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domingo, 26 de febrero de 2017

La ciencia en "Al Ándalus", estimula a la Europa de las tinieblas

Foto: Abdelkhalak Elfassi


Hace 500 años que perdí mi lengua

Carlos Cano

Paseando por la ribera derecha del río Guadalquivir -Wad al-Kabir andalusí- como cauce de culturas, nos encontramos con la antigua aceña o “Noria de la Albolafia”,- cerca del Puente Romano de Córdoba y de la Torre de Calahorra "qala'at al-hurriya"-, cuya función principal era la de elevar el agua del río hacia el Alcázar andalusí [Asr al-Umara o Palacio de los Emires].

Causa cierto asombro la magnitud de la sigalla o rueda hidráulica que mandara construir Abd al-Rahman II y que fuera posteriormente mandada reconstruir en el siglo XII por orden del emir almorávide Yusuf ibn Tasufin. Su reconstrucción estuvo a cargo de Abú l-Áfiya, donde tal vez venga su nombre (albolafia).

En 1492 la reina Isabel la Católica estuvo alojada en el Alcázar de los Reyes Cristianos mandando desmontar la rueda de la noria por el chirrido que producían sus gagilones, al impedirle conciliar el sueño. Sin embargo, no le impidió conciliar el sueño la expulsión de los judíos en 1492 de Sefarad ni el incumplimiento de los tratados de Granada firmados el 25 de noviembre de 1491 que puso fin a la Guerra de Granada entre los Reyes Católicos y Boabdil el Chico “Abú Abd Allah Muhammad”, por lo que renunció a la soberanía nazarí en favor de los monarcas cristianos, quienes le garantizaron una serie de derechos a los andalusíes, incluida la tolerancia religiosa y un trato justo por su rendición incondicional y capitulación -que jamás se llevaría a cabo-. El epílogo de éste etnocidio concluirá con la expulsión de los moriscos en abril de 1609.

Noria de la Albolafia, en Córdoba

No le falta razón al ilustre antropólogo Isidoro Moreno al considerar que la historia oficial de España como nación y su discurso ideológico se asienta en la mitología de la “Reconquista”, según la cual los siglos de Al Ándalus fueron un paréntesis en nuestra cultura cristiana que duró desde el 711 hasta 1609 con la expulsión de los moriscos. Pero no sólo no fue un paréntesis en la Historia de España, sino que gran parte de nuestra identidad histórica y cultural se comienza a labrar durante la historia de Al Ándalus, lo que nos ha dado esa forma de entender la vida. Negar la evidencia de que Al Ándalus mantuvo durante siglos una civilización brillante que la convirtió en faro de Europa, en el mundo intelectual, tan sólo contribuiría a cimentar nuestra ceguera, contribuyendo a amputar nuestra realidad histórica.

Ocho siglos de civilización andalusí -con sus luces y sus sombras- marcaron grandes áreas del conocimiento y del comportamiento que aún pueden apreciarse en nuestros días. El gran mérito del pueblo andalusí sin lugar a dudas, fue el respeto por la cultura que encontraron en los pueblos bajo su influencia. Cultura que no sólo respetaron sino que asimilaron como por ejemplo, la romana en los países conquistados.

En Persia, Siria y Asia Menor, la cultura árabe se encontró con las Escuelas de Pitágoras de los huidos de Atenas. Fue decisiva para la ciencia árabe su tolerancia permitiendo que hombres de diversas religiones siguieran trabajando, beneficiando con ello a la cultura árabe.

No podemos olvidar que los árabes fueron los creadores del concepto de enfermedad mental y precursores de los hospitales y manicomios existiendo escuelas médicas y sanatorios para los enfermos e incluso hospitales. Los árabes avanzaron en todas las disciplinas menos en la anatomía, debido a su religión, pero avanzaron mucho en farmacia.

También emplearon los baños como método terapéutico e higiénico, lo que demuestra la influencia romana. Brillaron en las matemáticas, en la química incluso en la medicina reuniendo a través de la farmacología conocimientos egipcios, griegos y romanos. Fue el respeto a la cultura conquistada y tolerancia hacia aquellos que la cultivaban, lo que motivó el desarrollo de la ciencia árabe. Almanzor fundará la primera academia árabe, a la que siguieron otras en Toledo, Sevilla, Murcia y Granada.

Cuando la Europa cristiana, en el año 1000 estaba bajo el influjo del fin del mundo, Al-Biruní calculó el radio de la Tierra demostrando que nuestro planeta giraba alrededor del Sol. También confirmaron la esfericidad de la Tierra siglos antes de que Colón descubriera el Nuevo Mundo. 

Al Ándalus fue el primer país en contar con la fabricación de papel. También se fabricaba la seda y contaba con cultivos tan especiales como la caña de azúcar, el azafrán, los árboles frutales y hortalizas desconocidas en Europa. Destacaba la cultura del agua junto a los sistemas de riego ayudados por las norias, que contribuyeron a hacer inmensamente fértiles las huertas andaluzas y levantinas, enriqueciendo nuestra “Dieta mediterránea”.

La cultura de Al Ándalus era de tal magnitud que cuando reyes como Pedro I quiere construirse un palacio en Sevilla (la antigua Dar al-Imara), no destruye el alcázar sino que llama a alarifes mudéjares para convertirlo en una especie de Alhambra a pesar de que se destruyan las mezquitas -a excepción de la de Córdoba-, cristianizando los minaretes al añadirles las campanas. La Giralda de Sevilla es un claro ejemplo del “mestizaje entre dos culturas”.


Astrolabio del andalusí al-Sahli (Toledo 1068) expuesto en el Pabellón al-Andalus y la Ciencia, sede de la Fundación Pública Andaluza El legado andalusí. ©Enrique J. Herrera.

…Hace algún tiempo llegó a mis manos un antiguo cuadernillo adquirido en la “Librería Raimundo” en Cádiz bajo el título “La ciencia musulmana en España” escrita por el catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Barcelona Julio Samsó, que nos proyecta los avances científicos de la antigua Al Ándalus que estimularon la imaginación de una Europa que permanecía en aquéllos tiempos pretéritos en las tinieblas de la más absoluta ignorancia.

La lengua culta vehicular utilizada en Al Ándalus fue el árabe andalusí cuya frontera septentrional llegó a alcanzar los Pirineos en el siglo VIII aunque fue retrocediendo progresivamente por los avances de la “Reconquista” hasta su último reducto en el siglo XIII en el reino nazarí de la antigua Garnatha. No le faltaba razón a nuestro inolvidable cantautor y poeta granadino Carlos Cano cuando decía “Hace 500 años que perdí mi lengua”.

El proceso de la ciencia andalusí brilla con luz propia desde mediados del siglo IX hasta el siglo XI, considerado el siglo de las luces en la ciencia andalusí. Los sabios andalusíes cultivarán de manera especial la astronomía, las matemáticas, la botánica, la medicina y la agricultura.

El Califato de Córdoba hizo de Al Ándalus el centro del mundo de Occidente. Los califas protegieron el mundo de la cultura y de la medicina dando títulos a los médicos de valía y permitiendo ejercer incluso a aquéllos que no abrazaran su religión, liberándose de las persecuciones que por motivos religiosos pudieran tener. A mediados del siglo X aparece la figura del “médico del califa” encargado de velar por la salud de éste y de su familia extendiendo su autoridad a todos los que tenían relación con la medicina, vigilando el ejercicio de la farmacia. 

Foto: Abdelkhalak Elfassi

Los primeros musulmanes que invadieron España no eran gentes de ciencia, al ser en su inmensa mayoría bereberes guerreros y su proceso de arabización estaba muy reciente. Por tal motivo, a comienzos de Al Ándalus existieron problemas para orientar de forma correcta el mihrab de las mezquitas. Eso explica que la mezquita de Córdoba, por ejemplo, tenga su mihrab mal orientado. 

