Ceballos “el Pepino” y Antonio Jiménez Rodríguez, “el Niño de Arahal”, atracando entre Sierra Morena y la Serranía de Ronda. Incluso se atrevió a asaltar a un Gobernador Civil de Córdoba.

Abrevadero del Pilar en la "ruta morisca"

Como la mayoría de los campesinos andaluces Pernales no recibió instrucción alguna en la escuela, y a los diez años trabajaba de cabrero con su padre. El 25 de diciembre de 1901 se casó con María de las Nieves Pilar Caballero con la que tuvo dos hijas, aunque años más tarde ésta lo abandonó. Inició sus andanzas asaltando cortijos y gente acaudalada. El contacto diario con las víctimas de injusticias permanentes, hacían que estas gentes le solicitasen de vez en cuando alguna ayuda a lo que él no rehusaba. Solía repartir algunos cigarros y algún duro entre los campesinos que se cruzaba, viéndole éstos como un aliado. Sus robos consistían en solicitar amablemente a la persona elegida una cantidad de dinero (generalmente mil pesetas de la época).
Pernales a lomos de su caballo “Relámpago” recorría los campos de Morón, Marchena, Puebla de Cazalla, Osuna, La Roda de Andalucía, Écija, el Valle del Genal, Lucena y Antequera refugiándose en las sierras abruptas que reúnen las condiciones adecuadas para cobijar a los fascinerosos. Poco a poco iría adquiriendo un intenso historial que colocaría en jaque a un tercio de la Guardia Civil.

La fama de Pernales se iba extendiendo como la pólvora. Incluso falsos Pernales utilizaban su nombre para asaltar los caminos. Casi todos los días salía en la prensa un atraco o una forma habilidosa de escapar del cerco que le tenía hecho la Guardia Civil, destacando la movilidad de su cuadrilla, nunca más de tres o cuatro hombres.
Se hablaba hoy del bandolero en Morón o en La Puebla y mañana en la provincia de Córdoba. Robaba siempre cara a cara, se limitaba a pedir entre quinientas y mil pesetas con amenaza, a veces de muerte, pero casi siempre de quemar la cosecha, los almiares o matar las yuntas. Aunque parezca poco el dinero que pedía, téngase en cuenta que, en aquella época, el que ganaba un sueldo de ochenta o noventa pesetas al mes ya pertenecía a una clase privilegiada.

Cualquier gañán, de cualquier cortijo, se sentía inspirado por las hazañas del bandolero.

¿Quién eres tú el del caballo alazán?

Soy el amo de Barbuán…[en el término de Morón, la tierra de Villalón].

En esta comarca, en estos alrededores, transcurrió la vida bandolera de Pernales, aunque sus correrías llegaban a las provincias de Málaga y Córdoba. Aquí, se sentía seguro porque no había delatores, tal vez porque era generoso con quien lo ocultaba.

