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sábado, 24 de junio de 2017

La Exposición "EL ADN DE LA MEMORIA"



"Había que sacar el dolor de la mesa camilla, de las velas de recuerdo, había que elaborar el dolor y sacarlo a la calle, transformado en lucha. Había que contarlo".


Breve introducción

No hace mucho tiempo, asistí a una didáctica conferencia sobre la Memoria Histórica y escuché a un vecino de Morón octogenario -ya fallecido- manifestar con amargura:

"Que a su padre lo fusilaron en Morón durante la Guerra Civil de 1936, siendo trasladado a una fosa común existente en cementerio de la vecina localidad de la Puebla de Cazalla donde se conoce perfectamente su ubicación. Se preguntaba emocionado el motivo que le impedía enterrar dignamente a su padre en un denominado "Estado de Derecho" y hasta ahora las “circunstancias” se lo habían impedido. Tan sólo pretendía enterrar en paz a su ser querido y así poder cerrar un círculo personal y hasta eso se le negaba"...

Es evidente que la Guerra Civil  continúa polarizando sentimientos. Un conflicto fratricida entre españoles que acompañado de su posterior represión ha sido uno de los episodios más traumáticos de la Historia de España. Pasados más de 81 años de aquella tragedia entre españoles sigue pesando como una gran loza en la Memoria Colectiva, proyectándose hasta nuestros días.

La Memoria Histórica no trata de recuperar ningún sentimiento ni de reabrir viejas heridas como pueda pensar esa parte de la España, rancia, cutre y deprimente sino de recuperar la Memoria que dote de dignidad a todas y cada una de las víctimas inocentes que cayeron en el más absoluto de los olvidos y que padecieron persecución, represalias, exilio o asesinatos en las tapias del cementerio, cunetas o paladas de cal viva permaneciendo en primer lugar, en la retina del recuerdo de sus seres queridos y posteriormente, en la Memoria Colectiva de los pueblos. 

Ahora, son los hijos de sus hijos -ya sin miedo- los que se atreven a exigir con toda la fuerza de la razón una reparación que rescate la "Memoria" con mayúsculas de la amnesia colectiva que nos inculcaron los centinelas del miedo y así poder cerrar dignamente un capítulo fundamental en la historia reciente de nuestro país para que de esta manera, el proceso de cicatrización de aquéllas heridas mal suturadas sea definitivo.

Sólo así, se podrá afrontar con ilusión los sueños de futuro por parte de las nuevas generaciones para que nunca más a ningún "españolito que venga al mundo, ninguna de las dos Españas les vuelva a helar el corazón", como manifestara nuestro gran poeta, don Antonio Machado.

Alguien dijo una vez con acierto que un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla. En Andalucía, pasados 81 años de la Guerra Civil española, aún existen 641 fosas comunes, lo cual contribuye a que España siga encabezando esa desafortunada, y trágica clasificación. 

Ha tenido que ser la justicia argentina la que investigue la causa sobre las víctimas del franquismo durante la Guerra Civil española y posterior represión, porque la justicia española en este aspecto, ni está ni se le espera. En ese contexto, uno de los magistrados españoles con mayor prestigio, respetado y valorado del mundo, Baltasar Garzón abre una investigación sobre la Memoria Histórica y se declara competente para investigar los crímenes del franquismo con el objetivo de intentar dar respuestas a las víctimas. Pero las ascuas de las dos Españas de don Antonio Machado que creíamos apagadas, comienzan a echar humo en un incendio que entendíamos ya extinguido pero, nada más lejos de la realidad. 

El juez Garzón posiblemente sin pretenderlo, se ha convertido en la "Voz de la Memoria" porque ha sido el único juez español que ha intentado esclarecer los crímenes contra la Humanidad durante la Dictadura y su posterior represión. Pero ha sido cuestionado por una parte de la genética española anclada en tiempos pretéritos y con cierta nostalgia del régimen anterior, lo que demuestra nuestra gran inmadurez como país al no ser todavía capaz de afrontar nuestras asignaturas pendientes. Posiblemente porque la Ley de Amnistía de 1977 silenciaba el pasado para garantizar una Transición hacia la Democracia "sin traumatismos" impidiendo investigar tales hechos.

Decía Rafael Alberti en su “In Memoriam” que la actual Democracia le debe mucho al dolor de esas heridas. Es obvio que el juicio al magistrado Garzón impedirá a otros jueces seguir el camino iniciado por éste, aunque se tenga que pedir amparo al Tribunal Constitucional, al Tribunal de Estrasburgo o la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, lo que volvería a situarnos de nuevo en el punto de mira internacional al carecer de la madurez suficiente para afrontar definitivamente las páginas de nuestra historia. Lo contrario sería un insulto a la propia historia, al Estado de Derecho y a la razón.

Aunque existe una Ley sobre la Memoria Histórica, es necesario dotarla de los recursos suficientes de tal manera que los descendientes de las víctimas de la Guerra Civil puedan "revertir" el dolor sufrido mediante la Verdad, Justicia y Reparación que permita recuperar la Memoria, para de este modo cerrar su duelo con dignidad. 

Es necesario que la Administración dote de todos los medios necesarios para que el proceso de estas exhumaciones siga su curso aunque gracias a los arqueólogos y antropólogos desinteresados se siguen buscando los restos de los familiares para darle una sepultura digna.



...

La pasada tarde del 21 de junio, a las 20 horas, tuvo lugar en el Espacio Cultural Santa Clara de Morón la inauguración y posterior visita guiada a la exposición “ADN de la Memoria”, organizada por la Asociación por los derechos de las víctimas del franquismo “Nuestra Memoria”. 


La Mesa sobre el "ADN de la Memoria" estuvo presidida por Alejandro Romero, representante de la Asociación de afectados de Morón y La Puebla de Cazalla, Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica "Romance de Juan García", Gracia Maqueda, secretaria de la Asociación "Nuestra Memoria", el escritor e investigador local, Miguel Guardado, autor del libro "Morón, Consumatum Est", y Cristóbal Guerrero.

Alejandro Romero hizo referencia a José Saramago sobre que “la historia hay que estudiarla de hoy hacia atrás” para responder a la pregunta de “a cuanto de qué levantar viejas heridas, puesto que no están cerradas”. “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Eso es lo que por todos los medios habría que evitar”.

Por su parte, Gracia Maqueda y Cristóbal Guerrero leyeron algunos testimonios de sus seres queridos fusilados.

Por último, Miguel Guardado reconoció que “los testimonios leídos me han recordado un poco los muchos que escuché en su momento cuando estaba haciendo la investigación para el libro. Fueron más de 300. En muchísimos de ellos estaba oyendo esa voz de estas personas que habían estado silenciada durante décadas y que por fin encontraban la oportunidad de aflorar esos recuerdos trágicos”.

En este sentido, aseguró que esas personas “hablaban en principio desde el agradecimiento por ponerle voz, pero nunca desde el rencor. Simple y llanamente pedían reconocimiento. Pedían ese lema de verdad, justicia y reparación”. Sin embargo, “mientras los archivos de la Guardia Civil y de Falange con respecto a Morón no estén disponibles no se podrá saber el alcance de la represión aquí, pero con todo han salido los nombres de 451 personas como mínimo que sufrieron la represión y que pagaron con su vida el haber hecho uso de una libertad que por aquel entonces la sociedad se la permitía y la ley también”.


...

Al entrar en la sala de la exposición, nuestra retina se detuvo un instante para leer un panel ilustrativo con el título:

La Exposición “EL ADN DE LA MEMORIA”. Fosas del franquismo: semillas de la memoria.

La Asociación por los Derechos Humanos de las víctimas del franquismo “Nuestra Memoria”, es una asociación sin ánimo de lucro que se creó con fines, entre otros de:

1. Apoyar a todas las víctimas del franquismo en la reivindicación y consecución de sus derechos de Memoria, Verdad, Justicia y Reparación.