Aunque en los primeros tiempos de Al Ándalus existiesen pocas personas preocupadas por la cultura, existían excepciones como el primer emir omeya Abd al-Rahman I (756-788), que llevó a cabo ensayos de aclimatación de las plantas orientales en los jardines de su palacio de la Ruzafa cordobesa, con lo que tenemos uno de los primeros embriones de los jardines botánicos que se fundarían en Al Ándalus a partir del siglo XI.

Los antiguos andalusíes entendían sobre cuestiones de astronomía, astrología y medicina conociendo los eclipses de sol y de luna, dando una explicación correcta de estos fenómenos. La fuente astrológica más antigua que se conoce corresponde a “al-Dabbí”, astrólogo de la corte del emir Hisham I (788-796) que se corresponden con el capítulo 57 del Libro de las Cruces.


Existen razones para creer que fue utilizado por los astrólogos de Almanzor (981-1002) con el fin de establecer los momentos propicios para que el caudillo musulmán iniciara sus campañas. Debía ser un libro tan apreciado que Alfonso X “el Sabio” ordenó su traducción.

La “Historia de los médicos” fue escrita por el cordobés Ibn Djuldjul en el año 987. El proceso de la orientalización de la cultura andalusí comienza con la llegada al trono del primer emir omeya Abd al-Rahmán I en el 756 y se consolida bajo Abd al-Rahmán II (821-852). Los musulmanes andalusíes emprenden desde muy pronto viajes a Oriente con el fin de estudiar o de realizar la peregrinación a la Meca. A su regreso traerán consigo las últimas novedades culturales. 

La Mezquita de Córdoba fundada en el 786 se convierte en un centro de difusión cultural. Las escuelas y academias las situaron junto a las mezquitas con dependencia para profesores y alumnos teniendo un lugar destacado la biblioteca. Poco a poco, la medicina, la astronomía y las matemáticas se introducen en la enseñanza superior que se imparten en las mezquitas. Será en el siglo XIV cuando aparezcan las “madrasas” o escuela de altos estudios, la única institución musulmana vagamente comparable a la universidad. 

La primera farmacia de la que se tiene noticia estuvo en Bagdad en el siglo VII, existiendo al menos un intento de separar la medicina de la farmacia. En la escuela de medicina de Bagdad se examinaban a los futuros médicos. Muchos de la terminología de farmacia actual tienen su origen filológico en la lengua árabe: jarabe de “shirap”, alcohol “alkaal”, alcalfor “alkanfur”...

Muchos emires demostraron interés por la cultura. Abderramán II leía libros de filosofía y de medicina enviando a Oriente al astrólogo, cadí y poeta “Abbas ibn Násih” con la única finalidad de que le comprara libros. Existe documentación de la existencia de una biblioteca real desde tiempos del emir Muhammad (852-886), desarrollada notablemente bajo el mandato de Alhakén II (961-976) aunque la cifra de 400.000 volúmenes es quizás, algo exagerada. Las fuentes árabes atribuyen esa misma cifra a la biblioteca de Alejandría.

Pero quizás debiera atribuirse a Abderramán II el papel de promotor de la orientalización de la cultura científica al ser el primero en introducir unas tablas astronómicas, indispensables para calcular con un mínimo de precisión la posición del Sol, la Luna y los planetas en un momento determinado, así como la introducción en Al Ándalus de libros de filosofía, medicina y astronomía.

La astrología está de moda en la corte cordobesa y el emir se rodea de un grupo de astrólogos como Ibn Firnás, Ibn Násih, Yahya al Gazal e Ibn al-Shámir. En esa época, el astrólogo se convierte en un personaje que goza de la confianza del emir en un primer momento, y más tarde del califa, suscitando los celos de los alfaquíes. 

La orientalización en el campo de la medicina se le debe a la presencia en Córdoba de un médico llamado al-Harrani, que trabajó en la corte de Abderramán II. Sus nietos Ahmad y Umar ibn Yunus al-Harrani, cursaron sus estudios en Bagdad con el médico Thábit ibn Sinán, nieto del gran astrólogo y matemático Thabit ibn Qurra (m. en 900). 

Cabe la posibilidad de que estos dos personajes introdujeran en Al Ándalus buena parte de la obra de Thábit ibn Qurra. En el siglo X se introducen las técnicas de la “Astrología mundial”, que intentaba explicar los grandes acontecimientos de la Historia sobre la base de las conjunciones planetarias, especialmente las de Júpiter y Saturno. 

Pero no cabe duda alguna de que una figura excepcional del siglo IX fuera “Abbás ibn Firnás” (Ronda 810 - Córdoba 887), quien no se limitó sólo a ser poeta y astrólogo sino que intentó volar siendo considerado como precursor de la aeronáutica novecientos años antes que lo hicieran los hermanos Montgolfier.

En el 852 Ibn Firnás intentó volar lanzándose desde el alminar de la mezquita de Córdoba con una enorme lona para amortiguar la caída. Se considera el creador del “primer paracaídas”. En el 875, a los 65 años, Ibn Firnás se hizo confeccionar unas alas de madera recubiertas de tela de seda que había adornado con plumas de rapaces. Se lanzó desde una torre desplomándose sobre un valle, y aunque el aterrizaje fue malo (se fracturó las dos piernas), el vuelo fue un éxito, al permanecer en el aire una decena de segundos. Sus intentos de vuelo marcaron el espíritu de la época e incluso en los siglos posteriores.

Introdujo una nueva técnica para la fabricación de vidrio y regaló una esfera armilar -la primera documentada en Al Ándalus- a Abderramán II, y una clepsidra con la que podía determinarse la hora cuando no había sol ni estrellas que pudieran servir de guía, al emir Muhammad.

En el siglo siguiente encontraremos en Al Ándalus:

1. El Calendario de Córdoba compuesto para Alhakén II que contiene una de las primeras manifestaciones conocidas en Al Ándalus de la astronomía religiosa islámica -miqat-. 

2. El desarrollo de una farmacología autóctona.

3. La escuela de Maslama de Mayrit (Madrid) como punto de partida de la astronomía andalusí.

Uno de los discípulos de Abulcasis llamado Jari ben-Said, escribió el libro conocido como el “Calendario de Córdoba” en el que además de las estrellas del cielo y de su posición para predecir el tiempo y la duración de las estaciones, trata también de las drogas y de sus épocas más apropiadas para su recolección.


Maslama al-Mayriti nació en Madrid y estudió en Córdoba, donde morirá en 1007. Fue un astrólogo famoso que anunció la caída del Califato así como diversos detalles de la vida anterior a la crisis final. Adaptó las tablas astronómicas del Sindhind, en la versión de al-Juwarizni.

Bajo el califa Abderramán III se va a producir la gran síntesis de la farmacología helenística “la Materia Médica de Dioscórides” que los médicos andalusíes manejaban gracias a la traducción árabe oriental debida a Esteban, hijo de Basilio que transcribió los nombres griegos en caracteres árabes.

Se debe mencionar al gran cirujano Abu-I-Qásim al-Zahrawi “el Abulcasis en las versiones latinas” cuya gran enciclopedia médica, "El Tasrif", contiene un tratado de farmacología en el que el autor utiliza las técnicas más avanzadas de laboratorio de la época. En esta obra, “Abulcasis” parte de la teoría humoral, de las cuatro cualidades terapéuticas de Hipócrates -frío, cálido, húmedo y seco- y de los grados galénicos de estas cualidades, planteándose el problema de la dosificación de los simples que se debe emplear en un medicamento compuesto.

