martes, 28 de enero de 2014

Visita a Priego y Lucena


“Andalucía es el resultado de un proceso histórico con identidad histórica como base de su identidad cultural, modelada a lo largo de siglos que nos ha dado nuestra forma de entender la vida y como resultado final nuestra cultura que forma parte de la memoria colectiva”.
Isidoro Moreno (antropólogo)


Una soleada mañana de finales de enero dejamos atrás nuestro desvencijado castillo de Morón, empapado en olvido e indiferencia,-que ha cumplido su primer milenario como reino de taifa-, para  dirigirnos hacia la subbética andaluza, salpicada de aldeas blancas diseminadas en perfecta armonía con el paisaje y visitar la ciudad de Priego, uno de los pueblos más bellos de Andalucía al integrar en tiempos pretéritos una de las ruta del Califato en pleno centro geográfico que comunicaba dos de las capitales más importantes de la historia andalusí de alcance universal: Córdoba y la antigua Elvira (Granada).

Ninguna ciudad de su época pudo compararse a Córdoba en número de habitantes, en condiciones de vida ni en actividad cultural hasta muchos siglos posteriores. Una ruta del Califato salpicada de medinas (al madinat), mezquitas, atalayas, alcazabas (al Qasaba), arrabales (al rabad), aljamas, alhamas (al hamma), tabernas, posadas (fundaq), ladrillos, tejados árabes y costumbres dentro de nuestro proceso histórico modelado durante siglos.



La Corá de Priego llegó a formar parte de una de las dos rutas del Califato. La primera ruta pasaba por Castro del Río y Alcaudete hasta Alcalá la Real. La siguiente ruta transcurría por Fernán Núñez, Aguilar de la Frontera, Lucena y Priego de Córdoba hasta Alcalá la Real donde se unían ambas rutas para llegar a Granada.



También esta ciudad cordobesa desempeñó a finales del siglo IX con Muhammad I, un destacado papel durante las rebeliones del muladí Umar ibn Hafsun -y su aliado Ibn Mastana- que  extendió su autoridad desde Ronda hasta Reyyo (Málaga), Elvira, Jaen, Baeza, Úbeda, Priego y Écija hasta que Abd al Rahman III (912-929)  restablece el prestigio de los omeyas en Al Andalus y acaba con la anarquía y con los sublevados de Ibn Hafsun.



Fernando III la reconquista en 1225 siendo entregada a la orden de Calatrava como cabeza de una encomienda de la orden que construye la imponente torre del homenaje y uno de los aljibes pero se pierde en 1327 para engrosar el reino nazarí. En 1340 Alfonso XI la reconquista  definitivamente repoblando el lugar y  reparando el perímetro amurallado.

Llegamos hasta el Vial del Castillo, una calle peatonal cuyo trazado coincidía con el espacio transitable entre las murallas del castillo y las de la villa medieval hasta llegar a su imponente entrada. Al entrar, lo primero que destaca es la torre del homenaje que posee un aljímez con arcos de herradura en la planta noble (1246-1327). El castillo de Priego es una de las fortificaciones de la Baja Edad Media más importantes de Andalucía. Es un castillo cristiano (siglos XIII al XV) que ocupa el mismo lugar que una alcazaba andalusí (siglo X al XIII).

Desde la parte más alta de la fortaleza podemos observar la Torre fechada en 1541 junto a la Iglesia de la Asunción, edificio gótico mudéjar del siglo XVI y al fondo una bella panorámica de la serranía. Desde el castillo nos dirigimos al barrio de la villa, entre angostas y sinuosas callejuelas blancas encaladas y sus paredes adornadas de macetas con flores que otorgan un bello colorido. 


Bellos nombres como azahar, azorí, Maimónides, etc… nos retrotraen a la época andalusí. Al final de la angostura de sus calles del casco histórico llegamos al Balcón del Adarve «ad-darb» cuya belleza quedará grabado en la retina de nuestro recuerdo.

