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lunes, 13 de julio de 2026

Silverio Franconetti, el gran olvidado de Sevilla



Fotografía de Silverio colocada sobre la lápida con IA



Para Estela Zatania, una figura fundamental en la divulgación del cante jondo, y a la que pude saludar de nuevo en el LIII Gazpacho Andaluz de Morón.



Breve introducción

Alguien dijo una vez que Silverio era al flamenco lo que Mozart a la música clásica. Sea o no sea veraz tal afirmación y salvando las distancias, lo que sí es cierto es que ambos genios brillaron con luz propia en sus respectivas disciplinas, siendo ambos por enterrados en el más absoluto de los olvidos [Mozart en Viena y Silverio en el Cementerio de San Fernando de Sevilla].

Sin embargo, Mozart tiene un monumento en Sevilla [Paseo de Colón, 1.991] del que Silverio carece. Lamentablemente Silverio nunca fue profeta en su tierra, aunque lo recuerde en su poesía Federico García Lorca.

¡Y es que Sevilla, no siempre tuvo un color especial para con sus paisanos más ilustres como es el caso de Silverio Franconetti, un pilar fundamental del flamenco!




En el punto más elevado del centro histórico de la ciudad hispalense y cercano a la Plaza de la Alfalfa donde naciera Silverio Franconetti se encuentra la iglesia de San Isidoro erigida sobre una antigua mezquita árabe. Fue una de las primeras iglesias que se fundaron en Sevilla tras la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo, en 1248. 

De estilo gótico-mudéjar destaca en su fachada o Portada de la Epístola un hexagrama o estrella de Salomón, un símbolo de seis puntas (norte, sur, este, oeste, arriba y abajo) inscrita en un círculo tallado en piedra que simboliza la perfección, para dar protección al templo. En su parte más elevada se sitúa la torre campanario de estilo barroco del siglo XVIII.


Cercano el Bicentenario del nacimiento de Silverio Franconetti Aguilar, considerado la figura histórica más importante del cante jondo, que fuera bautizado  el 10 de junio de 1831 en la parroquia de San Isidoro de Sevilla, podemos afirmar que Silverio continúa siendo el gran olvidado de Sevilla. 

Por tal motivo, desde la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco, orientamos nuestro sextante didáctico hacia dicha parroquia ubicada en el corazón de Sevilla. Sobre las doce del mediodía abre el templo sus puertas y en ese instante pude cambiar alguna impresión con el hombre encargado de abrirlas. Le pregunté si era conocedor de que Silverio se bautizó en dicha parroquia, manifestándome que no entendía de flamenco y desconocía quien era Silverio, indicándome el lugar donde se encontraba la pila bautismal que buscaba:

 ¡Entrando a la derecha del templo, en el lado de la Epístola! 

Fue entonces cuando comencé a darme cuenta de que Silverio continúa siendo "el gran olvidado de Sevilla". Es triste para los cabales del flamenco que la ciudad que lo viera nacer en la Alfalfa, ni está ni se le espera hasta el momento para honrar su memoria.  Por el contrario, la tierra de Villalón donde Silverio vivió parte de su niñez y adolescencia se ha acordado de su legado.



La Capilla Bautismal de mármol donde se bautizó Silverio. Se encuentra a los pies de la nave de la Epístola, entrando por la iglesia a mano derecha.


Se dice que hasta los últimos gitanos de su época, celosos de su arte, lo encumbraron en vida y hasta lo imitaron. Silverio sacó el cante de las tabernas, siendo el más grande de los seguiriyeros, sin ser gitano. 

Ábrase la tierra,
que me quiero morir,
que pa´vivir como estoy viviendo
prefiero morir.

Cabal de Silverio



Sin embargo, Morón, la tierra de Villalón, de la Cal, del Flamenco fue la ciudad en la que Silverio fue vecino durante siete años, siendo reconocido con un monumento a su memoria en la Plazoleta Meneses.



El Ayuntamiento de Morón colocó una placa en su memoria el 30 de mayo de 2019 en la calle Fernando Villalón que nos recuerda que Silverio fue un cantaor enciclopédico que conoció y dominó todos los cantes, acompañado del poema de Federico García Lorca “Retrato de Silverio Franconetti” que decía que el cante de Silverio "abría el azogue de los espejos".

Entre italiano
y flamenco,
¿cómo cantaría
aquel Silverio?

La densa miel de Italia
con el limón nuestro
iba en el hondo llanto
del siguirillero.

Su grito fue terrible.
Los viejos
dicen que se erizaban
los cabellos,
y se abría el azogue
de los espejos.

Pasaba por los tonos
sin romperlos.
Y fue un creador
y un jardinero.
Un creador de glorietas
para el silencio.

Ahora su melodía
duerme con los ecos.
Definitiva y pura.
¡Con los últimos ecos!

Poema de Federico García Lorca dedicado a Silverio [1921]

 


El Ayuntamiento de Morón junto con la Peña Flamenca “El Gallo” organiza cada mes de junio “las Noches de Silverio” como antesala del tradicional Gazpacho Andaluz, y que reúne a grandes artistas del cante jondo. 




El XXIII y el LIII Gazpacho Andaluz estuvieron dedicados a la memoria del enciclopédico cantaor flamenco Silverio Franconetti. ¡No cabe duda de que algo bueno tendría aquel Silverio cuando se sigue escribiendo y hablando de su legado flamenco!





Días más tarde del tórrido mes de julio orientamos de nuevo nuestro sextante en dirección al Cementerio de San Fernando en busca de la tumba de Silverio, ubicada en la calle San Rufino nº 4 derecha [3C en el plano del cementerio].

Tomamos en bus nº 10 de Tussam que nos acercaba al Cementerio de San Fernando de Sevilla.

A la entrada de dicho campo santo se puede observar a mano izquierda el impresionante mausoleo del célebre torero Joselito El Gallo, que fuera denominado “el Rey de los toreros”. En aquel lugar se encuentra la tumba de su cuñado Ignacio Sánchez Mejías (1891–1934) que fue torero y hombre clave de la Generación del 27, de la que formara parte nuestro paisano Fernando Villalón. 



Su trágica muerte el 13 de agosto de 1934 en la plaza de toros de Manzanares (Ciudad Real) por el toro "Granadino" inspiró el famoso "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías" de Federico García Lorca.

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde...



Joselito El Gallo murió trágicamente el 16 de mayo de 1920 en Talavera de la Reina con tan sólo 25 años de edad, como consecuencia de una grave cornada en el quinto toro de la tarde que le infringió el toro “Bailaor”, perteneciente a la ganadería de la Vda. de Ortega. Aquel toro quedará inmortalizado para la historia de la tauromaquia.