2. Impulsar el estudio y la difusión de los conocimientos sobre las víctimas del franquismo.

3. Promover, estimular y apoyar cuantas acciones culturales, en los términos más amplios, tengan relación con la misión y actividad.

La Asociación, con motivo del 80º aniversario del Golpe Militar el 18 de julio de 1936, ha organizado esta exposición consistente en fotografías de personas desaparecidas tras el golpe de estado de 36 y cuyos cuerpos están en fosas comunes, y de los familiares de estas personas que a día de hoy forman parte del movimiento de Memoria Histórica. 

El objetivo de esta exposición, de carácter itinerante, es visibilizar la lucha contra el OLVIDO y el constante trabajo que desde las asociaciones memorialistas realizamos, en pos de la VERDAD, LA JUSTICIA Y LA REPARACIÓN que aún hoy se les debe a las víctimas del franquismo. Con la exposición de estas fotografías generacionales, queremos transmitir un mensaje: los familiares hemos recogido el testigo de los nuestros, para que sus historias no caigan en el olvido.


La fotografía, la imagen, ha tenido una importancia vital en todo lo relacionado con la Recuperación de la Memoria Histórica y el movimiento memorialista desde su nacimiento “oficial” en el año 2000. La visualización de los huesos de los “nuestros” en los procesos exhumatorios de las fosas comunes, junto a los propios rostros de esas víctimas que por primera vez salían del interior de nuestras casas han roto, de hecho, los silencios de miles de ciudadanas y ciudadanos, más allá del ámbito familiar y local.

La exposición consta de un total de 39 fotografías de 70x50 cm. sobre soporte de cartón pluma. Así mismo, esta serie de fotografías se acompañan de un video con testimonios de los familiares. Este proyecto ha sido posible gracias al trabajo desinteresado de más de 30 profesionales de la fotografía y de medios audiovisuales de Sevilla y provincia.

Antes de finalizar el acto con un vídeo sobre los testimonios de algunos familiares, Gracie Maqueda leyó un texto que comparto no dejando indiferente a ningún asistente a tan emotivo acto.



VALORACION DE LA EXPOSICION

Las reivindicaciones de los colectivos memorialistas son a día de hoy sobradamente conocidas por la sociedad española. Hemos logrado romper el silencio familiar y llevar a las calles, a las plazas, nuestras peticiones. A pesar de las mentiras que hemos oído sobre el movimiento memorialista (nos acordamos de sacar a nuestro padre de la fosa cuando hay dinero, queremos levantar viejos odios y rencillas pasadas, pretendemos ganar la guerra civil después de haberla perdido), de la ausencia de políticas públicas de Memoria Histórica en las instituciones (aunque se está avanzando algo en determinadas comunidades autónomas), del incumplimiento sistemático de la Ley de Memoria Histórica por parte de los sucesivos gobiernos y administraciones, de las agresiones sufridas, de los insultos soportados, de la negación del pan y del agua, a pesar de todo, seguimos adelante. En el año 2015, la asociación “Nuestra Memoria” se planteó la posibilidad de conmemorar los 80 años del inicio de la guerra civil en el estado español. 

Pretendíamos unir dos ideas fundamentales: denunciar el estado de impunidad en el que se encuentras las víctimas de desapariciones forzadas después de transcurridos esos 80 años y proclamar públicamente que los familiares no las olvidamos. Nuestro compromiso con la memoria de nuestros familiares y conciudadanos es un ejercicio de amor hacia ellos, las víctimas, y un deber con la sociedad civil. Y se nos ocurrió realizar una foto donde la vieja fotografía de la persona desaparecida, (amorosamente guardada por la familia) estuviera sostenida por los descendientes del desaparecido. Con una premisa: estos familiares debían militar en las filas del movimiento memorialista. Y se nos ocurrió hacer esa foto a 38 familias. Y se nos ocurrió ofrecer a un colectivo de fotógrafos este proyecto, para que colaboraran de forma altruista con él. Y el fruto de esta idea ha cuajado en la exposición “El ADN de la Memoria: fosas del franquismo semillas de memoria”, exposición que va y viene de un lugar a otro. 


Desde la inauguración en abril de 2016, hasta hoy, son numerosos los colectivos, asociaciones de memoria histórica, ayuntamientos, etc. que han solicitado a nuestra asociación que la exposición acompañe jornadas y encuentros de memoria histórica. A día de hoy, contamos con una larga lista de peticiones. Nos sentimos orgullosos de este trabajo. Muy orgullosos. Hemos sabido plasmar el sufrimiento por la desaparición de un ser querido y también la dignidad de la lucha por su memoria, encarnado en los familiares que posan en las fotos. Aquellos que hemos tomado el relevo. En algunas aparecen, a pesar de la avanzada edad de muchos, los hijos de las personas que un día desaparecieron de sus hogares y que después de 80 años, aun no se sabe qué pasó con ellos. Los arropan en el dolor y el orgullo, los nietos, los bisnietos y en algunas fotos, los tataranietos. Unos sonríen al fotógrafo; otros lloran de emoción. Muchos se abrazan alrededor de la foto de su familiar. En algunas no aparece la foto del desaparecido, porque ni ese recuerdo le queda a la familia. En otras aparecen 17 personas de una misma familia, en bloque, unidos en el reclamo de la figura familiar. Muchas han sido tomadas en el lugar donde fueron asesinados las personas desaparecidas o donde se suponen reposan sus restos: fosas comunes, paredones, campos, parques, lugares de memoria que no debemos olvidar. 


Nuestro corazón siente un especial agradecimiento al colectivo de fotógrafos que de forma desinteresada han colaborado en este proyecto, así como al documentalista que ha elaborado el vídeo. Para algunos de nosotros forma parte ya de nuestra familia. Porque para realizar la fotografía ha sido necesario que bucearan en nuestras historias, en nuestras vidas. Alrededor de una mesa, les hemos contado nuestros recuerdos, les hemos enseñado la foto familiar, les hemos presentado a nuestros padres y madres, abuelos y abuelas, a nuestros hijos. Han escuchado con respeto el porqué de nuestro dolor y el sentido de nuestra lucha. Y con esos trozos de nuestras vidas en sus retinas, emocionados, han sabido captar lo más profundo de nosotros. Han sabido plasmar en una foto de 50 por 70 el amor, el orgullo, la dignidad, el dolor, el desafío, la fuerza, la ternura, la constancia y como no, la alegría de cada una de las 38 familias. 

La alegría de seguir vivos, juntos, rodeados del recuerdo de nuestros familiares y conciudadanos y dispuestos a seguir batallando. Porque estamos convencidos de que esta batalla, la de la MEMORIA y la DIGNIDAD, la ganaremos. 

Salú!




Algunos relatos leídos:


Relato 1

Mi nombre es Ramona Navarro Ibáñez. Tengo 24 años. Nací en Zufre pero el destino me condujo hacia Guillena donde formé una familia junto a mi marido y mis dos hijas. En mi familia somos de izquierdas. Algunos activos en política, mi esposo uno de ellos. En noviembre de 1937, fui asesinada y vejada junto a otras vecinas de mi pueblo. ¿Motivo? ¿A caso existe motivo alguno Antes de matarme en Gerena, me mandaron a mi pueblo, Zufre, pero me volví. Tenía que volver con mi familia. Volví a Guillena y encontré la cárcel y la muerte lo mismo que le ocurrió a otras rosas en Zufre y de otros pueblos de la comarca en esos días. Las mismas órdenes, los mismos asesinos. ¡Maldita guerra! ¡Malditos asesinos!

