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lunes, 30 de diciembre de 2013

El castillo de Cote



Una fría y soleada mañana de finales de diciembre de 2013, cuando los rayos de sol se proyectaban sobre  el milenario y olvidado castillo de Morón,-que mantiene contacto visual con el castillo de Cote, en Montellano-, nos pusimos en marcha para visitar dicha fortaleza-atalaya, considerada  por sus características arquitectónicas único en España, existiendo uno similar en Francia y otro en Inglaterra.

Para empezar bien el día  tomamos café como preludio de un buen desayuno junto al tradicional pan de pueblo acompañado de una buena dosis de manteca de lomo ibérico o aceite de oliva virgen extra de nuestra tierra, bajo un agradable baño de sol en la terraza del bar “las tinajas”, al entrar en Montellano.



Dejando atrás la “Venta el Potaje” en dirección a Coripe, comenzamos el agradable ascenso hacia el castillo de Cote, en la Sierra de San Pablo, considerada  una de las primeras  estribaciones de la cercana Sierra de Grazalema. Desde que se comienza a visualizar el sendero con una dificultad media se puede apreciar en el horizonte la Sierra de Coripe con el Peñón de Zaframagón, Olvera y Zahara de la Sierra.

A medida que ascendemos nos acompañan olivos silvestres en las faldas de la sierra, matorral mediterráneo y pinos en la parte media y alta. Desde la cima se puede apreciar una panorámica extraordinaria con la Vega de Carmona, la Sierra de Morón y el antiguo castillo a su derecha.

El castillo de Cote posee una privilegiada ubicación geoestratégica en primera línea defensiva de la antigua frontera cristiano-nazarí, -del latín acutus, lugar agudo-, en el lugar que los árabes lo denominaron Mont Aqut. Cuenta la leyenda que durante el transcurso de la batalla de Guadalete entre los musulmanes de Muza contra las tropas visigodas de don Rodrigo, la esposa de éste se refugió en el castillo de Cote encontrando protección.



Aunque en historia todo es falsable  mientras no se demuestren las fuentes, existen historiadores que ubican la trascendental batalla en el río Barbate, en la comarca de la Janda. Otros la sitúan en la Junta de los Ríos, en Montellano. Lo que sí es cierto es que dicha batalla cambió el rumbo de la historia durante siglos ya  que a partir del 711 Al Andalus entra en el seno de la Casa del Islam (Dar al Islam) hasta 1492 en que Boabdil entrega las llaves de Granada,-la antigua Elvira-, a los Reyes Católicos.


El conjunto fortificado de Cote consta de dos recintos amurallados concéntricos, una torre tetrabsidal y un arrabal extramuros. Las primeras construcciones datan de la época califal en el siglo X y Taifa durante el siglo XI, formando parte desde la época emiral de la Cora de Morón, de la que la villa de Cote era la cabecera de un distrito.

La expresión “banda morisca” pertenece a una franja de separación entre los cristianos y el reino nazarí de Granada, a la que se llamó “la frontera”. La banda morisca era una parte de una larga frontera que discurría entre el reino de Granada y los antiguos reinos de Jaén, Córdoba y Sevilla, nacidos de las conquistas de Fernando III y Alfonso X, el Sabio.




El elemento de mayor singularidad es la torre-capilla o Donjon (torre del homenaje en francés) que corresponde al estilo gótico alfonsí con planta cuadrilobulada, -un cuadrado central al que se han adosado cuatro ábsides-. La muralla exterior, a unos 300 metros de altitud, protegía la villa medieval. Un importante emplazamiento que mantiene contacto visual con otros enlaces fortificados desde donde se pueden observar miles de kilómetros cuadrados.