 


En el centro de la avenida principal del Cementerio de San Fernando destaca el Cristo de las Mieles, que fuera esculpido por el genial escultor sevillano Antonio Susillo en 1880. Al llegar a la altura del Crucificado recordamos una de las leyendas más hermosas de la capital hispalense "La Leyenda del Cristo de las Mieles".

Cuenta dicha leyenda que cuando el escultor Antonio Susillo esculpió el Cristo para el Cementerio de San Fernando se esmeró enormemente, pues en ese momento se encontraba fuertemente endeudado y esa obra significaba mucho para él. Se dice que al montar la escultura, se dio cuenta de que la había elaborado las piernas del Crucificado al contrario, y que al contemplar la obra terminada, se sintió tan angustiado que puso fin a su vida con cuarenta y dos años. Era el 22 de diciembre de 1.896 cuando se pegó un tiro, muy de moda en la época romántica.

Días después de su entierro sucedió algo sorprendente, que muchos consideraron como un milagro: el Cristo lloraba miel. El revuelo fue considerable en la ciudad. El “milagro” estaba en boca de todos y la Iglesia tuvo que tomar cartas en el asunto, enviando el mismísimo Vaticano una delegación para aclarar el asunto.

Finalmente se averiguó la verdad: lo que manaba de la boca del Cristo era efectivamente miel de abeja, pero no porque llorara el Hijo de Dios por el escultor, sino porque Susillo había construido la efigie dejando hueco su interior para evitar el excesivo peso, y ese hueco fue aprovechado por un grupo de trabajadoras abejas para instalar su colonia. Así, cuando el calor apretaba y el bronce se calentaba, la miel de los panales se derretía y salía por la boca del Cristo. No había milagro, aunque al Cristo se le quedará para siempre el sobrenombre de “El Cristo de las Mieles”.

Del mausoleo donde se encuentra el "Rey de los toreros" dirigimos nuestra mirada hacia el lugar donde se encuentra "el Rey de los cantaores", figura fundamental en la historia del flamenco. 



Cuando llegamos a la tumba de Silverio Franconetti en la calle San Rufino nº 4 derecha, se me vino a la memoria el libro de nuestro paisano Luis Vázquez “Silverio Franconetti y los Fillos“, así como el de Manuel Borhórquez “Silverio el hijo del italiano”, una vida digna de ser llevada al cine.

Nunca morirá su cante,
Como no mueren las almas.
Silverio sigue cantando
Donde sueñan las guitarras.

Si me permiten los cabales del flamenco, quiero compartir entre breves pinceladas la vida de Silverio, el gran olvidado de Sevilla...

Silverio Franconetti Aguilar (Sevilla, 1831-1889) fue hijo de Papino Nicola el italiano, nacido en Roma y de una alcalareña, María de la Concepción Alcalá Díaz, que morirá el 26 de septiembre de 1859, con 69 años, estando Silverio en Sudamérica, no pudiendo darle su último adiós. 

Sus padres se casaron en 1809 en la Parroquia de San Sebastián de Alcalá de Guadaíra, trasladándose pronto a Sevilla. Silverio se crió en una familia numerosa de nueve hermanos. 

Silverio Franconetti Aguilar nació el 10 de junio de 1831 en el emblemático barrio de la Alfalfa de Sevilla, siendo bautizado en la Parroquia de San Isidoro, tal y como ha acreditado el investigador Manuel Bohórquez Casado, que halló la partida bautismal de Silverio en el correspondiente tomo de bautismo del Cuerpo de Inhábiles del Ejército al que pertenecía su padre, y que se custodia en el Archivo General Castrense del Ejército de Madrid. Su hermano Nicolás tenía una sastrería en Morón.

Siendo niño su familia se trasladó a vivir a Morón de la Frontera, donde accedió a estudios elementales y comenzó a dedicarse al oficio de sastre en la tienda que regentaba su hermano mayor Nicolás. Su otro hermano José tenía una taberna y una zapatería en Marchena.

A la temprana edad de 10 años Silverio frecuentaba las fraguas de los gitanos donde recibió la influencia de sus cantes, especialmente del cantaor conocido como "El Fillo". De esta etapa de su vida estamos al tanto gracias al investigador Luis Javier Vázquez Morilla, que dio cuenta de ello en su libro "Silverio Franconetti y los Fillos" (2018).

De adolescente vivió en Morón de la Frontera en el Pozo Nuevo, conociendo los cantes añejos del célebre Fillo, un cantaor de San Fernando que cantaba con una hondura inigualable, quien se juntó con la Andonda de Ronda. Vivió en Triana desde 1928 hasta su muerte. Pero será en Morón de la Frontera donde se hizo cantaor el gran Silverio Franconetti. 

Se dice que su madre siempre temió que Silverio quisiera ser torero.

Destacan como precursores del flamenco en Morón tres figuras principales: María “la Andonda” (1831-1891), el Fillo (1806-1854) y Silverio Franconetti (1831-1889) brillando en los anales de la historia del flamenco también Diego Bermúdez “El Tenazas” (1854-1932) que han pasado a la memoria colectiva de Morón.

En Morón Silverio fue muy feliz. Su hermano Nicolás le decía que el cante no daba más que miseria, que era cosa de gente sin oficio ni beneficio, y que se centrara en la sastrería. En Morón no sólo se cantaba en las fraguas gitanas, sino que también se cantaba en las tabernas, en los corrales e incluso en las bodas y bautizos. Vivir en aquel ambiente de niño y adolescente hizo a Silverio cantaor de flamenco.

Morón para Silverio era un auténtico paraíso. Tenía cerca de su casa una fragua donde se cantaba y los gitanos emocionaban con su arte, lo que era una tentación demasiado fuerte. Su madre quería que fuera el mejor sastre de Morón y Sevilla, pero el cante jondo lo atrapó. Un cante que no se puede enseñar, sino que se aprende escuchando a los grandes. Para cantar es necesario tener el don de poseer una buena garganta y poder emocionar.

Posiblemente el primer cante conocido fuera una nana que nos cantaban nuestras madres.

En 1853 Silverio deja Morón para regresar a Sevilla. Los cantaores en aquella época no eran profesionales. La mayoría de los artistas eran analfabetos, y no sabían ni firmar. Cuando morían en la pobreza, eran enterrados en caridad por la Iglesia o por algún torero generoso.

El maestro de la Alfalfa fue el mejor artista conocido y uno de los grandes empresarios de la época. Abrió cafés en Huelva, Córdoba y Badajoz, pero con poco éxito fuera de los meses de verano. En aquellos tiempos el cante flamenco tenía escaso valor.