También visitamos uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad como es la Fuente del Rey del siglo XIX compuesta por tres estanques con nivel de agua escalonado de la que manan ciento treinta y nueve caños de agua. Y la Fuente de la Salud construida en el siglo XVI, compuesto por un amplio frontispicio de estilo  manierista, declarados monumentos nacionales.



Terminamos la jornada visitando otra bella ciudad en la ruta del Califato, Lucena conocida como la ciudad de las Tres Culturas (judía, musulmana y cristiana) o como Perla de Sefarad por los judíos de la Edad Media.



Paseamos por el perímetro del bello castillo del Moral con su Torre del Homenaje de planta octogonal.  Tras la desaparición del Reino nazarí de Granada, este enclave fortificado se convierte en alcázar de los señores de Lucena.

Fue declarado monumento Nacional por haber sido prisión de Boabdil, último rey de Granada, al intentar tomar la ciudad de Lucena durante el decenio que duró la guerra de Granada, lo que marcó la influencia definitiva del mundo cristiano frente a la media luna.
  

A escasos metros de la considerada como Catedral de la Subbética iniciada en 1498 por el arquitecto Hernán Ruiz I se puede observar de la época judía algunas calles en el casco histórico de la ciudad con su nomenclatura, lo que demuestra la trascendencia y vinculación de Lucena con la cultura judía. El nombre de Lucena proviene del hebrero Eli ossana denominada por los musulmanes al-yussana.
Desde Priego y Lucena en la ruta del Califato...



jueves, 16 de enero de 2014

EFLUVIOS ANDALUSÍES desde la antigua Cora de MORÓN



“Andalucía es el resultado de un proceso histórico con identidad histórica como base de su identidad cultural, modelada a lo largo de siglos que nos ha dado nuestra forma de entender la vida y como resultado final nuestra cultura que forma parte de la memoria colectiva”.

Isidoro Moreno (antropólogo)

Andalucía ha sido el resultado del crisol de culturas en su constante histórica en la que destaca por derecho propio una brillante civilización que tuvo su máximo esplendor bajo la antigua Al Andalus (la España musulmana) estimulando durante siglos la imaginación de una Europa de su época sumida en las tinieblas de la ignorancia. Nombres tan bellos como Andalucía, Sevilla, Guadalquivir, aceite, alfarero, aljibe y un largo etcétera pertenecen a ese gran legado andalusí. Es obvio que dicha civilización ha marcado la historia y la cultura de España que al mismo tiempo dejaron huella en muchos aspectos de nuestra personalidad. Negar esto sería amputar la realidad.

 Alpujarrra granadina

Al Andalus fue el primer país de occidente en la fabricación de papel, de seda, en contar con infraestructura hidráulica como los molinos de agua, acequias, sistemas de riesgo ayudado por la noria que hizo inmensamente fértiles las huertas y vegas andaluzas y levantinas, al contar con cultivos como la caña de azúcar, el azafrán, árboles frutales y hortalizas desconocidos en Europa, lo que contribuyó a enriquecer la dieta de los españoles.


Un marco geográfico desde la antigua Sharq al-Andalus (oriente) hasta el antiguo Garb al-Andalus (occidente) con la cuenca del Wad al Kabir (Guadalquivir) como fiel testigo de la historia. Una fusión entre la cultura autóctona con diferentes pueblos mediterráneos cuyo resultado final ha sido un auténtico crisol de culturas, -desde los tartessos, fenicios, griegos y cartagineses hasta la civilización árabe con un fuerte soporte demográfico autóctono y bereber junto con la judía, produciéndose una fuerte arabización a lo largo del siglo IX, debido a la importancia que tuvo la lengua en la que fue revelado el libro sagrado de la nueva religión, el Corán. Una lengua sinónima de refinamiento y erudición que sirvió como vehículo para introducir las primeras traducciones al árabe de los filósofos griegos, en especial Aristóteles de la mano de Averroes y que posteriormente se benefició el pensamiento posterior  del mundo latino (Santo Tomás).


