Mausoleo de Cristóbal Colón, en la Catedral de Sevilla
Realizado en 1899 por el escultor Arturo Mélida
El martes 6 de enero, festividad de la Epifanía del Señor, recibí como regalo de Reyes, el libro de Juan Miguel Zunzunegui “Al día siguiente de la Conquista. La historia de lo que España construyó en América”, libro recomendado por mi amigo Juan Rafael, y que me ha proporcionado unos gratos días de lectura con argumentos para realizar estas humildes letrillas en el blog de mis culpas.
Todo ello, complementado con nuestra enésima visita al mausoleo de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla, nuestra visita al Archivo de Indias ubicado frente a la Catedral, Trujillo de Pizarro, Medellín de Hernán Cortés, Salamanca, donde estuvo dando clases don Francisco de Vitoria, teólogo, jurista, escritor y catedrático de su Universidad de Salamanca, considerado el Padre del Derecho Internacional, sin olvidar Valladolid, testigo de la famosa Controversia entre Ginés de Sepúlveda, que justificaba la subordinación de los indígenas bajo la “guerra justa” y el dominico Fray Bartolomé de las Casas, que defendía la humanidad de los indios, en el Colegio San Gregorio [1550-1551], Sin duda, que tuvo que ser un apasionante debate teológico-legal.
El Estrecho de Bering fue un puente terrestre que conectaba Siberia y Alaska, hace entre 25.000 y 12.000 años, emergiendo hacia el final de la última glaciación y volviéndose a inundar hace unos 13.000-11.000 años, permitiendo el paso de humanos y animales. El nivel del mar era significativamente más bajo (unos 130 metros menos), permitiendo el paso la migración de poblaciones desde Asia a América. El agua quedó atrapada entre vastas capas de hielo, haciendo transitable durante miles de años, abriendo las primeras rutas humanas. Aquellos cazadores y recolectores que vivían en la Edad de Piedra con armas primitivas no habían desarrollado la metalurgia. Un aislamiento geográfico y cultural de culturas exógenas, y cuando sube el nivel del mar que hace que todo se desarrolle más despacio.
Es cierto que antes que los españoles habían llegado a América los vikingos de Leif Erikson en el siglo X a Terranova, pero no se establecieron.
España tuvo consciencia del descubrimiento de un nuevo territorio al que denominó "Nuevo Mundo" o "Las Indias", desde California hasta la Patagonia y Tierra de Fuego.
Breve introducción
Un vital acontecimiento de la historia humana fue la caída de Constantinopla en manos de los turcos otomanos el 29 de mayo de 1453. La toma de Constantinopla con Mehmet II hará que los turcos dominen el Mediterráneo oriental cerrando los puertos comerciales a los reinos cristianos de Portugal, Aragón y Castilla, teniendo España que buscar otras rutas para llegar a la Ruta de las Especias.
Mientras que los portugueses dieron la vuelta a África, los españoles descubrieron el Nuevo Mundo en ruta opuesta a los portugueses, siendo además los primeros en dar la Primera Vuelta al Mundo «Primus circumdedisti me». Sin la toma de Constantinopla en manos de los turcos, no hubiese sido necesario explorar nuevas rutas en busca de las preciadas especias.
Terminada la “Reconquista” España necesitaba encontrar una vía marítima que les permitiera llegar a la ruta de las especias por el poniente sin tener que bordear África [que estaban en manos de los portugueses que navegaban hacia Asia sin tener que financiar nuevas vías], mientras que el Imperio otomano ejercía su influencia en la ruta terrestre de las especias y de la Ruta de la Seda, cerrada por completo para el mundo cristiano a mediados del siglo XV.
En España y Europa era necesario conservar la carne y para ello, existía una gran demanda de sal y de pimienta, ésta última procedía de Oriente y de África Occidental en manos portuguesas. En la Europa medieval se codiciaba como producto de verdadero lujo las especias de Oriente considerada “oro vegetal” cuyo comercio se encontraba monopolizado por las repúblicas italianas y cuyo valor crecía exponencialmente al pasar de mano en mano durante las largas rutas terrestres. Las especias [clavo, canela, nuez moscada, jengibre y pimienta] alcanzan entonces un precio desorbitado, lo que servirá de estímulo para atravesar los océanos desconocidos.