Silverio vivió en Cádiz y Málaga. Un día decide zarpar del puerto de Cádiz en un largo e interminable viaje para cambiar de aires. No era raro que algún viajero falleciera durante la travesía por hacinamiento, escorbuto o falta de agua potable, ya que el agua pronto se corrompía.

En 1856 viajó a Montevideo donde trabajó como picador de toros, profesión que también le condujo hasta Brasil. Más tarde inició su carrera militar en el ejército uruguayo, en el que alcanzó la graduación de oficial. 

En mayo de 1864 regresó a España, momento en el que el folclorista Demófilo, biógrafo y amigo de Silverio, recogió su actuación acompañado a la guitarra por el maestro Patiño. Según cuenta Demófilo, un Silverio de incógnito fue reconocido por la concurrencia gitana al comenzar a cantar por seguirillas.

Gracias a una rigurosa investigación del escritor Luis Javier Vázquez Morilla, quien localizó la muerte de Curro Pabla, uno de los hermanos cantaores de El Fillo, asesinado en Cantillana en 1843, se sabe con seguridad que no fue Silverio, que tenía entonces 11 años y vivía en Morón de la Frontera. Siempre se le atribuyó ese crimen a Silverio, aunque sin base documental alguna.

Silverio se enroló con 26 años como picador en la cuadrilla del torero sevillano Manuel Sánchez, llegando a Montevideo en 1857, una ciudad llena de inmigrantes italianos, franceses y españoles, e incluso Río de Janeiro, teniendo que hacer muchas cosas para sobrevivir. 

Silverio se marcha a Uruguay huyendo de la miseria por la falta de oportunidades, y para ganar dinero encontrando trabajo en una sastrería del centro de Montevideo con escaso salario, pero suficiente para comer y dormir bajo un techo. Los domingos bajaba al puerto o a la fonda donde se reunían los españoles, y era entonces cuando le salía el cante que llevaba dentro, entre vino peleón y olor a tabaco negro. Y Silverio cantaba como si estuviera en la Alameda de Hércules con la memoria de Morón empapada en cada nota. Fue en Uruguay donde se dio cuenta de que el cante andaluz no conoce fronteras. Montevideo era un puerto abierto al Atlántico receptor de corrientes europeas, africanas y criollas. El toreo como herencia de la tradición española ocupaba un lugar destacado en Montevideo.

Silverio compartió penas y cantes con los negros libertos. Pero el corazón le tiraba siempre para casa, embarcando de nuevo en Montevideo el 3 de marzo en el vapor Gravina que partiría hacia Cádiz el 20 de mayo de 1864 haciendo escala en Cuba, un trayecto que durará varias semanas. Su cante había afinado su alma nutrida por el desarraigo.

Cádiz había perdido el monopolio de América y la independencia de las colonias habían mermado su poder económico. Había comercio con el Caribe, con el Norte de Europa y con los puertos del Mediterráneo que sostenían la burguesía mercantil. En Cádiz de veía gente sin oficio ni beneficio, pero era una ciudad que rebosaba de vida. Además del Gran Teatro Principal como referente de la ciudad gaditana existían cafés cantantes que reunían a un público más popular, deseosos de coplas, bailes y guitarra. Era uno de esos espacios donde el flamenco todavía se estaba definiendo como arte encontrando una tierra bien abonada.

Cádiz en 1864 era un lugar de contrastes: económicamente en declive respecto a su época dorada, pero culturalmente vibrante con grandes compañías teatrales y la pujanza del flamenco en cafés y tabernas. Era el mejor lugar para hacer realidad el sueño de convertir el arte andaluz, el flamenco, en una oferta cultural de primer orden.

Los aficionados no me reconocieron hasta que no canté en una reunión organizada por don Enrique Ortega el Gordo en su casa del barrio de Santa María para celebrar mi regreso. Si mis propuestas artísticas interesaban en la Tacita, ocurriría lo mismo en Sevilla. La gente va mucho a los teatros y los cafés se suelen llenar.

Hay una anécdota de Silverio cundo regresa de América y hace parada en Cádiz. Como venía más grueso y con barba no fue reconocido por los aficionados, hasta que en una reunión de cante pidió cantar y saltó con una seguiriya con letra suya.

La malina lengua
que de mi murmura,
la cogiera por enmedio,
y la dejara mua.

Entonces fue reconocido por una gitana de los Ortega: este gachó es Silverio!!!

Los patios de Jerez le recordaban a Silverio a los de Montevideo o La Habana. Sólo en Cádiz, Jerez y Triana vivíó fiestas que duraban horas. Por eso se quedó en Cádiz, porque era la cuna del arte. Sevilla era más solemne.

El maestro Silverio era ya conocido antes de emigrar a Suramérica, y a su regreso, en mayo de 1864, siete años después de su marcha, se hablaba de él como “el célebre Silverio”, por cantar tan bien que levantaba pasiones. Tan grande era Silverio que lo llamaron en Cádiz “El Rey de los Cantadores”.

El café cantante se acaba imponiendo en Sevilla, Cádiz o Málaga, y se convierte en iniciativa donde los flamencos podían ganarse el pan. Antonio Monge Loreto “El Marrurro” le dio a la seguiriya gitana unos ayes nuevos y lastimeros que fueron una revolución. El Marrurro era un fuera de serie para los cafés cantantes, un verdadero animal del cante. En realidad era el Marrufo, apellido de sus antepasados.

No fue fácil para Silverio volver a Sevilla. Lo hizo primero para cantar, en 1865, animado por don Manuel de la Barrera, comprobando que había una fiebre por el baile y el cante. Ese año dio su primer recital en el Recreo. Silverio comenzaba a colocar al flamenco en el mapa de la cultura del mundo.

 

Los días 12 y 19 de mayo de 1866 Silverio actuó en Madrid ante la corte de Isabel II

 

En 1870 dirigió el primer café cantante "El Recreo de Sevilla", en el número 1 de la calle Tarifa, esquina con Amor de Dios. Posteriormente, en asociación con Manuel El Burrero y Frasquito El Manga, amplió el local y lo rebautizó como «Café de la Escalerilla». 

 

Su primera aventura empresarial la tuvo en 1878, abriendo uno de verano en la calle Trajano de Sevilla. En aquellos tiempos no había grandes figuras del cante, aunque sí muy buenos cantaores y cantaoras. Casi todos los buenos eran de Jerez y Cádiz, sin desmejorar a los de Málaga y Sevilla. Jerez era una cantera inagotable. Pero pronto llegarían los grandes malagueños Juan Breva “el Rey de las malagueñas” y el Canario, que revolucionarán los cafés sevillanos. Pero todo cambió cuando apareció un joven de Álora, Juan Reyes Osuna, conocido como El Canario Malagueño, quien debutó en Sevilla en el Café del Burrero con su voz dulce y bien timbrada. Le bastaron tres cantes para que su nombre corriera como un relámpago por España. Sería apuñalado junto al puente de Triana, en agosto de 1885, con apenas 28 años.