Un legado cultural bajo un marco geográfico que durante siglos nos ha dotado de una identidad histórica y cultural. Una brillante civilización donde florecieron la filosofía, la poesía, la arquitectura, las matemáticas -se avanzó en el estudio del álgebra y la aritmética, cuyo precursor fue el oriental al-Jwarizmi (de ahí logaritmo)-, la astronomía y astrología (se estudiaron los movimientos de las estrellas y los planetas por medio de sofisticados astrolabios), la medicina,-los cirujanos musulmanes ya en el siglo X sabían como tratar las cataratas de la vista y eran conocedores de anestésicos-. Avicena (*), médico, científico y filósofo, aunque no estuvo en Córdoba, contaba entre sus textos más famosos "el libro de la curación y el canon de medicina", conocido como el Canon de Avicena.

Mientras tanto, el mundo cristiano consideraba la enfermedad mental como algo satánico. Los árabes introdujeron por primera vez dicho concepto y se perfeccionaron las teorías de Hipócrates y Galeno, la botánica, la agronomía, la alquímia y otras ciencias como en ningún lugar de Europa y del Mediterráneo de su tiempo con Maimónides, Averroes, Ibn Kaldum, Ibn Hazn (autor del collar de la paloma”, Al Motamid (el rey poeta de Sevilla). 
   
Cuando la Europa cristiana, en el año 1000 estaba bajo el influjo del fin del mundo, Al-Biruní calculó el radio de la Tierra demostrando que nuestro planeta giraba alrededor del Sol.También confirmaron la esfericidad de la Tierra siglos antes de que Colón descubriera el Nuevo Mundo. La madraza o universidad islámica, creada en el siglo XI, fue el embrión de las universidades europeas. 


 A partir del año 1212 con la batalla de las Navas de Tolosa, las tropas cristianas empezaron a llamar Andalucía aquéllos territorios que iban conquistando (la antigua Isbilia, Córduba, Jaen) hasta llegar a la antigua Elvira (Granada) el 2 de enero de 1492.

Federico García Lorca, consideraba el 10 de junio de 1936 sobre la toma de Granada en 1492:

“Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre…”.

La toma de Granada por los Reyes Católicos estuvo acompañada de intolerancia e integrismo religioso, lo que contribuyó a  sembrar el descontento, echando por tierra una labor que con cierta tolerancia podría haber dado grandes frutos.



La destrucción de las bibliotecas granadinas así como la quema de libros islámicos, la prohibición de usar la lengua propia, conversiones forzadas, imposiciones económicas insostenibles, trajeron como consecuencia las sangrientas luchas de 1568-1571 (sublevación de las Alpujarras) y su posterior expulsión en 1609 con Felipe III, al cobrar fuerza la idea de que los moriscos pudieran ayudar a una invasión turca, -una especie de quinta columna-. Castilla no cumplió lo pactado en las capitulaciones de Granada y como consecuencia de la presión ejercida por las nuevas autoridades castellanas sobre los denominados moriscos refugiados en las serranías denominados monfíes, que se vieron obligados al destierro.



La expulsión de los judíos  (31 de marzo de 1492) y posteriormente la deportación de los moriscos (9 de abril de 1609) ha sido considerado por la historia como una “limpieza étnica”. Una falta de altura de miras que tuvo consecuencias lamentables para la economía española de la época al quedar pueblos enteros desiertos, la economía se resintió, la burguesía se arruina y los bancos quiebran en 1613.


Durante ocho siglos de civilización,-con sus luces y sombras-, Al Andalus gozó de épocas de tolerancia entre las tres culturas (cristiana, judía y árabe), con sus costumbres, modos de vida y organización social bajo una relación de convivencia. 

Sirva el presente poema del poeta rondeño del siglo XIII Abul Beka donde se refleja en cierto modo la nostalgia del sentimiento andalusí por el avance cristiano e influencia de la cruz y al mismo tiempo comienza el declive de la media luna.


Ya llora al ver sus vergeles
y al ver sus vegas lozanas
ya marchitas,
y que afean los infieles,
con cruces y con campanas,
las mezquitas.