En el relato de José García Orejuela, enviado especial de “El Liberal de Sevilla”, contando lo ocurrido la noche del 2 de julio de 1807 en el cortijo “La Dueña Alta”, entre Osuna y La Puebla. Allí estaban terminando de cenar, Pernales y el Niño de Arahal, cuando se presentó una pareja de la Guardia Civil. Salió el aperaor a abrir la puerta y les dice que allí dentro están los bandoleros. Cerraron por fuera todas las puertas menos una, por la que podía salir. A los lados se apostaron los civiles, no había forma de escapar. Resistir tampoco porque el aperaor se había quedado fuera y podía pedir refuerzos. Pernales pensó en una resolución extrema. A dos caballos que había en la cuadra les puso las monturas, y encima, bien amarrados, sendos sacos de paja. Hostigándolos con un látigo desde su caballo, los hizo salir, a galope, por la puerta. Los guardias, pensando que eran los bandoleros, descargaron sus fusiles sobre los sacos, mientras detrás salían, a todo galope, tendido sobre sus caballos, Pernales y el Niño de Arahal…perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Don Francisco Candau, vivía en Montellano, tenía una gran cicatriz en la cara, de una herida que le hizo Pernales cuando aquel tenía 16 o 17 años, y fue en su cortijo, en Casulilla, cerca de Morón. Aquel día, domingo 12 de mayo de 1907, Curro Candau tuvo el valor de enfrentarse con el bandolero. Cuando aquel, poco después de medio día, llegó al cortijo y estaban allí, charlando con el casero, Pernales, El Niño Gloria y el Niño de Arahal. Pernales, muy cortés y amable le dice que le ponga una esquela a su padre pidiéndole mil quinientas pesetas. Curro obedece y manda a un zagal del cortijo al pueblo por el dinero. Mientras espera, Curro confraterniza con los bandoleros. Pernales saca de sus alforjas cinco botellas de vino de jerez, y el señorito le dice a la casera que les traiga una tinajita de chorizos en manteca que todavía quedaban de la matanza. Curro, ya a gusto, bebe tanto o más vino que sus improvisados amigos. Por fin se presenta el zagal que no trae más que quinientas pesetas. Pero el bandolero se conforma con ese dinero. Es casi de noche y prefiere marcharse. Curro, envalentonado con las copas, les dice que se llevan el dinero porque son tres y van armados. Pernales, muy sereno, lo aguanta porque sabe que quien habla es el vino, pero además le gusta encontrarse con valientes. Curro sigue retador y vuelve a repetirle que es un cobarde, que se aprovechan que son tres contra uno. Esto acaba con la paciencia del bandolero que, de un puñetazo lo tira al suelo, lo encañona con el revólver…pero tira el arma al suelo y le da una tremenda patada en la cara. Y allí lo deja con el rostro bañado de sangre.

Atrás queda su encuentro con el poeta de “Andalucía la Baja” Fernando Villalón en las inmediaciones del cortijo “La Rana”, ubicado entre Morón y la Puebla de Cazalla donde el célebre poeta intentara echarle una mano, con la promesa de hacerlo un hombre decente. 


El día 11 de mayo de 1907 en el “Correo de Andalucía” aparece la siguiente información:

“Se han recibido noticias oficiales en Sevilla de otra nueva hazaña cometida por el Pernales. Según noticias, a las siete de la tarde del día 8 del actual, se presentó el célebre forajido en la finca La Rana del término de Morón y propiedad del señor Conde de Miraflores. Iba acompañado de otro sujeto como de 35 años de edad, vestido con traje oscuro y armado con una escopeta de dos cañones. Bajo amenazas de muerte exigieron quinientas pesetas, que le fueron entregadas en el acto ante el temor de que el temible bandido les asesinara. Después, con la tranquilidad más grande del mundo, salieron de la finca, montados en sendos caballos, que habían dejado a la puerta del caserío y tomaron carretera adelante por el camino de Marchena”.

La amistad que se ha atribuido a Pernales con el gran poeta moronense D. Fernando Villalón, se debe a que el ilustre escritor Manuel Halcón, primo hermano del poeta, en su amenísimo libro “Recuerdos de Fernando Villalón” cuenta, con una maravillosa fantasía, una entrevista nocturna entre el poeta y el bandolero, que merecía ser verdad:

No sería aún la medianoche cuando Pernales acercó su caballo a una sombra que emergía de los surcos.

“Dios guarde a Ud., Don Fernando…He querido advertirte de que tu cabeza, hace tiempo pregonada corre peligro inminente. Hay un tercio de la Guardia Civil movilizado únicamente en tu busca, tiene orden de entregarte vivo o muerto. Ahora mismo, en la gañanía, hay una pareja y debajo de cada olivo de La Rana hay un civil. Huye de aquí y métete en la marisma. Acércate a la Ciñuela, donde yo tengo los toros bravos. Te haré vaquero, te haré un hombre decente, tendrás mujer, hijo, casa y caballo, mejor que ese. Tendrás paz.

Don Fernando, yo se lo agradezco, pero de sobra sé que estoy perdido. Si he de hacer algo para salvarme, tendrá que ser transponiendo de Sierra Morena y metiéndome en Castilla…de Despeñaperros para abajo no hay guarida para mí. Pero yo se lo agradezco a usted, Don Fernando, y acaso sea la suya la última mano que estreche la mía.