Frasco que cantaba las seguiriyas de aire gaditano era un zapatero de la calle Verbena, por cuya zapatería pasaron muchos cantares y cantaoras como Mercedes la Sarneta “la reina de la soleá” o María la Borrica “pionera del cante por seguiriyas”. La Sarneta tocaba la guitarra casi mejor que cantaba, pero no acompañaba a los cantaores.

Silverio hablaba de Triana con un respeto y un cariño que conmueve. A mediados del siglo XIX el arrabal sevillano era un hervidero de vida. Los hombres, al caer la tarde buscaban la sombra fresca de las tabernas, donde brotaba el quejío. No había entonces figuras que vivieran del cante como en el siglo XX, pero ya se escuchaban nombres que con el tiempo serían leyenda, como el Fillo, con su voz áspera y profunda. Cada taberna, cada patio, cada fragua era una escuela, sin más maestro que el corazón.

Silverio se dedicó profesionalmente al cante flamenco en una época en la que este arte se encontraba relegado a los más bajos estratos sociales, siendo el precursor de los conciertos flamencos. En esta etapa hizo famosa la "seguirilla de Silverio", una variación de la seguirilla gitana.

Silverio estaba convencido de que Triana era una de las cunas del verdadero flamenco, aunque no haya dado hasta ahora grandes figuras del cante y del baile. En Triana, los gitanos conservaban con celo unos cantes que fuera del entorno de ello apenas eran entendidos. Antonio Ortega El Fillo, residió y murió en el arrabal donde dejó su esencia, una escuela que aún tiene su importancia.

En 1880 Silverio se asoció con Manuel Ojeda El Burrero [porque vendía leche de burra] antes de abrir el suyo en la calle Trajano, pero pronto rompieron. Los sevillanos decían: “Vamos al Café de Silverio”.

Tras la ruptura con sus socios, fundó en 1881 el "Café de Silverio", en la calle Rosario de Sevilla, que pronto se convirtió en punto de referencia del flamenco y lugar de reunión de lo más grande de este arte a finales del siglo XIX: Don Antonio Chacón, La Serrata, Francisco Lema "Fosforito" Miguel Macaca, Dolores "La Parrala", La Mejorana, La Serneta, etcétera. 

¡Había que ver a Mercedes la Serneta convertida en referente del flamenco cantando aquellas soleares que enamoraron a España entera!

Tras el cierre del salón Silverio marchó a Córdoba en el año 1886 donde arrendó un local en una calle céntrica para sus espectáculos flamencos durante unos meses​ y continuando su actividad como cantaor en solitario hasta su muerte en 1889.

Silverio era considerado un cantaor enciclopédico, un libro abierto, como si fuera un profesor de Universidad. La escuela de cante de Triana tuvo la influencia de Cádiz y los Puertos en las seguiriyas, tonás y romances.

Silverio dio categoría al cante andaluz al abrirle las puertas a los demás cantaores. Muchos gitanos veneraban a Silverio. En Cádiz nadie discutió su autoridad en el cante grande. Conoció a grandes cantaores de enorme talla como Antonio Ortega El Fillo, Antonio Chacón, Tomás el Nitri, que cantaba muy bien por seguiriyas, Dolores la Parrala, que cantaba por seguiriyas y fandangos de Alosno o la cantaora jerezana, Mercedes Fernández Vargas “la Serneta”, entre otros grandes artistas.

Aunque Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” entendía que los cafés cantantes sacaban el flamenco de su ámbito original ofreciéndolo al público como mercancía, reconoció que muchas familias gitanas salieron de la miseria al dedicarse al arte del flamenco en los cafés cantantes.

El escritor, antropólogo y folclorista Antonio Machado Álvarez “Demófilo”, padre del universal Antonio Machado y Manuel Machado entrevistó a Silverio Franconetti para publicar su biografía en “Colección de Cantes flamencos” de 1881.

Demófilo dio un importante protagonismo a Silverio en su libro “Cantes flamencos”. Posiblemente Silverio y el Burrero salvaran al arte gitano de acabar en el trastero de la historia. Se llevaba en los flamencos las patillas al estilo del fascineroso José María el Tempranillo o Diego Corrientes.

Los gitanos del Puerto
fueron los más desgraciaos.
Que a las minas del azogue
se los llevan sentenciaos.

Martinete que narra el trágico episodio de la redada de gitanos en El Puerto de Santa María en 1745, quienes fueron enviados a las minas de azogue de Almadén.

En la Sevilla de la época si se quería ver la pureza en el flamenco era necesario cruzar el puente hacia Triana. Nunca se podrá cantar en un tablao como en una reunión familiar. Aunque hay gitanos por todo el mundo, solo se canta y se baila así en Andalucía con elementos autóctonos.

Según Mercedes Fernández Vargas “la Serneta” (1840-1912), quien manifestara en una entrevista en 1901, que dicho apodo se debe a que su madre le decía «pareces una serneta», comparándola con el canto y el vuelo de un tipo de ave muy ligera ya que era muy viva y «Serneta se me quedó».

Silverio bebió de las fuentes de las seguiriyas de Cádiz, Sevilla, El Puerto y Jerez, dominando todos los cantes de su tiempo. Triana era una de las grandes cunas de la soleá, uno de los grandes cantes del flamenco.

Los panaderos movieron la soleá de Alcalá como los arrieros las serranas, livianas y fandangos primitivos. Se cuenta que cuando los arrieros llevaban el pan a Triana en mulas, cantaban por el camino:

La media boba de Alcalá,
unas veces huele a vino
y otras sabe a soleá.

Silverio contrajo nupcias dos veces, siempre con jóvenes mucho más jóvenes que él, como buscando el elixir de la eterna juventud.

El día 30 de mayo de 1889, día de San Fernando patrón de Sevilla, a las 8 de la tarde, el corazón de Silverio dejaba de latir. Ya nadie cantará las seguiriyas, soleás y martinetes como lo hacía aquel Silverio. Un día negro para la historia del flamenco. Cuando fueron a bajar el ataúd, se dieron cuenta de que no cabía por la estrecha escalera, teniendo que llamar a unos empleados de una cercana tienda de pianos para que el féretro fuera bajado por el balcón a través de cuerdas.