A finales del siglo XV, Portugal y Castilla se lanzan a ejercer su influencia en los océanos de una carrera sin precedentes y con un mismo objetivo: descubrir una ruta marítima que les permita alcanzar el lejano Oriente y las míticas Islas Molucas, origen de las codiciadas especias. Aquel impulso descubridor alimentado por el afán de riqueza y la sed de conocimiento, transformará a la Humanidad para siempre.
Cristóbal Colón conocía presuntamente las teorías de Alonso de Huelva “El Prenauta” y en sus viajes buscaba una vía oceánica por Occidente que le condujera a la ruta de las especias, una ruta más corta hacia Asia por el oeste [Catay y Cipango], pero se encontró sin saberlo, con la isla de Guanahaní “San Salvador” en las Bahamas, Cuba y La Española “Santo Domingo”. Lo que desconocían los navegantes de la época era que entre América y Asía se encontraba el Océano Pacífico.
Existen relatos que nos hablan en el siglo XVI de la existencia de “un cierto marino, cuyo nombre hasta ahora no se sabe ni de dónde partió ni que viaje llevaba, más que andaba por el Mar Océano de Poniente…”. Dicho marino, al parecer, se vio arrastrado por una tormenta que le llevó a parar a un mundo “fuera de toda noticia de lo que los marineros sabían” y adonde vio tierras extrañas nunca antes vistas ni oídas.
Otra tormenta llevó al anónimo explorador a la isla de Madeira, donde estaba entonces Colón, en cuyos brazos expiró el desdichado piloto no sin antes contar cuantos secretos marítimos de aquella mortal aventura le había reportado. Aquel marinero y comerciante se llamaba Alonso Sánchez nacido en Huelva [España] a mediados del siglo XV, que habría llegado a América antes de que lo hiciera Cristóbal Colón en 1492, motivo por el cual es conocido como el Prenauta.
El padre Bartolomé de las Casas narra la historia de un navío que se ve envuelto en una tormenta y es desviado de su ruta original para acabar llegando al Nuevo Mundo.
La primera persona en darle nombre al piloto anónimo fue el Inca Garcilaso de la Vega en sus Comentarios Reales aparecidos en 1609, donde cuenta que había oído la historia cuando era niño, de boca de viejos conquistadores. De acuerdo con este cronista, Alonso Sánchez hacía frecuentes viajes a Inglaterra, a Ias Islas Canarias y Madeira. En una travesía entre estos dos últimos lugares, en un navío pequeño y con pocos marineros, fue sorprendido por una tormenta que lo desvió de su ruta y lo llevó hacia el oeste por aguas desconocidas.
Había que ser muy valiente y temerario para atravesar las Columnas de Hércules en el Estrecho de Gibraltar (non plus ultra -no hay tierra más allá-)
Y en eso llegó Colón…
Cristóbal Colón conocía tales teorías y en sus viajes buscaba una vía oceánica por Occidente que le condujera a la ruta de las especias, pero se encontró con la isla de Guanahaní “San Salvador” en las Bahamas, Cuba y La Española “Santo Domingo”. Lo que desconocían los navegantes de la época era que entre América y Asía se iban a encontrar con el Océano Pacífico.
Tras las Capitulaciones de Santa Fe firmadas el 17 de abril de 1492 Colón realizó cuatro viajes al Nuevo Mundo, cada uno con rutas distintas, que le permitió conocer nuevas vías marítimas y encontrar nuevas tierras para colonizar.
América aparece en la proa de los españoles como un inesperado obstáculo en el camino hacia las Islas de las Especias. Y comenzó una bella civilización hispanoamericana, con sus luces y sombras, como en toda civilización.
El primero de los viajes fue entre 1492 y 1493. Durante este trayecto arribó a varias islas del Caribe como Guanahaní, Cuba y Santo Domingo. La expedición partió de Palos de la Frontera, el 3 de agosto de 1492, compuesta por tres naves: la Santa María, la Pinta y la Niña. Luego de atravesar muchas calamidades y la tripulación amenazar con un amotinamiento, el 14 de octubre de 1492, Rodrigo de Triana divisó tierra firme. Comenzaba así uno de los hitos más grandes del mundo: el “Descubrimiento” de un nuevo continente.