Pernales sacó después un puñal enfundado en cuero, con alegrías de metal y una fecha: 1867, lo dejo a usted en recuerdo. Le juro que con él no hice sangre a nadie. Don Fernando lo tomó. Pernales abrigó con su pierna derecha los ijares de su jaca, que echó a andar. A los pocos pasos el bandido se detuvo para añadir: algo le agradezco más que nada, Don Fernando, que no haya dicho usted, como todo el mundo, que me entregue a la justicia.

A partir de este episodio, de Pernales jamás se supo en Morón.

¿A dónde vas con tu jaca
y una herradura de menos
si en la barranca del río
están los carabineros?

La verdad es otra, mucho más fea. Pero cuando el pueblo quiere crear un héroe, envolviéndolo en una leyenda, la fantasía tiene más fuerza que la realidad.

Y la verdad me la contaba mi amigo Ignacio Sánchez-Ibargüen, actual dueño del cortijo La Rana, e hijo adoptivo de Jerónimo Villalón, hermano del poeta. Y me cuenta que él conoce, por testimonio directo de su padre adoptivo, que ya tenía en aquella fecha, en 1907, veintidós años, su hermano Fernando dos años mayor que él, y Pernales tenía veintisiete años. Aún no había heredado nada Fernando, puesto que vivían sus padres, los Marqueses de San Gil y Conde de Miraflores. Por tanto, no podía tener ganadería brava a donde mandar a Pernales de vaquero. La realidad es que el bandolero iba mucho por la Rana, tenía amistad con el yegüero y dejaba allí su caballo, trabado en la piara, y cogía una bestia cualquiera para ir a ver a su última amante, Conchita Fernández pino, de El Rubio, que la tenía en Rapapelo, a una hora corta a caballo desde La Rana. De esta forma, si la Guardia Civil veía en Rapapelo una yegua con un hierro del Conde de Miraflores, ni por imaginación les pasaba que podía ser el Pernales. Lógicamente de todos estos “trapicheos” tendría conocimientos el Conde. Pero nunca acogió al bandolero en su casa ni tampoco se oponía a que el yegüero lo amparase.

Me dice Ignacio que Jerónimo Villalón recordaba perfectamente cuando Pernales, a través del administrador, pidió las consabidas pesetas a su padre. No con amenazas de muerte, pero sí advirtiendo que, si se negaban, podía quemar los sembrados, los almiares…o matar las yuntas. El administrador, Martín se llamaba, lo consultó con el Conde y éste, lógicamente, sin demora alguna, se las puso en la mano. Además, de su voluntad, le llenó las alforjas con lo que, en el campo se llamaba “el costo”, que eran los comestibles que se echaban cuando se iba de viaje a caballo, sobre todo e la conducción de ganado, y un gran manojo de cigarros puros. Y Pernales, con una ingenuidad infantil le dijo a Martín: “dígale usted al conde que, de aquí en adelante no va a necesitar velaor para las yeguas. Y dígale usted también a los niños del conde (así se conocía en Morón a Fernando y Jerónimo Villalón) que, un día, cuando estén corriendo las liebres, voy a venir a correr con ellos, que ahora tengo un caballo más ligero que los suyos”.

Y esta es la relación que Pernales tuvo con Fernando Villalón, así de sencillo. Pero yo me quedaría con la versión e Manuel Halcón. Aunque no sea cierta, pero es mucho más bonita.

Bella panorámica cercana a la Cruz de Pernales

Pero la vida del Pernales podría decirse que era la “crónica de una muerte anunciada” al tener el santo de espalda ya que sus huellas eran oteadas por la Guardia Civil “con la orden de entregarlo vivo o muerto”. Pernales sabía de sobra que estaba perdido. En Andalucía no existía guarida que le cobijara. Desde Gibraltar hasta Sierra Morena, existía un tercio de la Guardia Civil en su busca.

Es evidente que las fuerzas del orden de la época contaron con la enorme ayuda del telégrafo y el ferrocarril que poco a poco irán poniendo cerco a las “partías de bandoleros”.



El 13 de mayo de 1844 se crea la Benemérita “Bene (bien), méritus (merecedor)” por D. Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada con el objetivo de combatir la inseguridad de los caminos y perseguir a los malhechores, salteadores de caminos, bandoleros y otros delincuentes. 