El vocabulario castellano contiene unas cuatro mil palabras de origen árabe, algunas tan bellas como:  

Andalucía, Sevilla, Guadalquivir, Algarve, Axarquía, Albacete (Al-Basit, "El Llano"), La Mancha (Al-Mansha, "tierra sin agua”), Guadalajara, Guadiana, Mulhacén, acelga (al-silqah), aceite (azzayt), albaricoque, acequia, aceituna, ajedrez, alcalde, alberca, albañil (al-bannil) alcachofa, algarroba, alhama, aljama, aljibe, almacén, almanaque, almazara (al-ma´sara), almuédano, almunia, altarazana, añil, azahar, babucha, barrio (al-rabad), café, cahiz, califa, imán, limón, medina, mezquita, morisco, mozárabe, mudéjar, muladí, naranja,  noria, ¡ojalá!, posada, sandía, taifa, zagal, zanahoria, zoco, zoquete, zurrapa…

En definitiva, una forma de entender la vida, la del pueblo andaluz,  como resultado final de nuestra cultura que forma parte de la memoria colectiva”.

(*) Avicena:  Abu Alí al Husain ibn Abdullah ibn Sina


Enlaces interesantes


Bibliografía

Andalucía: una cultura y una economía para la vida de Isidoro Moreno y Manuel Delgado Cabeza

lunes, 30 de diciembre de 2013

El castillo de Cote



Una fría y soleada mañana de finales de diciembre de 2013, cuando los rayos de sol se proyectaban sobre  el milenario y olvidado castillo de Morón,-que mantiene contacto visual con el castillo de Cote, en Montellano-, nos pusimos en marcha para visitar dicha fortaleza-atalaya, considerada  por sus características arquitectónicas único en España, existiendo uno similar en Francia y otro en Inglaterra.

Para empezar bien el día  tomamos café como preludio de un buen desayuno junto al tradicional pan de pueblo acompañado de una buena dosis de manteca de lomo ibérico o aceite de oliva virgen extra de nuestra tierra, bajo un agradable baño de sol en la terraza del bar “las tinajas”, al entrar en Montellano.



Dejando atrás la “Venta el Potaje” en dirección a Coripe, comenzamos el agradable ascenso hacia el castillo de Cote, en la Sierra de San Pablo, considerada  una de las primeras  estribaciones de la cercana Sierra de Grazalema. Desde que se comienza a visualizar el sendero con una dificultad media se puede apreciar en el horizonte la Sierra de Coripe con el Peñón de Zaframagón, Olvera y Zahara de la Sierra.

A medida que ascendemos nos acompañan olivos silvestres en las faldas de la sierra, matorral mediterráneo y pinos en la parte media y alta. Desde la cima se puede apreciar una panorámica extraordinaria con la Vega de Carmona, la Sierra de Morón y el antiguo castillo a su derecha.

El castillo de Cote posee una privilegiada ubicación geoestratégica en primera línea defensiva de la antigua frontera cristiano-nazarí, -del latín acutus, lugar agudo-, en el lugar que los árabes lo denominaron Mont Aqut. Cuenta la leyenda que durante el transcurso de la batalla de Guadalete entre los musulmanes de Muza contra las tropas visigodas de don Rodrigo, la esposa de éste se refugió en el castillo de Cote encontrando protección.



Aunque en historia todo es falsable  mientras no se demuestren las fuentes, existen historiadores que ubican la trascendental batalla en el río Barbate, en la comarca de la Janda. Otros la sitúan en la Junta de los Ríos, en Montellano. Lo que sí es cierto es que dicha batalla cambió el rumbo de la historia durante siglos ya  que a partir del 711 Al Andalus entra en el seno de la Casa del Islam (Dar al Islam) hasta 1492 en que Boabdil entrega las llaves de Granada,-la antigua Elvira-, a los Reyes Católicos.


El conjunto fortificado de Cote consta de dos recintos amurallados concéntricos, una torre tetrabsidal y un arrabal extramuros. Las primeras construcciones datan de la época califal en el siglo X y Taifa durante el siglo XI, formando parte desde la época emiral de la Cora de Morón, de la que la villa de Cote era la cabecera de un distrito.