Dicen que Franco fue el culpable, Queipo de Llano, General Carranza, los falangistas de mi pueblo, los asesinos de mi pueblo. Y yo digo que todos fueron culpables, apretaran gatillo o no, en estos días, hasta con las palabras o un gesto condenaban, mataban.

Ay Antonia, hija mía. Con 4 añitos te dejaré huérfana de madre. Corta edad para comenzar una vida de sufrimientos. Carmen, mi pequeña. Tu vida será corta. Tan corta que dejarás a tu hermana Antonia aún más sola. No tendrá su compañera de juego porque con 3 años dejarás el mundo de los vivos y una España en guerra donde las enfermedades y el hambre matarán a miles de niños.

Y a ti, ¡qué decirte! Te llamaré Libertad. Esa que tanta falta nos hizo.

No podré verte tu carita, besarte, abrazarte. Contigo en mis entrañas, no me dejarán ser madre de nuevo y ver hecho realidad mi sueño, ver a mis tres hijas jugar en el Prado San Sebastián. Porque en estos tiempos no existe razón, ni libertad. Sólo miedo, muerte, hambre y guerra. ¡Maldita guerra! ¡Malditos asesinos!

Mi biznieta me encontró en 2012. Mis huesos estuvieron bajo tierra 75 años. Ahora descanso en paz en el Cementerio Municipal de Guillena. Le dirán que era una mujer que no me callaba, que me metía en camisa de once varas, que tenía mucho carácter… pero no hay explicación alguna para mi asesinato. Y ella lo sabe. Cómo también sabe que debe seguir en la lucha, con esa buena gente que se ha encontrado en el camino. Tu bisabuelo Gabriel, y el resto de tus familiares asesinados y desaparecidos te darán el empujen y la fuerza para que no ceses en conseguir justicia, dignidad y respeto que merecen todas las víctimas de la dictadura franquista y sus familiares.

Desde aquí seguimos pidiendo VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN!

MI FAMILIA ES EL ADN DE LA MEMORIA.

PARA QUE MI NOMBRE NO SE OLVIDE.

PARA QUE NO SE BORRE DE LA HISTORIA.


Relato 2


Mi nombre es Juan Rodríguez Tirado. En Carmona, mi pueblo, soy conocido como “el cubero”. Tengo 62 años. Estoy detenido, junto con un grupo de hombres y mujeres, en “la casilla”, lugar que hace funciones de cárcel del pueblo. Fui detenido días después de que las tropas franquistas tomaran el pueblo, el 24 de Julio de 1936.

Estamos hacinados en un sótano pequeño, al que apenas le llega la luz. Vemos muy poco a nuestros familiares, y casi no tenemos noticias de cuál es nuestra situación y cuál será nuestro destino. Cada noche pasan lista a unos cuantos de nosotros, mujeres, hombres, chicos muy jóvenes, y se los llevan. Nunca vuelven.

Me acusan de haber defendido Carmona ante el avance de las tropas golpistas que venían desde Sevilla. Las mismas tropas que después seguirían sembrando de dolor y muerte otros pueblos cercanos. Por eso van a asesinarme en la madrugada del 22 de Agosto de 1936, en las tapias del cementerio, poco antes de que amanezca. Por eso correré la misma suerte que mis compañeros, a los que nombran cada noche para que jamás vuelvan.

Llega el camión. Aún es madrugada. La hora de la muerte. Mis compañeros, más jóvenes y fuertes que yo, me ayudan a subir a él. Nuestras miradas se cruzan con infinita amargura. Avanzamos por la carretera de Lora del Rio, y pasamos por mi casa, donde duermen mi compañera Dolores y mis hijos de tres y diecisiete años. Cierro los ojos y me despido de ellos. Confío en que mis otros dos hijos, Pascual y Enrique, afiliados a la CNT, que han salido del pueblo con un grupo de hombres para seguir luchando por la República, vean algún dia un país más justo y democrático. Por eso hemos luchado. Por eso hoy me asesinan.

Dentro de unos días le dirán a mi compañera que la casa familiar queda incautada, y que ya no tiene dónde vivir. Esta es la justicia del nuevo régimen, que también le prohibirá vestir de luto por mí.

Siento el frio de la tapia del cementerio en mi espalda. Los soldados cargan las armas. Alguien grita un ¡Viva la república! y el miedo y la incertidumbre se disipan.

Mi familia, después de ochenta años, me busca. Pide VERDAD, JUSTICIA Y REPARACIÓN.

MI FAMILIA ES EL ADN DE LA MEMORIA

PARA QUE MI NOMBRE NO SE OLVIDE 

PARA QUE NO SE BORRE EN LA MEMORIA


Relato 3

Me llamo Cristóbal Guerrero Romero. Soy de un pequeño pueblo de la provincia de Málaga, de Teba, y soy jornalero, como casi todos los vecinos de aquí. Los jornales son de miseria, y no siempre hay faena para todos, según le parezca a los señoritos del pueblo. Por todo ello muchas veces no hay ni para dar de comer a las familias. 

Como en el pueblo la mayoría de nosotros no sabemos ni leer ni escribir, nos hemos afiliado a un sindicato, para que nos digan los jornales que tenemos que cobrar y no nos engañen los señoritos.

Yo todavía soy joven, tengo 20 años. Tengo amistad con una muchacha, hija de Diego el de la Justa un hombre trabajador pero que ha tenido muy mala suerte ya que se enfrentó al propietario de unas tierras y durante una fuerte discusión, Diego lo mató. Cumplió años de prisión hasta que la República lo amnistió.

Cuando las tropas franquistas tomaron Teba, Diego tuvo que huir a la sierra de Ronda porque sabía lo que le esperaba si permanecía en el pueblo.

El párroco del pueblo sentía una cierta simpatía por la lucha de los jornaleros, y sabía cuántos de nosotros estábamos afiliados al sindicato. También conocía mi amistad con la hija de Diego. Cuando entraron los fascistas en el pueblo, las simpatías del Párroco cambiaron de bando. Así que un día vinieron a buscarme, para hacerme unas preguntas, dijeron.

En la madrugada del 23 al 24 de Febrero de 1937 me fusilaron en las tapias del cementerio de mi pueblo. Esa noche asesinaron a 81 hombres y a 3 mujeres, la gran parte de ellos gente que huyó a la sierra y que volvió confiando en la promesa de los franquistas de no hacer daño a nadie que no tuviera las manos manchadas de sangre.

La noche ha sido muy larga. Tan larga y dramática que será conocida para siempre en Teba como “la noche de los 80”…Ha sido terrorífico para nosotros esperar en el cementerio en grupo de 10 a que terminaran de ejecutarnos a todos. Algunos hemos llorado y gritado de impotencia, dolor, rabia e incomprensión. Otros permanecían en un hondo silencio Muchos dejaban hijos e hijas muy pequeños, y otros, como yo, comenzábamos a vivir. Lo único que queríamos todos era unas condiciones laborales más justas y una vida mejor para los nuestros. Ninguno merecíamos la muerte.

MI FAMILIA ES EL ADN DE LA MEMORIA

PARA QUE MI NOMBRE NO SE OLVIDE 

PARA QUE NO SE BORRE EN LA MEMORIA




Enlaces interesantes






jueves, 14 de abril de 2016

El Puerto de las Cruces


Sierra de Morón a mediados de los años 40. Foto: Gómez Teruel


"La Guerra Civil española no es solo una página capital de la historia moderna sino una de las claves históricas del presente y del futuro de España. La actual democracia le debe mucho al dolor de esas heridas".

Rafael Alberti

En julio de 2016 se cumplirá el 80º aniversario del comienzo de la Guerra Civil española. Una triste efemérides cuya “sinrazón” se proyecta todavía hasta nuestros días como substrato de ciertas posiciones ideológicas. Una fecha que tal vez, pase desapercibida para las nuevas generaciones pero cuyo dolor lacerante polariza aún sentimientos debido a que sus heridas no han cicatrizado correctamente ni han sido tratadas con el rigor histórico necesario.