La isla era conocida por los indígenas como Guanahaní y fue bautizada por Cristóbal Colón como San Salvador, en honor a Jesucristo y a la salvación que implicaba encontrar tierra tras aquella larga travesía. En el libro de Francisco Gómez de Gómara "Historia General de las Indias", escrito en 1552, aparece el término "cacique" en referencia al cacique taíno Guacanagari como jefe de una comunidad taína de las Antillas.
Alejandro VI (Rodrigo de Borja) estableció mediante la bula “Inter Caetera” una línea imaginaria situada a 370 leguas al oeste de las Islas de Cabo Verde, que dividiría al mundo otorgando a los Reyes Católicos el dominio y monopolio del comercio de las nuevas tierras conquistadas. Las tierras descubiertas al Este de ésta línea imaginaria, serían de propiedad portuguesa, y las del Oeste, serían de propiedad españolas. América quedaba en manos de España mientras Brasil pertenecería a Portugal.
Esta nueva concepción del mundo pasaría por alto los derechos de la población indígena de aquellas tierras sometidas y explotadas, dando paso a siglos de disputas internacionales por el poder marítimo entre España, Francia e Inglaterra. Podría ser considerado como el detonante que pondría en marcha el colonialismo posterior.
El 7 de junio de 1494 quedará plasmado el acuerdo en el Tratado de Tordesillas entre los representantes de los Reyes Católicos y los del rey Juan II de Portugal fue una forma para repartirse el mundo tras el Descubrimiento de América.
Cristóbal Colón muere en Valladolid, a los 54 años de edad
Cristóbal Colón murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid sin pena ni gloria al ignorar su propia hazaña ya que nunca supo que había descubierto otro continente. Además le quitaron el mérito de dar su nombre a las nuevas tierras descubiertas ya que Américo Vespuccio identificó esas tierras como un Nuevo Continente el 17 de agosto de 1501, por lo cual esas tierras descubiertas se le llamó América en su honor, usurpándole ese honor al Almirante Cristóbal Colón.
El cartógrafo Martin Waldseemüller instauró en su honor el nombre de América en un mapa publicado el 25 de abril de 1507 y el continente pasará a llamarse América. Incluso veinte años más tarde del viaje de Colón, muchos cartógrafos se obstinaban en negar la existencia del continente americano al que consideraban un apéndice de Asia.
Monumento a Isabel la Católica y Cristóbal Colón en Granada
Isabel la Católica
Isabel decidió apoyar a Colón. Isabel I de Castilla comprendió que las nuevas tierras no podían ser dejadas al libre arbitrio de aventureros, ni en manos de familias importantes. Era necesario poner orden y crear virreinatos mediante una estructura de administradores, juristas y religiosos que llevaran el Evangelio a los indios.
Isabel la Católica defendió activamente los derechos de los indígenas americanos, considerándolos súbditos libres de la Corona y prohibiendo su esclavitud mediante cédulas reales en 1500, ordenando su repatriación y trato justo, aunque su real visión chocó con las prácticas de algunos conquistadores y encomenderos.
Cenotafio de los Reyes Católicos en la Capilla Real de Granada
Antes de morir Isabel la Católica, en 1504, hizo una histórica declaración:
“Cásense españoles con indias, e indios con españolas”, declarando también que los indios eran súbditos y deberían ser tratados con respeto. Las Leyes de Burgos de 1512 establecían con claridad la prohibición de la esclavitud de los habitantes de América como hombres libres, racionales y con derechos de propiedad sobre sus tierras y casas; no podían ser explotados ni castigados.
Fray Bartolomé de las Casas defendió el legado de Isabel la Católica en lo referente a la protección de los indios, a los que consideraba súbditos de la Corona. De las Casas, criticó las atrocidades de la conquista y logró que la Corona escuchara sus denuncias, actuando como el gran defensor de los derechos humanos de los nativos americanos.
Monumento a Elio Antonio de Nebrija, en Lebrija (Sevilla)
En 1492 Elio Antonio de Nebrija presentaba a Isabel la Católica un ejemplar de su Gramática castellana, la primera gramática en lengua moderna. Después vendrá la gramática en náhuatl [1547], quechúa [1560] y maya [1684], siempre desarrollada bajo el intenso trabajo intelectual de los frailes españoles.