En 1240 Cote es entregado a Fernando III el Santo que pasaría a formar parte desde su posición dominante de la línea defensiva de la banda morisca para poder observar los movimientos de posibles aceifas y algaras provenientes del reino nazarí. Fernando III lo donó a su hijo Don Enrique. En 1253, el castillo es donado por Alfonso X el Sabio al Concejo de Sevilla. En 1277, la inestabilidad militar con el reino de Granada hace necesaria la reorganización de la frontera y Cote pasa  en 1297 a la Orden de Alcántara, pasando a formar parte de la Encomienda de Morón, fecha que marca la progresiva destrucción de la villa, de la que logra subsistir el castillo hasta finales del siglo XV, como punto de vigilancia de la frontera con Granada. En 1461, la Encomienda de Morón la cede al marqués de Villena, quien un año más tarde la cede a su sobrino, Alfonso Téllez Girón, señor de Osuna y Conde de Ureña.

Dos turistas toman fotos desde el castillo de Cote

No es difícil imaginar el conjunto de castillos, alcazabas, torres albarranas y atalayas que servían como fieles vigías, que se construyeron para controlar las incursiones enemigas que provenían desde el sultanato nazarí (al-Nasri) de la antigua Elvira. Desde la fortaleza de Carmona se divisaba Morón y a su vez, el castillo de Cote, Arcos de la Frontera, Medina Sidonia, Vejer de la Frontera, Barbate ó Tarifa. 

En días sin niebla era posible transmitir mensajes en pocas horas. Se cuenta en una torre vigía de Barbate que en una sola noche podía llegar un mensaje desde Alejandría a Ceuta. Las torres musulmanas ya existían desde el siglo VIII mediante las cuales comunicaban los torreros la presencia de peligro mediante humo de día y fuego durante la noche.

Desde la parte alta del castillo de Cote, nuestra retina iba captando las decenas de aficionados al parapente que aprovechando las corrientes de aire de la zona daban colorido al bello paisaje.

Desde el castillo de Cote, en Montellano para el Blog de mis culpas...



domingo, 24 de noviembre de 2013

Visita a Arcos de la Frontera


Una gélida mañana de otoño pusimos viento en popa hacia la bella ciudad de Arcos de la Frontera, en la antigua ruta de los almorávides y almohades considerada como la llave de entrada a los pueblos blancos, encalados con Cal de Morón,-pregonada desde tiempos ancestrales-.



Al salir de Morón, observamos en el horizonte el castillo de Cote,-del latín acutus, lugar agudo-, situado en la Sierra de San Pablo, entre Montellano y Coripe, a más de 500 metros de altura. Originariamente estaría compuesto por una guarnición del castillo de Mawror. Las torres musulmanas  ya existían desde el siglo VIII mediante el cual comunicaban los torreros la presencia de peligro mediante humo de día y fuego durante la noche. En una sola noche podía llegar un mensaje desde Alejandría a Ceuta.

Posteriormente en tiempos de Fernando III, pasaría a formar parte desde su posición dominante de la línea defensiva de la banda morisca para poder observar los movimientos de posibles aceifas y algaras provenientes del reino nazarí. En el año 1240 Fernando III conquistó la villa de Cote mediante un pacto con sus habitantes y su castillo gótico se construye a finales del siglo XIII bajo Alfonso X, el cual fue entregado en 1297 a la Orden de Alcántara junto con Morón.

La torre-capilla está formada por  un donjon –torre del homenaje en francés- de planta tetrabsidal ó torre de planta cuadrada con cuatro ábsides adosados a sus lados, de influencia francesa siendo única en la arquitectura de la Península Ibérica. Situado estratégicamente en lo alto de una cima, se puede divisar Morón, Carmona, Zahara de la Sierra, Olvera e incluso Arcos.


No es difícil imaginar el conjunto de castillos, alcazabas, torres albarranas y atalayas que servían como fieles vigías, que se construyeron para controlar las incursiones enemigas que provenían desde el sultanato nazarí (al-Nasri) de la antigua Elvira. Desde la fortaleza de Carmona se divisaba Morón y a su vez, el castillo de Cote, Arcos de la Frontera, Medina Sidonia, Vejer de la Frontera, Barbate ó Tarifa. En días sin niebla era posible transmitir mensajes en unas horas.


En unas tierras de fronteras donde era muy difícil asentar una repoblación. Por consiguiente, tener una vida local plena era casi imposible. De ahí, que estas tierras contaban en un principio con el apoyo de las Órdenes Militares cristianas como Calatrava, Alcántara o Santiago.