El cordobés “Abulcasis” ejerció como médico de emires y califas en el siglo XI. Dejó escrito “Altasrrif” una verdadera enciclopedia de medicina en la que se encuentran los remedios simples en tal forma y cantidad que comprendía toda la materia farmacéutica de la época.

Durante el siglo X aparecen los primeros relojes de sol andalusíes. Para levantar un horóscopo era necesario calcular la posición del Sol, la Luna, su nodo ascendente y los cinco planetas conocidos. Se fomentó el avance en el campo de la astronomía. Aparece el ecuatorio -para el estudio y el cálculo de las posiciones de los planetas, la Luna y el Sol- y el astrolabio como instrumento de navegación que entrarán a formar parte del material del astrónomo/astrólogo. 

Si en el siglo X destacó Maslama y Abulcasis, el siglo de oro de la ciencia andalusí será el XI. La obra del agrónomo “Ibn Bassal “ se conocerá incluso en Yemen. El nivel científico andalusí se elevará de manera considerable tras la crisis política de 1031, que no implicará en modo alguno una crisis cultural. Surgirán dos centros científicos de categoría: Zaragoza y Toledo, pero a medida que Alfonso VI acentúe sus presiones sobre la antigua capital del reino visigodo, el centro de gravedad de la ciencia andalusí se desplazará al reino abadí de Sevilla que se preocuparon porque se tradujesen las obras de Hipócrates, Galeno, Dioscórides que juntamente con las fuentes indias, caldeas y persas, asentarán la base de sus conocimientos médicos que con posterioridad darían tanto esplendor a la medicina y farmacia árabe.

Será en esta época cuando los estudiantes crean poder adquirir una formación adecuada sin necesidad de llevar a cabo el tradicional viaje a Oriente. Se refuerza de manera notable, el papel de las escuelas locales. La obra del rey “Yusuf al-Mu´taman” (1081-85) de la taifa de Zaragoza fue introducida en Egipto por el cordobés y hebreo Maimónides y sus discípulos siendo en el siglo XIV cuando es conocida en Bagdad. Se desarrollaron las matemáticas superiores estudiando a Euclides, Arquímedes, Apolonio, Menelao de Alejandría, Teodosio de Trípoli, Ptolomeo, Thábit ibn Qurra, etcétera. 

La revolución trigonométrica surge en Oriente a finales del siglo XI. “Ibn al-Sayyid”, maestro del gran filósofo Avempace, redactó su obra en Valencia entre 1087 y 1096. Este autor realizó investigaciones en aritmética superior y geometría. El matemático mejor conocido de la época es Ibn “M´adh al-Djayyani”, astrónomo y alfaquí de Jaén, autor de un tratado sobre la razón matemática tal como la expone Euclides en el Libro V de los Elementos. Realizó el tratado de trigonometría esférica más antiguo del Occidente medieval.

Azarquiel llevó a cabo sobre la teoría solar, resultado de veinticinco años de observación que realizara en Toledo primero y más tarde en Córdoba. Azarquiel facilita a los astrólogos el cálculo de las posiciones planetarias al adaptar y poner al día un almanaque griego que puede fecharse entre los años 250 y 350 d.C. El almanaque de Azarquiel es el primero conocido en Occidente teniendo una enorme influencia en la Baja Edad Media europea.

En el siglo XI se realizaron logros en matemáticas, astronomía y avances tecnológicos. La medicina como la botánica parece encontrarse relacionada con la agronomía desde los mismos orígenes de esta disciplina en Al Ándalus.

Los agrónomos elaboran una clasificación detallada de los distintos tipos de suelo y agua. Estudian pozos, norias y otros artilugios para elevar el agua estudiando la rotación de cultivos y el barbecho. La agronomía andalusí alcanza un elevado nivel técnico, que no será superado hasta el siglo XIX gracias al desarrollo de la química.

Si el siglo XI es el siglo de oro de la ciencia andalusí, el XII marca el comienzo de una lenta decadencia. Los intentos de unificación política bajo los almorávides (1091-1144) y almohades (1147-1232) no implican una protección de todas las actividades culturales. La influencia de los alfaquíes no facilita la investigación en materia de astronomía, por ejemplo. 

Los judíos se ven obligados a escoger entre convertirse al Islam o exiliarse. Con frecuencia los científicos se ven obligados a partir como le sucede por ejemplo a Maimónides, que vive en Egipto desde 1166 hasta su muerte en 1204. 

La llegada de los almorávides parece también haber sido la causa del viaje a Oriente de “Abú Hámid al-Garnati”, autor de un tratado cosmográfico. Averroes apoyó en su observación de la estrella Shuhayl -Cánope- en Marrakech, en 1153 pero invisible en la Península Ibérica, el argumento aristotélico acerca de la redondez de la tierra. Mayor interés tienen las observaciones de las manchas solares que se atribuyen a Averroes y Avempace, que fueron interpretadas por los dos autores como tránsitos de Mercurio y Venus. “Djabir ibn Aflah” contribuye a la difusión europea de la nueva trigonometría al utilizar la regla de las cuatro cantidades y los teoremas del seno, coseno y de Geber.


En Al Ándalus nace una astronomía física que no parece haber sido cultivada con anterioridad. Nos encontramos en un siglo dominado por los filósofos aristotélicos. Personajes como Averroes, Maimónides, Avempace e Ibn Tufayl sueñan con una astronomía que estuviera de acuerdo con la física de Aristóteles que sólo aceptaba tres clases de movimientos: centrífugos, centrípetos y movimientos circulares en torno a un centro, que en el campo de la astronomía, debe identificarse con la Tierra. 

Averroes aceptaba la astronomía ptolemáica en 1174 comenzando a rechazarla posterior a 1186, en un momento en que reconoce que jamás vivirá lo suficiente para llevar cabo sus investigaciones necesarias que le permitan construir su sistema astronómico neoaristotélico. 

Maimónides estaba convencido de que el universo ptolemaico no podía identificarse con el universo real, cree también que los hombres son incapaces de llegar a un conocimiento auténtico de las leyes que regulan la estructura del cosmos. Parece claro que los críticos de Ptolomeo conocen la obra del gran astrónomo griego.

Ptolomeo creía que la Tierra estaba inmóvil y ocupaba el centro del Universo, y que el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas giraban a su alrededor.

Fue el autor del "Tratado de Almagesto" traducido al español como "El gran tratado". Se preservó, como todos los tratados griegos clásicos de ciencia, en manuscritos árabes (de ahí su nombre) y sólo está disponible en la traducción en latín de Gerardo de Cremona, realizada en el siglo XII.

Heredero de la concepción del Universo dada por Platón y Aristóteles, su método de trabajo difirió notablemente del de éstos, pues mientras Platón y Aristóteles dan una cosmovisión del Universo, Ptolomeo fue un empirista al estudiar el movimiento de los planetas con el fin de construir un modelo geométrico que explicase dichas posiciones en el pasado y fuese capaz de predecir sus posiciones futuras.

Avempace era capaz de predecir un eclipse de luna y Al-Bitrudji fue el único entre los representantes de la escuela aristotélica andalusí del siglo XII, alabando la precisión y exactitud del Almagesto del que derivan todos los parámetros numéricos que utiliza en su “Libro de Astronomía” influido seriamente por Aristóteles, donde menciona los movimientos de traslación de la Tierra en torno al Sol. Al-Bitrudi fue valorado por los filósofos escolásticos pero no fue tomado nunca en serio por los auténticos astrónomos. 

Averroes era un gran defensor de la ortodoxia aristotélica. Las doctrinas de Avempace y Averroes fueron bien conocidas en la Europa medieval e influyeron en Tomás de Aquino y otros escolásticos.