"Antonius de Nebrissa o Nebrissensis" es autor de la primera gramática castellana [1492], del Diccionario latino-español ese mismo año y también del Vocabulario español-latino [1494], entre una intensa obra.
La primera gramática del náhuatl fue escrita por el franciscano Fray Andrés de Olmos y publicada en 1547, siendo la primera gramática de una lengua indígena americana creada en América. En 1555, Alonso de Molina publicó su primer vocabulario bilingüe.
La primera gramática quechua, titulada "Grammatica o arte de la lengua general de los indios de los reynos del Perú", fue escrita por el misionero dominico Domingo de Santo Tomás y publicada en Valladolid (España) en 1560.
La primera gramática formal en lengua maya (yucateco) y base de su evangelización fue escrita por el franciscano Fray Juan Coronel, publicado en 1620.
Todas estas gramáticas servirán como base para la evangelización de los pueblos indígenas de México y del Perú.
El 12 de octubre de 1942, Colón descubre tierras al otro lado del Atlántico creyendo que se trataba de Catay y Cipango, de las que hablaba Marco Polo en sus viajes. Una vía mucho más corta para llegar a la India. Cuando murió Colón, seguía sin saber que lo que había descubierto fue un nuevo continente.
En 1493, Colón realiza su segundo viaje con más 1500 hombres con el objetivo de conquistar y colonizar el Nuevo Mundo. Descubre en este viaje Jamaica y Puerto Rico, o alcanzando tierra firme.
En agosto 1498, Colón realiza su tercer viaje, desembarcando en Venezuela.
En 1499, Vasco de Gama doblaba el Cabo de Buena Esperanza, estableciendo la ansiada ruta con la India, que le permitirá traer las ansiadas especias, tejidos y piedras preciosas procedentes de allí. Aunque el primer europeo en doblarlo fue Bartolomé Díaz, en 1488.
En su cuarto viaje entre 1502 y 1504, Colón recorrió las costas de lo que hoy es América Central (Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá) sin encontrar un paso hacia Asia.
Anteriormente la seda y las especias vendrían por vía terrestre por países árabes con muchos intermediarios, que elevaban el coste antes de su llegada a Europa. La toma de Constantinopla por los turcos otomanos el 29 de mayo de 1453 marcará el fin del Imperio Bizantino y el final de la Edad Media, y por tanto, la ruta de las especias junto con la ruta de la seda colapsará para los países cristianos, que no tendrán más remedio que explorar nuevas rutas marítimas. Portugal por el este, y España por el oeste. Los navíos les permitirán cargar más mercancías eliminando a los intermediarios que encarecían los productos. Nuevos mapas serán redibujados continuamente. Los mercaderes necesitaban conocer qué ruta será más rentable para sus intereses, si la del este o la del oeste.
Mientras tanto, Américo Vespucio describe la maravillosa tierra que había encontrado en un viaje realizado en 1501 encontrándose nativos desnudos en un verdadero Paraíso.
El navegante florentino Américo Vespucio fue el primero en proponer que las tierras descubiertas no era Asia, sino un "Nuevo Mundo", idea que el cartógrafo Martin Waldseemüller adoptará en 1507 al publicar un mapa, sugiriendo nombrar el nuevo continente "América" en honor de Américo. Aunque Colón fue el primero en llegar al Nuevo Mundo, muerto el Almirante, el nombre de América en honor de Américo Vespucio se difundirá más rápido.
El paraíso “Novus Mundus” de Vespucio fue traducido a muchos idiomas en las colecciones de relatos de viajes. Vespucio señalaba que lo descubierto no era parte de Asia sino de un Nuevo Mundo, tirando por tierra la hipótesis de Colón. Una posibilidad de un nuevo mundo paradisiaco que abrirá un abanico de posibilidades para todos los europeos.
En una carta, Américo Vespucio dice que se trasladó a España como comerciante, decidiendo enrolarse en cuatro viajes: dos bajo pabellón español, en 1497 y 1499 y otros dos con los portugueses, en 1501 y 1503. Describe encuentros con caníbales y con enormes serpientes, advirtiendo que no se trataba de Asia.