El Puerto de las Cruces de Morón se ha convertido por derecho propio en Lugar de la Memoria Histórica que pretende contribuir a cerrar definitivamente las heridas con la máxima dignidad para las víctimas y una reparación moral de aquéllas personas inocentes que cayeron en el más absoluto de los olvidos y que fueron perseguidos, represaliados, exiliados o asesinados. Eran gentes sencillas y humildes que permanecen en la retina colectiva de los pueblos.

Un trabajo realizado por el investigador local Miguel Guardado Rodríguez sobre el Puerto de las Cruces de Morón para que sea designado por la Junta de Andalucía como “Lugar de la Memoria Histórica de Andalucía” y que doy a conocer con el permiso de su autor.

Para preservarlos del olvido y evitar tesis negacionistas, el Estado tiene la obligación de señalar y conservar los espacios o lugares de la memoria de la represión franquista, ejerciendo así el “deber de recordar” de cara a las futuras generaciones, para que les sirva de ejemplo de lo que no debe ocurrir jamás. Con este propósito, el Excmo. Ayuntamiento de Morón de la Frontera aprobó en Pleno de fecha 18 de julio de 2013 una moción del grupo municipal AMAMorón, que recogía la petición cursada por trece asociaciones vecinales, culturales y sindicales de solicitar a la Junta de Andalucía la designación como Lugar de la Memoria de Andalucía del espacio conocido como el Puerto de las Cruces, así como su inclusión en el Catálogo de Lugares de Memoria Histórica de Andalucía, todo ello al amparo del Decreto 264/2011, de 2 de agosto.



Ubicación del lugar

Se conoce como Puerto de las Cruces el paraje situado al pie de la Sierra de Esparteros, en su extremo occidental. Esta sierra es fácilmente reconocible desde cualquier punto del sur de la Campiña sevillana por la descomunal cantera que la está destruyendo. El lugar está delimitado por la carretera A-361, en el tramo que une Morón de la Frontera y Montellano, a 7 kilómetros de la primera ciudad y en su término municipal, ubicado en el polígono 66, parcela 1, dentro de la Parcela Catastral 41065A06600001, de titularidad privada. Cartográficamente le corresponden las coordenadas X: 276508; Y: 4106640.


Información histórica de los hechos

En los últimos días del mes de julio de 1936, después de la ocupación de Morón de la Frontera y los pueblos de los alrededores, las fuerzas rebeldes procedieron al nombramiento de los comandantes militares, normalmente oficiales o suboficiales de la Guardia Civil, que obrarían para aplicar en cada lugar las directrices que emanaban desde la división militar que mandaba Queipo de Llano. La principal de ellas era el llamado Bando de Guerra, que autorizaba a los comandantes militares a la eliminación física de aquellas personas que se opusieran al golpe de Estado que acababa de producirse. La jauría falangista, junto a la Guardia Civil y las milicias cívicas, se lanzaron a practicar registros en busca de las personas que hubieran mostrado sus simpatías hacia el Frente Popular o los sindicatos obreros. Muchas de estas personas serían detenidas y, más tarde, fusiladas. Por tratarse de ejecuciones extrajudiciales no se abrieron causas contra los detenidos, por lo que resulta imposible documentar debidamente estos asesinatos. Solo las consultas de los archivos de la Guardia Civil o de Falange Española permitirían localizar documentos ad hoc, pero la ocultación o eliminación de dichos archivos hace irrealizable esta cuestión. Tampoco se inscribieron en el Registro Civil las defunciones de los desaparecidos en las fechas próximas a su muerte, aunque en algunos casos, mucho tiempo después, sus familiares se interesaron para que el juzgado correspondiente anotara su desaparición y poder resolver de este modo asuntos administrativos. Es así como hemos podido conocer “oficialmente” algunos de los nombres de estas personas y las circunstancias de su muerte. Esta fuente y los testimonios orales serán la base que permitan elaborar este informe.

Los detenidos en aquellas fechas fueron recluidos en el cuartel de Falange, donde se les tomaba declaración, quedando a disposición del comandante militar. Si la decisión de este era absolutoria, se les ponía en libertad, después de raparlos y darles de beber aceite de ricino. Si, por el contrario, era condenatoria, eran sacados de madrugada y llevados al lugar designado para su fusilamiento. Son varios los testimonios que así lo dicen: 

¿Morón? Ya una irrealidad, una luz difusa, voces tenues de los niños “campanilleros”, chivatazos en contra de la exaltación quebrada, del chafarrinón y el fusilazo del cementerio, de las tapias de la Cruz Verde, del Puerto de las Cruces…1

1 Teresa de Castro Pineda. Sevilla, 2002


En aquellas fechas había tanto odio y rencor en el ambiente que se vivía con mucho miedo. Había listas en las cuales figuraban los nombres de personas, que los mandaban a llamar y ellos inocentemente se entregaban y en Falange se encargaban de hacer todo lo demás. Existían dos camiones de limpieza pública, que a la vez servían para transportar a las personas que figuraban en las listas. Cuando a estos hombres sencillos, campesinos y obreros artesanos, que la mayoría no entendía de nada, les decían que ellos habían huido por algo, entonces el servicio de los confidentes, que estaba muy bien pagado, actuaba. Se apoderaban de un número de personas, por rencillas antiguas, por odio, y las conducían a las afueras del pueblo para llevarlas a un lugar conocido por el Puerto de las Cruces, donde se daba lugar a la masacre, siendo fusilados cerca de la misma carretera. Una vez cumplido con el trabajo encomendado, los cargaban, ya cadáveres, en el mismo camión y los trasladaban al cementerio para darles inhumana sepultura.2

2 Testimonio de Francisco Cuevas Bermúdez, en el Blog de Antonio Cuevas

Entonces nadie estaba seguro. Se presentaban en casa de los que habían pertenecido a los sindicatos, aunque no tuvieran relevancia alguna, y se los llevaban. Los encerraban en el cuartel de Falange y de allí a la muerte. Los fusilaban en las tapias del cementerio, en el Puerto de las Cruces, en la Alameda…3

3 Testimonio de Joaquín Jiménez Jiménez. Morón, 2007

La población estaba atemorizada, sin saber qué les podría pasar. Escuchaban “a fulanito se lo han llevado”, y pensaban que también le podría pasar a cualquiera. A los detenidos se los llevaban al Instituto de Enseñanza, que lo habían convertido en el cuartel de Falange, y de allí salían de madrugada al Puerto de las Cruces, a la fábrica de ladrillos, al cementerio, la Atalaya, la trasera de la iglesia de la Victoria o al cementerio de La Puebla de Cazalla, donde eran fusilados.4

4 Testimonio de Antonio Rodríguez Bellido. San José de la Rinconada, 2007

Desde fines de julio a noviembre del 36 y por medio de una inconcebible técnica de administrar la justicia, se cometieron los execrables actos que registra la historia de Morón. Varios fueron los centenares de personas que en estos meses aumentaron el triste balance de víctimas, a manos de las brigadas crueles e la noche, auténtica pesadilla de los habitantes de este pueblo, capitulado por el dolor.5

5 GARCÍA LÓPEZ, J.J. Crónicas para una historia de Morón. Excmo. Ayuntamiento de Morón de la Frontera, 1984, página 278.




Datos sobre las personas

Conviene insistir en que la naturaleza de los crímenes cometidos en esas fechas por aquellos que se alzaron contra el poder legítimo de la República no dejó huella documental que los certificaran, pues los mandos al frente de las comandancias militares y de los piquetes de ejecución tuvieron mucho cuidado en que todo se hiciera de la forma más rápida y segura para sus intereses. A pesar de esta inconveniencia, muchos años después algunas personas tuvieron que resolver asuntos burocráticos, para lo que fue necesario acudir al Registro Civil e inscribir la defunción del ser querido; esta cuestión y el hecho de que nadie pudo borrar de la memoria el dolor causado a tantos familiares de los desaparecidos, nos permiten conocer los nombres de algunas de las personas asesinadas en el Puerto de las Cruces. Veamos algunos de ellos.