Avenzoar y su discípulo Averroes pertenecen al siglo XII. Avenzoar ejerció la medicina en la antigua Ishbiliyya. Se ha visto en él uno de los primeros que intentó separar la medicina de la farmacología, pero sólo sería un proyecto. Averroes fue un verdadero filósofo en el estudio de la medicina, profundizando en otros conocimientos como las matemáticas y la astronomía. Sus ideas médicas se distinguen por considerar que la principal labor de un médico no es curar enfermedades, sino prevenirlas.

Dictó un gran número de prácticas higiénicas sobre la comida, el reposo, el movimiento y todos los actos humanos clasificando los alimentos y dando una magnífica idea sobre la conveniencia de usarlos en diferentes estados o épocas de la vida.

No sólo fue médico sino que ejerció también en la farmacia, preparando los medicamentos que prescribía. Su principal obra “Aforismos”, dedica un capítulo a la preparación de los mismos, otro capítulo a los vómitos, a los ejercicios corporales, a los baños, a los alimentos y bebidas. Otra obra suya “Explicación de los nombres de las drogas” describe por orden alfabético, los sinónimos que se conocían, utilizados por árabes y judíos.

Averroes nació en Córdoba y desempeñó cargos políticos. Por su manera de pensar estaba influido por la filosofía aristotélica, se vio perseguido y despojado de los honores que se le habían adjudicado. Más tarde, Almanzor lo restituyó a sus antiguos cargos reconociendo que las anteriores persecuciones tuvieron en el fondo la causa de la envidia que le tenían otros por su gran inteligencia. 

Averroes observó que las personas que habían tenido viruelas no volvían a tenerlas, dando la idea sobre la inmunidad en semejante enfermedad.

Puerta del Perdón de la Antigua Mezquita Aljama de la antigua Isbilya (Santa Catedral de Sevilla).

Tras la caída del Imperio almohade, Al Ándalus se ve reducido al reino nazarí de Granada (1232-1492) y la decadencia continuará de manera aún más clara. Los sabios musulmanes que se encuentren en un territorio conquistado por los cristianos cruzarán la frontera para instalarse en Granada o emigrar al Norte de África e incluso a Oriente, a pesar de la política que llevará a cabo Alfonso X con el fin de retener a los científicos musulmanes tras la conquista de Murcia en 1266.

Alfonso X según Ibn al-Jatib ofrecía recompensas importantes a los hombres de ciencia que aceptaran convertirse al cristianismo. No existió un desarrollo científico musulmán en la España cristiana. Un médico y matemático musulmán, “Muhammad al-Riquti”, rehusó la oferta real y partió hacia la Granada de Muhammad II.

En la segunda mitad del siglo XV existía en Zaragoza una madrasa o centro de estudios superiores, donde podía estudiarse medicina, leyendo en árabe las obras de Avicena tan clásicas como “el Qanún”. Un alfaquí de Paterna introdujo en Valencia en 1450 un nuevo instrumento astronómico denominado el sexagenario, utilizado por los astrónomos de El Cairo. 

En el siglo XIII un gran farmacólogo Ibn al-Bayar partió hacia el Magreb y Egipto muriendo finalmente en Damasco en 1248 aunque todavía algunos hombres de ciencia permanecerán en la Granada de Muhamad II (1273-1302), al ser la única posibilidad que les queda en la Península.


Muhammad al-Hadjdj (m. en 1314), nació en la Sevilla cristiana cuyos conocimientos de la lengua y la cultura de los cristianos son subrayados por Ibn al-Jatib- o su padre, carpintero mudéjar de Sevilla, que construyó la gran noria de Fez para el sultán meriní Abú Yúsuf (1258-1286). Esta noria atrajo la atención de León El Africano, quien la describe señalando que sólo giraba 24 veces cada día, lo que nos hace pensar la posibilidad de un reloj movido por una noria como el que se construyera en la China del siglo XI.

La escolástica de influencia cristiana se basa en los orígenes de la madrasa andalusí, como centro de estudios superiores. Según Ibn al-Jatib, cuando Alfonso X se encontró con al-Riquti en Murcia, le construyó una madrasa para que pudiera enseñar a musulmanes, cristianos y judíos en su propia lengua. Muhammad II heredará esta idea al facilitarle a al-Riquti medios materiales para que pudiera organizar sus enseñanzas en Granada. Todo esto desembocará en la creación, en 1349, de la madrasa fundada en Granada por el chambelán Ridwán, que era de origen cristiano. Se trata, posiblemente de la primera institución consagrada a la enseñanza científica en Al Ándalus, ya que sabemos que en ella se enseñaba medicina.


El diccionario biográfico de Ibn al-Jatib cita a 47 personajes que se interesan por la ciencia en los siglos XIII y XIV en el reino nazarí, destacando los que se dedican a la medicina, matemáticas y astronomía. 

En el campo de la botánica y agronomía, se deben de citar los nombres de Ibn al-Baytar (1197-1248) y de Ibn Luyún (1282-1349). Con el primero de éstos dos personajes, la farmacología andalusí, no ha dejado de desarrollarse desde el siglo X alcanzando su máxima expresión: En el "Tratado de Simples" éste autor describe 3.000 simples clasificados por orden alfabético y sus fuentes de información son más de 150 autores, desde Dioscórides hasta al-Gafiqí y Abú-I-Abbás al-Nabatí.

Hasn ibn Muhammad ibn Baso (m. en 1316), astrónomo y jefe de los calculadores de la hora “muwaqqits” de la mezquita aljama de Granada escribe en 1274, un largo tratado sobre el astrolabio universal, válido para cualquier latitud, que no corresponde a la tradición azafea de Azarquiel. Su hijo Ahmad ibn Hasan, fue también muwaqqit de la misma mezquita. Ibn al-Jatib elogia la habilidad de estos dos personajes para construir instrumentos astronómicos y relojes de sol.

Es muy posible que los siglos XIII y XIV conocieran en Granada una renovación importante en los estudios sobre gnomónica, rama de la astronomía matemática que investiga los relojes de sol, ya que se conoce un importantísimo tratado sobre esta materia debido a “Ibn al Raqqam” (m. en 1315) que aplica el estudio de los cuadrantes solares “el método de analemma” título del tratado de Ptolomeo sobre el tema, basado en proyecciones que no estaba documentado hasta este momento en Al Ándalus. Ibn al-Raqqam, se convertirá en la figura más interesante de todo este periodo nazarí. 

La ciencia andalusí había alcanzado su máxima expresión en el siglo XI y mostraba aspectos interesantes en el XII, pero no sobrevivió a la decadencia política y agonía de los nazaríes granadinos cuyo epílogo se producirá en 1492.

En definitiva, Al Ándalus no fue un paréntesis en la Historia de España, sino que gran parte de nuestra identidad histórica y cultural se comienza a labrar durante su brillante civilización, que la convirtió en faro de Occidente en el mundo intelectual cuando Europa estaba en las tinieblas.

Negar la evidencia, tan sólo contribuirá a cimentar nuestra ceguera, contribuyendo a amputar la realidad.

Desde la antigua Al Ándalus para el blog de mis culpas...


viernes, 10 de junio de 2016

De vuelta a la antigua Madinat al-Zahra



Me detuve en al-Zahra, lloroso y meditabundo,
para clamar entre las deshechas ruinas.
"¡Oh Zara -dije- vuelve a ser!"
Pero me contestó: "¿Y acaso vuelven los difuntos?"

al-Sumaysir (finales del siglo XI)

A pocas leguas del castillo de la antigua al-Mudawar al Adna (Almodóvar del Río), enarbolamos de nuevo nuestras naves bordeando el legendario "Wad al-kabir" como cauce de civilizaciones -entre Sanluqa, Isbiliyya y la antigua Qurduba-, para dirigirnos a la antigua “Madinat al-Zahra”, la ciudad brillante de Abd al-Rahman ibn Muhammad (Abderramán III), conocido con el sobrenombre de al-Násir li dín Allah (aquel que hace triunfar la religión de Alá).