La expresión “banda morisca” pertenece a una franja de separación entre los cristianos y el reino nazarí de Granada, a la que se llamó “la frontera”. La banda morisca era una parte de una larga frontera que discurría entre el reino de Granada y los antiguos reinos de Jaén, Córdoba y Sevilla, nacidos de las conquistas de Fernando III y Alfonso X, el Sabio.




El elemento de mayor singularidad es la torre-capilla o Donjon (torre del homenaje en francés) que corresponde al estilo gótico alfonsí con planta cuadrilobulada, -un cuadrado central al que se han adosado cuatro ábsides-. La muralla exterior, a unos 300 metros de altitud, protegía la villa medieval. Un importante emplazamiento que mantiene contacto visual con otros enlaces fortificados desde donde se pueden observar miles de kilómetros cuadrados.



En 1240 Cote es entregado a Fernando III el Santo que pasaría a formar parte desde su posición dominante de la línea defensiva de la banda morisca para poder observar los movimientos de posibles aceifas y algaras provenientes del reino nazarí. Fernando III lo donó a su hijo Don Enrique. En 1253, el castillo es donado por Alfonso X el Sabio al Concejo de Sevilla. En 1277, la inestabilidad militar con el reino de Granada hace necesaria la reorganización de la frontera y Cote pasa  en 1297 a la Orden de Alcántara, pasando a formar parte de la Encomienda de Morón, fecha que marca la progresiva destrucción de la villa, de la que logra subsistir el castillo hasta finales del siglo XV, como punto de vigilancia de la frontera con Granada. En 1461, la Encomienda de Morón la cede al marqués de Villena, quien un año más tarde la cede a su sobrino, Alfonso Téllez Girón, señor de Osuna y Conde de Ureña.

Dos turistas toman fotos desde el castillo de Cote

No es difícil imaginar el conjunto de castillos, alcazabas, torres albarranas y atalayas que servían como fieles vigías, que se construyeron para controlar las incursiones enemigas que provenían desde el sultanato nazarí (al-Nasri) de la antigua Elvira. Desde la fortaleza de Carmona se divisaba Morón y a su vez, el castillo de Cote, Arcos de la Frontera, Medina Sidonia, Vejer de la Frontera, Barbate ó Tarifa. 

En días sin niebla era posible transmitir mensajes en pocas horas. Se cuenta en una torre vigía de Barbate que en una sola noche podía llegar un mensaje desde Alejandría a Ceuta. Las torres musulmanas ya existían desde el siglo VIII mediante las cuales comunicaban los torreros la presencia de peligro mediante humo de día y fuego durante la noche.

Desde la parte alta del castillo de Cote, nuestra retina iba captando las decenas de aficionados al parapente que aprovechando las corrientes de aire de la zona daban colorido al bello paisaje.

Desde el castillo de Cote, en Montellano para el Blog de mis culpas...



jueves, 12 de diciembre de 2013

Visita a la monumental y antigua ciudad de Antequera


“La ciudad de las iglesias blancas y gongorinas”
Gerardo Diego

Desde el Torcal, considerado como uno de los paisajes kársticos más impresionantes de Europa y auténtica ciudad en piedra, cuyos efluvios embriagan e impregnan la retina del viajero, descendimos hasta la monumental Antequera por una carretera angosta de montaña que desemboca en el centro de la bella ciudad.



La antigua ciudad de Antequera ha permanecido situada geoestratégicamente desde hace siglos como cruce de caminos y de culturas. La Antikaria romana (ciudad antigua al descubrir los romanos su gran riqueza prehistórica con los Dólmenes), sirvió en tiempos muy pretéritos como granero para las legiones romanas.


Posteriormente, los árabes la convirtieron en plaza fortificada durante el Califato de Córdoba a la que llamaron “ Madinat Antakira” siendo una importante plaza fuerte dentro del reino nazarí al desmembrarse el Califato de la antigua Corduba y tras la conquista de la antigua Isbilya por Fernando III de Castilla. Dos de las ciudades más importantes de Al Ándalus. La caída del reino nazarí, sólo era cuestión de tiempo.