Corría el año 1847 cuando el bandido apodado "el Tuerto de Alajar" acabó con la vida del cabo de caballería de este cuerpo Alonso Jiménez Serrano. A partir de este momento se desencadenaría una auténtica lucha por parte de la Guardia Civil por perseguir y erradicar el bandolerismo en toda nuestra geografía.

Aunque su captura era muy dificultosa al tener una gran movilidad geográfica y destreza como jinete acompañado de su buena montura, el cerco de la Guardia Civil se estrechaba. 

En mayo de 1907 su “partía” aunque cohesionada -ya que la traición se pagaba con la muerte- quedó desmantelada en Alcolea, Córdoba quedándole tan solo como cómplice el “Niño de Arahal”, por lo que decidieron iniciar su último viaje por la Sierra de Segura y Alcaraz con la intención de llegar hasta el puerto de Valencia con el único objetivo de salvar la vida poniendo rumbo a América.

El 31 de mayo de 1907, la banda de Pernales sería sorprendida por la Guardia Civil entre Alcolea y Villafranca, en la provincia de Córdoba. En el tiroteo que se produjo fue herido el Niño de la Gloria, que poco después murió. Otro miembro de la pandilla, "el Reverte" fue hecho prisionero.
Valencia, objetivo del Pernales para su huida a América

Posiblemente Pernales y el Niño de Arahal entraran en la provincia de Albacete por el collado de las Lagunillas, situado en las faldas e la Peña del Cambrón. Después seguirían hacia el cortijo de las Mangadas o del Puerto, donde se toparon con el guarda forestal Gregorio Romero Henares, que fue quien con toda seguridad denunció su presencia al juez de Villaverde de Guadalimar, don Manuel Zorrilla Muñoz.

El 24 de julio de 1907 Conchilla, "la del Pernales", dio a luz una niña, fruto de sus amores con el bandido. Al parecer, Pernales le pidió que marchase a Valencia, donde se reuniría con él más tarde, quizás con la idea de partir hacia América.

Pero su trágico final junto con su inseparable compañero de correrías Antonio Jiménez Rodríguez “El Niño de Arahal” tuvo lugar un 31 de agosto de 1907 donde encontraron la muerte a tiros en Villaverde de Guadalimar al ser sorprendidos por la Guardia Civil al mando del teniente Juan Haro López, jefe de la línea de Alcaraz, Albacete. Sus cadáveres se trasladan primero a Villaverde del Guadalimar y luego a Alcaraz (Albacete) donde los cuerpos de los desafortunados bandoleros fueron expuestos al público en el patio del ex-convento de Santo Domingo de dicha localidad.

Informe oficial del teniente Haro tras ser abatido “El Pernales”:

“Aparenta ser de unos 28 años, de 1,49 metros, ancho de espaldas y pecho, algo rubio, quemado por el sol, con pecas, color pálido, ojos grandes y azules, pestañas despobladas y arqueadas hacia arriba”.




Al Pernales se le ocupó, según el informe del teniente Haro, un macho castaño oscuro, una escopeta de dos cañones de fuego central de retroceso, un revólver sistema Smith de seis tiros, un anteojo de larga vista, un reloj sistema Roskof, una cartera de bolsillo con tres billetes de 100 pesetas, una pluma para escribir, una carta con un sobre que se dirigía a Carmen Morales González, calle Alcoba, Estepa, participándole a su madre que tenía un hijo más, firmándola Francisco Ríos y otra carta en un sobre, sin dirección, proponiendo a una tal Mariana que asistiera a una entrevista para llevársela al campo, entre otras cosas.

Al Niño de Arahal se le ocupó una yegua castaña clara, un revólver sistema Smith, una navaja de muelles de grandes dimensiones, fabricada en Albacete y una cartera de bolsillo con cuatro billetes de 100 pesetas, entre otras cosas.

Pernales y el Niño llegaron, según el informe del teniente, hasta 8 pasos de donde estaban apostados el cabo Villaescusa y el guardia Segovia quienes les dieron el alto, a lo que respondieron los bandidos disparando. Este lugar donde murió Pernales es una pequeña elevación de terreno con dos grandes piedras detrás, donde seguramente se ocultaron los guardias. La senda, que todavía hoy se distingue perfectamente, es muy estrecha por lo que Pernales iría delante y detrás el Niño, que así pudo escapar de una nueva descarga, aunque finalmente fue abatido ya que tropezó con el teniente Haro, el guardia Redondo y el guardia Codina, este último al parecer fue quien le alcanzó con un disparo, pues así lo afirmaba el oficial en su informe….