Existe una interpretación romántica y admitida como hecho histórico sobre el origen de la ciudad en el 936 d.C. como un capricho de Abderramán III a su concubina al-Zahra, de la cual tomaría su nombre la ciudad y sede del Estado Califal a partir del año 929. Una bella ciudad, muy cerca de la antigua Qurduba que llegara a ser en tiempos pretéritos el faro de Europa y lugar de peregrinación de los más grandes científicos, filósofos, astrónomos y matemáticos de la época. 

Visitamos el Centro de Interpretación de Medina Azahara donde nos ilustramos antes de acceder a la mítica ciudad. El museo es una exposición permanente, articulados en cuatro bloques interrelacionados que nos permite comprender la historia de Madinat al-Zahra y su importancia en el mundo del siglo X.


Lo primero que capta nuestra retina al entrar en el museo son los paneles ilustrativos entre los que brilla con luz propia la orientación de la Mezquita de Córdoba en comparación con las otras mezquitas de Madinat al-Zahra.

La orientación de las mezquitas de Madinat al-Zahra era la correcta en dirección hacia La Meca, lo que difiere con respecto a la Mezquita Aljama de Córdoba. 

Existen muchas teorías entre las cuales es digno de destacar algunas:

Una de ellas nos cuenta que los astrónomos del siglo VIII no tenían la altura de miras que demostrarían sus colegas del siglo X al orientar correctamente sus mezquitas aljamas.

Otra de ellas, nos dice que Abderramán I en el año 875, inició la construcción de la Mezquita Aljama sobre los restos de una antigua iglesia visigoda. Existe otra que nos habla de que su orientación no mira hacia La Meca sino a Damasco debido a la nostalgia que Abderramán I “Abd al-Rahman ben Muawiya al Dajil” -El Inmigrado- sentía por Damasco, expresada por él mismo en su poesía.


Existen teorías para todos los gustos, aunque en historia todo es falsable mientras no se demuestren las fuentes...



Primer Bloque 

¿Por qué surge Madinat al-Zahra? cuyo mundo nos acerca al contexto político, económico y religioso en el que se produce la fundación de la ciudad por Abd al-Rahman III.

Madinat al-Zahra ha sido el producto del capricho de su fundador Abd al-Rahman III, en honor de su concubina al-Zahra, de la cual tomaría el nombre de la ciudad pero lo más importante es que tuvo un importante papel como capital de Al Andalus al ser la sede del Estado Califal instaurado por Abderramán III en el año 929. 

En este contexto, Madinat al-Zahra se erige como la expresión arquitectónica de la recién estrenada autoridad califal del soberano omeya  que se convirtiera en el símbolo del esplendor político, económico y cultural del Califato. 

Es evidente que la fundación de esta ciudad está estrechamente vinculada a la adopción del título de Califa por Abderramán III instituyendo con este acto una nueva institución: "El Califato Omeya de Córdoba". La figura del Califa ejerce la autoridad suprema que gobierna el mundo musulmán, como sucesor del Profeta Mahoma.

Cronológicamente se suceden tres Califatos: Rashidum, Omeya y Abassí pertenecientes al Islam ortodoxo o sunní, de la misma tribu que el Profeta.

En el año 910 se constituye en el Magreb el Califato Fatimí. Los fatimíes son descendientes de la familia del Profeta, pero heterodoxos shiíes que rápidamente se expanden por el norte de África, intentándolo también en al-Andalus.

El rebelde andalusí Ibn Hafsun reconoce al califa fatimí en su sede de Bobastro (Málaga).



En respuesta a la creación del Califato Fatimí, Abd al-Rahman III se autoproclama Califa en el año 929, como lo habían sido sus antepasados en el Oriente del Mediterráneo. Se erige en defensor de la ortodoxia frente a los shiíes fatimíes, con quienes pronto se enfrenta en el norte de África.

Abd al-Rahman III es el octavo emir de al-Andalus, de la dinastía de los califas omeyas de Damasco, cuya descendencia gobierna la Península desde el año 756 con su capital en Córdoba.

El nuevo poder califal se manifiesta en dos actos fundamentales: la acuñación de moneda de oro -el dinar-, prerrogativa exclusiva del Califa, y la fundación de una nueva ciudad: Madinat al-Zahra. Su construcción no supone el abandono de Córdoba, como lo demuestra la edificación de un nuevo alminar y las ampliaciones en la Mezquita Aljama.

La fundación de nuevas ciudades por los califas es una tradición iniciada por los abasíes con la creación de Bagdad el año 762 y de Samarra a lo largo del siglo IX. Esa tradición es seguida el Califato Fatimí que se crea en el 910 en el Magreb con la fundación de al-Mahdiya, Sabra Mansuriyya (Túnez) y al-Qahira (El Cairo) en el año 972. El resultado es la consolidación de la imagen simbólica del califa como fundador de ciudades.

Una consecuencia de todo ello es el establecimiento de múltiples ciudades próximas unas a otras. Esta tradición es la que siguió Abd al-Rahman III con la fundación de Madinat al-Zahra junto a Córdoba el año 936.

Pero la antigua Madinat al-Zahra no vive aislada, sino que establece relaciones diversas con el resto del mundo de al-Andalus y el mundo mediterráneo, y compite con los califatos precedentes y contemporáneos.

Desde Madinat al-Zahra como capital del Estado, el Califa Abderramán III irradia todo su poder sobre el territorio de Al Andalus mediante el nombramiento de gobernadores en las provincias. Construye altarazanas en Tortosa y Algeciras, y funda la ciudad de Almería en el año 955 como sede de la flota califal. 

También construye una serie de fortalezas que atraviesan todo el país, desde Tarifa a la frontera del Duero, para uso de las nuevas tropas mercenarias norteafricanas. Su carácter de obras estatales se manifiesta por la adopción del arco califal en las portadas.

El estado califal mantiene relaciones diversas: 

Bélicas en el Magreb por su rivalidad con el Califato Fatimí.

De defensa activa, basada en la ausencia de conquistas y limitándose a responder a las agresiones, frente a los núcleos cristianos de la Península.

Y diplomáticas con las potencias del momento, los imperios bizantinos y germánico.

El control del Magreb es la clave política mediterránea: se invierten grandes sumas de oro y plata para conseguir aliados y tropas.

Respecto a la Península Ibérica, se limita a una defensa activa (ausencia de conquistas territoriales, respuesta a agresiones y construcción de torres de control en la frontera), que se centraliza en la ciudad de Medinacelli.

Con el Imperio Bizantino los une el enemigo común del Califato Fatimí. Las relaciones se concretan en embajadas y regalos, como el códice griego de Dioscórides y la llegada de especialistas en mosaicos a Córdoba.

La competencia con los califatos coetáneos Abbasí y Fatimí está en el origen de la Fundación de Madinat al-Zahra. El califa se legitima como continuador de sus ancestros, el Califato Omeya de Damasco, aunque no imitará su cultura material. El Califato Omeya de Córdoba creará unas representaciones culturales propias.

Los Omeyas serán la primera dinastía propiamente dicha que gobernará el Islam, estableciendo su capital en Damasco con una duración de casi un siglo (660-750).




Segundo Bloque

“Planificación e infraestructuras” nos permite conocer el proceso de construcción de la medina y su estrecha relación con la antigua Córdoba.