Silverio descansa en el Cementerio de San Fernando, en la calle San José, número 25, en segunda clase, cuando lo normal era que los flamencos fueran enterrados en tercera clase o en fosas comunes, con cajas o sin ellas.

Se ofreció a leer unas palabras su amigo Manuel Ojeda El Burrero, que junto a Silverio dieron a Sevilla y al flamenco sus mejores años de gloria. Acababa de irse uno de los mejores baluartes del cante jondo, que supo ver el futuro del flamenco como nadie.

Por mí nunca temo
la muerte que llega.
Yo marcho a gusto,
pero, ¡ay, pobrecitos,
de los que se quedan!

Una de las cabales de Silverio


Desde el Cementerio de San Fernando de Sevilla, intentando rescatar del ingrato olvido a Silverio Franconetti, un cabal cantaor enciclopédico, considerado el más influyente de la historia del cante jondo, para el blog de mis culpas...



P.D. A Silverio se le consideró un cantaor de conocimiento enciclopédico, que dominaba todos los palos del flamenco. Fue el cantaor más influyente de la historia y el primero en entender que el flamenco podía presentarse al público sin mezclar. 

¡Que lo jondo podía conquistar el mundo desde Andalucía!

Pero, la figura de Silverio caerá en la amnesia colectiva, al igual que ocurrirá también Diego Bermúdez Cala “El Tenazas”, que fuera ganador del Concurso de Cante Jondo de Granada, entre el 13 y 14 de junio de 1922.


Bibliografía

Silverio. El hijo del italiano, de Manuel Bohórquez Casado


Enlaces interesantes


"Noches de Silverio" en la tierra de Villalón, de la Cal y del Flamenco

El Tenazas de Morón. "Eso es cantar por derecho"

Monumento a Silverio Franconetti en la tierra de la Cal y del Flamenco

martes, 28 de julio de 2015

El reloj de torre "LOSADA" de Morón.



 “A la memoria de Juan Rodríguez Zambrana”.


Breve introducción

José Rodríguez Conejero "Losada", nació en 1797 en Iruela (León),entonces jurisdicción de Losada. Huyó de España en 1828 por culpa de la represión del rey absolutista Fernando VII que fuera apoyado por la España más reaccionaria que de nuevo nos introdujo en el oscurantismo, erradicando aquel espíritu de la España de 1812 “la Pepa”. Un contexto histórico que alimentaba como verdadero caldo de cultivo los antígenos de la miseria y el hambre por un lado y el caciquismo por otro que actuaba con toda la arbitrariedad posible, como anverso y reverso de la sociedad española del siglo XIX. 

Estuvo dos años en Francia antes de pasar a Inglaterra donde en 1835 fundara una tienda de relojes en Euston Road, en el norte de Londres y más tarde se instaló en el número 105 de la céntrica calle londinense de Regents Street donde se reunían los exiliados políticos españoles. Rodríguez Losada se casó con una inglesa y murió sin hijos en 1870. Terminó la obra del gran reloj de la torre del Palacio de Westminster, símbolo de la ciudad de Londres que sonaría por primera vez un 11 de julio de 1859 y el reloj de la Puerta del Sol como regalo a la Villa de Madrid. Regresó a España en noviembre de 1866, bajo el reinado de Isabel II.

Losada mantuvo con la Marina española una dilatada relación profesional al encargarle una remesa de cronómetros para sus buques, de tal calidad la elaboración de sus cronómetros que fue contratado como cronometrista del Real Observatorio de la Armada, en San Fernando (Cádiz). Por tal motivo, en 1855 Losada viajó a la Isla de León, donde instalaría el primer reloj de España. Más tarde, llegaría el famoso reloj de la Puerta del Sol “un reloj de torre único en toda Europa, que regalaría Losada a la Villa de Madrid”.

Además, aunque fue un encargo, le regalaría un reloj de bolsillo al almirante Méndez Núñez por su acción en la batalla del Callao (Perú), desde la fragata "Numancia". Y una versión más modesta de reloj de bolsillo para toda la dotación del buque.

El 31 de diciembre de 1886 comenzaba la tradición de tomar las uvas en la Puerta del Sol en el recién inaugurado reloj regalado por Losada.

Un relojero que ha perpetuado en la memoria colectiva colocando a España en el centro europeo de su profesión durante el segundo tercio del siglo XIX al triunfar en Londres. Incluso muchos relojes de la marca Losada llegaron a ser objeto de falsificación por parte de relojeros suizos e ingleses debido al enorme prestigio que la marca gozaba en su época, sobre todo en lo referente a relojes de bolsillo. Sin embargo, la muerte del relojero coincide con la decadencia de la relojería inglesa, marcando un cambio radical en cuanto a calidad. Su sucesor Norberto Rodríguez de Losada tuvo que abaratar los costos de fabricación para poder soportar el impacto comercial de la relojería suiza y al mismo tiempo una menor influencia de la mano de obra artesanal.


Pocas personas tienen la satisfacción y el privilegio de poder dar cuerda a un reloj de torre de la prestigiosa marca Losada fabricado en 1878. La impresionante obra de relojería a la que nos referimos se encuentra ubicada bajo el templete que corona la fachada del Ayuntamiento de Morón y que fuera reformada en 1878 como consta en los planos y Libros de Actas Capitulares que se encuentran custodiados en el Archivo Municipal de Morón de la Frontera. 

Un reloj de torre que constituye un bello ejemplo de la influencia de los relojes de torre sobre la arquitectura civil de una época. 


Fachada del Ayuntamiento de Morón, en Semana Santa

Bajo el reloj se dan dado lugar a lo largo de la historia contemporánea de Morón importantes acontecimientos sociales, reivindicativos y lúdicos que han marcado de alguna manera la “Historia Contemporánea de Morón”, en la frontera de su propia esperanza.

Se puede decir sin temor a equivocarnos que el reloj de torre Losada junto al castillo de Morón permanecen en la retina del olvido de los vecinos. 

La Alcazaba de Morón llegó a ser un importante alkevirato en tiempos de Abd al-Rahman I ben Muawiya al-Dajil (el Inmigrado 756-788) según la obra “los alkevires de Morón” de Ramón Auñón y posteriormente Reino de Taifa en el siglo XI, con el desmembramiento del Califato de Córdoba. Pero lamentablemente, su interesante historia como referente de un pueblo se desmorona (y nunca mejor dicho) a través de los sillares que destilan el ingrato olvido junto a la indiferencia mientras el arrabal de Santa María se pregunta si algún día doblarán las campanas con sus tañidos de bronce por la pérdida de su bella torre albarrana.