El ministro de la gobernación, don Juan de la Cierva, no podía creer la noticia cuando la recibió, pues las andanzas del Pernales habían constituido para él y para todo el Gobierno una auténtica pesadilla. 



Francisco de Paula José Ríos González, alias "Pernales", por la dureza de sentimientos, ha sido considerado el último de los bandoleros andaluces.

Un hecho que voy a relatar se lo he escuchado siempre a mi padre. Es una historia que ha sido transmitida a través de varias generaciones. 

La abuela de mi padre María García León era recovera y visitaba los cortijos de la zona para llevar productos del pueblo para cambiarlos a su vez por huevos, queso y otros productos del campo para suavizar un poco su maltrecha economía. 

Como la inmensa mayoría de las mujeres de su época, vestía de negro. Un día se le echó la noche encima y anduvo todo lo ligera que pudo para llegar a su casa. En el silencio de la noche, escuchó tras ella el trote de un caballo, lo que le hizo aligerar aún más el paso, posiblemente por el miedo. 

Cuando el jinete la alcanzó le preguntó. ¡Señora, de donde se viene!.

La buena mujer temerosa le contestó:

¡De buscarme la vida, soy recovera, vendo por los cortijos y hoy se me ha hecho tarde!.

El jinete le preguntó si no lo conocía a lo que le respondió la señora: ¡No, señor!. El jinete le manifestó siempre según la versión de la recovera, ¡No diga que me ha visto!. ¡Yo soy Pernales! y le entregó dos pesetas en plata, para que se ayudara un poco.

Este hecho tuvo lugar en una vereda cercana a Morón, llamada "Los Melonares", entre la antigua finca del Pernal y el Piojo, lo que demuestra que el célebre bandolero Pernales considerado ¡el último bandolero! anduvo por Morón al igual que en julio de 1832, José María Hinojosa Cobacho “El Tempranillo”, celebrara el indulto de Fernando VII, en la Hacienda “Arroyo del Rosal” junto con otro bandolero Juan Caballero, en julio de 1832.

También me cuenta un vecino y amigo de Morón, de un hecho significativo que le ocurrió a un vecino de Dos Hermanas y pariente suyo llamado Antonio López Gómez, administrador de fincas que se vio sorprendido por el célebre bandolero “Pernales” cuando llevaba dinero para pagar a los jornaleros. Le pegó una paliza, lo amarro y acto seguido le quitó el dinero de las alforjas, perdiéndose por los caminos.
Cuenta Hernández Gilbar en “Bandidos Célebres Españoles”, que una vez, merodeando por aquí, se le partió la cuerda del reloj. Y el bandolero no se sentía a gusto sin sentir el entrañable tic-tac que siempre le acompañaba. Y en pleno día, sin precauciones de ningún tipo, se presentó en una relojería del centro de Morón. Mientras esperaba  tranquilamente que le pusiesen una cuerda nueva, entró en el establecimiento una pareja de la Guardia Civil, con prisa venían para recoger un reloj porque, comentó uno de ellos, con toda naturalidad, “salimos ahora mismo en persecución de Pernales que dicen que anda por aquí”.

El bandolero lo escuchó sonriendo sin hacer el menor comentario, sin mostrar inquietud alguna. Cuando se fueron los civiles, esperó aún a que el maestro terminara su trabajo, le dio un billete de veinte duros y con un “quédese usted con la vuelta”, salió a la calle tranquilamente con su reloj funcionando.

Seguro que al día siguiente todo Morón comentaría, con admiración, la sangre fría, el valor y la templanza del bandolero. Y a su vez el olvido total de las crueldades que pudiera haber cometido.

En Alcaraz, también visitamos la tumba del que fuera considerado “el último bandolero” Francisco González Ríos “El Pernales” que junto a su inseparable compañero de infortunio Antonio Jiménez Rodríguez “El Niño de Arahal”, encontraron la muerte aquel 31 de agosto de 1907, en Villaverde del Guadalimar (Albacete) con tan sólo 28 y 26 años respectivamente al ser sorprendidos por la Guardia Civil, en un lugar denominado “Las Morricas”.