Durante el Renacimiento y el Barroco se edificaron en Antequera -como en Úbeda y Baeza- numerosas construcciones, como resultado del mecenazgo y autoafirmación de nobles y eclesiásticos de la época que favorecieron la construcción de templos, palacios y casas solariegas que se alzaron para deslumbrar al pueblo.



Descendiendo desde el Torcal hacia Antequera, lo primero que nos impacta en nuestra retina desde un mirador cercano a la Iglesia Santa María de Jesús (siglo XVI-XVIII), es la antigua alcazaba musulmana “Madinat Antakira”.



Desde la oficina de turismo nos dirigimos hacia  la plaza donde se encuentra la estatua ecuestre de Fernando I, infante de Castilla y rey de Aragón (1379-1416), llamado “de Antequera”. 



A partir del Museo llegamos a la Fuente del Toro hasta desembocar en el Mirador de las Almenillas donde nos deleitamos con una bella panorámica de la ciudad, destacando infinidad de Iglesias y torres. 


El Arco de los Gigantes (1585) nos introducía en el casco histórico, -la alcazaba árabe y la Real Colegiata de Santa María la Mayor-. Paseando por el perímetro de la alcazaba observamos las termas romanas como uno de los vestigios arquitectónicos más antiguos arquitectónicos de la ciudad. Pudimos apreciar desde el exterior su torre albarrana, muy cerca de la Puerta de Málaga, hasta llegar a nuestro punto de origen en la Iglesia de Santa María de Jesús.



Por último,  nos dirigimos al Museo Arqueológico para presenciar el Domen de Menga y Viera como uno de los mejores exponentes de la cultura megalítica en Europa como ejemplo de Arquitectura monumental prehistórica,-del griego mega (μεγας), grande y lithos (λιθος), piedra-.



Los dólmenes están ubicados frente a la Peña de los Enamorados, un peñón calizo cuya morfología parece la cabeza de un indio tumbado.



Entre la visita al Torcal y la monumental Antequera, considerada como la ciudad de las Iglesias, recuperamos energías en un mesón de la zona degustando las migas antequeranas y el postre conventual “bienmesabe”, posiblemente de descendencia andalusí  cuyos deliciosos ingredientes son la sidra, el cabello de ángel, bizcocho, almendra molida,  azúcar y canela que hacen las delicias de cualquier paladar.

A través de la antigua Puerta de Granada nos dirigimos  a la ciudad de Estepa, cuyos efluvios a mantecados y polvorones  emanaban de sus fábricas. 

Desde la antigua “Madinat Antakira”, para el Blog de mis
culpas…





Enlace interesante

martes, 10 de diciembre de 2013

El Torcal de Antequera


Una soleada pero fría mañana de diciembre de 2013 nos pusimos en marcha para  visitar el Torcal de Antequera, uno de los paisajes kársticos más impresionantes de Europa, una auténtica ciudad de piedra con sus cañadas, tajos, veredas y senderos con sus pequeños valles cuyos efluvios embriagan e impregnan nuestra retina estimulando nuestros sentidos, que se plasmarán en grato recuerdo. 


Desde la prehistoria, los seres humanos han mantenido una relación muy estrecha con El Torcal que les proporcionaba hábitat como refugio, despensa y defensa proporcionando multitud de recursos como la caza, plantas medicinales y bosques para extraer carbón vegetal y así poder calentarse en el duro frío de invierno.


Como consecuencia de la erosión de las rocas calcáreas solubles en agua se han originado una gran diversidad de formas por sus características físico-químicas al estar durante millones de años en contacto con el sol, el viento, temperaturas extremas y el agua, lo que ha permitido disolver parcialmente el relieve que alternaban capas calizas con margas y arcillas hasta alcanzar el caprichoso modelado que se conoce como paisaje kárstico. 

Las rocas se comportan como una especie de esponja al tragarse literalmente el agua y circular en su interior a través de una compleja red de conductos que penetran por fisuras, oquedades y sumideros que drenan subterráneamente, constituyendo un importante acuífero por el que circulan y acumulan las aguas subterráneas que son evacuadas en forma de manantiales en su parte más baja.