Las obras de Madinat al-Zahra se iniciaron en el año 936 y la primera oración en la Mezquita Aljama tuvo lugar el año 940. El nombre Madinat al-Zahra, significa “La ciudad resplandeciente”, y aparece por primera vez en el año 947-948, en las primeras monedas acuñadas en ella.

En el 948 se inicia el traslado de la CECA (fábrica oficial donde se acuñaba moneda) a Madinat al-Zahra, lo que le da un impulso oficial.

La orografía del lugar escogido entre la sierra y la llanura del Guadalquivir fue determinante para la planificación de la ciudad que fue especialmente elegida para hacerla destacar sobre el majestuoso paisaje de la sierra. Ello posibilitó un escalonamiento intencionado en terrazas, cuya topografía se utilizó para la jerarquización de los espacios organizados en dos sectores bien diferenciados: uno oficial o público al oeste, donde se localizan los grandes edificios de recepción y otro privado al oeste, ocupado por espacios de trabajo y viviendas de personajes vinculados a la corte y a las tareas de gobierno. Desde el Palacio de Abderramán III situado en el nivel más elevado se dominaba claramente la Medina y la Mequita Aljama, demostrando que estaban subordinadas al poder político.

La ciudad quedó definida por un rectángulo amurallado, casi perfecto, de proporciones dos por uno. Tiene forma rectangular: 1518 metros de lado en sentido este-oeste y 745 metros de norte a sur y una superficie de 112 hectáreas. Rodeada por una muralla con torres.

La nueva capital no supuso el abandono de Córdoba: los Califas continuaron realizando construcciones y, en ocasiones, se alojaban en el Alcázar cordobés. La ciudad de Córdoba se expande hacia Madinat al-Zahra, con un significativo crecimiento de los arrabales occidentales “al-rabad, barrio”. Su población puede rondar el medio millón de habitantes. En la expansión destacan unas construcciones singulares denominadas “las almunias” como ejemplo de las ricas residencias campestres.

La construcción de Madinat al-Zahra responde a un acto de planificación de la totalidad de la ciudad. Pero también a una reordenación del territorio colindante con el fin de asegurar el abastecimiento de agua, las comunicaciones e incluso la explotación de las canteras para la construcción de sus infraestructuras y edificios.

Con la nueva capital del Califato se creó una red de comunicaciones, especialmente en Córdoba, a la que quedó unida a través de tres itinerarios diferentes: el superior hacía su entrada por la puerta norte del Alcázar, y los dos restantes llegaban a la muralla sur de la ciudad.

De los caminos que llevaban a Madinat al-Zahra destacan principalmente dos. El llamado "Camino de los Nogales" discurre al pie de la sierra, comunicando Madinat al-Zahra con la zona de canteras de Santa Ana de la Albaida y con las grandes vías que se dirigen al norte de al-Andalus. Del camino que la comunicaba con el norte de al-Andalus, atravesando la sierra, queda el puente sobre el río Guadiato.

El otro, conocido como "Camino de las almunias", traza un importante arco por el sur a través de las grandes residencias campestres emplazadas en la margen derecha del Guadalquivir. Fue la vía protocolaria por donde accedían las embajadas a la ciudad. 

El origen del mármol blanco, de Almadén de la Plata o de Estremoz (Portugal). De la sierra cordobesa se extrajeron la caliza violácea utilizada en solerías y los fustes oscuros de columnas. Los fustes rojizos y la caliza blanca en la que se labrarán los capiteles de la mezquita procedían de Cabra. La caliza blanda para la decoración parietal, de Luque. Y de Extremadura era el mármol blanco empleado en los capiteles y solerías.

El agua se obtenía de la parte alta de la sierra, y para su conducción se reutilizó el antiguo acueducto romano que abastecía Córdoba, que fue remodelado en algunos tramos, realizándose nuevas edificaciones como el acueducto-puente de Valdepuentes. En la proximidad de Madinat al-Zahra se construyó un ramal para su desvío a la ciudad. El agua entraba por la zona del Alcázar y se distribuía por medio de galerías subterráneas.

La circulación del agua por el interior del palacio constituye uno de los aspectos más destacados de Madinat al-Zahra, que poseyó una completa infraestructura de canalizaciones, tanto para distribuir el agua destinada al consumo humano y el riego de los jardines, como para expulsar las aguas residuales. Una gran conducción exterior penetraba en el palacio por el denominado “Callejón del Agua”, a partir del cual se desprendían tuberías de plomo para abastecer los diferentes edificios del sector privado como la Casa de Yafar, la Vivienda de la Alberca, etc…y finalmente las albercas de los jardines alto y bajo. Los mayores espacios ajardinados de al-Andalus estaban en Medina Azahara.



Junto al Jardín Alto se abre el Salón de Abderramán III. A la derecha, y unos 10 metros más bajo, se sitúa otro gran espacio ajardinado, separado del anterior por una gruesa muralla con torres. Los jardines se organizan mediante calles con acequias que rodean todos sus lados y otras dos cruzadas en el centro, dominando en cada uno cuatro grandes espacios. El agua necesaria para el riego se contenía en cuatro albercas en el Jardín Alto.

En las viviendas más importantes abundaban las pilas y las fuentes con surtidores que tenían una función estética y decorativa. El sistema de saneamiento y drenaje de las aguas residuales lo integran una compleja red de canalizaciones subterráneas de diferentes formas y tamaños que recogen las aguas de lluvia a través de los sumideros de los patios y las aguas negras procedentes de cocinas y letrinas.

La iluminación se realizaba mediante candiles y lámparas, y la cocción de alimentos a través de una gran variedad de ollas, cazuelas y anafes.





Tercer Bloque

Dedicado a los habitantes de la medina, dividido en tres grandes unidades que la componían: Medina, Mezquita y Alcázar.

La ciudad estaba compuesta por dos zonas perfectamente jerarquizadas: la Medina y el Alcázar como residencia del Califa y zona de gobierno y representación. Como espacio común e intermedio se situó la Mezquita Aljama. El conjunto estaba protegido por una muralla con torres y puertas de acceso.

Se puede apreciar que el Alcázar se sitúa en la zona norte, en una disposición más elevada, sobre la Medina. En el sector oriental, de trama más irregular, se asentaría la mayoría de la población con el zoco o mercado. A esta zona de la ciudad se accedía desde la muralla meridional.

La mayoría de la población vive en la Medina. Son los gobernados, entre los que se encuentran los ulemas, conocedores de las materias religiosas, los militares que hacen guardias en el Alcázar, los artesanos de los talleres califales, los servidores del Alcázar…, todos ellos acompañados por sus familias. Al igual que en las restantes ciudades islámicas, disponían de un zoco -espacio de mercado donde se sitúan las tiendas de los mercaderes-, donde se abastecían los habitantes.



Los productos se pagaban en moneda -dírhams de plata-, a menudo fragmentados para los pagos de menos cuantía. Se utilizaba un sistema de pesos y medidas oficialmente establecido y controlado, con instrumentos auxiliares como la balanza. También se encontraban en el zoco pequeños talleres de artesanos, como los que trabajaban el cuero; de su actividad quedan como testimonio algunos dedales.

La mayor parte del ajuar de una vivienda humilde estaba formado por piezas de cerámica común, ya sea para el uso de cocina (anafre o fogón, marmita, cazuela, tapaderas), el servicio de mesa, el almacenamiento y transporta (tinaja, jarra) o con usos varios (lebrillo).

La vigilancia del Alcázar y la Medina estaba a cargo de los militares residentes en la ciudad. Los talleres califales de piezas de lujo se encuentran en la Medina. En ellos trabajan artesanos expertos en la acuñación de moneda o la talla de marfil bajo la dirección de supervisores como el llamado Rasiq, cuyo nombre aparece en piezas de cerámica, metales o decoración arquitectónica.