Manuel Gamero Muñoz. Nacido en Morón en el año 1908; hijo de Manuel y Ana, vivía en Morón en la calle José Nakens, hoy Espíritu Santo. En 1933 había sido tesorero de la Sociedad de Obreros Zapateros (UGT) e interventor por el PSOE en las elecciones generales de febrero de 1936. Su sobrina Josefa recuerda: Mi tío Juan se había marchado de Morón cuando llegaron las tropas, pero mi tío Manuel no se quiso ir porque decía que no tenía nada que temer. Estaba soltero y tenía un taller de zapatería. Según me contaba mi madre, a mi tío se lo llevaron de su casa una madrugada del mes de agosto y lo mataron en el Puerto de las Cruces.6

6 Su muerte no está inscrita en el Registro Civil


Rafael Gavilán Jiménez. Hijo de Antonio y Rosa, había nacido en Alcalá del Valle en 1901. Jornalero, del que no se le conoce afiliación política ni sindical, labraba un trozo de tierra en la finca Los Charcos, cerca de la carretera de Morón a Coripe. Allí vivía en una choza, junto a su mujer y sus tres hijos. En aquel lugar fue detenido, según declararía su amigo Juan Aragüez Pérez ante el juez Ramón Bellogin Lías el 6 de diciembre de 1979: Conocía a Rafael Gavilán y me constaba que se encontraba casado con Carmen Horrillo; que sobre el veintiséis de agosto de 1936, pasó por Los Charcos, escuchando llorar y preguntó qué pasaba, enterándose que las Fuerzas Nacionales se habían llevado de su domicilio a Rafael Gavilán Jiménez; que seguidamente, y en compañía de varios amigos, fue a inspeccionar por las cercanías del Puerto de las Cruces, impidiéndole el paso varias personas armadas; que después sabe que aquel lugar fue utilizado para ejecutar a los detenidos. Fue ante el mismo juez, en fecha 17 de diciembre de 1979, cuando Manuel Valle Valle, llamado a declarar en calidad de testigo, dijo: Que por razón de vecindad y de trato conoce a Carmen Horrillo Rivera, como viuda de Rafael Gavilán Jiménez, a quien conocía. Que un día que no recuerda del mes de agosto de 1936, en unión de Manuel García Verdugo, por la mañana fueron a coger alcaparrones al Puerto de las Cruces, viendo que en el suelo se encontraban varios cadáveres y, entre ellos, el de su amigo Rafael Gavilán Jiménez, muerto por arma de fuego, ignorando donde fue enterrado.7 El mismo juez también tomó declaración como testigo al citado Manuel García Verdugo, quien expuso: Que conoció a Rafael Gavilán Jiménez desde soltero, así como a su actual viuda Carmen Horrillo Rivera; que un día que no recuerda de agosto de 1936, en unión de Manuel Valle, fue al Puerto de las Cruces a recoger alcaparrones, escuchando unos tiros y viendo como entre otros se encontraba el cadáver de Rafael Gavilán Jiménez, muerto por arma de fuego, ignorando dónde fue enterrado.

7 Archivo del Juzgado de Morón de la Frontera. Expediente gubernativo 394/79


Andrés Gil Rueda. Hijo de Francisco y Lucía, había nacido en Morón en el año 1904. Estaba casado con Isabel Fernández Carrasco y en 1936 vivía en Morón en la calle Juan de Palma, 16. Su único hijo, Francisco, recordaba: Mi padre era cabo de la Guardia Municipal, estaba afiliado al PSOE y admiraba a Largo Caballero. Cuando se produjo el golpe de Estado, permaneció leal al Gobierno de la República y actuó en su defensa; pero ya cuando las fuerzas franquistas entraron en Morón, se tuvo que refugiar en el rancho de un familiar y hasta allí fueron a buscarle tres falangistas. Fue el 14 de agosto y esa misma noche se lo llevaron con otras personas al Puerto de las Cruces para fusilarlo.8 La muerte de Andrés Gil Rueda se inscribió en el Registro Civil de Morón el 27 de mayo de 1947, diciendo que ocurrió el 14 de agosto de 1936 a consecuencia de los sucesos que tuvieron lugar por el Alzamiento Nacional. 

8 Testimonio de Francisco Gil Fernández. Morón, 2007


Juan María Gutiérrez López. Hijo de Francisco y Antonia, había nacido en Montellano en el año 1902. En 1928 se casó con María Guerrero Millán, con quien tuvo cuatro hijos. Fue alcalde de Coripe, población donde residía en el año 1936, y ese pudo ser el motivo de su detención y muerte. En una comparecencia de su viuda ante el notario de Morón José María Gómez Fournier declaró: Que su esposo don Juan María Gutiérrez López, el día 28 de agosto de 1936 fue detenido por la Guardia Civil del puesto de Coripe e ingresado en la cárcel de dicha localidad, de donde fue sacado posteriormente por la Guardia Civil y llevado al Puerto de las Cruces, en la Sierra de Morón, donde fue fusilado.9 En términos parecidos declaró Pedro Camarena Rodríguez, en calidad de testigo, el día 8 de abril de 1980 ante el juez Agustín Oliva Reina, del Juzgado de Morón, donde dijo: Que por razón de vecindad conoce a la solicitante María Guerrero Millán, así como a su esposo Juan María Gutiérrez López; que el día 28 de agosto de 1936, por la tarde, estuvo hablando con Juan María Gutiérrez, aconsejándole que se ausentara de Coripe, ya que Juan María Gutiérrez había sido alcalde, contestándole que no lo haría porque no había hecho nada; que dicha tarde fue detenido por las llamadas fuerzas nacionales e ingresado en la cárcel; en la noche del día 29 fue sacado de la cárcel y conducido al Puerto de las Cruces, donde sabe por rumor público que fue fusilado. También en calidad de testigo, ante el juez de Morón Ramón Bellogín Lías, el día 28 de abril de 1980 declaró Andrés Jiménez Caballero, exponiendo: Que Juan María Gutiérrez fue detenido por la Guardia Civil y varios paisanos, entre los que se encontraba el declarante; que a las pocas horas, junto con cuatro más, fue llevado en un coche al Puerto de las Cruces; que el declarante fue a visitar a una hermana en Arenales, viendo en el camino cuatro muertos, entre ellos Juan María Gutiérrez, muerto por arma de fuego.10 Su defunción se inscribió en el Registro Civil de Morón de la Frontera el 13 de junio de 1980, precisando que ocurrió el 29 de agosto de 1936 en Morón, Puerto de las Cruces, a causa de herida por arma de fuego. Su defunción se inscribió en el Registro Civil de Morón de la Frontera el 13 de junio de 1980, precisando que ocurrió el 29 de agosto de 1936 en Morón, Puerto de las Cruces, a causa de herida por arma de fuego.