En 1504, un impresor veneciano editó un folleto de todas las navegaciones del rey de España y tierras encontradas. “Tierras recién descubiertas y un Nuevo Mundo”, por el florentino Américo Vespucio. Un título ambiguo que invitaba a pensar que también había sido Vespucio el descubridor de los nuevos territorios.
El 5 de abril de 1507 se publicaron los cuatro viajes de Américo Vespucio donde el nombre de Colón no aparecía por ningún lado quedando Américo Vespucio como el descubridor de las nuevas tierras descubiertas. Presuntamente, se daba a entender falsamente que una cuarta parte del mundo fue descubierta por Américo Vespucio. Si todos los continentes tienen nombre femenino, pongámosle América en honor de Américo. Además América era una palabra que sonaba bien, era bonita y sencilla equiparando al nuevo continente con los ya conocidos como Europa, Asia y África. Muchos cartógrafos comenzaron a incorporarlo a sus cartografías.
Pero sin duda, quien escribió la palabra América en el mapamundi fue el cartógrafo y geógrafo Martin Waldseemüller. Será Mercator, el geógrafo más influyente desde Ptolomeo, y padre de la Cartografía, quien coloque el nombre de América tanto en el norte como en el sur.
Al morir Colón, su nombre tenía escaso peso en este aspecto, al ser acusado de mal gobierno y exceso de brutalidad. La noticia de su muerte pasó desapercibida y su prestigio desapareció, mientras que la fama de Vespucio se consolidaba en el mundo de la cartografía, considerado el descubridor del Nuevo Mundo.
En 1491, Américo Vespucio con 50 años había sido enviado a Sevilla por los Médicis. En 1499 se embarcaba hacia las Indias en una flota de Alonso de Ojeda, alcanzando las costas de Brasil, y regresando convertido en un experto navegante. El rey de Portugal le encargó como cartógrafo o piloto participar en una expedición que tenía pensado en aquella zona geográfica con el objetivo de navegar hacia el sur para llegar a las Molucas en busca de las especias, pero llegaron a aguas demasiado frías y tuvieron que regresar sin cumplir su misión. Ese fue el famoso viaje recogido en “Novus Mundus”. Aquellas tierras eran demasiado grandes para ser islas, y tendría que ser un nuevo continente.
Realizó un viaje más con los portugueses con los mismos resultados. Cada vez que llegaba a Lisboa escribía a su antiguo jefe Pierfrancesco de Médicis, que sin él saberlo, publicó su carta Novus Mundus. De regreso en Sevilla busca trabajo.
Américo Vespucio se casa con la hija extramatrimonial de Fernando González de Córdoba, el Gran Capitán, llamada María Cerezo. En Sevilla se aloja en febrero de 1505 en la casa de Colón. Vespucio se colocó en la Casa de Contratación de Sevilla organizando expediciones a las Indias y en 1508 fue nombrado Piloto Mayor de Castilla con la misión de enseñar navegación, cosmografía y pilotaje en la escuela naval de la ciudad, además de ser responsable del registro cartográfico de todos los mapas.
Colon fallece en 1506 antes de que nadie escribiera la palabra América sobre mapa alguno. Hasta que alzó la voz Fray Bartolomé de las Casas, célebre defensor de los indígenas frente a los encomenderos y conquistadores. De las Casas sabía que era Cristóbal Colón quien había descubierto el Nuevo Mundo. De las Casas se preguntaba ¿en que expedición fue Américo Vespucio antes que Colón?
De las Casas descubrió un error de traducción, ya que Vespucio se había inventado que había llegado al Nuevo Mundo un año antes que Colón. Vespucio o su impresor mintieron ya que Vespucio fue al Nuevo Mundo, en 1499, y no en 1497.
Aunque todo lo aclaró Fray Bartolomé de las Casas, la mentira ya había corrido como la pólvora por las imprentas y cartografías. Américo Vespucio se había atribuido la gloria de haber descubierto América. La mentira de Vespucio se aseguró un hueco en la historia. Ya era muy tarde para cambiar el nombre de América, muy asentado en los mapas y rutas marítimas de la época.