Bella panorámica desde el campanario del Ayto. de Morón



Vista del reloj del Ayuntamiento desde la torre de San Miguel

El 17 de julio de 2015 cambio impresiones con Manuel Escalante para realizar una visita a las entrañas del reloj Losada de mi pueblo, la tierra de Villalón. Manuel es concejal del Excmo. Ayuntamiento de Morón y recuerdo que en tiempos pretéritos estuvo de aprendiz en la relojería del inolvidable relojero y mejor persona Manolo Pinto, en la calle Álamos allá por los años setenta del pasado siglo. Durante la elaboración de este artículo, Manuel ha estado dando cuerda al reloj de torre Losada.


Accedimos a la torre a través de una angosta escalera de caracol de giro izquierda cuyos peldaños de madera están acoplados sobre un eje central. Nada más llegar al interior del templete, nos vimos sorprendidos por el movimiento de las palas que regulan la velocidad entre campanadas. Nuestra retina capta al instante la magnífica maquinaria del reloj de torre de la prestigiosa marca “Losada” donde figura la siguiente inscripción:



Observando la compleja maquinaria del reloj, la retina del recuerdo me trae a la memoria al amigo "Juan Rodríguez Zambrana", que fuera compañero nuestro en el antiguo Instituto de Enseñanza Media de Morón en tiempos pretéritos. Juan estuvo durante muchos años encargado de "limpiar, fijar y dar esplendor" a esta impresionante obra de relojería de la marca LOSADA que fuera fabricada en Londres en 1878.


Quiero dar las gracias a José y Jacobo de la Revista Atalaya por su inestimable ayuda para poder rescatar una entrevista publicada en la página 14 de "Morón 30 días" con fecha noviembre de 1998. La entrevista fue realizada por Antonio Morales al inolvidable Juan Rodríguez Zambrana o Juan Zambrana “El Ferretero”, encargado del reloj de torre del Ayuntamiento que además utilizaba su escaso tiempo libre a la investigación  de la historia de nuestro más que centenario reloj.

En aquélla época, Juan mantuvo un intercambio cultural con la Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística de la Habana cuyo primer fruto fue la obtención de una copia de “La Flor de los recuerdos, una repetición de Losada…”, obra del escritor Zorrilla publicada única y exclusivamente en esa ciudad en 1859, por lo tanto inédita en España.

Una de sus mayores ilusiones sería la de ver editada dicha obra “La Flor de los recuerdos, una repetición de Losada…” en Morón. Lo peculiar del proyecto radica en que el autor pucelano se inspiró para la mayor parte de su libro en la figura de Losada, constructor de nuestro reloj consistorial.

En dicha entrevista cabe destacar el vínculo que unía a Juan con el reloj del Ayuntamiento como su defensor a ultranza que trascendía lo meramente laboral, convirtiéndose en una pasión. Juan era el responsable de su cuidado y conservación. Agradecía al Ayuntamiento el haber puesto en sus manos una pieza de museo que funciona perfectamente y cuyo valor es incalculable.

Juan defendía los logros positivos de la humanidad, tanto en la técnica, la ciencia o el arte y que era necesario defender tesoros como éste, a pesar de que odiaba las imposiciones a las que nos somete el modelo de sociedad en la que vivimos, como el control riguroso de nuestro tiempo.

Hablaba entonces de la posibilidad de visitar la Torre en grupos reducidos para que los ciudadanos de Morón conocieran personalmente el reloj, su funcionamiento y su historia. Incluso hasta empresas de turismo rural querían incluir la visita al reloj de Morón dentro de sus itinerarios, aparte de la inquietud de muchas personas que le preguntaban cuando podrían visitar el reloj.

Tal era su cariño por el reloj de torre que incluso observó tras unas fuertes lluvias que el templete que sostiene la campana, así como los elementos de sustentación de dichas piezas, vigas de madera con más de 120 años, empezaban a mostrar un deterioro progresivo que a su juicio hacían peligrar la integridad de todo el conjunto.

También comentaba Juan la relación que unía a Losada con Zorrilla que incluso le ayudó en una situación más que delicada por la falta de liquidez para afrontar ciertas deudas, desde entonces les unía una fuerte amistad fruto de la cual Zorrilla escribió:

 “Una repetición de Losada”,  en una de sus estrofas se puede leer.

“Mi padre, ministro un día, / puso a precio su cabeza: / él con hidalga nobleza / salvó más tarde mi honor: / hoy sin temor ni bajeza, / del mundo a la faz le digo: / él es mejor amigo y no lo tuve mejor.

En la entrevista Juan consideraba posible para Morón, la publicación de esa obra como hito para la cultura española y todo un logro para nuestro pueblo. Disponía de una copia entera del único ejemplar que se conserva como una joya en la Biblioteca del Instituto de Literatura y Lingüística de la ciudad de la Habana, cuyos representantes estuvieron desde un principio admirablemente dispuestos para que esa obra sirviese de complemento a la investigación que estaba desarrollando en esos momentos.

Y que tenemos una obligación ética de corresponder de alguna manera como era que dispusieran al menos de una simple fotocopiadora ya que las tenían que realizar a un coste elevado, aproximadamente un dólar por fotocopia. A título personal estaba realizando las gestiones para conseguir el dinero suficiente. Algunas veces les costaba trabajo hasta conseguir papel.

Para que nada quedara en el tintero de la entrevista Juan se refería que las páginas de la entrevista sirvieran como homenaje a los que han posibilitado a lo largo de la vida del reloj y llegar hasta nuestros días en perfecto estado en el que se encuentra actualmente la maquinaria.

Anunciaba también su próximo proyecto de realizar un inventario general de todos los relojes de torre de Andalucía, que esperaba publicar para que no ocurrieran casos como el de San Miguel.




El reloj de torre Losada de Morón está sustentado sobre una de bancada horizontal de madera (posiblemente pino tea por haber resistido perfectamente los agentes externos durante muchos lustros), donde destaca una interesante maquinaria que nuestra retina capta al instante, en especial la esfera de control interno de la marcha. Una señal de color verde pintada en los cables de acero del tren del movimiento nos indica que la cuerda ha llegado a su tope correspondiente. Las palas regulan la velocidad entre campanada y campanada.

Con cierta regularidad, un relojero se desplaza desde Sevilla para realizar los ajustes y lubricación necesarios para que tan magna maquinaria no deje de marcar las horas en la historia contemporánea de nuestro pueblo.



El reloj de torre Losada de Morón posee una autonomía de 96 horas (cuatro días). Se le da cuerda manualmente mediante una manivela izquierda-derecha para la cuerda de las horas y otra derecha-izquierda para que suene la campana exterior con su solemne sonido de bronce que durante el silencio de la noche “estimula nuestros tímpanos”, percibiéndose su eco desde la Fuente de la Plata hasta el antiguo arrabal (al-rabad) o barrio de Santa María.