9 Acta notarial número 131 de fecha 18 de abril de 1979
10 Archivo del Juzgado de Morón de la Frontera. Expediente gubernativo 285/80


Juan Jiménez Rodríguez. Hijo de Pedro y Dolores, había nacido en Coripe en el año 1896. En ese mismo lugar contrajo matrimonio en 1925 con Rosario Luna Peralta, y allí residía en el año 1936. Muchos años después, cuando su viuda necesitó inscribir la muerte de su marido, acudió al Juzgado de Morón y presentó dos testigos para que se les tomara declaración; el primero de ellos, Andrés Jiménez Caballero, dio su testimonio al juez Ramón Bellogín Lías el 26 de mayo de 1981, declarando: Que sabe a ciencia propia y por estar militarizado a las órdenes del cabo de la Guardia Civil de Coripe que don Juan Jiménez Rodríguez, en unión de otros dos, los vio que los entraban en un coche y sabiendo por un llamado Espinosa, que era guardia civil, que habían sido muertos en el Puerto de las Cruces. Ante el mismo juez y en la misma fecha declaró Juan Reina Racero: Que por razón de vecindad conoce a Rosario Luna Peralta y a su difunto esposo, constándole de ciencia propia que en los primeros días de septiembre de 1936, con otros dos vecinos, fue subido a un coche y enterándose al día siguiente por un tal Sánchez, que era Guardia Civil, que había aparecido muerto en el Puerto de las Cruces Juan Jiménez Rodríguez, así como que a su mujer le enviaron la ropa de su marido; que el declarante estaba movilizado por las milicias.11 

Su muerte se inscribió en el Registro Civil de Morón de la Frontera el 4 de noviembre de 1981, indicando que había ocurrido a primeros de septiembre de 1936 en Morón de la Frontera, a causa de herida por arma de fuego.

11 Archivo del Juzgado de Morón de la Frontera. Expediente gubernativo 196/81  


Juan López Molero. Hijo de Andrés y Mercedes, había nacido en Morón en el año 1906. Estaba soltero y en esta población residía, en la calle Rojas Marcos, 22. Era camarero y no se conoce su militancia política ni sindical. Fue interventor en las elecciones generales de febrero de 1936, aunque en el acta electoral no consta a qué partido representaba. La información sobre su asesinato la proporcionan sus sobrinos Alfonso y Antonio: A nuestro tío Alfonso lo habían matado las tropas de Castejón la mañana del 25 de julio, cuando llegaron a Morón, porque se acercó a darle agua a un hombre herido que la pedía a gritos en medio de la calle. Pero el caso de su hermano Juan fue bien distinto. Lo que nosotros sabemos es que se lo llevaron detenido de su casa unos falangistas y que al día siguiente apareció muerto en el Puerto de las Cruces. Se dio el caso de que a los pocos días, el falangista Junquera llevaba puestos los zapatos que nuestro tío calzaba cuando lo detuvieron.12 Su muerte no está inscrita en el Registro Civil.

12 Testimonios de Alfonso López Barroso y Antonio Cabrera López. Morón, 2008


José Monzalvette Méndez. Hijo de José y Rosario, había nacido en Morón en 1919, y en esta ciudad vivía en la calle Castelar, 24 (hoy calle Corredera), en el domicilio de sus padres. Con apenas 17 años fue asesinado, sin que su familia haya encontrado jamás un motivo para que lo detuvieran, pues no estaba afiliado a ningún partido ni sindicato, ni había manifestado públicamente simpatía política alguna. Su hermana Encarnación recordaba: A mi hermano Pepe vinieron a buscarlo unos falangistas a casa de mis padres y se lo llevaron detenido. Mi madre estuvo varios días llevándole la comida al cuartel de Falange, hasta que una mañana, el que estaba de centinela le dijo “su hijo ya no está aquí”. Ella salió enseguida en busca de Basilio Guerrero, un conocido que era concejal por aquellos días, y le rogó que le dijera qué había pasado, pero no le quiso responder lo sucedido. Estando llorando en mitad de la calle, pasó un vecino que le dijo: “Rosario, no sigas buscando más. A tu hijo se lo han llevado esta madrugada al Puerto de las Cruces y allí lo han matado junto a otras personas”.13 Su muerte no está inscrita en el Registro Civil.

13 Testimonio de Encarnación Monzalvette Méndez. Morón, 2007


Manuel Ojeda Bárcena. Hijo de Rafael y Benita, nació en Montellano en el año 1908. Era jornalero y estaba casado con María Bermúdez Román, con quien tuvo dos hijos. No se le conoce afiliación política ni sindical. Su muerte se inscribió en el Registro Civil de Morón de la Frontera el 28 de junio de 1944, y se precisa que falleció en el sitio conocido por Puerto de las Cruces de este término el día 24 de agosto de 1936, a consecuencia de los sucesos que tuvieron lugar en esta ciudad cuando su liberación.14

14 Registro Civil de Morón de la Fra., Sección 3ª, Tomo 109, Folio 19


José Olmo Galera. Hijo de José y María, había nacido en Coripe en 1908. Allí se casó con Asunción Luna Rodríguez y residía en la calle Ancha de esa misma población en 1936. A comienzos del año 1960, su viuda acudió al Juzgado de Morón de la Frontera solicitando la inscripción de la muerte de su marido, según consta en el auto judicial de fecha 14 de enero, exponiendo al juez: Que su esposo José Olmo Galera falleció en esta ciudad de Morón de la Frontera, al sitio Puerto de las Cruces, como consecuencia de los sucesos ocurridos a la liberación de la misma por las fuerzas Nacionales el día 14 de agosto de 1936. El juez determinó solicitar sendos informes a la Alcaldía y Guardia Civil de Coripe, para que corroboraran la certeza de los hechos expuestos. Una vez recibidos, autorizó la inscripción de su muerte, que se hizo el 28 de enero de 1960, diciendo que falleció en esta ciudad de Morón de la Frontera, el día 14 de agosto de 1936, como consecuencia de la aplicación al mismo del Bando de Guerra, a la liberación de esta zona en nuestra Guerra Civil.15

15 Archivo del Juzgado de Morón de la Frontera. Expediente gubernativo 14/60


Antonio Ríos Rodríguez y Andrés Ríos Amado. No dispongo de los datos personales de estos hombres, pues no constan en el testimonio de su descendiente Jesús Ríos Santos. Expresa que Antonio era el padre de Andrés y que ambos se ganaban la vida trabajando como arrieros en Coripe, donde residían. Dice además que ambos fueron sacados a rastras de su casa y que fueron llevados al Puerto de las Cruces en Morón, donde los fusilaron en el verano de 1936.16 Sus muertes no están inscritas en el Registro Civil.

16 Testimonio de Jesús Ríos Santos. La Llagosta, 2015


Federico Rueda Camarena. Hijo de Ricardo y María, había nacido en Coripe en 1918. Allí residía en la vivienda de sus padres en 1936. Estaba soltero y no se conoce que estuviera afiliado a algún partido político ni sindicato. En el año 1980, su madre, María Camarena Rodríguez, acudió al Juzgado de Morón de la Frontera para que se inscribiera la muerte de su hijo, exponiendo al juez: Que había sido detenido por las llamadas fuerzas nacionales los primeros días del mes de septiembre de 1936, siendo recluido en el depósito carcelario sito en el Ayuntamiento de la villa de Coripe, donde permaneció detenido durante tres días, siendo sacado en la madrugada del tercer día y fusilado junto con dos personas más en el llamado Puerto de las Cruces. El juez determinó que aportara pruebas testificales que corroboraran su declaración, para lo cual se presentó Andrés Jiménez Caballero, quien dijo al juez: Que se encontraba prestando servicio en el pueblo como militarizado por la noche del 1º de septiembre de 1936, cuando vio que la Guardia Civil se llevó en un coche a Federico Rueda Camarena, y que cuando regresaron les preguntó sobre él y le dijeron que lo habían matado en el Puerto de las Cruces, del término de Morón de la Frontera. También declaró Fernando Martín García, quien dijo al juez: Que el 1º de septiembre, por la mañana, se enteró que a Federico Rueda Camarena lo había sacado la Guardia Civil en un coche y que lo habían ejecutado en el Puerto de las Cruces, término de Morón de la Frontera.17 Su muerte quedó inscrita en el Registro Civil de Morón de la Frontera el 9 de febrero de 1981, en donde se dice que ocurrió el 1 de septiembre de 1936 a causa de herida por arma de fuego. 