Tras la muerte del Pernales, comenzaba el mito. La literatura popular lo ha convertido en una leyenda viva pasando a formar parte de la Memoria Colectiva de los pueblos donde ejerciera su fascinerosa “influencia”.

Todavía existe en Alcaraz una leyenda, que cuenta que algunas noches  el espíritu de Pernales sale de su tumba para robar a las personas más ricas del pueblo y llevar el producto del robo a alguna familia de humilde condición. Si las personas pudientes no quieren ser víctimas de robos, deben subir al cementerio, situado en el viejo castillo morisco, y depositar algunas flores en su tumba. Por este motivo nunca faltan flores frescas junto a la lápida de Pernales. Desde lo alto del castillo, se puede contemplar la Sierra de Alcaraz que se hizo famosa con la muerte del célebre bandolero, en el que todavía resuenan los ecos de esta copla:

Pernales en toda su vida
no ha matado a ningún hombre,
que el dinero que robaba
lo repartía entre los pobres…

Ya mataron al Pernales.
Ladrón de Andalucía.
El que a los ricos robaba.
Y a los pobres socorría.

En definitiva, la "gente con posibles" ha considerado a los bandoleros como malhechores, fascinerosos o bandidos mientras que la gran masa de  los desposeídos o braceros sin tierra, anclados en la más absoluta miseria los consideraban, una especie de  "aliados".


¡Qué cada uno saque sus propias conclusiones!

Las lindes del olivar,
son anchas pá los don mucho,

 y estrechas pá los don ná.



Soleá (Manuel Gerena)

La arrogancia de "Pernales"

Córdoba 22. Camino de la aldea de Zapateros, término de Aguilar, el famoso bandolero Pernales detuvo un carruaje en el que iban el rico propietario y diputado D. Vicente Romero, en compañía de unas señoras de su familia.

El Pernales, con gran cortesía, pidióle al referido propietario la cantidad de 1.000 pesetas, contestándole aquél que no podía acceder a su petición, por no llevar consigo dicha cantidad.

Para demostrar al bandido la verdad de sus afirmaciones, el Sr. Romero enseñóle algunas monedas de plata que llevaba en los bolsillos, ofreciéndoselas.


Pero el Pernales, dando muestras de gran altivez, contestóle que él no pedía limosna. Luego llamóle aparte, y como las señoras se mostrasen algo inquietas, díjoles para tranquilizarlas, acompañando sus palabras de una afectuosa sonrisa:

No tengan ustedes cuidado, que yo no soy ningún criminal.

El Pernales estuvo hablando unos momentos con el Sr. Romero, y después dejó que continuase su viaje. El Sr. Romero, una vez llegado a Aguilar, comunicó lo ocurrido a la benemérita, que ha salido en persecución del bandido. 


UNA EXCURSIÓN A ANDALUCÍA

Calínez.- ¿CREES TÚ, GEDEÓN, QUE LLEVAMOS BASTANTE DINERO?

Gedeón.- SÍ HOMBRE, SÍ...QUINIENTAS PESETAS PARA EL VIAJE, QUINIENTAS PESETAS PARA LA FONDA, MIL PARA "EL PERNALES"...

Viñeta cómica perteneciente al semanario satírico "Gedeón" (Madrid, 1895-1912), publicado el 4 de agosto de 1907. Biblioteca Nacional de España.




Ruta de Pernales

Desde Alcaraz colocamos nuestro punto de mira en el lugar donde fuera abatido "El Pernales" en el término de Villaverde de Guadalimar. Una sencilla ruta nos acercaba desde la parte más elevada del pueblo, en su parte norte, a la Cruz del Pernales "6 km.", lo que nos permitía disfrutar de su entorno natural. En uno de los descansos junto al río Guadalimar se podía escuchar los saltos de agua junto al sonido de los pájaros entre los efluvios de tomillo, romero y pinos piñoneros.