Junto a la entrada, a mano izquierda existe un panel de la empresa relojera Torner, una casa profesional de garantía que fuera fundada en el año 1877 indicando los cuidados que requieren este tipo de relojes tales como: 
  • Un engrase regular cada 15 días, colocando unas gotas de aceite incongelable en los pasadores de la rueda de escape. 
  • Cada mes, es necesario poner aceite en los cojinetes de bronce que existen en cada extremo de los ejes, rodajes de la esferilla interior y en los que van detrás de las esferas exteriores, en los rodillos y palancas de martillos, piñón interior del trinquete de dar cuerda y caja vis-sin-fin del motor. 
  • La regulación se obtiene por medio del tornillo que queda debajo del péndulo. Cada vuelta y media de dicho tornillo corresponde, aproximadamente, a un minuto de avance o retraso en 24 horas. Girando el tornillo hacia la izquierda o letra R, se hace retrasar, y s se gira a la derecha o letra A se hará adelantar. 
  • Puesta en hora: Por medio de la tuerca con alas (o palomilla) situada detrás de la esferita de control. Para hacer mover las saetas, desenroscar un par de vueltas (para la izquierda) dicha tuerca, y cogiendo el engranaje cercano (nunca de las saetas) se hace girar hacia delante hasta llegar a la hora que interese, apretando seguidamente la tuerca con alas. 
  • Para el engrase es preciso usar aceite especial incongelable SAE-10.



En la parte más alta de la fachada se encuentra la pérgola de hierro forjado que sostiene el asa de una campana de 920 kg. de peso que fuera fundida en Sevilla en la fundición del coriano D. Juan Japón. 

A partir del siglo VI las campanas tenían como finalidad anunciar al pueblo las celebraciones religiosas y municipales.

La campana pertenece al tipo denominado de badajo fija. Tiene forma de copa invertida, que vibra por la acción del badajo o martillo exterior produciendo su tradicional sonido de bronce. 

El bronce posee una aleación del 78% de cobre y 22% de estaño con un punto de fusión en torno a los 1000ºC.

En su parte central se aprecia un anclaje o anilla para sostener el badajo interno inexistente, pero suena a través de un badajo externo que golpea la campana en el equivalente exterior del punto donde golpearía el badajo interior si existiera. Todo ello, sincronizado a través del control interno de la marcha del reloj de torre, que emite su tradicional sonido de bronce cuando las saetas del reloj marcan las horas en punto y medias horas.

Una inscripción que figura en la parte más alta de la campana denominada hombro consta:

“Se hizo en Sevilla por D. Juan Japón siendo Alcalde Presidente Don José Bohórquez”



Algunos datos interesantes:

Según "Google Earth" el Ayuntamiento de Morón de la Frontera se encuentra situado en las coordenadas:  37º 07´20" N  5º 27´06" O


A título orientativo:

Midiendo el plano que existe en el archivo municipal "Expediente de Obras de la Casa Consistorial del Año 1878 signatura 1044 C" nos salen las siguientes medidas:

La fachada con el templete y pérgola tiene una altura de 19 metros de altura.
  • El primer cuerpo de fachada tiene 4,5 m. de altura.
  • El segundo cuerpo de fachada tiene 5,25 m. de altura.
  • La baranda que corona el segundo cuerpo tiene 1,00 m. de altura.
  • El templete por la parte exterior mide 4,75 m. de altura.
  • La pérgola de hierro fundido mide 4,5 m. de altura.
  • La altura de puerta con el arco del primer cuerpo mide 3,5 m.
  • La altura de los balcones con el arco del segundo cuerpo mide 2,75 m.
  • Los macetones que coronan la fachada tienen 1,30 m. de altura.
Las siguientes medidas han sido realizadas "in situ"...
  • La fachada del Ayuntamiento mide 16,47 metros de anchura. 
  • La fachada está retranqueada con respecto a la portada principal unos 29 cm, teniendo una anchura de 3,42 cm. El hueco donde se ubica la puerta principal del ayuntamiento tiene 1,80 cm.
  • El diámetro de la esfera del reloj tiene una longitud de 134 centímetros.
  • La saeta que marca los minutos tiene una longitud de 88 centímetros desde el eje central y la saeta que marcan las horas 59 centímetros. 
  • Las letras romanas que señalan las horas tienen una altura de 18,5 centímetros.
  • La pérgola sobre la que se sustenta la campana tiene 3,31 metros cuadrados.
  • El diámetro de la campana tiene 118,5 cm. 
  • La altura de la campana 87 cm. 
  • El labio de la campana posee una anchura de 10 cm.
  • La altura del templete 2,60 m. La anchura 3,30 m. El fondo 2,01 m.
  • La esfera del control interno de la marcha -minutos- tiene 13 cm.
  • La esfera del control interno de la marcha -horas- tiene 30,5 cm.
La bancada de madera sobre la que se apoya el reloj de torre Losada tiene las siguientes dimensiones:
  • Largo: 127,5 centímetros de longitud.
  • Ancho: 71 centímetros.
  • Altura: 109 centímetros.

En el Archivo Municipal podemos impregnarnos de la historia local en los Libros de Actas Capitulares. Incluso he tenido la oportunidad de subir a la parte más alta de la fachada donde se encuentra la campana para plasmar gráficamente, con mi humilde cámara de fotos, las letras grabadas en bronce de la persona que realizó su fundición. 

Leyendo el libro “la vida y obra de José Rodríguez de Losada” por Roberto Moreno hemos conocido por primera vez algunos términos del argot relojero como escape de áncora, trinquete, esfera de control interno de la marcha, cojinetes de bronce, sistemas de sonería, carraca deslizante, etcétera, aunque doctores tienen esta disciplina.



Esfera exterior del reloj de torre

Una escalera de hierro interior fija da acceso a la parte superior de la fachada donde se encuentra la gran esfera transparente que marca las horas, que en su parte central está decorada con una flor en forma de hojas puntiagudas que termina en la división horaria señalizada a través de números romanos. Las manecillas que marcan las horas y los minutos tienen forma de saeta. En la parte inferior de la esfera destaca con letras azules la marca LOSADA LONDON, entre los espacios horarios VII al V.