17 Archivo del Juzgado de Morón de la Frontera. Expediente gubernativo 469/80


Tomás de la Santísima Trinidad. Se sabe que había nacido en Morón en 1885, pero se ignora el nombre de sus padres, quienes lo abandonaron en la casa cuna. Contrajo matrimonio en Coripe con Ana Gallego Moreno, corriendo el año 1910. En esa villa vivía en 1936, año de su detención y muerte. Como en casos anteriores, las circunstancias las podemos conocer a raíz de que su familia tratara de inscribir su muerte en el Registro Civil; en concreto fue su hija María quien acudió al Juzgado con este propósito. Tras su comparecencia, se le solicitó que aportara dos testigos que avalaran los hechos. No satisfecho el juez con las declaraciones de estas personas, solicitó un informe a la Guardia Civil en el mismo sentido. Por escrito de fecha 5 de abril de 1982, el sargento Juan Cortés Saborido, de la Comandancia de Puesto de Coripe, informó al juez: De las gestiones practicadas se deduce que el informado era una persona carente de instrucción, pero que su inclinación política era tendente a los partidos de izquierdas durante la República, sin que por ello cometiese abusos en la localidad; solo era una persona habladora. Iniciado el Movimiento Nacional, sobre agosto de 1936, fue detenido en esta localidad por fuerzas nacionales y aplicado el Bando de Guerra, al parecer lo trasladaron al lugar conocido por Puerto de las Cruces, cercanías de Morón de la Frontera, donde fue ejecutado y posiblemente sepultado en aquella localidad.18 Su muerte quedó inscrita en el Registro Civil de Morón de la Frontera el 1 de octubre de 1982, en donde se dice que ocurrió en agosto de 1936 a causa de herida por arma de fuego.

18 Archivo del Juzgado de Morón de la Frontera. Expediente gubernativo 890/81


Antonio Ucero Atienza. Hijo de Francisco y Remedios, había nacido en Morón en el año 1915. Estaba soltero y trabajaba en la panadería de su padre, con quien vivía en la calle Rojas Marcos, 18 de Morón. Simpatizaba con las Juventudes Socialistas. Su sobrino Pedro Sobrado recordaba: A mi tío Antonio lo detuvieron unos falangistas en los primeros días de la ocupación de Morón por los sublevados, pero lo dejaron libre al día siguiente. No obstante, el 14 de agosto de 1936 fue detenido otra vez, en esta ocasión en casa de mi madre, en la calle Jerez Alta, 23, y lo mataron en la madrugada siguiente en el Puerto de las Cruces.19 Su muerte no está inscrita en el Registro Civil.

19 Testimonio de Pedro Sobrado Ucero. Morón, 2007


Juan Villalón Jiménez, Rafaela Dorado Ayala y María Villalón Dorado. Hablar de la familia Villalón Dorado es referirse al grupo de parientes más castigados por la represión militar en Morón de la Frontera. Cinco personas del núcleo familiar fueron asesinadas: el matrimonio conformado por Juan y Rafaela y tres de sus hijos: María, Bartolomé y Antonio. Bartolomé fue fusilado en Sevilla el 22 de octubre de 1936, después de estar detenido en el barco Cabo Carvoeiro durante casi tres meses; por su parte, Antonio padeció la misma suerte el 17 de agosto de 1936, en este caso en Morón, sin que pueda precisar el lugar donde fue asesinado. Ambas muertes se inscribieron en el Registro Civil de Morón el 20 de octubre de 1948. Originarios todos de Alcalá del Valle, se asentaron en Morón en la década de los años veinte para labrar unas tierras en calidad de colonos en la finca Arenales, propiedad del conde de la Maza. Allí vivían en 1936. Juan Villalón Jiménez (nacido en 1876), fue detenido por fuerzas de la Guardia Civil en el campo donde trabajaba. Desesperadas su mujer y su hija María por las noticias que le llegaron, decidieron acercarse al cuartel de Falange para conocer su suerte. Rafaela (nacida en 1878) y María (nacida en 1901) quedaron también detenidas. Su pariente Cristóbal Bermúdez Villalón recordaba: Mi madre me contó que cuando mataron a mi abuela y a mi tía, ya habían matado a mi abuelo; que ellas fueron al cuartel de Falange y allí las detuvieron y que después las llevaron al Puerto de las Cruces, donde todavía estaba su cadáver sin recoger. Una familia de caleros que vivían cerca del lugar nos dijeron que allí vieron los tres cuerpos, junto a los de otras personas, porque los tuvieron varios días tirados por el suelo.20 Sus muertes aparecen inscritas en el Registro Civil de Morón con fecha 20 de octubre de 1948, indicando para el caso de Juan Villalón que murió el 13 de agosto de 1936 por aplicación del Bando de Guerra, y para los casos de Rafaela Dorado y María Villalón que murieron el 15 de agosto de 1936 por el mismo motivo.

20 Testimonio de Cristóbal Bermúdez Villalón. Morón, 2010


Reflejo en el ámbito popular y de la Cultura

Tanto dolor por tantas muertes acaba impregnando a la sociedad y aflora en las manifestaciones populares y artísticas. No son pocas las veces que así ha ocurrido donde quiera que se vivieron hechos tan luctuosos, y en relación al Puerto de las Cruces no iba a ser una excepción. Este sentir popular se ha manifestado en la literatura y el folclore, reivindicando así la memoria de tantos hombres y mujeres que vieron truncadas sus vidas a manos de las hienas de la noche. Veamos algunos casos concretos.


Manifestación popular celebrada el 14 de abril de 2013

Convocado por el S.A.T., un grupo de personas llevó a cabo un acto en homenaje a los asesinados por el fascismo en el paraje del Puerto de las Cruces, donde se izaron la bandera de la República, la comunista y la anarquista. La imagen que vemos a continuación forma parte del vídeo grabado en este acto.



La cruz de yerba

El dramaturgo Alfonso Jiménez Romero (Morón, 1931-Sevilla, 1995) está considerado como uno de los representantes más preclaros del teatro andaluz del siglo XX. Su obra fue galardonada con el Premio Delfín de Teatro 1968, Premio Nacional de Teatro Ciudad de Teruel 1971, Premio Hermanos Machado del Ayuntamiento de Sevilla 1985; esta misma institución le había nombrado Sevillano del Año en 1972. También fue galardonado en 1981 con el Premio de Teatro Ateneo de Sevilla por su obra La cruz de yerba, en la que podemos leer esta escena donde menciona el Puerto de las Cruces:

ENLUTADA 1ª. A Juan el Cárdeno lo mataron en el Puerto de las Cruces el día de San Miguel Arcángel.

ENLUTADA 2ª. Ocurrió allí, en el Puerto de las Cruces.

ENLUTADA 1ª. Allí, donde la Sierra de Morón parece el manto de una virgen de Semana Santa. 

ENLUTADA 2ª. Ocurrió allí, hace ya mucho tiempo.

ENLUTADA 1ª. Ocurrió allí.

ENLUTADA 2ª. Allí, donde los hombres son un grito que Dios no escucha. 

ENLUTADA 1ª. Allí, donde los muertos hace tiempo que se levantaron y se fueron de sus cuevas. 

ENLUTADA 2ª. ¡Allí!

ENLUTADA 1ª. A Juan el Cárdeno lo sacaron de su casa y lo mataron allí, en el Puerto de las Cruces. 

ENLUTADA 2ª. Y allí, en la tierra labrantía, con su sangre, floreció una cruz de yerba. 

ENLUTADA 1ª. Una cruz que nunca se secaba.

ENLUTADA 2ª. Una cruz de yerba, allí.