En el siglo XVII la memoria de Américo fue arrastrada por el fango. Bartolomé de las Casas tenía razón ya que Vespucio adelantó la fecha de su viaje en las cartas dos años para adelantarse a Colon.
Américo Vespucio muere en 1512, cinco años antes de que los Eruditos de Saint-Dié propusieran al mundo que América llevase el nombre de Américo Vespucio.
Colegio de San Gregorio, Valladolid
La Controversia de Valladolid de 1550
Carlos V quedaría tan impresionado con los argumentos de Fray Bartolomé de las Casas que convocó para el 15 de agosto de 1550 la Junta en Valladolid compuesta por eminentes juristas y teólogos de la talla de Domingo de Soto o Melchor Cano, pertenecientes a la Escolástica e influidos por el dominico español Francisco de Vitoria. Carlos V le llevaría a plantearse incluso debatir la legitimidad de la conquista y el trato a los indígenas, y si se demostraba que la actuación a nivel moral de España era ilícita, abandonar tan magna empresa.
Carlos V quedaría tan impresionado con los argumentos de Fray Bartolomé de las Casas que convocó para el 15 de agosto de 1550 la Junta en Valladolid compuesta por eminentes juristas y teólogos de la talla de Domingo de Soto o Melchor Cano, pertenecientes a la Escolástica e influidos por el dominico español Francisco de Vitoria. Carlos V le llevaría a plantearse incluso debatir la legitimidad de la conquista y el trato a los indígenas, y si se demostraba que la actuación a nivel moral de España era ilícita, abandonar tan magna empresa.
Pero el verdadero protagonismo corresponderá a Fray Bartolomé de las Casas y a Ginés de Sepúlveda, que representaban tesis antagónicas y enfrentadas en la “Controversia de Valladolid”. Se enfrentaban dos posturas, teniendo como escenario el Colegio de San Gregorio de Valladolid:
La defensa de los indígenas por parte de Fray Bartolomé de las Casas mientras que Sepúlveda invocaba la barbarie de los indígenas y la guerra justa contra los indios.
Sepúlveda como portavoz de los ricos encomenderos defendía el imperialismo tradicional, la de un pueblo dominador que ejerce la explotación sobre el dominado. Defendía incluso la guerra contra los indios para lograr su conversión forzosa al cristianismo con la finalidad de equiparar sus costumbres a las de las sociedades europeas mientras que Bartolomé de las Casas, defendía a ultranza a los pacíficos indios que de repente, se vieron violentados por una jauría de codiciosos y sanguinarios encomenderos que veían en el indio una mano de obra esclava.
Convento de San Pablo y San Gregorio. Valladolid
De las Casas sostenía que la única causa que justificaba la presencia española en América era la Evangelización, tal como recogía el testamento de Isabel la Católica. Y dicha Evangelización no podía sostenerse por la fuerza sino por medios pacíficos. Ampararse en la fe para conquistar a unos pueblos incultos tergiversaba el espíritu de la conquista. De las Casas ponía como contraargumento que ningún castigo podía aplicarse a los indios bajo la jurisdicción de la Iglesia y súbditos de la Corona. Los indios necesitaban una convivencia pacífica con los españoles bajo una importante labor evangelizadora.
En Valladolid se sometieron a discusión varias cuestiones:
- La legitimidad de la soberanía española.
- Si era lícito o no la guerra contra los indios.
- Y la naturaleza del indio.
Sepúlveda disertaba sobre la división natural entre los pueblos donde unos deben de obedecer a otros. Todo ello importado del pensamiento de Aristóteles, que justificaba la esclavitud. Los indios para Sepúlveda eran gentes bárbaras que se encontraban situados en un escalón inferior, lo que justificaba la dominación de un pueblo civilizado como España.
De las Casas contradecía los argumentos de Sepúlveda pensando que la interpretación de la doctrina aristotélica era errónea. En muchos aspectos los indios estaban más adelantados que los europeos como en medicina, astronomía o matemáticas. Sepúlveda presentaba a los indios como caníbales que no conocían la rueda siendo causa de una guerra justa.
Siete meses duraría la controversia de Valladolid resultando vencedor Fray Bartolomé de las Casas como demuestra el documento legal “Las Leyes Nuevas”, que supondrá un giro radical en la política de España en el Nuevo Mundo.