Esfera interior del reloj de torre

Para acceder a la parte más alta donde está ubicada la campana, existen una primera escalera que consta de seis peldaños de hierro incrustados en la pared que desemboca en el tejado, a partir del cual nos encontramos otra escalera de nueve peldaños en la parte posterior del templete. Para acceder en su parte final nos ayudamos con una cadena de acero fijada en la base de la pérgola, desde la cual se divisan innumerables limatesas, limahoyas y caballetes que nuestra retina capta desde la altura con la torre de San Miguel junto a la Catedral de la Sierra Sur y el castillo "que brillan con luz propia".

Una impresionante panorámica se puede observar desde el campanario del Ayuntamiento con la torre de San Miguel con sus campanas: “San Cristóbal”, en el centro, “San Pedro” a su derecha y “La Nueva” a su izquierda.



En el Libro de Actas Capitulares encontramos que un 18 de febrero de 1878 bajo la alcaldía de José Bohórquez y Merino se aprueba por el Ayuntamiento de la Villa de Morón la adquisición de un reloj de torre que debería colocarse en la Casa Capitular. 



También pudimos observar el expediente de reforma en las obras de la Casa Capitular y para la adquisición de un reloj de torre con fecha junto al “Proyecto de fachada para la Casa Ayuntamiento de la Villa de Morón” con fecha 10 de abril de 1878. En dicho documento se puede observar el plano del proyecto de fachada para la Casa Ayuntamiento de la Villa de Morón, fechado en Sevilla un 10 de abril de 1878. Se observa en la parte inferior su escala: 0,02 por metro.

El Señor Presidente manifiesta que presupuestados cinco mil quinientas pesetas para la adquisición de un reloj de torre que debía colocarse en la Casa Capitular de la Villa, le parecía conveniente que este servicio se contratara con la Casa Losada por ser el fabricante que ofrece una garantía superior a los de otra procedencia…para contratar el reloj con la Casa Losada o un agente…




La fachada que da a la plaza cuyo estado examinado ahora detenidamente no permite que gravite sobre su pared exterior el peso de la torre donde ha de colocarse el reloj y campana del mismo por cuya causa la comisión de obras públicas mandó a formar el presupuesto de gastos…

...Con la reforma de que se trata necesitándose para ella un aumento de seis mil quinientas pesetas con cuya suma quedaría terminado el edificio de una manera perfecta.

...dos mil quinientas pesetas para reforzar algunos pilares que se encontraban en mal estado, podía unirse esta cantidad a la de cuatro mil quinientas pesetas consignadas en el presupuesto general del ejercicio...



Firma del plano de la fachada del Ayuntamiento en 1878

Existen dos periodos en la fabricación de los relojes Losada: el primero va desde 1835 a 1870, el periodo productivo en la vida del prestigioso relojero. Un segundo periodo, de 1870 a 1890, corresponde a las fabricaciones bajo la dirección de su sobrino Norberto o sucesores de éste. 

Hay que hacer notar que ambos periodos; es decir, de 1835 a 1890 hay una producción legítima de obras con la firma. “J.R. Losada 281 (ó 105) Regent Street” fabricadas por su taller. La Casa Losada firmaba sus obras bajo la marca J.R. LOSADA. 

J.R. Losada falleció en 1870. Por tanto, el reloj de Morón fue realizado durante el segundo periodo, por la casa Losada en 1878.




En el diario ABC del sábado 30 de diciembre de 1978, el cronista oficial de la villa de Morón Juan José García López señalaba que el reloj de torre de Morón era obra de Luis Losada, el mismo que fabricara el reloj de la Puerta del Sol madrileña.

Son pocos los relojes de torre que se conocen de J.R. Losada. Como ejemplo el reloj de la Puerta del Sol, la Catedral de Málaga donado por D. Juan Larios y Herreros, el de la Catedral de Caracas, El del Colegio Naval de San Fernando, Colegio de los Padres Escolapios, en Getafe o el del Ayuntamiento de Morón.

En definitiva, una jornada didáctica que ha hecho que nuestro reloj de torre Losada capte nuestro interés de inmediato y al mismo tiempo quedar impregnados en la medida de nuestras posibilidades de esa cultura que irradia su historia. 

Me comenta el amigo Manolo Escalante que en el momento en que las circunstancias lo permitan, se tiene previsto organizar visitas guiadas al reloj de torre para disfrute de los ciudadanos en tan importante obra de relojería, de la que existen muy pocos relojes de torre Losada funcionando en el mundo.



Desde las entrañas del reloj de torre "LOSADA" de Morón con Juan Rodríguez Zambrana en la retina de nuestro recuerdo, para el Blog de mis culpas...



P.D. Morón es tierra de la Cal, del Flamenco y de Fernando Villalón por cuyo término municipal transitara en tiempos pretéritos el famoso bandolero "El Pernales", amigo del poeta y José María "El Tempranillo".

En julio de 2016 los pintores Manolo Pinto y Ramón Álvarez Cabeza "Garanchi" estaban remodelando la fachada principal del Excmo. Ayuntamiento de Morón. Al raspar una placa de mármol ubicada en la parte frontal del templete que corona la fachada del Ayuntamiento, donde hasta ahora se podía leer "Plaza de José Calvo Sotelo" que sería colocada en 1936, quedó al descubierto el nombre de "Plaza de la Libertad", denominada así a partir de la Revolución de 1868 denominada "La Gloriosa" o Septembrina, que supuso el destronamiento de la reina Isabel II y el comienzo del "Sexenio Democrático (1868-1874). 



Según el Archivo Municipal de Morón de la Frontera, entre 1868 y 1936 la Plaza del Ayuntamiento se denominó Plaza de Libertad. Tras el destronamiento de Isabel II y la Revolución de 1868, que intentó establecer por primera vez en la historia de España un régimen político democrático, el 1 de noviembre de 1868 la Junta Revolucionaría de la villa, en la sesión del cabildo, dijo que no existía, como estaba prevenido, lápida en la plaza y acordó que se construyera una con el lema “Plaza de la Libertad” y se colocará en la fachada de la Casa Consistorial. 

Los distintos nombres que ha tenido la plaza, desde su origen a la actualidad, han sido los siguientes: Plaza Baja, Plaza de la Constitución, Plaza Real de Fernando VII (Plaza Real, Plaza del Rey), Plaza de Isabel II, Plaza de la Libertad, Plaza de José Calvo Sotelo y Plaza del Ayuntamiento.



La Comisión Gestora que se hizo cargo del gobierno local tras la toma de la ciudad por el ejército sublevado, en la sesión de 5 de octubre de 1936, acordó cambiar la rotulación de la hasta entonces denominada Plaza de la Libertad por el de José Calvo Sotelo. En el mismo acuerdo se cambió el nombre de otras calles para homenajear a mororenses del bando sublevado fallecidos en los primeros días de la Guerra Civil.