El macizo recibe los vientos cargados de humedad del Mar Mediterráneo y al chocar contra sus laderas, ascienden y se enfrían rápidamente descargando abundantes aguas sin olvidar las precipitaciones indirectas que suministran las frecuentes nieblas y nubes bajas.

Es evidente que en Torcal nuestra fértil imaginación nos puede extrapolar a otro planeta, al darnos la impresión de que la naturaleza ha dotado a este impresionante paisaje singular de formas oníricas, una especie de isla climática más húmeda y fresca que las llanuras que la rodean situada a 1000 metros de altura media cerca de la costa con inviernos fríos, veranos calurosos y precipitaciones relativamente abundantes.


El Torcal de Antequera fue declarado desde el año 1929 “Sitio Natural de Interés Nacional” y en 1989 declarado “Parque Natural” por la Comunidad Autónoma Andaluza (ley 2/1989, de 18 de julio), reconociendo su geomorfología, flora, fauna y paisaje.

En la biodiversidad del Torcal se pueden encontrar más de 700 especies de plantas, multitud de invertebrados e insectos y 116 especies de vertebrados, 12 especies de líquenes, 77 de Briófitos (musgos y hepáticas), 10 de Pteridófitos (helechos)  junto a la variedad de microclimas entre bosques y matorrales hasta formaciones rupícolas,-que anidan en las rocas y acantilados-.


En el estrato arbóreo del Paraje natural Torcal de Antequera, se observan Arces, majuelos y hiedras en las rocas y ha merecido la calificación ZEPA (zona de especial protección para las aves) por la presencia de diversas especies singulares como el águila real, el halcón peregrino, el águila perdicera, las collalbas negra y rubia o el búho real sin olvidar el buitre leonado como una de las aves más representativas que desde su atalaya contemplan el territorio para eliminar cadáveres de animales en lugares de difícil acceso y que sería muy costoso de sacarlos. Por otro lado, las aves macrófagas evitan cada año la incineración de miles de toneladas de animales, lo que se traduce en un ahorro energético evitando que 193.000 toneladas de CO2 se liberen a la atmósfera.


Existen varios senderos para los excursionistas: uno llamado el Torcal Alto, señalizado de color verde cuya  longitud de trazado es de 1.440 metros de longitud con un grado de dificultad bajo y una duración de 45 minutos entre senderos que serpentean por un terreno abrupto donde destacan la alternancia de estratos que dan lugar al “ tableado de rocas”,  donde se llegan a una amplia llanura donde nos observan como centinelas severos torreones hasta llegar a un desfiladero cercado por chimeneas de piedra denominado “Falla de los Arregladeros” donde se pueden apreciar  las pequeñas aves que habitan este paraje como el colirrojo, el herrerillo, el pelirrojo, el águila perdicera o el cernícalo común, entre musgos y líquenes que nos indican la buena calidad del medio ambiente, entre corredores donde destaca la frondosa vegetación en la zona de umbría.

La Cabra montés (Capra pyrenaica),  en el Torcal de Antequera

El otro recorrido señalizado de color amarillo tiene una longitud de trazado de 2.750 metros con una duración de 2 horas y un grado de dificultad media. 

Para ambos recorridos, es necesario un calzado de goma adecuado y evitar pisar las rocas húmedas, ya que puede resbalar, y nunca abandonar la ruta establecida, al existir peligro de pérdida si existe niebla. Cada gruta, cada hueco sirve de morada para musgos y líquenes que encuentran en ellos la humedad necesaria para vivir.


Terminamos el recorrido más suave, ya que nuestras articulaciones no estaban capacitadas para emprender empresas superiores, deleitamos nuestra retina con una piara de cabras montesas que plasmamos en recuerdo mediante el objetivo de nuestra cámara de fotos sin olvidarnos de la impresionante panorámica que observamos desde el Mirador “Las Ventanillas”.



Al descender desde el Torcal hacia Antequera, lo primeros que observamos es la antigua alcazaba de “Madinat Antikira”  y al fondo la Peña de los Enamorados como bella panorámica, pero eso ya forma parte de otra historia.

Desde el Torcal de Antequera para el blog de mis culpas...