Una vez muertos los bandoleros fueron llevados hasta Villaverde de Guadalimar, donde quedaron expuestos toda la tarde en la plaza para curiosidad pública. Al día siguiente, 1 de septiembre, los cadáveres fueron trasladados en un carro por Bienservida a Alcaraz. 
  • A 300 m. se puede observar la mole pétrea del Cambrón, frontera natural de dos comunidades autónomas "Andalucía y Castilla La Mancha".
  • A 750 m. existe un cruce señalizado que nos indica que a la derecha se encuentra la cruz de Pernales.
  • A 2,6 km. existe una zona de helechos, cruzamos el arroyo del Tejo que se une monte abajo con el arroyo de "El Sax", que da origen al nacimiento del río Guadalimar.
  • A 3,3 km, llegamos al Barranco del Saltillo, donde en su parte alta mataron al compañero del Pernales "El Niño de Arahal".
  • A 4,2 km. se observa Villaverde de Guadalimar al fondo del valle.
  • A 4,5 km. nos tropezamos con el mapa que nos indica el último tramo para llegar a nuestro objetivo "La Cruz del Pernales".
  • A 4,9 km. llegamos al Prado de la Rosinda, fin del camino rodado. Subimos una senda empinada de unos 500 metros y otros 500 metros de veredas, que nos llevará a la "Cruz del Pernales".
  • El último tramo se encuentra mal señalizado siendo de dificultad moderada.
Desde Villaverde del Guadalimar colocamos nuestro sextante en Riopar para visitar el Parque Natural de los Calares del Río Mundo y de la Sima. Pudimos observar “el Reventón” aunque débilmente, que se precipita durante la primavera por un farallón de más de 300 metros de altura. 

Las rocas en proceso de formación se denominan travertinos o tobas calcáreas y se originan por la precipitación del carbonato cálcico disuelto en agua. Son formaciones muy frágiles. 

En la Cueva de los Chorros nace el río Mundo, precipitándose y formando una de las cascadas más espectaculares de España y pequeñas pozas llamadas Calderetas. La distancia a la Caldereta principal es de 350 metros y de 800 metros el recorrido completo, hasta el segundo mirador. Desde el aparcamientos transitamos por la piedra de los señoritos hacia la caldereta donde se encuentra el primer mirador.

La cueva tiene 15 metros de anchura por 25 de altura. El agua cae desde 80 metros de altura. Su caudal es extremadamente variable, alcanzando niveles mínimos en verano y máximos en invierno, produciéndose en ocasiones crecidas llamadas “Reventón”.

En condiciones meteorológicas adversas (hielo, nieve, lluvia, etc., aumenta el desprendimiento de hielo y rocas).


Después de nuestra grata ruta cultural, regresamos por los Cerros de Úbeda a nuestro lugar de origen, en la tierra de Villalón, de la cal y del flamenco, no sin antes haber degustado productos de la tierra como la miel, nueces, queso en aceite de oliva, pan de la tierra o aceite de oliva virgen extra ecológico.

Desde la Cruz de Pernales, en Villaverde de Guadalimar, para el blog de mis culpas...


Durante nuestra visita al castillo de Alcaraz como vestigio arquitectónico, visitamos junto a éste, el cementerio de Alcaraz (donde se encuentra enterrado Pernales). Allí tuvimos la suerte de encontrarnos con una señora llamada Felisa, quien nos manifestó que según su abuela Felisa, su bisabuelo Modesto se encontraba regando en aquellos tiempos pretéritos unas tierras que se pueden observar desde el mirador del cementerio. Los célebres bandoleros le preguntaron por el camino hacia Vianos, que en la actualidad se encuentra casi perdido por la maleza y desaparecieron. También nos cuenta Felisa que su bisabuelo le manifestó que el Pernales cuando lo mataron llevaba un traje de pana color marrón y el Niño de Arahal otro de color verde. Cuando los mataron, el Niño de Arahal llevaba en los labios restos de huevo, lo que presuntamente podría dar a entender que fueron sorprendidos comiendo.

Por otro lado, también nos dijo Felisa que un guardia civil apellidado Canuto fue al parecer quien mató al Pernales. Este suceso contribuyó a que padeciera a partir de entonces graves problemas psicológicos hasta su muerte.



Bibliografía


DESDE LA FRONTERA "Revista de Temas Moronenses".
Bandoleros por Juan Torres



LA RUTA DE EL PERNALES
Ayuntamiento de Villaverde de Guadalimar