Arcos de la Frontera unió su destino a la presencia andalusí hasta su conquista por los reyes cristianos en el año 1264. Etimológicamente Arcos viene del latín “Arx-Arcis” cuyo significado es fortaleza en altura. 


Es considerado como un antiguo pueblo morisco que emerge por derecho propio como una atalaya natural asentado sobre uno de los meandros del río Guadalete entre una compleja orografía de barrancos y riscos sobre la que se asientan perfectamente sus angostas calles empinadas que forman las casas encaladas con la cal tradicional, cuya principal característica es el llamado “efecto botijo”, que en estas tierras durante los tórridos meses estivales refrescan las viviendas guardando al mismo tiempo la temperatura durante el invierno, al reflejar el color blanco mejor los rayos del sol.


La belleza de sus calles angostas y empinadas se debe a los árabes que trazaron su actual entramado y configuración de sus viviendas, levantadas alrededor de un patio central.


Pueblos blancos con calles escarpadas y casas encaladas con muchas manos de cal, rejas de forja y tejas árabes entre Arcos y Ronda apiñados en torno a viejos castillos e iglesias que conforman bellos cascos históricos que no pierden su atmósfera andalusí. 


Sus bellos rincones nos transmiten  cierta magia para que nuestra retina capte al instante la esencia andalusí como  tantos pueblos de la comarca,- Grazalema, Setenil de las Bodegas, Zahara de la Sierra, Olvera, etcétera-, convertidas en auténticas atalayas naturales.


Llegamos por el Callejón de las Monjas hasta la Plaza del Cabildo desde donde se puede observa el antiguo alcázar de la época musulmana que pasó a ser residencia del duque de Arcos y la Basílica de Santa María de la Asunción levantada sobre una mezquita árabe.


Nos acercamos al balcón de Arcos y disfrutamos de la magnífica panorámica para bajar por sus estrechas calles hasta la Puerta Matrera, última que subsiste del primitivo recinto amurallado. Desde allí observamos el río Guadalete desde el Mirador de la Peña Vieja hasta desembocar de nuevo por la angostura de sus calles  empinadas hasta el Callejón de las Monjas donde habían muchos pintores de otras latitudes plasmando a lápiz, óleos o acrílicos sus bellos y mágicos rincones.


El río Guadalete nace en Puerto del Boyar,-Lete significa en la mitología griega, río del olvido-, pasa por Grazalema, embalse de Zahara-El Gastor, Villamartín y embalse de Bornos-Arcos para desembocar en el Puerto de Santa María. Algunos historiadores ubican la histórica batalla, al que da nombre el río entre el 19 y el 26 de julio del 711 entre don Rodrigo, último rey visigodo y las fuerzas musulmanas aunque otros estudiosos ubican la histórica batalla en el río Barbate,  lo que dio origen a la génesis de un nuevo periodo histórico.


Existieron en Al-Ándalus varias rutas importantes como la ruta del Califato, la ruta de los Nazaríes, la ruta de los Almorávides y Almohades ó la ruta de las Alpujarras entre otras- pero a partir del siglo XI -en que desaparece el Califato de Córdoba- todas confluían en el reino nazarí de Granada, ensalzada como la “Damasco de Occidente” hasta su eclipse en 1492.


Dentro de las rutas de los Almorávides y Almohades, existían varias rutas. Una transitaba desde Cádiz hasta Arcos, Grazalema, Zahara de la Sierra, Olvera y Setenil de las Bodegas hasta el corazón de Ronda para proseguir hasta Granada ensalzada como la “Damasco de Occidente”. La otra ruta nos lleva desde Tarifa y Algeciras -a la que se unía Medina Sidonia-, Gaucín, Algatocín, Atajate y Ronda para proseguir hasta la antigua Cora de Elvira, en Granada.


Un reguero de pueblos blancos entre torreones, atalayas, castillos y alcazabas donde las tradiciones artesanas y gastronómicas brillan con luz propia.

Desde Arcos de la Frontera, llave de entrada de los pueblos blancos en la antigua ruta de los almorávides y almohades para el blog de mis culpas...