ENLUTADA 1ª. Siempre allí.

ENLUTADA 2ª. Y por mucho que la arrancaron.

ENLUTADA 1ª. Y por mucho que removieran la tierra.

ENLUTADA 2ª. Y por mucho que escarbaran.

ENLUTADA 1ª. Una cruz allí.

ENLUTADA 2ª. Floreciendo eternamente.

ENLUTADA 1ª. Los días, y los días.

ENLUTADA 2ª. Y los días, y los días, y los días…

ENLUTADA 1ª. ¡Allí! ENLUTADA 2ª. ¡De testigo!22

22 JIMÉNEZ ROMERO, A. La cruz de yerba, en Teatro Ritual Andaluz; Centro Andaluz de Teatro, 1996.


También en la poesía podemos encontrar ese sentir popular, como son los siguientes casos:




PUERTO DE LAS CRUCES, del poeta José María Carrillo


¡Ay! Puerto de las Cruces,

del tiempo estás prisionero,

de historias viejas, lejanas,

que a mí me contó un calero

cuando tus piedras crujían

porque las lamiaba el fuego,

que al relente de la noche

le quebraban el silencio.

Sentaos tras el socaire

fue desgranando misterios

de los años treinta y tanto,

que helaron hasta mi aliento.

De los “años treinta y tanto”,

los años del “movimiento”.

Freno de revoluciones

y azotes de sentimientos.

Borbotones de amapolas

brotaron sobre los pechos

de gente que defendían

la Libertad de su pueblo.

Entre tomillos y palmas

un mundo quedaba quieto,

llenándose de arreboles

las flores del majoleto.

Hoy tus piedras la profanan

con cenizas y desechos.

Un oleaje de rabia

se encabrita por mi pecho.

Quien a ti no te respete

que viva siempre despierto

y mil ecos le repitan

lo que pasó por tu puerto.

¡Calero!, sigue contando

que aunque me siga doliendo

las cosas que aquí pasaron

voy a gritarla a los vientos.

Sobre tus piedras calizas 

siguen vivos los recuerdos…23


23 José María Carrillo, en La espada flamígera, nº 1, octubre 2004.


PUERTO DE LAS CRUCES, del poeta Francisco Cuevas Bermúdez


Triste Puerto de las Cruces,

cuatro caminos le llaman,

andad con mucho cuidado,

no piséis la sangre ciega

que allí inocentes derramaron.


Dejadme besar la sangre,

la que está sobre la piedra,

la sangre de mis entrañas,

la que se vertió en la guerra.

¡No la piséis! ¡No pisarla!

Infelices que cayeron

con sus cuerpos doloridos

de haber sufrido torturas,

de tanto mal acaecido.

En la sierra están llorando

los pastorcillos del monte,

porque habían oído tiros

de los que matan a hombres.

El silbido de una bala heló tu sangre

en el monte de una sierra arisca

en donde la noche no tiene sitio, ¡solo muerte!.

Allí quedó señalada la huella de tu vida.24



24 CUEVAS BERMÚDEZ, F., “Curro Cuevas”. Poema inédito.


PUERTO DE LAS CRUCES, del ciudadano de Morón José Castro Guarino


Tierra fértil que acogiste

osamentas de hombres

firmes y por derecho.

¡Qué suerte tuviste de

cobijarlos en tu lecho!.

¡Con cal viva los enterraron

los enemigos del pueblo! 25


25 CASTRO GUARINO, J. Poema inédito. Este poema y el anterior, de Curro Cuevas, cedidos por Antonio Cuevas Rodríguez, a quien agradezco su colaboración.


También aparece ese sentir popular en el ámbito del folclore, como es el caso de estas sevillanas del grupo Gente del Pueblo, cuya letra pertenece a José María Carrillo Ramírez, uno de sus componentes.
 

Foto Antonio Ramos


DE DONDE NACE LA CAL




Nace el blanco de mi pueblo,

de las entrañas de la tierra

con el sudor de los hombres

que escarbaron en la sierra.

Que escarbaron en la sierra

sacándole de su vientre

el blanco de sus canteras,

que con los verde olivos

formaron nuestra bandera.

Los caleros de la sierra

cuando a la piedra en los hornos

el fuego le arranca quejas,

en las noches del invierno

recuerdan historias viejas.




Caleros de Guadaíra

no saques piedra del Puerto,

que esas piedras se regaron

con sangre de nuestros muertos.

Con sangre de nuestros muertos

no remuevas esa parte

porque puede que ocurriera

que al recalentar la piedra,

morena la cal saliera.

Por favor yo te lo pido


que en el Puerto de las Cruces

no vayas a abrir cantera

deja que sigan naciendo

flores cada primavera.




Hasta duele la mirada

con el sol del mediodía

pero más duele el recuerdo

que dejaron las herías.

Que dejaron las herías

¿Cuántas veces aquellas piedras

con la sangre enrojecieron,

cuántos cuerpos destrozaos


sobre las palmas cayeron?

En el calor del verano

cuando en la era esté el trigo

y antes que la noche muera,

en el Puerto de las Cruces

pondremos nuestra bandera.




Aquellas noches oscuras

no se borran de la mente,

rabió de mieo el cobarde

para matar al valiente.

Para matar al valiente,

fueron llegando a sus casas

cuando la noche caía

y sacaban de la cama

al que tranquilo dormía.

Cuando la tarde se ponga

con un velo de tristeza

andaremos los caminos,

recordando a nuestro muertos

y odiando a sus asesinos. 26

26 GENTE DEL PUEBLO. Sevillanas De donde nace la cal. Letra José Mª Carrillo; música Lorenzo Gómez Holgado. Disco LP “Tierra y Libertad” (Movieplay, serie Gong. 1979).


Cerrando el duelo 

Detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos. Fueron muchos los hombres y las mujeres que padecieron esa humillación aquellos nefastos años del odio y la venganza. Ya en el Puerto de las Cruces, ya en cualquier otro lugar. Han pasado años, pero no los suficientes para que sus familiares los hayan olvidado. La sociedad tiene el deber y el derecho de conocer la verdad; los jueces, la obligación de hacer justicia, y los gobiernos, la de reparar el daño infligido. 

Las personas, cuando padecemos el dolor de la desaparición de un ser querido, tenemos la necesidad de cerrar el duelo; eso nadie nos lo puede negar. Esa exigencia es la que llevó a José Ayala Villalón, mi amigo Pepe Ayala, a dirigirse al juez Baltasar Garzón, al presidente de la Junta de Andalucía y al alcalde de Morón de la Frontera solicitando ayuda: quería saber dónde estaba enterrada su madre, María Villalón Dorado, asesinada en agosto de 1936 en el Puerto de las Cruces, porque quería llevarle unas flores. “Sé que me quedan pocos años de vida y necesito hacerlo antes de morir”, me dijo cuando lo conocí. Nadie le respondió a sus cartas, porque nadie puede saber hoy dónde fueron arrojados los cuerpos de los desaparecidos. Ya se preocuparon sus asesinos de ocultar las pruebas del crimen. Yo tampoco lo sé, pero vi que Pepe Ayala tenía esa urgencia que resolver y le ofrecí la posibilidad de llevar las flores al lugar donde su madre y sus abuelos cayeron fusilados.


José Ayala dejando unas flores a su madre


José Ayala murió en 2013, pero al menos había podido cumplir su deseo. Le acompañé al Puerto de las Cruces, donde mataron a su madre, y sobre una tierra muda, pero cargada de historia, entre lágrimas de emoción, con una mano en el bastón y en la otra cinco claveles, que dejó bajo un gran algarrobo. El mismo que citan los más viejos como el lugar donde se toparon con la muerte tantas personas en el verano de 1936.   


Morón de la Frontera, 26 de marzo de 2016