Pero en la práctica se declarará una verdadera guerra entre la clase encomendera contra España porque las Leyes Nuevas limitaban los derechos de los encomenderos sobre los indios que podían trabajar en la encomienda libremente a cambio de un salario justo. Las Leyes Nuevas proclamaban la extinción de la encomienda tras la muerte del encomendero, sin posibilidad alguna de sucesión de los herederos.
El dominico Francisco de Vitoria, creador de la Escuela de Salamanca, será el verdadero inspirador intelectual de la protección del indio americano, plasmado de una manera nítida en las Leyes de Indias. Sus lecciones magistrales serán los fundamentos del moderno Derecho Internacional y de los Derechos Humanos.
El padre Vitoria [dominico español y catedrático de la Universidad de Salamanca] en 1538 había reconocido la condición de sujetos de pleno derecho a los indios sustituyendo las relaciones entre los pueblos por el concepto de cristiandad y de comunidad internacional negando al Papa su capacidad para legitimar guerras o conquistas. Hasta entonces nadie se había planteado que los pueblos conquistados o individuos de una población salvaje pudieran tener derechos. Esto fue un trabajo de la Iglesia romana. Las iglesias protestantes no sintieron por los indios interés ni cultural ni religioso, con algunas excepciones. Francisco de Vitoria [1485-1546] será considerado el padre del Derecho Internacional.
Los dominicos encabezados por Fray Bartolomé de las Casas sacudieron las conciencias de los encomenderos. En la controversia de Valladolid se habían enfrentado dos posturas antagónicas: el dominio natural de España representado por Ginés de Sepúlveda frente a la defensa a ultranza de los indios, representada por Fray Bartolomé de las Casas.
Bartolomé de las Casas para relevar a los indios de las penosas tareas impuestas por los españoles vería positivo importar negros africanos para tal fin, olvidando que éstos últimos también eran hijos de Dios.
La Controversia marcará de forma definitiva la política oficial de España y de la Corona hacia los indios. A partir de este momento, España considerará al indio como persona frágil, débil e indefenso que necesitaba la protección del Estado. Y esta protección se la brindaban las Leyes de Indias cuyas comunidades se salvarán de la extinción en América, muy al contrario de las regiones colonizadas por los británicos, donde las comunidades indias se llegarán a extinguir.
Desde el Mausoleo de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla, para el blog de mis culpas...
P.D. El quinto real iba destinado para la Corona. Una parte del quinto real era devuelto por la Corona de España a América para construir y mantener colegios, hospitales y universidades. Se estableció la Casa Real de la Moneda en México a partir del 11 de mayo de 1535.
- La Universidad de Santo Tomás de Aquino en la República Dominicana fue fundada en 1538. Fue la primera universidad de América.
- La Universidad de México fue fundada en 1551.
- La Cátedra de Medicina de México fue fundada en 1579.
- La Universidad San Marcos de Lima fue fundada en 1551.
- La Universidad de Filipinas es la más antigua de Asia. Fue fundada en 1611.
- La Catedral de Puebla comenzó a construirse entre 1536 y 1539.
- La Catedral de México comenzó a construirse en 1573.
- El Hospital de Jesús, fundado por Hernán Cortés en 1524 en la Ciudad de México, es el hospital más antiguo de América, establecido en el lugar de encuentro encuentro entre Cortés y Moctezuma.
- El Hospital Real de San José de los Naturales, fue fundado en 1531.El Hospital de Indios de Santa Ana fue el hospital más antiguo de Lima, Perú, fundado en 1549.
¿Qué se cometieron errores! ¡Naturalmente!
Pero, ¿cuántos hospitales, iglesias y universidades construyeron los ingleses para los indígenas en América?
Inglaterra y Francia tenían colonias en América para someter a sus territorios y esclavizar a sus poblaciones esquilmando sus recursos. España sin embargo, legó ciudades, grandes catedrales, universidades, hospitales carreteras, dejando su lengua y su religión, dejaron una profunda huella y mestizaje. En definitiva, una gran civilización.
Bibliografía
Al día siguiente de la conquista. La historia de lo que España construyó en América
Juan Miguel Zunzunegui
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