De uso común para los habitantes del Alcázar y de la Medina, la Mezquita Aljama o principal se sitúa en un punto intermedio entre ambos, pero topográficamente inferior al Alcázar. 

De acuerdo con las teorías filosóficas del momento, esta ubicación muestra la supeditación del poder religioso al político.

La primera mezquita en al-Andalus con la orientación correcta hacia la Meca es la Madinat al-Zahra. Su planta dibuja un rectángulo dividido en una sala de oración de cinco naves y un patio porticado. El alminar, para la llamada a la oración, se ubica junto a la puerta principal del patio, al igual que el de la Mezquita de Córdoba.

Las inscripciones con citas coránicas aparecen en los frisos de la Mezquita Aljama de Madinat al-Zahra, donde se incluye el versículo 10 de la sura XXV, cuyo contenido alude al paraíso como recompensa divina, e induce a relacionar esta cita con la justificación religiosa de la construcción del Alcázar.


La Mezquita Aljama fue construida en el año 941, muy próxima al Alcázar. El fondo de la mezquita está cerrado por el muro de la Quibla, un muro orientado hacia La Meca, en el que los fieles musulmanes miran cuando rezan. En la Quibla se situaba el Mihrab que es un hueco donde el Imán dirige los rezos de los fieles.

Junto a la puerta norte de acceso se instaló una torre (alminar) desde donde el almuecín llamaba a los fieles a la oración. 

El Califa poseía un lugar reservado en el oratorio junto a la quibla, al que accedía desde el Alcázar por un pasadizo cubierto denominado “sabat”. 


El sabat cordobés era un pasadizo de comunicación entre el Alcázar y la Mezquita Aljama utilizado exclusivamente por los emires y los califas.

Toda construcción se realiza en piedra calcarenita y sus muros se recubren con mortero de cal y arena de colores almagra y blanco, sólo los edificios más relevantes se le suplementan placas de piedra esculpida. 

Madinat al-Zahra se concibe a mayor gloria del califa, que está en la cúspide de una estructura social muy jerarquizada. En los puestos más altos del escalafón se encontraban el príncipe heredero, los más altos dignatarios de la corte y del gobierno y algún preceptor, que son los escasos residentes en el Alcázar, asistidos por la guardia palatina y por servidores. Ocasionalmente son convocados consejeros y visires (ministros), y en las grandes recepciones participan los allegados a la familia califal y la alta jerarquía gubernamental junto a los poetas áulicos.

Por debajo del Califa todos son “gobernados”. Un reducido número de personajes gozan de la proximidad a su figura debido a las funciones que desempeñan o a su elevado status. Son los allegados al califa y constituyen la élite del Estado. La mayor parte de esos personajes provienen de unas pocas familias de origen árabe que han estado al servicio de la dinastía Omeya desde el siglo VIII.

A ese núcleo central se unirá un nuevo grupo en época de Abd al-Rahman III; son los esclavos del Califa, de origen europeo, jóvenes adquiridos y educados para los puestos de la administración y del ejército, donde llegarán a copar los más altos cargos. El edificio administrativo más relevante es el Salón Basilical Superior, y el funcionario más destacado es Ya´far, hayib (primer ministro) del Califa Alhaken II, cuya residencia es una de las más nobles.

La presencia de la ornamentación en forma de ataurique, en la puerta de acceso a la nave central, y el pavimento de mármol en las estancias, expresan la pertenencia de Ya´far a la élite política del Estado Omeya.




La Casa de Ya´far, el personaje más importante de la administración califal de Abderramán III, ostentaría ese cargo entre los años 961 y 971. Los elementos pertenecientes hipotéticamente a la Casa de Ya´far, labrados en mármol y con las basas decoradas, permiten identificar este edificio como uno de los más emblemáticos del Alcázar.

Las élites del Estado usan la vajilla vidriada policromada cargada de simbología, pues los colores dominantes son el blanco, color de la dinastía Omeya desde el Califato de Damasco y el verde, el color del Profeta. Estas cerámicas, producidas en los talleres oficiales, presentan una rica decoración, con una gran variedad de motivos vegetales, geométricos y figurativos.

También es habitual la decoración epigráfica, con términos como baraka (bendición) y, mucho más reproducido, al-muk (el poder), símbolo de la magnificencia califal. Diversos utensilios de la vajilla de mesa con la técnica del “verde y manganeso”: jarras, orzas, vasos, jarritos. Esta técnica es exclusiva de Madinat al-Zahra.

Un fragmento en pieza de mármol con inscripciones cúficas corresponde a un reloj de sol hallado junto a otros dos en el Alcázar de Madinat al-Zahra, en el espacio denominado el Patio de los Relojes. Es muy posible que se empleara para el control y organización de diversas tareas administrativas. Su presencia confirma un cierto grado de desarrollo de las ciencias como la astronomía y la geometría.

El ámbito de representación por excelencia lo constituye el Salón de recepciones, dominando el amplio Jardín Alto situado en el centro geométrico de la ciudad. Las recepciones del Califa en el Salón tienen lugar con motivo de las dos grandes fiestas religiosas anuales, la presentación del príncipe heredero o las audiencias a embajadores extranjeros. En ellas se sigue un estricto protocolo en el que participan los familiares del califa, los más altos cargos de la administración y los descendientes de Quraysh, la tribu del Profeta a la que pertenecen los Omeyas.

El Califa se sitúa en la cúspide de la jerarquía social. En el nivel inmediatamente inferior se encuentra el Príncipe heredero, el único de sus numerosos hijos que vive en el Alcázar. Entre los espacios reservados al Califa están su propia residencia privada, los edificios para la representación protocolaria y aquéllos en los que participa junto a la comunidad, como los actos religiosos de la Mezquita Aljama.

De su residencia privada, llamada Dar al-Muk (Casa del Poder), lo más significativo es su situación en el punto más elevado del Alcázar. En su proximidad se ubicarán las viviendas de sus mujeres. La residencia del Príncipe, identificada hipotéticamente con la Vivienda de la Alberca, se sitúa en el centro del Alcázar. 

La aparición pública del Califa constituye el acto central de la vida oficial de Madinat al-Zahra. El principal escenario donde se desarrolla el ritual de poder es sin duda, el Salón de Abderramán III, que es el edificio para las recepciones y celebraciones políticas. Otro lugar importante donde se muestra el mandatario omeya es al Gran Pórtico, En el centro de esa inmensa estructura formada por 14 arcos se levantó un pequeño templete, desde el que el califa pasaba revista a las tropas formada en la Plaza de Armas. Junto a estas apariciones, muy puntuales a lo largo del año, el califa acudía también cada viernes a la oración comunitaria celebrada en la Mezquita Aljama.

El refinamiento de sus costumbres higiénicas se manifiesta en el baño. Con tres espacios paralelos destinados a vestuario-sala fría, sala templada y sala caliente con bañera, calentada por un horno contiguo. Los pavimentos y la decoración parietal de mármol denotan su condición de estancias nobles (Vivienda de la Alberca y Habitaciones anejas al Salón de Abd al-Rahman III).

En los pequeños decoraban las entradas de vapor en el baño adjunto a la Vivienda de la Alberca. Los alfíces contienen fases propiciatorias para el califa, los nombres de los directores de obras y las fechas de realización.



Cuarto Bloque

Fin de la ciudad, los procesos de destrucción y expolio, y su devenir histórico hasta el comienzo de las excavaciones en 1911 y desde esa fecha hasta nuestros días.

La decadencia de Madinat al-Zahra se inicia a partir del 980, cuando Almanzor traslada todo el aparato de gobierno de Madinat al-Zahra a Madinat al-Zahira, la nueva ciudad que construye al este de Córdoba.

Entre 1010 y 1013, las luchas internas provocaron el fin del Califato Omeya, lo que supuso el comienzo del saqueo y destrucción de la ciudad, intensificados durante las dominaciones de los almorávides (1091-1148) y sobre todo, de los almohades (1148-1236). 

Lamentablemente, el legado de Almanzor no fue parejo a su gran obra en vida. Pese a haber llevado al Califato a la cima del poder político y militar, sentaría el caldo de cultivo para la desintegración y destrucción definitiva de Al Andalus, al vaciar de contenido la figura del Califa, menospreciando su prestigio. 

Por otro lado, provocaría una verdadera guerra civil entre sus descendientes y los sucesores de Hixem II. Su muerte sería la consecuencia de que el Califato de Córdoba estuviese sumido en un continua fitna cuyo resultado final será la descomposición del Califato del que nacerían los Reinos de Taifas.

La quiebra del Estado Califal en los comienzos del siglo XI produjo el abandono definitivo de la ciudad y el comienzo de su expolio. En 1010 la población de Córdoba realiza el primer saqueo en la Mezquita Aljama. Dos años después, durante la guerra civil uno de los tres pretendientes al Califato instala su ejército beréber en la ciudad, con el resultado de la ruina del Alcázar.

La vida de Madinat al-Zahra duró poco más de setenta años. Su expolio se prolongaría a lo largo de siglos. Durante el siglo XI se saquean los materiales más ricos: capiteles, columnas, mármoles decorativos, objetos suntuarios…que llegan a los lugares más diversos como los reinos de taifas del siglo XI, las capitales almohades de Marrakech y Sevilla, catedrales de Tarragona, Gerona y Braga, palacio de Pedro I en los Reales Alcázares de Sevilla…

Tras la conquista cristiana de Córdoba en 1236 por Fernando III el Santo, Madinat al-Zahra se convirtió durante siglos en cantera inagotable de materiales de construcción para los edificios civiles y religiosos de Córdoba. El Alcázar y la Medina se desmantela y los sillares se emplean en numerosas construcciones de la ciudad de Córdoba, como el cercano Monasterio de San Jerónimo, fundado a comienzos del siglo XV.




Visita a la mítica ciudad de Madinat al-Zahra

Con todos estos mimbres almacenados en nuestra retina comienza nuestra grata visita a las ruinas de la antigua Madinat al-Zahra.

Entramos por la puerta norte, abierta en el centro de la Muralla. Esta puerta enlazaba con el Camino de los Nogales que era la vía de comunicación más rápida con Córdoba y por donde se abastecía el palacio (Alcázar), de alimentos y materiales de construcción.

A medida que descendemos por las terrazas se puede dos zonas perfectamente visibles: la Medina y el Alcázar como residencia del Califa y zona de gobierno.

La gran arquería fue concebida para impresionar. El Gran Pórtico era la entrada emblemática, simbólica y ceremonial al Alcázar, concebida para deslumbrar a los visitantes. Sus 14 arcos abiertos ocupan todo el lado oeste de la Plaza de Armas. Es probable que el califa pasara revista a la formación del ejército desde un mirador situado sobre el arco central. Este Gran Pórtico se edificó en los últimos años del califato de Abd-al.Rahman III o en los primeros años de su hijo al-Hakam II.

Para los árabes, el agua era un "bien divino" y el principio de la vida. Por tanto, transformaron el territorio de Al-Andalus desde su llegada hasta el siglo XV gracias a su gran cultura sobre los recursos hídricos que potenciaron construyendo las azudas (del árabe as-sudd, presa) y los molinos con sus ruedas hidráulica o sigalla, para elevar el agua del río con sus cagilones y encauzarla a una acequia destinada a riegos y fuentes, norias, aceñas o molinos harineros de agua, albercas, aljibes, alcorques o agujeros alrededor de los árboles para almacenar el agua de riego, los azarbes que eran acequias que transportaban las aguas sobrantes del regadío para devolverlas al río. En terrenos abruptos como la sierra utilizaban el cultivo en terrazas. En la agricultura, los árabes revolucionaron las tareas del campo con nuevos métodos de cultivo, injertos, etc… Las huertas brillaron con luz propia con nuevas hortalizas como la berenjena, la alcachofa, la endivia, el espárrago. Nuevas frutas como la granada, el melón, la cidra y los albaricoques. Los árabes introdujeron la palmera ya que la única palmera autóctona de Europa era el palmito. En urbanismo,la medina era el núcleo urbano, el zoco lugar de encuentro, la mezquita lugar de oración con su madraza para realizar estudios. 

Es digno de resaltar la higiene pública en su época ya que en las viviendas existía un aseo y alcantarillado al mismo tiempo que alumbrado en los siglos IX y X con baños públicos. También es digno de destacar la artesanía que hunde sus raíces en tiempos muy pretéritos destacando una notable diversidad en la alfarería, forjas, albardonería, talabartería y un largo etcétera. Legado cultural que ha sido transmitido desde los antiguos gremios hasta nuestros días.


Conclusiones

Los príncipes Omeyas legaron a la antigua Córduba su máximo esplendor como ciudad más culta e importante de Occidente pero su despotismo, intrigas y opulento estilo de vida generaron un caldo de cultivo, en el que los antígenos de la destrucción se iban generando a través de las tropas bereberes como clase social más descontenta e inferior.

Abú Amir Muhammad ben Amir al-Maafirí, conocido por al-Mansur “el Victorioso” deslegitimó la dinastía debilitando la figura del Califa Hisham II, -hijo de Alhaken II- al ser demasiado joven para reinar. Al carecer el Califato ya de hombres de prestigio personalizados en la figura del Califa estalla en 1009 una “fitna” o guerra civil que destruyó Madinat al-Zahra y toda su configuración política. 

La destrucción de Madinat al-Zahra "la ciudad brillante" por el bereber al-Mustain llevó definitivamente a la ruptura. Con ello se produce el desmoronamiento definitivo de la unidad política de al-Ándalus en Reinos de Taifas que se hundirán progresivamente al ser presionados por los cristianos a partir de la batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

El esplendor de Madinat al-Zahra, apenas duró 75 años al ser saqueada en el 1010 durante la guerra civil (fitna) que desmembró el Califato destrozando la ciudad más bella de Occidente, dando lugar a los reinos de Taifas o banderías.

Los almorávides irrumpieron desde el norte de África en Al-Ándalus en 1086 y unificaron los Reinos de Taifas bajo su poder desarrollando su propia arquitectura. Posteriormente se impuso un islamismo ultra-ortodoxo por parte de los almohades que destruyó prácticamente todos los edificios almorávides.

A partir de 1212, las tropas cristianas empezaron a llamar Andalucía aquéllos territorios que iban conquistando (la antigua Isbiliyya, Qurṭuba, Jayyan) hasta llegar a la antigua Elvira (Granada) el 2 de enero de 1492 como epílogo de la presencia andalusí en la Península Ibérica desde el año 711.

La progresiva destrucción durante los siglos sucesivos fueron borrando del ideario colectivo una parte muy importante del legado de Madinat al-Zahra donde en tiempos pretéritos árabes, cristianos y judíos convivieron en paz sembrando la semilla de la tolerancia.

Después de siglos de olvido y saqueo, hacia mediados del siglo XIX Madinat al-Zahra es identificada con el campo de ruinas conocido como Dehesa de Córdoba la Vieja. Será en 1911 cuando den comienzo la historia de su recuperación como uno de los mayores yacimientos arqueológicos de Europa cuyo proceso de recuperación abarca hasta nuestros días. 

Actualmente sólo se ha excavado un 11% de la superficie total y permanece abierta al público alrededor de un 5%.

Desde la antigua Madinat al-Zahra, para el blog de mis culpas...



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